ESCRIBANO MONACAL

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martes, 9 de junio de 2026

LA CURIOSA VIDA DE JOSÉ I BONAPARTE

 


Hoy voy a publicar un artículo que no pensaba escribir. Sin embargo, lo voy a hacer, porque ya ha habido varios que me han preguntado qué pasó después del 2 de mayo de 1808.

Empezaré por mencionar a la familia Bonaparte. Hoy en día, muchos piensan que Napoleón y su familia fueron la quinta esencia de lo francés, pero ya verán que fue lo contrario.

La familia Bonaparte vivía en Ajaccio, la capital de Córcega. Los padres eran Carlo Bonaparte y Leticia Ramolino. Él era un abogado muy conocido en la isla, mientras que ella era ama de casa. Tuvieron 13 hijos, pero sólo 8 de ellos sobrevivieron a la edad infantil.

Los supervivientes fueron José (nacido en 1768), Napoleón (en 1769), Luciano (en 1775), Elisa, casada con el príncipe de Luca (1777), Luis (1778), rey de Holanda, casado con la hija de la emperatriz Josefina. Ambos fueron los padres de Napoleón III. Paulina (1780), casada con el general Leclerc. María Anunciada (1782), casada con el mariscal Murat. Jerónimo (1784), rey de Westfalia.

Durante el siglo XVIII se produjeron diversos incidentes, que comprometieron a varias potencias de la época en la situación de Córcega.

Francia envió una guarnición para impedir los asaltos de otras potencias. Sin embargo, en 1752, devolvió esta isla a la República de Génova.

No obstante, los corsos siempre se habían sentido como unos italianos más y no querían estar bajo el dominio de nadie. Por ello, montaron una sublevación en la que mataron al gobernador genovés y proclamaron la República Corsa.

A partir de ahí, todo fue mejor hasta que Génova vendió Córcega a Francia en 1768.

Al año siguiente, Francia envió sus tropas a ocupar Córcega. El Gobierno de esta isla nombró general en jefe al político Pasquale Paoli. El ayudante de éste fue Carlo Bonaparte.

Desgraciadamente, el Ejército corso fue derrotado en 1769 en la batalla de Ponte Novu, donde luchó Carlo y donde dicen que también ayudó la propia Leticia, que entonces estaba embarazada de Napoleón.

A Paoli y a otros muchos nacionalistas corsos no les quedó más remedio que exiliarse en Londres.

Sin embargo, Carlo fue más listo. Como siempre fue un abogado con pocos ingresos, pero muchos contactos, empezó por moverse para que le reconocieran su condición de hidalgo.

Se hizo amigo del gobernador francés y eso, junto a su condición de noble, le valió para poder enviar a sus hijos a estudiar con becas a Francia.

En principio, Carlo quería que José se convirtiera en clérigo y Napoleón en militar. Este último, fue enviado, con sólo 9 años, a estudiar en una academia militar. Curiosamente, todavía no sabía hablar francés. Sólo italiano y corso.

Eso hizo que tuviera que aguantar muchas bromas de sus compañeros y, por ello, odiaba a los franceses. También eso hizo que se encerrara en los estudios y le permitió sacar muy buenas notas.

En 1785, falleció Carlo. Lo que permitió que José dejara la carrera eclesiástica y se dedicara a estudiar Derecho, que era lo que quería, pero su padre no le dejaba.

En 1790, tras el estallido de la Revolución Francesa, Paoli regresó a la isla, acompañado de tropas británicas, que se hicieron con el control de la misma.

Aunque parezca mentira, Napoleón obtuvo permiso para regresar a Córcega, donde luchó contra las tropas francesas de Luis XVI.

Como Paoli acusó a la familia Bonaparte de ser unos traidores, y eso dio lugar a que incendiaran su casa, a estos no les quedó otra que huir a Francia.

En 1796, Córcega fue, de nuevo, invadida por tropas francesas y Paoli volvió a huir a Londres, donde permaneció hasta su muerte.

Tras la llegada al poder de Napoleón en Francia, fue colocando a sus hermanos y parientes en distintos puestos.

José era un simple abogado, sin embargo, se había casado con Julie Clary,
la hija de un rico comerciante y eso le dio una buena posición social. La hermana de Julie, Desireé, fue novia de Napoleón, pero luego se casó con el general Bernadotte, el cual llegó a ser rey de Suecia.

Posteriormente, José, ayudó a Napoleón a llegar al poder y firmó tratados con algunas potencias extranjeras.

En 1806, fue nombrado rey de Nápoles. Curiosamente, allí fue muy querido, porque realizó unas profundas reformas, como la supresión de los derechos feudales y la introducción de un Código Civil.

En marzo de 1808 tuvo lugar el Motín de Aranjuez, por el que Carlos IV fue obligado a abdicar en la persona de su hijo, Fernando VII.

