ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 8 de enero de 2017

FERNANDO IV EL EMPLAZADO



Nuestro personaje de hoy, el rey Fernando IV, nació en Sevilla en 1285. Sus padres fueron el rey Sancho IV y María de Molina, nieta de Alfonso IX de León.
Como ya dije, en el artículo dedicado a su padre, Fernando, sólo tenía 9 años, cuando falleció prematuramente Sancho.
En esa época, era habitual que el rey enviara a los herederos a la Corona  a educarse en casa de unos nobles de confianza. Así que a Fernando, desde muy joven, le mandaron a residir con sus tutores a Zamora.
Su padre, apenas tuvo tiempo para negociar una buena boda para él y para su reino. Así que, cuando murió, aún no estaba decidido ese tema.
A partir de la muerte del monarca, todo fueron dificultades para su familia. La primera fue darles legitimidad a sus hijos, porque, como ya comenté en el mencionado artículo, los Papas, no querían reconocerlo, porque los reyes tenían un parentesco muy cercano.
Dicho de una forma menos sutil. No lo querían reconocer, porque esta pareja no pasó, previamente, por caja. Años más tarde, María de Molina, pagó lo estipulado y todo se arregló al instante, de una forma casi “milagrosa”.
Al no poder ser  considerado Fernando como hijo legítimo, legalmente, tampoco se le podía considerar  heredero al trono de Castilla y León.
Así que, por todas partes, surgieron rebeliones de todo tipo. Uno de los rebeldes fue un conocido nuestro, el infante Juan de Castilla, ese que trajo a los benimerines a la Península.
Por cierto, creo que en ese artículo no quedó aclarado que, según parece,  el infante Juan fue el que capturó a Pedro, el hijo de Guzmán el Bueno.
Posteriormente, lo asesinaron. Le cortaron la cabeza y la lanzaron dentro del castillo, donde estaban sus padres, por medio de una catapulta.
El asedio fracasó y el infante Juan tuvo que huir y refugiarse con sus aliados, en el reino moro de Granada
Por otra parte, conviene no olvidarnos de los famosos infantes de la Cerda, que resurgieron como el ave fénix “de sus cenizas”. Siguieron teniendo el apoyo de Francia. Incluso, Portugal y Aragón se sumaron a la tarea de desestabilizar el reino de Castilla y León.
Estas sublevaciones fueron tan importantes que el infante Juan llegó a proclamarse en León rey de León, de Sevilla y de Galicia. Mientras que Alfonso, el mayor de los infantes de la Cerda, fue proclamado en Sahagún, rey de Castilla y de varios lugares más de la Península.
Realmente, todos los reinos fronterizos se decidieron por atacar a Castilla y León, pensando que, en ese momento en que no había un rey adulto en el trono, el reino sería más vulnerable y podrían arrebatarle algunos territorios. Evidentemente, se equivocaron.
No obstante, eso de ver posibles rebeliones por todas partes, como luego veremos, fue algo que le persiguió durante toda su vida al rey Fernando IV.
La situación cada vez se tornaba peor para María de Molina, que se hallaba con su hijo Fernando en Valladolid. Los sublevados se enteraron de que estaba allí y se dirigieron a esa ciudad para asediarla.
La reina tomó la decisión de enviar un escrito al rey portugués, informándole que, si atacaba esa ciudad y otras de su reino, suspendería las conversaciones para la negociación del matrimonio de Fernando con una de sus hijas.
Parece ser que esto produjo el efecto deseado, porque,  el rey portugués, al leer este mensaje, se dio la vuelta y regresó a su país. También, Juan se fue a León y Alfonso de la Cerda volvió a refugiarse en Aragón.
Al año siguiente, en 1297, la reina firmó el Tratado de Alcañices con el rey de Portugal. Por medio de este documento se trazaron las fronteras entre España y Portugal y lo hicieron de una forma casi definitiva, porque apenas se han modificado desde entonces. Aparte de ello, se acordó la cooperación entre ambos monarcas para el caso de que alguien de sus reinos quisiera  disputarles su derecho al trono. Ya podemos suponer por qué pusieron esta cláusula.
Precisamente, María, para poder llevar a cabo la boda entre Fernando IV y la hija del rey de Portugal, más la de otra de sus hijas con el heredero portugués, convocó, en 1301, unas Cortes en Burgos, donde consiguió que aprobaran la cantidad necesaria para que el Papa legitimara su boda y sus hijos.
No fue tan fácil como podría parecer, en un principio, pues, el reino, tras varios años de guerras, se hallaba en un estado calamitoso y el hambre y las enfermedades se daban por todas  partes.
Lo cierto es que lo consiguió y ese fue un momento de una importancia trascendental. Se le pagó al Papa y éste reconoció el matrimonio, los hijos del mismo y hasta dio su consentimiento para el matrimonio de Fernando con la Constanza, la hija del rey de Portugal.
Casualmente, el rey Dionis de Portugal, era nieto, por parte materna de Alfonso X el Sabio. Así que Fernando IV y Constanza eran también parientes cercanos. En este caso, por lo que se ve, las monedas de oro deslumbraron al Papa y le hicieron mirar hacia otro lado.
Así que, a partir de ese momento,  muchas de las reivindicaciones de los sublevados se borraron de un plumazo y Fernando encontró el camino libre para poder ser proclamado rey.
