ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

miércoles, 22 de junio de 2022

MARGARITA MANSO, UNA MUJER ENTRE LAS DOS ESPAÑAS

 

Hoy traigo al blog una de esas figuras, que son casi desconocidas, en la actualidad. Sin embargo, es un personaje muy interesante, porque a lo largo de su biografía podremos contemplar lo ocurrido en España en la primera mitad del siglo XX.

Antes de nada, he de reconocer que, hasta el mes pasado, tampoco había oído hablar de este personaje. Sin embargo, mi interés comenzó cuando, al asistir a una conferencia, el conferenciante afirmó que ella había sido uno de los grandes amores de Federico García Lorca.

Evidentemente, al principio, pensé que se había equivocado, pues, más o menos, se conocen los amantes de García Lorca y todos eran hombres.

Así que, como se suele decir, me picó la curiosidad y me puse a indagar sobre la biografía de este personaje. He de decir que no he encontrado muchos datos y, en la mayoría de los sitios donde hablan de ella, casi todos suelen decir lo mismo.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Margarita Manso Robledo. Nació en Valladolid, en 1908. Pertenecía a una familia de la clase media. Su padre, Luis Manso, era jefe de administración de la empresa Fundición Gabilondo. Mientras que su madre, Carmen Robledo, era modista.

La familia tenía dos hijas más: Carmen, la mayor, y María Luisa, la menor de las tres hermanas.

Desgraciadamente, el padre murió repentinamente en 1912, con sólo 30 años. Sin embargo, la madre, lejos de acobardarse o de casarse de nuevo, como le aconsejaban algunos de sus familiares, se trasladó, con sus hijas, a Madrid.

Algunos autores afirman que, previamente, la madre había estado aprendiendo en los talleres de Coco Chanel, en el sur de Francia. De hecho, su familia materna, procedía de esa zona.

Así que, tras mudarse a Madrid, alquiló una vivienda bastante espaciosa y parte de ella la dedicó al taller y a la tienda. Ésta se hallaba en un piso bajo de la calle Columela, esquina a Lagasca.

Llama la atención que residieran en ese barrio, porque, ya, por entonces, no debía de ser una zona muy barata. Por poner un ejemplo, Eduardo Dato, presidente del Consejo de Ministros, asesinado en 1921, vivía también en la calle Lagasca. Justamente, en la acera de enfrente. A este personaje ya le dediqué otro de mis artículos.

Parece ser que la madre tuvo mucho éxito, confeccionando en Madrid ropa al estilo de la gran modista francesa Coco Chanel.

Por ello, las hijas pudieron estudiar, en Madrid, sin problemas. Parece ser que Carmen acabó el bachiller y luego estudió Farmacia.

Sin embargo, a Margarita le atraía más la pintura y, en 1923, con sólo 15 años, ingresó en la escuela que había dentro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que, por

entonces, dirigía el pintor malagueño José Blanco Coris.

Por lo visto, uno de sus profesores fue el pintor Julio Romero de Torres, aquel que conocimos todos los españoles, porque aparecía en los antiguos billetes de 100 Ptas.

Allí conoció a varios personajes que influyeron mucho en su vida. Concretamente, me refiero a los famosos pintores Maruja Mallo y Salvador Dalí, los cuales habían ingresado un año antes. Parece ser que Maruja fue la primera mujer, que logró ser admitida para estudiar en ese centro.

Precisamente, fue Dalí el que le presentó a su gran amigo, Federico García Lorca, el cual era compañero suyo en la Residencia de Estudiantes, en Madrid.

Por lo visto, Margarita se divirtió mucho con las ocurrencias de estos tres personajes. Sobre todo, con Dalí, porque ya sabemos que lo que más le gustaba era llamar la atención.

Hay una anécdota que se ha hecho algo famosa, contada por Maruja Mallo. Parece ser que un día, al salir de las clases, estos cuatro personajes fueron hacia la Puerta del Sol.

En algún momento, se quitaron los sombreros, alegando que esa prenda les estaba bloqueando la salida de sus ideas. Según lo contaba Mallo, eso dio lugar a que los insultaran y hasta les apedrearan.

Me parece una explicación bastante ridícula, porque, en aquella época, no todo el mundo llevaba sombrero y, menos aún, las mujeres. Por ejemplo, los obreros no solían llevar sombrero. Si acaso, gorras. Eso se puede comprobar en las fotos de la época.

Aparte de que hay unas versiones donde se dice que, en ese grupo, iba Dalí y otras donde se dice lo contrario.

Así que, en caso de que fuera cierta, supongo que habría ocurrido algo más que quitarse el sombrero. De hecho, en aquella época, Dalí solía llamar la atención, vistiéndose con una capa y llevando el pelo y las patillas muy largas. Incluso, la propia Maruja Mallo decía que el pasatiempo de Dalí era “hacer un escándalo”.

De todas formas, eso de quitarse el sombrero, parece ser que se popularizó entre las jóvenes del momento y muchas pasaron a denominarse “las sin sombrero”. De hecho, creo que fue en 2016, cuando RTVE estrenó un documental dedicado a ese grupo de mujeres feministas, que llegaron a ser muy influyentes en nuestra cultura.

Parece ser que muchos fines de semana los dedicaban a hacer excursiones por los alrededores de Madrid. Preferiblemente, solían ir a Toledo, donde se juntaban con otros estudiantes.

También comentaba Maruja Mallo que, en cierta ocasión, fueron a visitar el Monasterio de Silos. Por lo visto, no dejaban entrar a las mujeres. Así que no se les ocurrió otra cosa

que disfrazar a Maruja y a Margarita de hombres y así entraron en aquel recinto.

En el caso de Margarita, no creo que fuera muy difícil, pues era una mujer que siempre solía llevar el pelo corto. A la moda francesa.

También, como es lógico en la gente joven, hubo varios romances entre ellos. Uno fue el de Margarita y Federico. Incluso, éste le dedicó un poema en el Romancero gitano.

Sin embargo, Maruja Mallo, fue, durante bastante tiempo, la pareja de Rafael Alberti. Hasta que lo dejó y, tras caer éste en una depresión, conoció a María Teresa León.

No tengo muy claro si Maruja acabó sus estudios en 1926. Sin embargo, Dalí no pudo terminarlos. Parece ser que se enfadó con algunos profesores y les dijo que ninguno era digno de examinarle. Así que lo echaron del centro.

En 1927, poco antes de acabar sus estudios, Margarita empezó a salir con otro compañero de estudios. Se trataba del pintor Alfonso Ponce de León.

Otra de las cosas que llama mucho la atención es que no se conoce o, al menos, yo no he visto ninguna obra de Margarita.

Parece ser que lo que más atraía a sus coetáneos de Margarita era, aparte de su belleza, su aspecto de mujer moderna, sin estar sujeta a las represiones de las españolas de entonces y su conversación siempre interesante. También se vestía de una forma muy vanguardista, supongo que serían modelos confeccionados por su madre.

Por lo visto, Margarita y Alfonso, decidieron hacer vida en común, sin estar casados. Algo casi escandaloso para la época y que tampoco hizo ninguna gracia a una familia

tan conservadora como la de Alfonso, cuyo padre era registrador de la propiedad.

Sin embargo, Alfonso empezó a ser conocido, exponiendo dentro del grupo denominado “Artistas ibéricos”, en el que también figuraba Maruja Mallo. Incluso, llegó a exponer en varias capitales europeas, a donde acudía siempre acompañado por Margarita.

