ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 31 de marzo de 2023

LA APASIONANTE VIDA DE JESÚS MONZÓN

 

Hoy voy a narrar la vida de un personaje, que tuvo una biografía casi increíble, pero cierta. Así que os animo a leerla hasta el final.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Jesús Monzón Reparaz. Nació en Pamplona, en el año 1910 y en el seno de una familia muy acomodada. Siendo su padre un conocido médico de esa ciudad.

Esa buena posición económica le permitió realizar sus estudios en el colegio de los jesuitas en Tudela (Navarra) y luego realizar la carrera de Derecho en la antigua Universidad Central, en Madrid.

Por lo visto, ahí fue dónde empezó a interesarse por la ideología marxista y fue entonces cuando ingresó en el PCE.

De hecho, cuando regresó a su tierra, fundó la agrupación navarra del PCE, que, supongo que no tendría muchos afiliados, porque siempre ha sido una región bastante conservadora.

También es cierto que, a partir de 1920, se empiezan a fundar fábricas en Navarra y eso da lugar a que emigrasen muchos obreros hacia esa región, provocando que ya no fuera tan conservadora. No obstante, la Iglesia siempre ha tenido mucho poder en Navarra.

Así que, cuando regresó a Pamplona, una vez acabados sus estudios universitarios, se le veía como una especie de bicho raro, ya que era una persona perteneciente a una familia muy conservadora y de misa diaria y, sin embargo, había optado por el comunismo.

No por ello, dejó de tener y cultivar amistades en todos los ambientes. Tanto de derechas como de izquierdas. Algo que le fue muy útil a lo largo de su vida.

En febrero de 1936, se casó con otra joven navarra, militante de Izquierda Republicana. Su nombre era Aurora Gómez Urrutia. Una persona, que siempre fue muy importante en su vida, como comprobaremos más adelante.

Parece ser que esa boda llamó mucho la atención, pues ellos fueron las primeras personas, que se casaron por lo civil en Pamplona. Seguro que muchos de sus conciudadanos se echaron las manos a la cabeza.

En marzo de 1936 a Monzón no se le ocurrió otra cosa que, junto con otros militantes de izquierdas, asaltar la sede de la Diputación Foral de Navarra, con el fin de sustituir a los diputados de ese organismo por otros de partidos del Frente Popular. Fracasaron, pero eso le dio cierta popularidad. Curiosamente, él ya era funcionario de esa Diputación.

Poco después, quiso avisar al Gobierno de que los carlistas se estaban armando para intentar dar un golpe de estado. Sin embargo, le recibió el inoperante de Casares Quiroga, el cual le dijo que exageraba y no le hizo caso.

Como ya he mencionado en otros de mis artículos, Casares y Azaña sabían perfectamente lo que iba a ocurrir, pero no quisieron hacer nada para impedirlo.

Parece ser que, antes de que comenzase la guerra, se reunió con los otros 4 miembros de su pandilla de siempre, donde había gente de todas las tendencias políticas. En esa reunión, se comprometieron a que siempre se ayudarían entre ellos, aunque lucharan en el bando contrario.

Lógicamente, el golpe de estado del 18/07/1936 triunfó sin ningún problema en Navarra. Así que Monzón tenía que huir de allí como fuera, porque su vida estaba en peligro.

Parece ser que algunos lo vieron, pero no lo denunciaron. Sin embargo, otros, de ideología carlista, como Francisco Lizarza, incluso, le escondió en su casa y consiguió que huyera a Francia, disfrazado de fraile. Esto dio lugar a que Lizarza fuera fusilado unos meses después.

Por otra parte, Monzón decidió trasladarse al territorio republicano. Las autoridades vascas le nombraron fiscal en Bilbao.

Sin embargo, Aurora seguía viviendo en Pamplona, pero él consiguió que la canjearan por otros presos y se la llevó a Bilbao. Allí fue donde nació su hijo Sergio.

Tras la caída del País Vasco en manos nacionales, se trasladaron a Levante, siendo nombrado gobernador civil de Alicante y luego de Cuenca.

Parece ser que, en los últimos días de la guerra, el Gobierno le nombró secretario general del Ministerio de Defensa. Sin embargo, el golpe de estado del coronel Segismundo Casado, le impidió ocupar ese importante cargo público.

Así que no les quedaba otra que huir cuanto antes de allí. Como ya era un alto cargo del PCE, le permitieron tomar el mismo vuelo que la Pasionaria, rumbo a la Argelia francesa. La aeronave partió del antiguo aeródromo de Monóvar (Alicante). Una localidad cercana al cuartel general republicano, llamado Posición Yuste, que estaba situado en una finca entre Petrer y Elda.

Curiosamente, ese avión también fue un Dragón Rapide, igual que el que utilizó Franco para viajar desde Canarias al continente africano a fin de ponerse al frente de las tropas destinadas allí.

Casualmente, Alberti y su mujer, María Teresa León, que estaba embarazada, también volaron en otro avión del mismo modelo. Dicen que, cuando la aeronave sobrevolaba la sierra valenciana de Aitana, decidieron ponerle ese nombre a su hija.

Como es normal, los gerifaltes del PCE fueron los primeros en largarse y dejaron aquí tirados a miles de sus seguidores, que no pudieron escapar de España.

Cuando comenzó la II Guerra Mundial, Monzón, su mujer y su hijo se hallaban exiliados en Francia. No sé por qué lo hizo, lo cierto es que envió a su pequeño a la URSS. Parece ser que, durante el viaje, hubo un brote de escarlatina, que causó la muerte de varios niños y, entre ellos, el suyo. Parece ser que nunca quisieron aceptar que esa historia fuera cierta, pero no pudieron hacer nada.

Eso provocó que el matrimonio se divorciase. Aurora decidió exiliarse en México, mientras que Monzón, que ahora tenía como pareja a la militante comunista Carmen de Pedro, decidió permanecer en Francia.

A pesar de que el PCE, dirigido desde Moscú, había dado la orden de no oponerse a los invasores alemanes en Francia, Monzón no pierde el tiempo. Reúne a todos los exiliados republicanos con ganas de luchar y los entrena en el sur de Francia, para combatir contra los alemanes. Tiene claro que así podría hacer desaparecer uno de los mejores apoyos del franquismo.

Otra de sus ideas fue crear la Unión Nacional, donde pretendía reunir a todos los que estuvieran exiliados o, aunque vivieran en España, estuvieran descontentos con el franquismo. Sólo dejaron fuera a los falangistas.

Las principales ideas de este movimiento eran que había que tener respeto a la religión, promover una profunda reconciliación nacional y, por último, que la forma de gobierno fuera decidida por todos los españoles.

