ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 20 de diciembre de 2015

EL PLAN AMARILLO, LA INVASIÓN ALEMANA DE FRANCIA EN 1940



Tras la rápida invasión alemana de Polonia, llamada en clave por el estado Mayor alemán, el Plan Blanco, lo siguiente fue elaborar un plan para atacar a la poderosa Francia.
Siempre me ha parecido muy curioso que Francia, a pesar de que Polonia siempre había sido un buen aliado suyo, no movió un dedo para intentar parar a los alemanes. Lo mismo ocurrió en el caso del Reino Unido. Debe de ser que muchos de sus inversores y empresas estaban ganando tanta pasta con Hitler, que ninguno quería perder el negocio.
Sin embargo, lo que siempre me ha parecido muy paradójico es que los aliados le declararan la guerra a Alemania, por haber invadido Polonia, y no se la declararan a la antigua URSS, por haber hecho lo mismo. Desde luego, es algo que, por más que lo he preguntado, nadie ha sabido explicármelo de una manera satisfactoria.
No obstante, aunque los aliados le declararon la guerra a la Alemania de Hitler, no se les ocurrió, en ningún momento, traspasar la frontera con Alemania. Algo que, según se ha demostrado posteriormente, hubiera puesto en serios aprietos al Ejército alemán, pues, en ese momento, aún no tenía tropas suficientes para intentar haber parado a los aliados.
El período comprendido entre septiembre de 1939, cuando se produce la invasión de Polonia y las declaraciones de guerra, y mayo de 1940, es conocido habitualmente como la “guerra tonta” o la “guerra de broma”.
En ese período, los dos bandos en conflicto sólo se vieron las caras en Noruega, con una clara derrota aliada, y también en alguna escaramuza naval.
A los sucesivos gobiernos franceses, pecando de pacifistas, no se les ocurrió otra cosa que construir la famosa Línea Maginot, donde se gastaron una pasta, algo que ya estaba más que desfasado desde la llegada de la aviación.
También, la mayoría de la gente, piensa que, a primera vista, el Ejército alemán era muy superior al de los aliados. Pues no, los alemanes tenían algunas tropas más, pero no había mucha diferencia con las de los aliados. No hay que olvidar que Alemania siempre ha tenido más habitantes que Francia. Aparte de que, a esas alturas, ya tenía en su poder Austria y Checoslovaquia.
Incluso, los aliados, tenían muchos más carros de combate, 3.384 frente a 2.445 y también más artillería, 13.974 frente a 7.738.
Sin embargo, los alemanes, tenían más aviones, 5.446 frente a 3.090. Además, habría que aclarar que, como ya se demostró en nuestra Guerra Civil, los aviones franceses eran auténticos ataúdes volantes. Sin embargo, los rusos sí que demostraron su valía.
Dicho de otra forma, los aparatos franceses eran una auténtica porquería, si los comparamos con los que tenían los alemanes. Los de los británicos eran un poco mejores, pero todavía más escasos que los de los alemanes.
Muchos expertos creen que la gran diferencia entre el Ejército alemán y el francés, se basaba en su cadena de mando. Mientras que en el alemán estaba muy claro quién tenía el poder supremo, en el francés, se puede decir que cada uno mandaba por su cuenta.
Al frente del potente Ejército francés, que era el más grande de Europa, si no contamos el ruso, claro está, nombraron a un general muy mayor, ya camino de la setentena, aunque había sido todo un héroe en la I GM, el general Maurice Gamelin.
Realmente, no se sabe muy bien por qué este prestigioso militar no dio la orden de atacar Alemania. Tal vez, es posible que fuera presionado por el Gobierno francés para que no lo hiciera, porque se temían las represalias que pudieran tomar los alemanes.
En Francia, realmente, no estaba muy claro quién tenía el mando. Como presidente del Gobierno tenemos a Edouard Daladier, al que ya dediqué otro de mis artículos, un hombre que nunca quiso meterse en temas militares.
El general Gamelin era, teóricamente, el jefe del Estado Mayor de la Defensa, sin embargo, increíblemente, no tenía atribuciones ni sobre la Armada, ni sobre la Fuerza Aérea.
El jefe del Ejército del Nordeste era el general Georges, sin embargo, Gamelin, le usurpó algunas de sus atribuciones, como la de nombrar a los oficiales de ese Cuerpo de Ejército.
