ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 16 de marzo de 2013

EL ESCÁNDALO BLOMBERG-FRITSCH


Hoy en día, todos hemos oído hablar, gracias al cine, de la famosa Operación Valquiria, donde un buen grupo de militares y civiles llevó a cabo un intento de asesinato de Hitler y un posterior golpe de Estado, que, seguramente, hubiera dado lugar a un fin de la guerra mucho más temprano que el que luego tuvo.

            También, gracias a alguna novela y al cine, hemos oído hablar de algunas organizaciones, como “La rosa blanca”, donde un grupo de jóvenes estudiantes intentó crear un grupo de oposición al Gobierno nazi y fueron ejecutados, en su mayoría.

            Pero, seguramente, casi nadie habrá oído hablar de este escándalo que dio lugar a un intento de golpe de Estado, el cual fracasó y sirvió para que aumentara el poder de Hitler y sus secuaces sobre el ejército alemán.

            A mediados de enero de 1938, el maduro general, Werner von Blomberg, que había cumplido ya los 60 años, entonces ministro de la Guerra, se casó con su joven novia veinteañera, llamada Erna  Grete Grühn. A este enlace asistieron, entre otros, el famoso mariscal Göring, como padrino, y el mismo Hitler, como testigo.

            No se sabe si el dato sería verdadero o fruto de un manejo político, pero lo cierto es que unos días después de la boda, un policía escribió un informe donde se decía que la novia había sido una antigua y conocida prostituta, mostrando fotos pornográficas de la misma.

            No se sabe si en el Ejército ya conocían este detalle, porque, cuando fue a casarse, no encontró a nadie que quisiera ser su padrino o su testigo y, por ello, intervinieron los ya citados.

Evidentemente, esta acusación contra uno de los más altos miembros del aristocrático cuerpo alemán de oficiales era algo muy serio, pues era un ultraje contra su honor y el del Ejército.

Inmediatamente, el Gobierno se puso en contacto con él para que anulara esa boda. El problema es que él se negó en rotundo a hacerlo.

Como el propio Göring le amenazó con publicar esos informes acerca de su esposa, él dimitió de todos sus cargos. Posteriormente, les obligaron a exiliarse a la isla de Capri, siendo dado de baja en el Ejército. Allí pasó toda la II GM hasta que fue detenido por los aliados y llevado a declarar en los Juicios de Núremberg.

Fue un comportamiento muy extraño, pues este militar, que había sido nombrado ministro de Defensa por Hindemburg, a pesar de haber pregonado que el poder militar del Estado debe de estar por encima de los partidos, cuando llegaron los nazis, se acercó mucho a ellos y consiguió que los militares prestaran juramento directamente a Hitler.

Incluso, es posible que estuviera implicado en la llamada Noche de los cuchillos largos, donde fueron eliminados un montón de miembros de las SA, las cuales hacían competencia a los militares.

En 1936 fue nombrado por Hitler, primer mariscal del nuevo ejército alemán y pasó de ser ministro de Defensa a llamarse ministro de la Guerra.

Es posible que los nazis no lo vieran como alguien manejable y no les gustaba que tuviera tanto poder entre los militares, quizás, por eso le tendieron esa encerrona y pusieron en su lugar a otros militares más pro-nazis.

Como la estrategia les había salido bien a los nazis, esta vez probaron con otro “hueso duro”, el comandante en jefe Werner von Fritsch. Göring deseaba que éste no sustituyera al anterior, como ministro de la Guerra. Por otra parte, Himmler pretendía aumentar la influencia de sus unidades SS en detrimento de las tropas del Ejército. Así que necesitaban otro militar más afín a sus ideales.

Ahora la víctima del grupo formado por los conocidos Göring, Himmler y Heydrich fue un general muy conocido en ese momento. Su nombre era Werner von Fritsch. Le acusaron injustamente de ser homosexual y provocaron que tuviera que dimitir de su cargo.

Más adelante, en un juicio humillante y plagado de pruebas falsas, presidido por Göring, fue degradado y pasado a retiro. Uno de los testigos de cargo fue un conocido delincuente llamado Otto Schmidt.
Como el almirante Canaris, jefe del servicio de espionaje militar, tenía una cuenta pendiente con Heydrich, antiguo subordinado suyo en la Armada, mandó hacer una investigación sobre este suceso. Encontraron que el verdadero culpable de los contactos homosexuales era un capitán de Caballería llamado Frisch, el cual confesó enseguida. Como la SS pretendió eliminar a este testigo incómodo, los de Inteligencia le protegieron y así salvaron su vida y el honor del general. 

