ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

miércoles, 29 de noviembre de 2023

MARGARETE BUBER-NEUMANN, UNA MUJER ENTRE DOS DICTADURAS

 

Hoy voy a narrar la vida de una mujer alemana, que fue víctima de los avatares que sufrió su país, antes y durante la II Guerra Mundial.

Margarete Thüring, que ese era su nombre de soltera, nació en 1901 en 

la localidad de Postdam, capital del Estado federal de Brandeburgo, en Alemania.

Su padre fue director de una empresa cervecera, situada en esa misma localidad. Así que supongo que serían una familia acomodada.

Margarete tuvo dos hermanos y dos hermanas. La mayor de ellas fue Babette Gross, una periodista casada con el escritor Fritz Gross y, posteriormente, pareja del famoso activista comunista Willi Münzenberg. Al que ya dediqué otro de mis artículos.

Parece ser que sus primeras influencias socialistas las obtuvo en el movimiento juvenil Wandervogel, dedicado a las acampadas.

Después de terminar el Bachillerato, se formó como maestra de educación infantil, en una Facultad donde aplicaban el famoso método de Pestalozzi, y estuvo dando clases en un colegio.

Por lo visto, también fue muy aficionada a la literatura y la pintura expresionistas, que estaban muy de moda, en ese momento, en Alemania.

En 1922 se casó con Rafael Buber, hijo del famoso filósofo y teólogo judío Martín Buber. No sé si la influiría políticamente, pero lo cierto es que, en 1926, se afilió al KPD, el Partido Comunista de Alemania.

No olvidemos que, en aquella época, en Alemania, aparte de haber muchos nazis, también había muchos comunistas.

Aunque tuvieron dos hijas, parece ser que ese matrimonio nunca funcionó muy bien y se divorciaron en 1929. Las niñas se criaron con sus abuelos paternos.

En 1928, ella consiguió trabajo en el Inprekorr, el periódico oficial de la Internacional Comunista. Allí conoció a Heinz Neumann, uno de los jefes del KPD, el cual fue su nueva pareja.

Por encargo del Komitern, estuvieron viajando a través de muchos países y, en 1933, les sorprendió la llegada al poder de Hitler cuando se hallaban en España. Así que decidieron trasladarse a Suiza.

Supongo que al Gobierno suizo no le agradó tener a tantos comunistas refugiados en su país. Así que, en 1935, deportaron a esta pareja a la URSS. Allí estuvieron viviendo en el Hotel Lux, de Moscú, donde estuvieron siendo vigilados muy de cerca por los agentes de la NKVD.

Parece ser que Hitler había pedido a Suiza la extradición de ambos. Sin

embargo, Heinz había pedido ir como refugiado a la URSS y fue aceptado por el Gobierno soviético.

Según parece, en Moscú no estaban muy contentos con Heinz, porque se había permitido criticar la política llevada a cabo por el líder comunista alemán Ernst Thaelmann, hombre de confianza de Stalin.

Se podría calificar a Heinz como una especie de revolucionario profesional, al que enviaban a ciertos países, donde veían que iba decayendo la vena revolucionaria. Su labor siempre fue muy discreta y es por eso por lo que apenas se le recuerda.

Sin embargo, no les fue mejor por vivir en un país comunista. En 

1937, se decretó una gran purga, que dio lugar al arresto de Heinz y su posterior fusilamiento. Mientras tanto, Margarete, estuvo haciendo gestiones por todas partes para intentar liberarlo. Desconocía que ya lo hubieran asesinado.

Curiosamente, tanto la pareja de su hermana Babette como la suya, fueron asesinados en las muchas purgas que ordenó Stalin.

Debe de ser que se cansaron de verla por ahí, así que también la arrestaron y la encarcelaron, primero en la infame prisión de la Lubyanka, para luego enviarla a varios campos de concentración en Kazajstan.

Decía ella, que, al igual que muchos de sus amigos, que sospechaban que iban a ser detenidos, solían tener una maleta ya hecha debajo de la cama, para llevársela, cuando vinieran a detenerlos.

Incluso, he leído que la familia del victorioso general soviético Zhukov, también tenían hechas las maletas, por si un día venían a detenerlos. Se ve que todos dependían del capricho de Stalin.

Supongo que también influiría en la detención de Heinz, que éste criticaba, abiertamente, al régimen nazi. Mientras que, en aquel momento, el gobierno soviético estaba 

empeñado en firmar, cuanto antes, el futuro pacto Ribbentrop-Molotov.

Desde la llegada de Hitler al poder en Alemania, miles de comunistas alemanes habían huido a la URSS.

Sin embargo, tras la firma del pacto Ribbentrop-Molotov, poco antes del comienzo de la II Guerra Mundial, Stalin extraditó a Alemania a casi todos los comunistas alemanes, que residían en la URSS.

Por esa razón, en 1940, Margarete fue extraditada a Alemania y los nazis la encarcelaron en el infame campo de Ravensbrück, situado al norte de Berlín.

Allí conoció a muchas personas. Entre ellas, Milena Jesenská, una escritora checa, que fue muy amiga de Kafka. Desgraciadamente, Milena murió en ese campo a consecuencia de una enfermedad y Margarete escribió, posteriormente, sobre su amistad con ella y sobre Kafka.

También se hizo amiga de Orli Wald, otra prisionera de ese 

campo, a la que los nazis la pusieron a trabajar como enfermera. Aunque consiguió ver la liberación del campo, acabó sus días con muchos problemas mentales, pues fue testigo de los crueles experimentos de los médicos nazis.

Parece ser que a Margarete no le fue tan mal en ese campo. En un principio, trabajó para la empresa Siemens y luego fue la secretaria personal de la jefa de ese campo, Johanna Langefeld.

