ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 18 de marzo de 2018

ARQUÍLOCO DE PAROS, EL GUERRERO QUE TIRÓ SU ESCUDO


Esta vez voy a hablar sobre un destacado personaje de la antigua Grecia, que es casi un desconocido, hoy en día.
Arquíloco de Paros nació alrededor del 712 a. de C. en la isla de Paros. Una famosa isla por la gran calidad del mármol que se extraía de sus yacimientos.
Incluso, en esta isla, se encontró la famosa Crónica de Paros, que consiste en una losa de mármol, donde alguien grabó unas inscripciones en donde se citan de manera cronológica, fechas importantes en la Historia de Grecia. Desgraciadamente, una parte del mismo se ha perdido. No obstante, se conserva lo que allí estaba escrito, gracias a que un autor británico publicó el contenido de estos grabados, unos años antes de su pérdida.
Como ya he dicho, nuestro personaje nació en Paros en el seno de una familia aristocrática venida a menos. Su padre fue el noble Telesicles y su madre una esclava tracia llamada Enipo. En algunos sitios, el nombre de su padre figura también como Telesícrates.
Parece ser que la mala situación económica de su familia le llevó a alistarse en una expedición de voluntarios de su isla, que tenía como fin la colonización de la isla de Tasos, frente a las costas de Tracia.
Puede que, como dicen algunos, fueran en busca de buenos terrenos para dedicarse a la Agricultura. Sin embargo, yo pienso que, seguramente, iban en busca de unos posibles yacimientos de oro, que, según se rumoreaba, existían en esa isla. Como una continuación de los que ya se estaban explotando en la cercana costa de Tracia. De hecho, algo más tarde, esta isla fue una de las primeras en acuñar monedas de oro en la antigua Grecia.
Parece ser que, antes de aventurarse en esa expedición de conquista, los de Paros, enviaron a un representante suyo al célebre Oráculo de Delfos.
Como siempre, el Oráculo, les dio una respuesta demasiado ambigua. No sé si movido por la necesidad, el propio Arquíloco, se atrevió a adivinar la voluntad del Oráculo y pronosticó que todo les iba a ir bien.
Lo cierto es que, cuando desembarcaron en la isla, se encontraron con un terreno mucho peor que el de Paros y vieron que la isla no era apta para la Agricultura. A duras penas, consiguieron cultivar viñedos. Además, esa isla se había convertido en refugio de piratas y delincuentes de todo tipo, con los que tuvieron que luchar muy a menudo, pues se halla a sólo 8 km del continente .
Según parece, la gente le fue mirando cada vez peor, pues no se habían cumplido sus vaticinios. Así que la necesidad le llevó a tomar las armas, como un mercenario más de la antigua Grecia.
También, por esa época, Licambe, el padre de su prometida, llamada Neobule, le rechazó y otorgó a otro pretendiente la mano de su hija.
Lógicamente, esto no gustó absolutamente nada a nuestro personaje. Lo cierto es que antes de eso ya había compuesto algunos poemas. Ahora se dedicó a fondo a un género poético griego, denominado Yambo, por medio del cual escribió varios poemas claramente insultantes contra Licambe y su hija. De hecho, se le considera el poeta que ha vertido mayor cantidad de odio en sus poemas:
“Padre Licambes, ¿qué es lo que tramaste?
¿Quién perturbó tu entendimiento? Antes
estabas en tus cabales. Pero ahora eres
en la ciudad gran motivo de burla.”
Parece ser que esto hizo que fueran la comidilla del pueblo y, según algunos, llegó a tanto la vergüenza a la que les habían sometido, que Licambe y su hija llegaron a suicidarse.
Algunos afirman que el verdadero motivo por el que Licambe no le otorgó la mano de su hija es porque se enteró de que Arquíloco era hijo de una esclava tracia.
Una de las cosas más llamativas de este personaje es que durante una de esas luchas contra los invasores tracios, parece ser que Arquíloco vio muy clara la derrota de su bando y no se le ocurrió una cosa mejor que tirar su escudo y salir corriendo.
Precisamente, en su obra titulada “Elegías” confiesa sin rubor que lo hizo y que lo volvería a hacer para salvar su vida. "Algún sayo se ufana con mi escudo, un escudo irreprochable que abandoné contra mi voluntad en un matorral. Mas con ello salvé mi vida. ¡Qué me importa aquel escudo! Ya me compraré otro que no sea peor." En aquella época también se llamaba sayos a los tracios.
Lógicamente, esto le dio fama de cobarde y hasta se prohibieron sus obras en Esparta. No fuera que se llegaran a contagiar los aguerridos soldados espartanos, a causa de ese comportamiento.
Ya se sabe que las madres espartanas les decían a sus hijos, antes de ir al frente: “vuelve con el escudo o sobre el escudo”. A fin de que su familia no sintiera vergüenza por su comportamiento durante el combate.
Además, en una época, donde lo habitual era formar una línea de guerreros hoplitas, en la que se protegían unos combatientes a otros con la mitad de su escudo, era una falta grave romper esa línea. De hecho, en muchos lugares se castigaba con la muerte.
No obstante, no deberíamos pensar que fue un cobarde, pues nuestro personaje murió durante una de esas escaramuzas contra los invasores de otras islas. Concretamente, esta vez fue contra la de Naxos. Parece se que el que lo mató fue un guerrero llamado Colunda.
Contra todo pronóstico, Arquíloco, se hizo muy famoso en su isla de Paros. A su muerte, sus vecinos le homenajearon, construyendo un monumento, en cuyas paredes grabaron varios de sus versos. Este fue el llamado Archilocheion.
Gracias a un eclipse de Sol, que describió en uno de sus poemas, los expertos han llegado a afirmar que murió poco después del 647 a. de C.
Al contrario que Homero, el cual narraba sus poesías con el estilo más objetivo posible, Arquíloco, lo hacía de una manera subjetiva. Como si estuviera viviendo sus propios versos.