Posteriormente, Alfonso, llegó a pintar algunos decorados, utilizados por el grupo La Barraca. Así que es muy extraño que Margarita no hubiera colaborado también en ese proyecto.

Hasta entonces, la pareja había tenido amistades de todas las ideologías. Tal y como ocurría en la Barraca. Sin embargo, desde 1933, año en que Alfonso se afilió, como sus otros hermanos, a la Falange, se empezaron a relacionar, exclusivamente, con gente de derechas. Algo muy llamativo, porque la familia de Margarita se consideraba de izquierdas.

Entre sus amistades podemos destacar al mismísimo José Antonio, Dionisio Ridruejo, Edgar Neville, etc.

Lejos de ocultar su ideología, Alfonso hacía alarde de ella. Incluso, pintó varios carteles de su partido y hasta el escudo del SEU. Así que, muy pronto, estaría en el punto de mira de los otros.

Curiosamente, esas discrepancias ideológicas no solían enturbiar las relaciones familiares. Su hermana mayor, Carmen, estaba casada con Carlos Castillo García-Negrete. Un abogado de una conocida familia jienense y que llegó a tener puestos importantes en el Gobierno republicano. Incluso, era primo hermano del famoso teniente Castillo.

En cambio, la hermana menor, María Luisa, estaba casada con el pintor mallorquín Francisco Maura, el cual estaba emparentado con el político conservador Antonio Maura.

Tras las muchas presiones, que ejerció la madre de Alfonso para que se casaran, acabaron celebrando su boda en 1933.

En 1936, Alfonso pintó una obra, que resultó premonitoria. La tituló “El accidente” y en ella se puede observar su autorretrato, donde se le ve moribundo en una cuneta, tras haber sido atropellado por un vehículo. Actualmente, esta obra pertenece a la colección del Museo Reina Sofía.

El comienzo de la guerra civil les pilla muy de cerca. Parece ser que vivían en un piso en la calle Ferraz, 10, en Madrid. O sea, justamente frente al Cuartel de la Montaña. Así que, debido a ello y a la proximidad del frente, se trasladaron a otra vivienda.

Lo cierto es que no me ha quedado claro si estaba en la calle Colón o en la Castellana, junto a la Plaza de Colón. Más bien, creo que sería lo segundo.

En agosto de 1936, los nacionales asesinaron a Federico, lo cual la dejó asolada, debido a la gran amistad que siempre había existido entre ambos, aunque él tuviera 10 años más que ella.

Madrid se va volviendo cada vez más peligrosa para la gente de derechas y tienen que andarse con mucho cuidado.

Sin embargo, la noche del 20/09/1936, cuando la pareja paseaba por la Castellana de camino a su casa, vieron que se paraba una furgoneta llena de milicianos junto a su domicilio. Así que se sentaron en un banco, para esperar hasta que se fueran.

Desgraciadamente, cuando ya se marchaban los milicianos, sin haberlo hallado en su casa, la portera les indicó que estaban sentados en ese banco. De esa manera consiguieron detenerle.

Margarita hizo lo imposible por liberar a su marido. Recorrió varias checas en su busca. Incluso, contactó con el marido de su hermana mayor para que intentaran liberarle, pero todo fue en vano.

Por lo visto, fue llevado a la checa del Círculo de Bellas Artes, que luego fue trasladada a la calle Fomento, y, unos pocos días después, asesinado.

Su cadáver fue encontrado 9 días más tarde en la cuneta de la carretera que unía Madrid con el antiguo pueblo de Vicálvaro. También, su padre y dos de los 3 hermanos de Alfonso, fueron asesinados de igual forma.

Parece ser que todos estos acontecimientos afectaron mentalmente a Margarita. Así que se fue con su madre a reunirse con su hermana, que residía en Barcelona. Posteriormente, se fueron a Valencia.

Es posible que Margarita contactara con algunos falangistas y estos le recomendaran que se fuera a Italia. Así que dejó a su familia en Valencia y, desde Barcelona, embarcó hacia Marsella, para dirigirse a un balneario italiano cercano a Parma. Parece ser que ese centro lo había habilitado el Gobierno italiano para acoger a las familias de los falangistas.

Posiblemente, como ya dije en el artículo que le dediqué a Clara Campoamor, fue por ello, por lo que esta política se encontró en un barco, con varios falangistas, que la denunciaron, cuando también viajaba hacia Italia.

Desde allí, Margarita, viajó a través de Francia y regresó a España, entrando por la frontera con Guipúzcoa. Evidentemente, iba provista de un salvoconducto para moverse por la zona nacional, que le habrían facilitado en Italia.

Posteriormente, se trasladó a Burgos, donde quedó bajo la protección de Dionisio Ridruejo, íntimo amigo de su marido. Parece ser que allí trabajó pintando decorados para un grupo teatral.

Por lo visto, fue en esa ciudad donde conoció al que luego sería su segundo marido. Se trataba del médico Enrique Conde Gargollo, también afiliado a la Falange. La pareja se casó en Madrid en 1940. Fruto de ese matrimonio fueron sus hijos Enrique, Luis y Margarita.

Desafortunadamente, la familia de Margarita quedó rota. Su hermana, María Luisa, había muerto dos años antes a causa de unas fiebres. Por el contrario, su madre, su hermana Carmen y el marido de ésta consiguieron exiliarse en México.

Parece ser que las antiguas costumbres, que habían regresado con la dictadura le afectaron mucho y, según sus familiares, siempre se la veía triste. Tuvo que esconder su pasado y no hablar jamás de que fue muy amiga de famosos artistas republicanos. Había sido considerada algo así como la musa de la famosa Generación del 27. Tal y como la definió Lorca en el poema que le dedicó en su momento.

No sé si sería por eso. Lo cierto es que le diagnosticaron un cáncer de pecho. Una enfermedad totalmente incurable en aquella época. Eso le afectó también a los huesos y, desgraciadamente, murió en 1960, con sólo 51 años.

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lunes, 13 de junio de 2022

IGNACIO CARRAL, EL PRIMER PERIODISTA INFILTRADO EN EL HAMPA

 

Hoy voy a narrar la curiosa biografía de un periodista español, que, actualmente, es un personaje casi desconocido.

Su nombre era Ignacio Carral de la Torre y nació en 1897 en la ciudad castellana de Segovia. Parece ser que nació en el seno de una familia acomodada de ese capital. De hecho, uno de sus abuelos llegó a ser alcalde de esa ciudad. Su padre era funcionario de la Diputación Provincial.

En 1913, tras acabar el Bachillerato en su localidad, se trasladó a Madrid para preparar en una academia el ingreso en la Escuela de Ingenieros de Montes. En aquella época, se decía que lo más difícil de las ingenierías era aprobar el examen de acceso para alguna de esas escuelas.

Lo cierto es que lo intentó un par de veces, pero no lo consiguió. Por ello, regresó a su ciudad con la intención de matricularse libre en la carrera de Derecho.

Entre tanto, fue conociendo a la intelectualidad segoviana del momento, la cual solía reunirse en el taller del ceramista Fernando Arranz, situado en una zona aledaña al Parque Sarmiento.

Los tertulianos solían ser artistas o profesores residentes en aquella ciudad, como el maestro Blas Zambrano, padre de la famosa filósofa María Zambrano; el escultor Emiliano Barral, el filósofo Mariano Quintanilla, el músico Agapito Marazuela, el médico Agustín Moreno o hasta el mismísimo Antonio Machado, que ejercía como profesor en el Instituto de esa ciudad.