Como ya he mencionado, desde el principio de la invasión de Francia, Monzón y sus guerrilleros, estuvieron luchando contra los alemanes.

No fue hasta que se produjo la invasión de la URSS, cuando la dirección del PCE dio autorización a sus militantes para que ingresaran en la Resistencia francesa. Hasta entonces, soviéticos y alemanes habían sido aliados.

En 1943, regresó a España con una identidad falsa. Por una parte, quería reconstruir el PCE y, por otra, se estuvo reuniendo con miembros de otros partidos y sindicatos, como la CNT o ERC. Incluso se entrevistó con Juan March, que era aliadófilo y no le gustaba nada que Franco se aliara con el Eje. Éste le prometió muchos fondos.

El 18/10/1944 varios miles de guerrilleros republicanos españoles invadieron el Valle de Arán para intentar la reconquista de España.

Realmente, sólo eran unos 10.000 guerrilleros, pero con ello quisieron llamar la atención de los aliados para que se pusieran de su parte a fin de derrocar a Franco.

Sin embargo, Santiago Carrillo aprovecha la ausencia de Monzón para condenar esa invasión, calificándola como “una aventura” o una quimera.

Curiosamente, fue lo mismo que opinaron, aparte de la dirección del PCE, el alto mando aliado, Franco y Stalin.

Por si acaso, Franco dio la orden de que se trasladasen unos 100.000 efectivos a la frontera con Francia para repeler esta invasión.

Una vez fracasada esa operación cada uno huyó como pudo. En el caso de Monzón, se fue, junto con Gabriel León Trilla, a Barcelona. Allí recibieron un mensaje del comité central del PCE para que fueran a Toulouse a fin de rendir cuentas de lo sucedido.

Como veteranos militantes comunistas sabían que en su partido existía una disciplina férrea. Incluso, más dura que la de los militares. Así que eso de realizar una operación de ese tipo sin la previa aprobación del comité les iba a suponer la muerte.

Casualmente, un día hicieron en Barcelona una redada para atrapar comunistas y lo detuvieron en casa de uno de ellos. Como poseía una documentación falsa, muy pronto, lo pusieron en libertad. Sin embargo, al salir, se cruzó con un comisario especializado en perseguir comunistas. Lo reconoció y lo volvieron a detener.

A partir de ahí, tiene que utilizar sus muchas amistades, incluidas las de los miembros de su pandilla de Pamplona, para conseguir que no lo condenasen a muerte. Por ello, en 1948, cuando tiene lugar su consejo de guerra, sólo le condenan a 30 años de prisión.

En cambio, Gabriel León Trilla, que decidió ir a Madrid, fue localizado por miembros del PCE y, como el comité había decretado su muerte, dos comunistas lo llevaron hasta un solar, donde había habido un antiguo cementerio, en la actual calle José Abascal, y allí lo mataron por apuñalamiento.

Como en el comité central del PCE seguían queriendo asesinar a Monzón, porque le echaban la culpa del fracaso de esa operación, mandaron llamar a todos sus colaboradores y los interrogaron a fondo.

A partir de ahí, le acusan de todo lo imaginable. ¡Hasta llegan a decir que es un homosexual y un agente franquista! Como era de esperar, lo expulsan del PCE.

Curiosamente, aunque Monzón y Aurora se habían divorciado y ella se había vuelto a casar, se entera de la situación de Monzón y empiezan a cartearse.

Esto da lugar a que Aurora se divorcie de su marido e intente retomar su relación con Monzón.

Consigue salir en libertad en enero de 1959 y, unos meses después, se vuelve a casar por poderes con Aurora, que seguía residiendo en México. Un poco más tarde, él también emigrará a México, donde trabajará como directivo de una gran empresa.

En 1967, el Opus Dei fundó un Instituto de empresas en México y lo contrataron como profesor de marketing.

Curiosamente, sus ideas fueron muy copiadas en las escuelas de negocio en USA. También fue muy respetado por los empresarios. No conozco otro caso donde un comunista fuera tan respetado por los empresarios.

A finales de los años 60, quiso regresar a España para negociar con los directivos del IESE a fin de fundar una sucursal de su instituto en Madrid.

Parece ser que tuvo algún problema para entrar en España. Sin embargo, una oportuna llamada a alguno de los miembros de su pandilla resolvió el problema. No obstante, le siguieron poniendo trabas en sus posteriores visitas a España.

Ya en los años 70 les dejaron volver para residir en España y consiguió fundar en Mallorca un Instituto de empresa. Por lo visto, allí no sólo hablaba de economía y marketing, sino también de la situación política que podría darse tras la muerte de Franco. Incluso, llevó a sus clases a futuros líderes políticos, de todas las tendencias, que influyeron durante la transición española. Como el propio Ramón Tamames, que se hizo muy amigo suyo.

Desgraciadamente, murió en 1973 a causa de un cáncer. Aurora murió 2 años después.

 

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miércoles, 29 de marzo de 2023

JOHANNA VAN GOGH-BONGER

 

Seguro que, más de uno, al leer el título de este artículo, le habrá llamado la atención el famoso apellido Van Gogh y es posible que hayáis pensado que se trataba de una hermana del famoso pintor. Sin embargo, no lo era. Así que os invito a leerlo para descubrir quién fue.

El nombre completo de soltera de nuestro personaje de hoy era Johanna Gezina Bonger y nació en Amsterdam en 1862. Su padre fue un corredor de seguros y su madre ama de casa. La pareja tuvo 7 hijos, siendo Johanna la quinta de ellos.

Parece ser que se trataba de una familia muy aficionada a la música y solían invitar a músicos a tocar en su casa. Posiblemente, de ahí le vino a Johanna su interés por aprender a tocar el piano.

Por lo visto, siempre tuvo inquietudes intelectuales. Así que su familia la animó para que aprendiera idiomas y obtuviera un título similar a lo que es un grado universitario.

Ciertamente, aunque se sabe que, ya en el siglo XVII, una mujer holandesa consiguió un título universitario, todavía no era muy habitual que estudiasen en esos centros.

Parece ser que ella siempre estuvo muy unida a Andries, su hermano mayor, el cual se trasladó a París para trabajar en una empresa de comercio exterior, y solían escribirse muy a menudo.

Johanna consiguió un trabajo en el Museo Británico, donde consiguió perfeccionar su dominio del inglés. Después regresó a su país, donde ejerció como profesora de inglés en varios centros educativos.