Es más, llegó a criticar a los jefes militares fanfarrones, diciendo que prefería a los que demostraban su valor en combate:
Me dan dentera
esos oficialillos barbilindos
que se pavonean por el campamento
con sus escudos labrados,
al aire las cabelleras
perfumadas.
Creen saber ya
todos los secretos
del arte militar.
Yo prefiero
mil veces a esos otros camaradas
chaparros, peludos y burdos,
y que recién llegados del surco
no te traicionan
en el campo de batalla.
Con sus piernas velludas
y zambas
siempre acuden si en las refriegas
te ven en apuros.
Esos camaradas,
hediondos a mierda
y a sudor, son para mí
más elegantes y bienolientes
que todos los aristócratas
de Atenas juntos.
Dame, oh Palas
Atenea, memoria
y que recuerde yo el nombre
de aquel agricultor pestilente
que me salvó la vida cuando estaba
un espartano a punto de degollarme.
En su época, los griegos, lo vieron como uno de sus mejores poetas, casi a la altura de Homero. Incluso, se dice que fue un pionero de la poesía cómica y satírica. Parece ser que el célebre Plutarco fue uno de sus admiradores y uno de los que más difundió sus obras. El mismo Horacio se basó en sus poemas para construir sus conocidas sátiras.
Incluso, cuando ya había comenzado la famosa batalla de Filipos, Horacio, que estaba en el bando de Bruto y que debía de haberle leído, hizo lo mismo, al tirar su escudo y su espada y se marchó a Atenas.
Sin embargo, no le faltaron detractores, como Píndaro, que le acusó de haberse alimentado de calumnias de todo tipo; Heráclito, que dijo que debería de haber sido apaleado; y hasta Aristóteles, que le calificó de blasfemo.
Parece ser que el género de la sátira griega se hallaba casi olvidado, hasta que se volvió a poner de moda durante el Renacimiento.
Modernamente, el famoso Nietzsche, en su obra “El nacimiento de la tragedia en la música”, daba la misma importancia a Arquíloco que a Homero y los calificaba como los autores más originales de la Literatura griega.
Parece ser que su objetivo siempre fue poner en solfa las costumbres de las personas más conservadoras de la sociedad en que vivía. Posiblemente,  eso fue lo que le hizo ser tan popular entre el pueblo.

Una  de sus características es que nuestro personaje no fue un seguidor de las ideas propagadas por los diferentes estados griegos, como los valores morales o el honor recibido por participar en la guerra. En su caso, es más partidario de disfrutar de la vida, sin pensar demasiado en los demás.
En sus poemas, relató los sufrimientos de la guerra. Al contrario de lo que se hacía en su época, que se solía exaltar la misma en los poemas épicos. En cierto modo, se podría calificarlo como antimilitarista. Algo muy extraño en su época o, por lo menos, no conocemos muchos ejemplos de ese comportamiento en la antigua Grecia.
Algunos lo definen como el creador del individualismo literario. Gracias a sus obras, hemos llegado a conocer el lenguaje propio de la calle, lleno de frases coloquiales y proverbios.
Sólo se conserva de su obra fragmentos de las Elegías y algunos de sus Yambos, por los que pasó a la posteridad. Termino con uno de sus versos:
“Corazón, corazón de irremediables penas agitado,
¡álzate! Rechaza a los enemigos oponiéndoles
el pecho, y en las emboscadas traidoras sostente
con firmeza. Y ni, al vencer, demasiado te ufanes,
ni, vencido, te desplomes a sollozar en casa.
En las alegrías alégrate y en los pesares gime
sin excesos. Advierte el vaivén del destino humano.”

viernes, 2 de marzo de 2018

FRITZ HABER, EL CREADOR DEL GAS ZYKLON USADO POR LOS NAZIS


Esta vez voy a referirme a un personaje bastante controvertido, porque, aun hoy en día, para unos fue un gran científico, mientras que para otros fue, simplemente, un criminal de guerra.
Fritz Haber, que así se llamaba nuestro personaje de hoy, nació en diciembre de 1868 en la localidad de Breslau. Es preciso decir que, en esa fecha, esta ciudad pertenecía a Prusia, Alemania. En la actualidad, se llama Wroclaw y se halla al suroeste de Polonia.

