ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 29 de junio de 2021

WILLI MÜNZERBERG

 

La Historia está llena de grandes personajes, que son los que suele conocer todo el mundo, porque son los que figuran en los titulares, pero no suelen citarse los nombres de los que han llevado a cabo los propósitos de estos. Como dice aquella vieja frase “el diablo está en los detalles”. Así que hoy voy a narrar la historia de un hombre sin el que el Comunismo no hubiera llegado a ser lo que es hoy en el mundo.

Wilhelm Münzerberg nació en 1889 Erfurt, capital del Estado alemán de Turingia. Era hijo de un humilde posadero, así que nunca tuvo la posibilidad de tener una buena formación.

Durante varios años, fue dando bandazos por diversos oficios, empezando por el de aprendiz de barbero, obrero en una fábrica, mozo en una farmacia, etc.

No obstante, también en esa época, se afilió a diversas asociaciones de ideología socialista y ahí logró exhibir su talento como agitador de masas.

Más tarde, cuando se dividió el SPD, al discutir sobre la participación de los obreros alemanes en la I Guerra Mundial, él optó por la rama radical, que se negaba a participar en ese conflicto.

Así que, para no ser alistado en su país, se exilió en Suiza, donde siguió militando en organizaciones de ese tipo y también donde fundó varias revistas.

Como se suele decir: “Dios los cría y ellos se juntan”. Lo digo, porque fue en Zurich donde conoció a Trotsky y donde éste le presentó a Lenin. Es curioso que en un país tan capitalista como Suiza fuera el lugar donde se exiliaron tantos comunistas. También es verdad que dicen que allí viven ahora algunos de la CUP.

No sé si el haber llegado a conocer a Lenin le dio más caché en su partido, lo cierto es que llegó a ser el líder del movimiento juvenil socialista suizo y, posteriormente, miembro de la Ejecutiva del Partido Socialista de Suiza. Llama poderosamente la atención que un extranjero tuviera una carrera tan fulgurante en ese país.

Curiosamente, llegó a tener tanta amistad con Lenin que, incluso, le acompañó hasta el famoso tren que le iba a llevar, a través de Finlandia, de vuelta a Rusia. Sin embargo, no se le permitió viajar con él a causa de su nacionalidad alemana. No sé si sería por su condición de prófugo de la Justicia de su país o para no relacionar a Alemania con la organización de ese viaje.

De todas maneras, no todo iban a ser éxitos. Suiza es un país que presume de ser muy apacible, así que a sus autoridades no les gustó nada eso de tener a un experto agitador político extranjero dentro de sus fronteras. Por ello, tras una leve condena a prisión, fue deportado a su país, cuando ya había acabado la guerra.

A su regreso, se encontró con un país en ebullición, muy diferente a cómo lo había dejado. Muy pronto, retomó su actividad política y, junto con varios amigos, fundaron el KPD (Partido Comunista de Alemania).

Incluso, llegó a ser el presidente de la Internacional de la Juventud Comunista. Todo un logro para una persona con muy poca formación, que no era lo habitual entre los dirigentes del comunismo internacional. Sin embargo, hay que decir que fue un tipo muy inteligente y siempre supo colocarse muy bien entre la alta jerarquía de su partido.

También se sumó al movimiento espartaquista en Stuttgart, que pretendía tomar el poder por medio de las armas. Tras fracasar, fue detenido y pasó varios meses en prisión.

Tras su puesta en libertad, fue elegido secretario general del KPD en el antiguo Estado federal de Württemberg y, posteriormente, participó en el Congreso Mundial de la Internacional Comunista, celebrado en 1920.

En 1924, fue elegido miembro del Reichstag o Parlamento alemán y siguió allí hasta 1933, que fue cuando Hitler llegó al poder. Poco después, se incendió esa sede parlamentaria y los nazis le echaron la culpa a los comunistas para poder ilegalizar el KPD y borrar de un plumazo a ese partido, que le estaba dando muchos quebraderos de cabeza.

Realmente, nunca fue un parlamentario muy brillante, pero sí un experto en saber manejar los medios de comunicación a su antojo. Era como lo que también sabía hacer muy bien Goebbels, pero desde el otro lado del espectro político. Aunque, como ya sabemos, en muchas ocasiones, los extremos se tocan.

Por ejemplo, en 1921, Lenin, le encargó una campaña para paliar, con fondos de otros países, la hambruna que se estaba padeciendo en la URSS. Evidentemente, no se mencionó que era a causa del mal gobierno soviético, sino que se decía que era por culpa de los países capitalistas.

La campaña fue todo un éxito a nivel internacional. Llegó a recaudar millones de dólares. Lo que no sabemos es quién se los quedó en la URSS.

Hay que decir que nuestro personaje, que era un tipo muy hábil, aprovechó esta campaña del Socorro Rojo Internacional para que los ciudadanos de los países occidentales simpatizaran con la URSS. Para ello, fundó publicaciones y subvencionó a otras occidentales para que hablaran muy bien de la Unión Soviética. Esas publicaciones iban dirigidas a la clase media y a los intelectuales de esos países. De esa forma, consiguió una corriente de opinión muy favorable a la URSS.

En 1924, fundó la revista, cuyas siglas eran AIZ. Se trataba de un semanario satírico de ideología socialista, no sólo dirigido a los miembros y simpatizantes de ese partido, sino a todos los obreros alemanes, en general. Uno de los personajes más satirizados fue el mismo Hitler. Así que no es de extrañar que éste tardara poco en cerrar ese medio de comunicación, en cuanto llegó al poder.

Posteriormente, fue nombrado jefe de propaganda de la Internacional Comunista y también fundó varias publicaciones con las que llegó a crear un grupo editorial que fue el segundo, en importancia, de Alemania.

