ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 11 de diciembre de 2021

EL CASO DEL DUENDE DE ZARAGOZA

 

Hoy traigo al blog un caso que, hoy en día, está casi olvidado. No obstante, cuando se produjo llegó a tener, incluso, repercusión en la prensa internacional.

Estamos a finales de septiembre de 1934. Durante la madrugada de ese día, en un edificio situado en la calle Anselmo Gascón de Gotor, 2, de Zaragoza, se empiezan a oír unas carcajadas propias de una película de terror. Muchos vecinos se levantaron sobresaltados, pero no encontraron nada extraño.

Sin embargo, a mediados de noviembre de ese mismo año, cuando una chica, llamada Pascuala Alcocer, que servía en la vivienda del 2º dcha., fue a encender la cocina de carbón, escuchó unos gritos que le decían: “¡Por lo que más quieras, no enciendas, que me quemas!”.

Es de suponer que la chica se llevaría un susto de muerte. Así que
avisó a su señora y juntas fueron a escuchar las voces. Tras ello, las dos salieron corriendo de la casa.

Por lo visto, cuando se presentaron algunos vecinos en la vivienda, siguieron escuchando las voces, que procedían de la llamada hornilla, que era una especie de respiradero por donde entraba el aire a la cocina de carbón.

Así que llamaron a la Policía. Los agentes que se personaron en aquel domicilio no encontraron nada fuera de lo común, porque no oyeron las voces. Así que se fueron a redactar su informe.

Más adelante, las voces se escucharon no sólo en esa vivienda, sino también en las del resto de ese edificio. Así que eso provocó bastante miedo entre los residentes.

Parece ser que alguien se lo fue a contar a los periodistas y ya trascendió el asunto en varios medios nacionales e internacionales. Hasta The Times, que siempre ha tenido fama de periódico serio, se hizo eco de este asunto.

En un principio, se podría pensar que todo podría ser fruto de la imaginación o de la incultura que había en esa época. Por el contrario, varios de los residentes en ese edificio eran médicos, abogados, arquitectos, etc.

Parece ser que, con la llegada de la prensa, las autoridades se lo tomaron más en serio y presionaron a la Policía para que encontraran pronto una explicación para ese hecho.

Así que destinaron varios guardias para investigar todo el edificio. Parece ser que la voz les recibió diciendo: “ya están aquí los guardias”.

Incluso, contrataron a un arquitecto, para que estudiase el edificio a fondo. Parece ser que, cuando éste se hallaba midiendo el ancho la chimenea, la voz le dijo: “Mide 15 cm” y el otro salió corriendo.

Así que, los agentes, se asustaron mucho y pidieron refuerzos, como en las películas. Sin embargo, la voz no se asustó y les dijo: “¿para qué tanta policía?”. Por lo visto, ante esto, los agentes llegaron a desenfundar sus pistolas, pero no vieron a nadie por ningún lado.

Esto atrajo a un numeroso público, que se agolpó en la calle, frente a ese edificio. Así que el gobernador tuvo que ordenar a la Policía que despejara la calle.

Por lo visto, ahora empezó una nueva fase donde los investigadores desmontaron techos, suelos, conductos de ventilación, tuberías, etc. A todo esto, con un poco de recochineo, la voz les decía: “¡Cuánta policía, qué cobardía!”

Más adelante, parece que las autoridades estaban perdiendo la paciencia y ordenaron el desalojo de todo el edificio. Acto seguido, se pusieron a buscar cualquier dispositivo, que permitiera enviar un mensaje desde otro lugar cercano, pero no lo encontraron.

Lo único que no variaba era la voz, que les decía a los agentes que vigilaban las cocinas: “¡Aquí estoy ya, cobardes, cobardes!”

También era muy curioso que llamara a los vecinos por sus nombres y además sabía quiénes se hallaban presentes. Como si los estuviera viendo. Así que muchos pensaban que les habrían instalado micrófonos en su casa.

El tema se había puesto en conocimiento del juzgado de guardia. Parece ser que el juez que ordenó el desalojo del edificio, también le ordenó a la Policía que pusiera el inmueble bajo vigilancia, para comprobar si entraba o salía alguien de él. Pero nunca vieron a nadie.

También se sospechó de Pascuala Alcocer, porque solía estar presente, cuando sonaban esas voces. Así que ordenaron que regresara a su pueblo, situado bastante lejos de Zaragoza.

Sin embargo, no solucionaron nada, porque las voces siguieron sonando, mientras la chica se hallaba en su pueblo.

Por lo visto, en cierta ocasión, se trasladó al edificio el juez que llevaba el caso y habló con el duende. Por lo visto, le preguntó: “¿Quién eres? ¿por qué haces esto? ¿quieres trabajo o dinero?”. La voz le respondió, simplemente: “no”.

Así que el juez siguió preguntando: “¿qué quieres hombre?” y el otro le respondió: “Nada, no soy hombre”.

Así que, a finales de ese año, la familia que residía en el segundo dcha., se trasladó a vivir a otra casa.