No olvidemos que, tras la II Guerra Mundial, la antigua URSS, exigió que las fronteras de Polonia se corrieran hacia el oeste. Así que ahora algunas zonas que antes fueron de Polonia, ahora son de Rusia. Mientras que otras, como ésta, que antes fueron de Alemania, ahora son de Polonia.
Haber nació en el seno de una familia comerciante judía, de los llamados askenazis. Se suelen llamar así a los judíos que huyeron de Rusia. Parece ser que su padre se dedicaba a la distribución de  productos farmacéuticos. Así que es posible que de ahí le viniera a este hombre la afición por la Química.
Más tarde, estudió en las prestigiosas universidades de Heidelberg y  Berlín, donde tuvo como maestros a grandes científicos del momento. No deberíamos olvidar que, en aquella época, Alemania estaba a la cabeza de los avances científicos.
Como parece ser que por entonces, ya existía una fuerte corriente antisemita en Alemania, no lo dudó y se hizo protestante. Concretamente, de la rama luterana. Incluso, insistió mucho para que su primera esposa, la también química Clara Immerwahr, que también era judía, se convirtiera al luteranismo.
Me gustaría parar un momento para hablar sobre Clara Immerwahr. Parece ser que pertenecía a una familia adinerada. Sin embargo, ella optó por formarse al máximo nivel posible. Así que llegó a ser la primera mujer alemana en obtener un doctorado en su país y lo consiguió nada menos que “cum laude”. La máxima calificación para una tesis doctoral.
Sin embargo, parece ser que, tras haber dado a luz a su hijo Hermann, no pudo ayudar demasiado, en sus investigaciones, a su marido al tener que cuidar a su hijo, que nació con una constitución muy enfermiza.
Por otra parte, parece ser que el matrimonio nunca fue demasiado bien a causa de que Fritz era un adicto a trabajo. Aparte de que intentaba relacionarse con la gente más relevante del país, incluido el Kaiser, algo muy importante para una persona que siempre había sido ninguneada a causa de su origen judío. Así que no pasaba mucho tiempo en su casa con su esposa e hijo.
Además, durante  su estancia, como personal docente, en la Universidad de Karlsruhe, se dedicó a investigar en el tema de los combustibles. Un tema trascendental para Alemania.
Posteriormente, hasta 1911, se dedicó a investigar la síntesis del amoniaco, junto a otro químico, llamado Carl Bosch.
Parece ser que se basaron en las investigaciones de von Liebig, científico alemán de mediados del siglo XIX, el cual descubrió que el nitrógeno era el elemento fundamental para que nacieran y crecieran las plantas.
En aquella época, desde Europa se importaban ingentes cantidades de guano, procedentes de algunos países de Sudamérica, como Chile. Este guano, que estaba compuesto mayoritariamente por nitrógeno,  se utilizaba como fertilizante agrícola y eso hacía que la Agricultura europea dependiera en buena medida de esas importaciones. Con el riesgo de que ese producto se pudiera acabar y esto diera lugar al hambre por falta de cosechas.
Este guano era tan rentable que, en 1879, se produjo una guerra entre Chile, Perú y Bolivia por tener el monopolio de esos yacimientos de guano. Chile salió victorioso de ese conflicto, mientras que Bolivia perdió todas sus costas, y todavía no las ha recuperado.
Hay que aclarar que, aunque la riqueza de Chile aumentó por sus ingresos por las exportaciones de guano y salitre, los más beneficiados fueron los británicos, porque manejaron ese comercio a nivel internacional. Incluso, en 1890, el intento del Gobierno de Chile de desligarse de la tiranía de Londres, concluyó con una guerra civil. La cual dio lugar  a la victoria del bando pro-británico y la huida del presidente chileno.
Así que estos dos científicos inventaron una forma de producir abonos nitrogenados de una forma sintética y barata. Lo cual vino muy bien a los países europeos y muy mal a los exportadores de guano. Por eso, se le llamó el Proceso de Haber-Bosch.
Este consistía, fundamentalmente, en obtener nitrógeno del aire, convirtiéndolo en amoniaco, el cual, tras un proceso de oxidación se convierte en el deseado nitrato para uso agrícola.
Esto le valió una cátedra de Química y Física en un prestigioso Instituto científico de Berlín. Más tarde, concretamente, en 1918, esta invención le llevaría a ganar el Premio Nobel de Química en 1918. Su colega, Carl Bosch, lo recibió en 1931.
Realmente, este descubrimiento, conseguido en 1909, fue muy importante para el desarrollo de la Humanidad. En aquella época, estaba vigente la famosa Teoría de Malthus, un célebre economista británico fallecido en la primera mitad del siglo XIX, el cual afirmó que llegaría un día en que la Humanidad se muriera de hambre a causa de la masiva explotación de la tierra, la cual no produciría alimentos suficientes para todo el mundo.