En 1917, nuestro personaje, se decidió por volver a Madrid para estudiar la carrera de Filosofía y Letras, la cual consiguió acabar tres años después.

Desde entonces, se dedicó a la enseñanza, siendo ayudante de Eloy Luis André, catedrático en el Instituto Cisneros, de Madrid. Posteriormente, también fue ayudante del famoso Américo Castro, en su cátedra de la Universidad Central, también en Madrid.

Desgraciadamente, no consiguió su ansiado propósito, que era llegar a ser catedrático de Universidad.

Posteriormente, empezó a interesarse por el periodismo, colaborando en varios medios segovianos y fundando su propio periódico, que tuvo una vida muy efímera. Su primer número fue publicado en julio de 1923 y el último en septiembre del mismo año. Mes que coincidió con el golpe de Estado del general Primo de Rivera.

Era un hombre de tendencias progresistas, aunque también fue seguidor de las ideas regionalistas y folkloristas castellanas de Luis Carretero Nieva.

En 1925, consiguió un trabajo como lector de español en Sicilia y eso le sirvió para conocer a fondo ese país y el fascismo que acababa de implantar Mussolini en Italia.

Por lo visto, supo aprovechar esa estancia para escribir montones de artículos sobre todo lo que estaba viendo.

A su regreso, el 15/12/1926, se casó con su novia, Adela Rodao. Curiosamente, el padrino no fue el padre de novia, el famoso escritor segoviano José Rodao, sino un gran amigo de éste, el archiconocido pintor Ignacio Zuloaga.

Desconozco si Rodao ya estaría gravemente enfermo, porque lo cierto es que murió en enero del año siguiente.

El matrimonio se trasladó a vivir en Madrid y allí nació su única hija, Carmen. Mientras tanto, él siguió trabajando para varios medios periodísticos, tanto en prensa como en la radio.

Fundamentalmente, trabajó en el semanario Estampa, pero también en los diarios El Sol y la Voz. Por otro lado, tuvo un programa, llamado la Palabra, en Unión Radio Madrid. La emisora pionera de la cadena SER.

A finales de 1929 decide, junto con su amigo, el dibujante cántabro Francisco Rivero Gil, infiltrarse en los bajos fondos madrileños para observar de cerca cómo vive la gente muy modesta y cómo funciona el hampa.

Parece ser que ambos fueron al Rastro y allí compraron ropa muy gastada, que utilizaron para disfrazarse de mendigos y así poder acceder a esos bajos fondos sin levantar sospechas.

Por lo visto, fueron tan bien acogidos por las bandas criminales, que hasta les invitaron a intervenir en un atraco a un Banco. Cosa que rechazaron.

Literalmente, tuvieron que buscarse la vida, malviviendo de cualquier modo.

Buscando basura en los vertederos para poder venderla. Pasando hambre y frío. Durmiendo bajo los puentes, descargando cajas de verduras en los mercados, comiendo en comedores de caridad y hasta descansando con la espalda apoyada sobre el muro exterior de una tahona, para quitarse el frío con el calor que salía del horno.

Conocen a todo tipo de gente. Ancianos que han quedado en la miseria. Madres con hijos, que han sido abandonadas por sus maridos.

Evidentemente, no pueden hacer fotos y, sólo cuando están seguros de poder hacer una, llaman a la redacción para que acuda un fotógrafo. Todavía no se habían inventado las llamadas cámaras instantáneas. También Rivero ilustra esas aventuras con unos dibujos que parecen corresponder a unas historietas.

Parece ser que llegaron miles de cartas a la redacción del semanario. La mayoría elogiando el trabajo realizado, mientras que otras ponían en entredicho que el redactor y el dibujante se hubieran pasado un mes viviendo en esas malas condiciones. Ya se sabe que los españoles somos especialistas en criticar una cosa y la contraria.

Todo ello, fue publicado, hasta marzo de 1930, en 8 artículos en el semanario Estampa. En cuya portada se veía una foto de Carral con su disfraz de mendigo. El dibujante Rivero aportó una serie de dibujos para ilustrar lo ocurrido durante todo el mes que estuvieron llevando a cabo esa aventura. Posteriormente, esos reportajes se publicaron en un libro titulado “Los otros”.

Estos artículos fueron presentados en el semanario Estampa con las siguientes frases: “Está Vd. seguro de conocer la vida de Madrid? ¿No cree Vd. que Madrid es algo más que la calle de Alcalá, la Puerta del Sol, la Gran Vía, los cafés, los teatros, las oficinas, los bancos? En ninguno de estos lugares encontrará Vd. a los otros. Pero los otros existen, viven, forman parte de las capas ciudadanas”.

En enero de 1931, se aventuró a adentrarse en los peligrosos barrios “apaches” de Marsella y escribió sus crónicas para el diario Ahora.

Con la proclamación de la II República, Carral se afilió a Izquierda Republicana, el partido fundado por Manuel Azaña.

Como periodista asistió a la mayoría de las sesiones de las Cortes Constituyentes y escribió crónicas parlamentarias para los medios en los que trabajaba.

No obstante, parece ser que le gustó la anterior experiencia como vagabundo. Así que la repitió en 1934, pero esta vez viajando por lo que llamamos la España vaciada. Concretamente, por las Hurdes y las Batuecas. Esos artículos también fueron publicados en el semanario Estampa.

Es preciso decir que, tanto el semanario Estampa como el diario Ahora, habían sido fundados por Luis Montiel. Ciertamente, este empresario consiguió fichar a importantes escritores de la época, como Chaves Nogales, Unamuno, Baroja, Valle-Inclán, Madariaga, etc.

Posteriormente, en la posguerra, adquirió la revista Semana y fundó el diario deportivo As.

Supongo que esos reportajes, donde se exponía a toda la ciudadanía la miseria que sufrían muchas personas, no debería de gustarle nada al gobierno de turno. Así que me llama la atención que no fueran censurados. En España siempre hubo censura: con la monarquía, la dictadura del general Primo de Rivera, la II República y el franquismo.

Otros periodistas españoles, que siguieron su misma línea de infiltrarse en ciertas capas de la sociedad fueron Magda Donato (seudónimo de Carmen Eva Nelken, hermana de Margarita Nelken), Josefina Carabias y Carles Sentís. A eso le llamaron reportajes vividos.

Todo eso se hizo mucho antes de que los anglosajones pusieran de moda lo que se llamó el periodismo Gonzo, cuyas figuras más conocidas fueron Bill Cardoso y Hunter S. Thompson. Mucho antes del famoso inventor del nuevo periodismo, Tom Wolfe.

Desde luego, en esa época, cuando había decenas de periódicos en Madrid, era un hecho muy notable que un periodista destacase sobre otros, sin embargo, él lo consiguió.

A lo largo de su carrera, aparte de sus artículos periodísticos, escribió también cuentos, novelas y hasta folletos. Entre estos últimos, hay que mencionar “Juan Bravo en la plaza de las sirenas”, un alegato, firmado por varios intelectuales segovianos contra la decisión de la alcaldía de esa ciudad de erigir una estatua al comunero Juan Bravo, que realizaría el famoso escultor, también segoviano, Aniceto Marinas.

