ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 31 de mayo de 2024

LA OFICINA PRO CAUTIVOS DE ALFONSO XIII

 

Hace pocos años, se celebró una exposición sobre este tema en el Palacio Real, en Madrid. Así que supongo que, posiblemente, más de uno lo conozca. No obstante, voy a relatarlo, porque seguro que es algo desconocido para mucha gente.

Como es sabido, el acontecimiento que dio lugar a la I Guerra Mundial fue el asesinato del heredero a la corona del Imperio Austro-Húngaro y su esposa. Suceso ocurrido en junio de 1914 en Sarajevo. La guerra comenzó al mes siguiente.

Afortunadamente, entonces teníamos en España un político muy competente. Me refiero al malogrado Eduardo Dato, presidente del Consejo de Ministros y jefe del Partido Conservador, el cual consiguió que todos los partidos representados en las Cortes se comprometieran a defender una postura de neutralidad para España.

Precisamente, hace tiempo, dediqué un artículo a este personaje y
a los que lo asesinaron junto a la Puerta de Alcalá, en Madrid.

Ciertamente, esa fue una decisión muy acertada, porque dio lugar a que pudiéramos exportar nuestros productos a los dos bandos en conflicto y eso trajo mucha riqueza. Aunque, como de costumbre, los empresarios no quisieron compartirla con sus empleados.

Por otro lado, Alfonso XIII, aunque se tenía por un rey muy militarista, tampoco era partidario de meterse en ese conflicto, ya que eso le podría acarrear problemas familiares, pues su madre era austriaca, mientras que su esposa era británica.

Sin embargo, en el verano de 1914, llegó al Palacio Real de Madrid, una extraña carta, escrita por una joven lavandera francesa y dirigida al propio Alfonso XIII.

En esa misiva, le contaba que su marido había sido movilizado y no sabía nada de él desde la batalla de Charleroi. Estaba desesperada, porque no sabía si estaba vivo o muerto y le pedía que se interesara por este tema.

Ciertamente, era una carta muy extraña. Además, se suponía que la había escrito una ciudadana francesa a un rey extranjero, quizás porque se trataba de un país neutral.

Lo cierto es que Alfonso XIII movilizó al cuerpo diplomático y, en muy poco tiempo, localizaron vivo al marido, aunque se hallaba prisionero en un campo de concentración alemán. Así que el propio rey fue el que le escribió a la lavandera, comunicándole ese hecho.

Parece ser que esta francesa tenía un amigo periodista, que trabajaba en un periódico regional. Éste publicó un artículo sobre este hecho y eso dio lugar a que llegaran miles de cartas al Palacio Real, pidiendo que realizara más gestiones de ese tipo.

Parece ser que el organizador y alma máter de esta oficina fue el secretario privado del rey, Emilio María de Torres y González Arnao, futuro marqués de Torres de Mendoza.

Se trataba de un eficaz diplomático, que había estado trabajando

en varias embajadas y consulados y tenía un gran conocimiento de Alemania.

En un principio, la secretaría privada del rey sólo estaba compuesta por 6 funcionarios. Sin embargo, el aluvión de cartas provocó que el número creciera hasta los 53, ya que se calcula que, durante toda la guerra, recibieron casi 222.000 cartas.

No se trataba sólo de funcionarios, ya que la mitad de ellos eran gente contratada e, incluso, había muchos voluntarios. Uno de esos voluntarios fue el famoso historiador Julián Juderías, el cual hablaba varios idiomas.

También contaron con un centenar de oficiales del Ejército y de la Armada, algunos de ellos médicos, que se dedicaron a realizar miles de visitas a los campos de concentración.

Parece ser que el rey se negó a que los gastos de esa oficina figurasen dentro de los Presupuestos Generales del Estado. Por el contrario, dicen que los pagó de su propio bolsillo. Una cantidad, que, actualmente, serían unos 600.000 euros.

Ciertamente, los resultados de esta oficina fueron impresionantes. Ayudaron a 122.000 prisioneros belgas y franceses, 7.950 británicos, 6.350 italianos, además de portugueses, USA y rusos.

Incluso, tramitaron varios centenares de peticiones de indulto para otros tantos condenados a muerte. Parece ser que consiguieron el indulto para unos 100 de estos condenados a muerte.

También lograron que liberasen y repatriasen a 21.000 prisioneros militares y 70.000 civiles. Incluso, consiguieron que los países en guerra se comprometieran a no atacar a los barcos hospitales. Esos canjes de prisioneros solían realizarse en puertos españoles.

Por lo visto, también trabajaron, codo a codo, con la Cruz Roja Internacional.

Hubo algunas cartas, que llamaron la atención real. En una de ellas, una niña francesa, llamada Sylviane, le decía que su tío estaba preso de los alemanes y que su madre estaba sufriendo mucho y ambas podrían morir de hambre. El monarca se interesó mucho por este caso y consiguió que, en muy poco tiempo, fuera liberado y llevado a Suiza.

Incluso, el propio Gobierno francés, le pidió que se interesase por la suerte de unos 20.000 civiles franceses a los que el conflicto les había pillado en el extranjero y no les dejaban regresar. Sin embargo, el rey consiguió que volvieran en un plazo muy breve.

Parece ser que el principio por el que trabajaban en esa oficina era la “neutralidad activa”, desterrando la idea general de que no se podía hacer nada, mientras durase la guerra.

Como hemos visto, este grupo de españoles tuvo muchos aciertos, como la liberación de algunos personajes célebres. Por ejemplo, el cantante Maurice Chevalier, el pianista Rubinstein, el bailarín ruso Nijinski, etc.