Hoy en día, se producen, por este método, nada menos que 100.000.000 de toneladas de fertilizantes sintéticos.
Al comenzar la I Guerra Mundial, Haber, apoyó con entusiasmo el esfuerzo de guerra alemán y sus investigaciones le permitieron obtener ingredientes básicos para fabricar explosivos, que de otra forma, hubieran tenido que importarlos, pero no les hubieran llegado a causa del eficaz bloqueo naval británico.
Por entonces, la guerra se había convertido en un conflicto entre soldados atrincherados, donde los frentes no se movían ni un milímetro.
Así que no se le ocurrió otra cosa que proponer el uso de gases para hacer huir al enemigo, algo que estaba expresamente prohibido por las convenciones de La Haya de 1899 y 1907, cuyos acuerdos había suscrito Alemania.
Parece ser que argumentó que Alemania nunca podría ganar la guerra a base de fabricar armamento, pues los aliados podían hacer lo mismo y tenían muchos más soldados que ellos.
El 22/04/1915, Haber, probó con éxito el empleo de gases en el frente belga de Ypres. Parece ser que allí sólo utilizaron grandes dosis de cloro, que provocaron miles de bajas, entre muertos y heridos, en el bando aliado.
Curiosamente, los alemanes no explotaron ese éxito, porque no se dieron cuenta de ello hasta unos días después. Tiempo más que suficiente para que el Estado Mayor aliado moviera sus refuerzos hacia esa zona. A partir de entonces, se empezaron a usar las máscaras anti-gas en los frentes de batalla. Algunas de ellas, también diseñadas por Haber. Posteriormente, también fabricó otras armas químicas, como el gas mostaza.

Un mes después, tras una fuerte discusión con su esposa, por haber utilizado este tipo de arma en el frente, ella se suicidó en su casa, por medio de un disparo con la pistola reglamentaria de su marido. Así que su hijo, Hermann, se quedó sin su madre, con sólo 13 años.
Algunos autores dicen que ella era contraria a utilizar los conocimientos científicos para matar a la gente. Para ella, el objetivo de la ciencia era hacer la vida más fácil. Sin embargo, él, llevado por un patriotismo exaltado, la acusó de hacer declaraciones públicas, con las que traicionaba a su Patria.
Parece ser que nunca le importó personarse en el frente para dirigir las operaciones de lanzamiento de gases. El día que estrenó esos gases en Ypres, se presentó en el frente vestido con un grueso abrigo. Tras saludar a los asistentes, comprobó que los 6.000 bidones conteniendo ese gas estaban colocados en los lugares previstos.
Sólo tuvieron que esperar que el viento soplara hacia las trincheras de los aliados, cosa que ocurrió hacia las 18 horas, para abrir esos bidones y expulsar esos gases. Cosa que sus ayudantes hicieron tras la frase de Haber: “Dios castigue a Inglaterra”. De esa forma, nada menos que 168 Tm de gas de cloro fueron lanzadas hacia las trincheras de los aliados.
Años después, varios de sus ayudantes también obtuvieron el Premio Nobel.
La verdad es que los aliados vieron aproximarse esa nube de color verde, que luego se tornó en rosado, pero nadie sabía de qué se trataba. Así que nadie huyó al verla, porque pensaban que era una simple nube de humo, de las muchas que se habían utilizado hasta la fecha, para camuflar el avance de las tropas alemanas. Así que permanecieron en sus puestos, porque esperaban un ataque inminente de la Infantería alemana. Los gases provocaron unos 5.000 muertos, aparte de multitud de heridos de diversa consideración. Los que consiguieron huir de allí dejaron un hueco de casi 6 km en la línea del frente.
Tampoco sé si eligieron conscientemente ese frente, ya que sabían que la mayoría de los soldados que tenían en las trincheras de enfrente, no eran franceses, sino soldados procedentes de sus colonias. La mayoría de ellos eran argelinos.
Tras estos éxitos, fue condecorado por el Kaiser y ascendido a capitán del Ejército imperial alemán. Lo cierto es que este hombre tenía muy claro que “en tiempo de guerra (un científico) pertenece a su país” y estaba muy orgulloso de poder hacerlo. Curiosamente, varios generales alemanes se opusieron a utilizar la guerra química, porque iba en contra de los tratados internacionales ya mencionados anteriormente.
Sus críticos le acusaron de criminal, mientras que él argumentaba que sólo intentaba hacer que la guerra durase menos tiempo.
Como los alemanes aún no habían probado en su propia carne el efecto de estos gases, se asombraron al ver las trincheras del enemigo llenas de cadáveres. Tampoco pudieron avanzar mucho, porque todavía no disponían de máscaras anti-gas.
También hay que decir en su descargo,  que los alemanes fueron los primeros en utilizar armas químicas en ese conflicto, pero no fueron los únicos. Los franceses usaron armas químicas diseñadas por sus científicos, encabezados por Víctor Grignard, Premio Nobel de Química en 1912. No obstante, los que más utilizaron este tipo de armas fueron los británicos. Además, en la zona donde combatían, el viento solía soplar, casi siempre, en dirección a las trincheras alemanas.