Contra esa decisión, alegaban que en la ciudad había necesidades mucho más urgentes, que había que paliar, antes de emplear el presupuesto municipal en ornamentos para la ciudad. Por ejemplo, llevar las tuberías de agua potable a toda la ciudad, modernizar el cableado para que no se produjeran tantos cortes de luz o lograr que funcionase el alumbrado público. Todo ello, en una ciudad que tenía alrededor de unos 16.000 habitantes.

Otra de sus obras fundamentales fue “¿Por qué mataron a Luis de Sirval?”. En esa obra se narra el caso real de la muerte de un periodista, que había ido a informar sobre la Revolución de Asturias, a manos de tres oficiales del Ejército.

En “Las memorias de Pedro Herráez” retrata la vida de uno de sus amigos y contertulios, el escultor segoviano Emiliano Barral, que moriría en la guerra civil.

Su muerte dejó sin terminar varias novelas y hasta un ensayo sobre varios políticos, como Azaña, al que siempre admiró mucho.

Desgraciadamente, el 01/10/1935, cuando Ignacio Carral se hallaba trabajando en la redacción de Unión Radio para su programa La Palabra, sufrió una angina de pecho, que le provocó la muerte de manera instantánea. Sólo tenía 37 años.

Podría haber tenido una gran carrera dentro del periodismo. Sin embargo, tampoco sabemos si hubiera sido rota por la guerra civil, como les ocurrió a tantos otros. Como a su amigo Francisco Rivero, que tuvo que exiliarse y murió en el extranjero.

 

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miércoles, 25 de mayo de 2022

EL CURIOSO CASO DE JUAN LATINO

 

Me he decidido a escribir este artículo, ahora que parece que, entre los políticos, ha vuelto a estar de moda hablar de lo que fue la esclavitud en España.

Alguien dijo que los políticos no están para resolver nuestros problemas, sino para crear otros nuevos en los que nadie había pensado antes.

Así que procuraré no desviarme del tema para no despistar a mis lectores, a fin de no hacer lo mismo que suelen hacer los políticos.

El personaje de hoy fue llamado Juan Latino, aunque también fue conocido como Juan de Sessa, por el motivo que diré más adelante.

Parece ser que, durante su infancia, fue comprado por el matrimonio formado por Luis Fernández de Córdoba, conde de Cabra, y su esposa, Elvira Fernández de Córdoba, duquesa de Sessa e hija del archifamoso Gran Capitán.

Se trataba de un niño de raza negra, el cual siempre afirmó ser un cristiano y haber nacido, alrededor de 1518, en la actual Etiopía. Por lo visto, en 1528, había sido vendido, por unos negreros portugueses, a los monjes del convento de San Francisco y de allí lo sacaron sus nuevos amos.

Sin embargo, un enemigo suyo afirmaba que Juan era el fruto de una relación del conde de Cabra con una esclava africana y que había nacido en Baena (Córdoba).

Durante esos años, fue una especie de paje de uno de los 3 hijos de ese matrimonio, que también se llamaba Gonzalo Fernández de Córdoba, como su heroico abuelo. Gonzalo era 3 años más joven que Juan.

Esta noble familia residió, durante varios años, en Italia, pues el conde de Cabra fue nombrado embajador del emperador Carlos V en los antiguos Estados Pontificios.

Desgraciadamente, Elvira, falleció en 1524, en el ducado de Sessa, a causa de una de esas terribles infecciones, que solían provocar la muerte de las parturientas, y su marido también murió tan sólo 2 años después, en la ciudad de Roma.

Por ello, Gonzalo, junto a sus dos hermanas y nuestro personaje, tuvieron que regresar a Granada, donde estuvieron al cuidado de su abuela materna, María Manrique de Lara Figueroa, duquesa de Terranova y viuda del Gran Capitán. Tras el fallecimiento de su abuela, pasaron a ser tutelados por un hermano de su padre, llamado Pedro.

Como cualquier miembro de la alta nobleza de la época, Gonzalo recibió una educación muy completa. Entre otras asignaturas, estudió latín, griego, humanidades, música, poesía y equitación.

Parece ser que Juan iba con él a todas partes. Sin embargo, como no le permitían entrar en las clases de la Universidad de Granada, solía escuchar las explicaciones desde el otro lado de una de las puertas. De esa manera, ambos obtuvieron la misma formación.

En 1538, cuando Juan ya había conseguido traducir varias obras famosas de autores romanos, fue liberado por Gonzalo, con el que siempre mantuvo una gran amistad.

En 1546, Juan ya consiguió el título de bachiller en Filosofía. Lo que hoy llamaríamos licenciado o graduado y eso le permitió empezar a dar clases.

Por lo visto, empezó dando clases de música y se enamoró de una de sus alumnas. Se trataba de Ana de Carleval, la bella hija del licenciado Bernardino Carleval, un hidalgo que administraba los bienes del ducado de Sessa.

Curiosamente, Ana ya había sido prometida por su familia a Fernando de Válor, descendiente de los reyes Omeyas y, posteriormente, conocido como Aben Humeya.

Parece ser que esta relación, de Juan y Ana, obtuvo el apoyo de su amigo Gonzalo y de Pedro Guerrero, arzobispo de Granada. Este último contrató a Juan para dar clases de latín en el Colegio Catedralicio, siendo, posteriormente, catedrático del mismo. También fue catedrático de Gramática en la Universidad de Granada. Curiosamente, fue muy amigo de la persona que, anteriormente, ocupó esa cátedra, Pedro de la Mota.

Así que se le considera el primer profesor y catedrático de raza negra de toda la Historia. Para que vean lo “racistas” que éramos en España.

No se tiene la certeza si ese matrimonio interracial tuvo lugar en 1547 o 1548. Lo único cierto es que tuvieron 4 hijos y la esposa de su amigo Gonzalo, María Sarmiento de Mendoza, hija de Francisco de los Cobos, secretario del rey,  fue madrina del primero de ellos, una niña nacida en 1549.

Juan y su familia residieron en una casa de la granadina calle Santa Ana, cercana a la iglesia de Santa Ana, hoy llamado Barrio de la Churra. Parece ser que llevaron una vida acomodada, al ser Juan catedrático de esa Universidad y haber heredado ella los bienes de su familia.

Por lo visto, eso de que lo nombraran para la cátedra de la Universidad de Granada no fue del agrado de algunos, que profirieron insultos racistas contra él.

Sin embargo, gozó de tanto prestigio que se sabe que, en 1565, fue el encargado de pronunciar el discurso de la apertura del curso en su Universidad.

Parece ser que llegó a relacionarse con algunas de las personas famosas de su tiempo, como Juan Boscán, Diego Hurtado de Mendoza o Garcilaso de la Vega.

También fue autor de varias poesías, todas escritas en latín, y dedicadas a personajes ilustres, como Felipe II, el Papa Pío V o don Juan de Austria.

Parece ser que conoció a este último, cuando acudió a Granada para tomar el mando de las tropas, que combatían en la rebelión de las Alpujarras.

Precisamente, el líder de esos moriscos rebeldes de las Alpujarras era Aben Humeya, el mismo que iba a casarse con la que ahora era la esposa de Juan Latino.

Parece ser que el poema en homenaje a don Juan de Austria, por haber vencido en Lepanto, le fue encargado, posteriormente, por Pedro de Deza, presidente de la Real Chancillería de Granada.