Consiguió sobrevivir hasta abril de 1945, cuando su campo fue liberado por los aliados. Entonces decidió irse a vivir con su madre, la cual residía en una pequeña localidad alemana, cercana a la frontera con la actual República Checa.

Su mayor obsesión fue llegar, lo más rápido posible, hasta la zona

de Alemania controlada por los aliados occidentales para no volver a caer en las manos de los soviéticos y que la volvieran a enviar a uno de sus campos de concentración.

A partir de entonces, ejerció como periodista y escribió contra las dictaduras de todo tipo. Incluso, fue invitada a una estancia en Suecia, para recuperarse de sus estancias en los campos. Allí escribió un libro sobre sus tristes experiencias. Fue animada a escribir sobre ello por el famoso escritor Arthur Koestler. De esa forma, consiguió que publicasen su obra “Bajo dos dictadores. Prisionera de Stalin y de Hitler”.

Esta obra le trajo muchas demandas de socialistas y comunistas, los cuales la acusaron de ser de la Gestapo y hasta de trabajar a las órdenes de USA.

Parece ser que los partidos franceses de izquierda decían que criticar lo que ocurría en la URSS iba en contra del movimiento obrero mundial.

Curiosamente, su estancia en Suecia fue pagada por un extraño banquero de ese país, llamado Olof Aschberg. Fue un tipo que financió a los bolcheviques y al Frente Popular español. Lenin agradeció su ayuda nombrándole presidente del primer Banco de la era soviética.

Evidentemente, en cuanto Olof leyó el libro, que había escrito Margarete sobre su estancia en los campos soviéticos, tardó muy poco en echarla del apartamento y del trabajo, que le había proporcionado en Suecia.

En 1949, fue llamada a testificar en el famoso juicio del caso Kravchenko, al que dediqué otro de mis artículos. En él, aportó muchos detalles sobre el llamado “Archipiélago Gulag” a pesar de las muchas críticas, que recibió por parte de los comunistas franceses, que la acusaron de haber mentido.

Curiosamente, los socialistas alemanes, la invitaron a hablar en los colegios de los campos de concentración. No obstante, sólo admitieron que hablase de los nazis, pero no de los soviéticos.

Yo creo que lo que más les molestó fue que ella demostró que, en aquella época, nazismo y comunismo, eran dos caras de la misma moneda.

No olvidemos que el Ejército alemán estuvo entrenando, desde 1922, en territorio soviético, tras la firma del Tratado de Rapallo. Al que ya dediqué otro de mis artículos.

Tampoco deberíamos olvidar que la II Guerra Mundial dio comienzo con la invasión de Polonia por parte de los ejércitos de Alemania y de la URSS. Algo que muchos no quieren recordar.

Realmente, la única diferencia que veo entre los campos nazis y los soviéticos es que en los primeros se buscaba eliminar a las razas que ellos consideraban inferiores y a los opositores políticos, mientras que en los soviéticos sólo se pretendía atemorizar a la población a base de deshacerse de los menos afectos al régimen.

Estuvo afiliada al SPD hasta que el líder del mismo, Willy Brandt, cuando fue canciller de Alemania, puso en marcha su política llamada Ostpolitik. O sea, la 

apertura hacia los países del este.

Por ello, a partir de 1975, se afilió a la famosa CDU. El partido de algunos conocidos políticos, como Angela Merkel. También se volvió una ferviente anticomunista.

Participó en algunos congresos, para informar sobre lo que ocurría en la URSS. En ellos participó junto a conocidas personalidades, como Bertrand Russell, Jacques Maritain, Raymon Aron, Arthur Koestler, etc.

En 1980 fue condecorada con la Cruz Federal al Mérito por sus actividades en el campo del periodismo.

Por lo que respecta a sus hijas, como eran, en parte, judías, sus abuelos se las llevaron a vivir a Israel.

Margarete falleció el 06/11/1989 en Frankfurt. Sólo 3 días antes de la caída del infame Muro de Berlín. En su honor, llevan su nombre las calles de varias ciudades alemanas.

 

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domingo, 26 de noviembre de 2023

JOSÉ BERGAMÍN, TODO UN HETERODOXO

 

Hoy voy a narrar la biografía de un personaje que siempre me ha llamado la atención, porque fue un tipo de lo más extraño. Uno de esos que sólo se puede decir de ellos que son inclasificables.

José Bergamín Gutiérrez nació en Madrid, en 1895. Nació en el seno de una familia muy acomodada, ya que el padre era catedrático de Derecho y además fue ministro del Partido Conservador en cuatro ocasiones, en diversos gobiernos de la Restauración.

Sólo hay que ver que residían en una amplia vivienda en la Plaza de la Independencia. Justo enfrente de la Puerta de Alcalá.

No obstante, nuestro personaje fue el último de los 13 hijos que tuvo ese matrimonio.

Por lo visto, su padre procedía de una familia muy modesta de Málaga, pero, a fuerza de superarse, consiguió todo lo que tenía. Mientras que su madre siempre fue una fervorosa católica.

Supongo que, siguiendo el consejo de su padre, estudió Derecho en la Universidad Central de Madrid, aunque sólo ejerció su carrera, brevemente, en el bufete de su padre. Allí tuvo como compañero al también abogado y escritor Manuel Altolaguirre.

A partir de 1921, empezó a colaborar en la revista Índice, bajo la dirección del gran poeta Juan Ramón Jiménez. También solía acudir a las tertulias El gato negro, adonde solían ir Benavente y Valle Inclán, y a la de Pombo, donde iba Gómez de la Serna. De hecho, aparece en el famoso cuadro de Solana, donde se ven retratados los participantes en esa tertulia.