Por lo visto, el motivo de ese traslado fue debido a que, unos días antes, esa voz les dijo: “¡Voy a matar a todos los habitantes de esta maldita casa! ¡Cobardes, cobardes!”

Evidentemente, eso ya eran palabras mayores y tampoco estaba la situación muy pacífica en España, pues ese fue el año de la famosa Revolución de Asturias, que provocó muchos muertos. Aunque esa revolución no sólo se dio en esa región, sino también en otros lugares de España, pero allí tuvo más éxito que en las demás.

No sé si sería casual, pero lo cierto es que la voz dejó de sonar, cuando los habitantes de esa vivienda se fueron de allí.

Ciertamente, eso hizo que los periodistas perdieran ese chollo, que hizo correr la tinta durante varios meses.

No obstante, poco después, se produjo un suceso increíble. Parece ser que alguien le pidió a la famosa espiritista zaragozana, Asunción Jiménez Álvarez, que intentase contactar con aquella voz. No sé lo que le ocurriría a aquella mujer, que se hallaba en otro barrio de esa ciudad, lo cierto es que murió en mitad de la sesión a causa de un infarto.

Curiosamente, a la gente le dio por escribir al duende de la voz. Por lo visto, en ese edificio se recibieron unas 12.000 cartas procedentes de varios países, donde le pedían todo tipo de favores y hasta le llegaban cartas de amor.

A partir de entonces, las voces dejaron de oírse. La prensa dejó de interesarse por el tema y el juzgado archivó el asunto.

Realmente, nunca se ha sabido por qué ni cómo sonaban esas voces, pero lo único cierto es que mucha gente logró escucharlas. Por lo visto, no es que diera pocas voces, sino que podía estar hablando durante varias horas y hasta decían que tenía acento maño.

Por lo visto, como no sabían a quien culpar del hecho, hicieron lo que se suele hacer en estos casos. O sea, culpar al más débil. En este caso, fue la sirvienta, Pascuala Alcocer.

Afortunadamente, no pudieron acusarla de nada, aunque lo intentaron varias veces. Parece ser que esto le afectó mucho y ya no quiso saber más de los demás.

En 1977, derribaron ese edificio para construir otro. No obstante, pusieron una placa en el nuevo que decía “edificio del duende”.

Estoy esperando llegar, antes de que se acabe el año, al seguidor número 100. A ver quién es el primero que se decide a ello. Es de las pocas cosas que aún siguen siendo gratis.

 

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viernes, 3 de diciembre de 2021

EL CASO DE KURT GERSTEIN

 

Hoy traigo al blog un personaje con una vida y una actuación durante la II Guerra Mundial, que sigue siendo muy controvertida.

Kurt Gerstein, que era cómo se llamaba, vino al mundo en 1905 en la bonita ciudad de Münster, célebre por su famosa Universidad, fundada en 1780 y una de las más prestigiosas de Alemania. Hoy en día, esa ciudad pertenece al Estado de Renania del Norte-Westfalia.

Su padre era juez de ese distrito. Por tanto, supongo que en su casa habría un buen nivel cultural del que disfrutarían tanto él como sus 6 hermanos. Aunque también dicen algunos que era muy autoritario, debido a su formación militar prusiana.

Parece ser que también se trataba de una familia bastante nacionalista. Cosa que inculcó el padre a sus hijos.

Por otro lado, Kurt, fue una persona muy religiosa. Por ello, participó en asociaciones para fomentar el estudio de la Biblia y contra el alcoholismo. Incluso, fue miembro de la famosa YMCA.

Posteriormente, se fue a estudiar Ingeniería de Minas al centro de estudios técnicos más importante que había en Alemania sobre esta materia y que se encuentra en Aquisgrán.

Después estudió en la Universidad de Marburgo, donde también había estudiado su padre. Sin embargo, parece ser que allí tuvo un problema, porque lo echaron de una fraternidad de estudiantes por su oposición al consumo de alcohol.

Así que se trasladó a la Universidad Técnica de Berlín, donde completó su formación como ingeniero de minas. Graduándose en 1931.

Parece ser que se convirtió en seguidor del pastor Martin Niemöller en su lucha contra el ascenso al poder de los nazis.

Este pastor fue el autor de esa frase tan célebre, que seguro que ya habréis oído más de una vez y que algunos han atribuido, erróneamente, a otros personajes:

"Primero vinieron a por los comunistas, pero yo no hablé, porque no era comunista. Luego vinieron a por los sindicalistas, pero yo no hablé, porque no era sindicalista. Luego vinieron a por los judíos, pero no dije nada, porque no era judío. Luego vinieron a por mí, pero no quedaba nadie que hablara por mí"

Así que eso le causó algunos problemas a Gerstein y llegó a ser detenido, pero no por mucho tiempo.

No se si habrían influido sobre él las ideas de su padre o la formación nacionalista, que se impartía en las escuelas alemanas, lo cierto es que en 1933 se alistó en las SA.