Como no podía ser de otra manera, él y su pareja, se mudaron a un amplio piso de lujo y no se conformó con comprarse un coche utilitario, sino que se le veía pasear por Berlín en un lujoso automóvil Lincoln. Así que le empezaron a llamar el millonario rojo.

Ya he mencionado anteriormente que, en 1933, se produjo la llegada al poder de Hitler. Poco después, tuvo lugar el famoso incendio del Reichstag, del que le echaron la culpa a los comunistas.

Así que Münzerberg no esperó a que lo detuvieran y volvió a irse de Alemania. Tenía razón, sólo unos meses después, el nuevo Gobierno le retiró su ciudadanía alemana.

Dejó atrás un país, donde, no sólo el Ejército había jurado lealtad a Hitler, en lugar de a su Patria, como se había hecho hasta entonces, sino que, incluso, varios miles de profesores alemanes se reunieron en un teatro de Leipzig a fin de firmar un manifiesto en el que declaraban su fidelidad a Hitler.

Una de sus actividades en el exilio fue la edición del Libro marrón sobre el incendio del Reichstag, el cual fue publicado en Francia a finales de 1933 por Editions du Carrefour, una empresa creada por nuestro personaje.

Posteriormente, publicó otros libros, donde se iban detallando los excesos del régimen nazi en Alemania.

Con estas publicaciones se fue atrayendo a una serie de intelectuales de varios países a fin de fundar un comité de ayuda para Alemania.

Realizó esa labor a conciencia, dando instrucciones precisas a fin de intentar convencer a los intelectuales más prestigiosos para que los demás los siguieran. Con ellos comenzó una campaña de resistencia contra el nazismo. Preferiblemente, gente de la clase media, para que la gente no los identificara con las tradicionales clases dominantes y les mereciera una mayor confianza.

Como era de esperar, el régimen nazi, movió ficha y sus jueces lo condenaron a muerte en ausencia. O sea, en un juicio donde ni él, ni ningún abogado suyo estuvieron presentes.

Hay que reconocer que este hombre fue todo un maestro en la labor de convencer a la gente de las bondades del comunismo. Llegó a hacer creer que su ideología procedía de la Ilustración y que iba a traer una verdadera democracia a todos los países. El famoso escritor Arthur Koestler le llamaba “eminencia roja”.

Afortunadamente, ya se va conociendo cómo sobrevivía la gente en la antigua URSS o los crímenes de aquel régimen que, hasta no hace mucho, fueron negados por muchos conocidos historiadores.

También realizó una campaña contra el proceso, que se había iniciado en USA contra los anarquistas Sacco y Vanzetti, dando a entender que eran inocentes y que estaban siendo injustamente castigados por los tribunales de ese país.

Desde luego, siempre tuvo muy claro que era mucho más rentable ganarse a los intelectuales y alumnos universitarios, que a los obreros de cada país.

Curiosamente, su modelo era la URSS, un país donde se despreciaba a los intelectuales y, de vez en cuando, se les purgaba.

Por otro lado, era muy llamativo que un tipo con muy poca formación consiguiera convencer a aquellas mentes tan privilegiadas de las supuestas bondades del comunismo. Incluso, les llegó a hacer pensar que se trataba de un régimen que traería la democracia al mundo, cuando la verdad es que se trataba de una férrea y cruel dictadura.

Para ello, se valió de diferentes medios. Desde sus mencionadas publicaciones hasta los congresos de escritores antifascistas, los manifiestos o las marchas callejeras de protesta. Paradójicamente, nuestro personaje, en lugar de agradecérselo, los despreciaba, y solía denominarlos “el club de inocentes”.

Algunos de sus famosos seguidores fueron André Malraux, John dos Passos, Louis Aragon, Hemingway, etc. Otros fueron un paso más allá, como los famosos espías del grupo de Cambridge.

También fundó algunas organizaciones para atraer a los intelectuales del momento, como los Amigos de la Unión Soviética, la Liga contra el Imperialismo, la Sociedad Mundial para el alivio de las víctimas del fascismo alemán o el Socorro Internacional de los Trabajadores. Curiosamente, esa forma tan heterodoxa de actuación llamó la atención y fue criticada por los líderes comunistas más ortodoxos.

Volviendo al tema del incendio del Reichstag, en 1935, logró que, en el Reino Unido, se hiciera una especie de juicio paralelo a los detenidos, por ese hecho, en Alemania. Todos ellos militantes comunistas.

Ese “tribunal” absolvió a los acusados. Así que, cuando se celebró el verdadero juicio, los magistrados alemanes, presionados por la opinión pública internacional, también absolvieron a esos acusados. Toda una victoria sobre Goebbels.

Posteriormente, nuestro personaje, fue con su esposa y varios acompañantes de gira por USA, donde participó en algunos mítines en las ciudades más importantes.

Supongo que fue “abonando” el terreno para su causa, porque luego envió a uno de sus agentes a ese país para que crease organizaciones antifascistas, como la Liga Antinazi de Hollywood a la que se afiliaron muchos conocidos rostros del cine.

Posteriormente, se trasladó a París, desde donde siguió dirigiendo sus publicaciones y donde también ayudó a los republicanos españoles. De hecho, fue uno de los creadores de las famosas Brigadas Internacionales a fin de que las tropas de la URSS no tuvieran que intervenir directamente en el conflicto. Aunque todos sabemos que vinieron, pero solamente en calidad de “asesores”.

Parece ser que siempre tuvo una gran amistad con Largo Caballero y con Julio Álvarez del Vayo, ministro encargado de las relaciones exteriores de la II República.

