ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 6 de marzo de 2022

LA GUERRA RUSO-POLACA O NO SIEMPRE GANA EL MÁS FUERTE

 

Como ahora está de moda hablar de la guerra entre Rusia y Ucrania, varios amigos me han dicho que no creen que este último país pueda defenderse durante mucho 

tiempo de las embestidas del potente Ejército ruso. Así que voy a narrar un episodio histórico para demostrar que no siempre gana el más fuerte.

Vamos a irnos al final de la I Guerra Mundial. Todos sabemos que, a causa de ese grave conflicto, cayeron varias monarquías europeas. Una de ellas fue el Imperio Austro-Húngaro.

Ese Imperio englobaba diversos territorios, que aspiraban a ser independientes. Incluso, recibieron el apoyo del presidente de USA, aunque ese país no era todavía la gran potencia que es en este momento. De hecho, el presidente Woodrow Wilson, vino desde USA y se quedó varios meses en Europa para intervenir en la organización de la posguerra.

Por ello, esos nacionalismos dieron lugar a algunos de esos países que conocemos ahora, como los países bálticos, Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia y Hungría.

También hubo otros nacionalismos, que no llegaron a fundar, en ese momento, Estados independientes, como los casos de Bielorrusia o Ucrania.

Polonia había sido un Estado independiente hasta el siglo XVIII. Por entonces, se llamaba Mancomunidad polaco-lituana o también República de las dos naciones.

Sin embargo, como estaba rodeada por unos vecinos muy poderosos y con muchas ganas de expandirse, pues, poco a poco, la fueron reduciendo a la nada. Estos vecinos eran el Reino de Prusia, el Imperio Ruso y el Imperio Austríaco, que luego pasó a denominarse Imperio Austro-Húngaro.

Así que, por medio del Tratado de Versalles, se refundó Polonia como una especie de Estado tapón entre Rusia y Alemania. Sin embargo, le asignaron un territorio demasiado pequeño. Por ello, siguió habiendo millones de polacos, que vivían en los países de sus alrededores.

Todo ello, dio lugar a cierta hostilidad entre los polacos y sus vecinos, pues Polonia aspiraba a restaurar aquella Primera República, que le fue arrebatada en el siglo XVIII.

No obstante, el ambiente dentro de Polonia también era muy confuso, pues en los territorios que les habían asignado las potencias vencedoras de la Gran Guerra,

había numerosas minorías. Así que lo primero que hicieron las autoridades polacas fue intentar homogeneizar el país, pues esos territorios tenían un desarrollo muy diferente, unas normas legales dispares y hasta diferentes idiomas. Incluso, en unas zonas se utilizaba el alfabeto latino y en otras el cirílico.

Por eso, una de las primeras políticas adoptadas fue “polonizar” el país, despreciando las otras lenguas y promulgar normas de aplicación en todo el territorio. Incluso, se acuñó una nueva moneda.

Evidentemente, este intento de imponer la lengua polaca en todo el país fue muy contestada en las zonas donde habitaban las minorías rusas, alemanas y ucranianas. No olvidemos que el nuevo Estado polaco estaba asentado en territorios que antes fueron de Alemania, Rusia y el Imperio Austro-Húngaro.

A nivel político, había tres importantes movimientos. Sin embargo, todos se plegaron al hombre fuerte del país, que era el mariscal Pilsudski, el cual había sido encarcelado en Alemania, pero acababa de salir en libertad. Por tanto, fue nombrado presidente de la joven república polaca.

Al principio, Polonia, tuvo muchas dificultades económicas. No obstante, se beneficiaron de la ayuda económica y militar de Francia y el Reino Unido.

Por ello, el Gobierno polaco, optó por firmar pactos de no agresión con sus vecinos más importantes, o sea, Rusia y Alemania, mientras que mantuvo algunos enfrentamientos,

por motivos territoriales, con los más débiles, como Checoslovaquia o Lituania.

El ya mencionado Pilsudski tenía la intención de crear una especie de federación de Polonia con Bielorrusia, Lituania y Ucrania y así refundar algo parecido a aquella Primera República de Polonia.

Esos territorios estaban dentro de Rusia, pero querían aprovechar que ésta se hallaba enfrascada en la guerra civil, para intentar soltarse del abrazo del “oso ruso”. Aunque también hay que decir que, en algunos de esos territorios, como Ucrania, la gente estaba muy dividida entre unirse a Polonia o seguir perteneciendo a la Rusia soviética.

Por otro lado, hay que decir que buena parte de los territorios adjudicados a Polonia, le fueron arrebatados a Rusia, por el Tratado de Brest Litovsk, firmado con Alemania. Sin embargo, las potencias vencedoras no quisieron devolvérselos, mediante el Tratado de Versalles.

Así que ya tenemos claro un posible conflicto entre un nuevo país en expansión y otro que quiere recuperar los territorios perdidos en la I Guerra Mundial.

Por otro lado, hay que decir que en Alemania se estaba llevando a cabo una especie de revolución, que dio lugar a una pequeña guerra civil. Así que no sé si los comunistas alemanes llamaron a sus colegas rusos o, simplemente, fueron los rusos soviéticos los que quisieron ayudarles para imponer su ideología por toda Europa. Pero, claro, en medio de esos dos países estaba Polonia, que fue para lo que la refundaron las potencias vencedoras.

Como es de suponer, en 1919, Polonia y la Rusia soviética enviaron sus tropas a la frontera común entre ambas. La llamo la Rusia soviética, porque la URSS no se fundó hasta 1922.

Realmente, esas tropas soviéticas no tenían como objetivo atacar Polonia, sino las repúblicas que se habían proclamado en Ucrania, Lituania y Bielorrusia.

No obstante, el 14/02/1919, se produjo una escaramuza entre los ejércitos polacos y rusos, cerca de la ciudad bielorrusa de Bereza Kartuska. Eso dio lugar a una ofensiva del Ejército polaco, que, en muy pocos días, conquistó el oeste de Bielorrusia y el este de Lituania, incluida su capital, Vilnia. Posteriormente, también conquistaron varias zonas de Ucrania.

Por lo visto, Pilsudski no deseaba anexionarse Ucrania, sino sólo algunas regiones, que estaban pobladas por polacos. Así que hizo un pacto con Simón Petliura, líder de la independencia ucraniana, para luchar juntos contra los rusos.