Sin embargo, seguía siendo una persona influida por dos ideologías antitéticas. En 1935, cuando se hallaba viendo una obra de teatro, de pronto, se levantó de su asiento para protestar por el mensaje anticristiano, que se estaba representando en esa obra.

Lógicamente, se llevó una buena paliza, porque aquel local estaba repleto de nazis y no les gustó nada su ocurrencia.

Dado que seguía repartiendo propaganda cristiana, a mediados de 1936, fue detenido, expulsado del Partido Nazi y encerrado unos meses en un campo de concentración.

Posteriormente, se casó con la hija de un pastor protestante luterano y tuvieron una hija. Siguió militando en la llamada Iglesia Confesante, un movimiento religioso que se oponía a que el régimen nazi se hiciera con el control de la Iglesia Protestante de Alemania.

Evidentemente, eso le hizo tener problemas a la hora de encontrar trabajo. Así que, desde 1936, empezó a estudiar Medicina en la Universidad de Tubinga. Ciudad en la que vivió junto a su mujer y su hija.

En 1938, volvió a ser arrestado por unas presuntas actividades antinazis y llevado a otro campo de concentración. No obstante, fue liberado a los pocos días, por falta de pruebas.

No obstante, como su padre debía de conocer a personajes muy influyentes, en 1939, fue readmitido en el Partido Nazi y eso le permitió ejercer como ingeniero de minas en varias canteras del Estado.

Contra todo pronóstico, en 1941, fue admitido como miembro de las temidas SS. La verdad que no se sabe cuál fue el motivo para que decidiera dar ese paso.

Hay quien dice que lo hizo, tras haberse enterado de la muerte de su cuñada, que había sido ingresada en una clínica psiquiátrica y fue otra de las víctimas de la operación Aktion T4. Por la que los nazis exterminaron a miles de enfermos mentales.

Su esposa decía que le escribió una carta, donde le contaba que había decidido unirse a la SS para ver las cosas desde dentro. Como una especie de agente infiltrado, que seguía siendo leal a la Iglesia.

Gracias a sus conocimientos técnicos, muy pronto le encargaron que consiguiera productos para desinfectar los campos de concentración.

Posteriormente, fue el encargado de comprar, en grandes cantidades, el infame Zyklon B, con el que asesinaron a millones de prisioneros en las cámaras de gas. No sólo judíos, sino también prisioneros de otros orígenes.

Por ello, pudo ver cómo metían a esos desdichados en las cámaras de gas y cómo aprovechaban, no sólo sus ropas, sino también sus gafas, su pelo y hasta sus dientes de oro.

Parece ser que hizo amistad con un diplomático sueco y le contó todo aquello con el ruego de que su Gobierno se lo comunicara a los Aliados. Sin embargo, parece ser que el Gobierno sueco no querría tener problemas con los alemanes o es posible que no quisiera perder los negocios que estaban haciendo con ellos.

También intentó ponerse en contacto con la Nunciatura del Vaticano en Berlín, pero no quisieron recibir a un oficial de las SS. Lo mismo le ocurrió en la Embajada de Suiza en Berlín. Por otra parte, ni siquiera pudo convencer a su padre de lo que estaba ocurriendo.

Incluso, hizo un informe para un miembro de la Resistencia holandesa a fin de que lo hiciera llegar al Gobierno holandés, que se hallaba exiliado en Londres. Parece ser que esta vez sí que llegó, pero nadie hizo nada con él.

A finales de abril de 1945, se entregó a las tropas francesas en una ciudad al suroeste de Alemania, perteneciente al actual Estado de Baden-Württemberg. Fue detenido y entregado a las tropas USA.

Allí fue sometido a varios interrogatorios y se ofreció como testigo para acusar a los criminales nazis. También escribió el llamado Informe Gerstein, que detalla fielmente lo que ocurría en esos campos y cuyo contenido fue muy utilizado en los juicios de Nürenberg contra los jerarcas nazis.

En un principio, las autoridades aliadas, le trataron bien y lo alojaron en un hotel, aunque estaba bajo arresto domiciliario. Sin embargo, más tarde, fue enviado a París y encarcelado en calidad de acusado.

Hay que decir que, antes de terminar la guerra, ya mostraba unos síntomas claros de depresión. Por tanto, no resultó extraño que, a finales de julio de 1945, fuera encontrado ahorcado en su celda.

No se sabe si lo que le llevó al suicidio fue el temor a ser condenado como criminal de guerra o, tal vez, que fuera asesinado por otros nazis, presos en esa misma cárcel, a los que no les interesaba que diera más detalles sobre lo que hacían en los campos.

Posteriormente, su cadáver fue enterrado en una tumba sin nombre en un cementerio del sur de París.

Su esposa estuvo, durante muchos años, recurriendo ante la Justicia para que el nombre de Kurt Gerstein fuera rehabilitado.

Curiosamente, en 1950, los jueces de Tubinga fallaron en su contra, al considerarlo un criminal de guerra nazi, por haber suministrado el Zyklon B. Por ello, también se le negó una pensión.