No obstante, se dice que el valor real de ese tipo de armas no fue por la mortandad producida en el frente, sino porque, los soldados, al ver la nube tóxica, abandonaban sus posiciones y salían corriendo de sus trincheras. Se estima que, en ese conflicto,  casi un millón de soldados fueron afectados por el gas. De ellos, sólo murieron en torno a 91.000.
A partir de 1920, Haber, junto con  su equipo, se dedicaron a desarrollar el gas Zyklon A, que fue utilizado como insecticida. Sobre todo, en los graneros.
Precisamente, este gas fue el precedente del más famoso Zyklon B, que fue utilizado por los nazis para asesinar a millones de personas en sus campos de exterminio, durante la II Guerra Mundial.
También se dedicó a algunos experimentos que más parecen del campo de la Alquimia, como la
extracción del oro que se halla en el agua de mar. No sabemos si lo consiguió, sin embargo, lo abandonó cuando vio que no era nada rentable por sus elevados costes. Parece ser que su idea era obtener de esa manera el oro necesario para que Alemania pudiera pagar las desproporcionadas indemnizaciones exigidas por los aliados al final de la guerra.
En 1933, a partir de la llegada de Hitler al Gobierno alemán, le ofrecieron trabajar para ellos. Lo cierto es que, aunque nadie se metió con él, al ver cómo estaban maltratando a sus colegas, por el simple hecho de ser judíos, se decidió por emigrar de Alemania, como hicieron otros muchos científicos de ese país.
Según parece, en un principio, los nazis no le molestaron. En cambio, exigieron la expulsión inmediata de sus colaboradores de sus puestos de trabajo, los cuales, en su mayor parte, eran judíos.
Curiosamente, Hitler, siempre estuvo en contra de utilizar las armas químicas en la II Guerra Mundial. No sé si sería porque él también fue afectado por la ceguera temporal, causada por esos productos químicos.
Posteriormente, Haber, se trasladó a la Universidad de Cambridge, donde nunca fue muy popular entre sus colegas, a causa de su implicación en la muerte de miles de soldados, por culpa de la guerra química. La verdad es que nunca fue muy popular entre la comunidad científica, más partidaria de la paz, mientras que él nunca tuvo el menor inconveniente en ayudar a su país a ganar la guerra.
Posiblemente, como buen patriota,  también hubiera ayudado al régimen nazi, si no hubiera visto que éste trataba tan mal a los judíos.
Poco después, recibió una invitación, por parte de Chaim Weizmann, un célebre químico, también judío, que le ofreció trabajar en un laboratorio recién creado en lo que entonces era el mandato británico de  Palestina y ahora es el Estado de Israel. De Hecho, Weizmann, fue el primer presidente de ese Estado.

Pretendía viajar desde Suiza hasta el actual Israel. Sin embargo, durante su estancia en Basilea, sufrió un ataque cardiaco, que le llevó a la muerte en enero de 1934. Sus restos fueron incinerados y enterrados en un cementerio de esa ciudad helvética. Parece ser que al final de su vida estaba muy arrepentido de haber puesto sus conocimientos al servicio de la guerra.
Desgraciadamente, los nazis perfeccionaron su gas Zyklon A, convirtiéndolo en el más famoso Zyklon B, al cual le habían quitado el olor pestilente, que servía de aviso a los usuarios para no ser inhalado.
Como todo el mundo sabe, ese fue el gas utilizado por los nazis en los campos de exterminio y de esa manera mataron a millones de personas. Precisamente, algunos de ellos eran familiares directos de nuestro personaje.
Como ya dije al principio de este artículo, en la actualidad, se sigue discutiendo sobre la calificación de este personaje. Su amigo Albert Einstein dijo de él: “La vida de Haber fue la tragedia del judío alemán: la tragedia del amor no correspondido”. Con lo cual, creo que da a entender que quiso hacer méritos dentro de la sociedad alemana, pero nunca lo tuvieron en cuenta.
Incluso, su hijo Hermann, aquel que se quedó sin madre a los 13 años, se exilió en USA y luego se suicidó en 1946.
En la actualidad, también se está poniendo en entredicho la validez de la fabricación de este tipo de fertilizantes, pues sus deshechos están llegando a los ríos y de allí a los mares, con lo cual están provocando la muerte de infinidad de especies marinas.
No obstante, es preciso decir que en 2009, se bautizó a un cráter de la cara oculta de la Luna con el nombre de cráter Haber, en honor a este científico.