Uno de los oficiales que acompañaban a don Juan de Austria era Gonzalo Fernández de Córdoba, el gran amigo y valedor de Juan Latino, el cual obtuvo varias victorias frente a los moriscos.

Parece ser que gozó de una merecida fama en su época y hasta fue elogiado por el propio Cervantes, el cual le menciona en el prólogo del Quijote. También Lope de Vega le dedicó uno de sus poemas.

Incluso, fue muy respetado por sus conciudadanos granadinos. Lo cual ya tiene mucho mérito en un país como España.

Parece ser que Felipe II pidió un retrato de Juan Latino para colocarlo en una galería dedicada a los sabios de su tiempo, en el Real Alcázar de Madrid. Desafortunadamente, parece ser que desapareció en el incendio que destruyó ese palacio en el siglo XVIII. Por ello, no se conserva ningún retrato de nuestro personaje.

Desgraciadamente, en 1578, murió en Madrid, su amigo y protector, Gonzalo Fernández de Córdoba, al que dedicó una elegía. Gonzalo murió sin hijos.

A Juan, los achaques de la edad le fueron llevando a la ceguera. No obstante, llegó a conocer a San Juan de la Cruz, cuando éste fue el prior del convento de las carmelitas de esa ciudad.

Finalmente, murió a los 80 años y fue enterrado bajo el altar mayor de la mencionada iglesia de Santa Ana y San Gil, en Granada. Parece ser que también fueron enterrados, en el mismo templo, su mujer y sus hijos. Tampoco está muy claro que muriera a esa edad, porque algunos autores afirman que llegó a los 90 años.

Por lo visto, cuando Felipe II logró que se terminaran las obras de El Escorial, se llevó al panteón real de ese monasterio el cadáver de su madre, Isabel de Portugal, que estaba enterrado en la catedral de Granada.

Sin embargo, cuando pretendió llevarse también los de los Reyes Católicos, su hija y su yerno, Juan Latino, habló con el rey, en representación de las autoridades granadinas, para pedirle que los dejase en su ciudad. Así que ellos siguen allí gracias a los buenos oficios de nuestro personaje con este famoso monarca.

 

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lunes, 23 de mayo de 2022

EL EXTRAÑO CASO DE MARTÍN FERNÁNDEZ DE NAVARRETE

 

Ya se sabe que, cuando hay una guerra, ninguno de los dos bandos permite que haya gente indiferente a ella. Así que, primero intentan atraérselos u obligarles a alistarse en su bando y, si no lo consiguen, destruirlos.

Hoy traigo al blog la biografía de un hombre que, como buen militar, siempre quiso ser leal al poder constituido, pero no al monarca impuesto en España por Napoleón Bonaparte.

Martín Fernández de Navarrete y Ximénez de Tejada, que era así cómo se llamaba, nació en 1765 en Ábalos, un pequeño pueblo de la Rioja española.

Sus padres pertenecían a la pequeña nobleza, lo cual le permitió tener una muy buena educación. Incluso, llegó a estudiar varios años en el Seminario de Nobles de Vergara. Una institución perteneciente a la Real Sociedad Económica Vascongada de Amigos del País.

Parece ser que el nivel de estudios de ese centro era bastante alto. Sólo hay que ver que, entre su profesorado, se hallaban los químicos franceses Joseph Louis Proust y François Chavaneau, descubridor del platino o el ingeniero de minas español Fausto Elhuyar, descubridor del wolframio.

En 1780, Navarrete, aprueba el examen de ingreso para la Escuela N

aval Militar, que entonces se hallaba en la Isla de León, actualmente, San Fernando (Cádiz).

No debemos olvidar que, en aquella época, se estaban produciendo las reformas militares ordenadas por Carlos III, el cual apoyó, firmemente, la reconstrucción de la Armada española y el aumento de plantilla de la misma. Por eso, nos encontramos, en la batalla de Trafalgar, con grandes y buenos marinos. Todos ellos surgidos en esa misma época.

Así que, ya en 1782, tuvo su bautismo de fuego, en una de las muchas batallas en que tuvo que intervenir la Armada española, durante la guerra de la independencia USA.

Desgraciadamente, poco después, tuvo que retirarse, temporalmente, del servicio activo a causa de una enfermedad. En esa época se casó con Manuela de Paz y Galtero.

Sin embargo, no estuvo ocioso, porque el Almirantazgo le confirió la misión de investigar a todo tipo de archivos a fin de recopilar la Historia de la Armada española.

Obtuvo muchos éxitos, entre los que se pueden destacar el hallazgo de los diarios de 3 de los viajes de Cristóbal Colón a América. También algunos estudios filológicos y biográficos sobre varios textos y la vida de Cervantes. Incluso, llegó a demostrar la participación de varios españoles en las Cruzadas.

Es más, también demostró que algunos navegantes españoles llegaron a algunos territorios mucho antes de lo que lo hicieron los franceses o los ingleses. Aunque estos se apuntaran ese mérito.

Sin embargo, volvió al servicio activo durante la llamada Guerra del Rosellón (1793-1795), por la que España luchó contra los revolucionarios franceses, en cumplimiento de los Pactos de Familia, que unían a nuestros monarcas con los de los franceses.

Sus enormes méritos como investigador y persona ilustrada le sirvieron para ingresar, en 1791, en la Sociedad de Amigos del País y, posteriormente, para ser nombrado miembro de las academias de la Lengua, de la Historia y de Bellas Artes.

Cuando los franceses penetraron en España, él ocupaba un alto cargo dentro del Ministerio de Marina. Lo que entonces se llamaba Secretaría de Estado y del Despacho de Marina. Este Organismo se hallaba entonces en el llamado Palacio de Godoy, que está situado junto al Senado.

Concretamente, ocupaba un puesto denominado ministro contador
fiscal del Supremo Tribunal del Almirantazgo.

Más tarde, cuando Napoleón nombró a su hermano José rey de España, nuestro personaje se negó a prestar juramento de fidelidad al nuevo rey, por lo que perdió su puesto de trabajo.

Como es sabido, tras la derrota francesa en Bailén ocurrida en julio de 1808, el rey José I y su corte huyeron de Madrid en dirección a Francia. Sin embargo, Napoleón reunió un potente ejército con el que consiguió derrotar la resistencia española y entrar en Madrid, en diciembre de 1808.

Así que esta vez los que intentaron huir fueron Navarrete y todos los opositores al monarca intruso.

Desgraciadamente, fue detenido y estuvo a punto de ser deportado a Francia. Sin embargo, el almirante Mazarredo, ministro de Marina del rey José I y también muy amigo de Navarrete, logró convencer al monarca para que no lo deportaran. Incluso, le buscó un buen puesto en el Ministerio. Sin embargo, Navarrete dimitió muy pronto, porque no quería estar a las órdenes del rey intruso.

Posteriormente, varios miembros del Gobierno, como O’Farril, Arribas
o Cabarrús, intentaron atraérselo con el señuelo de nombrarle para algún importante puesto gubernamental, mientras que otros ministros se dedicaron a amenazarle con deportarle a Francia. Sin embargo, la actitud de Navarrete fue siempre la de rechazar todos esos importantes cargos.

Eso le llevó a sufrir estrecheces económicas, agravadas por tener una familia numerosa. Por ello, tuvo que vender su coche y sus caballos. También su biblioteca y hasta la vajilla de plata.

Incluso, el Gobierno le incautó su gran colección de manuscritos, que había ido reuniendo durante muchos años.