Parece ser que esta alianza, que estaba apoyada por los países vencedores de la Gran Guerra, dio buenos frutos. En el verano de ese año, ya les habían arrebatado Kiev y Minsk a los soviéticos.

Hay quien dice que no quisieron penetrar aún más, porque creyeron que el Ejército Blanco, o sea, los partidarios del zar, estaban a punto de vencer a los soviéticos. Sin embargo, los soviéticos les vencieron en noviembre, cuando ya estaban cerca de Moscú y ahí terminó la guerra civil rusa.

En ese momento, empezó una tensa espera. Los Aliados apoyaron la frontera propuesta por lord Curzon. Sin embargo, eso suponía que los polacos tendrían que dar marcha atrás y no la aceptaron.

El Gobierno soviético presentó un plan de paz al Gobierno polaco. Sin embargo, Pilsudski no lo aceptó, porque sabía que los rusos querían ganar tiempo para trasladar una gran cantidad de tropas hacia esa zona. Así que, en enero de 1920, dio la orden de atacar y conquistar Letonia, que había sido ocupada por los rusos.

Entre marzo y mayo de aquel año, las tropas polacas, entre las que había muchos reservistas, conquistaron casi toda Ucrania y se la devolvieron a su aliado, Petliura.

Sin embargo, a mediados de mayo, los soviéticos tomaron la iniciativa. El joven general Tujachevski, atacó a los polacos por la izquierda y el general Budienny lo hizo por la derecha. Todo eso hizo que el Ejército polaco se retirase y se atrincherase en las afueras de Varsovia.

Se dice que Tujachevski pronunció esta arenga a sus tropas: “En el oeste se desconoce la suerte de la revolución general y por el cadáver de Polonia cruza el camino hacia el incendio mundial. ¡A Vilnius, Minsk y Varsovia marchemos!”

Evidentemente, los rusos, que nunca tomaron muy en serio al Ejército polaco, ya veían muy cerca su victoria y hasta nombraron a dos conocidos comunistas para que liderasen una especie de república soviética en Polonia. Uno de ellos fue el infame Félix Dzerzhinski, creador de la Cheka, que luego se llamó NKVD y después KGB. No obstante, nunca gozaron del apoyo de los polacos.

Esto alarmó mucho al Consejo Supremo Aliado, el cual propuso, de nuevo, la frontera presentada por lord Curzon. Sin embargo, cuando el general francés Weygand se trasladó a Varsovia, el Gobierno polaco había sido sustituido por otro más nacionalista. Eso dio lugar a una ola de nacionalismo, que consiguió reunir a más de 1.000.000 de voluntarios para defender Polonia. Parece ser que a esto también ayudó la postura de la Iglesia católica polaca, que animó a muchos de sus fieles a tomar las armas contra los comunistas. De hecho, los obispos polacos firmaron la siguiente carta, dirigida al resto del mundo: “Polonia es el último obstáculo para la manifestación bolchevique al mundo y, si éste se rompe, el comunismo se extenderá por todos los países con olas de destrucción”.

Estaba muy claro que los polacos, como ahora los ucranianos, luchaban por defender su tierra, mientras que los rusos eran unos meros invasores.

En el frente sur, estaba como comisario de ese Cuerpo de Ejército soviético un personaje que, desgraciadamente, luego se hizo demasiado famoso, Josef Stalin. La sede central de esa unidad militar se instaló en Lvov, Ucrania.

De nuevo, Pilsudski tomó la iniciativa. Atravesó las líneas soviéticas por el río Vístula e intentó rodearlos. Así que Tujachevski tuvo que dar la orden de retirada, para replegar sus tropas, a fin de no ser rodeadas. Lo que provocó una huida muy desordenada entre las tropas rusas. A esto se le llamó “el milagro sobre el Vístula”.

Uno de los observadores militares, que se hallaban en Polonia, fue el futuro general De Gaulle, el cual anotó lo siguiente: “El enemigo, totalmente sorprendido con el panorama, al ver sobre su flanco izquierdo a los polacos, de quienes creía que se habían dispersado, en ninguna parte ofrece seria resistencia, escapa desmoronado en todos los lados o se entrega con todas las divisiones”.

El general Sikorski, del que hablé en otro de mis artículos, derrotó a los rusos en Volinia y Galitzia, mientras que las tropas de Pilsudski continuaban con sus victorias por el norte. Así que, a finales de septiembre, las tropas soviéticas tuvieron que refugiarse  en Bielorrusia.

Ciertamente, fue una gran victoria de las tropas polacas y ucranianas contra la potente Rusia soviética a la que ganaron contra todo pronóstico. Como se suele decir, los rusos, corrieron con el rabo entre las patas.

Sin embargo, estaba claro que Polonia no podría aguantar más meses de guerra y aceptó la propuesta de Lenin para firmar un armisticio. La firma de éste tuvo lugar en octubre de 1920. Posteriormente, ambas partes firmaron en Riga un tratado de paz en marzo de 1921. Éste permaneció vigente hasta la II Guerra Mundial.

Como ocurre siempre, no todos salieron contentos. Pilsudski y sus seguidores, que anhelaban recuperar los territorios de la Primera República Polaca, tuvieron que conformarse con algunos de los territorios obtenidos en esta contienda. Tampoco los ucranianos consiguieron su independencia de la Rusia soviética, aunque muchas zonas, donde vivían muchos ucranianos, pasaron a ser de Polonia.

Algunos autores dicen que este conflicto fue muy importante para pararle los pies a los bolcheviques, pues su intención era invadir toda Europa. Empezando por Alemania.

Lord Edgar d’Abernon, que era el embajador del Reino Unido en Polonia dijo: “Si la batalla por Varsovia hubiera culminado con el triunfo de los bolcheviques, habría cambiado la historia de Europa…No se puede poner en duda que, en 1920, Polonia salvó a Europa”.

El propio mariscal Tujachevski dijo: “No cabe la menor duda de que, si hubiéramos triunfado sobre el Vístula, la revolución se habría encendido en todo el continente europeo”.

Esta aplastante derrota del Ejército Rojo hizo recapacitar a sus líderes. De esa manera, dejaron atrás la doctrina del comunismo de guerra para crear lo que llamaron

Nueva Política Económica, que fue mucho más moderada que la anterior.