Posteriormente, el presidente del Estado de Baden-Württemberg, pidió el indulto, pero no lo consiguió, aunque sí que se eximiera a la esposa de Gerstein del pago de las costas del anterior juicio, que era una cantidad muy elevada.

Sin embargo, a partir de 1963, intervinieron una serie de personalidades con el fin de que se le rehabilitase. Incluso, le hizo un homenaje el Consejo Central Judío.  Es más, rodaron una película sobre su vida y así se hizo una figura más popular.

Finalmente, en 1965, el canciller federal Kiesinger decretó su perdón y su viuda pudo cobrar la cantidad que le correspondía como pensión.

Parece ser que uno de los que ayudaron a su viuda a conseguirlo fue aquel diplomático sueco, que se hizo amigo de Kurt.

En 2002, el famoso cineasta Costa Gavras, estrenó su película “Amén”, basada en la vida de Kurt Gerstein. En ella, este director criticaba abiertamente la actitud del Papa Pío XII de mirar hacia otro lado, aunque sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo en esos campos de exterminio.

De hecho, la Iglesia Católica, no dio permiso para filmar algunas escenas de esta película en el Vaticano y, en su lugar, lo hicieron en un palacio de Bucarest (Rumania).

Bueno, a ver si alguno se decide y consigo tener, al menos 100 seguidores, antes de que acabe el año.

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domingo, 28 de noviembre de 2021

EL CASO DE LOS ESTUDIANTES FUSILADOS EN CUBA EN 1871

 

Desgraciadamente, hoy se cumple el 150 aniversario de un hecho luctuoso, cometido por unos canallas que ensuciaron el buen nombre de España.

Igual os ha parecido que he empezado este artículo de una manera un poco fuerte, pero, al terminar de leerlo, veréis que llevo razón.

Empezaré por el principio. En 1834, nació en un pueblo de Asturias Gonzalo Castañón Escaro. Como vino al mundo en el seno de una familia acomodada, ello le permitió estudiar Derecho en la Universidad de Oviedo.

Posteriormente, se dedicaría al periodismo y, más tarde, a la política, obteniendo en 1864 su escaño de diputado en las Cortes españolas.

En 1866, obtuvo un puesto como funcionario en el Gobierno de la isla de Cuba, que todavía era una provincia española. Trabajó también en el Banco Español de Cuba, en La Habana. Entidad que también servía para recaudar los impuestos.

Curiosamente, por aquellos años, el gobernador de esa Entidad bancaria era José Cánovas del Castillo, hermano del famoso político español Antonio Cánovas.

José siempre fue un férreo defensor de los grandes propietarios cubanos y se oponía firmemente a la abolición de la esclavitud.

En octubre de 1868 tuvo lugar el primer acto del movimiento independentista cubano, que se inició con el llamado Grito de Yara. Localidad donde tuvo lugar un enfrentamiento armado entre los rebeldes y el Ejército español.

Posiblemente, por ello, en 1869, Castañón fundó el periódico La Voz de Cuba, desde donde pedía mano dura contra los independentistas y también se dedicaba a insultar a los exiliados cubanos, que se hallaban en Florida. Parece ser que acostumbraba a comenzar sus artículos con la frase “sangre y fuego”.

En 1870, el exiliado cubano Juan María Reyes, apodado Nito, fundó en Cayo Hueso (Florida) el periódico El Republicano.

A partir de ahí, estos dos periódicos se empezaron a dedicar, mutuamente, artículos cada vez más subidos de tono.

A finales de enero de 1870, la cosa fue a más y Castañón publicó un artículo en su periódico en el que retaba a duelo a Nito. Éste le dijo que no podía viajar a Cuba, porque sería detenido. Así que emplazó a Castañón a que fuera a Florida.

Éste pensó que eso le iba a dar mucha popularidad y para allá se fue, acompañado de unos amigos, un médico y un par de criados.

Al principio, su plan se cumplió tal cual lo había planeado. Se presentó delante de Nito y lo abofeteó en público. Sin embargo, luego puso todo tipo de excusas para no tener que batirse en duelo.

Por lo visto, la idea de Castañón era provocar desórdenes públicos a fin de que el Gobierno USA expulsara a los exiliados de Florida. Sin embargo, lo que consiguió fueron varias invitaciones para batirse en duelo y a todas ellas se negó.

Parece ser que uno de los retos procedía de un panadero exiliado y, cuando le llegó esa noticia, Castañón, afirmó no querer batirse con gente de baja calaña.

Evidentemente, ese calificativo no gustó nada al panadero. Así que, en la mañana del 31/01/1870, fue a buscarle al Hotel Russell House, el lugar donde se alojaba Castañón y le dio un par de bofetadas. Cuando éste intentó sacar un arma, el panadero Orozco le disparó, hiriéndole en la ingle. Lo cual, poco después, le provocó la muerte.