Otra de las habilidades de María de Molina fue apoyarse en las Hermandades de los municipios, para poder hacer frente al poderío de los nobles.
A partir de entonces, viendo que la regente no tenía pensado ejercer una represión sobre los sublevados, la mayoría
de ellos se pasó a su bando.
Concretamente, el infante Juan, fue a Valladolid a rendir pleitesía, como vasallo del rey Fernando y, por ello, se le dieron nuevas tierras y las rentas de las mismas.
Las reivindicaciones de Alfonso de la Cerda fueron acalladas a base de pagarle unas rentas a cambio de la renuncia de sus derechos.
En 1301, al llegar el rey a su mayoría de edad, éste se encontró con un reino totalmente pacificado. Sin embargo, los infantes Enrique y Juan, junto con los de la importante familia de los Lara, a partir de ahora, se dedicaron a enemistar al rey con su madre.
La cosa llegó al punto que el rey ordenó que se le rindieran cuentas sobre las finanzas administradas por ésta.
Una vez revisadas las cuentas, se demostró que, no sólo lo había hecho con mucho acierto, sino que había tenido que vender sus propias joyas para hacer frente a los gastos de esas guerras.
En aquella época, donde los nobles solían comer en platos fabricados en plata, ella lo hacía en platos de barro, como la gente del pueblo.
La verdad es que el rey siempre fue un chico enfermizo y consentido. Aparte de tener muchas manías.
Estas fueron utilizadas con mucha maestría por los nobles, que se dedicaron siempre a influir sobre el rey a fin de predisponerlo, con falsas acusaciones, hacia el bando contrario. Parece ser que nunca más pudieron predisponerlo contra su madre que fue el verdadero “cerebro gris” de su reinado.
En una ocasión, los nobles,  se atrevieron a proponerle a María que participara en un plan para deponer del trono a Fernando.
Este plan consistía en casar a una hija de María con Alfonso de la Cerda y proclamarle rey de León. Mientras que Pedro, hermano de Fernando, se casaría con una hija de Jaime II de Aragón. Evidentemente, María, se negó a aceptarlo.
En 1302, se pudo celebrar ya la boda entre Fernando IV y Constanza, hija del rey Dionis I de Portugal.
En 1304, se consiguió firmar una paz duradera con Jaime II de Aragón, al perfilar definitivamente la frontera entre ambos reinos.
Durante su reinado hubo multitud de problemas internos. Uno de los más sonados fue la reivindicación del infante Juan para que el rey intercediera a fin de que su mujer tomara posesión del Señorío de Vizcaya, en lugar de Diego López V de Haro. Este pleito duró varios años.
En 1307, cuando el rey se hallaba asediando una pequeña ciudad, que había sido ocupada por un noble rebelde, recibió un mensaje del Papa Clemente V, donde le ordenaba que confiscara todo el patrimonio de la Orden del Temple en su reino y lo mantuviera bajo su custodia, hasta que se le indicara qué hacer con ello. Eso fue lo que hizo.
En 1308, Rodrigo Yáñez, maestre del Temple en Castilla y León, entregó algunas de sus fortalezas al infante Felipe, hermano del rey. Algo que no gustó nada al infante Juan. Así que, en el futuro,  los templarios entregarían sus castillos directamente al rey.
En 1309, los  monarcas de Castilla y Aragón se reunieron en Alcalá de Henares a fin de coordinar sus esfuerzos para luchar contra el rey de Granada. De hecho, Fernando IV, siempre estuvo muy interesado en continuar la labor de la Reconquista.
La campaña estuvo muy bien organizada y obtuvo todas las bendiciones y hasta apoyo financiero por parte del Papa.
Intervinieron en ella caballeros de varios países. También Aragón, que aportó su Armada, además de tropas terrestres. Incluso, Portugal, que desplazó unos cientos de caballeros.
Los objetivos de los reyes eran la conquista de Almería, por parte de Aragón. Mientras que de Algeciras y Gibraltar, se ocuparía Castilla.
Ciertamente, muchos caballeros no estaban muy contentos con el desarrollo de esta expedición, pues, más que la conquista, buscaban el saqueo del territorio enemigo.
Así que, cuando ya llevaban un tiempo asediando Algeciras, desertaron del campo cristiano el infante Juan, don Juan Manuel y algunos caballeros más, argumentando que el rey no les había pagado unas deudas.
A raíz de esto, un año más tarde. El rey dio orden de matarlo, pero el infante Juan fue advertido a tiempo y pudo huir a refugiarse en una fortaleza. Posteriormente, la madre del rey, le convenció para que no lo matara.
Lo cierto es que el único triunfo importante que obtuvieron en esa contienda fue la conquista de la estratégica plaza de Gibraltar. Así que en  1310, firmaron un tratado de paz con Granada.
En abril de 1311, el rey, empezó a dar muestras de que también padecía la tuberculosis. La misma  enfermedad de la que murió su padre.
Los nobles comenzaron a reunirse, pues los reyes no habían tenido ningún heredero varón y eso era muy preocupante.
Afortunadamente, por fin, en agosto de ese mismo año,  la reina dio a luz y esta vez se trataba de un varón, que sería el futuro Alfonso XI.
