ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 22 de agosto de 2026

FOUCHÉ, EL HOMBRE QUE SIEMPRE CAÍA DE PIE

 


 He titulado así este artículo, porque es la pura verdad y ya lo iréis viendo a lo largo de este artículo.

La vida de este personaje es increíble, pero cierta. De hecho, Stefan Zweig, que fue uno de sus biógrafos, lo calificó como “el personaje más singular de la política mundial”.

Joseph Fouché nació en 1759, en la ciudad portuaria de Nantes. Era hijo de un capitán de la marina mercante, llamado Julien Fouché. Así que la situación económica de la familia debió de ser acomodada.

Sin embargo, él no pudo seguir la actividad de su padre, porque siempre fue una persona con una salud muy frágil, aunque era muy inteligente.

Por ello, ingresó muy joven en el seminario de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Parece ser que fue un buen alumno, ya que, al final de sus estudios, lo contrataron como profesor de Matemáticas y Física en el mismo centro educativo. Sin embargo, a pesar de que vestía como sacerdote, nunca hizo los votos y siempre fue un seglar.

Tampoco se distinguió por ser un buen orador, algo que daba mucha prestancia en aquella época, sino que siempre fue un gran intrigante, que dominaba perfectamente los movimientos entre bambalinas de la política.


Parece ser que en 1788 fue iniciado en la Masonería, cuando estuvo destinado, brevemente, como profesor en Arras.

Ya con 30 años, cuando estalló la Revolución Francesa, entró como diputado en la Asamblea nacional y se apuntó al movimiento de los girondinos.

Sin embargo, su fino olfato político, le advirtió de que estos estaban a punto de caer a manos de los radicales jacobinos, encabezados por Robespierre, el incorruptible. Así que no dudó en pasarse a estos.

Posteriormente, le nombraron miembro del infame Comité de salud pública el cual se dedicaba a señalar los que debían ser guillotinados. Precisamente, Fouché votó a favor de la ejecución de Luis XVI.

Como miembro de ese comité, fue enviado a Lyon para ejercer una feroz represión en esa ciudad. Desde luego hizo muchos méritos para que nadie dudara de su adhesión a la revolución. Incluso, demostró ser un anticlerical muy radical.

Se cuenta que utilizar la guillotina le pareció demasiado lento para eliminar a varios centenares de personas que habían encarcelado. En su lugar, ataban un grupo de ellos y les disparaban a corta distancia con cañones cargados de metralla. Los que no morían así, los remataban con las bayonetas. Se calcula que, de esa manera, asesinaron a unas 2.000 personas en esa ciudad. Llegó a decir: “La sangre de los criminales fertiliza el terreno de la libertad y establece el poder sobre bases sólidas”.

Parece ser que, más tarde, él siempre quiso borrar ese episodio de la memoria colectiva, para intentar aparecer como un moderado.

Curiosamente, al principio, fue muy amigo de Robespierre. Incluso, fue novio de la hermana de éste. Sin embargo, no sé por qué motivo, llegaron a enfrentarse. Hay quien dice que Robespierre nunca le perdonó a Fouché que hubiera dejado a su hermana para casarse con otra mujer, que tenía una mejor posición social.

Así que, como vio que Robespierre se estaba cargando a todos los que lo habían rodeado, convenció a los supervivientes para dar el llamado Golpe de estado de Thermidor, que puso fin a la dictadura de Robespierre y los llevó a él y a su hermano a la guillotina. Dicen que, durante varios días, desde la mañana a la noche, se dedicó a visitar a los implicados en ese golpe y les dijo: “Mañana pereceréis, si él no lo hace antes”.

Con la llegada del Directorio fue perseguido por haber colaborado con el Terror de Robespierre. No obstante, se ganó la confianza y el perdón de Barras, cuando le ayudó a desmantelar una conspiración contra el Directorio. Eso dio lugar a que lo nombraran para un cargo que le vino como anillo al dedo, el de ministro de la Policía.

Por el contrario, no avisó al Directorio del golpe de Estado, que llevó al poder a Napoleón, que regresaba de la campaña de Egipto. Por ello, éste le confirmó en el cargo como ministro de la Policía.

Uno de los departamentos que creó fue la oficina de censura, la cual actuaba con mayor o menor celo, según lo que conviniera en cada momento.

Por ejemplo, si dejaba que se publicaran panfletos monárquicos, todos recurrían a él para que diera prioridad a la detención de los implicados. Eso lo hacía insustituible.

Parece ser que Napoleón temía a Fouché, porque siempre se mostraba impasible y nunca alababa los logros del emperador. Supongo que temía que Fouché se podría haber deshecho de él, igual que hizo con Robespierre.