El caso es que Fritsch había sido uno de los principales organizadores del ejército alemán, junto con el anteriormente citado, y consiguieron elevar el poder del mismo de cara a una futura guerra. El problema es que Fritsch siempre se opuso a entrar tan pronto en la guerra, pues, argumentaba, el ejército no había conseguido aún la suficiente potencia para hacerlo. Evidentemente, esa opinión no era del gusto de Hitler.

Al comienzo de la guerra fue reincorporado al Ejército, pero no a su puesto anterior.

Durante la invasión de Polonia, al inspeccionar los puestos de combate, fue herido mortalmente y, según los testigos, se negó a recibir asistencia médica, por lo que murió desangrado.

Su sustituto fue el general Walther von Brauchitsch, un general que llegó a ese cargo con una neutralidad hacia la política propia de un militar profesional, pero que, poco a poco, se convirtió en una persona de confianza para Hitler.

En un principio, tuvo muchos problemas para aceptar el aumento de la influencia de la SS, cuyas tropas competían con el ejército regular. Incluso tuvo serios problemas con alguno de sus dirigentes.

Al igual que el general Ludwig Beck, no estuvo de acuerdo con la decisión de invadir Austria y Checoslovaquia. Con la diferencia de que Beck dimitió y nuestro personaje se quedó en su puesto.

Un grupo de conspiradores, entre los cuales estaba Beck, lo invitaron a dar un golpe en 1938 contra el Gobierno de Hitler, pero él no quiso entrar en el asunto y el golpe no llegó a realizarse.

Parece ser que la idea de la llamada “Conspiración de Zossen” era enterarse de la fecha en que estaba previsto el ataque a Checoslovaquia y detener a Hitler antes de que ocurriera, para salvar a Alemania de la guerra.

La llegada de Chamberlain les despistó y paralizaron el plan, pero, más tarde, cuando intentaron reactivarlo algunos generales se retiraron del mismo.

Lo que sí hizo en 1939 Walther von Brauchitsch fue hablar con Hitler, como le habían pedido algunos de los conspiradores, para intentar convencerle de que no metiera a Alemania en una larga guerra en Europa, ni pretendiera esclavizar a los pueblos eslavos, pero no tuvo éxito.

Walther von Brauchitsch dirigió las campañas de Polonia y de los Balcanes. Más tarde, tuvo un gran éxito en la victoria sobre Francia, la cual le valió el grado de mariscal.

Fracasó en la guerra contra la URSS y se llevó una buena bronca de Hitler, la cual le provocó un ataque de nervios.

Más tarde, sufrió un ataque cardiaco, que produjo el relevo de su cargo en diciembre de 1941. Así el mismísimo Hitler se nombró a sí mismo comandante en jefe del Ejército alemán.

Tras la guerra fue juzgado y condenado. Más tarde, en 1948, fue juzgado de nuevo, pero murió antes de ser condenado.

 

 

lunes, 11 de marzo de 2013

LA ORGANIZACIÓN DE LA MANO NEGRA Y LOS ARCHIDUQUES


Aquella mañana de domingo del 28/06/1914 todo parecía en Sarajevo de lo más natural. Recibían la visita del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono imperial, y su esposa, Sofía.

            A las diez de la mañana, en medio del gentío que llenaba las calles, alguien lanzó una bomba contra el vehículo donde iban estos ilustres pasajeros. El heredero, al intentar proteger a su esposa, desvió con su brazo la trayectoria del artefacto y consiguió que éste explotara en la calle, lejos del vehículo.

            Aunque algunas personas resultaron heridas de carácter leve, se decidió seguir con el cortejo hasta el Ayuntamiento, como estaba previsto desde un principio.

            Allí, el heredero se mostró muy enfadado con lo ocurrido y discutió sobre su seguridad con el gobernador militar, general Potiorek. No obstante, decidieron modificar los planes y tomar otro camino diferente al programado. A pesar de ello, a nadie se le ocurrió informar de ello al conductor del vehículo.

            Cuando el automóvil iba a tomar una de las calles programadas, el general gritó al conductor que ese no era el camino. Así, el coche se detuvo para hacer una maniobra y salir de esa calle.

            Lo que no había previsto nadie es que se habían parado justo delante de otro miembro de esta Organización. Sólo tuvo que disparar dos veces a muy corta distancia. Una bala entró por el cuello de Francisco Fernando y la otra hirió en el abdomen a Sofía. Lo suficiente para que ambos murieran en muy poco rato.

            Tanto el pistolero como el que había lanzado anteriormente la bomba, fueron capturados inmediatamente. Sus nombres eran Gavrilo Princip y Nedeljko Cabrinovic, ambos miembros de la organización revolucionaria “La joven Bosnia”.

