ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

lunes, 19 de julio de 2021

KURT EISNER Y LA REPÚBLICA DE BAVIERA

 

Hoy voy a escribir en este artículo sobre un personaje del que, en 2019, se conmemoraron los 100 años de su asesinato.

Kurt Eisner, que así se llamaba, nació en mayo de 1867, en la ciudad de Berlín, capital del reino de Prusia, pues hasta 1871 no se produjo la unificación de lo que hoy llamamos Alemania.

Su familia era muy acomodada, pues su padre era un rico industrial, siendo ambos progenitores judíos.

Parece ser que su educación fue muy esmerada, aunque no se decidió por continuar con los negocios de su padre.

Por el contrario, se matriculó en la prestigiosa Universidad de Marburgo (Hesse, Alemania). Enclavada en una de las 6 ciudades universitarias de ese país y considerada la Universidad protestante más antigua del mundo, pues se fundó, ya como tal, en 1527. No es para menos, pues de sus aulas han salido nada menos que 9 premios Nobel.

Estudió Filosofía y Literatura en la citada Universidad. Uno de sus profesores fue Hermann Cohen, un filósofo creador de la Escuela Neokantiana, que priorizaba la Ética sobre la Metafísica. Tras su graduación, Eisner, se dedicó al periodismo.

En 1892, empezó trabajando en la redacción del Frankfurter Zeitung, un diario liberal y pacifista de la oposición extraparlamentaria burguesa. El antecesor del actual Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Ahí tuvo su primer disgusto, pues al haber escrito un artículo, donde se criticaba abiertamente al káiser Guillermo II y a la aristocracia alemana. Esa “ocurrencia” le costó una condena de 9 meses de prisión en la infame cárcel de Plötzensee.

En 1892 se casó con la actriz Elisabeth Hendrich, hija de un famoso pintor, con la que tuvo 5 hijos. Ese matrimonio duró mucho tiempo, pero, en sus últimos años, Eisner se divorció y se casó con otra periodista llamada Elise Belli.

En 1898, Eisner se afilió al SPD (Partido Socialdemócrata Alemán), uno de los partidos más importantes de la Alemania actual. Es posible que lo hiciera, porque, el año anterior, había sufrido una condena judicial a un año de prisión. Fue debida a un artículo de opinión, donde los jueces interpretaron que nuestro personaje había insultado, otra vez, al Kaiser y el SPD fue el único que apoyó a Eisner.

En aquella época, esa formación se hallaba en medio de un gran debate interno. Por un lado, Eduard Bernstein, propugnaba que la mejor manera de alcanzar el poder era a través de los sindicatos y el Parlamento. Algo que hoy veríamos como lo más normal del mundo en un país desarrollado.

Bernstein argumentaba en sus escritos que ya no se daban las condiciones que enunciaba Karl Marx en “El Capital” y, por ello, había que realizar una revisión total del marxismo. Algo que no hizo mucha gracia ni a Lenin, ni a Trotsky. Sin embargo, Eisner, sí que apoyó las ideas de Bernstein, aunque luego varió de tendencia.

El SPD se dividió en tres facciones. Una fue la de los reformistas, que confiaban en cambiar el país integrándose en el régimen y aceptando su política imperialista y colonialista. Un sector centrista, que, poco a poco, aceptó por completo las ideas de Bernstein. Por último, un sector radical de izquierdas, donde militaban los famosos Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo, etc. Eisner terminó integrándose en este último grupo.

Es posible que, por ello, en 1905, perdiera su puesto en Vorwärts, el periódico del partido, donde dirigía el suplemento dominical y tuviera que pasar por otras redacciones hasta acabar como poeta y periodista independiente en Munich. Un lugar que le resultaba más agradable para vivir, porque le molestaba mucho el carácter tan disciplinado de los prusianos.

Después de trabajar en varios periódicos, en 1910, fundó su propia agencia de noticias, la cual suministraba material a los diferentes periódicos, que publicaba el SPD.

Al comienzo de la I Guerra Mundial, Friedrich Ebert, líder del SPD, había ordenado que se apoyara en el Parlamento la política belicista del régimen. Sin embargo, Liebknecht, fue el único diputado que votó en contra argumentando que: “Esta guerra, que ninguno de los pueblos deseaba, no se inició en beneficio de los alemanes, ni de ningún otro pueblo. Es una guerra imperialista, una guerra por la dominación capitalista de los mercados mundiales y por la dominación política de los países importantes en interés del capitalismo industrial y financiero. Surgido de la carrera armamentista, es una guerra preventiva, provocada por los partidos de guerra alemanes y austriacos en la oscuridad del semi-absolutismo y de la diplomacia secreta”.

El 27/07/1914, día en el que se cumplió el ultimátum dado por el Imperio Austro-Húngaro a Serbia, Eisner, pronunció un famoso discurso en Munich. En él, se mostró a favor de la paz y señaló a la Rusia zarista como la máxima culpable de la situación a la que se había llegado. Por ello, pidió que Francia, Reino Unido y Alemania se unieran para bloquear todos los intentos de empezar una guerra con fatales consecuencias. Más tarde, cambió de opinión y decidió que el culpable de la guerra fue Alemania.

A mediados de 1917, la facción radical del SPD, fundó en Gotha el Partido Socialista Independiente (USPD). Entre ellos, estaban Kurt Eisner, Ernst Toller, Ernst Thälmann. Los principales objetivos de este partido eran la finalización de la guerra y la recuperación del crédito para Alemania a nivel internacional.

El germen de este nuevo partido fueron las reuniones semanales, que solían hacer en un hostal y a donde acudían personas de todo tipo. Desde socialistas, anarquistas, veteranos y heridos de la guerra, etc. Durante muchas noches debatieron sobre las causas de la guerra y la forma de evitar que volviera a ocurrir.

Esta situación duró hasta 1920, cuando tras el congreso de este nuevo partido en la ciudad de Halle, un sector del mismo, acordó unirse al Partido Comunista Alemán (KPD).