Por el contrario, también tuvieron algunos fracasos. Por ejemplo, no consiguieron dar con el paradero del hijo del escritor británico Rudyard Kipling, cuyo cuerpo fue hallado unos años después de la guerra.

Tampoco consiguieron salvar la vida de la enfermera británica Edith Cavell, a la que dediqué otro de mis artículos. La cual fue condenada a muerte y ejecutada por colaborar 

con uno de los bandos en conflicto.

Por último, lo que el rey consideraba su mayor fracaso, fue el no haber conseguido salvar las vidas de los miembros de la familia imperial rusa, ya que otras monarquías y, especialmente, la británica, no quisieron apoyarle.

No obstante, parece ser que el rey no estaba muy seguro de que hubieran asesinado a toda la familia imperial rusa. Así que continuó buscándolos durante la posguerra.

Curiosamente, aunque Alfonso XIII no fue nominado una vez, sino dos para que le otorgasen el Premio Nobel de la Paz, lo cierto es que se lo dieron a la Cruz Roja Internacional, ya que no quisieron concederlo durante la guerra.

Incluso, en 1933, fue, nuevamente, nominado para este premio, cuando ya se hallaba exiliado en Roma, pero tampoco se lo otorgaron.

Precisamente, su secretario privado, el marqués de Torres de Mendoza, le acompañó durante su exilio y murió también en Roma, sólo un mes después que el rey.

En 1947, sus restos fueron repatriados y sepultados en el panteón familiar, situado en el Convento de San José en Ávila.

Otro diplomático español, que hizo un gran papel, durante la I Guerra Mundial, fue el marqués de Villalobar, embajador de España en Bélgica, al que también dediqué otro de mis artículos.

Lamentablemente, la labor de esta oficina apenas tuvo eco en España. Sin embargo, el rey se hizo muy popular en toda Europa.

De hecho, cuando el rey partió hacia el exilio, fue recibido por

multitudes entusiasmadas en Marsella, París y Londres, ya que la gente no había olvidado su gran labor realizada durante la guerra.

Por lo que se refiere al personal implicado en esta labor, Francia condecoró a los diplomáticos con la Medalla de la gratitud de Francia, las mujeres recibieron la Medalla de la Cruz Roja y los demás, la Orden de Isabel la Católica.

La labor de esta oficina fue reconocida por varios países y hasta por la Liga de Naciones, antecesora de la ONU.

Curiosamente, aunque recibió muchos elogios en la prensa internacional, su labor apenas tuvo eco en la prensa española. Lo que hizo que la figura del rey siguiera siendo muy impopular.

Incluso, el rey Alfonso XIII fue el primer español, que apareció en la portada de la prestigiosa revista Times.

 

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lunes, 27 de mayo de 2024

UN VISIONARIO LLAMADO BILLY MITCHELL

 

Hoy voy a relatar la vida de un curioso militar USA. Un hombre con una visión muy clara de lo que iban a ser los conflictos bélicos en el futuro.

Como siempre, empezaré diciendo que William Lendrum Mitchell, que era su verdadero nombre, nació en 1879, en el seno de una familia USA muy acomodada.

Curiosamente, no nació en USA, sino en Niza (Francia). No sé si sería porque a su madre se le hubiera adelantado el parto.

Como ya he mencionado, se trataba de una familia muy acomodada. Su padre fue un senador demócrata por el Estado de Wisconsin y miembro de una familia de reconocidos empresarios. Por ejemplo, su abuelo fue el fundador de un Banco y una compañía ferroviaria.

Parece ser que su padre llegó a luchar, como oficial, en la guerra civil USA. Allí se hizo amigo de Arthur MacArthur, un colega suyo, que llegó a ser general y también fue el padre del famoso general Douglas MacArthur.

Billy inició sus estudios en la antigua Universidad Colombina de Washington DC, hoy Universidad George Washington. Sin embargo, muy pronto abandonó sus estudios para alistarse en la guerra de Cuba y Filipinas contra España.

Parece ser que su padre movió sus hilos para que fuera destinado a Filipinas, donde estaba MacArthur. Eso le valió para empezar la guerra como soldado y acabarla como oficial del Cuerpo de Señales.

También participó en el conflicto posterior, entre las tropas USA y los insurgentes filipinos.

Tras la guerra, continuó en el Ejército, pero fue destino a Alaska. Allí le fue encomendada la construcción de una serie de líneas telegráficas, que unirían ese territorio con Washington DC.

En 1908, tomó sus primeras lecciones como piloto. Ya en aquella época empezó a ver claro que la fuerza aérea iba a tener un papel muy importante en las próximas guerras.

En 1912 se convirtió en un joven oficial de Estado Mayor. Al año siguiente fue destinado como segundo jefe de la Sección de Aviación del Cuerpo de Señales del Ejército de Tierra. Más tarde, ocuparía, durante unos meses, el puesto de jefe de esa Sección a causa del cese de su jefe.

En 1917, tras haber declarado USA la guerra a Alemania, Mitchell se incorporó de inmediato, pues se hallaba en calidad de observador en Francia.

Así que coordinó los ataques de los aviones USA con el resto de las fuerzas aéreas de los aliados. Fue ascendido a teniente coronel y, poco después, ascendido, con carácter provisional, a coronel.

Al final de la guerra fue ascendido, con carácter provisional, a general de brigada y jefe del Servicio Aéreo de USA.

Desgraciadamente, ese nombramiento no se volvió efectivo, porque el general Pershing, jefe de todas las fuerzas USA en Europa, había recomendado para ese puesto a su amigo, el general Menoher, procedente del arma de Artillería. Un tipo que no sabía nada de aviones.

Aunque, tras la desmovilización en la guerra, tanto Mitchell como Menoher fueron descendidos a sus empleos de coronel, nuestro personaje fue, nuevamente, ascendido a general de brigada en 1921. En aquella época, esto era muy habitual en el Ejército USA.