Siempre he creído que el infame episodio de la matanza de las fosas de Katyn, tuvo algo que ver con el deseo de revancha de los soviéticos, porque allí asesinaron a muchos de los oficiales polacos, que les vencieron en esta guerra.

Como dijo Lenin: “La metodología idónea para implantar el socialismo es el terror de masas, un terror sin límites basado en una violencia total y despiadada para destruir a los oponentes y atemorizar a la población”.

Con esto, he querido demostrar que no siempre el pez grande se come al chico. También le doy mi solidaridad al pueblo ucraniano, que está luchando bravamente contra un enemigo muy superior. Todo ello, sin que los gobernantes de los países occidentales quieran hacer nada para impedirlo. En pocas palabras, ¡una auténtica vergüenza!

 

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martes, 1 de marzo de 2022

ANTONIO VERARDINI DÍEZ-FERRETI, UN PERSONAJE CON UNA VIDA MUY PECULIAR

 

Hoy voy a narrar la biografía de un personaje del que parece haber muchos datos, sin embargo, creo que la mayoría de ellos no son muy fiables.

Empezaré como de costumbre. Nuestro personaje, cuyo nombre ya he indicado en el título, nació en 1910 en Madrid.

Su familia parecía muy acomodada. Su padre era un ingeniero italiano, mientras que su madre era una persona que siempre buscó dar la mejor formación a sus 5 hijos supervivientes de los 8 habidos en el matrimonio.

Antonio realizó sus estudios en el famoso ICAI. Un prestigioso centro educativo regentado por los jesuitas y situado en Madrid.

Sin embargo, parece ser que no le gustaba mucho la disciplina propia de ese colegio y no terminó allí sus estudios de Ingeniería. Según parece, se graduó como ingeniero mecánico en París.

Por lo visto, tampoco se llevaba muy bien con su padre, porque era muy conservador y muy estricto y, como respuesta, adoptó una ideología anarquista.

Parece ser que esa ideología fue la que le impidió permanecer mucho tiempo en ciertos trabajos y la que le llevó a la cárcel. Aunque algunos autores afirman que lo condenaron por estafar a varias empresas.

En 1931, conoció en la Cárcel Modelo de Madrid al líder anarquista Cipriano Mera, el cual había sido encarcelado por motivos políticos. Concretamente, por ser uno de los organizadores de una huelga general en el sector de la construcción, en plena época republicana.

Ciertamente, en esa época, había presos políticos en España, pero ahora no. Aunque los indepes catalanes opinen lo contrario.

Precisamente, ahí nació una gran amistad entre ambos personajes, la cual le fue muy valiosa a Antonio para superar muchos obstáculos en su vida.

También coincidió en esa prisión con el famoso financiero Juan March, al que el Gobierno republicano pretendía arrebatarle toda su fortuna.

Parece ser que March dedicaba la mayor parte de su tiempo a pensar cómo escapar de allí. Cuando se aproximaban las Navidades, se puso muy triste, porque no le quisieron dar un permiso para pasarlas con su familia.

No sé si Verardini se dio cuenta de ello, pero lo cierto es que provocó una anécdota que suena a chiste, pero que ocurrió en realidad.

Unos días antes de las Navidades, el restaurante Lhardy, de Madrid (aunque también hay otra versión que dice que fue el Hotel Palace, también en Madrid), recibió una carta que decía:

“Muy señores míos:

Les agradeceré que envíen el próximo día 24 a D. Antonio Verardini, en la prisión celular (nº 875, 5ª galería), una cena para dos personas, remitiéndome a mi domicilio la factura.

No le manden vinos, pues no lo permite el reglamento de la prisión, pero mándenle con la cena algunos cigarros habanos.

Firmado: Juan March.”


El caso es que, al día siguiente, se presentó una furgoneta de ese lujoso restaurante en la puerta de la Cárcel Modelo de Madrid.

March quedó muy sorprendido y más cuando le mostraron la carta que habían recibido en su restaurante. Desde luego, él mismo reconoció que la firma era igual que la suya, sin embargo, él no había firmado eso.

Así que se lo tomó con deportividad, porque, a pesar del precio de la factura, no suponía mucho para su enorme fortuna. Incluso, dado que el pedido era demasiado para dos, lo compartió con varios presos.

Ciertamente, eso le valió para que muchos presos cambiaran la mala opinión, que siempre habían tenido de él.

Para el que tenga curiosidad, he de decirle que March no consiguió escapar de esa prisión. Sin embargo, en 1933, fue trasladado a la cárcel de Alcalá de Henares. Allí logró comprar a uno de los funcionarios y salir, tranquilamente, por la puerta principal camino del exilio.

Como en muchos otros casos, la guerra civil, fue un acontecimiento que aprovechó Verardini para dar rienda suelta a su imaginación y donde prosperó mucho.

No está muy claro, pero, según dicen, Verardini había sido cabo en la Legión española. Así que conocía muy bien el manejo de las armas.

Por ello, en muy pocos días, las milicias anarquistas, le ascendieron a comandante, dado que enseñó a sus compañeros el manejo de las armas, que les habían sido cedidas por el Gobierno. Incluso, le condecoraron, al ser herido en un combate en la provincia de Cuenca.

Volviendo a los días de la Cárcel Modelo de Madrid, allí coincidió con otro preso, llamado Alfonso López de Letona, que también había sido condenado por estafa. Así que, como es natural, se hicieron muy amigos. Como dice el refrán: Dios los cría y ellos se juntan.

Parece ser que, cuando Verardini pensó, en noviembre de 1936, que los nacionales iban a entrar, inmediatamente, en Madrid, fue a refugiarse a casa de Alfonso.

Unos días después, salió de allí al ver que los milicianos habían conseguido detener a las tropas nacionales en el frente.

Posteriormente, Verardini, fue nombrado responsable de los servicios especiales del Ministerio de la Guerra y se acordó de su amigo Alfonso a fin de llevarlo consigo.

Curiosamente, Alfonso, había sido secretario y guardaespaldas del político monárquico Goicoechea y hasta, según dicen, pistolero de Falange. Sin embargo, el aval de Verardini le sirvió para luchar en el bando republicano.