Eisner continuó militando en el USPD y, a mediados de 1918, fue encerrado en la cárcel de Stadelheim, acusado de incitar a la huelga en una fábrica de municiones, hallándose el país en guerra.

No obstante, muy pronto fue liberado gracias a una amnistía general dictada en octubre de ese mismo año.

A finales de octubre de 1918, cuando el Ejército alemán ya se veía vencido, a su Almirantazgo se le ocurrió la idea de sacar a la Armada de sus puertos para enfrentarse a los británicos. Parece ser que esto no gustó nada a los marineros, que, en su mayoría eran obreros afiliados a organizaciones de izquierda. Esto dio lugar a que todas las unidades de la Armada se amotinaran.

A partir de ahí, se vivió en las calles alemanas un ambiente revolucionario. El 07/11/1918, una multitud de soldados, marineros y obreros se reunió en el centro de Munich. Inicialmente, escucharon las palabras de Erhard Auer, líder del SPD, que les pedía calma para negociar con el Gobierno.

Lo cierto es que se vivía una tensión cada vez mayor en el ambiente y sus palabras no convencieron a nadie. Sin embargo, un poco más allá, se hallaba Eisner dirigiéndose al público y hacia él se encaminó esa multitud.

Parece ser que les convenció. Incluso, un joven poeta amigo suyo, llamado Félix Fechenbach, les animó a que le siguieran para comenzar la revolución y eso hicieron.

Recorrieron todos los cuarteles de Munich, donde todos los soldados se les fueron uniendo.

También entraron en el Parlamento de Baviera y allí el propio Eisner pronunció un discurso a los suyos por el que se proclamaba presidente de la República de Baviera.

Mientras tanto, el rey de Baviera, Luis III, siguiendo los consejos de sus asesores, optó por salir de su palacio, junto con toda su familia y huir para refugiarse en un castillo en el campo, lejos de la ciudad. Posteriormente, se fueron todos a Austria, aunque el monarca no renunció nunca a su trono.

Por lo visto, el monarca, escapó escondido en el maletero de un coche. Seguro que esa escena les suena a todos de otro exgobernante que también  hizo lo mismo.

Por eso, Eisner, comenzó su discurso en el Parlamento con estas palabras: “la revolución bávara ha triunfado. Ha expulsado los últimos vestigios de los Wittelsbach”.

Es preciso decir que la dinastía de los Wittelsbach, a la que pertenecía la famosa emperatriz Sissi, llevaba reinando 738 años de manera ininterrumpida en Baviera.

A partir el 14/11/1918 fue nombrado primer ministro y también encargado de las relaciones exteriores de Baviera. Le plantearon si el nuevo régimen se iba a regir a base de consejos o por medio de un parlamento. Su respuesta fue que se mantendrían los consejos, como un medio para difundir la democracia, hasta que se convocaran las próximas elecciones y se eligiera un Parlamento.

Sólo se realizaron unos pocos cambios, pero con mucho calado. Como la reducción de la jornada laboral a 8 horas y la aprobación del voto femenino. Lo cierto es que ellos mismos se veían como un gobierno provisional y, por ello, dejaron los cambios para el siguiente.

En política exterior, quiso crear una especie de confederación entre Austria, Checoslovaquia y Baviera. Algo así como una confederación del Danubio, sin embargo, en Berlín se opusieron a ello.

En cambio, a fin de intentar unas mejores condiciones de paz de los Aliados hacia Baviera, no se le ocurrió otra cosa que publicar una serie de informes del Imperio Alemán. Con ello, se ganó la animadversión de los militares y de buena parte de la población. No hay que olvidar que en Baviera predominan los conservadores.

También se ganó la enemistad de las fuerzas y los sindicatos de izquierda, que esperaban que tomara unas medidas más revolucionarias. Estas fuerzas animaron a sus afiliados a ocupar el Ministerio de Asuntos Sociales. Este incidente acabó con un buen número de detenciones. Entre ellos, los máximos dirigentes de esos partidos y sindicatos.

Al mismo tiempo, hicieron campaña contra su gobierno tanto desde los periódicos conservadores, como desde los púlpitos de los templos católicos de Baviera.

Por lo visto, nunca tuvo muchos apoyos, ni por las fuerzas que siempre habían gobernado en Baviera, ni por la izquierda. Ambos lo miraban por encima del hombro, ya que lo consideraban como a un recién llegado al mundo de la política. Así que le presionaron para que convocara, urgentemente, unas elecciones generales.

Desgraciadamente, Eisner, se llevó una gran desilusión tras el resultado de las elecciones celebradas en enero de 1919. Su partido sólo obtuvo el 2,5% de los votos. Por el contrario, los conservadores obtuvieron un 35% y el SPD un 33%. Los comunistas y anarquistas no se presentaron a esas elecciones.

La fecha de inauguración del nuevo Parlamento fue el 21/02/1919. Sin embargo, unos días antes, unos soldados y marineros intentaron echar a Eisner de la sede de la Presidencia del Gobierno. Cosa que no consiguieron.

El mismo día de la inauguración del nuevo Parlamento, Eisner, salió del Ministerio de Asuntos Exteriores, acompañado por una pequeña comitiva, al objeto de dirigirse al edificio del Parlamento y poner su cargo a disposición del nuevo Gobierno.

Eran las 10 de la mañana y le acompañaban, caminando por la calle, su esposa, su yerno, Fechenbach, un funcionario de Exteriores y dos guardaespaldas, porque había recibido varias amenazas de muerte.

Durante ese trayecto, un estudiante, llamado Anton Graf von Arco auf Valley, que había sido teniente de Infantería durante la guerra, se cruzó con ellos y disparó varias veces sobre Eisner, provocando que muriera en el acto. Los guardaespaldas hirieron gravemente al asesino, pero se recuperó, tras una operación de urgencia.

Curiosamente, muchos revolucionarios, congregados en torno al hospital, quisieron linchar al médico que atendía a von Arco, porque se negó a entregarles a su paciente. Afortunadamente, el doctor, consiguió escapar de esa vengativa muchedumbre.