            El ideal de esta organización era liberar a Bosnia y a Herzegovina. Para realizar este atentado, se habían colocado 4 jóvenes en diferentes lugares del trayecto y lo llevaban estudiando desde que, en primavera, se enteraron de esta visita.

            Reclutaron a otro joven llamado Trifko Grabez y consiguieron armas a través del veterano nacionalista Milan Ciganovic, el cual les dio también el adecuado entrenamiento para usar bombas y armas de fuego.

            El líder del grupo fue Danilo Ilic, maestro y escritor de Sarajevo, que reclutó a otros 3 asesinos más.

            Ilic era miembro de la Mano Negra, la cual intentaba por todos los medios posibles separar a Bosnia y Herzegovina del Imperio y unificarse todos los eslavos del sur con Serbia.

            El jefe de esta organización era el coronel Dragutin Dimitrijevic, jefe de la Inteligencia del Ejército de Serbia. Su apodo era Apis.

            Evidentemente, esta “Mano negra” nada tuvo que ver con la que realizó varios atentados en España,  por la zona de Jerez de la Frontera, a primeros del siglo XX.

            En noviembre de 1913 ya habían discutido Apis con Ilic sobre la posibilidad de asesinar al general Potiorek, gobernador militar del territorio. A principios de 1914 Apis envió a su ayudante a Toulouse para reunirse con los revolucionarios bosnios que iban a perpetrar el asesinato.

            Nunca se sabrá cuándo se pusieron de acuerdo ambos grupos, pues, con sus planes de asesinar a jerarcas del Imperio, buscaban los mismos objetivos.

            El Gobierno del Imperio responsabilizó al de Serbia por este atentado y el 23/07 le dio un ultimátum con unas cláusulas que sabían que eran abusivas. En ellas exigían la disolución de las organizaciones patrióticas enemigas del Imperio, la participación de la policía imperial en la investigación del caso en territorio serbio, el arresto de los funcionarios serbios que hubieran participado en los hechos y, además, una serie explicación y una disculpa por este grave incidente.

            Serbia se limitó a responder con evasivas, algo que molestó mucho al Imperio, pues sabia que Rusia le apoyaría, como había hecho siempre.

            Así que ambos países movilizaron a sus tropas y 5 días después del envío del ultimátum, el Imperio declaró la guerra a Serbia.

            Todo ello, provocó que, en virtud de las múltiples alianzas, Rusia se movilizara y Alemania también lo hiciera y se declararan la guerra.

            Posteriormente, Francia y el Reino Unido, que eran aliadas de Rusia, declararon a la vez la guerra a Alemania. Así que ya tenemos montada una guerra mundial en toda regla, pues también combatieron las colonias de todas estas potencias europeas.

            El 12/10/1914 empezó el juicio en Sarajevo contra Princip y otros 24 acusados de participar en el atentado. Lógicamente, no pudieron pillar a los verdaderos organizadores, que se hallaban a salvo, tras la frontera de Serbia.

            Cuando se le preguntó a Princip si se consideraba culpable dijo: “No soy un criminal, pues eliminé a un malhechor. Sólo quise hacer un acto de bien.”

            El 23/10/1914, seis días después del final del juicio, el tribunal emitió su fallo. Princip, Cabrinovic y Grabez, pro ser menores de 20 años no se les condenó a muerte, sino a 20 años de cárcel.

            Los tres murieron en prisión antes de que acabara la I GM. Los dos primeros, a causa de sendas tuberculosis. El segundo, por una profunda desnutrición crónica.

            Ilic y otros cuatro más fueron condenados a muerte, aunque, posteriormente, a dos de ellos le conmutaron la pena por una de prisión.

            El maestro y dos de sus ayudantes fueron ejecutados en febrero de 1915. Ocho acusados más recibieron condenas menores y otros 9 fueron puestos en libertad sin cargos.

            Dos años después, el coronel Dimitrijevic fue acusado de atentar contra la vida de Alejandro, príncipe regente de Serbia, aunque hay varios autores que dicen que eso era falso. En el juicio no reconoció su culpabilidad en ese hecho, pero sí en el atentado de Sarajevo.

            Por ello, fue condenado a muerte y ejecutado mediante un pelotón de fusilamiento el 24/06/1917.

            Según parece, el coronel no sabía que uno de sus ayudantes, el mayor Vojislav Tankosic, había mantenido informado en todo momento sobre este complot al primer ministro, Nikola Pasic. Este no hizo nada, pues, según dicen algunos autores, pretendió pillarlos a todos juntos antes de que realizaran el crimen.