También se le encargó una gestión para que el inoperante Comité de No Intervención permitiera que el Gobierno de la II República pudiera comprar, legalmente, armas para usarlas en la guerra civil. Parece ser que no tuvo demasiado éxito en esta empresa.

No obstante, siguiendo con su estilo habitual, fundó varias organizaciones para recaudar fondos a fin de ayudar a los republicanos españoles. Aparte de montar conferencias y manifestaciones con el mismo objetivo.

Incluso, estimuló las visitas de muchos intelectuales a la España en guerra a fin de que se viera claramente que apoyaban la causa republicana.

Es más, llegó a crear en París una agencia de prensa para difundir los logros del Gobierno de la II República. Hasta llegaron a utilizar el local de la Oficina española de turismo para hacer propaganda de esos logros a base de organizar, constantemente, exposiciones de todo tipo.

En julio de 1937 tuvo lugar la Exposición Internacional de París. Allí se expuso, por vez primera, el famoso cuadro “Guernica”, que el Gobierno republicano había encargado a Picasso, tras el bombardeo de esa ciudad, ocurrido en el mes de abril de ese mismo año.

Nuestro personaje aprovechó este acontecimiento para editar miles de libros, donde pretendía demostrar que algunas potencias, como Alemania o Italia, estaban interviniendo en la guerra civil. Hay que decir que eso lo hizo, porque en ese momento se hallaba reunido el Comité de No Intervención. Evidentemente, en esa publicación, no se hacía ninguna alusión a los militares soviéticos que intervinieron en España.

No obstante, algunas de sus intervenciones, como la de la organización del II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia, Barcelona, Madrid y París no fue muy del agrado de algunos políticos republicanos españoles, ya que nuestro personaje no había conseguido reunir a intelectuales de primer nivel, que fueran ampliamente conocidos por el público en general a pesar de la fuerte inversión que habían hecho para ello.

También intentaron refutar la idea, fomentada por la Iglesia Católica, de que el régimen republicano era anticlerical y de que la guerra era una Cruzada. Así que intentaron atraerse a ciertos intelectuales católicos, como Jacques Maritain o François Mauriac. También alegaron que los nacionales estaban reprimiendo muy duramente a un pueblo tan católico como el vasco.

Otra de sus acciones que fueron más populares fue exhibir, en los grandes escaparates de la Oficina España de Turismo, varias fotos a tamaño natural de niños muertos a causa de los bombardeos de los nacionales sobre Barcelona.

Incluso, fundaron a medias, entre el Gobierno republicano y el Komintern, el diario vespertino Ce Soir. Un periódico francés de gran tirada, que iba a servir para dar publicidad a la causa republicana.

Por lo visto, en 1936, le llamaron para que se presentara en Moscú a fin de otorgarle un cargo en el Komintern. Realmente, lo que hicieron fue criticar muy duramente su estilo, que no se ceñía a las órdenes directas de Stalin. Así que, en cuanto que pudo, pidió volver a París para continuar el trabajo que había comenzado. Ciertamente, le costó trabajo, pero, al fin, lo consiguió gracias a su amistad con algunos importantes líderes del Partido.

Parece ser que los esfuerzos de Münzerberg para luchar contra el fascismo no estaban gustando ahora mucho en Moscú, porque Stalin ya se hallaba buscando una alianza con Italia y Alemania.

A finales de ese mismo año, volvió a ser llamado a Moscú, pero, como ya había tenido la experiencia anterior, esta vez se negó a presentarse allí. Hay que decir que, por entonces, se estaban realizando grandes purgas y los que iban a la URSS no necesitaban un billete de vuelta.

Por lo visto, esa decisión no gustó nada en Moscú y le obligaron a dejar el mando de todas las organizaciones que había creado.

Incluso, la comisión de control del Komintern, le abrió un expediente y, en 1939, fue expulsado del Partido. Para colmo, en una de sus publicaciones advirtieron de que se trataba de un “enemigo”.

Después de ello, no sé si sus ideas cambiaron en ese momento o ya las tenía, pero no las había hecho públicas. Lo cierto es que ahora se atrevió a criticar directamente a Stalin. Es más, le llamó “traidor”, por haber firmado el famoso Pacto Ribbentrop-Molotov. Seguramente, ahí fue donde el líder soviético “le tomó la matrícula”.

Durante su etapa postcomunista fundó la revista Die Zukunft (El Futuro), en la que colaboraron una gran cantidad de escritores alemanes exiliados en Francia, como Thomas Mann, Alfred Döblin, Lion Feuchtwanger e, incluso de otros países, como Aldous Huxley, H G Wells, etc y hasta algunos famosos políticos, como Clement Attlee, Nehru o Harold MacMillan

En 1940, el avance de las tropas alemanas, le obligó a huir de París. Sin embargo, como se trataba de un alemán, fue detenido, al llegar al sur de Francia, y encerrado en un campo de concentración ubicado en esa zona.

Parece ser que allí trabó amistad con un joven recluso, que le propuso a él y a otros, huir del campo, aprovechando el caos político y administrativo, producido tras el armisticio.

Eso fue lo que hicieron, pero se separaron para que fuera más difícil capturarles. La intención de todos era llegar a Suiza.

Así que se fueron en junio de 1940 y esa fue la última vez que vieron con vida a Münzerberg. En el mes de octubre de ese mismo año, unos cazadores, encontraron su cadáver al pie de un árbol. Su cuerpo se hallaba en descomposición y se encontró una soga rodeando su cuello. El informe forense dijo que la causa de la muerte fue el estrangulamiento por ese cordón alrededor del cuello, aunque también parecía que le habían matado por medio del garrote.