Hubo unas pequeñas discusiones entre los padres, pues Fernando IV era partidario de que el niño fuera criado por su madre, María de Molina. Mientras que la reina Constanza, prefirió que la custodia del niño la tuviera el infante Pedro, hermano del rey. Esta vez, la reina, se salió con la suya.
No obstante, en el otoño de 1311, se descubrió una conjura protagonizada por los actores habituales. O sea, el infante Juan, Juan Núñez de Lara y Lope Díaz de Haro, para deponer a Fernando IV y colocar en el trono a su hermano Pedro. Afortunadamente, fracasaron en el intento.
Así y todo, los nobles importantes del reino, encabezados por el infante Juan, le hicieron una especie de plante, obligándole a que los admitiera en su consejo privado. Cosa que tuvo que hacer el rey.
A finales de 1311, se volvieron a reunir en Calatayud los reyes de Castilla y Aragón. Entre otras cosas, acordaron volver a guerrear contra Granada, pero, esta vez,  cada uno por su cuenta.
Posteriormente, Fernando, reunió unas Cortes en Valladolid, las cuales aprobaron una serie de impuestos para financiar esa nueva guerra.
No obstante, el soberano, aprovechó para que se aprobasen también una serie de medidas con objeto de reorganizar toda la Administración y asegurarse de que su poder estaría por encima del de los nobles del reino.
En el verano de 1312, se produjo el episodio por el que es más conocido este rey. Parece ser que Juan de Benavides, uno de los secretarios del monarca, fue asesinado en Palencia y de este delito fueron acusados los hermanos Pedro y Juan Carvajal. Siendo ambos caballeros de la Orden de Calatrava. Esta familia era originaria de Valencia de don Juan, en León. También los Benavides procedían de esa zona de España.
Parece ser que, desde el principio, las sospechas fueron hacia ellos por este crimen, porque todo el mundo sabía que los Benavides y los Carvajal siempre se habían llevado muy mal. Incluso, algunos miembros de estas dos familias, en el pasado, habían dirimido sus diferencias mediante duelos a muerte. Curiosamente, durante la Reconquista, ambas familias se asentaron en la zona de Baeza (Jaén).
Posteriormente, en agosto y estando el rey en el pueblo de Martos, estos dos hermanos fueron capturados. Allí, el rey los juzgó y los condenó a muerte, sin haberles dejado defenderse. Según parece, la ejecución se llevó a cabo, ante la presencia del monarca, y de una manera horrenda.
Se encerró a ambos en una jaula de hierro, con puntas muy afiladas en su interior y se la echó a rodar desde lo alto de una colina situada en esa ciudad.
Parece ser que los condenados defendieron su inocencia hasta el último minuto y luego le emplazaron al rey a que muriera en un plazo de 30 días, para responder ante Dios por este hecho.
Efectivamente, el rey murió justo un mes después en el castillo de Jaén. Curiosamente, nadie le vio morir, porque el monarca se fue a dormir la siesta y, cuando fueron a despertarle, lo encontraron ya muerto en su cama.
Así que esta vez, el reino, se quedaba sin monarca y con un heredero que sólo tenía un año de edad. O sea, más difícil todavía.
Inicialmente, el monarca fue enterrado en la Mezquita y Catedral de Córdoba. Varios siglos después, sería trasladado a otra iglesia de la misma ciudad.
Los cadáveres de los hermanos Carvajal fueron enterrados en la iglesia de Santa Marta de la ciudad de Martos, en Jaén. En esa ciudad existe un monumento en forma de pilar con una cruz, llamado la Cruz del Lloro, donde, según la tradición, fue el lugar donde paró de rodar la jaula con los dos cadáveres dentro.
Algunos autores afirman que, desde entonces, el escudo de los Carvajal, compuesto por una banda negra, que lo atraviesa desde la parte superior izquierda a la inferior derecha, sobre un fondo amarillo, anteriormente era roja, pero se cambió de color, en señal de luto perpetuo por este desgraciado hecho.
Curiosamente, en el caso de los famosos jefes del Temple, que fueron quemados en París, también emplazaron a los que les habían llevado a la hoguera a comparecer en el plazo de un año ante Dios y eso fue lo que ocurrió.

domingo, 1 de enero de 2017

SANCHO IV EL BRAVO



Siguiendo con el ciclo dedicado a los reyes castellanos, que comencé con la figura de Alfonso X el Sabio, hoy me voy a ocupar de otro de ellos.
En este caso, se puede aplicar ese dicho de que detrás de un hombre importante siempre hay una gran mujer. Eso es así, porque, como veréis, casi nadie se acuerda de este rey y, sin embargo, a todos nos suena el nombre de su esposa. Posiblemente, más adelante, le dedicaré un artículo exclusivamente a ella.
Nuestro personaje de hoy, Sancho IV el Bravo, nació en 1258 en Valladolid.
Sus padres fueron Alfonso X y su esposa, la reina Violante, la cual era hija del gran rey Jaime I el Conquistador. Hay que reconocer que Sancho perteneció a una gran estirpe.
En un principio, Sancho, no iba a heredar el trono, pues para eso estaba su hermano mayor, Fernando, llamado el de la Cerda.
En 1275, cuando su hermano Fernando se dirigía, con sus huestes, a enfrentarse contra los musulmanes, hizo una parada en la actual Ciudad Real.