El cadáver de Castañón fue metido en un ataúd lleno de hielo y embarcado hacia Cuba. Allí fue recibido como a un héroe y se le rindieron honores militares, porque también era coronel de los Voluntarios de Cuba. Fue enterrado en el antiguo Cementerio de Espada.

El 24/11/1871, los estudiantes de primero de Medicina de la Universidad de La Habana, cuya facultad estaba al lado de este cementerio, recibieron la noticia de que su profesor de Anatomía se iba a retrasar un poco a causa de unos exámenes.

Así que, como el Anfiteatro de Anatomía estaba dentro de ese cementerio, hubo algunos que pasearon entre las tumbas y otros a los que se les ocurrió montarse en el carro, donde solían transportar a los cadáveres de los pobres y darse una vuelta por la calle. Cosas de jóvenes. Hay que recordar que todos tenían entre 16 y 20 años.

Parece ser que esto no gustó nada al vigilante del cementerio, Vicente Cobas, el cual denunció esos hechos ante el gobernador civil, Dionisio López Roberts, diciendo que esos estudiantes habían rayado el cristal que cubría el nicho, donde estaba depositado el cadáver de Castañón. Lo cual era absolutamente falso.

Como en Cuba ya había un ambiente prebélico y los ánimos estaban muy exacerbados, el gobernador tardó muy poco en presentarse en el cementerio.

Parece ser que, en un principio, quiso detener a los primeros estudiantes de Medicina que vio por allí. Se trataba de alumnos de segundo curso y su profesor tuvo la valentía de oponérsele. Así que no consiguió llevárselos.

Sin embargo, luego fue a la clase de primero y allí tuvo más

suerte, porque su profesor se mostró más indeciso y el gobernador se llevó detenidos a 45 de los 46 alumnos de ese curso.

Así que ese día, que era viernes, encerraron a todos esos estudiantes en una cárcel de La Habana. El sábado les tomaron declaración, pero no vieron que hubieran cometido delito alguno. No obstante, podían oír las voces de los Voluntarios, diciendo que querían las cabezas de los estudiantes. Así que en la prisión tuvieron que redoblar la guardia.

El lunes, habilitaron una estancia de la prisión para que pudiera tener lugar allí el consejo de guerra. Los estudiantes fueron defendidos por el capitán Federico Capdevila, al que llegaron a amenazar los Voluntarios, que no eran otra cosa que unos matones a sueldo de los terratenientes.

La sentencia del tribunal, aunque condenaba a varios de ellos a penas de cárcel, no impuso ninguna pena de muerte. Lógicamente, eso no satisfizo a los Voluntarios.

Así que presionaron para que se les hiciera otro consejo de guerra. Esta vez, todos los miembros de ese tribunal pertenecían a los Voluntarios.

Por lo visto, fueron llamando a declarar de uno en uno a todos los acusados. El que consiguió convencerles de que no sabía nada, se libró de culpas. En cambio, Álvarez de la Campa, dijo haber arrancado una flor del cementerio y fue uno de los condenados a muerte.

Parece ser que los militares españoles estaban en contra de lo que estaba ocurriendo, pero el capitán general se negó a pararles los pies a los Voluntarios para que no cometieran más actos de barbarie de los ya acostumbrados. Igual es que ese mando no quería enfrentarse a los terratenientes.

Los Voluntarios eran unas fuerzas de milicianos, situada en las ciudades, que se dedicaba a reprimir y soliviantar a los cubanos. Curiosamente, la mayoría de esos Voluntarios que tanto defendían entonces a España eran catalanes.

Incluso, un capitán de la Armada, se ofreció a desembarcar a sus hombres para poner orden y echar a los Voluntarios, pero el capitán general también se opuso a ello.

Dentro de la cárcel, empezaron separando a los que habían confesado haberse montado en el carro del cementerio. Luego se llevaron al que había cogido una rosa y después a 3 más, que eligieron por sorteo.

Los esposaron y los llevaron delante de la pared de un edificio cercano a la prisión, que era un depósito del arma de Ingenieros.

Allí, les obligaron a ponerse de rodillas y de cara a la pared y los fueron fusilando de dos en dos. El pelotón estaba al mando del capitán de Voluntarios Ramón López de Ayala.

En algunos sitios se dice que era hermano del autor teatral y ministro de Ultramar, Adelardo López de Ayala, pero yo no he podido verificar ese dato.

Luego, les enterraron a todos en la misma fosa común. Fuera del cementerio y sin identificación de ningún tipo. Esos asesinatos tuvieron lugar el lunes 27/11/1871 a partir de las 16.00. Ni siquiera quisieron registrar sus fallecimientos en los libros parroquiales. Cosa que hicieron 3 meses después.

A los demás los condenaron a diversas penas privativas de libertad, pero todas ellas llevaban añadidas la realización de trabajos forzados en las canteras.

Según uno de los condenados, estuvieron varios meses trabajando en las canteras. Sin embargo, un día vino un barco de la Armada, se los trajo a la Península Ibérica y los pusieron en libertad.