Gamelin, se puede decir que se “refugió” en el viejo castillo de Valenciennes, donde no había más que un teléfono, el cual, casi siempre estaba comunicando y ni siquiera había una emisora de radio. Hoy en día, puede parecer increíble, sin embargo, fue así como ocurrió.
De hecho, en algunas ocasiones se tuvieron que utilizar nada menos que palomas mensajeras para llevar las órdenes al frente. Alguien dijo que su cuartel general era lo más parecido a “un submarino sin periscopio”.
En fin, que, entre unos y otros, tuvieron dando tumbos al Ejército francés y, sobre todo, a las unidades blindadas. Tan pronto les mandaban hacia un sitio y cuando habían llegado, les hacían darse la vuelta. Al final, a algún listillo no se le ocurrió otra cosa que repartir los tanques entre las unidades de Infantería, lo cual fue aún peor.
Además, la logística, dejaba mucho que desear, pues, en más de una
ocasión, las unidades se quedaron sin municiones, porque nadie había dado la orden a los camiones para que se las llevaran y éstos se hallaban nada menos que a 100 km del frente.
Es verdad que también la inmensa cantidad de refugiados que se encontraron de frente, huyendo de los combates, entorpeció mucho la marcha de los refuerzos.
A Gamelin también se le ha acusado siempre de estar más cerca de los despachos de los políticos, que de visita en el frente, para conocer de cerca las unidades sobre las que mandaba.
Además, basta poner un ejemplo sobre lo inútiles que eran los mandos aliados. El propio agregado militar de la embajada francesa en Suiza, les transmitió que se había enterado que el ataque alemán sobre Francia tendría lugar entre los días 8 y 10 de mayo. Pues no le creyeron.
Otro ejemplo más. Un par de oficiales alemanes volaban entre Münster y Colonia, con la intención de asistir a una reunión del estado Mayor. A causa de la espesa niebla, perdieron su rumbo y, como se quedaron sin combustible, tuvieron que hacer un aterrizaje de emergencia en Bélgica, sin sospechar que se hallaban en el territorio de ese país.
Evidentemente, los capturaron, pero, como Bélgica se había declarado neutral, se negó a entregar a los aliados los planes de guerra que portaban esos alemanes.
De todas maneras, los aliados, pensaron que era demasiada casualidad y los tildaron de falsos. No obstante, Hitler, cuando se enteró de este incidente, exigió que se hicieran algunas modificaciones en esos planes.
La verdad era que los jefes aliados actuaron muy condicionados por la enorme cantidad de bajas que tuvieron en la I GM. Así que, mientras que los franceses se refugiaron en su enorme Línea Maginot, los británicos, enviaron pocas tropas, dejando la iniciativa al bombardeo aéreo.
También, los mandos aliados, vivían mucho de las rentas de haber ganado la I GM y no pensaban cambiar de estrategia para combatir en este nuevo conflicto.
Tampoco, Bélgica, ayudó mucho, porque, en un principio, se declaró neutral y se negó en redondo a colaborar con los aliados. Incluso, el Gobierno belga se permitió dar la excéntrica orden de disparar a todo soldado extranjero que traspasara sus fronteras.
Tenía un ejército bien organizado y con armamento moderno, pero, como era de esperar,  sería derrotado al primer “soplido” de los germanos.
Los alemanes atacaron por un lado no previsto por el mando aliado. También les cayó de sorpresa la velocidad de la llamada “Guerra relámpago” y no supieron pararla. Por último, no supieron actuar con la misma brillantez que en la I GM y no trasladaron rápidamente los refuerzos a las zonas donde eran más necesarios. Esas fueron las principales razones por las que fracasaron para contener ese ataque.
La idea de Gamelin siempre fue dejar la iniciativa a los alemanes, parándoles cada vez que intentaran un nuevo ataque. Incluso, dispuso unos miles de soldados a lo largo de la frontera con España y  Andorra, porque no se fiaba mucho de las intenciones de Franco.
A Gamelin no le gustaba nada la neutralidad de Bélgica, dado que tenía previsto realizar un ataque a Alemania, desde territorio belga, y esa postura le entorpecía sus movimientos.
No obstante, como tenía ya previsto que los alemanes pensaran atacarles a través de Bélgica, hizo que se trasladara hacia allí todo un Cuerpo de Ejército, pero nunca pensó que los alemanes pudieran atravesar con sus blindados la boscosa región de las Ardenas.
Además, por esa zona no se había construido aún la Línea Maginot para no molestar a las autoridades belgas.
El Plan o Caso Amarillo, que de las dos maneras le denominan los expertos, eran una especie de copia del famoso Plan Schlieffen, que fue el que utilizaron los alemanes en la I GM.