Ese lugar era el punto de cita, donde habían acordado reunirse todas las fuerzas castellanas y leonesas para, posteriormente, encaminarse hacia el territorio dominado por el enemigo.
De repente, Fernando, se sintió mal y por alguna enfermedad, que sigue siendo desconocida al día de hoy, murió súbitamente, con sólo 19 años y sin que los médicos pudieran hacer nada por él.
Así que Sancho, que sólo tenía 17 años,  tomó el mando de esa expedición y les propinó una contundente derrota a los musulmanes. Esto le dio una enorme popularidad. Sobre todo, de cara a los nobles.
En esta misma operación, también utilizó a la flota castellana y se dice que los convoyes musulmanes, que estaban navegando por el Estrecho para traer refuerzos, al verla, se dieron, inmediatamente,  la vuelta hacia los puertos de donde habían partido.
Aunque, a primera vista, se podría pensar que esta victoria llenaría de júbilo a Alfonso X, la cosa no fue así. Este acontecimiento fue el comienzo de las malas relaciones entre el rey y su hijo. Todo ello se basaba en una diferente interpretación de la Ley.
Por una parte, el Derecho que siempre había estado vigente en Castilla, indicaba que, a la muerte del heredero, los derechos pasarían al siguiente hijo varón.
Sin embargo, en el nuevo Código de las Siete Partidas, que acababa de promulgar Alfonso X y que se basaba en el Derecho Romano, la sucesión debería recaer en el primogénito de los dos hijos de  Fernando.

Así, Alfonso X, se encontró atacado a la vez por dos “frentes”. Por una parte, vería que Sancho podría ser un buen heredero y se lo había ganado a pulso en sus luchas contra los musulmanes.
Por otro lado, Fernando había estado casado con Blanca, hija de San Luis IX, rey de Francia. Su sucesor, el rey francés Felipe III, que era tío de esos dos jóvenes, le presionó para que nombrara sucesor al mayor de ellos.
De todas formas, parece ser que las relaciones entre Fernando y Sancho no deberían de ser muy buenas, pues, cuando fue elegido heredero, nombró caballeros a sus otros hermanos, menos a Sancho, que se negó a ser nombrado por Fernando.
Me da la impresión de que su padre veía justo que le sucediera Sancho. Sin embargo, para aplacar estas presiones, intentó crear un reino en Jaén, al objeto de cedérselo al hijo mayor de Fernando. Evidentemente, esto no fue del agrado de Sancho y ahí comenzó el enfrentamiento entre ambos.
La mayoría de los nobles a los que nunca les había gustado la forma de reinar de Alfonso, como ya mencioné en otro de mis artículos, se alinearon en el bando de Sancho. Así que al rey sólo le quedaron tres ciudades: Murcia, Badajoz y Sevilla. En esta última murió en 1284.
A la muerte de Alfonso X, su hijo, Sancho, que se hallaba en Ávila, fue a Toledo, para ser proclamado nuevo rey.
Tras este acto, se dio por concluida  la guerra civil. No obstante, todavía le quedaban algunos que se le opusieron. Uno de ellos fue su propio hermano Juan, que solicitaba que se cumpliera la voluntad de su padre, el cual le dejaba, en su testamento, las ciudades de Sevilla y Badajoz. Obviamente, Sancho no hizo ningún caso a esta petición.
También tuvo la oposición de los infantes de la Cerda, ahora protegidos por el rey Alfonso III de Aragón, el cual, en 1288, nada menos que proclamó, en Jaca, a Fernando, el mayor de los infantes, como nuevo rey de Castilla y León.
Se puede decir que la forma de gobierno de Sancho siempre fue muy expeditiva. Incluso, algunos de sus biógrafos dicen que no estaba en su sano juicio.
Por una parte, detuvo a su hermano Juan, que se había aliado con Lope Díaz III de Haro. Al primero lo encarceló, mientras que al segundo lo mandó ejecutar.
Aparte de ello, ordenó una gran represión en las ciudades que habían apoyado a su padre. Esto produjo varios millares de muertos.
De todas formas, creo que debo parar un momento, para aclarar lo ocurrido con Lope Díaz III de Haro. Este noble estaba casado con una hermana de María de Molina. Así que el rey lo nombró para ejercer la privanza en la Corte. Una especie de valido.
Parece ser que Lope acumuló un poder inmenso, pues era una persona con una gran ambición. Incluso, intentó enemistar a los reyes para que Sancho IV se divorciara y se casara con una de sus sobrinas.
Para mayor escándalo, arrendó el cobro de los impuestos del reino a un tipo que era judío y catalán. Incluso, le permitió acuñar monedas de oro y eso no le gustó a nadie.
También las relaciones con Francia fueron objeto de muchas discusiones entre el rey, el infante Juan y Lope. Parece ser que ellos no querían firmar un tratado con Francia, porque así volverían los miembros de la importante familia Lara y les quitarían su puesto en la Corte.
No obstante, el rey, siguiendo el consejo de su esposa, se dispuso a firmar un tratado con Francia. Eso no les gustó nada a los otros dos y empezaron a montar una revuelta contra el monarca.
Por fin, el rey, les citó a ambos en una ciudad para discutir este importante tema. Allí, les expuso sus razones y, ante la enérgica oposición de los otros dos, mandó que los prendieran.