Realmente, no está nada claro si el asesino actuó por cuenta propia o si se lo había encargado alguien.

Ciertamente, no era un tipo cualquiera, sino que se trataba de un noble, perteneciente a una familia donde había muchos militares.

Curiosamente, al principio de la guerra, le negaron el acceso al cuerpo de oficiales, pero no por no ser noble, sino por su poca estatura, ya que sólo medía 1,59 m.

Posteriormente, se afilió a la Sociedad Thule, de donde salieron muchos de los altos cargos del nazismo. Sin embargo, lo expulsaron de allí en cuanto se enteraron de que su familia materna era de origen judío.

Así que algunos autores defienden que lo mató, porque quería dejar claro que, a pesar de ser judío, él se sentía alemán, mientras que, a su juicio, Eisner no era un auténtico patriota.

Sin embargo, posteriormente, ha habido algunos historiadores que han defendido la teoría de que existió un complot entre los militares para matar a Eisner y esa misión le tocó a von Arco.

Curiosamente, el asesino tuvo mucha suerte, porque le tocó en suerte el juez Georg Neithardt, el mismo que, posteriormente, juzgó a Hitler y sus colegas, tras el fracasado golpe de la cervecería.

En un principio, el fiscal le había pedido la pena de muerte, pero, como este juez simpatizaba con los nazis, pues la sentencia se redujo a una cadena perpetua atenuada. Algo que no gustó nada a muchos de los habitantes de Baviera, los cuales produjeron algunos disturbios.

Para más burla, en 1924, fue puesto en libertad y, sólo 3 años más tarde, sería indultado por el presidente von Hindenburg.

Poco después, durante la inauguración del nuevo Parlamento, un camarero partidario de Eisner, disparó contra el jefe del SPD, a quien culpaba del atentado mortal. También se oyeron otros disparos en el salón de sesiones. Así que el acto tuvo que ser interrumpido.

Por ello, el poder pasó, de manera interina, al Consejo Central de la República de Baviera. Hasta que se constituyera el nuevo Parlamento.

Unos días después, el cadáver de Eisner fue conducido, en medio de una inmensa procesión, en la que desfilaron unas 100.000 personas, hasta el Crematorio de Munich.

Su muerte no sirvió para dar una mayor estabilidad a Baviera, sino todo lo contrario. A mediados de marzo, Johannes Hoffmann, miembro del SPD, se convirtió en el nuevo primer ministro del Estado Libre de Baviera. Tampoco se lo pusieron nada fácil, pues siempre tuvo que arbitrar en las disputas entre el Parlamento y los múltiples consejos, que habían surgido por todo el país.

A primeros de abril de 1919, el Consejo Central y el Obrero Revolucionario proclamaron la República Soviética de Baviera. A imitación de la que había triunfado en Rusia, tras su revolución. Por tanto, Hoffmann y su gobierno huyeron a la ciudad de Bamberg.

La primera fase de esa nueva república estuvo gobernada por intelectuales. Sin embargo, tras las luchas entre las fuerzas militares enviadas desde Bamberg, para recuperar el

poder, y los miembros de la Guardia Roja, esto dio lugar a que los comunistas se hicieran cargo del Gobierno.

Esta vez, Hoffmann, envió a los temibles Freikorps. Unidades compuestas por veteranos combatientes en la I Guerra Mundial y muy afines a la ultraderecha.

En principio, los guardias rojos, consiguieron detener su ofensiva. Después, registraron un edificio, donde estaba la sede de la Sociedad Thule y detuvieron a varios de sus afiliados para luego asesinarles. También los miembros del Freikorps asesinaron a muchos de los prisioneros rojos, que cayeron en sus manos. Hay que aclarar que la mayoría de los altos jerarcas del Partido Nazi pertenecieron a la Sociedad Thule.

A primeros de mayo de ese mismo año, tropas enviadas por el Gobierno alemán, en unión con los Freikorps, consiguieron entrar en Munich. De esa forma acabaron con la República Soviética de Baviera.

Posteriormente, detuvieron a miles de personas relacionadas con ese régimen. La mayoría de ellas fueron juzgadas y condenadas a largas penas de cárcel. Incluso, alguno fue condenado a pena de muerte y ejecutado.

Curiosamente, algunos de los comunistas que pudieron escapar y huir a la URSS, más tarde, fueron asesinados en las infames y continuas purgas de Stalin.

Como reacción a esta revolución en Baviera, en enero de 1919, se fundó en Munich el Partido de los Trabajadores Alemanes, que luego pasó a llamarse NSDAP. O sea, el archiconocido Partido Nazi, que fue liderado por Hitler.

No vayamos a pensar que esta revolución sólo se dio en Baviera. A principios de noviembre de 1918 se proclamó la República Alemana, luego llamada de Weimar, por el lugar donde se firmó su constitución. Estaba presidida por el líder del SPD, Friedrich Ebert.

Pocos días después, el líder comunista, Karl Liebknecht, proclamó la República Socialista Libre de Alemania. Así que estas dos formas de entender Alemania entraron en colisión y a Ebert no le quedó otra que ordenar al Ejército que se ocupara de asegurar el orden, ya que se estaban produciendo combates por las calles.

Paradójicamente, aunque algunos miembros del SPD estaban en el Gobierno de Baviera, la central de ese partido, se mostró en contra de esos movimientos y mandó al Ejército para disolverlos.

Por otra parte, también es cierto que muchos bávaros añoraban la independencia de Baviera, que es mayoritariamente católica, y no querían ser gobernados desde Berlín, que era la capital de Prusia, un Estado con mayoría protestante. Por ello, muchos veían a Eisner como a un extraño, por haber nacido en Berlín. 