            Aparte de ello, Pasic, admitió todos los puntos del ultimátum imperial, salvo que se desplazara una comisión austriaca a Serbia para hacerse cargo de la investigación del crimen.

            En 1953 se revisó esa sentencia y Dimitrijevic y sus ayudantes fueron declarados inocentes por ausencia de pruebas contundentes contra ellos.

            Volviendo a la pareja del comienzo, parece ser que nunca fueron muy populares entre el emperador Francisco José y los orgullosos aristócratas del Imperio, pues ella no era considerada de la misma categoría social que él.

            En principio, ellos mantuvieron su relación durante unos años en secreto el archiduque pidió al Papa León XIII, el zar Nicolás II y el emperador Guillermo II de Alemania, que convencieran a Francisco José para que le dieran el permiso para la boda, argumentando que, de lo contrario, se pondría en peligro la estabilidad del Imperio.

            El emperador se lo pensó durante unos años y en 1899 les dio su aprobación con la condición de que sus descendientes, al ser un matrimonio morganático, no tendrían ningún derecho sobre el trono imperial. Tampoco se le permitiría a Sofía acompañar a su marido en visitas oficiales ni viajar en el mismo vehículo que él.

            La boda tuvo lugar en 1900 en Bohemia y, tanto el emperador, como los demás archiduques, incluso los hermanos del novio, se negaron a asistir a ella. Los únicos miembros de la familia real que asistieron al acto fueron la madrastra del novio y sus dos hijas.

            Tras la boda, se le dieron unos títulos de nobleza a Sofía, por entrar dentro de la familia imperial, y un tratamiento correspondiente. Posteriormente, en  1909 se le dio un tratamiento más importante, aunque seguía detrás de todos los archiduques del Imperio.

            La pareja tuvo 4 hijos, pero uno de ellos murió nada más nacer.

            Las relaciones de F. Fernando con el emperador siempre fueron tensas y muchos de sus sirvientes hablaban de las continuas broncas entre ellos.

            Una de las aficiones del heredero fue la caza, que cultivó con pasión y donde algunos dicen que llegó a abatir varias miles de  presas.

            Algunos autores dicen que, a pesar de su conservadurismo en muchos aspectos, el heredero estaba conforme con dar mayor autonomía a las diferentes regiones del Imperio. Especialmente, a los checos y a los croatas y bosnios.

            No les tenía tanto cariño a los húngaros, pues los consideraba unos peligrosos revolucionarios que deseaban derribar a su dinastía.

De hecho, se decía que no le gustaba nada que los miembros de su regimiento, el 9º de Húsares, hablaran entre ellos en húngaro, aunque fuese el idioma oficial de esa unidad.

También se decía que habría que buscar un acercamiento a Serbia, pues cualquier hostilidad hacia ella, les traería un enfrentamiento con Rusia, como así ocurrió.

Parece ser que, además, fue un firme defensor de la ampliación de la Armada, la cual nunca había sido tomada en cuenta por el Imperio. Por eso, tras el asesinato de la pareja, la Armada les rindió un gran homenaje.

Aunque estos acontecimientos nos suenen muy lejanos, con fecha de octubre de 2004, Austria acuñó una moneda de 10 euros con la efigie de estos personajes y, en su reverso, figura la imagen de la cripta donde fueron enterrados.

           

domingo, 10 de marzo de 2013

CHARLES PERRAULT


Fue un escritor francés nacido en París en 1628, llegando al mundo junto con su hermano gemelo François.

            Vivió en el seno de una familia acomodada, la cual le suministró una buena educación, gracias a que pudo asistir a muy buenas escuelas parisienses.

            En 1637 ingresó en el Colegio Beauvais, donde descubrieron su facilidad para el aprendizaje de las lenguas muertas.

            A partir de 1643 comenzó sus estudios de Derecho, quizás influido por su hermano mayor, Pierre, que por entonces era Recaudador general.

            En 1654 es nombrado funcionario para trabajar al servicio de la Administración de la Monarquía francesa.

            Su situación ahora era más estable y ya tomó parte en la creación de la Academia francesa de las Ciencias y en la restauración de la Academia de Pintura.

            Jamás se opuso al sistema y, seguramente, eso fue lo que le dio mucha estabilidad y supervivencia en una Francia repleta de convulsiones sociales.

            Su primer libro, “Los muros de Troya”, publicado en 1661, no iba dirigido al público infantil, sino a la Corte.

            Como funcionario de la Corte normalmente escribía discursos, diálogos, poemas y otras obras para halagar al rey y a su familia.

            Fue secretario de la Academia francesa y se convirtió en un protegido del ministro Colbert, hasta que en 1665 se convierte en el primero de los funcionarios reales. Esto le vale para ayudar a alguno de sus familiares.