En ese momento, Lope, sacó su puñal y se lanzó contra Sancho. Uno de los guardias reales lo vio y con un golpe de su espada, le cortó de un tajo la mano donde portaba el puñal. Inmediatamente, fue apresado y el propio monarca, que estaba encolerizado,  lo atravesó con su espada, muriendo instantáneamente.
Luego, se volvió hacia uno de los caballeros que acompañaban a Lope y le acusó de haber asolado un territorio real. A éste también lo mató con su espada.
No llegó a matar a su hermano Juan, porque, en ese momento, entró María y le contuvo en su furia. Algo bastante complicado, porque el monarca medía unos 2 metros. Este dato se comprobó al abrir su sepultura.
Unos años antes de haber sido proclamado  rey, nuestro personaje, se había casado con una mujer que ha pasado a la Historia con el nombre de María de Molina.
Entre ellos existía un claro parentesco, pues su padre era hermano de Fernando III el Santo, o sea, que también era tío abuelo de Sancho. Por ello,  concretamente, María, era tía de Sancho.
Este hecho, encendió las alarmas en Roma y, por ello, el Papa, negó continuamente la validez de ese matrimonio a pesar de los ruegos de ambos contrayentes. Hasta el mismo Alfonso X se opuso al mismo. También era urgente que fuera legitimado este matrimonio, porque, en 1285, tuvieron a su primer hijo varón, Fernando.
Posteriormente, en 1301, María llegaría a verlo reconocido, previo pago de una bula pontificia, a pesar de que Sancho había muerto varios años antes.
En 1291, la muerte de Alfonso III de Aragón hizo que su sucesor, Jaime II, cambiara totalmente la política de su reino hacia Castilla. Por ese motivo, ambos monarcas firmaron el tratado de Monteagudo. Mediante el cual, Aragón, apoyaría con su Armada a Castilla en la conquista de Tarifa y, además, Jaime II se casaría con una hija de Sancho IV.
Este acuerdo también dio lugar a que Aragón dejara de proteger, como había hecho hasta entonces,  a los infantes de la Cerda.
Desgraciadamente, esa boda entre el rey de Aragón e Isabel, hija de Sancho IV, nunca fue aprobada por el Papa Nicolás IV. Así que, como nunca fue consumada, porque, en esa fecha, la novia sólo tenía 8 años, tras la muerte de Sancho IV, esa boda fue anulada y la niña volvió con sus padres a Castilla. Posteriormente, se casó con Juan III duque de Bretaña.
Sancho quiso ser magnánimo con su hermano Juan y lo puso en libertad. Sin embargo, éste hizo un trato con los moros, por el que los benimerines volvieron a invadir algunos territorios castellanos. Parece ser que también les había llamado el rey moro de Granada.
No hay que olvidar que Juan estaba casado con una hija de Lope Díaz de Haro, antiguo privado y luego enemigo de Sancho.
Así, en 1294, se dio el célebre episodio de Guzmán el Bueno, que impidió la rendición de Tarifa. Lo narraré brevemente, para el que no conozca este hecho. En su avance,  los moros habían capturado al hijo de Guzmán, señor feudal de esa ciudad,  y le dijeron que, si no
rendía la fortaleza, matarían a su hijo. Él no aceptó el chantaje y, negándose a rendir esa plaza, lanzó, desde las almenas, su propio cuchillo a los moros, para que dieran muerte a su hijo y, según parece, eso fue lo que hicieron.
De esa manera, fracasaron, porque Guzmán pudo aguantar el asedio hasta que llegó la escuadra castellana, y tuvieron que volver a sus bases en el norte de África. Previamente, tuvieron que firmar el acuerdo de Peñacerrada, por el que tuvieron que pagar indemnizaciones por los daños cometidos en la península.
A partir de ahí, los reyes cristianos tuvieron muy bien vigilado el Estrecho, pues era el camino idóneo por el  que los musulmanes recibían rápidamente refuerzos, procedentes del norte de África.
En su obsesión porque el Papa reconociera su matrimonio, envió al abad Gómez García a hablar con el rey de Francia a fin de influir sobre el Pontífice, que tenía buenas relaciones con el monarca francés, porque eran de la misma nacionalidad,  y también para que dejara de apoyar a los infantes de la Cerda.
Parece ser que el famoso rey francés Felipe IV el Hermoso no atendió a esa solicitud, sino que le hizo una contrapropuesta al abad. Esta consistía en que Sancho debería divorciarse de María y casarse con una de las hermanas de ese monarca. Así que el abad no consiguió nada positivo y se volvió a Castilla. Sin embargo, no quiso comentarle la contrapropuesta del rey francés a Sancho.
Se cuenta que Sancho se enteró por otra persona de la respuesta del rey francés. Así que montó en cólera, como era habitual en él,  y ordenó al arzobispo de Toledo que prendiera al abad, lo juzgara, por malversación de caudales públicos, y lo encerrara de por vida.
Parece ser que también se mosqueó, cuando se enteró de que el rey francés le había insinuado al abad, que, si conseguía que Sancho se casara con una de sus hermanas, él influiría en el Papa para que fuera nombrado arzobispo de Santiago de Compostela. Evidentemente, esto tampoco se lo había contado el abad al rey Sancho.