Siempre dijo que había estado muy influenciado por Juan Ramón Jiménez y por Miguel de Unamuno, de quien se consideraba uno de sus discípulos. También dijo estar influido por Gómez de la Serna.

Precisamente, fue Juan Ramón Jiménez el que editó, en 1923, El cohete y la estrella. Una colección de aforismos, que fue el primer éxito de Bergamín.

Curiosamente, al principio de su carrera, no le gustaban nada ni Ortega y Gasset, ni Azorín.

Sin embargo, unos años más tarde, se hizo muy amigo de este último.

Se le conoce como un gran ensayista. Increíblemente, uno de sus temas preferidos fue el estudio de los místicos españoles, como San Juan de la Cruz. De hecho, impulsó algunas reediciones de esas obras.

En 1928, se casó con Rosario Arniches, una de los 5 hijos que tuvo el famoso autor teatral alicantino Carlos Arniches, el cual estaba casado con Pilar Moltó, catedrática de Historia de la Escuela Normal de Magisterio de Granada. José Bergamín y Rosario tuvieron un hijo y una hija.

Curiosamente, uno de los testigos de su boda fue Federico García Lorca, al que se le puede ver a la derecha de la foto, cuando los novios salían del templo.

No sé si ya estaría influido por el comunismo, pero lo cierto es que la antigua URSS fue uno de los países, que visitaron en su viaje de bodas.

En 1933, fundó la revista literaria Cruz y raya, la cual dirigió hasta su cierre en 1936.

En ella, colaboraron casi todos los escritores de la Generación del 27.

Incluso, también lo hicieron otros famosos autores extranjeros, como Martín Heidegger, Jacques Maritain, etc.

A pesar de que su revista tiene, claramente, ideología republicana, él siempre se declaró católico, aunque nunca estuvo de acuerdo con las ideas procedentes del Vaticano.

También se expresó en contra de la dictadura de Primo de Rivera y de la represión contra los mineros asturianos, que se sublevaron en 1934.

Por otro lado, denunció que la falta de un gobierno con personalidad propia, estaba dando lugar al auge de los radicalismos de izquierda y derecha.

Incluso, sigue afirmando que es católico, aunque eso no es óbice para dejar de criticar lo que hacen el Vaticano y los clérigos españoles. Una de las cosas que más critica es utilizar la religión para apoyar a ciertos partidos políticos. Sin embargo, se muestra favorable al acercamiento de la Iglesia a las clases más desfavorecidas.

En 1935, participa en París en el Primer Congreso Internacional de Escritores Antifascistas en defensa de la Cultura. Al año siguiente, preside el Congreso de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, que se celebró en España.

Lógicamente, con la llegada al poder de Largo Caballero, es nombrado director general de Acción Social Agraria y además inspector de seguros y ahorro en el Ministerio de Trabajo.

No estuvo mucho tiempo en esos cargos, pues muy pronto sería nombrado agregado cultural de la Embajada de España en París. Dicen que le dieron ese puesto para que, durante la guerra civil, buscara financiación y ayudas de todo tipo para el bando republicano.

Sin embargo, me da la impresión de que alguien quiso protegerlo, ya que se trataba de un intelectual de izquierdas, que no ocultaba su profunda fe católica. No olvidemos que, en aquel momento, se fusilaba a mucha gente en la España republicana, por el simple hecho de ir a misa.

En 1937, presidió el Segundo Congreso Internacional de Escritores en defensa de la Cultura, el cual se celebró en Valencia.

Parece ser que el Gobierno republicano invirtió mucho dinero en este congreso. Sin embargo, él no consiguió que acudieran muchas figuras de primer nivel, porque España se hallaba en plena guerra civil.

Curiosamente, por cuenta del Gobierno republicano, encargó a Picasso que pintara el famoso Guernica, para mostrarlo en la Exposición Internacional de París.

Durante sus estancias en Madrid, algunos afirman haberlo visto vistiendo un mono de miliciano y armado con una pistola. Es de aquella época, cuando escribe su célebre frase: “Con los comunistas, hasta la muerte; pero no más allá”.

En la revista El mono azul, donde también publicaba Alberti, surgió una columna titulada A paseo, cuyo autor era anónimo, aunque algunos afirman que era Bergamín.

En ella, se señalaban a algunos autores desafectos a la II República, que no habían tenido más remedio que esconderse para no ser asesinados por los milicianos.

Por lo visto, algunos de esos autores, que tuvieron que emprender, en plena guerra civil, el camino del exilio fueron Juan Ramón Jiménez y Ortega y Gasset.

Algunos dicen que no quiso ayudar a sus amigos, que se hallaban encarcelados y, muchos de ellos fueron fusilados. Mientras que otros, como el líder falangista Dionisio Ridruejo, lo defiende, alegando que ayudó a escapar a muchos perseguidos.

Bergamín siempre había sido un seguidor de las ideas de André Gide. Sin embargo, a partir de esta reunión, trazaron caminos diferentes. Parece ser que el escritor francés, que siempre había alabado las virtudes del comunismo, ahora se estaba dando cuenta de lo que ocurría en la URSS y se estaba alejando del estalinismo. Con lo cual, se le acusó de acercarse al trotskismo. Sin embargo, Bergamín no evolucionó de la misma forma.

Hay que decir que Gide acababa de regresar de un viaje por la URSS, donde, a pesar de que se le agasajó por todas las zonas por donde pasó, se dio cuenta de que aquello era una simple dictadura y así lo reflejó en sus escritos.

En fin, tras las críticas de Gide al régimen de la URSS, se podría decir que aquel congreso acabó bastante mal. El mismo Azaña, que había sido invitado a pronunciar unas palabras en la sesión de clausura, se negó a acudir al acto.