Parece ser que su hermano Andries había conocido a Theo van Gogh en París. Concretamente, en un club donde solían reunirse ciudadanos holandeses, residentes en esa capital.

Por lo visto, ambos trabaron amistad, porque Theo era un marchante de obras de arte y Andries era un coleccionista. Aquel fue el que le presentó a su hermano mayor, Vincent.

En 1888, Theo y Andries hicieron un viaje a Amsterdam y allí fue dónde le presentó a su hermana Johanna, que trabajaba como profesora en un instituto de esa ciudad.

Parece ser que a Theo le gustó mucho y, poco después, regresó a Amsterdam para pedirle que se casaran, pero ella le rechazó, argumentando que apenas se conocían. No obstante, tras mantenerse en contacto por vía postal, al año siguiente, aceptó casarse con él y se fueron a vivir a París.

Por otra parte, Theo, que era marchante de arte, siempre estuvo muy unido a su hermano Vincent, al que apoyó de muchas maneras, a pesar de que, aunque parezca mentira, nunca consiguió vender ninguno de sus cuadros.

Por lo visto, Johanna siempre tuvo muy buenas relaciones con su familia política. De hecho, una hermana menor de su marido estuvo ayudándola, mientras estuvo embarazada y después de dar a luz a su bebé, Vincent Willen, en enero de 1890.

Desgraciadamente, esta visión de una familia muy feliz se rompió, en julio de 1890, tras el suicidio de Vincent.

Hay que decir que fue un pobre hombre al que nunca le salió nada bien. Fracasó cuando quiso ser pastor protestante, como su padre. También cuando trabajó como contable, con su tío. Tampoco tuvo éxito como pintor.

Lógicamente, esto afectó mucho a su hermano Theo, que siempre estuvo muy unido a él. De todas formas, la salud de Theo nunca fue muy buena, pues, desde que estaba soltero, estaba afectado por la sífilis a causa de su afición por ir de prostitutas.


Por lo visto, lo que ahora se denomina neurosífilis fue lo que, unido a un estado depresivo, le causó la muerte, sólo 6 meses después de la muerte de Vincent.

Parece ser que Theo fue quien había introducido a su hermano Vincent en el mundillo artístico de París y le presentó a los pintores más famosos del momento, como Gauguin, Cezanne, Toulouse-Lautrec, Pisarro, etc.

Siempre hubo mucha relación epistolar entre ambos hermanos. Theo fue quien consiguió que admitieran los cuadros de Vincent en algunas exposiciones importantes y le animó para que fuera venciendo su depresión, pero no lo consiguió.

Como ya he mencionado, Theo murió en enero de 1891 y eso dejó a su viuda en la pobreza, con un hijo al que cuidar y unos 200 cuadros de Vincent, que todavía no tenían ningún valor.

Por ello, regresó a Holanda, abriendo una pensión en una pequeña localidad cercana a Amsterdam, donde también se dedicó a traducir cuentos de otros países al holandés.

También volvió a hacer anotaciones en su diario. Algo que 

siempre había hecho, pero que lo interrumpió, mientras estuvo casada. Ese diario y las cartas entre los dos hermanos Van Gogh sirvieron a los investigadores para poder conocer a fondo la vida del famoso pintor.

En 1901, Johanna se casó con otro pintor, llamado John Cohen Gosschalk, unos 10 años más joven que ella.

Así que dejó la pensión y se mudó con su marido a otra casa en la misma localidad. Por lo visto, tampoco le fue muy bien, porque él también sufría de depresión y era un ser muy solitario.

Por aquella época, también aquella hermana de Theo, que le había ayudado con el parto de su hijo, empezó a sufrir problemas mentales y tuvo que ser ingresada, de por vida, en un psiquiátrico.

A partir de entonces, Johanna, tomó contacto con organizaciones 

feministas y también se dedicó a traducir obras de ese tipo escritas en francés o inglés.

Por otro lado, a base de mucho empeño, consiguió que los expertos en el mundo del arte llegasen a valorar los cuadros de Van Gogh. Parece ser que, a algunos, que tenían una mayor influencia, les regaló obras menores para que las fueran popularizando.

Curiosamente, su hermano Andries, al que ya he mencionado, también le ayudó con la venta de algunos de esos cuadros.

Tampoco perdió el contacto con algunos amigos de Vincent, como los pintores Eugène Boch o Émile Bernard y algunos famosos marchantes, los cuales le ayudaron a montar algunas exposiciones para dar a conocer las obras del fallecido.

Parece ser que empezó a tener éxito, tras la exposición celebrada en 1905 en el Museo Stedelijk, de Amsterdam. Allí acudieron importantes marchantes de arte y famosos coleccionistas.

Eso hizo que empezara a cobrar fama. Primero en su país y Alemania

y luego en el resto de Europa. Supongo que a ello también ayudó que ella aprobase la publicación de las cartas entre los dos hermanos a fin de comprender la forma de pensar de Vincent. Parece ser que esa idea no gustó demasiado a otros de los hermanos Van Gogh.

En 1912, murió su segundo marido y ya no se volvió a casar nunca más.

Viendo que ahora estaban surgiendo en América los más importantes mecenas y coleccionistas de obras de arte, se trasladó a USA, residiendo en Nueva York entre 1915 y 1919.

Como es natural, dio a conocer las obras de Vincent y, dado que existía un enorme interés por conocer cómo se había desarrollado la vida del artista, tradujo al inglés las cartas escritas entre los dos hermanos. Por lo visto, tuvo mucho éxito.

No obstante, al término de la I Guerra Mundial, regresó a su país. A pesar de ello, siguió traduciendo al inglés el medio millar de cartas existente entre los hermanos.

Desgraciadamente, comenzó a padecer la terrible enfermedad del Parkinson. No obstante, siguió vendiendo las obras de Vincent, las cuales ya habían logrado alcanzar un precio adecuado con su valía.

Desafortunadamente, la muerte le llegó en 1925, con tan sólo 62 años.

Su único hijo y sus 4 nietos heredaron no sólo muchos cuadros de Vincent, sino también del segundo marido de Johanna, aparte de la mencionada correspondencia.

Aparte de ello, también heredaron algunas obras de otros pintores famosos, como Gauguin, Seurat o Toulouse-Lautrec, que habían sido adquiridas por Theo, pero que, a causa de su muere prematura, nunca pudo venderlas.

El Gobierno holandés tuvo el acierto de construir un museo dedicado a Van Gogh, donde depositaron sus mejores obras, que Johanna nunca quiso poner a la venta. Este edificio se inauguró en 1973 y uno de los que lo diseñaron fue Willen, hijo de Theo y Johanna, que era ingeniero. Desgraciadamente, éste murió 5 años después de su inauguración.