Algo que pensaban muchos de sus coetáneos de la I Guerra Mundial es que esa sería la guerra, que, debido a su crueldad, pondría fin a todas las guerras.

Sin embargo, Mitchell solía decir: “Si una nación ambiciosa por la conquista universal tiene un buen comienzo en una guerra en el futuro, puede ser capaz de controlar el mundo entero más fácilmente de lo que una nación ha controlado un continente en el pasado”. Como ya he dicho, era un tipo con unas ideas muy claras.

Toda su vida defendió la creación de una Fuerza Aérea independiente del resto del Ejército y la Armada. Sin embargo, el nuevo jefe de ésta, que era otro militar con unas ideas muy antiguas, ordenó la disolución de la aeronáutica naval.

Afortunadamente, poco después, el nuevo subsecretario de Marina, el futuro presidente Franklin D. Roosevelt, revocó esa orden.

En 1921 consiguió que le permitieran demostrar que un bombardeo aéreo podría hundir cualquier buque. Algo que enfureció a la Armada. Consiguieron hundir un buque alemán, incautado tras la I Guerra Mundial.

Demostró que, con el dinero que se invertía en construir un acorazado, se podrían construir 1.000 bombarderos, que podrían hundir muchos barcos. Incluso, demostró que era mejor lanzar las bombas alrededor de los barcos, que hacerlo en la cubierta de los mismos.

Parece ser que el Departamento de Guerra era partidario de fundar una especie de cuartel general para la fuerza aérea, donde estarían los pilotos y los marinos, pero desistió tras la negativa de la Armada.

Continuaban haciéndole la vida imposible a Mitchell. Esta vez le trasladaron a una base de poca importancia, situada en Texas.

Tras el accidente del dirigible Shenandoah, de la Armada USA, donde, entre otros, murió un amigo suyo, se atrevió a realizar una rueda de prensa, donde calificó como incompetentes a los altos mandos del Ejército y la Armada y de “administración casi traidora de la defensa nacional”.

Lógicamente, ya sabía que esto le iba a costar un disgusto. Éste vino muy pronto en forma de consejo de guerra de generales, al haber sido denunciado por el propio presidente Coolidge.

Por lo visto, no se trató de uno de esos consejos de guerra, que se tramitan en pocas horas, sino que sus sesiones duraron nada menos que 7 semanas.

Uno de aquellos 13 jueces fue el famoso general Douglas MacArthur, que se hizo muy famoso en Filipinas.

Una de las cosas más impactantes que dijo Mitchell fue que habría que prepararse para un ataque a las bases de Hawai, por parte de la Armada japonesa. Algo que parece que hizo mucha gracia a los miembros de aquel tribunal y al público presente en la sala.

Parece ser que esas ideas fueron las que le enemistaron con varios de sus jefes en el escalafón militar.

Al final, como era de esperar, el tribunal lo declaró culpable de todas las acusaciones presentadas contra él.

Por ello, le condenó nada menos que a 5 años fuera el servicio activo y sin sueldo. Aunque el presidente Coolidge lo dejó en la mitad del sueldo.

Así que Mitchell se dedicó a escribir libros y dar conferencias por todo el país para demostrar la importancia del poder aéreo en las próximas guerras y la necesidad de invertir mucho más en la compra de aviones más modernos. Tal y como estaban haciendo varios países de Europa.

Incluso, llegó a entrevistarse con el nuevo presidente, Franklin D. Roosevelt, el cual pareció muy interesado en sus ideas, pero no le dio ningún puesto en su gobierno.

Desgraciadamente, en 1936, Mitchell falleció a causa de una obstrucción coronaria. Sólo tenía 56 años.

Curiosamente, un primo hermano de Mitchell, un piloto canadiense llamado George Croil, consiguió crear una Fuerza Aérea independiente en su país.

Por lo que se refiere a Mitchell, se presentaron varias peticiones para su ascenso póstumo a mayor general, pero todas fueron desestimadas a causa de la negativa de la Armada.

Finalmente, en 2004, se consiguió que se autorizara ese ascenso para Mitchell. Sin embargo, no fue promovido ni por el Pentágono, ni por el presidente, así que nunca fue efectivo.

Curiosamente, el primer sitio en el que fue atacado un buque de guerra por unos bombarderos, fue en aguas españolas. Durante la guerra civil, el crucero alemán Deutschland, cuando patrullaba cerca de Baleares, fue atacado por bombarderos republicanos españoles. Lo cual le produjo bajas y daños materiales.

Como represalia, la Armada alemana bombardeó a fondo el puerto y la ciudad de Almería.

Posteriormente, ya durante la II Guerra Mundial, fueron atacadas las bases de Tarento y, más tarde, la de Pearl Harbor. Tal y como había pronosticado Mitchell.

En el primer caso, fue un ataque de las aeronaves británicas contra la flota italiana y, en el segundo, como es sabido, de aeronaves japonesas contra la flota USA en Hawai.

Posteriormente, se produjeron múltiples combates, sobre todo, en el Pacífico entre aeronaves y buques de Japón y USA.

Supongo que sería para lavar su conciencia, la razón por la que, en 1941, le pusieron al bombardero B-25 el nombre de Mitchell. Estos modelos fueron los utilizados por el general Doolittle para bombardear Tokio.

Posteriormente, recibió muchos honores. Por lo visto, no sólo ocurre en España eso de que todo el mundo habla bien de alguien, sólo cuando se ha muerto.

Sólo me queda decir que la USAF, Fuerza Aérea de USA, fue fundada en 1947.