Se sospecha que el joven que conoció en aquel campo de concentración no era un preso más, sino un agente del NKVD, el antecesor del KGB, que es posible que le tendiera una trampa para que lo mataran, pues en Moscú habían dado la orden de asesinarlo.

Por otra parte, en cierto documento, procedente de la antigua RDA, se dice que un agente de la Gestapo alemana fue el encargado de asesinarle.  Tampoco sería descartable, porque tenía enemigos en ambos bandos, aunque también es cierto que, cuando se produjo la invasión de Francia, Alemania y la URSS todavía eran aliadas.

No sé si alguna vez sabremos quién lo mató, aunque yo creo que fue otro de esos asesinatos cometidos por la larga mano de Stalin, de la cual ya he aportado algunos ejemplos en otros de mis artículos.

 

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domingo, 30 de mayo de 2021

LA HISTORIA DE LA MESA DE ESCRITORIO RESOLUTE

 

 

Seguramente, que casi todos habréis visto alguna vez aquella foto, en la que se veía al hijo del presidente John F. Kennedy, asomando por debajo de su mesa de trabajo, situada en el despacho oval de la Casa Blanca. Pues esa mesa tiene una historia muy curiosa y aquí os la voy a contar.

Tenemos que remontarnos al año 1845. En esa fecha, un brillante oficial de la Armada británica, llamado John Franklin, consiguió convencer tanto a la famosa reina Victoria como al Almirantazgo para que patrocinasen una expedición a fin de buscar el Paso del Noroeste en una zona cercana al Polo Norte. No era la primera vez que este marino navegaba por el Ártico, pues ya había surcado esas aguas en tres expediciones anteriores.

Para ello, le pusieron al mando de dos de los más modernos buques de su flota: el HMS Erebus y el HMS Terror. En cuanto a la tripulación, unas fuentes hablan de 128, mientras que otras elevan la cifra a 135 hombres.

Su singladura comenzó en Londres, a mediados de mayo de 1845. Desgraciadamente, nunca regresaron.

Posteriormente, Jane Griffin, esposa de Franklin, consiguió persuadir al Almirantazgo británico para que organizara varias expediciones en su busca. Por otra parte, tanto ella como este Organismo ofrecieron buenas recompensas para quien diera con el paradero de esas tripulaciones.

Por esa razón, varios barcos, tanto británicos como de USA, que entonces era una potencia emergente, estuvieron buscando a los desaparecidos.

No fue hasta 1850 cuando encontraron tres tumbas, excavadas en el hielo, correspondientes a unos tripulantes de esos barcos.

En 1854, el explorador escocés John Rae, conoció a unos esquimales, los cuales le indicaron un lugar, donde varios de esos tripulantes habían muerto de hambre. También le dieron una serie de objetos, que se demostró que pertenecieron a Franklin y a algunos de sus marinos.

La esposa de Franklin hizo un último intento, organizando otra nueva expedición. Ésta tuvo más suerte. En 1859, encontraron, bajo un gran montón de piedras, unos documentos escritos por algunos de los oficiales de esos barcos, donde se describía su odisea.

En esos documentos se decía que los barcos habían quedado atrapados en el hielo, sin posibilidad de moverlos. También decían que el capitán Franklin había muerto a mediados de 1847.

Incluso, que había tomado la decisión de ir hacia el sur, hasta la desembocadura de un río, que fue, precisamente, donde los encontraron muertos los esquimales.

Realmente, no se conocen las causas de los fallecimientos de estos tripulantes. Algunos expertos mencionan como posibles el envenenamiento por el plomo, con el que se sellaban entonces las latas de conservas. También el frío, el botulismo o hasta el escorbuto.


No fue hasta 2015 cuando una expedición, organizada por el Gobierno de Canadá, encontró los restos del HMS Erebus. El objetivo de esta expedición no era sólo encontrar ese barco, sino afianzar las reclamaciones de ese país sobre amplias zonas del Ártico.

Así que, puestos en contacto con el Gobierno británico, éste les informó que les cederían el barco a Canadá y sólo se quedarían con algunos objetos para entregárselos a los descendientes de sus tripulantes.

Curiosamente, este mismo mes de mayo, la revista de Historia de National Geographic, ha publicado que se ha identificado uno de los cadáveres, correspondiente a uno de los tripulantes del HMS Erebus, al comparar su ADN con el de uno de sus tataranietos que, actualmente, reside  en Sudáfrica. Se ha sabido que murió 3 años después de su partida de Londres. Fue uno de los tripulantes que murieron cerca de la desembocadura del río Back. Tal y como dijeron los esquimales.

Ciertamente, entre 1848 y 1880, hubo numerosas expediciones para encontrar esos barcos. Unos fueron por el deseo de aventuras y otros animados por la fuerte recompensa ofrecida.

En 1850, el Almirantazgo británico, fletó una de esas expediciones. La formaban dos barcos movidos por velas, el HMS Resolute y el HMS Asistance, junto con otros dos barcos con motores a vapor, el HMS Pioneer y el HMS Intrepid. Al mando de esta expedición pusieron a Horatio Thomas Austin, un marino militar con gran experiencia en el Ártico. Ninguna de esas naves había sido construida para la Armada, sino que habían sido mercantes, que luego fueron comprados por el Gobierno británico.

Aunque, al principio, sufrieron algún contratiempo, debido a los bloqueos por las masas de hielo, consiguieron avanzar y unirse a los barcos de otras dos expediciones. Incluso, se pusieron de acuerdo para explorar diversas zonas con trineos, a los que colocaron velas para ir más rápidos sobre el suelo helado.