En 1802, Napoleón sufrió un atentado, cuando viajaba en una carroza. Él salió ileso, sin embargo, murieron muchos viandantes que circulaban por la misma calle.

Napoleón se empeñó en echar la culpa a los jacobinos, mientras que Fouché apostó por los monárquicos. Al final, la Policía detuvo a los responsables y Napoleón tuvo que reconocer que se equivocaba.

Bonaparte nunca tuvo claro si Fouché era leal a él o no. Así que, en 1802, se le ocurrió cesarlo y eliminar el Ministerio de la Policía, fusionándolo con el de Justicia.

Para tenerlo callado, le dio un nombramiento como senador, con un buen sueldo, y una hermosa finca muy productiva.

No obstante, Fouché, siguió utilizando a sus espías y colaboró con el gobierno en la detención del duque de Enghien, aunque no estuvo de acuerdo con la decisión de fusilarlo.

Así que, a mediados de 1804, recuperó su puesto como ministro de la Policía, multiplicando el número de sus agentes y espías.

No obstante, Napoleón seguía desconfiando de Fouché y aún más, cuando le informaron de que solía reunirse con Talleyrand. Algo muy extraño, pues siempre habían sido rivales. Así que creó el ducado de Otranto y le dio ese título a Fouché, para intentar que siguiera siendo leal a su persona.

En 1809, cuando Napoleón se hallaba combatiendo en Austria, los británicos desembarcaron en una localidad cercana a Amberes. Fouché ordenó al prefecto francés de esa región que movilizara a 60.000 guardias nacionales para combatir contra esas tropas. Algo que gustó mucho a Napoleón.

Sin embargo, a finales de ese año, Fouché conoció que Napoleón pensaba negociar la paz con el Reino Unido. Así que, cuando el emperador comenzó esa tarea, descubrió con estupor que Fouché se le había adelantado y había iniciado conversaciones con el Gobierno británico.

Por ello, se enfadó mucho y, a mediados de 1810, lo cesó y lo envió como gobernador de la ciudad de Roma.

En 1812 intentó convencer a Napoleón del error de intentar invadir Rusia, pero no le hizo caso. Sin embargo, cuando Napoleón regresó con las pocas tropas que le quedaban, sospechó que Fouché podría estar implicado en el intento de golpe de Estado del general Malet. Al que ya dediqué otro de mis artículos.

No obstante, intentó alejarlo de la corte, nombrándolo gobernador de las provincias Ilirias. O sea, Croacia y Eslovenia. Sin embargo, no pudo llegar a su destino por la revuelta del mariscal Murat.

Por ello, regresó a París en abril de 1814, justo a tiempo de ver cómo los mariscales obligaban a Napoleón a abdicar.

Fouché siguió intrigando y pidió al Senado que enviara a una delegación para visitar al conde de Artois, hermano del futuro Luis XVIII, para intentar restablecer la monarquía en Francia. En tanto que aconsejó a Napoleón, que entonces se hallaba exiliado en la isla de Elba, que se fuera a los USA.

Posteriormente, también escribió al nuevo rey, Luis XVIII, para que reinara de una forma moderada. Intentando contentar a todos los franceses.

Como todos sabemos, Napoleón consiguió escapar de la isla de Elba. Poco antes de su llegada a París, Luis XVIII quiso nombrar a Fouché ministro de Policía, pero éste rehusó el ofrecimiento.

Por el contrario, sí que aceptó el mismo ofrecimiento, que le hizo el propio Napoleón. No obstante, como era un tipo con muchos recursos, mantuvo algunos contactos con el canciller austriaco, von Metternich.

Cuando se dio cuenta de que Napoleón no tenía mucho futuro, empezó a tener contactos con la diplomacia de los aliados. Incluso, después de la derrota de Waterloo, llegó a presidir un gobierno, hasta el regreso de Luis XVIII.
Este monarca nombró como primer ministro a Talleyrand y éste, como no podía ser de otra forma, nombró como ministro de Policía a Fouché.

Fue entonces cuando se desató el llamado Terror blanco. Unos 70.000 funcionarios fueron cesados. Los altos mandos del Ejército fueron destituidos. Incluso, el mariscal Ney, al que ya dediqué otro de mis artículos, el cual había jurado lealtad al rey, pero que luego se pasó a Napoleón, fue fusilado por traidor. No fue el único general fusilado en aquel momento.

Hubo linchamientos por todo el país e, incluso, unas 6.000 personas afines a Napoleón fueron enjuiciadas y muchas de ellas condenadas.

En las elecciones de 1815 tuvieron mayoría absoluta los ultrarrealistas. Llegando a decir Luis XVIII, que ellos eran más realistas que el propio rey.

A la vista de este panorama tan radical, el rey disolvió la cámara y convocó unas nuevas elecciones en 1816, pues temía una guerra civil.