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domingo, 25 de febrero de 2018

MARÍA LEJÁRRAGA, UNA ESCRITORA CASI DESCONOCIDA


Nuestro personaje de hoy fue una mujer formada durante el siglo XIX, donde, por lo que se ve, a las mujeres les daban un papel secundario en la sociedad. Sin embargo, el caso que traigo hoy al blog, a primera vista, podría  parecer el de la ocultación de una escritora, llevado hasta un límite poco creíble. No obstante, ya os digo que fue absolutamente real y, por eso mismo, totalmente
injusto.
María de la O Lejárraga García, que así es cómo se llamaba, nació en diciembre de 1874, en el municipio riojano de San Millán de la Cogolla. Un sitio muy adecuado para un escritor, pues en el Monasterio de San Millán de esa localidad, fue donde se descubrieron las famosas Glosas Emilianenses, datadas de finales del siglo X, que, aunque ahora está en discusión ese tema, durante muchos años se han considerado como la muestra más antigua del idioma castellano.
La importancia de esta Glosas radica en que al margen de algunas de esas páginas, alguien escribió, en plena Edad Media, lo que se ha calificado como la primera muestra escrita del castellano, aunque ahora se crea que podría estar escrito en el lenguaje navarro-aragonés, que se hablaba en esa zona en aquel período de la Historia.
Ella nació y creció en el seno de una familia culta, pues su padre era un cirujano. Más tarde, se trasladó con su familia a Madrid, donde su padre siguió ejerciendo su profesión. A su llegada a la capital, vivieron en el barrio de Carabanchel.
María realizó sus estudios en la llamada Asociación para la Enseñanza de la Mujer, un organismo fundado por Fernando de Castro y Pajares. Se trataba de una institución dedicada a formar a las mujeres procedentes de la clase media. Algo parecido a la Institución Libre de la Enseñanza. Las dos tenían una ideología tomada del krausismo, mediante la cual se intentaba formar a la gente para transformar la sociedad desde dentro, sin tener que recurrir a ninguna revolución ni nada por el estilo. La diferencia estaba en que en la Institución parece que ingresaban personas de una clase más alta que en la Asociación.
Fernando de Castro no era ningún desconocido en el ámbito intelectual. Era catedrático de Derecho y llegó a ser rector de la antigua Universidad Central de Madrid. Hoy en día, llamada Universidad Complutense.
Precisamente, durante su mandato, fomentó las llamadas “conferencias dominicales”, que se daban en ese centro, con entrada libre y gratuita. O sea, igualito que ahora.