Afortunadamente, Austin, consiguió liberar a todos sus barcos del hielo y regresar sanos y salvos a su puerto de salida, aunque no encontraron ningún resto del mencionado naufragio. Lo cierto es que, a su vuelta, los mandos de esa expedición, tuvieron que comparecer ante un comité de investigación,

el cual comprobó que había habido muchas discusiones entre los oficiales y que habían regresado sin encontrar nada, porque Austin se había opuesto a seguir buscando a una mayor distancia de las naves. Así que esto puso en entredicho la buena reputación de Austin y, a partir de entonces, ya sólo le ofrecieron mandos secundarios en la Armada.

En 1852, se formó una nueva expedición, al mando de sir Edward Belcher, para buscar los barcos y los tripulantes perdidos y, de paso, intentar hallar el paso del noroeste. Eso sí, a los cuatro barcos que formaban la flotilla anterior unieron un quinto, el North Star, un barco dedicado a dar apoyo logístico a esta expedición.

La expedición llegó al Ártico en el verano de ese año y se dividió en dos. El HMS Resolute, al mando del capitán Kellett, junto al vapor Intrepid, se dirigieron al oeste, mientras que los otros dos fueron hacia el norte. El North Star se quedó esperándolos en la isla Beechey.

Los marinos del Resolute no encontraron restos del naufragio de Franklin. En cambio, sí que encontraron el barco HMS Investigator, que había quedado atrapado en el hielo dos años antes, junto con los supervivientes, que se hallaban en su interior y que fueron trasladados a su nave.

Sin embargo, a partir del verano de 1853, cambiaron las condiciones climáticas y una intensa ola de frío se abatió sobre la nave. Allí estuvieron aguantando como pudieron hasta que, en abril de 1854, Belcher, le dio a Kellett la orden de que abandonasen el barco.

Muy a su pesar, Kellet, evacuó a toda su tripulación más los rescatados en el otro barco, llevándolos, a través del hielo, hasta el lugar donde les esperaba el North Star a donde llegaron en el verano de 1854.

Esta vez tuvieron suerte, porque, aparentemente, no iban a caber todos en el North Star. Afortunadamente, aparecieron dos nuevos barcos, donde pudieron alojar a todos sin problemas. Todos abandonaron esa isla a finales de agosto de 1854 y llegaron al Reino Unido sanos y salvos.

Casualmente, en septiembre de 1855, un ballenero USA, encontró flotando a la deriva al HMS Resolute, a casi 2.000 km de donde lo habían abandonado.

Por lo visto, les llamó la atención no ver a nadie en su interior y lo abordaron. Se extrañaron mucho más al ver que aquello parecía un barco fantasma, en el que había muchos objetos, pero ningún tripulante. Así que, siguiendo las leyes del mar, remolcaron la nave hasta su puerto de origen, en Connecticut y se quedaron con el barco.

Más tarde, cuando se conoció la noticia, un senador de Virginia, propuso que, para mejorar las relaciones con el Reino Unido, el Gobierno USA, debería de regalar el barco a los británicos.

La propuesta fue aprobada. No olvidemos que ambos países habían mantenido varias guerras y sus relaciones no eran tan buenas como ahora. Así que el Gobierno USA compró el barco al propietario del barco ballenero, que lo había hallado.

Posteriormente, fue llevado a un astillero para repararlo. Ya en diciembre de 1856, el HMS Resolute, fue enviado al Reino Unido con una tripulación de la Armada USA, donde fue recibido por la propia reina Victoria.

La nave volvió al servicio en la Armada británica hasta 1879, año en que fue dada de baja. Cuando iba a ser desguazada, el Gobierno británico, ordenó que se hicieran 3 mesas de escritorio con las vigas del mismo. No olvidemos que, por entonces, los barcos de guerra, se construían con madera de roble de la mejor calidad, la cual había sido tratada para que aguantase los fuertes embates del mar.

Una de las mesas fue regalada al Gobierno USA, la otra a Henry Grinnell, un rico comerciante de Nueva York, que había aportado muchos fondos para las expediciones de rescate. Por fin, la tercera se la quedó la reina Victoria y ahora está en un Museo de la Armada.

Seguro que, a estas alturas, más de uno se habrá preguntado si 
se consiguió encontrar el famoso Paso del Noroeste. Lo cierto es que el primero que lo consiguió, haciendo todo el recorrido por vía marítima fue el famoso explorador noruego Roald Amundsen, en 1906.

Ciertamente, Robert McClure y su tripulación del HMS Investigator consiguieron algo parecido en 1854. Partiendo de Gran Bretaña bordearon América por el cabo de Hornos y llegaron hasta Alaska. Consiguieron hacer el recorrido del Paso del Noroeste, pero unas veces en barco y otras en trineo. Al final, como ya he mencionado anteriormente, los supervivientes de ese viaje fueron rescatados y llevados al North Star.

Volviendo a nuestro tema de hoy, la mesa escritorio destinada al Gobierno USA, fue recibida por el presidente Hayes, en 1880. Un mueble que pesaba nada menos que 600 kg.

Desde entonces, siempre ha estado en la Casa Blanca. Sin embargo, no todos los presidentes la han colocado en el Despacho Oval, sino que también ha estado en un despacho privado que tienen en la Casa Blanca. Clinton fue el último presidente que ordenó que la trasladaran al Despacho Oval y, desde entonces, no la han cambiado

de sitio. Curiosamente, fue Jacqueline Kennedy la que convenció a su marido para que se colocase en el Despacho Oval.

Seguro que a más de uno le suena haberla visto en la película La Búsqueda (National Treasure, 2004), protagonizada por Nicolas Cage y Diane Kruger.

Algunos presidentes no han querido utilizarla, como Johnson, Nixon o Ford. En el caso de Franklin Delano Roosevelt, ordenó que se le colocara una puerta en el centro para que no se pudiera apreciar en las fotos que estaba en silla de ruedas.