Por lo visto, sus actividades se centraban en buscar y detener a los miembros de la Quinta Columna, a los desertores y a los derrotistas.

Parece ser que fue Verardini el que tuvo la brillante idea de atraer a los quintacolumnistas escondidos por todo Madrid, creando una falsa embajada, donde acudieran todos, pensando que estarían seguros allí.

A Alfonso se le ocurrió que, para ello, podrían utilizar el edificio de un hotel, situado en Juan Bravo, 12 de Madrid. Este hotel le había sido requisado por la CNT al padre de un cuñado de Alfonso.

Antes de hacer correr la voz para que los quintacolumnistas se refugiaran en la “Embajada de Siam”, que es como la habían llamado, inventándose un país inexistente, instalaron micrófonos en todas las habitaciones de ese edificio.

En aquella “embajada” trabajarían el propio Verardini, que se hacía llamar Dr. Gerard Koplovitz y que decía ser el secretario general de la misma. Por debajo de él estaban varios agentes. Uno que hacía de administrativo, otro de chófer y una mujer, que hacía de cocinera. Lógicamente, todos ellos eran de la CNT.

López de Letona, que procedía de una buena y reconocida familia, tenía muchas amistades entre el empresariado y la nobleza. Así que no le costó mucho convencer a varias decenas de personas para que se refugiaran en ese edificio. Haciéndoles ver que estarían más seguros en una “embajada” extranjera. Como tantos otros miles, que se habían refugiado en varias embajadas de las que había en Madrid.

Así que, de esa manera, consiguió reunir a una veintena de personas, los cuales pensaron que allí estarían más seguros.

Sin embargo, a primeros de diciembre de 1936, el general Miaja, se enteró de lo que estaba ocurriendo allí y la idea de montar una falsa embajada no le gustó absolutamente nada. Así que Manuel Salgado Moreira, el jefe de Verardini, le dio la orden de clausurarla.

No se les ocurrió cosa mejor que montar una especie de asalto a la “embajada”. Así, alrededor de las 21.00 del 08/12/1936, se presentaron dos camiones repletos de milicianos anarquistas, los cuales penetraron, sin ninguna oposición, en el interior del edificio.

Lo cierto es que detuvieron a todos los allí congregados y, según parece, los fueron fusilando en los días siguientes, porque sus cadáveres fueron apareciendo en diversos lugares de Madrid. Parece ser que esta gente solía asesinar a sus víctimas en la carretera de Hortaleza o en la zona de El Pardo.

Hoy en día, nos puede asombrar que en la guerra civil se asaltaran sedes diplomáticas extranjeras, sin embargo, eso ocurrió en varias ocasiones, como en los casos de la de Alemania o la de Finlandia. Esta última fue asaltada unos días antes de hacer lo mismo en la “embajada de Siam”.

Por lo visto, algunas de estas embajadas y consulados se encontraban sin su personal habitual y se habían hecho cargo de ellas algunos españoles, que eran trabajadores de las mismas. Parece ser que todo era un negocio. Esos trabajadores les exigían una cuota a los refugiados y luego pagaban a los jefes de los milicianos para que no las asaltaran. Evidentemente, cuando ya no podían pagar más, las asaltaban.

Algo parecido a lo que ocurría con los reinos cristianos y los de taifas, durante la Edad Media en España.

Parece ser que las actividades de esa “embajada” ya fueron conocidas durante la guerra. A finales de 1937 y comienzos de 1938, un juzgado especial de la zona republicana, inició un proceso por unos casos de espionaje y fueron llamados a declarar Manuel Salgado y Verardini.

Ambos fueron interrogados, en calidad de testigos, por el juez de instrucción sobre el caso de la “embajada” y ellos respondieron a todas las preguntas del juez.

Curiosamente, varios miembros de la Quinta Columna declararon, en la posguerra, que Manuel Salgado, que fue uno de los jefes del contraespionaje republicano, protegió a varios conocidos personajes de derechas y siempre los llevaba consigo a donde quiera que lo destinaran. Obviamente, estaba preparando tener una coartada para salvarse en la posguerra. No obstante, se exilió, por si acaso.

Como ya dije, a Verardini, también le rindió sus frutos su amistad carcelaria con Cipriano Mera. Cuando éste fue nombrado jefe del IV Ejército republicano, se llevó a Verardini como jefe de su Estado Mayor. Es el que aparece a la izquierda de la foto, con las piernas abiertas.

En aquel Madrid tan incierto, donde una vida humana no valía absolutamente nada, conoció a una guapa joven, llamada Antonia Bronchalo Lopesino. Seguramente que, ese nombre no os dirá nada, pero ya veréis cómo luego fue un personaje muy conocido a nivel mundial.

Según algunos autores, la pareja llegó a casarse en octubre de 1937, aunque ya sabemos que aquellos matrimonios, que se realizaron durante el período republicano, no fueron luego reconocidos por el franquismo.

Parece ser que el evento tuvo lugar en la sede del cuartel general de la 33 División del Ejército republicano y al mismo asistieron algunos personajes muy conocidos, como el general Miaja o Cipriano Mera. También algunos de aquellos asesores soviéticos, que estaban por todas partes. Aparte de ello, también fueron a la boda el resto de sus compañeros en el Estado Mayor.

Por lo visto, en cierta ocasión, los milicianos detuvieron a Verardini en su casa, cuando estaba con su esposa, acusándole de que tenía en su poder documentos del Estado Mayor. Supongo que éste sería un episodio más de la rivalidad declarada entre los comunistas y los anarquistas en medio de un Madrid asediado por las tropas nacionales.

Así que el propio Cipriano Mera, al mando de varias decenas de milicianos, tuvo que presentarse en la Consejería de Orden Público para conseguir que dejaran en libertad a Verardini. Llamó a Miaja y éste dio la orden para que se le pusiera en libertad.

Parece ser que, al final de la guerra, la pareja ya no se llevaba demasiado bien y se separaron. Antonia se quedó en Madrid, mientras que Verardini fue uno de los afortunados que consiguió escapar hasta Argelia, donde fue recluido en un campo de concentración de los franceses. De allí salió para alistarse en la Legión extranjera, participando en la II Guerra Mundial.