No obstante, la mentalidad conservadora de los bávaros y su tendencia a votar a la derecha hizo que Baviera fuera un terreno abonado para el surgimiento de diversos movimientos de ultraderecha. Precisamente, fue en Munich y no en Berlín, donde Hitler y sus colegas intentaron dar un golpe de Estado en noviembre de 1923. De hecho, Hitler, solía ir, una vez al año, a la misma cervecería desde donde intentó dar ese golpe para pronunciar un discurso  conmemorativo de ese hecho.

Unos años después, los nazis, denominaron a Munich como la capital de su movimiento y también fue donde mostraron su exposición de “arte degenerado”. 

También fue donde se produjeron las primeras quemas de libros y donde se construyó el primer campo de exterminio: Dachau.

Varios de los líderes nazis eran originarios de Baviera. Así que muchas de sus acciones tuvieron lugar en ese territorio, como las Leyes Raciales de Nuremberg. Era como jugar en casa.

 

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martes, 29 de junio de 2021

WILLI MÜNZERBERG

 

La Historia está llena de grandes personajes, que son los que suele conocer todo el mundo, porque son los que figuran en los titulares, pero no suelen citarse los nombres de los que han llevado a cabo los propósitos de estos. Como dice aquella vieja frase “el diablo está en los detalles”. Así que hoy voy a narrar la historia de un hombre sin el que el Comunismo no hubiera llegado a ser lo que es hoy en el mundo.

Wilhelm Münzerberg nació en 1889 Erfurt, capital del Estado alemán de Turingia. Era hijo de un humilde posadero, así que nunca tuvo la posibilidad de tener una buena formación.

Durante varios años, fue dando bandazos por diversos oficios, empezando por el de aprendiz de barbero, obrero en una fábrica, mozo en una farmacia, etc.

No obstante, también en esa época, se afilió a diversas asociaciones de ideología socialista y ahí logró exhibir su talento como agitador de masas.

Más tarde, cuando se dividió el SPD, al discutir sobre la participación de los obreros alemanes en la I Guerra Mundial, él optó por la rama radical, que se negaba a participar en ese conflicto.

Así que, para no ser alistado en su país, se exilió en Suiza, donde siguió militando en organizaciones de ese tipo y también donde fundó varias revistas.

Como se suele decir: “Dios los cría y ellos se juntan”. Lo digo, porque fue en Zurich donde conoció a Trotsky y donde éste le presentó a Lenin. Es curioso que en un país tan capitalista como Suiza fuera el lugar donde se exiliaron tantos comunistas. También es verdad que dicen que allí viven ahora algunos de la CUP.

No sé si el haber llegado a conocer a Lenin le dio más caché en su partido, lo cierto es que llegó a ser el líder del movimiento juvenil socialista suizo y, posteriormente, miembro de la Ejecutiva del Partido Socialista de Suiza. Llama poderosamente la atención que un extranjero tuviera una carrera tan fulgurante en ese país.

Curiosamente, llegó a tener tanta amistad con Lenin que, incluso, le acompañó hasta el famoso tren que le iba a llevar, a través de Finlandia, de vuelta a Rusia. Sin embargo, no se le permitió viajar con él a causa de su nacionalidad alemana. No sé si sería por su condición de prófugo de la Justicia de su país o para no relacionar a Alemania con la organización de ese viaje.

De todas maneras, no todo iban a ser éxitos. Suiza es un país que presume de ser muy apacible, así que a sus autoridades no les gustó nada eso de tener a un experto agitador político extranjero dentro de sus fronteras. Por ello, tras una leve condena a prisión, fue deportado a su país, cuando ya había acabado la guerra.

A su regreso, se encontró con un país en ebullición, muy diferente a cómo lo había dejado. Muy pronto, retomó su actividad política y, junto con varios amigos, fundaron el KPD (Partido Comunista de Alemania).

Incluso, llegó a ser el presidente de la Internacional de la Juventud Comunista. Todo un logro para una persona con muy poca formación, que no era lo habitual entre los dirigentes del comunismo internacional. Sin embargo, hay que decir que fue un tipo muy inteligente y siempre supo colocarse muy bien entre la alta jerarquía de su partido.

También se sumó al movimiento espartaquista en Stuttgart, que pretendía tomar el poder por medio de las armas. Tras fracasar, fue detenido y pasó varios meses en prisión.

Tras su puesta en libertad, fue elegido secretario general del KPD en el antiguo Estado federal de Württemberg y, posteriormente, participó en el Congreso Mundial de la Internacional Comunista, celebrado en 1920.

En 1924, fue elegido miembro del Reichstag o Parlamento alemán y siguió allí hasta 1933, que fue cuando Hitler llegó al poder. Poco después, se incendió esa sede parlamentaria y los nazis le echaron la culpa a los comunistas para poder ilegalizar el KPD y borrar de un plumazo a ese partido, que le estaba dando muchos quebraderos de cabeza.

Realmente, nunca fue un parlamentario muy brillante, pero sí un experto en saber manejar los medios de comunicación a su antojo. Era como lo que también sabía hacer muy bien Goebbels, pero desde el otro lado del espectro político. Aunque, como ya sabemos, en muchas ocasiones, los extremos se tocan.

Por ejemplo, en 1921, Lenin, le encargó una campaña para paliar, con fondos de otros países, la hambruna que se estaba padeciendo en la URSS. Evidentemente, no se mencionó que era a causa del mal gobierno soviético, sino que se decía que era por culpa de los países capitalistas.

La campaña fue todo un éxito a nivel internacional. Llegó a recaudar millones de dólares. Lo que no sabemos es quién se los quedó en la URSS.

Hay que decir que nuestro personaje, que era un tipo muy hábil, aprovechó esta campaña del Socorro Rojo Internacional para que los ciudadanos de los países occidentales simpatizaran con la URSS. Para ello, fundó publicaciones y subvencionó a otras occidentales para que hablaran muy bien de la Unión Soviética. Esas publicaciones iban dirigidas a la clase media y a los intelectuales de esos países. De esa forma, consiguió una corriente de opinión muy favorable a la URSS.