En un principio, la idea del Estado Mayor alemán era atacar Holanda y Bélgica y desde allí avanzar hacia Francia.
Sin embargo, uno de los mejores estrategas alemanes, von Manstein, argumentó que, si se utilizaba el mismo plan de la I GM, ya lo conocerían los aliados. No obstante, su insistencia le costó el puesto en el Estado mayor y lo destinaron al mando de un cuerpo de Ejército.
A pesar de todo, von Manstein, logró ser recibido por Hitler, a quien le contó su plan con todo detalle y consiguió convencerle para que ordenara al Estado Mayor que utilizaran su plan.
Este nuevo plan consistía en atacar Holanda y Bélgica y así atraer a las tropas aliadas. Mientras tanto, el grueso de las fuerzas alemanas penetraría a través de las Ardenas, para girar hacia el noroeste y envolver a las tropas aliadas, que habían invadido Bélgica, a fin de expulsarlas hacia el mar.
Para realizar este plan, según su creador, era necesario que les dieran plena libertad a los tanques, la infantería ya les alcanzaría  más adelante.
Como la artillería no podría moverse a ese ritmo, en su lugar se utilizaría a la fuerza aérea,  con el uso de bombardeos constantes a fin de debilitar al enemigo.
Ya que las tropas marcharían muy rápidamente y se alejarían demasiado de sus bases, era preciso que sus jefes les acompañaran en todo momento.
El 10 de mayo, las tropas alemanas atacaron Holanda, bombardeando los principales núcleos de comunicaciones y tomaron las fortalezas militares sin demasiado esfuerzo.
Igual ocurrió con la invasión de Bélgica. A las tropas de este país, ni siquiera les dio tiempo de volar los puentes.
El 13 de mayo, los alemanes habían conseguido atravesar el bosque de las Ardenas y el general Guderian se dispuso a cruzar el Mosa. Antes de hacerlo, los alemanes utilizaron su fuerza aérea para bombardear a fondo la orilla opuesta, lo que dio lugar a una huida general en desbandada de las fuerzas francesas en esa zona.
Al contrario de lo esperado, el general Gamelin, no envió refuerzos a esa zona, sino que protegió aún más la Línea Maginot, creyendo que los alemanes atacarían por allí.
El 14 de mayo ya se podía decir que los alemanes habían ganado la batalla en el Mosa. En los siguientes días, los alemanes aprovecharán esa cabeza de puente creada por Guderian y Rommel y seguirán avanzando con una marcha tan rápida, que hasta llego a
asustar al Estado Mayor alemán.
Mientras tanto, los generales franceses estaban absolutamente descoordinados y ni siquiera sabían dónde estaban sus depósitos de combustible. El mismo general De Gaulle intentó parar con sus blindados a los alemanes, pero tuvo que replegarse a causa del bombardeo aéreo.
A pesar de que el Estado Mayor alemán le ha prohibido a Guderian que siguiera avanzando, éste insiste en que debe hacerlo y tiene que ordenarle directamente el propio Hitler que parase sus blindados.
En el lado aliado, la cosa va mucho peor. El mariscal británico Gort pide a sus superiores autorización para retirarse hacia Dunkerque y desde Londres le deniegan su petición.
El Gobierno francés cesa a Gamelin y pone en su puesto al general Weygand, que es otro carcamal de la I GM y que no se entera de nada.
El 20 de mayo, los aliados se dan cuenta que no tienen nada que hacer y empiezan a replegarse hacia la zona bien defendida de Dunkerque.
El 23 del mismo mes, los alemanes llegan a una zona situada a sólo 15 km de Dunkerque, amenazando a las tropas que han huido hasta allí.
En ese momento, Hitler, convencido por el mariscal Goering, da la orden de parar a las fuerzas de tierra, para que se encargue la aviación de bombardear a las tropas sitiadas y así rematar la faena.
Por fin, el día 27, Londres consiente la evacuación de sus tropas y de las de los aliados. Para ello, tiene que movilizar cientos de barcos de todo tipo y protegerlos con los aviones de la RAF.
De esa forma, los británicos lograron evacuar hasta el 4 de junio, nada menos que 338.662 soldados propios y de la fuerza aliada.
Sólo quedaron en la playa 40.000 soldados franceses, al mando del general Fagalde, que fueron tomados como prisioneros por los alemanes.