Al término de la misma, se fue a vivir a París, donde trabajó como ingeniero. No olvidemos que hablaba francés perfectamente. Parece ser que murió a mediados de los años 80, cuando se hallaba ingresado en una residencia de ancianos.

Nunca se rompió su amistad con Cipriano Mera. Incluso, este último lo mencionó en varias ocasiones en sus memorias, “Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista” (1976). Precisamente, en ese texto, narra la boda de Verardini.

En la posguerra, Antonia Bronchalo, intentó dedicarse al cine y, de hecho, trabajó en algunas películas. Para ello, utilizó el nombre artístico de Lupe Sino, que seguro que ya les sonará a algunos.

Efectivamente, fue la novia del famoso torero cordobés, Manuel Rodríguez Manolete, al que siguió en sus giras por América, aunque nunca llegaron a casarse. Algo muy mal visto en aquella época.

Parece ser que ella nunca fue muy apreciada por algunas personas muy influyentes, como la mujer de Franco. Así que optó por emigrar a México, donde se casó con un millonario.

Años después, regresó a España. Murió en Madrid, en 1959, unos días después de haber sufrido un grave accidente de tráfico. Parece ser que conducía el vehículo el famoso actor Arturo Fernández.

 

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sábado, 19 de febrero de 2022

HARRIET TUBMAN, UNA MUJER CON MUCHO CORAJE

 

Hoy voy a narrar la historia de una mujer de pequeña estatura, pero que, gracias a su gran coraje, eso no le impidió ayudar a mejorar la sociedad en la que vivió.

Nació alrededor de 1820 en una granja situada en el Estado de Maryland. Curiosamente, aunque este Estado se encuentra situado al NE de USA y al norte de Washington DC, durante la guerra civil, luchó en el bando de los federales, sin embargo, siempre fue esclavista. Igual que también hubo algunos Estados del sur que no fueron esclavistas.

Como ya sabrán mis lectores, casi todos los implicados en el asesinato del presidente Lincoln procedían de ese Estado.

Sus abuelos habían nacido en África, concretamente en una aldea de la actual Ghana y allí habían sido capturados y esclavizados. Por esa razón, Harriet nació esclava.

En un principio, a nuestro personaje la llamaron Arminta Ross, sin embargo, a los 11 años, eligió llamarse como su madre, Harriet.

A los 5 años ya fue alquilada por su dueño a los propietarios de otras granjas cercanas. Allí se dedicaba a cuidar niños y le daban una paliza cada vez que esos niños se ponían a llorar.

Parece ser que, en cierta ocasión, se le ocurrió probar un poco de azúcar. Algo que desconocía. La descubrieron y le dieron tal paliza que la mandaron con su madre. Ya no la volvieron a enviar a cuidar niños, sino a trabajar en el campo.

Parece ser que fue su padre el que la enseñó a orientarse en el campo, por medio de las estrellas. Algo que le sería muy útil en el futuro.

Según contaba, cuando tenía unos 15 años, se interpuso entre un chico negro y un capataz, que quería darle una paliza. Éste le iba a dar un golpe con una barra de hierro, pero el golpe se lo llevó ella en la frente. Casi la mata y eso le provocó insomnio y fuertes dolores de cabeza durante toda su vida. También le hizo tener algunas visiones, que decía que eran revelaciones de Dios.

Curiosamente, un negro libre se enamoró de ella y se casaron. No obstante, a pesar de ser libre, su marido resultó tan esclavista como sus dueños.

En 1849, murió el terrateniente que la tenía como esclava. Como su viuda decidió deshacerse de algunos bienes, entre ellos, varios esclavos, Harriet decidió escapar para que no la enviasen al sur, donde todos eran esclavistas y la iban a tratar mucho peor.

Parece ser que quiso convencer a sus hermanos varones para que huyeran con ella, pero no se decidieron. Así que se fue sola hacia el norte, hasta alcanzar la frontera con Pensilvania. Allí encontró trabajo como sirvienta en una casa de Filadelfia.

En 1850, el Gobierno USA, aprobó la Ley de esclavos fugitivos, que castigaba a los que huyeran y a los que les acogieran. Esa Ley se aplicaba en todo el país, incluso, en los Estados no esclavistas. Así que ella empezó a colaborar con el llamado “ferrocarril subterráneo” y, en muchos casos, condujo a los esclavos liberados a Canadá.

Realmente, no se trataba de un ferrocarril, sino del camino por donde escapaban los esclavos de las plantaciones del sur de USA. Le llamaban así, porque los organizadores utilizaban términos propios de los ferroviarios para comunicarse entre ellos.

Llamaban conductores a los que dirigían a esos esclavos hacia la libertad. Las estaciones eran los lugares donde podían esconderse de sus perseguidores y donde poder reposar con tranquilidad.

Parece ser que muchas mujeres colaboraron tendiendo colchas en sus ventanas, para indicarles por dónde tenían que marchar. Entre esos colaboradores había muchos cuáqueros.

Ciertamente, era una actividad muy arriesgada, no sólo porque los podrían alcanzar y capturar sus perseguidores, sino también porque los podrían detener y llevarlos ante la Justica, ya que era algo ilegal.

Desgraciadamente, los esclavistas, cada vez pusieron más empeño en encontrar a los fugitivos a los cuales seguían por medio de perros. A los que capturaban solían marcarles la letra R en la frente, con un hierro candente e, incluso, cosas peores, como amputaciones de extremidades.

Harriet siempre quiso liberar a su familia. En 1851, consiguió salvar a su hermana y a los hijos de ésta.

Por lo visto, durante 8 años, participó en 19 expediciones y consiguió rescatar a unas 200 personas. Entre ellas, a todos los miembros de su familia. Sin importarle que los esclavistas pusieran un alto precio a su cabeza.

Como los esclavos llamaban “río Jordán” al río Ohio, que era el que tenían que atravesar para conseguir su libertad, a ella la apodaron Moisés.

Posteriormente, entra en escena un senador, llamado William H. Seward.  Seguro que a algunos les sonará, pues ya me referí a él en los artículos dedicados a Lincoln, dado que también intentaron matarle, por ocupar el cargo de secretario de Estado.

Así que Seward, que era un convencido abolicionista, le consiguió una vivienda para que residiera su familia en Auburn, en el Estado de Nueva York.