 

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lunes, 29 de abril de 2024

LA TRAGEDIA DEL CONDE FOLKE BERNADOTTE

 

Es muy posible que a muchos no les suene este nombre de nada. Reconozco que yo tampoco lo conocía, hasta que, el año pasado, leí un artículo sobre él.

Folke Bernadotte nació en 1895 en Estocolmo, la capital de Suecia. Su padre, el príncipe Óscar, perteneció a la familia real sueca, ya que fue el segundo hijo del rey Óscar II de Suecia. Sin embargo, decidió casarse con una noble de su misma nacionalidad, pero sin tener el permiso del rey. Eso hizo que perdiera todos sus derechos hereditarios a la corona de Suecia.

Antes de nada, me gustaría refrescaros la memoria. La dinastía Bernadotte procede del mariscal napoleónico Jean Baptiste Bernadotte. Un militar francés nacido en Pau.

Hizo toda su carrera durante la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas. Por lo visto, al principio, tuvo una buena relación con Napoleón, aunque se fue enturbiando con el paso del tiempo.

Casó con Desirée Clary, antigua novia de Napoleón y hermana de la esposa del rey de España José I Bonaparte.

No sólo triunfó en varias batallas, sino que también tuvo algunos cargos en el Gobierno y como diplomático.

Por ello, el rey Carlos XIII de Suecia, que era un anciano y no tenía descendencia, mandó un emisario para proponerle que aceptase la corona de su país. Dicen que ello fue debido, aparte de que tenía un buen concepto de Bernadotte, a las presiones de los altos mandos militares suecos, que necesitaban un militar al frente del país para hacer frente a las continuas amenazas de los rusos.

Así que, en 1810 aceptó ser el heredero al trono de Suecia y se dedicó a revisar las relaciones exteriores de ese país. Aliándose con el Reino Unido y Prusia, tradicionales enemigos de Napoleón.

En 1818, a la muerte del rey Carlos XIII, pasó a ser el rey de Suecia y Noruega, con el nombre de Carlos Juan XIV, reinando hasta 1844 y fundando la dinastía Bernadotte, que es la que sigue reinando en ese país.

Volviendo a nuestro personaje de hoy, en 1915, ingresó en la Real Academia Militar, obteniendo, en 1918, su despacho como oficial de Caballería, siendo destinado en la Guardia Real. También fue nombrado conde Wisborg.

En 1928 se casó con la ciudadana USA Estelle Romaine Manville, hija de un industrial de ese país. Ese matrimonio tuvo 4 hijos, pero dos de ellos murieron durante la infancia.

Como suele ocurrir con los miembros de las casas reales, representó a su país en distintas exposiciones internacionales y también fue nombrado director de los Boys Scouts suecos. También fue nombrado vicepresidente y luego presidente de la Cruz Roja de Suecia.

Cuando estalló la II Guerra Mundial, formó a los boys scouts para poder ayudar al personal sanitario, en caso de necesidad.

También consiguió la liberación de muchos miles de prisioneros en manos de los alemanes, los cuales fueron transportados por las 250 personas a su cargo hacia Suecia en unos camiones blancos de la Cruz Roja.

Incluso, casi al final de la guerra, participó en varias reuniones con Himmler, donde consiguió la liberación de más prisioneros de los que había solicitado.

El mismo Himmler le entregó a Folke una propuesta de paz, para que la entregase a los gobiernos de USA y del Reino Unido, sin el conocimiento de Hitler. En ese documento, aceptaban rendirse ante los aliados occidentales, pero no ante la URSS. Evidentemente, no fue aceptada.

En un principio, la misión encomendada a Folke por el Gobierno sueco sólo era para rescatar prisioneros escandinavos de los campos de concentración nazis. Sin embargo, consiguió liberar a miles de ciudadanos de varios países, incluidos, miles de judíos.

Era una misión no exenta de riesgos, pues estaban en plena guerra y eran constantes los bombardeos aéreos de los aliados. No obstante, la misión fue todo un éxito y continuó en los meses posteriores al final de la guerra en Europa.

En 1945, el propio Congreso Mundial Judío le agradeció sus desvelos para liberar a varios miles de judíos de los campos nazis. Incluso uno de aquellos autobuses blancos se halla expuesto en el monumento conmemorativo del Holocausto en Jerusalén.

Parece ser que el médico Félix Kersten también se atribuyó ese mérito en el rescate de los prisioneros de los campos nazis. Todavía se discute sobre ello.

En 1948, fue nombrado por la ONU primer mediador en Palestina. Ya sabemos que la declaración del nuevo Estado de Israel, producida el 14/05/1948, dio lugar a que le atacasen varios países musulmanes.

Lógicamente, se trataba de una misión muy difícil, pues debía de contentar a los musulmanes, tener en cuenta las aspiraciones de los israelíes, sin olvidar la política del Reino Unido y de USA.

Parece ser que eso dio lugar a que ciertos grupos judíos lo vieran como un simple enviado del Reino Unido, antigua potencia colonial de ese territorio y temían que el Gobierno de Israel aceptase el reparto del territorio, que figuraba en el plan de paz propuesto por Folke.

Desgraciadamente, el 17/09/1948, un comando del grupo terrorista Lehi, formado por cuatro hombres con uniformes del Ejército israelí, se montaron en un vehículo todoterreno militar y montaron una especie de control en una calle de un barrio de Jerusalén.

Folke y sus acompañantes habían estado de visita en Ramala para luego reunirse con el gobernador militar israelí de Jerusalén.

Al llegar la caravana de coches de la ONU, encabezada por un vehículo militar israelí, los pararon y preguntaron dónde estaba Folke. Al llegar a su vehículo, lo ametrallaron, junto a André Serot, un coronel francés, jefe de las tropas de observación de la ONU, que iba situado a su izquierda en el asiento trasero del coche.