Parece ser que intentó mudarse con su familia a la provincia de Murcia, donde vivían unos parientes de su mujer. Tampoco pudieron hacerlo, porque, en 1811, se declaró allí una epidemia de peste. Aunque algunos autores dicen que fue de fiebre amarilla.

Navarrete se hallaba entre dos fuegos. Tanto los afrancesados como los patriotas querían que se uniera a su bando.

El almirante Mazarredo tiró por la calle del medio y decretó el ingreso de Navarrete en la Real   Orden de España, instituida por José I. Hecho que se publica en la Gaceta de Madrid, lo que hoy es el BOE, y que da a entender a todos que Navarrete es un seguidor del rey intruso.

Desgraciadamente, las estrecheces económicas por las que estaba pasando Navarrete, al igual que su familia, le hicieron aceptar ese honor y también el puesto de director de los Reales Estudios de San Isidro. Un Organismo situado en el lugar que hoy ocupa el Instituto de Enseñanza Secundaria San Isidro, en Madrid.

Parece ser que estaban tan interesados en atraerse a Navarrete que tuvieron que cesar a un conocido afrancesado, como Estanislao de Lugo y Molina, que era el que ocupaba aquel puesto.

Poco después, Madrid sería tomada, durante un breve período de tiempo, por las tropas españolas. Eso dio lugar a que fuera encarcelado durante casi dos meses, aunque no se le había acusado de nada.

Como ya he dicho, los franceses lograron ocupar, nuevamente, la ciudad de Madrid. Esta vez, Navarrete, se trasladó, voluntariamente, hasta Cádiz a fin de aclarar su situación ante las autoridades españolas.

Tal y como se suele decir “las cosas de Palacio van despacio”. Así que tuvo que soportar un largo proceso, que luego siguió tras haber vuelto a caer, ya definitivamente, Madrid, en manos españolas.

Parece ser que tuvo que soportar una sanción provisional por haber aceptado su nombramiento como miembro de la Real Orden de España, aunque lo nombraron sin su consentimiento.

Sin embargo, al final, consiguió ser absuelto de todos los cargos, que había contra él en la primavera de 1814. No sé si en ello tendría algo que ver su compañero, en Vergara y en la Escuela Naval Militar, y también amigo, Luis Salazar, que llegó a ser ministro de Marina.

Incluso, en 1815, los miembros de la Academia de Bellas Artes de San Fernando le eligieron como secretario de la misma y el rey, Fernando VII, refrendó ese nombramiento.

Precisamente, Navarrete fue el encargado de redactar el discurso de bienvenida de esa Real Academia al nuevo soberano, Fernando VII.

Más tarde, le fue bastante mejor, pues fue nombrado senador y consejero del Consejo de España y de las Indias.

Posteriormente, en 1824, llegó a ser nombrado director de la Real Academia de la Historia. Incluso, también fue nombrado miembro de diversas academias españolas y extranjeras.

Sus obras fueron traducidas a varios idiomas y fueron muy elogiadas, tanto en España como en el extranjero.

En 1833, tras la muerte de Fernando VII, fue nombrado consejero de Estado, especializado en temas de la Armada.

Una de las cosas de las que estuvo más orgulloso fue la publicación de la Colección de documentos inéditos, con los que pretendía escribir una verdadera Historia de España.

En la Real Academia de la Lengua, colaboró activamente para la publicación de una Gramática, donde ya se perfilaba la Ortografía que utilizamos en la actualidad. Al igual que se dedicó a compilar antiguos poemas castellanos y obras de autores clásicos.

Murió en 1844, en Madrid, cuando le faltaba poco para cumplir los 80 años. Una edad muy avanzada para aquella época.

Siguiendo sus instrucciones, fue enterrado en el pueblo riojano de Ábalos, que fue donde nació y donde estaba la mansión familiar.

En 1851, uno de sus ayudantes, Agustín Pérez de Lerma, logró terminar una obra que nuestro personaje había dejado inacabada. Se trata de la Biblioteca Marítima Española. Una obra, que fue muy elogiada en su momento y que, hoy en día, se sigue consultando para comprender esa parte de la Historia de España.

 


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viernes, 22 de abril de 2022

MERCEDES FORMICA, LA EPOPEYA DE UNA GRAN LUCHADORA

 

Hoy en día, cuando se habla de la gente que más ha aportado en la consecución de los derechos de las mujeres, a muchas personas se les viene, inmediatamente, a la cabeza la figura de Clara Campoamor.

Evidentemente, no tengo nada en contra de Clara Campoamor. De hecho, hace tiempo, le dediqué otro de mis artículos. Sin embargo, echo en falta que casi nadie reivindique la figura de Mercedes Formica. Así que lo voy a hacer yo.

Mi personaje de hoy se llamaba Mercedes Formica-Corsi Hezode. Por si a alguno se le ha ocurrido, he de aclarar que su apellido no tenía nada que ver con aquellos famosos muebles de formica, que había en todas las casas de España.

Realmente, todavía no tengo claro si su apellido era Formica o Fórmica, porque lo he visto escrito de ambas formas en diferentes sitios.

Nació en Cádiz, un día de agosto de 1913. Fue la segunda de los seis hijos del matrimonio formado por José Formica-Corsi y Cuevas de Artá y Amalia Hezode Vidiella.

Parece ser que se trataba de una familia muy acomodada. El padre era un ingeniero industrial, nacido en Barcelona, que dirigía la sucursal de Cádiz de la Compañía Catalana de Gas y Electricidad. Curiosamente, he visto en un artículo, que participó en los Juegos Olímpicos de París, celebrados en 1900, en la categoría de remo 4 con timonel. Por lo visto, sus apellidos son de origen italiano.

En cuanto a su madre, Amalia Hezode, nacida en 1888 en una familia originaria de Medina Sidonia, fue una mujer con una buena formación, que recibió en un internado en Gibraltar. Por ello, dominaba varios idiomas. El apellido Hezode es de origen francés.

Parece ser que el problema de este matrimonio es que nunca estuvo muy bien avenido y eso lo tuvieron que ver sus hijos muy de cerca. Desgraciadamente, dos de ellos, murieron sin haber llegado a la edad adulta.

Al cumplir los 11 años, al padre de Mercedes lo trasladaron a Sevilla y allí se fue con toda su familia.

Su madre siempre fue una persona que se preocupó mucho porque sus hijos tuvieran la mejor formación posible. Así que fue a hablar con unas monjas, que tenían un centro de enseñanza, para que matriculasen a Mercedes y a la hermana que le seguía, a fin de que cursaran el Bachillerato.

Parece ser que la religiosa se echó las manos a la cabeza, porque eso no era costumbre en aquella ciudad y le auguró que sus hijas no se casarían. Así y todo, las ingresó en un internado de Córdoba, donde lograron obtener el título de Bachiller.

Como su madre decía que sus hijas un día se casarían “por amor y no por conveniencia” las animó a seguir sus estudios. Así que, en 1931, Mercedes, se matriculó en Derecho y en Filosofía y Letras, aunque luego dejó la segunda carrera.

Evidentemente, ahora lo vemos como algo normal, sin embargo, esto era un hecho casi insólito, porque Mercedes era la única alumna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla.

No debemos olvidar que la primera mujer española que intentó estudiar en la Universidad fue Concepción Arenal, la cual se matriculó, en 1841, supongo que, con un nombre falso, en la Facultad de Derecho de la Universidad Central, en Madrid.