Aunque parece que todos confiaban en ella, siempre hubo alguno que quiso darse la vuelta, lo cual era un grave problema, porque le podrían hacer confesar por dónde discurría el camino del famoso “tren subterráneo”.

Por ello, ella siempre llevaba unos ayudantes armados con la orden de que dispararan a los que quisieran dar la vuelta. Nunca hubo necesidad de disparar a nadie y todos llegaron a su destino.

No obstante, tampoco solían encontrar los esclavos liberados un paraíso, al llegar a un Estado abolicionista. Por ejemplo, en Filadelfia hubo bastantes peleas entre esos esclavos liberados y los inmigrantes irlandeses pobres, ya que, estos últimos, les acusaban de dejarles sin trabajo.

Harriet recibió muchos elogios de Frederick Douglas, un antiguo esclavo, que ahora era un líder abolicionista y que, por lo visto, albergó a algunas de sus expediciones en su propia casa.

También colaboró con el famoso líder abolicionista John Brown. Éste pretendía sublevar a los esclavos para intentar crear una especie de nuevo Estado, donde se podrían asentar los que hubieran sido liberados.

Sin embargo, quiso empezar su rebelión con un asalto a un arsenal y fábrica de armas, situado en Harpers Ferry (Virginia Occidental). Lo cierto es que fracasó y, tras atrincherarse en esas instalaciones, fue detenido por unas fuerzas al mando del entonces teniente coronel Lee. Posteriormente, fue juzgado, condenado y ejecutado.

Lógicamente, desde el comienzo de la guerra civil, Harriet, apoyó al bando nordista, porque esperaba que abolieran pronto la esclavitud. De hecho, no le gustó nada que Lincoln se demorase tanto en hacerlo.

En un principio, ofreció sus servicios como cocinera y enfermera. Más tarde, acompañó a algunas expediciones militares. Como la que transcurrió a través del río Combahee. Parece ser que guió a una unidad militar federal a través de Carolina del Sur.

El recorrido lo realizaron a bordo de varios barcos de vapor desde los cuales incendiaron algunas plantaciones y varios arsenales y almacenes de suministros.

Posteriormente, como ella ya se había puesto, previamente, en contacto con los esclavos de la zona, cuando los barcos hicieron sonar sus silbatos, todos ellos se fueron corriendo a abordarlos para escapar de las plantaciones. Ante la mirada de sus dueños, que no pudieron hacer nada para impedirlo. 


De esa manera, consiguieron liberar a más de 700 esclavos en una sola jornada.

También hizo labores de espionaje, que sirvieron al Ejército federal para conseguir vencer con mayor facilidad al confederado.

En 1869, fue víctima de un altercado racista. Cuando se dirigía, en tren, a Nueva York para visitar a su familia, el conductor quiso obligarla a que viajara en el vagón de equipajes, a lo que ella se negó. Al forcejeo se unieron varios pasajeros. Al final, le rompieron un brazo y la lanzaron al vagón de equipajes. Incluso, hubo algunos pasajeros que pidieron al conductor
que la expulsara del tren.

Este hecho fue recordado, cuando ocurrió el incidente de Rosa Parks, del que hablé en otro de mis artículos.

Desgraciadamente, el Gobierno USA, siempre se mostró muy reticente para reconocer sus servicios y tardó mucho en reconocerle una pensión. Por ello, Harriet siempre tuvo que vivir en la pobreza.

Para poder sobrevivir, tuvo que acoger huéspedes en su casa. En cierta ocasión, tuvo un huésped, que también había sido esclavo, pero que luego luchó en un regimiento del norte. Aunque él era mucho más joven que ella, se enamoraron y se casaron.

Desgraciadamente, el matrimonio duró menos de 20 años, porque su marido murió a causa de la tuberculosis.

Sin embargo, dado que se había quedado viuda de un antiguo combatiente federal, sus amigos consiguieron que la reconocieran como tal y también que había realizado algunos servicios para el Ejército nordista. Eso le hizo beneficiaria de una modesta pensión para poder sobrevivir.

Sus últimos años los dedicó a apoyar el movimiento sufragista femenino. Eso le volvió a dar notoriedad, pues varios periódicos elogiaron su conducta.

Según dicen, a finales de la década de 1890, fue operada de la cabeza para intentar disminuir esos dolores, que cada vez eran más fuertes. Incluso, dicen que lo hicieron sin anestesia, tan sólo mordiendo una bala, como hacen en las películas. Así que eso no me parece muy creíble.

En 1911, ya se sentía muy débil y enferma y fue admitida en una residencia de ancianos. Parece ser que era muy pobre, así que, cuando se enteraron sus seguidores, hicieron una campaña en la que consiguieron muchas donaciones.

Desgraciadamente, murió de neumonía a mediados de marzo de 1913.
Fue enterrada en el cementerio de Auburn con honores militares.

Hoy en día, es una de las mujeres más famosas de USA. Todavía se conservan muchos lugares por donde transcurrió su vida y están catalogados como lugares históricos protegidos.

En 2016, se aprobó una iniciativa para insertar su efigie en los billetes de 20 dólares USA. Sin embargo, luego no se decidieron a ponerla en marcha.

También se han escrito libros, obras de teatro, series de televisión, etc, donde se narra la vida tan aventurera que tuvo.

Su imagen también ha aparecido en murales y esculturas por todo el país. Incluso, fue la primera mujer afroamericana, cuya imagen apareció en un sello de Correos de USA.

La Iglesia Episcopal la ha nombrado santa y celebra su día el 20 de julio. Incluso, el Estado de Nueva York la recuerda cada 10 de marzo.

Su nombre aparece en el Salón de la Fama de la mujer, en el de Maryland y hasta en el de la Inteligencia militar USA.

 

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martes, 1 de febrero de 2022

OLEG PENKOVSKI, EL AGENTE QUE NOS LIBRÓ DE LA TERCERA GUERRA MUNDIAL

 

Hoy voy a narrar la vida de un personaje al que todos le debemos mucho. Tal y como he indicado en el título de este artículo.

Oleg Penkovski, nació en 1919 en Vladikavkaz, capital de Osetia del norte. Una región de la antigua URSS y que ahora pertenece a Rusia.

Desgraciadamente, Vladimir, el padre de nuestro personaje murió luchando, como oficial del Ejército Blanco, durante la guerra civil rusa, que tuvo lugar entre 1917 y 1923.