Los monárquicos no podían aguantar que alguien que votó a favor de la ejecución de Luis XVI, ahora fuera ministro de su hermano. Así que presionaron para que le nombraran embajador en Sajonia.

Posteriormente, el nuevo gobierno de Francia, que ya no estaba presidido por Talleyrand, lo mandó al exilio, acusándole de regicida.

Empezó residiendo en Praga, luego en Linz para finalizar en Trieste. No tuvo problemas económicos, porque había amasado una gran fortuna. Así que se dedicó a disfrutar de su familia. Murió en 1820 en Trieste, pero su cadáver fue trasladado y enterrado en Francia.

 

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martes, 18 de agosto de 2026

UN ESPÍA LLAMADO HUGH POLLARD

 


Seguro que, a estas alturas, todo el mundo sabrá que Franco viajó de Canarias al antiguo Marruecos español a bordo de un modelo de avión llamado Dragón Rapide.

Me parece lógico que todo el mundo conozca este dato, porque lo han repetido hasta la saciedad. Sin embargo, han ocultado que, al final de la guerra, Pasionaria, Alberti, María Teresa León y otros dirigentes comunistas, huyeron a la antigua Argelia francesa en dos aviones de ese mismo modelo.

Precisamente, dicen que, cuando estos sobrevolaban una sierra valenciana, le preguntaron al piloto cómo se llamaba esa sierra. Éste les respondió que era la Sierra de Aitana. Así que, como María Teresa estaba embarazada, decidió, junto a su marido, ponerle el nombre de Aitana a su futura hija.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Hugh Bertie Campbell Pollard, pero siempre fue conocido por Hugh Pollard.

Nació en Londres en 1888. Supongo que su familia sería acomodada, ya que su padre era médico.

Parece ser que le gustaba mucho ir a la finca que poseía su abuelo. Allí aprendió el manejo de las armas de fuego y se aficionó a la caza.

Por lo visto, nunca fue un buen estudiante. Así que pronto se puso a trabajar y a vivir múltiples aventuras.

En 1908, fue testigo de una sublevación en Marruecos, en la que el sultán fue depuesto y sustituido por su hermano.

En 1911, viajó a México, donde aprendió a hablar español y donde aprovechó para cazar todo tipo de animales salvajes.

Por lo visto, escribió un libro sobre sus aventuras en México y tuvo cierto éxito. Así que ya decidió dedicarse a escribir y fue fichado como corresponsal del Daily Express.

Al comienzo de la I Guerra Mundial, fue movilizado y destinado en calidad de oficial de mensajería del Estado Mayor. Eso dio lugar a que participase en las dos batallas de Ypres.

Desgraciadamente, cuando conducía su motocicleta, llevando mensajes por el frente, fue herido de gravedad a causa de los gases y la metralla que le afectó una pierna.

Eso supuso su repatriación y un permiso de 5 meses para poder recuperarse de sus heridas. Él aprovechó una parte de ese permiso para trabajar para su suegro en la administración de su fábrica de granadas de mano. También escribió la historia de la batalla de Ypres, que fue todo un éxito y todavía se sigue publicando.

Posteriormente, fue trasladado al MI7, un servicio de Inteligencia dedicado a la propaganda y la censura de guerra. Su sede se llamaba Wellington House.

Allí inventó historias como la de un supuesto ejército ruso, que había llegado a Gran Bretaña para incorporarse al frente occidental.

Otra de sus invenciones fue publicar un folleto en el que aseguraba que, como los alemanes eran deficitarios en grasas, aprovechaban los cadáveres de sus soldados para quitárselas e introducirlas en productos alimenticios.

Siempre fue un gran especialista en armas de fuego. Por ello, escribió varios libros dedicados a estos temas y parece que tuvo mucho éxito.

Posteriormente, fue destinado a Irlanda, durante la guerra de la independencia de ese país.

Su trabajo consistió en labores de desinformación, como la falsificación de boletines de los independentistas con datos falsos o la información de batallas que nunca se produjeron.

A principios de julio de 1936, se reunieron para comer en un restaurante Douglas Jerrold, editor de un periódico católico británico, con Luis Bolín, corresponsal del diario español ABC en Londres.

Allí decidieron que habría que transportar al general Franco desde Canarias hasta el Marruecos español para que tomase el mando de las tropas españolas en África.

Habría que alquilar un avión, que no fuera español. Dentro iría, aparte del piloto, alguien al mando y dos chicas rubias con aspecto de turistas británicas.

Jerrold, que aparte de ser periodista, había trabajado en los servicios de Inteligencia, enseguida pensó en su amigo Pollard, que era otro ferviente católico. Así que aprovechó para llamarle desde el restaurante. Éste no puso ninguna objeción y decidieron que el vuelo se realizaría al día siguiente.