            En 1667 consiguió que los planos del Observatorio del rey fueran obra de su hermano Claude.

            En 1671 fue nombrado académico, luego canciller y posteriormente bibliotecario de la misma.

            Entre 1673 y 1680 nacen sus hijos, pero su esposa muere al dar a luz el último de ellos.

            En 1680 su estrella comienza a decaer, pues tiene que ceder su puesto de primer funcionario al hijo de Colbert.

            Escribió varios libros, pero la mayoría de ellos consistían en alabanzas al Rey Sol, Luis XIV.

            A los 55 años, en 1697, escribió “Historias o cuentos del pasado”, también conocido por “Los cuentos de la mamá gansa”, por la gansa que aparecía en su portada. Fueron recopilados de la tradición oral o de leyendas. Con ellos se inició el nuevo estilo de los cuentos de hadas.

            Solía utilizar en sus obras paisajes que le eran conocidos, como el Castillo de Ussé.

            Son cuentos morales, pero repletos de un encanto que los hace perdurar y encandila a los niños.

            Sus personajes son hadas, ogros, animales que hablan, brujas, príncipes, etc.

            Al final de cada cuento, el autor expone una moraleja diferente para cada obra.

            Se dice que el autor escribió estas obras para dar esperanza a una población destrozada por estar sometidas a constantes guerras y hambrunas. Por eso solía acabar sus cuentos con finales felices.

            También hay que destacar sus frases de carácter moralizante y esperanzador. Podemos destacar las siguientes:

            “Ya veis como el ingenio y la industria valen más que todas las herencias.”

            “Con diamantes y dinero mucho se obtiene en verdad, pero con dulces palabras aún se obtiene mucho más.”

            “La miseria no os abata ni os amilanen las penas, que los días buenos vienen tras los días de tristeza.”

            La honradez, tarde o temprano alcanza su recompensa, y con frecuencia se logra cuando en ella no se piensa.”

            “La niña bonita, la que no lo sea, que a todas alcanza esta moraleja, mucho miedo, mucho, al lobo le tenga, que a veces es joven de buena presencia, de palabras dulces, de grandes promesas, tan pronto olvidadas como fueron hechas.”

            En fin, como podemos ver, muchas de estas frases aún podrían ser de mucha utilidad hoy en día.
Se me ocurre pensar que comenzó a escribir estos cuentos al final de sus días, cuando se hallaba desengañado por haber estado toda la vida ofreciendo sus servicios a un régimen autoritario y ahora se daba cuenta de que sus esfuerzos sólo sirvieron para que la gente viviera cada vez peor. Quizás, por eso, ahora intentaba infundir esperanza en sus vidas.
 

sábado, 9 de marzo de 2013

UNA VÍCTIMA DE LA INJUSTICIA: SÜSS OPPENHEIMER


Hoy traigo al blog un personaje casi desconocido para la mayoría de la gente. Se trata de un financiero alemán del siglo XVIII llamado Joseph Süss Oppenheimer.

            Nació en el seno de una familia de negociantes judíos, aunque también se ha dicho que podría ser un hijo natural de un mariscal alemán y de la hija de un rabino de Frankfurt, que ya estaba casada con Isaac S. Oppenheimer, el cual era mucho mayor que ella.

            Joseph pasó su juventud en Heidelberg, donde escandalizó a la comunidad judía por no querer respetar sus normas.

            Más tarde, se fue a Viena para trabajar con su tío Samuel, un rico hombre de negocios con una mentalidad más abierta y una gran cultura.

            Se cuenta que fue llamado urgentemente por el emperador Leopoldo, sólo 3 años después de haber expulsado a los judíos de Viena,  para salvar al imperio austriaco de la invasión de los turcos.

            Tras hacer varios préstamos, con fuertes sumas de dinero, así empezó la tradición de los judíos de la Corte, los cuales modernizaron el sistema financiero del Imperio.

            Joseph no se quedó mucho tiempo en Viena, sino que fue recorriendo Alemania, donde tuvo diferentes trabajos. En algunos tuvo que recurrir a su parentesco con su tío.

            Llegó a conocer y entablar amistad con la rica familia Thurn und Taxis, los cuales disfrutaban de un monopolio postal sobre Ratisbona y una gran parte de Alemania.

            Parece ser que acumuló riquezas a base de conseguir monopolios sobre la emisión de dinero y la venta de éste. Eso lo hizo en varias ocasiones y se hizo con una fortuna considerable.

            También ganó mucho dinero a base de prestar grandes cantidades a los príncipes o de conseguir monopolios sobre la recaudación de impuestos.