Mientras los aliados han tenido 1.200.000 bajas, donde se incluyen los muertos, heridos y prisioneros; los alemanes sólo han tenido que soportar 10.255 muertos y 42.523
heridos.
Aquí es donde acababa el Plan Amarillo. Ahora le seguirán inmediatamente los planes marrón y rojo, hasta la total derrota francesa y ocupación de su territorio por las tropas alemanas.
A pesar de que los aliados acaban de perder 75 divisiones,  aún cuentan con otras 70 francesas, 5 británicas y 2 polacas.
El plan de los alemanes sigue siendo penetrar en Francia de oeste a este, envolviendo París y atacando por detrás a las defensas aliadas.
La defensa propuesta por Weygand consiste en mantener ciertas posiciones defensivas en ciertos lugares. Lo que no sabe el mariscal francés es que los alemanes no se van a molestar en atacar esas posiciones y sus blindados van a pasar de largo, con la vista puesta en París.

El 10 de junio, la Italia de Mussolini declara también la guerra a Francia. Intentan atacar por los Alpes y eso le ocasiona muchas bajas a los italianos.
El día 11 de junio, París, es declarada ciudad abierta por el Gobierno francés, a fin de que no sea bombardeada por los alemanes.
El 13 de junio, por la tarde, el Consejo de ministros de Francia se reúne en el castillo de Cangé, junto con el general Weygand, el cual les pide que soliciten el armisticio, pero no le hacen caso.
Al día siguiente, los alemanes entran en París, en medio de la consternación de sus habitantes. Algunos de ellos, lloran como niños al ver pasar esas tropas extranjeras de ocupación.
El día 15 se vuelve a reunir el Consejo de Ministros. Reynaud, el Presidente, les hace una propuesta consistente en huir hacia el norte de África con las tropas de tierra y la Armada y seguir desde allí la guerra contra Alemania, a lo que Weygand se opone rotundamente.
Por otra parte, De Gaulle, que se ha ido ya a Londres, ha podido hablar con un comité franco-británico, presidido por Jean Monnet. Éste le presenta una propuesta elaborada por ese comité, consistente en una unión entre Francia y el Reino Unido.
Tras quedarse estupefacto, De Gaulle, se pone en contacto con Reynaud, para informarle de ello e intentar convencerle, como le ha encargado Churchill. Lo cierto es que no lo acepta.
Poco después, Reynaud dimitió y el presidente de la República Francesa, Lebrun, nombró en su lugar al anciano mariscal Petain, que ya había cumplido los 84 años y al que autorizó a negociar un armisticio.
Esta misión le es encomendada al general Huntziger, que se reúne con los alemanes el día 21 de junio.
Los alemanes se quedan con todo el norte, el centro y el oeste de Francia, dejando sin ocupar una gran zona al sur, donde podrá seguir Pétain al frente de un gobierno títere.
También le permiten a Pétain quedarse con la flota y las colonias, así como un ejército formado por unos 100.000 hombres en la metrópoli y unos 180.000 en al colonias.
El día 22, Francia, firma ese convenio con Alemania. El 24, con Italia y el día 25 cesa, por fin, la Batalla de Francia.

viernes, 11 de diciembre de 2015

LOS LUDITAS, OBREROS CONTRA MÁQUINAS



Hoy traigo al blog un movimiento, que tuvo su apogeo en el siglo XIX, pero que no sería de extrañar que renaciera en cualquier momento.De hecho, ya va existiendo un neo-ludismo.
Por cierto, hace unos días, he leído que existe un programa del Gobierno USA con el que quieren fomentar el uso de robots en todas las empresas de ese país.
Lo cierto es que soy partidario del progreso de la Humanidad, pero no a cualquier precio, porque, desde la Revolución Industrial, los únicos que han progresado son los empresarios, yendo los obreros cada vez a peor.
Empezaremos por el principio. El citado movimiento lo comenzaron una serie de artesanos ingleses, que, hasta entonces, se habían dedicado a trabajar en talleres con unas condiciones de vida aceptables.
De pronto, la Revolución Industrial, trajo una serie de máquinas, que lo hacían todo mucho más rápido y con un coste menor para el empresario.
Evidentemente, los obreros, aunque la mayoría de ellos eran analfabetos, se dieron cuenta de que en su empresa, cada vez echaban más gente a la calle y pagaban menos.
Lo que estaba muy claro, y eso se puede ver muy bien hoy en día, es que las máquinas sustituyeron a una gran cantidad de obreros, produciendo cada día más, aunque no con la misma calidad de un artesano.