Para terminar, haré una descripción de esa mesa. En sus laterales se pueden ver las efigies de la reina Victoria y el presidente Hayes. A su alrededor, figuran los rostros d
e los marinos que dieron su vida buscando el Paso del Noroeste.

Los tiradores de los cajones tienen forma de dos manos, que están estrechándose. Como símbolo de la amistad entre ambos países.

En la parte trasera existe una placa de bronce, donde se cuenta la aventura del barco, cuya madera sirvió para construir ese mueble.

La tradición dice que los presidentes salientes dejan una nota en el cajón principal dirigida al presidente entrante. Eso mismo ha hecho Trump y Biden la ha calificado como “muy generosa”, pero no ha difundido su contenido.

 

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martes, 18 de mayo de 2021

ILSA STÖBE, OTRA LUCHADORA CONTRA EL NAZISMO


 

En mi anterior artículo, dedicado a Rudolf von Scheliha, apareció este otro nombre. Se trata de una mujer llamada Ilse Stöbe o Stoebe, porque de las dos formas se puede escribir su apellido en alemán.

Su nombre completo fue Ilse Frieda Gertrude Stöbe y nació en Berlín a mediados de mayo de 1911.

Nació en el seno de una familia muy modesta. Sin embargo, aún les fue peor cuando su padre, que era carpintero, abandonó a la familia, dejando a Ilse y a su hermano al cuidado de su madre. Ese hermano era 8 años mayor que ella, porque había sido fruto del primer matrimonio de su madre.

Ilse completó sus estudios primarios. Luego pasó a estudiar en la Escuela de Comercio y, posteriormente, realizó un curso para secretaria.

En 1929, eran tiempos muy difíciles para Alemania, no obstante, ella consiguió un trabajo en el periódico Berliner Tageblatt. Un diario de orientación liberal, que luego fue una especie de órgano del Partido Democrático Alemán, también de la misma tendencia política. Pertenecía a la gran cadena de publicaciones de Rudolf Mosse. Éste puso a cargo de este diario a su primo, el eminente periodista Theodor Wolff. Un hombre del que decían que escribía tan bien, que hasta el propio ministro Goebbels lo admiraba, a pesar de que era judío.

Allí fue donde, Ilse, pasó de ser secretaria a dedicarse de lleno al periodismo. No sé si tendría algo que ver que Wolff decía estar enamorado de ella y, al final de su vida, le dedicó una de sus novelas. También fue cuando ella ingresó en el KPD (Partido Comunista de Alemania).

En 1931, conoció a Rudolf Herrnstadt, al cual mencioné en mi anterior artículo. Se trataba de un comunista y judío alemán, que trabajaba para la Inteligencia militar de la URSS (GRU) y la fichó también a ella. Juntos formaron una red de espías en Alemania.

Se comprometió con él y ambos se fueron a Varsovia como corresponsales de sendos periódicos alemanes.

Supongo que, para no llamar demasiado la atención, Ilse, se afilió al Partido Nazi de Alemania.

Hay que hacer un inciso, porque no hay que olvidar que Hitler llegó al poder en 1933. No podía haber llegado antes, porque tenía nacionalidad austriaca y hasta 1932 no le dieron la nacionalidad alemana. A pesar de haber combatido en la I Guerra Mundial en el Ejército alemán.

En Varsovia, Ilse, conoció a Scheliha, que trabajaba en la Embajada alemana. Supongo que, por mediación suya, la nombraron agregada cultural del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania en Varsovia.

Parece ser que, durante los JJOO de 1936, celebrados en Berlín, Ilse, conoció a un editor suizo llamado Rudolf Huber. Parece ser que este hombre murió unos años después y, por alguna razón que desconozco, le dejó a ella parte de su fortuna. Posteriormente, parece ser que la familia del difunto la demandó y ella devolvió casi todo lo que había heredado.

Poco antes de suceder la invasión de Polonia, Ilse, volvió a su país, donde trabajó, primero en una empresa de publicidad, en Dresde, y luego en la sede central del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Parece ser que, a finales de 1940, Alta, que era el apodo de Ilse, dentro del GRU, transmitió a Moscú la noticia de la próxima invasión de la URSS. Un dato que, por lo visto, le había dado von Scheliha.

No me ha quedado claro si ella se casó con otro periodista, llamado Karl Helfrich, aunque, según parece, vivían juntos en un apartamento de ella, en el barrio berlinés de Charlottenburg.

Por lo visto, como cada vez se hacían más difíciles las comunicaciones entre Berlín y Moscú, los soviéticos decidieron enviar a Alemania a uno de sus agentes, para que se pusiera en contacto con Ilse.

Sin embargo, la Inteligencia alemana, había interceptado esas comunicaciones y, por ello, detuvo a Ilse el 12/09/1942, porque en esos mensajes figuraba su domicilio.

Unos días después, cuando Heinrich Könen, que era el agente soviético, que había sido lanzado en paracaídas, llegó al domicilio de Ilse, se encontró con que le estaban esperando varios agentes de la Gestapo para detenerle.

Así que le detuvieron y no se molestaron ni en juzgarle. Lo enviaron al campo de concentración de Sachsenhausen y allí lo asesinaron de un disparo en la cabeza.

Karl Helfrich también fue arrestado, cuando llegó al piso, donde vivía con Ilse. Éste tuvo más suerte. Primero, fue enviado al mismo campo, para luego ser trasladado al de Mauthausen y allí permaneció hasta que fue liberado por los soviéticos.