Para ello, se cortó el pelo y se vestía como un varón hasta que alguien la descubrió. Parece ser que el rector decidió que continuara sus estudios, pero en un lugar apartada del resto de sus compañeros de curso. También el profesor tendría que escoltarla, tanto a la entrada como a la salida.

Curiosamente, fue el tan denostado conde de Romanones, que era el ministro de Instrucción Pública, en 1910, firmó una Real Orden, por la que se autorizaba a todas las mujeres que lo desearan, a matricularse en todos los centros docentes.

Esa fue la razón por la que Mercedes pudo estudiar en la Universidad, aunque tenía que ir acompañada por una señora mayor que ella, tanto a la ida como a la vuelta de las clases.

En sus memorias recordaba a algunos de sus profesores, como Jorge Guillén, de la Facultad de Filosofía y Letras, o el menos conocido José Antonio Rubio Sacristán, catedrático de Historia del Derecho.

Parece ser que este último influyó mucho en la sed de conocimientos de su alumna y además le presentó a algunos grandes intelectuales de la época, como Federico García Lorca, al que había conocido en su etapa de estudiante.

Llegamos a 1933. Es un año donde cambia bruscamente su modo de vivir. Como ya he dicho, los padres de nuestro personaje nunca se llevaron muy bien. Así que aprovecharon que las Cortes republicanas habían aprobado la Ley del Divorcio para utilizar ese instrumento legal.

Desgraciadamente, no pudo ser por mutuo acuerdo. Así que el juez dio la custodia de las 4 hijas a la madre y el hijo al padre. A ella le asignaron una mensualidad de 1.000 Ptas., que no estaba mal en aquella época, pero que era claramente insuficiente para cuidar a 4 hijas. He de aclarar que la hija mayor había muerto en 1927.

Incluso, como la Ley no cambió el llamado “depósito de la mujer”, el juez autorizó que se fueran a vivir en Madrid, donde residían unos familiares. Si no hubieran tenido familiares, hasta era posible que la hubieran enviado a vivir en un convento. Así que tuvieron que alquilar una modesta vivienda interior en la calle Castelló.

Siguiendo las leyes de aquella época, el marido se quedó con la vivienda conyugal y todos los bienes que había en ella. Incluso, el marido no permitía que su esposa pudiera ver al único hijo varón que tenía y que se quedó al cuidado del padre. Lo cual nos puede parecer ahora muy injusto, pero entonces era así.

Un cambio enorme para unas personas acostumbradas a codearse con la alta sociedad, primero de Cádiz y luego de Sevilla. Ni siquiera le otorgaron a Mercedes una beca para estudiar, por ser hija de un directivo de una importante empresa.

Sin embargo, en el lado positivo, tenemos que Mercedes se matriculó en la Universidad Central, en Madrid. La Facultad de Derecho estaba en aquel viejo edificio de la calle de San Bernardo. Parece ser que ya estaba hecho un desastre, al contrario de las facultades que habían ido trasladando a la nueva Ciudad Universitaria, que estaba inacabada y que resultó destrozada por la guerra civil.

Lo positivo de todo esto es que allí daban clase las mejores figuras del Derecho español. Por citar algunos nombres Clemente de Diego, Sánchez Román, Joaquín Garrigues, Jiménez de Asúa, etc. Este último estaba considerado como uno de los mejores especialistas de Derecho Penal a nivel internacional.

También tuvo como condiscípulos a algunos nombres que nos podrán sonar, como Jiménez Quílez, Gómez Acebo, Jesús Galíndez y la famosa actriz Conchita Montes.

También nos cuenta que, ese mismo año, un domingo por la mañana, cuando llegó a casa de unas amigas, se las encontró oyendo la radio. Ella también se sentó para ver qué decían. Esa emisora estaba transmitiendo en directo el discurso de fundación de la Falange, que tenía lugar en el Teatro de la Comedia, en Madrid.

Parece ser que quedó fascinada por el discurso de José Antonio y, unos días después, fue a afiliarse a ese partido y a su sindicato, el SEU.

En la primera reunión del SEU fue elegida delegada de la Facultad de Derecho. Allí aportó varias ideas, como las de crear una bolsa de libros, procedentes de los que ya hubieran terminado la carrera, a fin de que los pudieran utilizar los nuevos alumnos y la concesión de becas y creación de comedores universitarios.

Parece ser que la escasez de libros no era sólo propia de alumnos con pocos recursos, sino que la misma biblioteca de la Facultad de Derecho sólo poseía un ejemplar de cada libro. Así que era una labor casi imposible conseguir que te prestasen uno de ellos.

En 1936, José Antonio, nombró a nuestro personaje jefa nacional del SEU femenino, desde su encierro en la cárcel de Alicante.

Como veo que este artículo me va a quedar un poco largo, a partir de aquí abreviaré, pasando por alto muchos detalles de su biografía y mostrando solamente los más interesantes.

Seguimos en 1936. En ese año, Mercedes cayó muy enferma, por culpa de una gripe que se le había agravado. Así que su madre se movió mucho y consiguió que su padre y el juez les permitieran mudarse a otra ciudad con un clima más benigno. Por fin, lo consiguió y se fueron a vivir a Málaga.

Allí hicieron muy buenas amistades entre la gente de la alta sociedad de esa capital. No obstante, iban viendo que el ambiente cada vez se mostraba más enrarecido y más hostil hacia la clase alta.

Cuando llegó el 18 de julio, el general Patxot, gobernador militar de esa provincia no se decidió a sublevarse en el primer momento. Eso les vino muy bien a las milicias para organizarse y plantar cara a sus tropas, cuando pretendieron llegar al Gobierno Civil. Posteriormente, este general, junto con muchos de sus oficiales, fueron detenidos y fusilados.

Los milicianos no se contentaron con detener a la gente que consideraba afín al bando nacional, sino que también les incendiaban sus casas.

La gente ya no se fiaba de nadie y a Mercedes y a su familia les llegaron a invitar a largarse de una de las casas, donde estaban refugiadas, argumentando que ella les podría comprometer por ser de Falange.

Por fin, gracias a sus contactos con algunos consulados extranjeros, consiguieron unos visados para poder escapar de Málaga. Su barco les dejó en Tánger, desde donde continuaron su viaje hasta Sevilla.

Nos cuenta que llegó a una ciudad llena de uniformes militares y también que se encontró con algunos conocidos que, a pesar de haber hablado antes mal de José Antonio, se habían hecho de Falange e iban por la calle con ese uniforme.

Tras la toma de Málaga por las tropas nacionales, fue con un grupo de la Sección Femenina, que se dedicaba a repartir comidas para toda la población. Desgraciadamente, antes pudo contemplar la represión de un bando y ahora la del otro.

A finales de 1937 se casó, en la catedral de Sevilla, con el poeta y crítico de arte, Eduardo Llosent y Marañón.

Tras la guerra, el matrimonio se trasladó a Madrid, donde su amigo Eugenio D’Ors, nombró a Llosent director del Museo de Arte Moderno. Un centro que ya no existe, pero que estaba situado dentro de la sede de la Biblioteca Nacional, en Madrid. La mayoría de sus importantes fondos fueron a parar al Museo del Prado.

La pareja residió en un lugar muy cercano. Su vivienda estaba en el Paseo de Recoletos, muy cerca del famoso Café Gijón. Allí solían acudir para reunirse con algunos intelectuales del momento.