En 1924, fundó la revista, cuyas siglas eran AIZ. Se trataba de un semanario satírico de ideología socialista, no sólo dirigido a los miembros y simpatizantes de ese partido, sino a todos los obreros alemanes, en general. Uno de los personajes más satirizados fue el mismo Hitler. Así que no es de extrañar que éste tardara poco en cerrar ese medio de comunicación, en cuanto llegó al poder.

Posteriormente, fue nombrado jefe de propaganda de la Internacional Comunista y también fundó varias publicaciones con las que llegó a crear un grupo editorial que fue el segundo, en importancia, de Alemania.

Como no podía ser de otra manera, él y su pareja, se mudaron a un amplio piso de lujo y no se conformó con comprarse un coche utilitario, sino que se le veía pasear por Berlín en un lujoso automóvil Lincoln. Así que le empezaron a llamar el millonario rojo.

Ya he mencionado anteriormente que, en 1933, se produjo la llegada al poder de Hitler. Poco después, tuvo lugar el famoso incendio del Reichstag, del que le echaron la culpa a los comunistas.

Así que Münzerberg no esperó a que lo detuvieran y volvió a irse de Alemania. Tenía razón, sólo unos meses después, el nuevo Gobierno le retiró su ciudadanía alemana.

Dejó atrás un país, donde, no sólo el Ejército había jurado lealtad a Hitler, en lugar de a su Patria, como se había hecho hasta entonces, sino que, incluso, varios miles de profesores alemanes se reunieron en un teatro de Leipzig a fin de firmar un manifiesto en el que declaraban su fidelidad a Hitler.

Una de sus actividades en el exilio fue la edición del Libro marrón sobre el incendio del Reichstag, el cual fue publicado en Francia a finales de 1933 por Editions du Carrefour, una empresa creada por nuestro personaje.

Posteriormente, publicó otros libros, donde se iban detallando los excesos del régimen nazi en Alemania.

Con estas publicaciones se fue atrayendo a una serie de intelectuales de varios países a fin de fundar un comité de ayuda para Alemania.

Realizó esa labor a conciencia, dando instrucciones precisas a fin de intentar convencer a los intelectuales más prestigiosos para que los demás los siguieran. Con ellos comenzó una campaña de resistencia contra el nazismo. Preferiblemente, gente de la clase media, para que la gente no los identificara con las tradicionales clases dominantes y les mereciera una mayor confianza.

Como era de esperar, el régimen nazi, movió ficha y sus jueces lo condenaron a muerte en ausencia. O sea, en un juicio donde ni él, ni ningún abogado suyo estuvieron presentes.

Hay que reconocer que este hombre fue todo un maestro en la labor de convencer a la gente de las bondades del comunismo. Llegó a hacer creer que su ideología procedía de la Ilustración y que iba a traer una verdadera democracia a todos los países. El famoso escritor Arthur Koestler le llamaba “eminencia roja”.

Afortunadamente, ya se va conociendo cómo sobrevivía la gente en la antigua URSS o los crímenes de aquel régimen que, hasta no hace mucho, fueron negados por muchos conocidos historiadores.

También realizó una campaña contra el proceso, que se había iniciado en USA contra los anarquistas Sacco y Vanzetti, dando a entender que eran inocentes y que estaban siendo injustamente castigados por los tribunales de ese país.

Desde luego, siempre tuvo muy claro que era mucho más rentable ganarse a los intelectuales y alumnos universitarios, que a los obreros de cada país.

Curiosamente, su modelo era la URSS, un país donde se despreciaba a los intelectuales y, de vez en cuando, se les purgaba.

Por otro lado, era muy llamativo que un tipo con muy poca formación consiguiera convencer a aquellas mentes tan privilegiadas de las supuestas bondades del comunismo. Incluso, les llegó a hacer pensar que se trataba de un régimen que traería la democracia al mundo, cuando la verdad es que se trataba de una férrea y cruel dictadura.

Para ello, se valió de diferentes medios. Desde sus mencionadas publicaciones hasta los congresos de escritores antifascistas, los manifiestos o las marchas callejeras de protesta. Paradójicamente, nuestro personaje, en lugar de agradecérselo, los despreciaba, y solía denominarlos “el club de inocentes”.

Algunos de sus famosos seguidores fueron André Malraux, John dos Passos, Louis Aragon, Hemingway, etc. Otros fueron un paso más allá, como los famosos espías del grupo de Cambridge.

También fundó algunas organizaciones para atraer a los intelectuales del momento, como los Amigos de la Unión Soviética, la Liga contra el Imperialismo, la Sociedad Mundial para el alivio de las víctimas del fascismo alemán o el Socorro Internacional de los Trabajadores. Curiosamente, esa forma tan heterodoxa de actuación llamó la atención y fue criticada por los líderes comunistas más ortodoxos.

Volviendo al tema del incendio del Reichstag, en 1935, logró que, en el Reino Unido, se hiciera una especie de juicio paralelo a los detenidos, por ese hecho, en Alemania. Todos ellos militantes comunistas.

Ese “tribunal” absolvió a los acusados. Así que, cuando se celebró el verdadero juicio, los magistrados alemanes, presionados por la opinión pública internacional, también absolvieron a esos acusados. Toda una victoria sobre Goebbels.

Posteriormente, nuestro personaje, fue con su esposa y varios acompañantes de gira por USA, donde participó en algunos mítines en las ciudades más importantes.

Supongo que fue “abonando” el terreno para su causa, porque luego envió a uno de sus agentes a ese país para que crease organizaciones antifascistas, como la Liga Antinazi de Hollywood a la que se afiliaron muchos conocidos rostros del cine.

Posteriormente, se trasladó a París, desde donde siguió dirigiendo sus publicaciones y donde también ayudó a los republicanos españoles. De hecho, fue uno de los creadores de las famosas Brigadas Internacionales a fin de que las tropas de la URSS no tuvieran que intervenir directamente en el conflicto. Aunque todos sabemos que vinieron, pero solamente en calidad de “asesores”.