Sin embargo, luego se arrepintió y escribió a Napoleón para que le ayudase a recuperar el trono. Por supuesto, Bonaparte, les engañó. Hizo que toda la familia real española fuera a Francia, mientras que él impuso a su hermano José como rey de España.

José llegó a España el 08/07/1808, tras la victoria francesa en Rioseco. No obstante, intentó ser agradable con todos los españoles que se fue encontrando, pero sin éxito.

El día 20 de ese mes llegó a Madrid. Lejos de encontrarse un buen recibimiento, encontró calles desiertas y ventanas cerradas a pesar del calor del verano.

Escogieron el día 25 para su proclamación, pero encontraron la misma falta de apoyo popular.

Ese día llegaron las noticias de la victoria española en Bailén, algo que dio mucha alegría y llenó de esperanza a los españoles. Era la primera vez que caía derrotado un ejército napoleónico. Precisamente, Napoleón se enfadó tanto con el general Dupont, que, cuando éste regresó a Francia, lo encerró en un castillo hasta el final de la guerra.

Ya dediqué otro de mis artículos a los prisioneros franceses deportados al islote de Cabrera, que lo pasaron mucho peor que Dupont.

Por ello, el general Savary, le recomendó al rey que se trasladase con su corte a una zona más allá del Ebro, para estar más cerca de Francia.

No hará falta decir que, tanto el monarca como sus militares y cortesanos robaron todo lo que pudieron, que para eso habían venido, y no les importó hacerlo en el Palacio Real, los de los nobles, las iglesias, conventos y monasterios.

Parece ser que los españoles calificaron al rey de tahúr y de borracho, porque unos días antes había decretado la venta libre de naipes y la rebaja de impuestos a licores y aguardientes.

Mientras esa comitiva no paró hasta llegar a Vitoria, en Madrid tomó el poder una Junta Suprema, compuesta por Jovellanos, Floridablanca y Palafox.

A partir de entonces, los ejércitos de ambos bandos se fueron reagrupando, pero sin moverse de sus posiciones.

Por ello, Napoleón se impacientó y vino a España en noviembre de 1808, junto con sus mejores tropas, unos 300.000 soldados. Los españoles intentaron hacerles frente en la batalla de Somosierra, pero sucumbieron ante el empuje de la caballería polaca.

De esa forma, Napoleón, llegó a Madrid el 1 de diciembre, donde la ciudad se rindió en cuanto que recibieron los primeros cañonazos.

Aquí dictó los llamados Decretos de Chamartín, por medio de los cuales abolió el Consejo de Castilla, los derechos feudales y la Inquisición. Redujo el número de órdenes religiosas y abolió las aduanas interiores.


Napoleón estuvo poco tiempo en España, sólo unos días para aceptar las condiciones de rendición de Madrid y se dio un paseo por la ciudad. Después, regresó a Francia. No obstante, dejó aquí a la mitad de los soldados que había traído con él.

José I creó la condecoración de la Orden real de España, consistente en una estrella roja con una cinta carmesí a la que pronto apodaron “la berenjena”. Teóricamente, estaba pensionada, aunque nunca se pagó nada a los afortunados que la recibieron.

Posteriormente, le apodaron el “rey de las plazuelas”, por su tendencia a derribar muchos edificios, incluidos iglesias y conventos, para construir plazas. Como la actual Plaza de Oriente o la de Santa Ana.

El odio hacia los franceses estaba tan metido en las clases populares, que, en cierta ocasión, ocurrió un suceso muy curioso.

Un afrancesado fue a visitar a José I y llevó con él a su hijo, vestido con el uniforme de la Caballería napoleónica. Cuando el rey le preguntó para qué llevaba ese sable, el chico, que tenía unos 10 años, le respondió que era para matar franceses.


Igual que se cantaba entonces: “Virgen de Atocha/ dame un trabuco/ para matar franceses/ y mamelucos”.

No todo fueron amarguras para el rey, como su esposa no pudo venir, debido a que estaba enferma, él aprovechó para tener amoríos con varias mujeres nobles españolas.

Él intentó que su mujer viniera a España. Sin embargo, cuando ella se enteró del odio que había hacia los franceses, se negó rotundamente a venir. Hubo quien dijo que la reina prefería ser: "una burguesa viva en París que una reina muerta en España".

Precisamente, uno de los hombres de confianza de José, que ya había estado con él en Nápoles, fue el general Leopoldo Hugo, padre del genial escritor Víctor Hugo. Víctor y su hermano estuvieron en España con su padre entre 1811 y 1812. Vivieron en uno de los palacios, que fueron derribados para construir la Gran Vía.

José siempre se portó como un rey ilustrado y parecía tener buenas intenciones hacia el futuro de España. Sin embargo, se encontró con que Napoleón siempre le negó todo lo que le fue pidiendo y tampoco le permitió tener el mando de las tropas, cuyos generales sólo respondían ante el emperador. Éste sólo veía a España como a una colonia.