Es posible que este artista fuera un adelantado a su tiempo. Como ya sabemos, hoy en día, las pinturas de Van Gogh están valoradas a precios muy altos.

Concretamente, en 1987, una de las pinturas de los Girasoles fue subastada y llegó a alcanzar un precio récord de 40.000.000 de $USA. No obstante, unos meses más tarde, otra de sus pinturas superó ese récord, vendiéndose por 53.000.000 de $USA.

Por ello, está muy claro que la fama actual, que gozan las obras de Van Gogh se la debe a su cuñada, que es nuestro personaje de hoy.

Además, tuvo mucho mérito, porque siempre quiso mantener la mayoría de los cuadros, ya que consideraba que formaban una colección y sólo se desprendió de algunos de menor importancia.

Curiosamente, siempre se negó a desprenderse de un cuadro titulado El almendro en flor. Una obra que pintó Vincent para conmemorar el nacimiento de su sobrino Willem.

Desgraciadamente, en 2004, un bisnieto de Theo, también llamado Theo Van Gogh, que era director de cine, fue asesinado por un terrorista en una calle del centro de Amsterdam.

 

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martes, 28 de marzo de 2023

¿QUIÉN FUE LOUISA GOULD?

 

Cuando vemos películas acerca de la II Guerra Mundial, nos hacemos a la idea de que los británicos no movilizados vivían bastante tranquilos en sus islas, pero eso no es del todo cierto. De hecho, sufrieron muchos bombardeos alemanes.

En 2012, le dediqué uno de mis primeros artículos a las islas del
Canal. Un archipiélago formado por una serie de islas. Unas pertenecen al Reino unido y otras a Francia. Seguro que a más de uno le suenan, porque ahora se consideran uno de esos paraísos fiscales, pero no siempre fue así.

Precisamente, estas islas fueron los únicos territorios de las Islas Británicas, que fueron invadidos por los alemanes, durante la II Guerra Mundial. Ya que el alto mando británico renunció a defenderlas. Por eso, se pueden ver algunas fotos, donde aparecen policías británicos hablando con militares alemanes.

Parece ser que, en 1940, tras la invasión de Francia, el Gobierno británico les dio, a los habitantes de esas islas, la opción de ser evacuados a Gran Bretaña. Dándoles prioridad a los niños y a sus maestros.

Sin embargo, mucha gente decidió quedarse, sobre todo, en Jersey, porque confiaron en que serían defendidos por sus tropas, pero no fue así.

Los alemanes empezaron a bombardearlas a mediados de junio de ese año. Afortunadamente, el Gobierno británico hizo gestiones ante el Gobierno USA, cuyo país todavía

no había entrado en guerra, para que convencieran al Gobierno alemán de no bombardearlas, porque allí ya no quedaba ningún soldado británico.

Gracias a ello, dejaron de hacerlo, aunque en esos bombardeos perecieron unas 40 personas. Así que, a finales de junio de 1940, las tropas alemanas invadieron esas islas.

El Ejército británico hizo algún intento por recuperarlas por medio de incursiones de comandos, pero fracasó estrepitosamente. Por tanto, hasta el final de la guerra, permanecieron en manos alemanas.

Las relaciones entre los alemanes y los isleños pasaron por varios períodos, ya que el Gobierno alemán les fue apretando cada vez más las clavijas a estos últimos.

De hecho, se llevaron detenidos a Alemania a todos los judíos y británicos no nacidos en esas islas.

Incluso, como el Gobierno británicos dio la orden de detener a los civiles alemanes residentes en Irán, que entonces era una de sus colonias, Hitler aprobó una serie de represalias. Entre ellas, la detención y el traslado de un buen número de isleños a campos de concentración situados en Ucrania, tras haber invadido la URSS.

También dieron la orden de enviar unos 16.000 prisioneros de guerra adscritos a la Organización Todt, con el fin de construir fortificaciones para defender las islas.

Espero que a nadie le hayan resultado pesadas estas aclaraciones y ahora es cuando voy a dar comienzo al relato.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Louisa Gould, aunque su nombre

de soltera fue Louisa Mary Le Druillenec. Ya sabemos que, al casarse, las mujeres británicas, cambian su apellido por el de su marido.

Es posible que a muchos no les suenen estos apellidos como británicos, la razón es que en esas islas siempre se habló una especie de dialecto normando, pero, después de la llegada de muchos inmigrantes ingleses, su idioma se ha ido implantando y ya hay muy poca gente que hable ese dialecto.

Louisa nació en 1891, en la pequeña localidad de Saint Ouen, en la isla de Jersey. Tenía 5 hermanas y 3 hermanos. Su padre fue el marinero Vincent Le Druillenec.

Ella se casó con Edward William Gould y juntos pusieron una tienda de comestibles. El matrimonio tuvo dos hijos: Edward y Ralph.

Desgraciadamente, en 1933, murió su marido y la dejó al frente de la tienda y, a la vez, al cuidado de sus hijos.

Afortunadamente, ambos hijos obtuvieron sendas becas para estudiar en Oxford. Sin embargo, su hijo Edward se alistó como oficial reservista de la Armada británica.

Como ya he mencionado, tras la invasión de Francia, unos 30.000 isleños pidieron ser evacuados a Gran Bretaña. Sin embargo, Louisa fue una de las muchas personas que decidieron quedarse en su isla de Jersey.

Por ello, sus dos hijos fueron movilizados por el Gobierno británico. Mientras tanto, las nuevas autoridades alemanas decretaron unas nuevas normas. Una de ellas fue la incautación de todos los aparatos de radio, que tuvieran los isleños. Sin embargo, Louisa se negó a entregarles el suyo. Aunque estos no sabían que tuviera uno.

A mediados de julio de 1941, Louisa fue informada, a través de la Cruz Roja, de que su hijo Edward había muerto, unos meses antes, en un combate en el mar Mediterráneo.

En octubre de ese mismo año, un piloto soviético, llamado Feodor Buryi, fue derribado por los alemanes. Tras intentar huir de las tropas alemanas, fue capturado y enviado como prisionero para realizar trabajos de fortificación en Jersey.

Parece ser que los alemanes daban un trato muy cruel a los 

prisioneros de guerra y, especialmente, a los soviéticos, porque los consideraban inferiores.

Por ello, Feodor intentó escaparse en dos ocasiones del duro campo de concentración de Lager Immelmann, pero no tuvo éxito. Sin embargo, lo logró en septiembre de 1942.