En 1887, la familia de Castañón, decidió repatriar el cuerpo del fallecido para enterrarlo en su localidad de origen. Cuando uno de sus hijos fue a hacerse cargo del cadáver, se demostró que la tumba no había sido dañada. Ni tan siquiera el mencionado cristal del nicho. De todo ello, se levantó acta.

Allí se reunió el hijo con el doctor Fermín Valdés-Domínguez, que era uno de los estudiantes supervivientes y éste le narró lo ocurrido. Por ello, le apoyó en sus gestiones.

A partir de ahí, se consiguió que los cuerpos de estos fusilados descansaran en tumbas normales, como querían sus familiares.

También le otorgaron un poder al diputado y abogado Miguel Figueroa para que intentase revocar la sentencia del consejo de guerra. Cosa que consiguió.

Posteriormente, Valdés-Domínguez, promovió la iniciativa de construir un monumento en el nuevo cementerio Colón de La Habana, en el cual fueron inhumados los cuerpos de esos desdichados jóvenes

y donde, más tarde, también inhumaron el de su defensor, el valenciano Federico Capdevila, que murió en 1898.

Como suelen decir los predicadores: “sangre de mártires, semilla de conversos”. Por ello, este acto de barbarie, cometido por unos exaltados Voluntarios y unas autoridades que les permitieron hacerlo, sólo sirvió para aumentar las ansias de independencia de los cubanos.

Esta foto corresponde a algunos de los supervivientes de este luctuoso hecho.

Para terminar, voy a nombrar a los pobres jóvenes que se vieron envueltos en este acto y fueron fusilados:

·         Alonso Álvarez de la Campa y Gamba, nacido en La Habana y fusilado a los 16 años.

·         Anacleto Bermúdez y González de Piñera, nacido en La Habana y fusilado a los 20 años.

·         José de Marcos y Medina, nacido en La Habana y fusilado a los 20 años.

·         Ángel Laborde y Perera, nacido en La Habana y fusilado a los 17 años.

·         Juan Pascual Rodríguez y Pérez, nacido en La Habana y fusilado a los 21 años.

·         Carlos Augusto de la Torre y Madrigal, nacido en Camagüey y fusilado a los 20 años.

·         Eladio González Toledo, nacido en La Habana y fusilado a los 20 años.

·         Carlos Verdugo y Martínez, nacido en Matanzas y fusilado a los 17 años.

Para finalizar, sé que todos los años, los estudiantes cubanos rinden homenaje a estos jóvenes asesinados por los llamados Voluntarios.

No sé si el Gobierno de España habrá pedido alguna vez perdón por este hecho, sin embargo, yo, como español, quisiera sumarme a ese homenaje, porque eso nunca tuvo que haber ocurrido.

A ver si alguno se decide y este año llego a los 100 seguidores. Por si alguno desconfía, le aseguro que es algo totalmente gratis.

 

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sábado, 27 de noviembre de 2021

EL CASO DEL SOLDADO SLOVIK

 

Hoy voy a narrar un grave suceso ocurrido durante la II Guerra Mundial. No tiene nada que ver con el espíritu navideño. Así que, al que no le guste, pues le aconsejo que no siga leyendo.

Edward Donald Slovik, que así era como se llamaba, nació en 1920 en la ciudad USA de Detroit, en el Estado de Michigan.

Era hijo de un matrimonio de polacos católicos, que emigraron a los USA. Posiblemente, se mudaron a esa ciudad, atraídos por la demanda de mano de obra para las fábricas automovilísticas.

Según parece, Slovik, nunca se adaptó demasiado a la vida de ese país. No sé si sería porque los católicos nunca han estado muy bien vistos en USA.

Hay que decir que, tradicionalmente, los que han mandado siempre en USA son los llamados WASP. O sea, blanco, anglosajón y protestante.

Lo cierto es que este chico parece ser que no frecuentaba buenas compañías y, desde niño, fue detenido en varias ocasiones por hurtos y alteraciones del orden público. Se le consideraba una especie de alborotador.

La primera vez que lo enviaron a prisión fue en 1937. No obstante, al año siguiente, fue puesto en libertad condicional.

Sin embargo, pronto volvió a estar entre rejas. Parece ser que, en 1939, se juntó con unos amigos, se emborracharon, robaron un coche y tuvieron un accidente de tráfico.

En 1942, tuvo mejor suerte, ya que lo pusieron en libertad condicional y consiguió un trabajo, como fontanero, en una importante empresa de Michigan. Allí conoció a Antoinette Wisniewski, que trabajaba como contable y que pronto se convertiría en su esposa.

Alguno se preguntará cómo es que, si USA ya había entrado en la II Guerra Mundial, no lo enviaron al frente.

Por lo visto, las autoridades militares, revisaron su expediente y no les gustaría mucho, porque no quisieron alistarlo.

Por el contrario, como parece ser que cada vez hacía falta más gente en los frentes, se lo pensaron mejor y lo alistaron. Cosa que no le hizo ninguna gracia.