Evidentemente, Napoleón también colocó a sus espías en lugares estratégicos para que le fueran informando puntualmente de lo que estaba haciendo José en España.

Entre las malas cosechas y los robos de las tropas francesas, los españoles y sus aliados fueron ganando batallas.

Además, como en junio de 1812 comenzó la invasión de Rusia por Napoleón, éste se llevó a sus mejores tropas destinadas en España. Eso hizo que cada vez hubiera menos franceses para enfrentarse a los españoles y sus aliados.

En junio de 1813, los asesores de José I le aconsejaron que saliera de Madrid hacia Francia. Parece ser que llevaba un convoy de unas 100 carretas repletas de todo lo que habían ido robando en España. Parte de ese convoy fue interceptado por las tropas de los aliados, tras la batalla de Vitoria.

No obstante, aunque las tropas francesas fueron derrotadas en Vitoria, José y su comitiva, compuesta por sus cortesanos y muchos afrancesados, consiguieron llegar a Francia.

Una de las iniciativas de José I fue fundar el llamado Museo Josefino, un centro al estilo del Louvre y cuya sede no estaba decidida, pero pensaron ubicarla en el actual Cuartel General del Ejército de Tierra, junto a Cibeles.

Decidieron nombrar al propio Goya y a Salvador Maella para escoger las obras, que iban a ser expuestas en sus salas. Estos seleccionaron unas 50 obras, procedentes de palacios, iglesias y conventos. Los autores de las mismas eran nada menos que Tiziano, Rubens, Velázquez, Murillo, etc. Ésta fue la razón por la que Goya se tuvo que exiliar en Francia.


Las obras fueron almacenadas en los sótanos del Palacio Real. Así que, como José y otros generales como Soult, las tuvieron muy a mano, partieron en ese y otros convoyes con destino a Francia.

José no sólo se llevó pinturas, sino también muchas joyas y vajillas de plata. Entre las primeras habría que destacar la llamada el Estanque, un diamante azul de 100 quilates, comprado en Amberes por Felipe II.

Otra joya importante fue la Peregrina. Se trataba de una perla muy grande, encontrada en el siglo XVI en Panamá. Esta perla pasó por varias manos, como la de Napoleón III y terminó siendo comprada, en 1969, por el actor Richard Burton para regalársela a su esposa, Elizabeth Taylor. A la muerte de ésta, fue subastada y se cree que la compró un coleccionista asiático.

Como ya he dicho, una parte de lo que llevaban en ese convoy fue interceptado por las tropas aliadas. El general Wellington se hizo cargo de ello y se puso en contacto con Fernando VII. Contra todo pronóstico, éste le dijo que eran antiguallas y que se las quedara. Por eso mismo, Wellington se las llevó y hoy están expuestas en su residencia en el Reino Unido.

No obstante, José consiguió que algunas de esas obras llegaran con él a Francia.

Posteriormente, se exilió en USA, donde vivió con el nombre de conde de Survilliers. Construyó una elegante mansión, llamada Point Breeze, en Bordertown (Nueva Jersey), donde vivió con todo tipo de lujos a expensas de lo robado en España.

Los que fueron invitados a su mansión pudieron contemplar unos 150 cuadros de Mengs, Tiziano, Ribera, Velázquez, Murillo, etc.

Incluso, llegó a tener una biblioteca más grande, que la que tenía entonces el Congreso USA.

También ayudó económicamente a muchos exiliados franceses, que habían llegado a USA. Incluso, hay una leyenda que dice que ayudó al mariscal Ney.

Como la esposa de José se negó a ir con él a USA, éste decidió, en 1832, regresar a Francia, pero no le dejaron pasar y tuvo que quedarse a vivir en Londres. Volvió a USA en 1835 para vender todas sus posesiones.

En 1839, tras haber sufrido una especie de ictus, decidió regresar a Europa, pero no pudo volver a Francia, donde estaban vetados los Bonaparte. Así que se fue a Florencia, donde se reencontró con su mujer y sus hijas. Allí fue donde murió en 1844.

En 1847, su nieto, José Lucien Bonaparte, decidió sacar todos esos bienes a subasta y lo hicieron por lotes. Buena parte de esa colección de cuadros fue adquirida por varios museos de Filadelfia. Los demás, acabaron en muchos museos y colecciones privadas.

Su biblioteca de unos 8.000 libros fue vendida en lotes. Muchos de ellos fueron adquiridos por las grandes universidades de USA.

En cuanto a la mansión, Point Breeze fue demolida en 1850, por orden de su nuevo dueño. Parece ser que se trataba de un británico que odiaba todo lo francés y ordenó construir, en ese mismo lugar, una mansión victoriana.

 

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