Una de las ilusiones del monarca hubiera sido llegar a dominar la difícil plaza de Algeciras. Sin embargo, la tuberculosis que llevaba tiempo padeciendo, lo estaba matando poco a poco y nunca pudo conseguir ese objetivo.
Así que, como ya se encontraba muy enfermo, se hizo llevar, tumbado en una camilla desde Alcalá de Henares hasta Toledo.
Antes de morir, dictó testamento. En él, encomendaba la regencia del reino a su esposa, María de Molina, y hacía jurar a Juan Núñez de Lara que se haría cargo del heredero, Fernando, que por entonces sólo tenía 9 años, “hasta que le saliera barba”.
En abril de 1295, murió este monarca, con sólo 37 años. Siendo enterrado en la catedral de Toledo.

lunes, 26 de diciembre de 2016

FLORENCE BAKER, LA AVENTURERA AFORTUNADA



Como este artículo va a salir publicado después del sorteo de Navidad de la Lotería Nacional, supongo que a la mayoría de la gente no le habrá tocado, como suele ocurrir siempre por estas fechas.
Desgraciadamente, a los pobres siempre nos pasa lo mismo. En mi tierra dicen que “El que juega por necesidad, pierde por obligación”. Así que hoy me he decidido a publicar una historia para que nunca perdamos  la esperanza.
Nuestro personaje de hoy se llamaba realmente María Bárbara von Sass y nació en 1841 en una población del antiguo Imperio Austro-Húngaro, en la región de Transilvania, que ahora es territorio rumano.
Parece ser que su familia era de origen alemán. Incluso, algunos autores afirman que su padre era noble y militar. Lo cierto es que, durante la revolución de 1848, en el Imperio Austro-Húngaro, se produjo una guerra de independencia en los distintos territorios que formaban el antiguo reino de Hungría.
Esto dio lugar a una escalada de violencia, que, en el caso de nuestro personaje, tuvo como consecuencia que asesinaran a toda su familia. Sólo pudieron escapar su padre y ella.
Hay que resaltar que estos acontecimientos fueron muy graves, pues tuvo que dimitir el famoso canciller Metternich y hasta el mismo emperador, que dio paso a Francisco José, el marido de la archifamosa Sissi.
María escapó con su padre hasta un campamento para refugiados en lo que hoy es Bulgaria. Parece ser que allí fue raptada y enviada a un comerciante de esclavos armenio, el cual, la mantuvo encerrada, posiblemente, en un  harén,  y 10 años más tarde, la llevó a un mercado de esclavos. Concretamente, en la ciudad de Vidin, al NW de la actual Bulgaria.


Parece ser que, durante todo ese tiempo,  la chica ya había pasado por todo tipo de vicisitudes y
ahora ya tenía 17 años.
Prácticamente, había perdido toda esperanza y ya veía que su único futuro en la vida sería acabar dentro de un harén o un serrallo turco.
Sin embargo, estaba a punto de tener un auténtico golpe de suerte, que cambiaría radicalmente su vida.
En este momento, voy a dar paso a un nuevo personaje, que también va a protagonizar esta extraordinaria historia.
Samuel White Baker había nacido en Londres en 1821. Su familia siempre fue muy acomodada, pues su padre era un importante hombre de negocios de la City y, como muchos otros, también poseía una plantación en Jamaica.
Evidentemente, Samuel, tuvo una educación muy esmerada. Sin embargo, como nunca tuvo ningún interés por los negocios, se graduó como ingeniero civil. No obstante, gracias a su desahogada posición económica,  casi nunca le hizo falta ejercer su carrera.
Durante su juventud, realizó frecuentes viajes, recorriendo todos los continentes y, sobre todo, practicando su afición preferida, la caza.
En 1844, se casó y de ese matrimonio nacieron 7 hijos, de los que sólo 4 hembras llegaron hasta una edad madura. Lo normal en esa época.
Por lo visto, fundó una plantación propia en la antigua Ceilán, hoy llamada Sri Lanka, donde, a causa de su afición cinegética,  tenía atemorizada a la fauna de toda la isla.
Desgraciadamente, en 1855, murió su esposa y se quedó viudo y con 4 hijas. Así que se las envió a una de sus hermanas, que estaba soltera, para que las cuidara.
En 1858, partió del Reino Unido, para realizar un viaje por Centroeuropa con un buen amigo suyo. Concretamente, se trataba de un maharajá hindú exiliado en Gran Bretaña. Está claro que el objetivo de ese viaje era, siguiendo su costumbre,  practicar la caza en esos territorios.
Parece ser que alquilaron un barco para navegar por el Danubio hacia el Mar Negro, para, más tarde, visitar Estambul, la capital del Imperio Turco Otomano.
Por una de estas casualidades de la vida, el barco, chocó contra un gran trozo de hielo y tuvieron que atracar en la ciudad de Vidin. Por entonces, esta ciudad, pertenecía a los turcos. Así que no les quedó más remedio que quedarse en ese puerto, hasta que repararan el barco.
Durante su visita, pasaron delante de un mercado de esclavos. No hará falta decir que él estaba radicalmente en contra de este tráfico de seres humanos.