En un principio, Feodor, quedó, durante varios meses, bajo la protección de uno de los jefes de la Resistencia local, llamado René Le Mottée, hasta que alguien lo denunció.

Así que Louisa decidió proteger a Feodor en su casa. Le puso el apodo de Bill y le enseñó a hablar inglés con el acento francés con el que se habla en esas islas. Así podía hacerse pasar por un isleño más.

Por lo visto, cuando alguien le preguntó, ella respondió que quiso “hacer algo por el hijo de otra madre”.

Parece ser que Bill permaneció casi 20 meses residiendo en casa de Louisa, la cual solía compartir las noticias de su radio con sus clientes.

No obstante, parece ser que alguien la delató ante las autoridades alemanes. Afortunadamente, alguien la avisó con antelación y eso hizo que Bill tuviera tiempo de huir.

Así que la Gestapo sólo encontró su radio y algunos papeles, donde se mencionaba a un tal Bill, que ellos no sabían quién era. También hallaron en la casa un diccionario inglés-ruso.

Por ello, sólo la pudieron acusar de tener una radio, contraviniendo las órdenes del alto mando alemán.

Así que detuvieron a Louisa y, unos días después, a su hermana Ivy y a su hermano Harold. Todos ellos fueron encarcelados en mayo de 1944.

También arrestaron a otros amigos de Louisa, que solían escuchar las noticias en la radio, que tenía ella en su casa.

Parece ser que Bill había huido a casa de Ivy, pero consiguió escapar, antes de que la Gestapo registrase esa casa.

En junio de ese mismo año, Louisa fue juzgada y condenada a 2 años de prisión por posesión de una radio. Su hermano Harold fue enviado al campo de Bergen Belsen, donde logró sobrevivir hasta el final de la guerra.

Por el contrario, a Louisa la encarcelaron en varias prisiones francesas. Posteriormente, la enviaron al campo de Ravensbrück. Parece ser que, en uno de esos traslados por las prisiones francesas, uno de esos recintos sufrió un bombardeo y otra de las detenidas consiguió escapar, pero ella no pudo.

Según dijeron sus compañeras de cautiverio, allí pasó el tiempo dando clases de inglés a otras reclusas. Desgraciadamente, unos meses después, cayó enferma, aunque desconozco qué enfermedad padecía. Algunos dicen que quedó inválida. Por lo visto, las que dieron esas noticias fueron otras dos mujeres, que coincidieron, en ese mismo campo de concentración, con Louisa.

Lo único cierto es que hicieron con ella lo que solían hacer los nazis con los prisioneros que enfermaban. O sea, ordenaron que fuera llevada a la cámara de gas y allí murió asesinada el 13/02/1945.

Por lo que respecta a Bill, hay que decir que nunca fue capturado. Hasta el final de la guerra, vivió con otro isleño, llamado Bob le Sueur.

Gracias a su dominio del inglés, trabajó como traductor, hasta su regreso a la URSS.

Curiosamente, antes de regresar a su país, fue tanteado por los 

servicios de Inteligencia británicos, los cuales le propusieron que trabajara para ellos como espía, pero él declinó el ofrecimiento.

Sin embargo, como les ocurrió a otros soldados, tras su regreso a la URSS, fue vigilado de cerca por la KGB. Concretamente, lo estuvieron vigilando hasta los años 60.

Curiosamente, en 1992, Bob Le Sueur, su último protector en Jersey, fue a visitarlo a la URSS, donde vivía con su esposa.

En 1995, fue inaugurada en Saint Ouen una placa de mármol, 
donde se recordaba a esta heroína. El propio Feodor asistió a ese acto.

En 2010, fue reconocida como Heroína británica del Holocausto.

Por lo visto, en 2008, una cadena británica de tv dio a conocer los nombres de las denunciantes. Parece ser que se trataba de dos hermanas, que vivían en la misma calle que Louisa. Incluso, mostraron un recibo, donde habían firmado por haber cobrado 100 libras como recompensa.

Curiosamente, su hermana Ivy se libró de ser enviada a Alemania, porque un médico local le diagnosticó, falsamente, que padecía tuberculosis. Este certificado le sirvió para cumplir su condena en la cárcel de Jersey.

En la posguerra se dedicó a la política. En 1948, fue la primera mujer elegida para la Asamblea de esa isla, repitiendo en las elecciones de 1951, aunque perdió su escaño en las de 1954. Siguió viviendo en esa isla, hasta su fallecimiento, en 1997.

Esta historia se narra en la película británica Hijo de otra madre, estrenada en 2017.

 

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lunes, 27 de febrero de 2023

CARLOS VI DE FRANCIA Y EL BAILE DE LOS ARDIENTES

 

Hoy quiero narrar un curioso episodio de la Historia de Francia. No obstante, antes de entrar en el tema, para tener una idea de lo que ocurría en aquel momento, me gustaría hablar de uno de los protagonistas de ese episodio. Me refiero al rey Carlos VI de Francia.

Este monarca francés nació en París en 1368. Fue uno de los varios hijos de Carlos V de Francia y de Juana de Borbón.

Desgraciadamente, su padre murió cuando él sólo tenía 11 años. Así que, como ya habían muerto sus dos hermanos mayores, él heredó la corona de Francia.

Curiosamente, como su padre lo había nombrado señor del Delfinado a partir de entonces todos los herederos a la corona de Francia tuvieron ese título y fueron llamados delfines.

Lógicamente, dado que todavía era un niño, hasta 1388, el reino fue gobernado por un consejo de regencia, formado por sus tíos, Felipe II, duque de Borgoña y Jean de Berry.

Ciertamente, la situación de Francia no era muy buena, pues se hallaba en mitad de la famosa guerra de los Cien Años. A pesar de ello, su padre había conseguido reconquistar buena parte de sus territorios, que habían tomado los ingleses.

Parece ser que la población no estaba muy contenta con los regentes, pues se estaban enriqueciendo a base de multiplicar los impuestos. No entendían que hubiera tantos impuestos, si se había parado la guerra. Así que hubo una serie de revueltas, donde la gente mató a unos recaudadores de impuestos y los regentes ejercieron una dura represión.

En 1388, Carlos VI, decidió asumir las labores de gobierno, asesorado por varios consejeros, entre los que no estaban los regentes. Parece que no lo estaba haciendo nada mal. Sin embargo, sólo 4 años más tarde, sucedió algo inesperado.

Su amigo y consejero Olivier de Clisson sufrió un atentado del que consiguió recuperarse de sus heridas. Sin embargo, esto encolerizó al rey, el cual decidió invadir el territorio de Bretaña, porque Juan IV, duque de Bretaña, había concedido asilo al autor de ese atentado.