Las fábricas cada vez se hacían más grandes, al igual que las jornadas de trabajo de los obreros, mientras que los salarios eran cada vez más pequeños. Una de las razones era que, prácticamente, ya no necesitaban mano de obra especializada y que el trabajo de manejar una máquina lo podía hacer gente con muy escasa formación.
Por ello, nadie tenía su puesto de trabajo asegurado, ya que era muy fácil sustituir a un obrero por otro.
Parece ser que también tuvieron algo que ver las duras condiciones de trabajo que se dieron en Inglaterra, durante las guerras napoleónicas. Efectivamente, la época de mayor auge del ludismo se dio entre 1811 y 1813.
Se suele decir que este movimiento comenzó en Nottingham. Se llamó el triángulo ludita el compuesto por los condados de Yorkshire, Lancashire, Cheshire, Derbyshire y Nottinghamshire. Todos ellos en el centro de Gran Bretaña. Esta era la zona  donde solían operar los manifestantes luditas.
No está muy claro de dónde procede ese nombre. Unos dicen que era un homenaje a un personaje llamado Ned Ludd, obrero nacido en Anstey y que trabajaba en Leicester, que, en un momento de furia, alrededor de 1779, destrozó dos tejedoras mecánicas de la fábrica donde trabajaba.
Otros hablaban de un tal Robert Hode, que habitó en el siglo XIII, y que se convirtió, a través de la leyenda, y de las novelas de Sir Walter Scott, en el Robin Hood que hoy en día, conocemos todos a través de la Literatura y el Cine.
Lo cierto es que muchos campesinos se vieron obligados a abandonar sus pueblos a causa de la política del gobierno británico, consistente en privatizar los campos que habían sido comunales desde siglos atrás.
Esos campos privatizados fueron comprados por algunos nobles con el fin de criar allí ganado ovino y producir lana para la industria y la exportación. Lógicamente, tuvieron que talar muchos bosques para crear pastos para el ganado.
Toda esa masa de gente se fue acumulando en las ciudades para buscar trabajo en las fábricas. Así que estas urbes cada día fueron más insalubres y la gente tenía unas condiciones de trabajo y de vida menos aceptables.
La gente decía que se hartaba de trabajar, pero no le llegaba con su sueldo para vivir. ¿Os suena eso de algo?
Volviendo al comienzo del ludismo, se suele decir que empezó un 12/04/1811, cuando, en plena noche, un grupo formado por unas 350 personas (hombres, mujeres y niños) atacaron una fábrica de hilaturas en Notthingham.
Primero, destrozaron los grandes telares a base de golpes con la maza y luego le prendieron fuego a la fábrica. El propietario se llamaba William Cartwright y se dedicaba a confeccionar telas de mala calidad con máquinas modernas.
Parece ser que esta gente estaba muy bien organizada, pues, esa misma noche, otros grupos de este tipo, lograron atacar unos 70 talleres de esa zona.
Según el Gobierno británico, los luditas, provocaron abundantes pérdidas a causa del destrozo de maquinaria, fábricas, almacenes, etc.
No obstante, también el Estado tuvo que movilizar y enviar al Ejército a esa zona, aparte de ampliar el personal de los juzgados para procesar a los detenidos.
Los luditas también estaban en contra del nuevo tipo de sociedad que se les venía encima. Ellos eran partidarios del trabajo bien hecho, sin importar el tiempo que se necesitara para ello.
En cambio, esta Revolución industrial, promovida por los liberales, era partidaria de la velocidad en la producción, la búsqueda del mayor beneficio posible y a cualquier precio, etc.
Incluso, se dedicaron a estropear el paisaje campestre, pues muchas de sus fábricas las construyeron en esos bonitos valles, donde antes pastaba el ganado y ahora sólo se veía en ellos el hollín y el humo que salía por sus chimeneas. Una contaminación que aún puede apreciarse   hoy en día.
Estas nuevas máquinas habían dejado a miles de obreros y artesanos sin trabajo. Además, según parece, ese año hubo una mala cosecha y mucha gente no tenía nada para vivir.
Allí empezó algo que nosotros solemos padecer a diario. Entonces, se decía que el que controlara el capital, tendría todo el poder y no le afectarían ni las leyes ni el poder del rey. Desgraciadamente, en eso, acertaron de lleno.
Quizás, por eso mismo, vieron en este movimiento un serio peligro para sus intereses. Así que se unieron, una vez más, el Gobierno y los capitalistas, para ejercer una contundente represión sobre esta gente.