            En el verano de 1732 hizo amistad con el príncipe Karl Alexander, casado con María Augusta, princesa de Thurn und Taxis.

            El príncipe se encontraba sin tierras y viviendo plenamente a crédito, pues estaba claro que iba a suceder al duque de Würtemberg, el cual ya estaba viejo y enfermo.

            Efectivamente, como estaba previsto, al morir el duque, el príncipe pasó a gobernar Baden-Würtemberg y Joseph se convirtió en su consejero para las finanzas.

            Lamentablemente, las finanzas de este Estado estaban en muy mala situación, pues los encargados de las mismas lo habían hecho muy mal, a pesar de haberse enriquecido considerablemente.

            Así, Joseph no tuvo más remedio que “ponerse las pilas” y solucionar esos problemas a base de fuertes subidas de impuestos, aparte de enrolar las tropas que le han prometido al emperador y reforzar el poder ducal.

            Siguiendo su sistema habitual, instauró el monopolio ducal sobre la sal, el cuero, los naipes, el tabaco, los licores, las ventas de cargos públicos. Así aumentaron los fondos del duque y la confianza que tenía depositada en su consejero.

            Aparte de ello, Joseph, fundó un Banco y una fábrica de porcelana y se enriqueció mucho con ambos negocios.

            No olvida a los judíos y les consigue los contratos de suministros para el Ejército ducal.

            Su enriquecimiento y su tren de vida le llevan a granjearse muchas enemistades en el ducado. De hecho, su vivienda fue asaltada en 1735.

            También se le acusa de tener muchos intereses en las casas de juego existentes en el ducado.

            Los nobles intentan desacreditarlo delante del duque con acusaciones que unas veces son ciertas y otras no.

            De todas formas, el duque lo necesita más que nunca para resolver sus problemas financieros y así le permite montar un sistema de espionaje en el ducado.

            El duque preparaba un plan contra el Parlamento y los nobles para quitarles sus privilegios y convertir a la mayoría de los habitantes del ducado en católicos. Parece ser que a Joseph le daba igual, pero apoyó a su jefe en esta decisión.

            El problema surgió cuando el duque falleció de repente, víctima de una embolia pulmonar y se nombró un Consejo de Regencia. Como éstos descubrieron lo que se estaba tramando hicieron arrestar a todos los colaboradores del duque.

            En 1737 comenzó el proceso contra Joseph con una larga lista de cargos a cual más inverosímil. Incluso, se le acusó de utilizar la magia negra para cambiar la voluntad del difunto duque.

            Ese mismo mes fue condenado a muerte, sin embargo, sus colaboradores cristianos no fueron molestados.

            Hay que aclarar que una de las actividades de los judíos de la Corte era realizar préstamos con grandes intereses, los cuales estaban expresamente prohibidos por la Iglesia a los católicos. No obstante, estos judíos no tenían permitido establecer relaciones con mujeres cristianas.

            Aunque él prácticamente se puede decir que sólo había cumplido la voluntad del difunto duque, tras varias sesiones de tortura, se confesó culpable de todo lo imaginable.

            Cuando se le dio la posibilidad de convertirse al Cristianismo, contestó que había decidido morir como judío, pues era simplemente una víctima de una injusticia.

            Para mayor escarnio, fue llevado al lugar de la ejecución metido dentro de una jaula de hierro y colgada en el sitio más alto de Stuttgart.

            Ya en aquella época hubo muchas discusiones sobre este caso y se difundieron muchos panfletos contra los judíos  y su posibilidad de enriquecerse por estar al servicio de los príncipes.

            Este tema ha sido objeto de numerosas obras literarias a favor y en contra de nuestro personaje. También se hicieron obras de teatro y algunas de las obras publicadas fueron quemadas por los nazis en 1933.

            En los años 30, además, se hicieron películas sobre este tema, aunque con una visión actualizada, haciendo que ocurriera en la Alemania de Hitler.

            Para contrarrestar esta mala propaganda, los nazis filmaron otra película en 1940 de carácter claramente antisemita, la cual estuvo prohibida durante unos años de la posguerra

UNA MUERTE SOSPECHOSA: RENÉ DESCARTES


Cuando alguien visite la antigua iglesia de Saint Germain des Prés, en el barrio latino de París, podrá ver a la tenue luz de las velas una lápida de mármol negro en el suelo de una pequeña capilla situada en un lateral de la nave.

            El nombre que figura en ella es posible que no le diga nada, Renatius Cartesius, pero si digo que se trata del famoso filósofo René Descartes, es posible que a más de uno le suene de las clases de Filosofía del Bachillerato.