A pesar de haber destrozado los coches con esas ráfagas, lograron llegar a un hospital cercano, pero allí no pudieron hacer nada ni por Folke, ni por el coronel francés.

Parece ser que los asesinos se escondieron en un barrio, donde vivían algunos amigos suyos, y luego huyeron a Tel Aviv, escondidos en un camión cargado de fruta.

Las posteriores investigaciones policiales se cerraron sin aclarar quiénes habían participado en ese atentado. No obstante, ese grupo terrorista fue desarticulado por el Gobierno israelí. Tras haber sido sus líderes condenados por la Justicia, fueron indultados por el presidente de Israel, David Ben Gurión.

En 1971 prescribió el plazo para investigar ese atentado. A partir de entonces, se empezaron a conocer algunos detalles del mismo.

Parece ser que el atentado había sido aprobado por los tres líderes de esa organización. Uno de ellos fue el futuro primer ministro de Israel, Isaac Shamir.

La operación había sido planeada por Yehoshua Setler y el que efectuó esos disparos, que mataron a Folke y al coronel Serot, fue Yehoshua Cohen, que luego se convirtió en guardaespaldas de Ben Gurión.

Otros dos miembros de esa organización, llamados Zettler y Makover confesaron, ya en 1988, haber participado en ese atentado, pero el único que disparó fue Cohen.

Los restos mortales del conde Folke Bernadotte fueron trasladados al puerto de Haiffa, desde donde viajaron a Suecia.

El 26 de septiembre se celebró su entierro y un funeral de Estado, al que asistieron muchas personalidades internacionales y miembros de los boys scouts. Fue enterrado en un mausoleo junto a su padre.

Lógicamente, este atentado fue condenado oficialmente por todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.

Durante muchos años, este asesinato enturbió las relaciones entre Suecia e Israel. De hecho, el Gobierno sueco, intentó retrasar la incorporación de Israel a la ONU, pues pensaba que ese atentado había sido llevado a cabo por agentes de ese gobierno.

Parece ser que esa tirantez entre los dos países terminó en 1995, cuando se reunieron el viceprimer ministro sueco y el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Simón Peres, al termino de la cual publicaron un documento donde condenaron el terrorismo, lamentaron su asesinato y agradecieron el papel de Folke en el rescate de miles de prisioneros judíos de los campos de concentración nazis.

Curiosamente, tras la muerte de Folke, fue sustituido por su ayudante, el diplomático USA Ralph Bunche. Éste consiguió que se aprobase el plan propuesto por Folke y ello dio lugar a que, en 1950, le galardonasen con el Premio Nobel de la Paz. La primera persona no blanca a la que se concedía este premio.

También el conde Folke Bernadotte fue galardonado, póstumamente, con una medalla Dag Hammarskjold, otorgada por la ONU, en memoria de este secretario general de ese organismo, que también fue asesinado y al que ya dediqué otro de mis artículos.

Su esposa, Estelle, continuó con la labor de su marido. Participó en labores de la Cruz Roja Internacional, fue presidenta de los boys scouts de Suecia y apoyó a UNICEF.

También creó una fundación, que construyó centros para la acogida de ancianos y personas con discapacidades.

Por lo que respecta a Folke, han dado su nombre a varias calles y plazas en Austria, Alemania y los países escandinavos. También han erigido monumentos en su honor en varias ciudades suecas.  

 

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sábado, 27 de abril de 2024

EL CURIOSO CASO DEL CORONEL JULIO MANGADA

 

Recuerdo, que, cuando estudié el Bachillerato, nos mandaron leer las greguerías de Gómez de la Serna. Una de ellas decía: “Esperanto, idioma universal que no se habla en ninguna parte del Universo”. Algo que siempre nos hizo mucha gracia.

Aunque también nos enseñaron aquello de “el saber no ocupa lugar”. Algo que parecen haber olvidado los que han redactado los actuales planes de estudio.

Es posible que a algunos les haya parecido un poco extraña mi forma de comenzar este artículo. No obstante, luego verán que tiene mucha relación con nuestro personaje de hoy.

Julio Mangada Rosenön, que era cómo se llamaba nuestro personaje de hoy, nació en 1877 en la localidad cubana de Sancti Spiritus, situada en el centro de esa isla. Cuando Cuba todavía era una provincia española.

Su padre fue el capitán de Infantería, Ruperto Mangada Hijis, aunque en otros sitios aparece como Hijas y como Eijes, destinado en esa isla. 

Mientras que su madre fue Luisa Rosenön Martínez, nacida en Cuba, aunque con un primer apellido de origen sueco. Supongo que su padre sería un emigrante de esa nacionalidad.

No sé si sería, porque Julio siempre tuvo muy mala salud o a causa de las frecuentes sublevaciones en la isla de Cuba, lo cierto es que se crió con sus abuelos en la Península Ibérica.

Llama la atención que ingresara con 19 años en la Academia de Infantería de Toledo, cuando la mayoría de los alumnos solían ingresar con 15-16 años.

Sin embargo, la guerra con USA dio lugar a que hubiera mucha demanda de soldados y mandos. Así que muchas de esas promociones recibieron sus despachos antes de lo habitual, que eran 3 años, en el caso de la Infantería.

Por ello, en 1897, fue nombrado segundo teniente y destinado a Cuba. Así que tomó un barco en Cádiz en abril de 1898. No pudo llegar a su destino a causa del bloqueo naval de algunos puertos por la flota USA. Por ello, fue destinado a otra unidad, destinada en la misma isla, que se dedicó a fortificar la capital para obstaculizar el avance de las tropas USA. Por ello, tuvo muy poca participación en los combates habidos durante de esa guerra.