Parece ser que siempre tuvo una gran amistad con Largo Caballero y con Julio Álvarez del Vayo, ministro encargado de las relaciones exteriores de la II República.

También se le encargó una gestión para que el inoperante Comité de No Intervención permitiera que el Gobierno de la II República pudiera comprar, legalmente, armas para usarlas en la guerra civil. Parece ser que no tuvo demasiado éxito en esta empresa.

No obstante, siguiendo con su estilo habitual, fundó varias organizaciones para recaudar fondos a fin de ayudar a los republicanos españoles. Aparte de montar conferencias y manifestaciones con el mismo objetivo.

Incluso, estimuló las visitas de muchos intelectuales a la España en guerra a fin de que se viera claramente que apoyaban la causa republicana.

Es más, llegó a crear en París una agencia de prensa para difundir los logros del Gobierno de la II República. Hasta llegaron a utilizar el local de la Oficina española de turismo para hacer propaganda de esos logros a base de organizar, constantemente, exposiciones de todo tipo.

En julio de 1937 tuvo lugar la Exposición Internacional de París. Allí se expuso, por vez primera, el famoso cuadro “Guernica”, que el Gobierno republicano había encargado a Picasso, tras el bombardeo de esa ciudad, ocurrido en el mes de abril de ese mismo año.

Nuestro personaje aprovechó este acontecimiento para editar miles de libros, donde pretendía demostrar que algunas potencias, como Alemania o Italia, estaban interviniendo en la guerra civil. Hay que decir que eso lo hizo, porque en ese momento se hallaba reunido el Comité de No Intervención. Evidentemente, en esa publicación, no se hacía ninguna alusión a los militares soviéticos que intervinieron en España.

No obstante, algunas de sus intervenciones, como la de la organización del II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia, Barcelona, Madrid y París no fue muy del agrado de algunos políticos republicanos españoles, ya que nuestro personaje no había conseguido reunir a intelectuales de primer nivel, que fueran ampliamente conocidos por el público en general a pesar de la fuerte inversión que habían hecho para ello.

También intentaron refutar la idea, fomentada por la Iglesia Católica, de que el régimen republicano era anticlerical y de que la guerra era una Cruzada. Así que intentaron atraerse a ciertos intelectuales católicos, como Jacques Maritain o François Mauriac. También alegaron que los nacionales estaban reprimiendo muy duramente a un pueblo tan católico como el vasco.

Otra de sus acciones que fueron más populares fue exhibir, en los grandes escaparates de la Oficina España de Turismo, varias fotos a tamaño natural de niños muertos a causa de los bombardeos de los nacionales sobre Barcelona.

Incluso, fundaron a medias, entre el Gobierno republicano y el Komintern, el diario vespertino Ce Soir. Un periódico francés de gran tirada, que iba a servir para dar publicidad a la causa republicana.

Por lo visto, en 1936, le llamaron para que se presentara en Moscú a fin de otorgarle un cargo en el Komintern. Realmente, lo que hicieron fue criticar muy duramente su estilo, que no se ceñía a las órdenes directas de Stalin. Así que, en cuanto que pudo, pidió volver a París para continuar el trabajo que había comenzado. Ciertamente, le costó trabajo, pero, al fin, lo consiguió gracias a su amistad con algunos importantes líderes del Partido.

Parece ser que los esfuerzos de Münzerberg para luchar contra el fascismo no estaban gustando ahora mucho en Moscú, porque Stalin ya se hallaba buscando una alianza con Italia y Alemania.

A finales de ese mismo año, volvió a ser llamado a Moscú, pero, como ya había tenido la experiencia anterior, esta vez se negó a presentarse allí. Hay que decir que, por entonces, se estaban realizando grandes purgas y los que iban a la URSS no necesitaban un billete de vuelta.

Por lo visto, esa decisión no gustó nada en Moscú y le obligaron a dejar el mando de todas las organizaciones que había creado.

Incluso, la comisión de control del Komintern, le abrió un expediente y, en 1939, fue expulsado del Partido. Para colmo, en una de sus publicaciones advirtieron de que se trataba de un “enemigo”.

Después de ello, no sé si sus ideas cambiaron en ese momento o ya las tenía, pero no las había hecho públicas. Lo cierto es que ahora se atrevió a criticar directamente a Stalin. Es más, le llamó “traidor”, por haber firmado el famoso Pacto Ribbentrop-Molotov. Seguramente, ahí fue donde el líder soviético “le tomó la matrícula”.

Durante su etapa postcomunista fundó la revista Die Zukunft (El Futuro), en la que colaboraron una gran cantidad de escritores alemanes exiliados en Francia, como Thomas Mann, Alfred Döblin, Lion Feuchtwanger e, incluso de otros países, como Aldous Huxley, H G Wells, etc y hasta algunos famosos políticos, como Clement Attlee, Nehru o Harold MacMillan

En 1940, el avance de las tropas alemanas, le obligó a huir de París. Sin embargo, como se trataba de un alemán, fue detenido, al llegar al sur de Francia, y encerrado en un campo de concentración ubicado en esa zona.

Parece ser que allí trabó amistad con un joven recluso, que le propuso a él y a otros, huir del campo, aprovechando el caos político y administrativo, producido tras el armisticio.

Eso fue lo que hicieron, pero se separaron para que fuera más difícil capturarles. La intención de todos era llegar a Suiza.

Así que se fueron en junio de 1940 y esa fue la última vez que vieron con vida a Münzerberg. En el mes de octubre de ese mismo año, unos cazadores, encontraron su cadáver al pie de un árbol. Su cuerpo se hallaba en descomposición y se encontró una soga rodeando su cuello. El informe forense dijo que la causa de la muerte fue el estrangulamiento por ese cordón alrededor del cuello, aunque también parecía que le habían matado por medio del garrote.

Se sospecha que el joven que conoció en aquel campo de concentración no era un preso más, sino un agente del NKVD, el antecesor del KGB, que es posible que le tendiera una trampa para que lo mataran, pues en Moscú habían dado la orden de asesinarlo.