            Nuestro protagonista nació un día de 1596 en La Haya, pero no la capital de Holanda, sino una pequeña aldea situada en el centro de Francia, dentro de la región de Touraine.

            Su padre era abogado y juez. Además tenían algunas propiedades de cuyas rentas pudo vivir René cuando fue adulto.

            Como era un niño con una curiosidad muy prometedora, su padre lo envió, al cumplir 8 años, a un colegio situado a unos 100 km. de su casa. Este centro luego se haría famoso. Se trataba del colegio La Fleche, fundado por el rey Enrique IV.

            Allí estuvo rodeado de jesuitas, los cuales, bajo la supervisión del padre Charlet, le dieron una buena formación humanista.

            En esos 10 años tuvo tiempo de formarse en lenguas y autores clásicos, música, arte dramático, equitación, esgrima, etc.

            Más tarde, se interesó por la Ciencia, que en aquella época sólo consistía en aprender las teorías de Aristóteles, las cuales habían sido ya reinterpretadas por los sabios medievales, aunque en la escuela ya se enseñaron también las teorías más recientes sobre Matemáticas y Astronomía. Allí descubrió una serie de errores, que se negó a aceptar como válidos.

            Posteriormente, estudió dos años en la Universidad de Poitiers y en 1616 se licenció en Derecho.

            Se negó a ejercer su carrera, cosa que no gustó nada  a su padre, pero tampoco quiso dedicarse a difundir teorías, como si fuera un académico. Así que decidió conocer el mundo de verdad viajando a través de él.

            En 1618 le llegó su ocasión, al estallar la Guerra de los Treinta años, la cual le sirvió para enrolarse en el Ejército y conocer mundo.

            Aunque participó en la Batalla de la Montaña Blanca, en 1620, no le gustó la vida militar.

            Se dice que tuvo una visión el 10/11/1619 en Ulm. Meditando sobre si existiría una sola ciencia que pudiera resolver todos los problemas, tuvo tres sueños.

            En el primero se vio a sí mismo lisiado y pidiendo refugio en una Iglesia. En el segundo vio cómo le caía encima una fuerte tormenta. En el tercero abría un libro en latín y leía unas palabras que significaban ¿Qué senda de la vida seguiré?

Así que se convenció de que su destino sería encontrar cuál podría ser esa ciencia y dominarla.   

Estuvo unos años viviendo en París, donde celebraba discusiones de alto nivel con otros pensadores laicos y eclesiásticos.

En 1628 se fue hacia Holanda, donde vivió unos veinte años y tuvo una relación con una sirvienta llamada Helen, la cual le dio una hija. Lamentablemente, esta niña sólo vivió cinco años y esto pesaría mucho en el ánimo del filósofo.

Su vida en Holanda consistía en meditar y mantener correspondencia con otros filósofos de su época.

En 1633 acabó una obra titulada “El mundo”, pero, como recibió la noticia de que, por entonces, su amigo Galileo había sido condenado por la Iglesia a causa de su teoría sobre el movimiento de la Tierra alrededor del Sol, la cual él apoyaba, dejó el manuscrito recién acabado en un cajón.

Así, en los siguientes años, se dedicó a difundir cómo era su método científico, para que fuera aceptado por los eclesiásticos. Esa obra es conocida como “El discurso del método” y se publicó en francés. Allí podemos encontrarnos la famosa frase “Pienso, luego existo”.

Su sistema lo aplicó a algunas ciencias, como la Óptica, donde formuló la Ley de refracción. En el clima, donde buscó una explicación científica. En las Matemáticas, donde fue pionero en la Geometría analítica.

Como no apoyó sus razonamientos, como hacían otros con citas de la Biblia o de otras obras eclesiásticas, pronto se ganó muchas enemistades y su Discurso  figuró inmediatamente dentro de la lista de libros prohibidos por la Iglesia.

A pesar de ello, también se granjeó algunas amistades importantes, como la reina Cristina de Suecia, la cual consiguió sus obras a través del embajador francés en su Corte y, además, inició una relación epistolar  con nuestro personaje.

Esta reina quería mejorar la imagen que se tenía de su país en Europa y así atrajo a su Corte todo tipo de artistas y su mejor fichaje fue Descartes.

No fue fácil convencerle para que, con 53 años, se trasladara a vivir desde la cómoda Holanda a un país con un clima tan poco acogedor  como Suecia.

Su principal obligación fue ser el tutor pedagógico de la reina. El problema es que le hacían levantar a la misma hora que ella, o sea, a las 5 de la mañana, y esto al principio fue una gran contrariedad para un hombre acostumbrado a dormir muchas horas y meditar en la cama.