Así que, en enero de 1944, fue enviado a un campamento de instrucción, situado en Texas. Al terminar esa fase, fue destinado a una unidad, situada en Maryland, donde estaban acantonadas las tropas de refuerzo para ir al frente.

A mediados de agosto de ese año, ya fue enviado a Europa y, concretamente, a la 28 División de Infantería, que estaba luchando en Francia.

Una noche, cuando iba marchando junto a sus colegas de una compañía del 109 Regimiento, sufrieron un brutal bombardeo de Artillería.

Por lo visto, él y un amigo del campamento, se protegieron y escondieron hasta la mañana siguiente.

Parece ser que el resto de sus compañeros había continuado la marcha sin avisarles. Así que, poco después, descubrieron en un pueblo cercano a una unidad de la Policía militar canadiense. Estuvieron con ellos hasta octubre de ese año, cuando ya regresaron a su unidad.

Sin embargo, las cosas habían cambiado mucho. A Slovik no se le ocurrió otra cosa que pedir al capitán de su compañía que lo destinara a un puesto de retaguardia, porque había pasado mucho miedo en el frente.

Lógicamente, el capitán no le hizo caso, dado que se estaban produciendo muchas bajas y deserciones en el Ejército, y lo envió de nuevo al frente.

Así que, en cuanto pudo, Solovik, desertó y fue a dar con un cocinero, que se hallaba en la retaguardia. Por lo visto, le dio una nota en la que se detallaban todos sus pasos desde que llegó a Europa y decía que pensaba desertar de nuevo, si le volvían a enviar al frente.

Por ello, el cocinero lo llevó ante la Policía Militar y estos lo llevaron ante el capitán de su compañía. Éste le instó a que rompiera su nota y se reintegrase en su unidad. Cosa que él rechazó.

Es muy curioso que este hombre no huyera, como hicieron otros desertores, sino que siempre quiso dejar muy clara su postura de que tenía miedo de ir al frente y sólo quería que lo enviaran a la retaguardia o a una prisión militar.

Posteriormente, lo llevaron ante un teniente coronel, que le hizo la misma propuesta de romper la nota y olvidarlo todo, si se reintegraba a su unidad, pero él siguió rechazándolo.

Así que el jefe le dijo que escribiera al dorso de su nota que había sido informado de la gravedad de autoinculparse y de que sabía que podría ser utilizado contra él ante un consejo de guerra. Cosa que hizo.

Posteriormente, un juez militar, fue a visitarlo al lugar donde lo tenían detenido. Le volvió a dar la oportunidad de retirar los cargos contra él, si aceptaba reincorporarse al frente. Incluso, en otro regimiento donde nadie lo conociera para empezar desde cero, pero Slovik siguió sin aceptar esas propuestas.

Por lo visto, en ese momento, su División estaba sufriendo muchas bajas causadas por las ofensivas alemanas, produciéndose muchas deserciones y eso apuntaba en su contra.

Parece ser que alguien le dijo que su deserción sólo sería castigada con un tiempo en la prisión militar. Supongo que a una persona que ya había pisado varias veces la cárcel no le supondría demasiados problemas volver a pisarla de nuevo.

Según parece, las cosas iban tan mal en ese frente que no lo pudieron juzgar los mandos de su División, ya que estaban todos combatiendo, sino que tuvieron que hacerlo los mandos de otras unidades. Seguro que eso también influyó en el veredicto y la condena dictada por ese consejo.

Me da la impresión de que Slovik se confió demasiado, porque se negó a declarar durante su consejo de guerra, que tuvo lugar el 11/11/1944.

Así que les puso la cosa muy fácil a los nueve miembros del consejo de guerra. Esa misma noche, decidieron, por unanimidad, declararlo culpable y condenarlo a muerte.

Supongo que no lo sabrían, pero lo cierto es que aplicaron las ideas de Hitler, cuando escribió: "quien lucha en el frente puede morir, pero quien deserta debe morir".

La sentencia siguió su cauce y luego fue aprobada por el general de división Norman Cota. El cual alegó que, de haberlo perdonado, no podría haber mirado a la cara a los que se estaban dejando la vida en el frente.

Posteriormente, él y su abogado pidieron clemencia al general Eisenhower, jefe de todas las fuerzas aliadas en Europa.

La verdad es que escogió un mal momento, porque acababa de empezar la ofensiva de las Ardenas, con un ataque alemán, que sorprendió a muchas unidades aliadas. Así que se multiplicaron el número de bajas y de deserciones

Por ello, el general Eisenhower, dio su visto bueno a la condena y ejecución, como un medio de parar esas deserciones que se estaban produciendo en todos los frentes. Dijo que era una forma de mantener la disciplina en el Ejército.

Evidentemente, esta condena no tenía precedentes, pues, hasta ese momento, a todos los desertores les habían enviado a prisiones militares y se esperaba que los liberasen al acabar la guerra.

Así que ya no le quedó a nada ni a nadie por recurrir. Por tanto, su ejecución tendría lugar la mañana del 31/01/1945.