Gide no se contentó con ello, sino que además escribió al presidente Negrín para pedirle que se respetasen las garantías procesales a los detenidos por ser afiliados al POUM. Como era de esperar, no le hicieron caso.

Siempre me ha llamado la atención el caso de José Bergamín. Un hombre que era seguidor del Frente Popular y, sin embargo, siempre se consideró católico. Incluso, en 1938, escribió los sonetos “A Cristo crucificado ante el mar”. En fin, parece que en esta biografía hay varias cosas que no cuadran.

Al finalizar la guerra, tiene que permanecer, como exiliado en París, al frente de la Junta de Cultura Española. No obstante, muy pronto, hizo lo mismo que miles de españoles exiliados en Francia. O sea, comprar un pasaje de barco hacia México.

Allí funda y dirige la Editorial Séneca, en la que publica obras de autores españoles, como Machado, Lorca, etc.

No obstante, sigue componiendo poemas y obras teatrales, la cuales estrena en ese país y también representa en otros países de Hispanoamérica.

A partir de 1943, año en el que fallece su esposa, se traslada a varios países. Residiendo unos años en Venezuela y otros en Uruguay.

En 1954 se traslada a París, ciudad en la que reside durante varios años. Sin embargo, en 1958 se traslada a España, donde reside hasta 1963, año en el que es expulsado. Durante ese período de tiempo publica poemas, novelas y, sobre todo, muchos artículos, los cuales no aparecen en los periódicos españoles, sino en los hispanoamericanos.

Me llama la atención que le dejasen regresar a España, porque, en muchos de sus poemas, puso a parir al mismo Franco.

Parece ser que su expulsión, en 1963, fue debida a su firma en una carta de adhesión a una huelga de los mineros. Algo que no gustó a varios políticos, como Fraga. Eso hizo que tuviera que refugiarse en la Embajada de Uruguay en Madrid, antes de volver al exilio.

Parece ser que también tuvo un rifirrafe con Juan Ignacio luca de Tena, director de ABC, ya que éste afirmó que Bergamín había participado en el llamado “terror rojo”, que dio lugar a miles de asesinatos en las checas de Madrid y a los fusilamientos en algunas localidades, como Paracuellos.

Reside en París, donde le presentan a algunos escritores, como Malraux y hasta le condecoran con la Legión de Honor. Una medalla que se la deben de dar a casi todo el mundo.

No obstante, se ve que no se siente nada a gusto, porque publica muy pocos artículos y la novela Beltenebros.

En 1970, consiguió que le dejaran regresar a España. Tras la muerte de Franco, se convierte en un personaje que, continuamente, criticaba el fenómeno de la transición española y eso le reportó muchas enemistades.

Incluso, se presentó a las primeras elecciones para el Senado, dentro de la lista de un partido republicano, ya que siempre fue contrario a la monarquía.

Para colmo, en sus últimos años, fue un firme defensor de la independencia del País Vasco y hasta apoyó a Herri Batasuna.

Se quedó residiendo en el País Vasco, publicando varios de sus artículos en Egin y Punto y Hora.

Murió en 1983 en Fuenterrabía y su última voluntad fue ser enterrado allí y, según sus palabras: “para no dar mis huesos a tierra española”.

 

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miércoles, 1 de noviembre de 2023

RAMÓN SIJÉ, ESE GRAN DESCONOCIDO

 

Supongo que casi todo el mundo habrá leído u oído la famosa elegía que le dedicó el gran poeta Miguel Hernández a este personaje.

Sin embargo, si lo buscan por ese nombre, es muy posible que no lo encuentren, porque ese no era su nombre verdadero.

José Ramón Marín Gutiérrez, que era su verdadero nombre, nació en Orihuela (Alicante) en 1913. Sólo 3 años después que Miguel Hernández.

Nació en el seno de una modesta familia, que tenía una tienda de venta de telas en esa misma localidad. También tuvo dos hermanos menores que él. Aparte de ello, su padre también fue concejal en el ayuntamiento de su localidad. La vivienda familiar ocupaba el piso superior de su tienda.

Los que lo conocieron lo definieron como un hombre bajo y delgado, con una gran cultura, pero también muy modesto y con mucho interés por eliminar las grandes diferencias sociales que había en su época. Parece ser que tampoco gozó de una buena salud y esa fue una de las razones que le llevaron a su afición por la lectura.

Por lo visto, en 1926, se presentó a un concurso literario, para jóvenes menores de 17 años, en el que se buscaba ensalzar la hazaña del vuelo del Plus Ultra, que tuvo lugar el año anterior. No se sabe si nuestro personaje eligió el nombre de Ramón, porque admirase a Ramón Franco, 

uno de los tripulantes del Plus Ultra.

Su artículo premiado, llevaba por título “España, la de las gestas heroicas” y fue publicado en la revista Héroes, que fue la que convocó ese concurso.

No sé si ya se conocerían por ser dos jóvenes casi de la misma edad o porque coincidieron al estudiar bachillerato en el Colegio Santo Domingo, regentado por los jesuitas, donde ingresó Sijé en 1923. Lo cierto es que se hicieron muy buenos amigos.

Parece ser que Miguel no continuó estudiando, a pesar de que le iban a dar una beca, porque su padre se opuso a ello y prefirió que trabajase en su ganadería.

Sin embargo, nuestro personaje continuó estudiando. Terminó el bachillerato y luego estudió la carrera de Derecho, matriculándose como libre, en la Universidad de Murcia. No sé si elegiría la carrera de Derecho, influido por uno de sus tíos, que era magistrado en Murcia.