Cuando se hallaba en camino, al frente de sus tropas, se encontró con un hombre, que le previno de que querían matarle. No obstante, siguieron adelante.

Sin embargo, parece ser que a un paje se le cayó una lanza que portaba y fue a golpear el casco de un guerrero, que cabalgaba junto al rey.

Así que éste encolerizó, dio media vuelta y, pensando que eran unos traidores y que habían querido matarle, atacó a sus propios hombres, matando a varios de ellos. Afortunadamente, pudieron sujetarlo hasta que se le pasó ese ataque. Fue el primero de una serie de ataques de locura, que padeció a lo largo de su vida, aunque solía tener muchos momentos de lucidez.

Sólo tenía 25 años y muchos expertos actuales creen que padecía esquizofrenia, aunque hay muchas discusiones sobre ello. Así que su tío Felipe retomó la regencia, en compañía de Luis de Orleans, hermano del soberano.

El monarca se había casado con Isabel de Baviera Ingolstadt, la cual le dio varios hijos. Curiosamente, en algunos de sus ataques de locura no recordaba ni que era el rey y no conocía ni a su mujer, ni a sus hijos. Parece ser que ya existían antecedentes de problemas psiquiátricos en sus familiares por línea materna. 

Evidentemente, el estado mental del rey hizo que aquella corte fuera un lugar donde sus familiares lucharan por ampliar sus poderes.

Eso dio lugar a que, a la muerte de su tío, Felipe de Borgoña, su hijo, Juan sin miedo, se enemistara con Luis de Orleans, hermano del rey y, en 1407, lo matase. Eso provocó una cruenta guerra civil entre los partidarios de los Armagnacs y los Borgoñones. Le llamaban el bando de los Armagnacs, porque Carlos, el hijo y sucesor de Luis de Orleans había quedado bajo la protección del conde de Armagnac.

Esta guerra fue aprovechada por Enrique V de Inglaterra para reclamar su derecho al trono de Francia y eso dio lugar a una reactivación de la guerra de los Cien Años.

Volviendo atrás, iremos al tema del baile de los ardientes. Parece ser que, en 1393, la reina organizó un baile de máscaras, con motivo del matrimonio de una amiga suya, que sirviera para animar al rey.

Por lo visto, Carlos VI y 5 personajes de su corte decidieron disfrazarse de igual modo. Su disfraz consistía en un traje de lino al que empaparon con resina a fin de pegar unos trozos de linaza o estopa para dar la sensación de ser unos salvajes. Incluso, en alguna crónica se afirma que iban encadenados unos a otros.

Obviamente, se prohibió que se metieran antorchas en esa sala, pues ese disfraz estaba hecho con sustancias muy combustibles.

Sin embargo, cuando los disfrazados estaban saltando y aullando como unos salvajes, entraron en la sala Luis de Orleans, hermano del rey, y su amigo Philipe, ambos borrachos y portando unas antorchas.

Parece ser que quisieron averiguar la identidad de uno de los disfrazados, para ello, acercaron una de las antorchas y, de pronto, éste empezó a arder. Eso hizo que fueron ardiendo, uno tras otro. La reina se desmayó de la impresión.

Afortunadamente, el rey se había acercado a hablar con la joven esposa de uno de sus tíos. Ésta, al ver lo que ocurría, protegió al rey, echándole por encima la larga falda de su vestido. Eso le salvó la vida.

Sin embargo, cuatro de los disfrazados de salvajes murieron. Uno ese mismo día y los otros tres en días posteriores. Sólo se salvaron el rey y otro personaje de la corte, que tuvo la ocurrencia de meterse en un tonel de vino. Curiosamente, uno de los fallecidos fue el que ideó esa mascarada.

La noticia de este hecho indignó al pueblo y puso en entredicho la capacidad de sus gobernantes.

Así que el monarca y su hermano tuvieron que hacer un acto de penitencia para congraciarse con sus súbditos.

Parece ser que Carlos VI nunca fue un rey muy belicista. Así que, en cierta ocasión, firmó un pacto con Inglaterra, por lo que acordó la boda de su hija Isabel con el futuro Ricardo II de Inglaterra.

Sin embargo, eso no surtió efecto, porque Enrique V de Inglaterra aprovechó el estado mental del rey francés y la guerra civil entre borgoñones y armañacs para invadir Francia.

Se alió con los borgoñones y venció a los franceses en la célebre batalla de Azincourt (1415), donde los arqueros ingleses destrozaron a los presumidos caballeros franceses.

En 1420, Carlos VI, que se hallaba gravemente enfermo, firmó un tratado por el que reconocía al rey inglés Enrique V como su sucesor en el trono de Francia, declarando a su hijo Carlos como bastardo. Parece ser que estaba tan enfermo que quien lo firmó fue su esposa Isabel.

Una de sus cláusulas preveía el matrimonio entre Enrique V de Inglaterra y Catalina de Valois, una de las hijas de Carlos VI. Algunos autores dicen que fue ella la que transmitió la locura a su hijo, el futuro Enrique VI de Inglaterra.

Evidentemente, ese tratado nunca fue aceptado por los franceses. De todas formas, siempre hubo dudas sobre la paternidad de su hijo, el futuro Carlos VII.

Incluso, existió el rumor de que Carlos VII y Juana de Arco pudieran haber sido hijos de Isabel y de Luis de Orleans, hermano del monarca.

Ciertamente, aunque la reina tuvo 12 hijos siempre hubo rumores de que no todos podían haber sido hijos del rey, porque se decía que la reina había tenido muchos amantes.

No obstante, la reina también formó parte del consejo de regencia y fue declarada tutora de sus hijos, con lo que llegó a presidir ese consejo.

Por el contrario, hay quien dice que esos fueron unos rumores propagados por Felipe de Borgoña, ya que no le dejaban acceder al tesoro real, al que sólo tenían acceso la reina y Luis de Orleans.

Juan sin miedo, hijo y sucesor de Felipe de Borgoña, fue aún más expeditivo. Requirió que le pagase una gran cantidad de dinero por sus servicios y, como se negaron, entró con sus tropas en París.

La reina y el duque de Orleans huyeron de la capital. Sin embargo, el convoy que transportaba a los hijos de la reina fue interceptado por las tropas de Juan y el delfín fue raptado. Aunque lo liberaría muy pronto.

En noviembre de 1407, Juan ordenó a sus sicarios que asesinasen a Luis de Orleans. Por eso, lo fueron a esperar al lugar, donde solía reunirse con la reina y lo asesinaron.