Enviaron casi 15.000 soldados a esa zona, lo cual era una cantidad considerable sólo para reprimir un movimiento obrero. Dicen que Wellington utilizaba, habitualmente, una menor cantidad de soldados para enfrentarse a los ejércitos de Napoleón.
Ocuparon militarmente esa zona e infundieron el miedo a sus habitantes, a base de detenciones e interrogatorios nocturnos, amenazas para que la población no les apoyara, etc.
También enviaron muchos policías, espías, milicias, etc, con el único afán de detener a la mayor cantidad de gente posible y juzgarla sin garantías de ningún tipo.
A pesar de que los obreros se dirigieron al Parlamento para hacer llegar sus quejas y mejorar su forma de vida, no se les escuchó.
Es más, el partido conservador consiguió que se aprobara en febrero de 1812 un endurecimiento de las penas que suponía que un ludita podría ser condenado a muerte.
También, esta norma fue aprobada casi unánimemente en la Cámara de los Lores. El único que se opuso a ella fue el poeta Lord Byron, el cual escribió lo siguiente: “…Algunos seguramente han pensado que era vergonzoso/cuando el hambre llame y la pobreza gime,/que la vida se deba valorar en menos que una tejedora/ y el romper de bastidores conduzca a romper de huesos.”
El Gobierno realizó una campaña contra los luditas, calificándolos como ladrones, asesinos y alborotadores y así justificaba la Ley aprobada contra ellos.
Por otra parte, se ocupó de enviar a los jueces más sanguinarios,  para acabar cuanto antes con este movimiento a base de pronunciar rápidas y duras condenas, consistentes en trabajos forzados, el exilio en Australia y hasta la horca.
También enviaron a un abogado del Departamento del Tesoro, para intentar conseguir que la mayoría fueran ahorcados. La idea era “encontrar víctimas a modo de chivos expiatorios, que sirviesen de ejemplo para el resto de la sociedad”.
Al final, 28 personas fueron juzgadas. De ellas, 5 fueron encarceladas en el Reino Unido, 8 deportadas a Australia con una condena de 7 años de trabajos forzados y 15 fueron condenadas a penas que les pudieran llevar a la horca.
De ellos, 7 habían sido condenados por extorsión para recaudar dinero para la causa. Otros 6 de robar comida durante unos disturbios. Los dos restantes, por destruir maquinaria.
Al final,  5 de ellos fueron condenados a muerte, siendo ahorcados sólo dos. Uno de ellos fue Joseph Thompson, de 34 años, que había sido condenado por robar algunas piezas de la cubertería de plata de la casa de un empresario. El otro fue John Temples, de 27 años, que también había robado algunas cucharas de plata y prendas de abrigo de la casa de un empresario.
El resto fue enviado a Australia con una condena de 14 años para cumplir en esa isla.
A pesar de que las tropas y los funcionarios enviados desde Londres consiguieron meter el miedo en el cuerpo a los habitantes de esa zona, nadie quiso testificar contra esos acusados. Lo que les llevó a pensar a los jueces que esta rebelión podría ser mucho más gigantesca de lo que parecía en un principio.
Desgraciadamente, el ludismo fracasó y el capitalismo siempre ha calificado a este movimiento como el de unos locos irracionales, que no comprendían lo que era el progreso.
Es cierto que la Revolución industrial trajo un gran progreso para la sociedad. No obstante, es preciso decir que también, en nombre del progreso, se han cometido muchas barbaridades.
Podemos destacar, entre otras, los campos de exterminio, los de experimentación médica, los daños causados en la salud por el DDT, la talidomida, los escapes radioactivos, la contaminación de la capa de ozono, el cambio climático, etc.
Los luditas no estaban en contra de todo tipo de maquinaria, sino sólo de aquella que consideraban que podría dañar a su comunidad.
Hoy en día, si tomamos conciencia de los excesos provocados por la industria, podríamos intentar crear un nuevo tipo de sociedad, más respetuosa con el medio ambiente y que permitieran un desarrollo sostenible.
En la actualidad, muchos ciudadanos se movilizan cada día más para intentar que la tecnociencia no ponga en peligro nuestro presente y tampoco nuestro futuro.
En USA, muchos afectados por desastres tecnológicos, como los afectados por radioactividad, pesticidas, amianto, etc, están presionando al Gobierno para que controle más a la industria.
Así, demuestran que la tecnología puede tener un aumento del bienestar social, pero también un aspecto muy negativo para la salud.