Evidentemente, éste fue un dato que siempre escondió Oleg, para que no fuera utilizado en su contra por los líderes del PCUS.

De esa forma, consiguió estudiar en la prestigiosa Academia de Artillería, de Kiev. Graduándose y afiliándose al PCUS en 1939.

Eso le dio la oportunidad de participar en la llamada Guerra de invierno, contra Finlandia y, posteriormente, en la guerra contra los invasores alemanes. 

Todo ello, dentro de la II Guerra Mundial.

Parece ser que sus superiores vieron en él a un joven con mucho valor y un gran talento. Esto le sirvió para acabar la guerra con el empleo de teniente coronel.

Aunque fue herido al final de ese conflicto, eso no le impidió continuar con su carrera militar.

Supongo que la visión de su talento, que habían observado sus superiores, fue lo que le llevó a ser admitido en la Escuela de Estado Mayor y, posteriormente, en la de los servicios de Inteligencia.

Parece ser que era un tipo simpático, que solía caerle bien a todo el mundo. Así que hizo muchos amigos en aquel centro.

Su primer destino fue en la agregaduría militar de la Embajada de la URSS en Turquía. Parece ser que allí chocó con su jefe y ambos fueron enviados a otros destinos.

En 1959, le propusieron ir destinado a la India y él, enseguida, aceptó esa propuesta. El problema fue que a la KGB se le ocurrió investigar a fondo su pasado y descubrieron que su padre no había sido un héroe de la URSS, sino todo lo contrario. Así que eso arruinó sus planes.

Gracias a sus amistades en el GRU (Servicio de Inteligencia militar) logró que no lo expulsaran y le buscaron acomodo en un departamento dedicado al espionaje de los progresos occidentales en el campo de las armas nucleares.

No sé si esto le llevaría a algún tipo de depresión o sólo fue causado por el enfado surgido desde que descubrieron el pasado de su padre, lo cierto es que empezó a criticar al líder soviético Kruschev. Algo que, obviamente, no estaba permitido en su país.

Por un lado, criticaba la actitud de Kruschev, porque pensaba que quería llevar a su país a una guerra contra USA.

Por otro, también criticaba al régimen comunista, diciendo que su política económica iba a destruir a su país.

Lógicamente, esto no lo iba diciendo por ahí, sino que sólo se limitaba a escribirlo en su diario personal.

Supongo que también habría influido en su forma de pensar, que el descubrimiento de los agentes del KGB había truncado su sueño de llegar a verse como general.

En 1960, fue enviado al aeropuerto de Moscú para recibir a un grupo de empresarios y representantes británicos, en viaje de negocios a la Unión Soviética.

Hay que decir que Oleg hablaba muy bien inglés y su misión era intentar conseguir que alguno de esos empresarios le diera alguna información sobre los avances industriales en Occidente.

Entre los miembros de ese grupo, se hallaba un representante británico, llamado Greville Wynne, con el que muy pronto labró una buena amistad.

Al término de ese contacto, ambas partes quedaron en devolver la visita. Consistente en que un grupo de empresarios soviéticos visitara el Reino Unido.

Parece ser que los encargados de organizarla fueron Oleg y Greville. Los preparativos llevaron varios meses, lo cual fue tiempo más que suficiente para que se conocieran mejor y Oleg le expresara sus opiniones acerca del régimen soviético.

A mediados de 1961, Greville, que ya había tenido contactos con el MI6 (Servicio de espionaje de la Inteligencia británica), organizó una cita entre ellos y Oleg, cuando éste viajase a Londres.

Los británicos se pusieron en contacto con la CIA, para que también acudiera a esa cita.

Por lo visto, antes de que Oleg conociera a Greville, había dado un sobre a unos estudiantes USA, que residían en Moscú, para que lo entregaran en su Embajada.

Sin embargo, las autoridades USA, no le prestaron mucha atención, pensando que podría ser una jugada orquestada por la Inteligencia soviética. No olvidemos que ambas potencias estaban en plena Guerra Fría.

Así que, tras la llegada de la comitiva soviética, encabezada por Oleg, éste se dedicó a llevarlos a todas las empresas que querían visitar.

Sin embargo, por la noche, se reunía con los enviados del MI6 y de la CIA para contarles lo que querían saber sobre la URSS. Esas charlas se repitieron todas las noches, durante las dos semanas que duró ese encuentro entre empresarios de los dos países.

Por fin, Oleg, consiguió convencerles de la autenticidad de sus intenciones. Así que le suministraron diverso material de espionaje, como unas diminutas cámaras fotográficas. También los lugares seguros, donde pudiera depositar las fotos que fuera realizando.

A su regreso a Moscú, Oleg, consiguió fotografiar todo tipo de documentos y fotografías sobre el armamento soviético. Algo que interesó mucho a la CIA y al MI6.

En julio de ese mismo año, Oleg, volvió a Londres, encabezando otra expedición de empresarios soviéticos.

Esta vez les trajo mucha más información y les dijo que el total del armamento nuclear soviético era mucho menor que el que presumían tener las autoridades de su país.

Estamos en una época muy tensa, donde, de la noche a la mañana, los rusos levantaron el infame Muro de Berlín.

Lo que les siguió diciendo Oleg es que Kruschev no pretendía meter a su país en una guerra mundial, porque sabía que la perdería, ya que tenía menos y peores armas que los USA.

Parece ser que, a mediados de 1962, empezó a sospechar que le estaban siguiendo los agentes del KGB. No obstante, siguió colaborando con la Inteligencia occidental.

En septiembre de 1962, Oleg se enteró de que Kruschev había ordenado el despliegue de varios misiles en Cuba. En aquel asunto, era muy importante la discreción, por parte soviética, para que USA no pudiera interferir en el transporte de esos misiles.

Por lo visto, los soviéticos, también tenían agentes infiltrados en la Inteligencia USA y estos les advirtieron de que los americanos habían fotografiado los emplazamientos de misiles en Cuba desde sus aviones espías U-2.

Por ello, el presidente Kennedy, apareció en televisión para informar sobre la instalación de misiles soviéticos en Cuba, que es una isla que está a unos 150 km de las costas de Florida. 