Posteriormente, la reina se alió con Juan sin miedo, duque de Borgoña. Esto no gustó nada a su hijo, el delfín y futuro Carlos VII. Así que, en 1419, se citaron en una ciudad y los secuaces del delfín asesinaron al duque.

Esto no gustó nada ni a la reina, ni al rey y lo desheredaron, impidiéndole seguir siendo el heredero a la corona de Francia.

Esto fue lo que dio lugar, en 1420, a la firma del Tratado de Troyes, por el que se designó a Enrique V de Inglaterra como sucesor a la corona de Francia. De hecho, los ingleses ya habían ocupado casi todo el norte y el suroeste de Francia.

Sin embargo, los partidarios de su hijo argumentaron que el rey pertenece a la corona y no al revés. Por ello, no puede quitarle los derechos a su hijo, ya que debe de respetar las leyes.

Curiosamente, tanto Carlos VI como Enrique V murieron en 1422. El primero en octubre y el segundo en agosto. Así que el rey inglés no pudo acceder al trono de Francia.

En cuanto a la reina Isabel de Baviera, hay que decir que nunca fue muy popular en Francia. Más o menos, igual que le ocurrió a María Antonieta. A las dos las vieron como a unas extranjeras.

Incluso, se escucharon unas profecías que decían que “Francia se perdería por una mujer y luego será restaurada por una virgen”. A la primera la identificaban como a la reina, mientras que de la segunda pensaban que era la famosa Juana de Arco.

Para terminar, al enviudar, Isabel de Baviera, se trasladó a vivir a un palacio de la capital, acompañada de una de sus cuñadas y de unas damas de compañía.

En 1429, gracias a los servicios de Juana de Arco, su hijo fue coronado, como Carlos VII en la catedral de Reims, donde, tradicionalmente, habían sido coronados todos los reyes de Francia.

Sin embargo, en 1431, Isabel recibió la visita de su nieto Enrique VI de Inglaterra, que iba a ser coronado como rey de Francia en la famosa catedral de Notre Dame, de París.

En 1435 recibió con lágrimas en los ojos, la noticia de la firma del Tratado de Arras, por el que se reconciliaban Carlos VII y Felipe III de Borgoña.

Desgraciadamente, moriría sólo 3 días después de la firma de ese pacto. Su féretro no fue llevado en un lujoso carruaje, como solía hacerse con los miembros de la casa real, hasta la Basílica de Saint Denis.

Por el contrario, fue transportado de noche, con gran sigilo, en una barca, navegando a través del Sena hasta llegar a la citada basílica, donde está en panteón de los reyes de Francia.

Supongo que lo harían de ese modo para ahorrarse alborotos, pues, como he dicho, nunca fue muy popular en Francia.

 

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martes, 31 de enero de 2023

LA CONJURA DE LOS PAZZI

 

Hoy voy a narrar un episodio histórico sobre el que han corrido ríos de tinta, aunque me parece que nunca ha sido muy bien explicado.

Para empezar, hay que explicar quiénes fueron los Médicis. Se trataba de una familia, cuyos orígenes habían sido modestos, pero que se enriquecieron gracias a la Banca y también al monopolio de un mineral llamado alumbre y que, si lo buscan, verán que sirve para múltiples cosas.

Así, poco a poco, fue adquiriendo poder político en la ciudad de Florencia, que era donde residían. Empezaron por el cargo de gonfaloniero, que era una especie de abanderado y luego crearon una especie de dictadura muy populista, aunque, teóricamente, aquello era una república. Lo cual les granjeó muchas simpatías entre la clase popular y muchas antipatías entre la antigua nobleza florentina.

No voy a mencionar detalladamente todo el linaje de los Médicis, porque eso alargaría demasiado este artículo.

La familia Médicis siempre se mostró más cercana a la incipiente burguesía florentina, que se dedicaba a la manufactura y el comercio de la lana, que a las familias nobiliarias, que siempre habían gobernado esa ciudad.

Ahora ya paso a hablar de Lorenzo el Magnífico. Parece ser que era un hombre con unas ideas muy claras. Teóricamente, siempre respetó las instituciones de gobierno de Florencia. Sin embargo, se dedicó a colocar a sus amigos en esos consejos, para que nadie se pudiera oponer a su política.

Lorenzo tenía, literalmente, comprada la voluntad de la mayoría de sus conciudadanos, gracias a los regalos que solía darles. De hecho, muchos gritaban “Palle e pane”. “Palle” era el nombre de las bolas que figuraban en el escudo de los Médicis y con “pane” se referían a la prosperidad que les habían dado los Médicis. Eso hacía que nadie discutiera las decisiones tomadas por Lorenzo.

Curiosamente, Lorenzo era un tipo muy cercano a sus conciudadanos. Solía pasear por la calle vestido como un florentino cualquiera y la gente se acercaba a hablar con él y a contarle sus problemas.

Sin embargo, como era inmensamente rico, en su palacio solía dar grandes fiestas y también, como mecenas, supo atraerse a los mejores artistas del Renacimiento.

Incluso, se decía que solía bajarse de la acera para cederle el paso a todo el mundo. Cosa que nunca hacían los nobles. Hay que decir que, en aquella época, salvo las aceras, las calles solían estar llenas de barro, pero a él no le importaba mancharse sus botas.

Parece ser que otras de sus cualidades es que sabía escuchar a todo el mundo y tampoco fue un amante de la guerra. Algo muy raro entre los gobernantes de aquella época.

Evidentemente, tenía mentalidad de comerciante y una de las cosas que más les asusta a estos es el estallido de una guerra, que suele provocar la ruptura de los intercambios comerciales.

En su faceta como mecenas, fundó una escuela de escultura, que fue donde empezó a dar sus primeros pasos el gran Miguel Ángel. Allí tuvo como maestros al famosoGhirlandaio y a un menos conocido Bertoldo di Giovanni, un discípulo del gran Donatello.

Parece ser que los nobles florentinos odiaban a los Médicis desde que, en 1378, uno de los miembros de esa familia encabezase una rebelión contra varios nobles partidarios del Papa.

Aparte de ello, Lorenzo nunca se fio mucho de la familia Pazzi, que también eran banqueros y, según parece, más ricos que él. Así que les dictó una serie de prohibiciones, como la de prestar dinero al Papa. De vez en cuando, les enviaba inspectores, algo que no gustaba nada a los presumidos Pazzi.

Así que esta familia ideó una forma de eliminar a los Médicis para quedarse con el poder en Florencia. Para ello, contaron con el apoyo del Papa Sixto IV y con el rey Fernando I de Nápoles.