Siempre me ha llamado la atención que contratasen un avión, como el Dragón Rapide, que tenía una autonomía inferior a los 800 km. Lo suyo es que hubieran elegido un avión con una autonomía mayor para no tener que hacer escalas, donde los pudieran estar vigilando.

Este avión y todos los gastos del vuelo fueron pagados por el millonario español Juan March.

La tripulación estaba compuesta por el piloto Cecil Bebb y el mecánico Walter Shepherd. Mientras que los pasajeros fueron Hugh Pollard, la hija de éste, Diana, y una amiga de ella, llamada Dorothy Watson. Luis Bolín embarcó en la escala que hicieron en Burdeos.

El avión despegó la mañana del 11/07/1936 desde el aeródromo londinense de Croydon. La primera escala fue Burdeos. Posteriormente, hicieron otra escala cerca de Oporto para luego viajar a Sintra, donde se reunieron con otros implicados en la trama.

El 14/07/1936 hicieron escala en Casablanca para repostar y luego ya fueron al aeropuerto de Gando, en Las Palmas de Gran Canaria. Allí bajaron las dos mujeres, pero Pollard se quedó esperando ¿Acaso sabía lo que iba a ocurrir?

El 16/07 tiene lugar la muerte del general Balmes en Gran Canaria. Nunca se ha sabido si fue una negligencia o un asesinato.

Lo cierto es que Franco, que estaba en Tenerife, el día 17/07, viajó en un cañonero de la Armada española para asistir al entierro de Balmes. Parece ser que esto le sirvió para eludir la vigilancia que había ordenado el Gobierno republicano sobre él.

El día 18/07, Franco, vestido de civil, embarca en el Dragon Rapide, junto a su primo y ayudante militar, al que llamaban Pacón, porque era muy alto, Luis Bolín y Martínez Fuset, que era su asesor jurídico.

Hacen una escala en Casablanca y el día 19/07 por la mañana llegan a Tetuán, donde Franco se pone al frente del Ejército de África.

Mientras tanto, Hugh, su hija y Dorothy estuvieron unos días visitando Canarias. No olvidemos que, aunque ya había empezado la guerra, allí no hubo combates de ningún tipo.

Estuvieron de turismo hasta que el 24/07 embarcaron en el crucero británico RMS Highland Brigade, que hacía la ruta entre Brasil y Argentina hasta el Reino Unido, haciendo escala en Las Palmas de Gran Canaria. Llegaron a Londres el 30/07.

Por otro lado, Franco no se fue a la guerra sin antes haber organizado la huida de su esposa y su hija, por si fallaba el golpe, que dio lugar a la guerra civil.

En principio, navegaron en un guardacostas de la Armada, acompañadas de Martínez Fuset, hasta el crucero alemán Waldi, que permanecía anclado fuera del puerto.

Teóricamente, ellas iban a ir hasta el puerto francés de Le Havre, donde les esperarían unos amigos. Sin embargo, se lo pensaron mejor y abandonaron el barco, cuando hizo escala en Lisboa.

No sé si calcularon que serían mejor recibidas en Portugal, donde gobernaba un partido con una ideología parecida a los del bando nacional. Sin embargo, en Francia gobernaba el Frente Popular. Así que podrían tener problemas con las autoridades francesas.

Ya en la posguerra española, Franco condecoró a Pollard, su hija, la amiga y el piloto del Dragon Rapide.

Como podemos adivinar, no se estuvo quieto, cuando estalló la II Guerra Mundial. Trabajó en España para el MI6, dentro de un departamento dedicado a realizar sabotajes y otras operaciones especiales.

En una de sus andanzas, fue a Portugal y logró interceptar un envío de ametralladoras Vickers, con destino al Ejército republicano. Las cuales mandó de vuelta al Reino Unido.

Incluso, participó en una especie de complot, cuyo fin era restablecer a Alfonso XIII en el trono de España, para reducir la influencia alemana sobre el Gobierno español.

Posteriormente, fue destinado a una unidad, que acompañaba a las tropas aliadas por Europa. Se dedicaban a incautar y estudiar las armas que iban encontrando.

Tras la guerra mundial, se retiró para llevar una vida tranquila en su finca situada en una localidad de West Sussex.

Le gustaba mucho disparar con todo tipo de pistolas. Dicen que un día le preguntó un amigo si había matado alguna vez a alguien. Él respondió: “nunca por accidente”.

Falleció en 1966 y siguió definiéndose como anticomunista hasta su muerte. Se cree que tuvo un papel más importante durante la II Guerra Mundial, sin embargo, todos esos documentos siguen estando clasificados como secretos.

 

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