Como ese mismo año terminó la guerra, en el mes de septiembre tomó un barco, que le llevó hasta Vigo.

Si miramos el álbum de fotos de la Academia de Infantería de Toledo, nos encontramos con que, en su misma promoción, podemos ver los nombres de gente muy conocida, como Joaquín Fanjul, José Moscardó, Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, etc.

En 1899, fue destinado a la guarnición de Badajoz, cuando todavía había muchas tropas en esa ciudad, por ser fronteriza y por no ser aliados de Portugal.

Posteriormente, casó con Josefa Sanz. El matrimonio tuvo dos hijas y un hijo.

En junio de 1899 obtuvo su primer ascenso y ello dio lugar a que lo destinaran a una unidad en San Sebastián. Parece ser que allí tuvo su primer problema durante su carrera militar. Fue arrestado por orden de su coronel, al saber que había participado en una fiesta de un partido de izquierdas.

No sé si ese arresto daría lugar a su traslado forzoso. Lo cierto es que, poco después, fue destinado a un regimiento de Infantería en Melilla. Allí estuvo hasta 1905, año en que fue destinado a un regimiento en Madrid.

Parece ser que ahí empezó a dar muestras de mala salud, por lo que fue destinado a diversas cajas de reclutas. Un destino más propio de militares a punto de retirarse y nada recomendable para un joven militar con ganas de hacer carrera en el Ejército.

No sé si sería por eso lo que le decidió a ingresar en la Masonería. Un sitio donde se apuntaban muchos con el fin de tener acceso a gente muy influyente, que le pudiera servir para progresar en sus respectivos trabajos.

También fue entonces cuando aprendió el idioma esperanto y, en 1907, fundó la Asociación de militares esperantistas y hasta fundó la revista Homaro para el fomento del esperanto.

Eso le sirvió para que le dieran permiso para asistir a varios congresos 

internacionales dedicados a la enseñanza de este idioma. De ese modo, se convirtió en un esperantista muy conocido a nivel internacional.

Parece ser que su padre también fue hablante de otro idioma internacional, anterior al esperanto, llamado Volapük, creado por un sacerdote alemán a finales del siglo XIX.

En 1919 obtuvo su ascenso a comandante y lo destinaron a un regimiento en Jaca. No obstante, unos años después, su unidad fue enviada al norte de África, donde participó en algunos combates contra los rifeños.

En 1925 fue elegido presidente de la Asociación Española de Esperanto y eso le valió para representar a España en diversos congresos sobre esa lengua.

A finales de 1929 fue destinado, nuevamente, al regimiento de Infantería Galicia 19, con sede en Jaca (Huesca). Fue arrestado, aunque parece que no participó, directamente, en la sublevación encabezada por los capitanes Galán y García Hernández, porque se había desplazado a Madrid a causa del fallecimiento de una de sus hijas. La otra se suicidaría unos años después.

Sin embargo, la llegada de la II República, hizo que fuera indultado y volviera a sus deberes militares, pero fue destinado a un regimiento en Madrid.

No obstante, en 1932, tuvo lugar un grave incidente. La Primera División Orgánica, con sede en Madrid, organizó unas maniobras, donde participaron los alumnos de las academias militares y los 3 regimientos de Infantería destinados en la capital. El lugar elegido fue el antiguo campo de maniobras de Carabanchel.

Al término de las mismas, hubo varios discursos, donde criticaron la política del Gobierno republicano y, especialmente, el Estatuto de Cataluña.

El primero en dirigirse a los presentes fue el general Caballero, jefe de la brigada de Infantería. Posteriormente, lo hizo el general Villegas, jefe de la división, que terminó su alocución con un ¡Viva España!, en lugar del obligado ¡Viva la República!

Por último, se dirigió a las tropas el general Goded, jefe del Estado Mayor Central, el cual terminó su alocución con un “¡Viva España y nada más!”. Algo que caldeó los ánimos a muchos de los presentes e hizo que el teniente coronel Mangada permaneciera sentado y no repitiese el grito de Goded. Éste se lo recriminó y empezó una discusión entre ambos.

Parece ser que el coronel Carlos Leret, jefe del regimiento de Infantería número 1 y padre de Virgilio Leret, quiso separarlos. Sin embargo, el general Villegas ordenó el arresto de Mangada. Éste se enfadó, se quitó la guerrera y la gorra y las tiró al suelo, diciendo a sus soldados: “Mirad cómo tratan a un jefe vuestro”.

Posteriormente, Mangada fue absuelto por un consejo de guerra. Sin embargo, los tres generales presentes fueron cesados y sus cargos fueron ocupados por otros más afines al Gobierno republicano.

No está muy clara su participación en los sucesos conocidos como Revolución de Asturias. Lo cierto es que fue procesado por ello y luego pasó a la reserva. A partir de entonces, aumentó su participación en la política, denunciando en varios folletos los preparativos de la UME para dar el golpe de Estado de 1936.

Tras el fracaso del golpe de Estado de 1936, se puso al mando de un grupo de milicianos con el que consiguió que fracasara el golpe en Madrid.

Algunos autores dicen que creó una checa en la Casa de Campo, donde encerraron a varios militares partidarios del bando nacional a los que fusilaron sin haber sido juzgados.

Posteriormente, estuvo al mando de la llamada Columna Mangada, una unidad que combatió en la Sierra de Guadarrama y consiguió algunas importantes victorias. Fue la misma que mató en una emboscada al líder falangista Onésimo Redondo.

Instaló su cuartel general en Navalperal de Pinares (Ávila), donde todavía se pueden observar las fortificaciones que ordenó construir para detener el avance del bando nacional.

Así que se hizo muy popular y fue apodado el general del pueblo, aunque sólo era coronel honorario. Luis, su único hijo, también estuvo con él en esa unidad.