Esta Asociación, que tuvo su sede en varios lugares de Madrid, acabó radicándose, definitivamente, en la calle de San Mateo, 15. Justo al lado de donde ahora se halla el Museo del Romanticismo.
En aquella época, el problema de las niñas de las clases medias es que, por un lado, sus familias no podían contratar una institutriz, como se solía hacer entre las clases altas. Por otro, tampoco deseaban ir a los colegios públicos, donde la enseñanza sólo era, más o menos, obligatoria entre los 6 y los 9 años y donde sólo recibían una formación muy básica. Así que muchas de ellas solían formarse en un centro religioso, donde sólo las preparaban para ser unas buenas amas de casa a partir de los 15 años, que era cuando sus familias les empezaban a buscar un marido.
Todo esto, es posible que lo desarrolle, posteriormente, en otro de mis artículos, para no alargarme demasiado con éste.
Lo cierto es que María salió de ese centro convertida en maestra y, durante un tiempo, ejerció el Magisterio. Incluso, comenzó a escribir, pero no pudo publicar nada, pues vivía en una sociedad donde aún no se apreciaba el papel de la mujer en ese ámbito.
En 1900, se casó con Gregorio Martínez Sierra, un joven escritor madrileño al que había conocido poco antes y que era 7 años más joven que ella. Algo poco habitual en esa época.
En un principio, éste se dedicó a editar revistas culturales, aparte de escribir poesía. Más tarde, es cuando se decide por escribir obras de teatro. De esa época data la revista “Renacimiento”. Por sus páginas pasaron reseñas de obras de autores modernistas, tanto españoles como extranjeros. Desgraciadamente, no llegó a durar ni un año.
Parece ser que tuvieron más éxito con la editorial Renacimiento, la cual duró 10 años, y en la que se publicaron obras de los autores más importantes de esa época. Tanto nacionales, como extranjeros.
A partir de ese momento, no sabemos si esas obras de teatro fueron escritas sólo por él, por ella o por ambos a la vez. Aunque sólo figuraba Gregorio como autor de las mismas.
Es posible que esta revista les llevara a conocer a los intelectuales más importantes de su tiempo. De hecho, cuando fundaron otra revista, llamada “Helios”, sus otros socios eran nada menos que Juan Ramón Jiménez, Pedro González Blanco y Ramón Pérez de Ayala y fueron asesorados por el mismísimo Rubén Darío.
Lo cierto es que se aventuraron a probar en España el denominado “teatro del arte”, una especie de experiencia de teatro total, que abarcaría más de un género artístico dentro de las representaciones.
Para ello, contaron con la colaboración de gente tan famosa como Falla, Conrado del Campo,
Turina, Rafael de Penagos, Sigfrido Burman, etc. Por supuesto, también se añadieron al grupo una serie de actores que ya descollaban en ese momento, como Catalina Bárcena.
Así, un día tan extraño para un estreno, como fue el de la Nochebuena de 1916, estrenaron “El reino de Dios”, una obra firmada por Martínez Sierra, de la cual no sabemos quién fue el verdadero autor de la misma. El local elegido para ello fue el renovado Teatro Eslava, situado en la calle Arenal, de Madrid.
Parece ser que les fue francamente bien. En ese teatro llegaron a representar obras escritas tanto por esta pareja, como por autores nacionales e internacionales. Incluso, el mismo Falla, presentó allí su célebre “El sombrero de tres picos”, para el que María había escrito el guion. Al igual que había hecho con “El amor brujo”.
Precisamente, ella llegó a tener mucha amistad con Falla. En sus cartas, le suele llamar “Don Manué” e incluso, él llega a firmarlas también con ese apodo o también con el de “Don Manué, er de las músicas”. Algo llamativo para un hombre que tenía fama de ser muy serio.
El éxito de las representaciones de este teatro se vio truncado por un acontecimiento totalmente inesperado. A principios de marzo de 1922, una discusión entre dos autores teatrales noveles enfrentados, sucedida en el saloncillo del teatro, dio lugar al homicidio de uno de ellos, causado por un disparo del otro.
Unos dicen que la discusión vino por un asunto de mujeres y otros porque uno de ellos acusaba al otro de ser el causante del fracaso de una de sus obras, que había sido estrenada en ese mismo teatro.
Tras ese altercado, parece ser que el público ya no quiso acudir a un lugar donde se había cometido un crimen. Así que la compañía de los Martínez Sierra se fue de allí en busca de otros escenarios más propicios.
Mientras tanto, nuestra protagonista no había perdido el tiempo. Se dedicó a escribir guiones y libretos que le fueron encargados por otros autores famosos, como Marquina, Arniches o Turina.
Incluso, tuvo tiempo de escribir una serie de ensayos en la desaparecida revista Blanco y Negro. Curiosamente, aunque los firmaba con el nombre de Gregorio, estos ensayos tenían un claro enfoque feminista, donde expresaba sus ideas para intentar erradicar la desigualdad que sufrían las mujeres.
Por otra parte, parece ser que la compañía salió ganando, pues fueron aclamados en teatros de
grandes capitales, como París, Londres o Nueva York. Incluso, varias de sus obras fueron adaptadas para la realización de películas en Hollywood.
Realmente, a Martínez Sierra siempre se le ha considerado un buen empresario y director de escena, que le dio un aire renovador al teatro. Sin embargo, los actores sabían perfectamente que él no había escrito, muchas de esas obras, que llevaban su autoría.
Curiosamente, en aquel momento, los críticos literarios, ya le calificaban a él como uno de los autores españoles consagrados. Al mismo nivel que Muñoz Seca, los hermanos Álvarez Quintero o Jacinto Benavente.
No obstante, en su época se le tenía por un listillo. Parece ser que, cuando le quedaban pocos años de vida, firmó un documento, donde confesaba que las obras habían sido escritas con su mujer, pero no quería renunciar a sus derechos.