Su estudiante aprovechó mucho las enseñanzas del maestro, aunque nunca tuvo mucho interés por las discusiones filosóficas.

La llegada del invierno de 1650 se le hizo muy cuesta arriba y se pilló un resfriado, que fue a más, degenerando en una pulmonía, la cual 10 días más tarde le llevó a la tumba.

Como era un católico que vivía en un país protestante, no podía ser enterrado en uno de sus cementerios y se le buscó una tumba en un cementerio para niños no bautizados. Allí, el embajador francés, encargó que se grabara en su lápida una extraña frase: “Expió los ataques de sus rivales con la inocencia de su vida”.

Se desconoce si él tenía rivales en Suecia. Lo que sí se sabe es que la reina tenía intención de pasarse al catolicismo, como hizo después, y recibió secretamente a dos emisarios procedentes de Roma.

No sabemos si nuestro personaje influyó sobre la reina para tomar esa iniciativa. En caso afirmativo, es posible que alguien quisiera quitarlo de en medio.

En aquella época, las noticias de su muerte fueron solapadas por otras más importantes para el futuro de su país.

La reina estaba siendo presionada por el parlamento y sus asesores para que se casara cuanto antes y diera a luz un heredero. Sin embargo, decidió nombrar como heredero a su primo Carlos y reveló a sus confidentes que no se encontraba a gusto y que meditaba sobre su abdicación.

Como ya he dicho antes, cuatro años más tarde fue la protagonista de los cotilleos de toda Europa, pues abdicó, se convirtió al catolicismo y dejó Suecia para ir a vivir a Roma.

Nadie sabe por qué tomó esa decisión, ni tampoco si fue convencida por Descartes.

Algunos opinaban que ella era una gran amante de las artes y se sentía muy presionada en Suecia y, por ello, se fue a Italia.

No obstante, volvió en dos ocasiones para visitar dos propiedades que le habían cedido para su manutención.

Se habló de nombrarla reina de Nápoles o de Polonia, pero ninguno de estos planes se llevó a efecto.

Simplemente, ella estableció en Roma su Corte en el exilio y murió en esa ciudad 35 años después.

En 1666 Francia pidió la exhumación y el traslado a su país de los restos de Descartes, los cuales fueron sepultados en la iglesia de Sainte Genevieve du Mont.

Durante la Revolución Francesa se pensó que no era una sepultura lo suficientemente digna y trasladaron sus restos al Panteón.

No sabemos por qué en 1819 se decidió trasladar sus restos de nuevo al lugar donde se encuentran ahora. El problema es que, antes de darle sepultura en ese templo, se abrió el ataúd y se descubrió que faltaba su cráneo.

Poco después, apareció el mismo durante una subasta en Suecia. Parece ser que había sido apartado del resto del cuerpo durante el primer traslado, pues un tal Israel Hanstrom había escrito una breve explicación del hecho en su frente.

No obstante, aunque el cráneo fue devuelto por Suecia a Francia, nunca llegó a juntarse con el resto del cuerpo y hoy día está depositado en el Museo del Hombre, de París.

Parece ser que en 1980 un científico alemán llamado Eike Pies estudiaba la correspondencia de uno de sus antecesores familiares, Willen Piso, en los archivos de la Universidad de Leyden, en Holanda.

Allí encontró una carta escrita por Johann van Wullen, el médico de la reina Cristina de Suecia, que había sido testigo de la muerte del filósofo. En ella le daba a Piso los detalles del proceso de la enfermedad de Descartes, aunque también decía que la propia reina le había pedido leer su carta antes de que la enviara. Esto parecía muy extraño para una enfermedad tan conocida como la pulmonía.

Así que Eike Pies tradujo la carta y, quitándole las fechas y los nombres, se la entregó a un forense. Esta tardó muy poco en enviarle su informe. Parece ser que era un caso muy claro de envenenamiento por arsénico y no tenía nada que ver con una simple pulmonía.

Este veneno es posible rastrearlo en un cuerpo durante mucho tiempo, pues deja marcas inconfundibles, aunque, para ello, habría que exhumar otra vez sus restos.

Evidentemente, sería casi imposible, a estas alturas, encontrar al culpable de este delito. Más tarde, Eike Pies publicó un libro sobre sus teorías sobre este homicidio.

Es una pena que no se pueda realizar ya esta investigación, pues Descartes fue un pionero en la investigación científica.

Parece ser que, en su momento, hubo muchas conjeturas en Suecia sobre su muerte y la posibilidad de haber sido envenenado. No obstante, estos rumores se fueron apagando al no poder encontrar ninguna explicación clara sobre por qué o por quién podría haber sido asesinado.