Sin embargo, fue derrotado, en diversas ocasiones, en el frente de Talavera de la Reina y eso dio lugar a que lo destinasen a labores burocráticas. Ya sabemos que el Gobierno republicano nunca se fió demasiado de sus militares y siempre prefirió a los mandos de milicias y a los asesores soviéticos.

Al final de la guerra, como había sido nombrado gobernador militar de Albacete, le costó muy poco llegar al puerto de Alicante. Allí, junto con su mujer y su hijo, fueron de los pocos afortunados que consiguieron montar en el barco británico Stanbrook, el cual les dejó en el puerto de Orán, en la Argelia francesa.

Evidentemente, allí no los recibieron con los brazos abiertos, ni los metieron en hoteles de lujo, sino que los encerraron en campos de concentración. De allí solían enviarlos a trabajar en el desierto, donde muchos españoles murieron a causa del clima y las duras condiciones de trabajo.

Sin embargo, Mangada tuvo mucha suerte. Resulta que el jefe de la guarnición francesa en Orán era el general Bastien, presidente de la Liga Internacional del Esperanto. Así que, en cuanto supo de su llegada, ordenó la inmediata liberación de Mangada y sus familiares.

Una organización de esperantistas cubanos les consiguió unos pasaportes de ese país y otra de esperantistas argentinos pagó sus billetes de barco hacia Argentina. No olvidemos que él y su madre habían nacido en Cuba.

En 1941, se trasladaron a México y allí residieron hasta 1946, año de la muerte de Julio Mangada. Curiosamente, falleció el 14 de abril de ese año.

Escribió diversas obras para fomentar el aprendizaje del esperanto, como manuales, gramáticas, impartió conferencias y hasta tradujo El Quijote al esperanto. Hoy en día, se le sigue considerando, a nivel internacional, como uno de los esperantistas más importantes del mundo.

También estuvo interesado en el naturismo y en los movimientos espiritistas.

 

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martes, 9 de abril de 2024

EL CASO DE IGOR GOUZENKO

 

Seguro que casi todos habréis oído hablar de la infame Guerra Fría, que, durante muchos años, llevó al mundo al borde de una guerra nuclear y una destrucción total.

Afortunadamente, esa ya pasó. Lo malo es que, hoy en día, da la impresión de que hay muchos que echan de menos esos años y quieren revivirla. Esperemos que eso no ocurra.

Hoy voy a narrar la historia de un hombre, del que no se sabe mucho, pero que abrió los ojos de los gobiernos de Occidente sobre las verdaderas intenciones del Gobierno de la URSS.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Igor Sergeyevich Gouzenko. Nació en 1919 en una pequeña ciudad, llamada Dmitrov, perteneciente a la provincia de Moscú, en Rusia. Ya sabemos que la antigua URSS no se fundó hasta 1922.

Su familia era de origen ucraniano, siendo él el menor de 4 hermanos. Nació en unos tiempos muy duros. Fue la época de la guerra civil en Rusia. Su padre combatió en ella del lado de los bolcheviques.

Como en todas las guerras, dio lugar a una gran hambruna. La cual provocó la muerte del padre y el hermano mayor de Igor. Así que la madre, que era profesora de Matemáticas, tomó la decisión de enviar a sus hijos con sus abuelos, que vivían en el campo.

Allí residieron durante unos años hasta que pasó la guerra y su madre consiguió un trabajo en Moscú.

Parece ser que Igor fue un estudiante brillante. Incluso, llegó a ingresar en el Instituto de Arquitectura de Moscú. Allí conoció a Svetlana Gouseva, con la que se casó poco tiempo después.

Supongo que la cercanía de la II Guerra Mundial haría que lo enviaran a formarse en la Academia militar de ingenieros. De allí salió con el despacho de teniente y especializado en codificar mensajes.

Tras la invasión de la URSS, por parte de las tropas alemanas, fue destinado a los servicios centrales del GRU, el espionaje militar.

En junio de 1943, fue destinado a la Embajada de la URSS en Canadá. Allí iba a realizar el mismo trabajo que en Moscú, estando a las órdenes del coronel Nikolai Zabotin.

Incluso, las autoridades soviéticas, permitieron que su esposa, embarazada de su primer hijo, le acompañase en su estancia en Ottawa.

Parece ser que a esa pareja les llamó mucho la atención la forma de vivir de Occidente y les gustó mucho más que su vida en la URSS.

Es preciso decir que la URSS nunca había tenido una embajada en Canadá. Estos dos países establecieron relaciones diplomáticas en 1942, tras la invasión de la URSS y el paso de este país al bando de los aliados.

Supongo que Gouzenko fue destinado a Canadá, porque es posible que fuera reclamado por su antiguo jefe, el coronel Nikolai Zabotin, que había sido nombrado jefe del espionaje soviético en Canadá.

Por otro lado, es muy posible que Gouzenko, al dedicarse al cifrado y descifrado de mensajes, se enterase de muchos secretos y a Stalin no le hacía mucha gracia la gente que sabía demasiado.

Supongo que se mosquearía mucho, cuando, en julio de 1945, recibió

la orden de regresar a la URSS. Me imagino que ya conocería el destino de muchos a los que les habían llamado y a la mayoría de ellos los habían asesinado, nada más pisar territorio soviético.

Así que, en principio, consiguió que su jefe retrasara su partida, pero, a primeros de septiembre de 1945, el matrimonio decidió que Igor desertase.

Por entonces, Igor era un joven de 26 años, al cual no se le había ocurrido otra cosa, que salir de la Embajada con un maletín lleno de mensajes descifrados y las instrucciones para descifrar aún más.