Parece ser que a Miguel Hernández le unió su afición por la literatura y su interés por la política, aunque tuvieran diferentes ideologías.

En marzo de 1930, junto con otros jóvenes de Orihuela, antiguos alumnos de los jesuitas, fundaron la revista Voluntad. Parece ser que le pusieron ese título, porque, en aquel momento, Sijé estaba leyendo el libro La Voluntad, de Azorín. Uno de sus autores favoritos.

Parece ser que los fundadores de esa revista ya habían hecho sus pinitos literarios en otra revista de Orihuela, llamada Actualidad.

También hay quien afirma que la relación entre Sijé y Hernández comenzó cuando este último envió un soneto a la citada revista. En principio, no sabían quién era ese autor, hasta que, Carlos Fenoll, uno de los colaboradores de la publicación les llevó hasta él, porque era vecino suyo.

Aunque suene un poco raro, el soneto en cuestión se titulaba El Nazareno y aquella revista estaba patrocinada por la Iglesia católica. Algo que resulta extraño para una persona atea como Miguel Hernández.

Curiosamente, como ya se sabe que en todos los pueblos la gente se conoce por sus motes, a Miguel Hernández le llamaban el Vicenterre, mientras que a Sijé le conocían como Pepito Marín.

En julio del mismo año, la revista publicó otro poema de Miguel Hernández, titulado La Reconquista, dedicado al fin de la dominación musulmana en su pueblo. Hecho que tuvo lugar en 1242.

Desgraciadamente, esta revista, de aparición quincenal, dejó de publicarse en agosto de 1930.

En el caso de Sijé, sólo se le conoce su autoría en el ensayo La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas, que no fue publicado hasta la década de los 70. No obstante, también escribió muchos artículos en la prensa. Incluso, bajo otros seudónimos, como el de Chás.

También hay otros que dicen que la amistad entre ellos surgió de un grupo formado por el entonces párroco de Orihuela, Luis Almarcha, que llegaría a ser obispo de León.

Parece ser que este párroco le prestaba, habitualmente, libros a Miguel Hernández y luego reunió a un grupo de jóvenes con inquietudes literarias. Entre ellos, estaban Sijé, Hernández y el grupo de fundadores de la revista Voluntad.

En 1931, Sijé se matricula en Derecho. Tiene que estudiar libre a causa de las dificultades económicas que está padeciendo su familia. Así que se prepara en la academia creada por su tío, el magistrado, Francisco Marín. No obstante, sus notas son excelentes. Obteniendo varias matrículas de honor.

Por otra parte, sigue escribiendo en periódicos y revistas. Tras el cierre 

de la revista Destellos, donde escribió algunos de sus artículos, luego escribe en algunos diarios de tirada regional o nacional.

En el verano de 1932, Sijé consigue ser admitido en un campamento universitario, situado en Sierra Espuña, organizado por la FUE, para alumnos de la Universidad de Murcia. Allí entra en contacto con otros alumnos con las mismas inquietudes literarias, como Carmen Conde o algunos otros, que luego participaron en la Barraca, con Federico García Lorca.

A finales de 1931, Miguel Hernández se atreve a viajar a Madrid, porque pensaba que ya había alcanzado cierta fama como poeta. Sin embargo, aunque conoció a mucha gente, no tuvo mucha suerte. Vivió con muchas estrecheces y en mayo de 1932 regresó a su pueblo.

Parece ser que Ramón se sintió responsable de los problemas que tuvo Miguel en Madrid, ya que le había animado a viajar allí. Por eso, tras haber recibido algunas cartas en las que le pedía ayuda, consiguió reunir el dinero para que pudiera regresar.

En 1933, publicó su famosa obra Perito en lunas, con prólogo de su gran 

amigo Ramón Sijé. Esta obra sí que le abrió el camino de la fama y volvió a viajar a Madrid.

Esta vez tuvo más suerte, pues le contrataron como colaborador en las Misiones pedagógicas, patrocinadas por el Gobierno republicano.

Posteriormente, le contrató José María de Cossío para redactar su magna obra Los toros. Esta persona fue muy importante en su vida, porque, cuando fue encarcelado, al final de la guerra, fue uno de los que consiguieron que no le condenasen a muerte.

También escribió en la famosa Revista de Occidente y conoció a Vicente Aleixandre y a Pablo Neruda. Este último influyó mucho en el cambio de mentalidad de Hernández.

Hasta ese momento, Sijé y Hernández habían tenido siempre cierta afinidad política. Muy influidos por la doctrina de la Iglesia. No voy a decir que fueran conservadores, ni tampoco falangistas, como dicen algunos, pero sí podríamos calificarlos como democristianos.

Sin embargo, la influencia de Neruda hizo que Hernández se afiliase al PCE y también que se enfriara su relación con Sijé, porque, según Neruda era un amigo que “no le convenía”. Así que Hernández dejó sin responder muchas de las cartas que le enviaba Sijé.

Posteriormente, cuando Hernández estuvo encarcelado, parece ser que Neruda, a través de la Embajada de Chile, le transfería algunos fondos para ayudar a la esposa del poeta de Orihuela.

El caso es que Ramón no era de la CEDA, ni de Falange, sino que se afilió al Partido Republicano Federal, heredero de un partido homónimo, que existió durante la I República. Su líder fue José Franchy Roca, que llegó a ser ministro de Industria y Comercio con uno de los gobiernos de Azaña.

Por lo visto, la mala fama de Sijé vino porque, en 1933, dirigió un comité para erigir un busto de Gabriel Miró y una plaza en su pueblo. Quisieron realizar un acto de 

homenaje con la presencia de varios escritores del momento, pero el único que pudo acudir fue Ernesto Giménez caballero. Un conocido ideólogo de la Falange.