Lo cierto es que esta pareja llevaba una relación muy extraña. Aunque, desde 1922, ya se había producido la separación entre ellos, a causa de las infidelidades del marido, ella seguía escribiendo para él. Parece ser que María conservaba abundantes escritos de su marido donde le pedía que le enviara más capítulos para tal o cual obra.
Esto es muy llamativo para una persona como nuestra protagonista, que se tenía por muy feminista. Mientras tanto, su marido llegó a tener una hija con su primera actriz, Catalina Bárcena.

Curiosamente, al preguntarle en una ocasión, a nuestro personaje, sobre ese tema, ella respondió: “nuestras obras son hijas de un legítimo matrimonio y tienen bastante con el nombre del padre.”
Lo cierto es que, a causa de la popularidad de sus obras, no sólo se hizo famoso su marido, sino también la primera actriz, que era la amante de éste. Mientras que a María no la conocía casi nadie fuera del mundillo del teatro.
Durante la II República, María se afilió al PSOE, siendo elegida diputada por Granada y vicepresidenta de la Comisión de Instrucción Pública de las Cortes.
Parece ser que fue propuesta para presentarse por esa provincia nada menos que por Fernando de los Ríos, futuro ministro de Instrucción Pública.
En 1931, fundó la Asociación Femenina de Educación Cívica, dirigido a las chicas de la clase media, pues veía a otra institución, llamada el Lyceum Club, fundado anteriormente por María de Maeztu, y donde ya había estado ella, como a una institución demasiado elitista.
En cambio, ella cree que las mujeres pueden llegar a alcanzar su propia libertad a base del trabajo, la educación y la igualdad en la sociedad. A partir de ahí, nuestro personaje, se dedicó exclusivamente a la política, durante el periodo republicano.
En 1936, formó parte de la dirección del Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, organismo presidido por Dolores Ibarruri, “la Pasionaria”. Más tarde, en noviembre de ese año,  fue enviada por el Gobierno republicano a Suiza, como agregada comercial de nuestra embajada. Más tarde, fue destinada a Bélgica, con el fin de organizar la llegada de los niños españoles, que habían sido evacuados desde nuestro territorio. Allí le pilló el fin de la Guerra Civil y nunca más regresó a España.
Al comienzo de la II Guerra Mundial, se trasladó a Francia, donde, posteriormente, tuvo que residir de una manera clandestina, para no ser capturada por la Gestapo, y donde pasó mucha hambre.
En 1950, se embarcó hacia Nueva York, para luego dirigirse hacia México y terminar residiendo en Argentina.
En 1947, se produjo el fallecimiento de Gregorio Martínez Sierra y su única hija, fruto de su relación con Catalina Bárcena, quiso reclamar para sí los derechos de autor. Así que María esgrimió ese documento firmado por su padre ante testigos, en el cual confesaba que esas obras se habían escrito a medias entre ambos.
Por alguna razón desconocida, a partir de ese momento, empieza a firmar sus siguientes obras como María Martínez Sierra. Algo inaudito en España, donde las mujeres no pierden sus apellidos al casarse.
Es posible que lo hiciera para aprovechar la fama de los apellidos de su marido y así no tener que empezar desde cero, porque el nombre de ella no era conocido por el gran público. Es probable que, por ello, para algunos autores en USA, su nombre estuviera al mismo nivel que Ibsen, Chejov o Pirandello. Desgraciadamente, me da que, actualmente,  no goza de tanta fama en España.
Curiosamente, en una carta enviada a su hermano, la autora dice que muchas de esas obras son sólo suyas, pero ella quiere que se crea que son de ambos, porque esa es su voluntad.
Incluso, cuando su marido se fue de gira por América, y ella se quedó en España, solía escribirle para pedirle nuevas obras, donde luego sólo aparecía la firma de él. Es preciso decir que ella escribió alrededor de 100 obras de todo tipo, donde sólo aparecía el nombre de su marido.
La verdad es que esta mujer nunca tuvo mucha suerte. Se cuenta que, en cierta ocasión, enviaron un guion a Walt Disney y éste no les contestó. Sin embargo, poco después, se estrenó “La dama y el vagabundo”, en la cual,  según dicen, se puede apreciar que está inspirada en el guion anteriormente aportado.
Algunos autores afirman que esta autora debería de estudiarse dentro de la famosa Generación del 98, sin embargo, es posible que no se haya hecho debido a su clara militancia política.
Durante su exilio en Argentina publicó dos de sus obras fundamentales: “Una mujer por los caminos de España” (1952) y “Gregorio y yo: medio siglo de colaboración” (1953). En ellas, más o menos, explica su papel en las obras firmadas exclusivamente por su marido.
Desgraciadamente, nunca pudo volver a España. Murió en junio de 1974, en Buenos Aires, cuando le faltaban algunos meses para cumplir los 100 años. Está enterrada en el famoso Cementerio de La Chacarita. Una de sus últimas frases fue: “Las mujeres socialistas debemos enseñar la solidaridad humana”.