Tomó una decisión un tanto extraña. Primero se dirigió a la redacción del periódico local Ottawa Journal, pero el editor no le hizo ningún caso.

Luego le dijeron que fuera al Ministerio de Justicia. Pidió ver al ministro, pero, lógicamente, no le autorizaron a hablar con él.

Sin embargo, le aconsejaron que solicitase la ciudadanía canadiense y eso hizo.

Sin embargo, el primer ministro de Canadá fue informado de que había un miembro de la Embajada de la URSS, que afirmaba que su país estaba espiando a sus aliados y creó una comisión para investigar el hecho.

Por lo visto, esa noche, Igor y su familia tuvieron la precaución de pasar la noche en la vivienda de un vecino.

Hicieron muy bien, porque, esa misma noche, su vivienda fue allanada por varios agentes del antiguo NKVD (después KGB y ahora FSB).

Sin embargo, alguien llamó a la Policía y allí aparecieron varios agentes de la famosa Real Policía Montada del Canadá, que consiguieron detener a los agentes soviéticos.

Parece ser que ya se tomaron a Igor más en serio. Esta vez se lo llevaron a un campamento llamado X, donde los canadienses solían formar a sus espías.

Allí fue interrogado por agentes canadienses, del MI5 y del FBI. Organismos que se ocupan del contraespionaje en sus respectivos países.

Parece ser que el primer ministro canadiense no era partidario de apoyar a Igor y así enemistarse con sus aliados de la URSS. Sin embargo, cuando le llevaron un informe, basado en los documentos y el interrogatorio realizado a nuestro personaje, tuvo que cambiar de opinión. Por eso, les concedieron el asilo y luego la ciudadanía canadiense.

A finales de septiembre de 1945, el primer ministro canadiense, viajó primero a USA, para reunirse con el presidente Truman, y luego a Londres, donde se reunió con el primer ministro Attlee. Así que pusieron de acuerdo sobre las medidas a tomar. Por un lado, no querían enemistarse con sus aliados en la URSS. No podían olvidar que, en buena parte, debían la derrota de las tropas alemanas a las muchas bajas en los enfrentamientos con los soviéticos. Sin embargo, no podían tolerar que les estuvieran espiando.

Así que ocultaron esa noticia hasta febrero de 1946, cuando fue publicada por un periódico de USA. Posteriormente, nombraron a dos jueces del Tribunal Supremo de Canadá para que instruyeran este proceso.

Parece ser que varios técnicos canadienses habían trabajado en el famoso Proyecto Manhattan, por el que USA consiguió fabricar aquellas bombas atómicas que lanzó sobre Japón, durante la II Guerra Mundial.

Por ese motivo, las autoridades canadienses se tomaron el tema muy en serio y llegaron a detener a unos 39 ciudadanos canadienses, acusados de estar espiando para la URSS. De ellos, 18 fueron condenados a diversas penas.

En el Reino Unido arrestaron a los físicos nucleares Alan Nunn May y Klaus Fuchs, los cuales fueron condenados a varios años de prisión.

Incluso, en USA, investigaron muy a fondo todo este tema y eso fue lo que llevó a detener a varias personas, como el matrimonio formado por Julius y Ethel Rosemberg. Condenados a muerte y ejecutados en 1953.

No obstante, el Gobierno canadiense, ordenó la expulsión inmediata de todos los funcionarios de la Embajada de la URSS.

El propio coronel Zabotin fue llamado a Moscú y, desde allí, fue enviado a un campo de trabajo en Siberia. En 1953, logró ser puesto en libertad con motivo de la muerte de Stalin.

Como ya sabemos, Stalin era muy dado a tomar represalias con las familias de los desertores. Así que arrestaron a las familias de ambos. Eso dio lugar a la muerte de la madre y una hermana de Igor, en la prisión donde se hallaban encarceladas.

Lógicamente, el Gobierno canadiense, les dio otra identidad falsa y una forma de poder vivir, ya que llegaron a tener 8 hijos.

Aunque siempre estuvieron protegidos por la Policía canadiense, Igor siempre temió poder ser encontrado y asesinado por los agentes soviéticos.

Sus hijos no fueron informados de la verdadera identidad y la historia de sus padres hasta que cumplieron los 18 años.

No obstante, Gouzenko no se quedó sin hacer nada. Escribió dos libros, en los que explicaba los motivos de su deserción y su biografía. Incluso, llegó a presentarlos en una emisora de TV. Eso sí, siempre oculto por una capucha. Como las de los verdugos medievales. También se dedicaba a pintar cuadros.

Incluso, llegaron a proponerlo para el Premio Nobel de Literatura. Ya se sabe que esos académicos tienen unos gustos literarios muy extravagantes.

En 1948, la famosa productora Twentieh Century Fox, llevó a las pantallas de cine una película titulada La cortina de hierro, cuyo guion estaba basado en una serie de artículos, que había publicado Gouzenko en la revista Cosmopolitan.

Precisamente, en esta foto se le ve encapuchado, junto a dos de los actores principales: Irja Jensen y Harry Towes.

Se considera que la Guerra Fría comenzó tras la revelación de los documentos de Gouzenko. Él solía decir que “el Gobierno soviético se está preparando para una Tercera Guerra Mundial… y está creando en los países democráticos una Quinta Columna…”.

También escribió que la URSS “nunca ha abandonado la idea de establecer una dictadura comunista en todo el mundo”.

Desgraciadamente, Gouzenko, que ya acarreaba muchos problemas de salud, debido a su diabetes, que le había dejado casi ciego, murió en 1982, en una localidad de Ontario, a causa de un ataque cardíaco.

Hasta hace pocos años, ni siquiera habían escrito nada en su lápida para identificar dónde estaba enterrado.

 

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