Parece ser que Slovik les dijo a los soldados, mientras lo estaban preparando para la ejecución:

No me están disparando por desertar del ejército de los Estados Unidos, miles de tipos lo han hecho. Solo necesitan hacer un ejemplo de alguien y lo soy porque soy un ex convicto. Solía ​​robar cosas cuando era niño, y para eso me disparan. Me están disparando por el pan y el chicle que robé cuando tenía 12 años.”

Posteriormente, fue atado a un poste. El pelotón lo componían una docena de soldados del 109 Regimiento. La misma unidad a la que pertenecía nuestro personaje.

Parece ser que, según un médico, no murió con la primera descarga de fusilería, aunque sí lo hizo, cuando se disponían a dispararle de nuevo. Sólo tenía 24 años.

Más tarde, su cuerpo fue enterrado en un cercano solar, donde se hallaban las tumbas de otros soldados USA, que habían sido fusilados a causa de violaciones y asesinatos de civiles. Ni siquiera tenían puestos sus nombres. Solamente una clave conocida por el Ejército.

Es llamativo que, a pesar de que los mandos del Ejército USA dijeran que querían mostrar esta ejecución para desalentar a otros futuros desertores, no se atrevieron a dar publicidad a este hecho.

Fusilaron a nuestro personaje en una aldea deshabitada. No comunicaron oficialmente la misma. Ni tampoco se publicó en la prensa. Es más, a su mujer sólo le dijeron que su marido había muerto en Europa. Igual temían que la tropa se amotinase. Hasta 1954 no salió un artículo en la prensa, donde se narrase este hecho.

Por otro lado, su viuda estuvo muchos años luchando para que le devolvieran sus restos y le dieran una pensión, pero nunca lo consiguió.

En 1981, tras la muerte de ella, un antiguo veterano del Ejército USA, también de origen polaco, organizó una campaña para que exhumaran los restos de Slovik y los enterraran en USA.

En 1987, logró convencer al presidente Ronald Reagan para que lo autorizara. No obstante, tuvo que recaudar muchos fondos para costear esos gastos.

Parece ser que este veterano tuvo mucha suerte, porque la viuda de Slovik había fracasado, en su petición de perdón, con todos los anteriores presidentes a Reagan. Hasta el famoso J. F. Kennedy se la denegó. Así que ahora Slovik está enterrado junto a su esposa en un cementerio de Detroit.

Ciertamente, a Slovik se le dio un trato injusto. Durante la II Guerra Mundial, el Ejército USA, fusiló a 102 militares propios. Pero todos ellos fueron condenados por asesinatos y violaciones de civiles.

Por otro lado, 2.864 militares USA fueron juzgados por deserción. De ellos, 49 fueron condenados a muerte. Sin embargo, todos ellos, menos Slovik, vieron conmutada su sentencia por la de pasar varios años en una prisión militar.

Según cifras oficiales, durante la II Guerra Mundial, hubo unos 50.000 soldados USA y otros 100.000 británicos y procedentes de sus colonias, que desertaron. En algunos casos fueron capturados, pero la inmensa mayoría logró escapar.

Tras su ejecución, el Ejército USA, jamás volvió a condenar a muerte por deserción a ningún otro militar.

Parece ser que en 1960 todavía dolían las heridas de la II Guerra Mundial en USA, porque el famoso Frank Sinatra quiso producir una película sobre la vida de Slovik, mientras hacía campaña a favor de la elección de JFK. Sin embargo, los asesores del candidato le disuadieron de su idea para no perjudicar su campaña. Es curioso, porque la mayoría de los polacos han votado siempre al Partido Demócrata.

No obstante, en 1974, se aprovechó el guión de esa fallida película para realizar otra para la tv, protagonizada por el famoso actor Martin Sheen. Aquel que alcanzó la fama con Apocalypse now, actuando junto a Marlon Brando.

Por último, me gustaría que no pensarais que esto son cosas del pasado. En septiembre de 2009 desapareció en Afganistán el soldado USA Bowe Bergdahl. 

Nadie sabía qué había ocurrido. Lo único cierto es que se organizaron patrullas para buscarlo y, por ello, murieron 6 soldados a manos de los talibanes.

Poco después, se supo que estaba en poder de los talibanes y, más tarde, apareció en un vídeo publicado por ese grupo.

En 2014, se consiguió hacer un canje de este soldado por 5 presos de Guantánamo y fue ascendido a sargento.

No obstante, como había muchas dudas, se le sometió a una investigación dentro del Ejército. El resultado de la misma le hizo comparecer ante un consejo de guerra, que le degradó y le expulsó del Ejército. Supongo que no quisieron imponerle la máxima pena que era la cadena perpetua.

El presidente Trump lo definió como “un traidor sucio y podrido” y también dijo que merecía haber sido ejecutado. Es curioso que esto lo dijera Trump, que es nieto de un desertor alemán de la I Guerra Mundial.

En fin, a ver si alguno se decide y consigo tener 100 seguidores, antes de que acabe el año.

 

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