Esos misiles eran muy peligrosos, porque podrían alcanzar cualquier punto de los USA, mientras que las defensas de ese país apenas tendrían tiempo para interceptarlos.

Así que ordenó que la Armada USA controlase y registrase todos los barcos que se dirigieran a Cuba.

Fue un momento de mucha tensión, pues Kruschev no quería dar su brazo a torcer. Así que no quería ordenar que sus barcos regresaran a sus puertos. Incluso, amenazó con que un ataque a alguna de sus naves significaría la guerra entre ambas potencias.

Afortunadamente, los dos líderes entraron en razón. Kruschev se comprometió a dar la orden a sus barcos, para que regresaran a la URSS, aparte de llevarse sus misiles de Cuba. Kennedy también ordenó que se desmontaran los misiles que tenían instalados en Turquía.

Estaba muy claro que alguien les habría advertido a la CIA y además, les habría dicho dónde buscarlos y ese alguien estaba infiltrado en la Inteligencia soviética.

El KGB, que llevaba mucho tiempo sospechando de Oleg, le metió algún tipo de veneno en la comida, que estaba tomando en un restaurante, lo que le provocó un desvanecimiento en su propio despacho.

Acto seguido, fue llevado a un hospital, donde tardó varios días en recuperarse de lo que parecía ser una intoxicación alimentaria.

Por lo visto, eso lo hicieron los agentes soviéticos para poder registrar tranquilamente su despacho y poner cámaras y micrófonos en el mismo y en su casa, mientras su familia lo iba a visitar al hospital.

Parece ser que no encontraron nada interesante, salvo esas cámaras que le dieron los agentes de USA. Sin embargo, los agentes infiltrados en la CIA, fueron los que les dieron la pista a sus colegas y, por ello, detuvieron a Oleg.

Poco después, también detuvieron a Greville Wynne, que se hallaba también en Moscú.

Durante 6 meses, los estuvieron interrogando y torturando para saber qué secretos habían pasado a Occidente. Wynne siempre sostuvo que era un mero correo y que ni siquiera había visto los documentos que le suministraba Oleg. Algo que ratificó el propio Oleg.

En mayo de 1963, ambos fueron llevados ante un juez. Evidentemente, las autoridades soviéticas, se abstuvieron de mencionar que Oleg había pasado muchos secretos a Occidente. Así que le acusaron de haber tenido una vida indecorosa y de actividades anti revolucionarias. Lo suficiente para condenarlo a muerte.

En el caso de Wynne, estimaron que no había tenido culpa, aunq
ue sí había colaborado con Oleg y le condenaron a 8 años de prisión.

Sobre el tema de la ejecución de Oleg hay varias versiones. No obstante, todas ellas dicen que tuvo lugar a mediados de mayo de ese año.

Unos dicen que fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento. Otros dicen que se tomaron menos molestias y lo mataron con un disparo en la nuca. Tal y como hicieron con los polacos que asesinaron en Katyn.

Sin embargo, un antiguo agente del KGB, que se pasó a Occidente, dio otra más terrorífica. Según él, lo ataron a una tabla y aún estando vivo, lo metieron dentro de un horno crematorio.

Todo ello, lo grabaron con cámaras de televisión para exhibirlo en las academias de nuevos agentes a fin de mostrarles lo que podría ocurrirles también a ellos.

Dado que Wynne era británico y que no tenía mucha importancia para los soviéticos, un año después, hicieron un trato con los británicos para canjearlo por un agente soviético, encarcelado en el Reino Unido.

En este caso también hubo otros que resultaron perjudicados. Por ejemplo, Iván Serov. Se trataba de un general, que había sido director del KGB, pero parece que no le caía muy bien a Kruschev, ya que lo relevó de ese puesto en 1958.

Posteriormente, fue nombrado jefe del GRU (la Inteligencia militar soviética). Algo que le podía venir muy bien a Oleg, porque Iván era muy amigo suyo y eso podría enderezar su carrera militar.

Serov había hecho muchos servicios a su país. Por ejemplo, había
participado en la II Guerra Mundial, en la toma de Berlín y en la firma de la rendición de las autoridades militares alemanas. Había sido uno de los jefes de las fuerzas soviéticas de ocupación en Alemania. Buscó y envió al mayor número posible de científicos alemanes a la URSS. Sobre todo, a los especialistas en cohetes. Incluso, estuvo involucrado en la detención del poderoso Beria.

Posteriormente, fue el organizador de la rehabilitación masiva de los represaliados y asesinados por orden de Stalin. Incluso, se desplazó a Hungría para ordenar la detención de los principales implicados en la sublevación de los ciudadanos de ese país contra las autoridades comunistas.

Seguramente, ya saltó alguna alarma en su cabeza, cuando, en 1961, vio que no era elegido como delegado para el XXII Congreso del PCUS. Algo extraño, pues siempre lo había sido para los anteriores congresos. Pero todo ello no le sirvió de nada.

En una palabra, que el caso Penkovski le vino muy bien a Kruschev para cesarlo como director del GRU y enviarlo a remotas guarniciones, donde sólo había academias militares.

Posteriormente, fue degradado. Le quitaron el título de héroe de la Unión Soviética y, para colmo, lo expulsaron del PCUS.

Durante el resto de su vida, luchó por ser rehabilitado, pero no lo consiguió. Parece ser que escribió unos diarios, que escondió en su casa de campo y que fueron descubiertos en 2012. Sin embargo, el Gobierno ruso, los clasificó como secreto e impidió que fueran publicados en su totalidad.

Por último, Greville Wynne, regresó a su país. Siguió trabajando como representante y empresario, dedicado al comercio exterior. Sin embargo, supongo que el tiempo que estuvo encarcelado le pasó factura. Eso dio lugar a que sufriera una depresión y ahogara sus penas en alcohol.

Su salud salió muy perjudicada y eso le llevó a la muerte, con 70 años, en 1990.

Por lo visto, antes de morir, publicó un par de libros, en los que afirmaba haber trabajado, durante la II Guerra Mundial, para el MI5 (Servicio británico de contraespionaje).

Sin embargo, otros autores, que han escrito sobre este personaje, lo niegan, diciendo que no parecía tener ningún tipo de formación como agente, antes de haber sido captado para este caso.

A ver si alguno se anima y se hace seguidor del blog. Muchas gracias.

 

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