Aparte de que, normalmente, los empresarios, sólo tienen puesta la vista en obtener los mayores beneficios posibles. En cambio, cuando hay que gastar para arreglar lo que ellos han contaminado, esa labor se la suelen dejar al Estado. Para que la paguemos entre todos.

domingo, 6 de diciembre de 2015

LA MILICIA FRANCESA, SOLDADOS FRANCESES NAZIS



Ya sabemos todos que los franceses son gente que se “vende” muy bien a todos los niveles. Eso es algo que lo hemos estado comprobando muy recientemente.  En España, hemos sufrido miles de atentados y casi nunca, que se sepa, ha venido ningún país a ayudarnos.
Lógicamente, cuando alguien quiere “vender bien” sus productos, tiene que esconder otra serie de cosas debajo de la “alfombra”.
Esta vez, vamos a hablar de uno de los grupos que organizó el Gobierno de la República Francesa, en la zona no ocupada, para ayudar en las tareas de policía a los invasores nazis.
La Milicia francesa fue una fuerza de tipo paramilitar, creada por el Gobierno colaboracionista de Vichy, presidido por Pétain, el 30/01/1943.
Su labor consistió en luchar contra la propia Resistencia en Francia y así facilitar el trabajo a las tropas alemanas de ocupación.
Es preciso aclarar que, hoy en día, se calcula que los efectivos de la Resistencia nunca fueron más allá del 2% de la población de Francia en ese momento, aunque gozaron de muchas simpatías entre el pueblo.
También es curioso el dato de que, a pesar de que hoy vemos a los de la Resistencia como unos simples jóvenes revolucionarios algo exaltados, la mayoría de ellos eran gente casada, con hijos y con un trabajo estable.
Dentro de la Resistencia, los comunistas al igual que los judíos tuvieron un papel muy importante, ya que eran los colectivos más perseguidos por los nazis y sus aliados. Tampoco deberíamos olvidar la cantidad de exiliados españoles que pagaron con su sangre el haber combatido dentro de la Resistencia.
No obstante, también se unieron a ellos gentes de todas las tendencias políticas, incluidos, nacionalistas franceses, conservadores, antiguos militares y miembros de la Iglesia.
El  líder político de la Milicia fue el presidente del Gobierno, Pierre Laval, mientras que su líder, en la práctica, fue el ministro fascista francés, Joseph Darnand, que llegó a ser ministro del Interior, por las presiones de los invasores nazis.
El uniforme de estas milicias era de color azul, con una camisa de color marrón y una boina azul oscuro, con el escudo en el lateral derecho de la misma.
El antecedente de este grupo fue el Servicio de Orden Legionario, creado para participar, junto con los alemanes y las milicias de otras naciones, en la invasión de la URSS, en 1942.
Parece ser que, en un principio, conformaron esta milicia solamente gente procedente de grupos de extrema derecha. Seguramente, muchos de ellos habrían pertenecido al grupo llamado Acción Francesa, que, antes de la guerra, se dedicó a hostigar, mediante atentados terroristas a los partidos de izquierda de Francia.
Posteriormente, tras complicarse la marcha de la economía en Francia, muchos se alistaron para poder gozar de un salario fijo y bien remunerado y unas provisiones de comida, no sujetas al racionamiento generalizado.
También, según dicen, muchos lo hacían para asegurarse que no iban a ser deportados a Alemania, para trabajar allí como obreros forzados.
En sus inicios, sólo actuaron dentro de la Francia no ocupada, pero, al comprobar su efectividad, los nazis, les dejaron operar en toda Francia, situando su cuartel general en París.
Aparte de combatir continuamente contra los maquis y matarlos allí mismo, donde los encontraran, también fueron muy efectivos para dar caza a los judíos y, lógicamente, entregarlos a los SS.
La conocida como Batalla de Glieres, fue el mayor combate que realizaron los miembros de esta milicia. El hecho se produjo en la zona de la Alta Saboya, muy cerca de la frontera con Suiza. Los maquis les plantaron cara y resistieron duramente hasta que a la Milicia le llegaron refuerzos del Ejército alemán.
Parece ser que los miembros de estas Milicias fueron utilizados en muchas ocasiones para los fusilamientos y las torturas contra los combatientes de la Resistencia.
Al mismo tiempo, sirvieron como fieles ayudantes de la Gestapo, ya que conocían ampliamente las ciudades y el idioma francés y podían infiltrarse en las redes de la Resistencia, así como  localizar fácilmente a los judíos.