Por otra parte, en cierto documento, procedente de la antigua RDA, se dice que un agente de la Gestapo alemana fue el encargado de asesinarle.  Tampoco sería descartable, porque tenía enemigos en ambos bandos, aunque también es cierto que, cuando se produjo la invasión de Francia, Alemania y la URSS todavía eran aliadas.

No sé si alguna vez sabremos quién lo mató, aunque yo creo que fue otro de esos asesinatos cometidos por la larga mano de Stalin, de la cual ya he aportado algunos ejemplos en otros de mis artículos.

 

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domingo, 30 de mayo de 2021

LA HISTORIA DE LA MESA DE ESCRITORIO RESOLUTE

 

 

Seguramente, que casi todos habréis visto alguna vez aquella foto, en la que se veía al hijo del presidente John F. Kennedy, asomando por debajo de su mesa de trabajo, situada en el despacho oval de la Casa Blanca. Pues esa mesa tiene una historia muy curiosa y aquí os la voy a contar.

Tenemos que remontarnos al año 1845. En esa fecha, un brillante oficial de la Armada británica, llamado John Franklin, consiguió convencer tanto a la famosa reina Victoria como al Almirantazgo para que patrocinasen una expedición a fin de buscar el Paso del Noroeste en una zona cercana al Polo Norte. No era la primera vez que este marino navegaba por el Ártico, pues ya había surcado esas aguas en tres expediciones anteriores.

Para ello, le pusieron al mando de dos de los más modernos buques de su flota: el HMS Erebus y el HMS Terror. En cuanto a la tripulación, unas fuentes hablan de 128, mientras que otras elevan la cifra a 135 hombres.

Su singladura comenzó en Londres, a mediados de mayo de 1845. Desgraciadamente, nunca regresaron.

Posteriormente, Jane Griffin, esposa de Franklin, consiguió persuadir al Almirantazgo británico para que organizara varias expediciones en su busca. Por otra parte, tanto ella como este Organismo ofrecieron buenas recompensas para quien diera con el paradero de esas tripulaciones.

Por esa razón, varios barcos, tanto británicos como de USA, que entonces era una potencia emergente, estuvieron buscando a los desaparecidos.

No fue hasta 1850 cuando encontraron tres tumbas, excavadas en el hielo, correspondientes a unos tripulantes de esos barcos.

En 1854, el explorador escocés John Rae, conoció a unos esquimales, los cuales le indicaron un lugar, donde varios de esos tripulantes habían muerto de hambre. También le dieron una serie de objetos, que se demostró que pertenecieron a Franklin y a algunos de sus marinos.

La esposa de Franklin hizo un último intento, organizando otra nueva expedición. Ésta tuvo más suerte. En 1859, encontraron, bajo un gran montón de piedras, unos documentos escritos por algunos de los oficiales de esos barcos, donde se describía su odisea.

En esos documentos se decía que los barcos habían quedado atrapados en el hielo, sin posibilidad de moverlos. También decían que el capitán Franklin había muerto a mediados de 1847.

Incluso, que había tomado la decisión de ir hacia el sur, hasta la desembocadura de un río, que fue, precisamente, donde los encontraron muertos los esquimales.

Realmente, no se conocen las causas de los fallecimientos de estos tripulantes. Algunos expertos mencionan como posibles el envenenamiento por el plomo, con el que se sellaban entonces las latas de conservas. También el frío, el botulismo o hasta el escorbuto.


No fue hasta 2015 cuando una expedición, organizada por el Gobierno de Canadá, encontró los restos del HMS Erebus. El objetivo de esta expedición no era sólo encontrar ese barco, sino afianzar las reclamaciones de ese país sobre amplias zonas del Ártico.

Así que, puestos en contacto con el Gobierno británico, éste les informó que les cederían el barco a Canadá y sólo se quedarían con algunos objetos para entregárselos a los descendientes de sus tripulantes.

Curiosamente, este mismo mes de mayo, la revista de Historia de National Geographic, ha publicado que se ha identificado uno de los cadáveres, correspondiente a uno de los tripulantes del HMS Erebus, al comparar su ADN con el de uno de sus tataranietos que, actualmente, reside  en Sudáfrica. Se ha sabido que murió 3 años después de su partida de Londres. Fue uno de los tripulantes que murieron cerca de la desembocadura del río Back. Tal y como dijeron los esquimales.

Ciertamente, entre 1848 y 1880, hubo numerosas expediciones para encontrar esos barcos. Unos fueron por el deseo de aventuras y otros animados por la fuerte recompensa ofrecida.

En 1850, el Almirantazgo británico, fletó una de esas expediciones. La formaban dos barcos movidos por velas, el HMS Resolute y el HMS Asistance, junto con otros dos barcos con motores a vapor, el HMS Pioneer y el HMS Intrepid. Al mando de esta expedición pusieron a Horatio Thomas Austin, un marino militar con gran experiencia en el Ártico. Ninguna de esas naves había sido construida para la Armada, sino que habían sido mercantes, que luego fueron comprados por el Gobierno británico.

Aunque, al principio, sufrieron algún contratiempo, debido a los bloqueos por las masas de hielo, consiguieron avanzar y unirse a los barcos de otras dos expediciones. Incluso, se pusieron de acuerdo para explorar diversas zonas con trineos, a los que colocaron velas para ir más rápidos sobre el suelo helado.

Afortunadamente, Austin, consiguió liberar a todos sus barcos del hielo y regresar sanos y salvos a su puerto de salida, aunque no encontraron ningún resto del mencionado naufragio. Lo cierto es que, a su vuelta, los mandos de esa expedición, tuvieron que comparecer ante un comité de investigación,

el cual comprobó que había habido muchas discusiones entre los oficiales y que habían regresado sin encontrar nada, porque Austin se había opuesto a seguir buscando a una mayor distancia de las naves. Así que esto puso en entredicho la buena reputación de Austin y, a partir de entonces, ya sólo le ofrecieron mandos secundarios en la Armada.