Para completar el círculo, el Papa nombró a Francisco Salviati nuevo arzobispo de Pisa. Ésta era una ciudad que estaba bajo el protectorado de Florencia y Lorenzo no podía permitir que se produjera un nombramiento sin su beneplácito. Así que no le dejó entrar en Pisa.

Lógicamente, el Papa se enfadó mucho y envió a los conspiradores uno de esos condotieros, que todavía quedaban en Italia. Se trataba de Giovanbatista de Monteseco, el cual organizó las tropas papales y las distribuyó alrededor de las fronteras de la República de Florencia.

Los Pazzi habían contratado a unas 1.300 personas para hacerse con el poder en Florencia. Consiguieron colarlos en la ciudad entre el numeroso séquito que llevó el cardenal Riario, sobrino del Papa, que efectuaba una visita por esa zona.

Curiosamente, Lorenzo solía compartir el poder con su hermano Giuliano. Así que, para derrocarlos, había que eliminar a los dos, pero era muy raro que estuvieran juntos.

Así que eligieron un día en que ambos asistieron a una misa en la catedral de Florencia. Ese día fue el 26/04/1478. El momento elegido para el ataque fue la consagración, porque el ruido de las campanas sería el aviso para que los conspiradores, que esperaban fuera, entrasen en el templo.

Fueron 4 los conspiradores que se ofrecieron voluntarios para eliminar a los dos Médicis y sus guardaespaldas. Uno fue el joven Francesco Pazzi, otro su amigo Bernardo Bandini además de los sacerdotes Antonio da Volterra y Stefano.

Así que, cuando iba a empezar la ceremonia de la comunión, Bernardo Bandini, que estaba arrodillado, se dio la vuelta y apuñaló a Giuliano, éste intentó escapar a pesar de que ya estaba herido de muerte. Por ello, Francesco se echó sobre él y le dio 20 puñaladas. Hasta llegó a herirse él mismo.

Por otro lado, los dos sacerdotes se echaron encima de Lorenzo, pero un amigo de éste quiso separarlos y fue el que se llevó las cuchilladas. Aunque Lorenzo fue herido en el cuello, consiguió escapar hacia la sacristía y desde allí volver a su casa, donde curaron su herida.

Los mercenarios que se habían colado en Florencia, se dirigieron hacia el Palacio Vecchio, al mando del arzobispo Salviati. Intentaron que el gonfaloniero Cesare Petrucci se pasase a su bando. Sin embargo, éste los arrestó.

Parece ser que Petrucci ni siquiera se molestó en consultar con Lorenzo y, ayudado por su guardia, consiguió arrestar a 26 sublevados y, acto seguido, ordenó que los matasen allí mismo.

Los sublevados se llevaron la sorpresa de que los florentinos no quisieron apoyar su causa, pero sí la de Lorenzo.

Como ya he dicho, Francesco Pazzi, se había herido, al coser a puñaladas a Giuliano de Médici. Como vio que estaban fracasando, intentó salir de Florencia para avisar a las tropas papales a fin de que fueran a apoyarles. Sin embargo, no pudo hacerlo. Francesco había perdido mucha sangre y tuvo que ser atendido por un médico.

Lorenzo, ayudado por muchos de sus fieles, consiguió romper el asedio del palacio de la Señoría y desde allí, se dirigió al pueblo. La gente le escuchó y, desde ese momento, comenzó una cacería contra todos los miembros de la familia Pazzi y sus allegados.

La mansión de los Pazzi fue invadida e incendiada. A Francesco lo encontraron tendido en una cama. Se lo llevaron a rastras hasta el palacio Vecchio y lo ahorcaron en una ventana.

Los dos sacerdotes, que quisieron asesinar a Lorenzo fueron detenidos y les cortaron sus narices y orejas para luego matarlos. Algo parecido le hicieron a Monteseco.

La represión llegó a tal punto que los nombres de los Pazzi fueron eliminados de todos los registros, al igual que sus escudos. Los pocos supervivientes tuvieron que exiliarse.

Se calcula que esta sublevación y su posterior represión les costó la vida a unas 80 personas.

Incluso, en el caso de Bandini, que había escapado a Constantinopla, Lorenzo consiguió su extradición y, todavía vestido con ropas turcas, fue colgado de una ventana del Palacio del Bargello. Precisamente, Leonardo da Vinci realizó un dibujo del natural.

Aunque parezca mentira, Lorenzo no fue partidario de estos asesinatos, sino de juzgarlos y condenarlos legalmente. Peo sólo consiguió proteger al cardenal Riario y a varios familiares de los Pazzi.

Curiosamente, su hermana Bianca, estaba casada con uno de los Pazzi y con ellos sí que consiguió que se pudieran exiliar sin sufrir ningún daño.

Como anécdota, cuando los cadáveres ahorcados empezaron a pudrirse fueron retirados de las fachadas de los edificios donde habían permanecido colgados. Sin embargo, para que nadie olvidase esa horrible visión, le encargaron al pintor Andrea del Castagno, que pintase sus figuras en las fachadas. Para esa labor, le ayudó uno de sus discípulos, que luego sería muy famoso, Sandro Botticelli.

Evidentemente, esto no gustó nada al Papa Sixto IV, el cual excomulgó a todos los Médicis y firmó una alianza con Fernando I, rey de Nápoles para derrocarlos.

Sin embargo, en 1480, tuvo que retirar esa orden, pues los turcos amenazaban con invadir toda Italia y se aprestaron a su defensa.

No obstante, al año siguiente, el Papa planeó otra conspiración para derrocar a Lorenzo, liderada por el cardenal Riario, pero fue descubierta a tiempo y detenidos los implicados en ella.

A partir de entonces, aumentó el poder de Lorenzo y fue un personaje con mucha influencia en todos los estados vecinos.

Incluso, consiguió que el Papa Inocencio VIII, con el que se llevaba mejor que con el anterior, crease como cardenal a su hijo Juan, que entonces sólo tenía 14 años y que, más adelante, llegaría a ser el Papa León X.

A partir de esta conjura fracasada se fortaleció el poder de los Médicis. Su Banca llegó a ser la más importante de Europa.

León X fue el primero de una serie de cuatro Papas Médicis: Clemente VII, Pío IV y León XI. En esta familia también hubo dos reinas de Francia: Catalina y María de Médici.

Fueron mecenas de muchos artistas del Renacimiento, como Donatello, Fra Angélico, Botticelli, Verrocchio, Ghirlandaio, Leonardo, Miguel Ángel, etc. Incluso, de insignes humanistas, como Marsilio Ficino o Pico della Mirandola.

 

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