Parece ser que su marido estuvo en el grupo de intelectuales que intentaron ayudar a Miguel Hernández. En principio, le quisieron ayudar a escapar, pero se negó a ello. No obstante, consiguieron que no fuera condenado a muerte.

Mercedes siempre fue muy crítica con la decisión de Franco de unir a la Falange con los tradicionalistas o carlistas, porque se trataba de dos partidos con ideologías totalmente diferentes. Incluso, llegó a pedir la disolución de la Falange, porque ahora se había llenado de gente, que sólo buscaba ascender socialmente y le importaba muy poco la ideología de José Antonio.

La Sección Femenina le nombró directora de algunas revistas, en las que intentó elevar el nivel cultural de las mismas y rebajar la propaganda del régimen. También le encargaron un discurso, pero se lo censuraron por completo, al ver que tenía un carácter feminista. Esa fue una de las razones por las que nunca se llevó bien con Pilar Primo de Rivera.

A mediados de los años 40, acompañó a su marido a una gira por Argentina, al objeto de mostrar en ese país la cultura española del momento.

A su regreso a Madrid, ella decidió acabar la carrera de Derecho, que había dejado a medio terminar a causa de la guerra. Por lo visto, se encontró una Universidad totalmente diferente. Los mejores profesores estaban muertos o exiliados y los alumnos eran ahora unos seres muy acomodaticios.

En 1948, consiguió la licenciatura y pensó en hacer unas oposiciones a la carrera diplomática (algo que le habían recomendado algunos de sus profesores de antes de la guerra), notarías, abogacía del Estado o algo similar. Sin embargo, en todas tropezó con el obstáculo de que era requisito imprescindible ser varón.

Ni siquiera podía optar a ser fiscal o juez, ya que sólo permitieron que las mujeres ingresaran en esos cuerpos a partir de mediados de los años 70.

Incluso, se colegió para ejercer la abogacía. Sin embargo, 
ningún despacho de abogados quiso contratarla.

Así que no le quedó otra que montar un despacho en su propia casa y apuntarse al turno de oficio. En aquella época, sólo había 2 mujeres más que ejercían la abogacía en Madrid. No obstante, también la ficharon para el Instituto de Estudios Políticos, donde se dedicó a defender los derechos de la mujer.

Parece ser que a su despacho le llegaron muchos casos de mujeres maltratadas por sus propios maridos o amantes y tuvo que defender sus derechos ante los tribunales.

A fuerza de insistir, tras varios meses parado por la censura, consiguió que, el 07/11/1953, se le publicara un artículo suyo en el diario ABC, titulado “El domicilio conyugal”.

En él narraba los problemas de las mujeres españolas, cuando su pareja les trataba mal y no podían romper de ninguna manera el matrimonio.

Aparte de que, en caso de separación, el marido se quedaría con todos los bienes de ambos y a la esposa la “depositarían” en un lugar convenido entre el juez y el marido. Incluso, le retirarían la patria potestad sobre sus hijos.

Ponía como ejemplo el caso de Antonia Pernia Obrador a la que su marido había intentado asesinar de 12 puñaladas y que se salvó de milagro. Aunque afirmaba que ya le había pegado muchas veces, anteriormente.

En ese artículo, Mercedes explicaba claramente que esa mujer no podía pedir la separación judicial, porque no tendría dónde ir a pesar de ser una víctima frecuente de malos tratos.

El mencionado artículo fue como una bomba, que estalló en las narices del propio régimen franquista, porque el citado diario se permitió realizar una encuesta entre sus lectores sobre el contenido de ese artículo. Posteriormente, varios prestigiosos diarios internacionales se hicieron eco del mismo y ello obligó al Gobierno a dar algún tipo de respuesta.

Por lo visto, un periodista de la revista Time escribió un artículo, cuyo último párrafo decía: “Creo que empieza un gran torbellino. Gracias a Dios, mi mujer no lee los periódicos”.

Hasta los periódicos de la CNT se hicieron eco de este artículo y esperaron a ver qué respondía el régimen.

Así que un día recibió una invitación para ir a hablar, personalmente, con Franco. Esta entrevista tuvo lugar en el Palacio del Pardo, el 10/03/1954.

Me llama la atención que, en una época en que las mujeres iban a todas partes acompañadas por sus maridos, ella fue sola, aunque en el oficio, donde se la citaba, decía que la acompañaría un sacerdote.

Parece ser que Franco se había interesado mucho por este tema y la comprendió, porque él mismo había visto esos malos tratos también en su propia familia.

Así que eso fue lo que le dijo Mercedes, cuando regresó a su casa y su marido le preguntó cómo le había ido.

Por ello, Franco puso a trabajar a las Cortes y eso dio lugar a la modificación de nada menos que 66 artículos del Código Civil, promulgado en 1889, y que hasta esa fecha sólo había sufrido pequeñas reformas.

La Ley de 24/04/1958 dio lugar a la modificación de esos 66 artículos, más otros relacionados con ellos y que se hallaban en la Ley de Enjuiciamiento Civil y el Código de Comercio. Una de sus mayores innovaciones fue considerar la casa no como del marido, sino del matrimonio. Por tanto, el marido maltratador, podría ser expulsado de su vivienda por el juez.

Incluso, se aprobó que las mujeres viudas, que se casaran de nuevo, pudiesen seguir teniendo la patria potestad sobre sus hijos.

Desgraciadamente, no pudo conseguir la igualdad de trato, entre ambos cónyuges, por el adulterio cometido por alguno de ellos. Ya que la Ley penalizaba más duramente a la mujer.

A partir de entonces se dedicó a dar conferencias sobre el tema que trataba ese artículo y a escribir novelas. He de decir que escribía muy bien y que recomiendo la lectura de sus obras. Sobre todo, los tres volúmenes de sus memorias.

En 1960, consiguió que un tribunal eclesiástico anulara su matrimonio con Eduardo Llosent y en 1962 contrajo un nuevo matrimonio con José María González de Careaga y Urquijo. Un ingeniero industrial, que también fue alcalde de Bilbao. Ese matrimonio duró hasta la muerte de su esposo, ocurrida en 1971.

Desgraciadamente, esta mujer, que, por lo que se trasluce en sus obras, fue
una persona con una cultura envidiable y una memoria privilegiada, murió tal día como hoy, 22 de abril, pero de 2002, a causa de esa despiadada enfermedad que es el Alzheimer.

En 2014 se inauguró un busto suyo en su ciudad natal de Cádiz, justo frente a un centro de la mujer. Curiosamente, al año siguiente, el Ayuntamiento de esa ciudad, gobernado por Podemos, ordenó retirar su busto de la plaza del Palillero, donde podía verlo todo el mundo, e instalarlo dentro de la biblioteca de la Fundación de la mujer. Lo cual ocasionó fuertes críticas.

Incluso, un grupo de intelectuales de Málaga, pidió al Ayuntamiento de
Cádiz, que, si no iban a reinstalar su busto en el lugar de donde lo habían retirado, se lo cedieran para instalarlo en un lugar de honor de la ciudad de Málaga.

Por el contrario, en 2017, el Ayuntamiento de Madrid, presidido por la juez retirada Manuela Carmena, le dedicó una de las calles de la capital. Concretamente, muy cerca del parque de la Fuente del Berro. Parece ser que a esta antigua magistrada no le importó que Mercedes Formica hubiera sido una de las personas fundadoras de la Falange.

 

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