En 1852, se formó una nueva expedición, al mando de sir Edward Belcher, para buscar los barcos y los tripulantes perdidos y, de paso, intentar hallar el paso del noroeste. Eso sí, a los cuatro barcos que formaban la flotilla anterior unieron un quinto, el North Star, un barco dedicado a dar apoyo logístico a esta expedición.

La expedición llegó al Ártico en el verano de ese año y se dividió en dos. El HMS Resolute, al mando del capitán Kellett, junto al vapor Intrepid, se dirigieron al oeste, mientras que los otros dos fueron hacia el norte. El North Star se quedó esperándolos en la isla Beechey.

Los marinos del Resolute no encontraron restos del naufragio de Franklin. En cambio, sí que encontraron el barco HMS Investigator, que había quedado atrapado en el hielo dos años antes, junto con los supervivientes, que se hallaban en su interior y que fueron trasladados a su nave.

Sin embargo, a partir del verano de 1853, cambiaron las condiciones climáticas y una intensa ola de frío se abatió sobre la nave. Allí estuvieron aguantando como pudieron hasta que, en abril de 1854, Belcher, le dio a Kellett la orden de que abandonasen el barco.

Muy a su pesar, Kellet, evacuó a toda su tripulación más los rescatados en el otro barco, llevándolos, a través del hielo, hasta el lugar donde les esperaba el North Star a donde llegaron en el verano de 1854.

Esta vez tuvieron suerte, porque, aparentemente, no iban a caber todos en el North Star. Afortunadamente, aparecieron dos nuevos barcos, donde pudieron alojar a todos sin problemas. Todos abandonaron esa isla a finales de agosto de 1854 y llegaron al Reino Unido sanos y salvos.

Casualmente, en septiembre de 1855, un ballenero USA, encontró flotando a la deriva al HMS Resolute, a casi 2.000 km de donde lo habían abandonado.

Por lo visto, les llamó la atención no ver a nadie en su interior y lo abordaron. Se extrañaron mucho más al ver que aquello parecía un barco fantasma, en el que había muchos objetos, pero ningún tripulante. Así que, siguiendo las leyes del mar, remolcaron la nave hasta su puerto de origen, en Connecticut y se quedaron con el barco.

Más tarde, cuando se conoció la noticia, un senador de Virginia, propuso que, para mejorar las relaciones con el Reino Unido, el Gobierno USA, debería de regalar el barco a los británicos.

La propuesta fue aprobada. No olvidemos que ambos países habían mantenido varias guerras y sus relaciones no eran tan buenas como ahora. Así que el Gobierno USA compró el barco al propietario del barco ballenero, que lo había hallado.

Posteriormente, fue llevado a un astillero para repararlo. Ya en diciembre de 1856, el HMS Resolute, fue enviado al Reino Unido con una tripulación de la Armada USA, donde fue recibido por la propia reina Victoria.

La nave volvió al servicio en la Armada británica hasta 1879, año en que fue dada de baja. Cuando iba a ser desguazada, el Gobierno británico, ordenó que se hicieran 3 mesas de escritorio con las vigas del mismo. No olvidemos que, por entonces, los barcos de guerra, se construían con madera de roble de la mejor calidad, la cual había sido tratada para que aguantase los fuertes embates del mar.

Una de las mesas fue regalada al Gobierno USA, la otra a Henry Grinnell, un rico comerciante de Nueva York, que había aportado muchos fondos para las expediciones de rescate. Por fin, la tercera se la quedó la reina Victoria y ahora está en un Museo de la Armada.

Seguro que, a estas alturas, más de uno se habrá preguntado si 
se consiguió encontrar el famoso Paso del Noroeste. Lo cierto es que el primero que lo consiguió, haciendo todo el recorrido por vía marítima fue el famoso explorador noruego Roald Amundsen, en 1906.

Ciertamente, Robert McClure y su tripulación del HMS Investigator consiguieron algo parecido en 1854. Partiendo de Gran Bretaña bordearon América por el cabo de Hornos y llegaron hasta Alaska. Consiguieron hacer el recorrido del Paso del Noroeste, pero unas veces en barco y otras en trineo. Al final, como ya he mencionado anteriormente, los supervivientes de ese viaje fueron rescatados y llevados al North Star.

Volviendo a nuestro tema de hoy, la mesa escritorio destinada al Gobierno USA, fue recibida por el presidente Hayes, en 1880. Un mueble que pesaba nada menos que 600 kg.

Desde entonces, siempre ha estado en la Casa Blanca. Sin embargo, no todos los presidentes la han colocado en el Despacho Oval, sino que también ha estado en un despacho privado que tienen en la Casa Blanca. Clinton fue el último presidente que ordenó que la trasladaran al Despacho Oval y, desde entonces, no la han cambiado

de sitio. Curiosamente, fue Jacqueline Kennedy la que convenció a su marido para que se colocase en el Despacho Oval.

Seguro que a más de uno le suena haberla visto en la película La Búsqueda (National Treasure, 2004), protagonizada por Nicolas Cage y Diane Kruger.

Algunos presidentes no han querido utilizarla, como Johnson, Nixon o Ford. En el caso de Franklin Delano Roosevelt, ordenó que se le colocara una puerta en el centro para que no se pudiera apreciar en las fotos que estaba en silla de ruedas.

Para terminar, haré una descripción de esa mesa. En sus laterales se pueden ver las efigies de la reina Victoria y el presidente Hayes. A su alrededor, figuran los rostros d
e los marinos que dieron su vida buscando el Paso del Noroeste.

Los tiradores de los cajones tienen forma de dos manos, que están estrechándose. Como símbolo de la amistad entre ambos países.

En la parte trasera existe una placa de bronce, donde se cuenta la aventura del barco, cuya madera sirvió para construir ese mueble.

La tradición dice que los presidentes salientes dejan una nota en el cajón principal dirigida al presidente entrante. Eso mismo ha hecho Trump y Biden la ha calificado como “muy generosa”, pero no ha difundido su contenido.

 

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