A causa de la ferocidad de esta Milicia, que llegó a competir con la de la Gestapo, la Resistencia dio orden de asesinar a algunos de ellos. Ese fue el caso de Philipe Henriot, ministro de la Propaganda, que cayó abatido a tiros en su propio apartamento parisino, por unos miembros del Maquis, disfrazados con los uniformes de la Milicia.
Desgraciadamente, la Milicia no se quedó quieta y, como respuesta, asesinó a varios miembros de la Resistencia que se hallaban entonces encarcelados en varias prisiones francesas.
Incluso, un mes después, no se cortaron un pelo, a la hora de matar a todos los presos de la Resistencia, que se habían amotinado en la cárcel parisina de la Santé.
Tras el célebre Desembarco de Normandía, un acontecimiento que cambió radicalmente la historia de la II GM, al igual que proliferaron las acciones de la Resistencia, también ellos se encargaron de matar a todo lo que “oliera” a la misma, incluidos los parientes de los que militaban en ella.
Realmente, aunque era una fuerza absolutamente ilegal,  siempre funcionó a las órdenes directas del Gobierno de Vichy y sus acciones estuvieron perfectamente coordinadas con las de la Gestapo y las SS.
En 1944, el general Pétain, al ver acercarse las tropas aliadas, para intentar salvar el pellejo, no se le ocurrió otra cosa más estúpida que protestar contra las acciones de esta Milicia. Las cuales, según él, eran “una mancha en la historia francesa”.
A estas declaraciones, le respondió el líder de esta Milicia, el ministro del Interior, Joseph Darnand, extrañándose de estas declaraciones, pues, desde el Gobierno, siempre habían elogiado el trabajo de sus hombres por los servicios prestados a su régimen.
El caso es que Darnand, a pesar de pertenecer a las Waffen SS, siempre se consideró más fascista que nazi. Sin embargo, siempre odió a los judíos y a la Resistencia, por considerar que estaban a las órdenes de la URSS.
Darnand consiguió escapar del castillo de Sigmaringen, donde los nazis habían llevado a todos los cabecillas fascistas franceses. Logró llegar hasta Merano, en el norte de Italia. No obstante, tras la llegada a esa localidad de las fuerzas USA, fue entregado a las nuevas autoridades francesas.
Durante su juicio, no negó estos crímenes, aunque se quiso escudar en que, como tenía tantos cargos en el Gobierno, no podía controlar la actividad diaria de las milicias.
No obstante, fue condenado a muerte y ejecutado en el Fuerte militar de Chatillon, dos días antes que su antiguo presidente, Pierre Laval.
Desgraciadamente, la población francesa, durante la II GM,  tuvo que aguantar la lucha entre estos dos bandos. Incluso, en cierta ocasión, se le dieron instrucciones a la guerrilla del Maquis para quemar algunos campos y así fomentar el descontento entre la población. Algo que aprovechó la Milicia para aumentar la represión contra la misma.
Esta unidad llegó a contar con unos 35.000 hombres, cifra que se fue reduciendo tras el Desembarco de Normandía.
Al final, unos 6.000 milicianos huyeron a Alemania con su líder, y muchos de ellos lucharon contra los soviéticos en Berlín.
Algunos de ellos formaron la 33 División de Granaderos SS Carlomagno, que participaron en varios combates contra las fuerzas aliadas.
Otros se camuflaron en otras zonas de Francia, donde nadie les conociera, para empezar una nueva vida, sin tener que rendir cuentas ante la Justicia.

También, unos pocos, lograron huir hacia España o Suiza, donde pudieron vivir tranquilamente el resto de sus días, gracias a las malas relaciones entre estos países.
Los que no tuvieron tiempo de salir corriendo, en su mayoría, fueron capturados por los miembros de la Resistencia. Algunos fueron encarcelados por traición a Francia y otros, los menos afortunados, fueron asesinados al ser apresados.
Como se suele decir, en la Historia, las cosas nunca son blancas o negras,  existiendo siempre una gran cantidad de gamas de grises.
Me refiero a que, a pesar de que la mayoría de los fascistas franceses apoyaron a los invasores alemanes, no todos hicieron lo mismo.
Por ejemplo, el dirigente fascista francés, François de la Rocque, líder del movimiento la Cruz de Fuego, que, inicialmente, apoyó al Gobierno de Vichy, luego colaboró durante toda la guerra con la Resistencia y a causa de ello fue encarcelado por los nazis, aunque logró sobrevivir al conflicto.