Por lo visto, también habían invitado a otros, como Azorín, pero no pudieron asistir por diversos motivos. En cambio, se invitó a Giménez Caballero, porque, unos meses antes, había escrito un artículo sobre Gabriel Miró en una conocida revista literaria.

Parece ser que Giménez Caballero dio una conferencia con un gran contenido político, elogiando al fascismo. Lo que provocó que algunos asistentes se fueran y otros montaran la bronca, como Antonio Oliver, esposo de Carmen Conde. Así que tuvo que intervenir la Policía, pero la cosa no llegó a más.

Curiosamente, no fue en Orihuela donde le dieron importancia a ese incidente, sino en Madrid. De hecho, salió en varios periódicos de la capital.

Realmente, me da la impresión de que el ideal político de Sijé era 

algo así como la derecha liberal. No obstante, siempre tuvo amigos como Giménez Caballero o Bergamín, colocados en los lados más radicales del espectro político del momento.

Sin embargo, Sijé siempre procuró escribir para los medios que eran más afines a su ideología. Cuando el Diario de Alicante tomó una línea editorial más radical, dejó de colaborar con él para empezar a hacerlo con La Verdad, de Murcia.

Por el contrario, puede ser que algunos confundieran su ideología, porque, al fundar la revista literaria El gallo crisis, varios de los colaboradores de la misma eran conocidos militantes de la CEDA.

Desgraciadamente, el 13/12/1935, Ramón Sijé, que siempre tuvo una salud muy delicada, enfermó a causa de una infección intestinal.

Evidentemente, en aquella época no había los adelantos médicos que existen ahora. Por ello, esa infección se convirtió en una septicemia, que provocó su muerte el mismo día de Nochebuena.

Es muy posible que, tras recibir la noticia de su fallecimiento,
Miguel Hernández le escribiera su famosa Elegía, porque le remordiera la conciencia por no haber podido despedirse de él y por el alejamiento que le habían impuesto de su gran amigo, sus compañeros del PCE.

El 14/04/1936 tiene lugar, en Orihuela, la inauguración de la plaza que lleva el nombre de Ramón Sijé. Allí acude su amigo Miguel Hernández y lee su famosa Elegía ante todos los presentes.

Me hubiera gustado dar más datos acerca de este personaje, pero he de decir que no los hay o, al menos, no los he encontrado.

De todas formas, espero que os haya gustado este artículo.

 

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domingo, 29 de octubre de 2023

MAXIMILIEN ROBESPIERRE, EL INCORRUPTIBLE

 

Hoy voy a narrar en este artículo la historia de un personaje que, incluso, hoy en día, sigue siendo muy controvertido.

Maximilien Robespierre nació en 1758 en la ciudad de Arrás, situada al norte de Francia y cerca de la frontera con Bélgica.

Su padre fue Maximilien-Barthelemy de Robespierre, abogado y miembro de una familia, donde todos se habían dedicado siempre al mundo del Derecho. Mientras que su madre, Jacqueline Marguerite Carraut, era hija de un cervecero de la ciudad.

La pareja se casó, cuando su madre ya estaba embarazada de Maximilien. No obstante, el matrimonio tuvo 4 hijos más. Tras el nacimiento del cuarto, la madre y el hijo murieron.

Parece ser que ese matrimonio no fue del agrado de su familia paterna, pues no acudieron a la boda ninguno de los familiares del novio.

No está muy claro si, tras la muerte de su madre, el padre abandonó a sus hijos. Unos dicen que se fue a vivir a Alemania y otros que siguió ejerciendo el Derecho en su localidad y en otras de los alrededores.

Lo que está claro es que las niñas se criaron con sus tías paternas, mientras que los niños vivieron con su abuelo materno.

Gracias a las influencias familiares, ingresó en un colegio jesuita de su localidad.

Más tarde, el propio obispo le consiguió una beca para estudiar en el liceo Louis le Grand, en París. Allí coincidió con otros personajes, que fueron muy importantes en su vida, como Desmoulins y Danton.

También se cuenta que, con motivo de una visita de Luis XVI a la ciudad de Arrás, el joven Robespierre fue el encargado de escribirle unos versos de bienvenida. Sin embargo, cuando se los estaba recitando, el monarca no quiso ni siquiera apearse del coche de caballos, porque estaba lloviendo y no le hizo ningún caso.

Posteriormente, Robespierre, se graduó en 1781 en la Facultad de Derecho, en París, y regresó a su ciudad natal para ejercer la abogacía, donde ganó una buena fama como orador.

En 1786 fue elegido director de la Academia de Bellas Letras de Arrás. En sus discursos dijo ser partidario de que a los hijos bastardos se les reconocieran los mismos derechos que a los hijos naturales.

Incluso, defendió el ingreso de las mujeres en su Academia y promovió la entrada de dos de ellas.

En 1789, se presentó a las elecciones para los Estados Generales, o sea, el Parlamento.

Esos parlamentos no se solían reunir diariamente, como sucede ahora. Los monarcas absolutos sólo los convocaban cuando había una necesidad urgente de recaudar más impuestos y necesitaban la autorización de esas asambleas.

De hecho, la reunión anterior de los Estados Generales tuvo lugar en 1614. Así que todos los miembros de esa cámara llevaban listas interminables con las reivindicaciones de sus respectivos territorios.

Lógicamente, fue elegido diputado por el llamado Tercer Estado, ya que no pertenecía ni al clero, ni a la nobleza.

Como todos sabemos, el rey no hizo caso a las reivindicaciones llegadas de todos los puntos de Francia.

Así que los diputados del Tercer Estado se separaron del resto y se declararon como una asamblea constituyente.