De pronto, vio que iban a subastar a una joven blanca y con el pelo rubio. Así que no se lo pensó y pujó por ella, llevándosela por 7 libras.
Otras versiones dicen que la chica ya estaba vendida al pachá de la ciudad. Sin embargo, Samuel, sobornó a sus vigilantes y se la llevó.
Realmente, no sé cuál de las dos será la verdadera, sin embargo, ambas denotan un envidiable sabor a aventura.
Estamos en la época en que triunfan aventureros como Speke o Richard Burton, que buscan en África las fuentes del río Nilo. Estas historias apasionan a Baker y le hacen que se vaya, junto con su nueva compañera hasta los confines de ese continente, aún inexplorado, que, por entonces,  era África.

Por supuesto, Samuel, gracias a su notable fortuna, no necesitó buscarse un patrocinador, como tuvieron que hacer los demás aventureros.
Además, consiguió un pasaporte británico para su nueva compañera, donde figuraba su nuevo nombre Florence Bárbara María Finnian.
Esta vez, aparte de practicar la caza, Samuel y Florence, se iban a dedicar a explorar las llamadas “fuentes del Nilo”.
Desembarcaron en Egipto, para proseguir su viaje hacia Sudán, desviándose hacia la costa, para lo cual tuvieron que atravesar el desierto. Allí ella padeció la malaria, pero logró curarse de esa enfermedad.
Posteriormente, estuvieron en la capital, Jartum, donde, tras unos meses de estancia, lograron preparar su expedición. Para ello, contrataron a varias decenas de porteadores y un barco, más unos cuantos animales de carga.
A pesar de navegar por unas aguas cenagosas y repletas de peligros de todo tipo, consiguieron llegar a su puerto de destino a partir del cual no les quedaba más remedio que seguir andando.
De momento, levantaron un campamento en ese puerto, Gondokoro. Allí pasaron varias semanas hasta que aparecieron por esa aldea dos hombres con muy mal aspecto. Se trataba de los famosos exploradores Speke y Grant, que venían de regreso. Ellos les contaron sus descubrimientos, pero también les dijeron que no habían podido llegar hasta algunos sitios, donde también podrían estar las fuentes del Nilo.
En principio, nuestros personajes, habían conseguido su objetivo principal, que era encontrar  a esos exploradores perdidos.
No obstante, los hechos narrados por éstos,  animaron a nuestra pareja, que, por cierto, le iban diciendo a todo el mundo que estaban casados, para aventurarse por esos territorios inhóspitos, que no habían podido alcanzar los otros exploradores.
Consiguieron llegar al territorio de la actual Uganda, aunque, a causa de las picaduras de mosquitos de todo tipo y de la llamada mosca del sueño, los miembros de esa expedición, arribaron en pésimas condiciones a su destino.
Tras descansar unos días, para reponer fuerzas, se encaminaron hacia un lago, que no habían podido alcanzar aquellos exploradores.
La marcha también fue muy fatigosa. Tuvieron  que escalar altas montañas y bajar a los valles, donde tuvieron que atravesar ríos, en los cuales la gente se hundía con mucha facilidad. De hecho, Florence, estuvo a punto de ahogarse en uno de ellos.
No obstante, el 14/03/1864, consiguieron alcanzar su objetivo. Tras dos años de viaje, llegaron a un lago, al que llamaron Alberto, por el difunto marido de la reina Victoria, que es otra de las fuentes del Nilo. Actualmente, este lago está dividido en dos partes. La del oeste pertenece a la República Democrática del Congo. Mientras que la del este corresponde a Uganda.
Samuel se dio el gusto de navegar por el lago. No fue una ruta muy confortable, pues fueron atacados por cocodrilos e hipopótamos. Aparte de que sufrieron un vuelco en los rápidos que llevaban hacia una enorme catarata a la cual bautizaron como Murchinson, en honor del presidente de la Royal Geographical Society. Así que, tras este incidente,  tuvieron que ganar la costa a nado.
A la vuelta, estuvieron alojados en la casa del rey de aquella zona, donde consiguieron reponerse de todas las calamidades sufridas. Allí estuvieron 6 meses, hasta que, muy a su pesar, se unieron a una caravana de esclavos, que pasaba por allí.
A principios de 1865, consiguieron llegar a Gondokoro, donde habían tenido que dejar su nave. Allí se enteraron que les habían dado por muertos.
Desde ese punto, partieron hacia Jartum y, más tarde, en febrero de 1865, llegaron a la famosa ciudad de El Cairo.
En Londres tuvieron un recibimiento apoteósico. No obstante, lo primero que hicieron fue casarse en privado, para no dar pábulo a las murmuraciones propias de la muy conservadora sociedad victoriana.
Posteriormente, en noviembre de 1865, durante un banquete organizado por la Royal Geographical Society, Samuel, pudo elogiar la resistencia y el valor de su esposa a quien, según dijo, le debía su vida.
A partir de entonces, la vida les fue muy bien. De hecho, se hicieron muy populares, dentro de una alta sociedad tan cerrada como es la británica. Hasta la prensa la calificó a ella como una “heroína”, por su importante papel en esas exploraciones.
Además, según parece, Florence, hizo muy buenas migas con las hijas de Samuel. Casualmente, una de las mismas era de la misma edad que ella.