Desgraciadamente, a Ilse le fue mucho peor que a los otros dos. La detuvieron y trasladaron a la central de la Gestapo, donde tras aguantar interrogatorios y torturas, ¡durante 7 semanas! tuvo que dar algunos nombres de los miembros de su grupo, pertenecientes a la famosa Orquesta Roja. Uno de ellos fue el de von Scheliha, aunque, realmente, no perteneciera a esa Organización.

Supongo que las fotos que muestro de ella deben de ser de cuando la detuvieron, porque se la ve preocupada, pero no se ven signos de tortura.

Como ya mencioné en mi anterior artículo, von Scheliha y ella, fueron juzgados y condenados por un alto tribunal militar el 14/12/1942 y ejecutados el 22 del mismo mes. En el caso de ella, por medio de la guillotina, que era el medio legal de ejecución para delitos comunes. Mientras que a él lo ahorcaron colgado de un gancho para aumentar el sufrimiento durante un mayor período de tiempo. Algo que era ilegal en Alemania.

Se cree que sus restos mortales podrían haberse usado para la investigación, porque no se sabe que fuera enterrada en ningún sitio.

Algún autor sugiere que también hubo una lucha política en torno a Ilse. Parece ser que Himmler, que le tenía un odio enorme a Ribbentrop, llevó su informe a Hitler para decir que el Ministerio de Asuntos Exteriores estaba lleno de espías.

Por otro lado, Goering, logró convencer a Hitler para que fueran juzgados ante un tribunal militar y así tendrían más tiempo para investigar y sacarle el máximo partido a la pista que podría conducir al resto de los implicados en esa trama. Hay que decir que algunos de los acusados en el proceso contra la Orquesta Roja eran hombres de confianza de Goering. Así que este escándalo también salpicó al ministro de la Luftwaffe.

No quedó ahí la cosa. La madre de Ilse, Frida Schumann, también fue arrestada y enviada al campo de concentración de Ravensbrück, en el que falleció en 1943 a causa del maltrato recibido.

Parece ser que Ilse le envió una carta a su madre, donde le pidió que no llorara por ella y tampoco se vistiera de negro.

Por lo que se refiere a su hermano, Kurt Müller, que también era carpintero, como su padre, en un principio, consiguió evitar su arresto. Sin embargo, luego fue detenido en septiembre de 1943, en una redada contra una red de espionaje a la que pertenecía, llamada la Unión Europea.

También fue sometido a duros interrogatorios y torturas, donde, según parece, contó muchos detalles sobre su familia. Parece ser que le golpearon tan fuertemente que le dejaron ciego. Finalmente, fue juzgado y ejecutado en junio de 1944.

Curiosamente, como los miembros de la Orquesta Roja habían enviado cientos de mensajes a Moscú, avisando de la inminente invasión de la URSS, y Stalin no les había hecho caso, éste ideó una forma de silenciarlos. Por lo visto, durante la posguerra, muchos de los supervivientes de ese grupo, se marcharon a la URSS o a sus países satélites. Pues bien, Stalin, ordenó que los detuvieran y los enviaran a Siberia, para que no contaran lo que sabían y le pudieran quedar en ridículo.

Ilse Stöbe fue la única mujer, cuya efigie fue representada en una moneda de la antigua Alemania Oriental o República Democrática Alemana. Fue acuñada como homenaje a las personas que ayudaron a la URSS a ganar la guerra.

En 1969, se le concedió la insignia de la Orden de la Bandera Roja. Lógicamente, a título póstumo.

En 2014, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania, para el que trabajó Ilse, le hizo un homenaje a ella y a otros luchadores contra el nazismo.

 

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jueves, 13 de mayo de 2021

RUDOLF VON SCHELIHA, UN PERSONAJE MUY CONTROVERTIDO

 

Siguiendo con los alemanes que vivieron en la época nazi, pero que nunca fueron aduladores de Hitler y sus secuaces, hoy le toca el turno a Rudolf von Scheliha.

Le he puesto este título, porque, aún, hoy en día, los expertos, no se ponen de acuerdo sobre el papel real de este hombre en la Historia.

Empezaré como siempre. Nació en 1897 en la antigua Silesia alemana, que, hoy en día, forma parte del territorio de Polonia.

Vino al mundo en el seno de una familia terrateniente de origen alemán. Su padre era un noble y militar prusiano, mientras que su madre era hija de un ministro del antiguo Reino de Prusia, que antes había sido alcalde de Frankfurt del Main.

El final de su etapa escolar coincidió con el inicio de la I Guerra Mundial. Así que se ofreció voluntario, como oficial de Caballería. Fue herido, durante ese conflicto, y también recibió varias condecoraciones.

En la posguerra, decidió estudiar Derecho. Primero en la Universidad de Breslau y luego en la prestigiosa Universidad de Heidelberg. Una de las más antiguas de Europa.

Al terminar la carrera, consiguió una plaza como diplomático en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Eso le dio la oportunidad de conocer muchos países.

Primero fue destinado a un consulado en Praga, para pasar después por las sedes de Estambul, Ankara, Varsovia, etc.

No sé si, tras la llegada de Hitler al poder, obligarían a todos los funcionarios a afiliarse al Partido Nazi. Lo cierto es que él lo hizo. También es cierto que muchos lo hicieron para ascender más rápidamente en su trabajo.

Parece ser que, durante su estancia en Varsovia, llegó a conocer a muchas personalidades de ese país y no perdió el contacto, una vez comenzada la II Guerra Mundial.

Posteriormente, se le encargó la dirección de un departamento, donde se dedicaban a desmentir las informaciones de la prensa internacional sobre los abusos de las tropas alemanas en los territorios ocupados.

Eso le dio la oportunidad de conocer, directamente, lo que estaba ocurriendo en cada lugar y hacer informes secretos, aunque, en público, se dedicara a desmentir lo que publicaba la prensa internacional.