Era evidente que la burguesía acomodada, que era la que sostenía con una mayor cantidad de impuestos al régimen de la monarquía absoluta francesa, quería que se le diera un papel más protagonista en la política de Francia.

Está muy claro que, si hubieran sacado a estos burgueses adinerados del Tercer Estado, donde estaban mezclados con los campesinos, y les hubieran tratado como a los otros dos Estados, no habría tenido lugar la Revolución Francesa.

Aunque parezca mentira, en aquella época, Robespierre era un ferviente opositor a la pena de muerte.

Del mismo modo, defendía el sufragio universal y no el censitario. O sea, que pudiera votar todo el mundo y no sólo los que tenían dinero. También se mostró favorable al derecho de voto de los actores y los judíos.

De hecho, durante su estancia en su natal Arrás, fue nombrado juez y estuvo a punto de dimitir por negarse a firmar una condena a muerte. Parece ser que le convencieron para que la firmara. Debo suponer que no cobraría mucho como juez, porque le tuvieron que prestar dinero y un baúl para que pudiera viajar hasta Versalles.

Por otro lado, siempre fue un firme defensor de los más débiles y, en uno de sus discursos, exigió a uno de los obispos allí presentes, que vendieran una parte de sus inmuebles con el fin de auxiliar a los más pobres y parecerse a la Iglesia primitiva. Ni que decir tiene que no le hicieron caso.

Así, poco a poco, fue escalando puestos dentro de la Asamblea nacional.

Otra de sus propuestas fue la quitar al rey la competencia de declarar la guerra o la paz contra otro país. A fin de que esa competencia pasara a la Asamblea Nacional, pero fracasó en el intento.

Lógicamente, fue uno de los redactores de la famosa Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano y también de la primera Constitución francesa.

A pesar de tener una mentalidad muy moderna, Robespierre nunca renunció a vestirse como las grandes figuras del Antiguo Régimen. Por ello, siempre llevaba una peluca bien empolvada; calzones cortos y medias de seda.

Todo ello, contrastaba con sus ideas más radicales que las del resto de los burgueses.

Estos aspiraban a construir un régimen parecido al británico. Sin embargo, nuestro personaje abogaba por regenerar su país, en base a la voluntad popular, utilizando un nuevo concepto que él llamaba la virtud.

Curiosamente, cuando un grupo de radicales invadieron el Palacio de Versalles, Robespierre fue uno de los pocos diputados, que se interpusieron para proteger a la familia real.

Posteriormente, la Asamblea nacional se trasladó a su nueva sede, en las caballerizas del Palacio de las Tullerías, en París. Allí alcanzó una gran fama, pues se hallaba más cerca de la población a la que él protegía.

Siguió llevando una vida muy modesta, porque su sueldo nunca fue muy alto, aunque siempre se negó a aceptar dinero de los demás. Por eso, le llamaron “el incorruptible”.

Curiosamente, también fue un hombre muy religioso. Nunca fue un anticlerical, como muchos de sus camaradas revolucionarios. Incluso, solía defender a los sacerdotes.

Sin embargo, era partidario de que la religión estuviera en manos del Estado. De esa forma, dividieron a los sacerdotes en juramentados, que fueron los que juraron obedecer la Constitución, y refractarios, los que no la aceptaron.

En junio de 1790 fue nombrado secretario de la Asamblea Constituyente.

Así que aprovechó para promover un proyecto relativo a la constitución de los jurados en los tribunales de Justicia y la creación de los primeros tribunales revolucionarios para juzgar a los enemigos del pueblo. Era una forma de restar poder a los jueces, en su mayoría, partidarios de los Borbones.

Realmente, Robespierre siempre desconfió de todo el mundo. Así que otra de sus propuestas fue la de que los oficiales del Ejército o de la Armada fueran elegidos por sus soldados.

Otra de sus medidas estrella fue la de la prohibición de que los diputados de esa legislatura pudieran presentarse a las próximas elecciones. Era una forma de restar poder a los políticos.

En junio de 1791 se le nombró fiscal con competencia sobre la inspección de las cárceles parisinas.

A finales de junio de ese mismo año, tuvo lugar la fracasada huida de la familia real, los cuales fueron capturados en Varennes y llevados de vuelta a París. Robespierre se empeñó en juzgarlos como a cualquier otro ciudadano. Sin embargo, la Asamblea se opuso a ello.

En 1792, a pesar de la oposición de Robespierre, la mayoría de la Asamblea decidió declarar la guerra al Imperio Austriaco, donde reinaba un hermano de la reina María Antonieta. Fue un fracaso absoluto. Así que Robespierre dimitió de su cargo de fiscal.

El rey cesó a varios ministros republicanos y los sustituyó por conocidos políticos monárquicos. 

Así que el pueblo estalló. El Ayuntamiento de París se constituyó en Comuna y se sublevó contra la Asamblea. La familia real fue encarcelada en la prisión del Temple.

Robespierre aceptó un modesto cargo dentro de la Comuna. Mientras tanto, la guerra iba de mal en peor, por ello, se declaró el estado de excepción y ello trajo consigo el arresto y encarcelamiento de muchos sospechosos de estar de parte del enemigo. También se creó un tribunal para juzgar casos criminales.

Marat, al frente de un comité de vigilancia, se encargó de enardecer a las masas y aconsejarles que asesinaran a todos los que considerasen sospechosos. Por lo visto, había mucho miedo de que alguien le diera “la vuelta a la tortilla”.

No obstante, Robespierre, aprovechó ese “río revuelto” para acusar a los girondinos de hacer tratos con el enemigo. De esa forma, mataron a varios de los principales líderes girondinos.