También les ayudó el hecho de que en 1866, Samuel, fuera nombrado caballero (sir) por la famosa reina Victoria.
Curiosamente, Florence, no pudo asistir a esa ceremonia, por haber sido vetada su entrada a palacio por la propia reina. Parece ser que a la monarca, por lo que había oído, no le satisfacía la conducta moral de nuestra exploradora.
Tras su vuelta a Londres, Samuel, publicó varias obras, donde se dedicaba a narrar detalladamente todos los viajes y aventuras que habían tenido. Parece ser que estas obras tuvieron un gran éxito de ventas.
En 1869, Samuel, fue designado por el Príncipe de Gales, para formar parte de la comitiva que le acompañaría a la inauguración del canal de Suez. La cual tuvo lugar en noviembre de ese mismo año.
Durante la inauguración, el jedive o gobernador de Egipto, que estaba a las órdenes del Imperio Otomano, aunque apoyado por los británicos, le propuso a Samuel que encabezara una expedición militar a fin de anexionarse Sudán y unirlo a Egipto.
Parece ser que Samuel le impuso como condiciones que le pudiera acompañar su esposa y que se pusiera fin al tráfico de esclavos en esa zona. Ambas condiciones fueron aceptadas por el gobernador.
Tras la llegada de su esposa a El Cairo, en febrero de 1870, la expedición militar se encaminó hacia Sudán.
No es de extrañar que unos exploradores se convirtieran en líderes militares, pues, por aquel entonces, el Gobierno del Reino Unido, utilizaba a esta gente para averiguar si había algo de interés, para el Imperio,  en las zonas descubiertas por ellos.
Desgraciadamente, la expedición militar fue un auténtico fracaso. Aquella flota, compuesta por unos 50 barcos de todo tipo, se vio frenada por la vegetación, que se pudría y flotaba en el agua. Por ello, tardaron más de un año en llegar a Gondokoro.
También sufrieron feroces ataques, por parte de las bandas de traficantes de esclavos, ya que, anteriormente, él había interceptado alguna de esas caravanas y liberado a los cautivos.
No obstante, a pesar de las continuas deserciones habidas entre sus fuerzas, consiguieron llegar a los reinos situados en la actual Uganda, donde ya no reinaba el monarca que les había acogido anteriormente, sino su hijo. A éste no le gustó la idea de someterse al hombre blanco y se declaró la guerra entre ambos.


Las escasas tropas que les quedaban a los Baker fueron derrotadas y tuvieron que retirarse desordenadamente. Siempre acosados por los hombres de esas tribus.
A pesar de ese hostigamiento, consiguieron llegar hasta un reino, que era enemigo del anterior y allí fueron bien acogidos. Tuvieron que pasar unos cinco meses para poder reponerse de sus múltiples heridas.
Al cabo de un tiempo, los supervivientes,  llegaron sanos y salvos hasta El Cairo. Desde esa ciudad, Samuel, mandó un mensaje, en 1873, donde, falsamente, afirmaba que todo ese territorio había quedado pacificado y anexionado a Egipto. Tal y como se le había encargado.Tras su vuelta al Reino Unido, los Baker, se dedicaron a viajar por todo el mundo, pero ya no volvieron nunca más a África.
Repentinamente, a finales de 1893, le llegó la muerte, cuando Samuel estaba realizando los preparativos para una cacería, que se iba a desarrollar en Somalia.
Ella siguió viviendo en el hogar que había creado con su marido en New Abbot (Devonshire, Inglaterra), hasta su muerte en 1926.
Ciertamente, se han escrito varias novelas sobre estos famosos personajes. En cambio, para este artículo, yo sólo he pretendido tomar datos contrastados, que es lo que hacemos, habitualmente,  los que nos dedicamos a la Historia.
Hay que decir que las expediciones de esta pareja aún tienen eco hoy en día. De hecho, el Gobierno de Uganda está señalizando la ruta por la que transcurrió  esta expedición hasta encontrar el lago Alberto. Todo ello, para atraer a esa gente a la que le gusta el turismo de aventura.
Parece ser que, junto al organizador, Julian M. Fisher, también ha colaborado en esta tarea David Baker, tataranieto de Samuel. El viaje saldría de la antigua Yuba o Juba, actual capital de Sudán del Sur, anteriormente, llamada Gondokoro.
Transcurriría por el Nilo Blanco hasta el lago Alberto y las cataratas Murchinson. Como ya he mencionado, anteriormente, ambas deben sus nombres a esta pareja de exploradores.

En fin, como ya habréis visto, no he escrito uno de esos cuentos de hadas con el acostumbrado final feliz. Simplemente, me he dedicado a narrar un hecho histórico con nombres y apellidos.
Una vez más, se demuestra que la realidad puede ser igual o aún más interesante que cualquier obra de ficción.
Así que os deseo que el año próximo tengáis un golpe de suerte como el que tuvieron nuestros personajes cuando se encontraron, frente a frente, en aquel repugnante mercado de esclavos, en Vidin. Se puede afirmar que los dos tuvieron la misma suerte de encontrarse ese día y no separarse nunca más.
Lamento no haber podido publicar antes este artículo, pero he tenido una avería en mi PC. Así que ahora os deseo

¡¡UNA FELIZ NAVIDAD Y UN EXTRAORDINARIO AÑO 2017!!