Cuando ya tuvo bastante material, incluida mucha información sobre los campos de exterminios para los judíos, se los fue pasando a los Aliados. Por lo visto, su contacto fue la aristócrata polaca Klementyna Mankowska, que pertenecía a una organización de la resistencia, llamada Los Mosqueteros, la cual transmitía sus informes al Gobierno británico.

Por otro lado, von Scheliha, también se jugó la vida, ayudando a muchos judíos y polacos a salir del país para que no les atrapase la Gestapo.

Parece ser que, fue también cuando estuvo destinado en Polonia, cuando fue fichado por la NKVD, lo que después se llamaría KGB. O sea, el servicio de Inteligencia de la URSS.

Algunos creen que es posible que lo reclutara otro alemán, llamado Rudolf Herrnstadt. Se trataba de un exiliado político en el que, a la vez, se daba la doble condición de ser comunista y judío. Así que, en cuanto llegó Hitler al poder, tomó el camino del exilio.

Lógicamente, muchos otros comunistas alemanes, que ni siquiera eran judíos, también se exiliaron en la URSS, en cuanto vieron que Hitler llegaba a la Cancillería del Reich.


Curiosamente, tras la firma del Tratado Ribbentrop-Molotov, por el que se aliaron Alemania y la URSS para combatir juntos en la II Guerra Mundial, ocurrió una cosa que parece ilógica. Stalin, en un gesto de “buena voluntad” hacia su nuevo “amigo” Hitler, deportó a una buena cantidad de comunistas alemanes, que vivían en la URSS. No hará falta decir que, en cuanto volvieron a Alemania, les estaban esperando para cargárselos.

Así que me gustaría haber visto la cara que se le puso a von Scheliha, tras enterarse de la firma de este tratado, después de llevar dos años pasando secretos de Alemania a la URSS.

Algunos afirman que la motivación de nuestro personaje por traicionar a su patria, no era sólo por motivos ideológicos, sino que también los había financieros. Por lo visto, se trataba de un jugador empedernido y, aunque ganaba un buen sueldo, no le bastaba para llegar a final de mes.

En algunos de sus informes, narraba cómo estaban destruyendo los alemanes el patrimonio cultural polaco, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Wolfram Sievers, jefe de la Ahnenerbe, el cual escribió un manual para explicar cómo debían de hacerlo. De hecho, ese manual también fue, más tarde, empleado en otros países invadidos por Alemania.

Ya sabemos que los alemanes son muy metódicos. No como los españoles, que, cuando compramos algo, no nos molestamos en leer las instrucciones.

Posteriormente, Scheliha, también mantuvo contactos con prominentes miembros de la Resistencia alemana anti-nazi, como el general von Tresckow. Este militar fue uno de los implicados en el famoso intento de golpe de Estado encabezado por el coronel von Stauffenberg, que se ha hecho famoso por la película Valkiria.

A partir de 1942, viajó periódicamente a Suiza para entregar una serie de informes a sus autoridades. En ellos, detallaba pormenorizadamente tanto el plan Aktion 4, del que ya hablé en mi artículo sobre el obispo von Galen, como de la llamada Solución Final. O sea, el plan para eliminar a todos los judíos de Europa.

Desgraciadamente, a partir de agosto de 1942, la Gestapo, fue deteniendo a los miembros de la famosa organización la Orquesta Roja. Curiosamente, se asombraron de que tuviera tantos miembros. Ya mencioné esta organización en mi artículo dedicado a Rudolf Roessler y su organización Lucy.

Como se suele decir “por el hilo se saca el ovillo”. Así que, a base de duros interrogatorios, fueron cayendo muchos de sus miembros. Concretamente, detuvieron a 120 personas, de las que 45 fueron juzgadas y ejecutadas. Entre estas últimas había 19 mujeres.

Precisamente, en septiembre de 1942, fue detenida Ilse Stöbe, que era miembro de ese grupo y, a la vez, actuó como contacto de von Scheliha. Por ello, pocas semanas después, también lo detuvieron a él. Justamente, cuando se hallaba reunido con el jefe de Personal del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Su mujer también fue detenida e interrogada. Sin embargo, fue puesta en libertad casi un año después. Luego tomó la decisión de llevarse a sus hijas e irse a vivir a un castillo deshabitado en un lejano pueblo de Baviera, donde sobrevivieron como pudieron hasta el final de la guerra.

En cuanto a von Scheliha y Stöbe, tras varias semanas de interrogatorios, fueron llevados ante un alto tribunal militar, el cual les juzgó, bajo la acusación de alta traición, condenando a ambos a la pena de muerte. La sentencia fue ejecutada a finales de diciembre de 1942. Ella fue guillotinada y él ahorcado.

Sabemos que en Alemania se ha reivindicado la memoria de todas estas víctimas de la Resistencia contra el nazismo. Sin embargo, en el caso de nuestro personaje no se le consideró como tal, sino como un espía de los soviéticos. Así que su nombre no figuraba en ningún monumento.

Sin embargo, en 1995, se logró que los tribunales revisaran su caso y se vio que lo habían condenado injustamente, pues se le acusó de ser miembro de la Orquesta Roja, cuando lo cierto es que nunca había pertenecido a esa organización. Así que su nombre ya figura en esas relaciones de víctimas asesinadas por los nazis. Al igual que el de Ilse Stöbe.

Curiosamente, parece ser que, antes de ser ejecutado, dijo que él no lo había hecho por dinero. Sin embargo, Oleg Gordievsky, uno de los oficiales de más alto rango del KGB, de los que se han pasado a Occidente, dijo que Scheliha había sido uno de los fichajes más caros de esa Organización. En fin, cada uno es muy libre de opinar lo que quiera.

 

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