Posteriormente, como los jacobinos tenían un mayor poder en la Asamblea, al debatirse si había que juzgar al rey, los girondinos no pudieron aguantar las presiones y lo aprobaron.

Aunque Robespierre siempre había sido contrario a la pena de muerte, en esta ocasión la defendió “por ser necesaria para el bien público”. Por ello, se mostró a favor de la ejecución de Luis XVI.

A partir de aquí, no sé si por el miedo que tenían los revolucionarios a los monárquicos, la mayoría de los cuales estaban encarcelados o por cualquier otro motivo. Lo cierto es que, a partir de ahora ya es partidario del terror.

Es posible que empezasen a practicar el terror, porque las cárceles estaban llenas de monárquicos, mientras que la mayoría de los revolucionarios estaban combatiendo en los frentes.

Robespierre, al frente de sus colegas jacobinos, aprovechó la derrota y posterior deserción del general Dumoriez para acusar de traición a los girondinos, entre los que estaba ese general, y expulsarlos de la Convención, para luego ejecutarlos.

En abril de 1793 se creó el Comité de Salvación Pública, que pronto fue liderado por Robespierre. Parece ser que realizaron una importante labor para administrar bien el país, lograr el alistamiento de muchos jóvenes y empezar a enderezar a su favor la marcha de la guerra.

Por otra parte, la sublevación de algunas ciudades, como Lyon, Nantes o Toulon fueron castigadas con la máxima dureza.

También empezaron a utilizar la guillotina en cientos de ejecuciones. Se cuenta que había una serie de mujeres que solían ir a ver las ejecuciones y, mientras tanto, se dedicaban a hacer calceta. Por lo visto, antes de ir a las ejecuciones, miraban el número de las programadas y, si había menos de 10, no se molestaban en ir a verlas.

Entre los guillotinados más famosos podemos destacar a la reina María Antonieta, el científico Lavoissier, el escritor Condorcet y el jurista Malesherbes, que, en su condición de abogado, había defendido al rey Luis XVI. Esto le costó que, no sólo lo mataran a él, sino también tuvo que contemplar cómo mataban a su hija, su yerno y sus nietos.

Por lo que se ve, Robespierre estaba obsesionado con implantar, por las buenas o por las malas, su “república de la virtud”.

Así que se dedicó a eliminar a todo aquel que se le pudiera oponer. Empezó por el grupo de Hebert, que propugnaba una especie de anarquía y no tardaron mucho en ser guillotinados.

Luego, se fue a por los llamados “indulgentes”, partidarios de parar el terror y liderados por Danton y Desmoulins. A estos le costó un poco más deshacerse de ellos. Sobre todo, de Danton, porque era un abogado muy notable. Así que hicieron una farsa de juicio y no les dejaron defenderse, enviándolos, directamente, a la guillotina.

De nada sirvieron las súplicas de la esposa de Desmoulins, mencionando que Robespierre siempre había sido muy amigo de su marido. Lo único que consiguió fue que a ella también la guillotinasen. Más tarde, también guillotinaron a la mayoría de sus familiares y hasta a su joven criada.

Llegados a este punto, muchos se preguntarán cómo era que la gente seguía apoyando a Robespierre. Hay que decir que también fue partidario de algunas medidas con un gran calado social, como que pagasen más impuestos los que tenían más ingresos o como que cobrasen el paro los que se quedasen sin trabajo.

Por otro lado, ordenó que los bienes de los guillotinados y de los exiliados se repartiesen entre la población menos pudiente.

Fue de esa manera cómo llegó a la cima de su poder. Así que fue aún más radical, a partir de entonces.

Fundó una especie de religión laica con el culto al Ser Supremo y organizó ceremonias para reverenciarlo.

También promulgó un decreto por el que todos los que fueran acusados de criticar a su política o a la patria, serían guillotinados, sin ni siquiera haber sido procesados, ni juzgados.

De esa forma, varios de sus colegas en la Convención, presidida por Robespierre, empezaron a conspirar, porque suponían que iban a ser los siguientes en ser guillotinados.

Por ello, el 27/07/1794, cuando se hallaba dando un discurso en la Convención, se montó un gran escándalo que dio lugar a la orden de detención contra él y sus colaboradores más fieles, incluido, su hermano menor, Augustin, el cual pidió ser detenido con Maximilien.

Precisamente, Augustin, fue uno de los impulsores de la carrera militar de Napoleón. Curiosamente, en la ola de detenciones, que se produjeron, tras la caída de Robespierre, fue detenido el propio Napoleón, el cual pasó dos semanas en prisión.

La Comuna de París, que estaba formada por partidarios de Robespierre, se sublevó contra la Convención y consiguió rescatar a Robespierre y al resto de los detenidos. Trasladándolos al Ayuntamiento de París.

Posteriormente, las tropas de la Convención asaltaron ese edificio y volvieron a detener a Robespierre y a sus compinches.

No está claro si, cuando iba a ser detenido por estos, Robespierre
se pegó un tiro, rompiéndose la mandíbula. También hay quien
dice que fue un soldado el que se la rompió. Es posible que le hubieran dado la orden de hacerlo, porque así eliminaban el arma más poderosa de Robespierre, que era su gran capacidad para convencer a los demás.

Todos ellos fueron trasladados al Palacio de las Tullerías. Al día siguiente, Robespierre, su hermano Augustin y 18 de sus fieles fueron guillotinados públicamente.

Unas horas más tarde, también guillotinaron a unos 80 miembros de la Comuna de París. Con esto se acabó la infame etapa del terror.

Una de las beneficiadas por la ejecución de Robespierre fue Josefina, la que luego sería esposa de Napoleón Bonaparte, cuya ejecución estaba programada para el día siguiente y que fue puesta en libertad sin cargos.

 

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