Me ha llamado mucho la atención
que el Papa Francisco, que parece un hombre muy cultivado, aparte de ser un
jesuita, que, sólo por eso, ya debería de serlo, haya dicho ayer en Santa Cruz
de la Sierra (Bolivia), lo siguiente: “Pido humildemente perdón, no sólo por
las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos
originarios durante
la llamada conquista de América”.
En parte, puede tener razón, pero
me da que un escaso número de conquistadores españoles no podrían haber
cometido tantos crímenes como dice. Por lo menos, en la zona del Caribe, aunque
nunca se ha sabido cuánta gente vivía
allí antes de que llegara Colón con sus naves.
No hay que olvidar que a los
españoles solían acompañarles bastantes miles de guerreros indios, por
supuesto, enemigos de incas, aztecas, mayas, etc.
Evidentemente, les acompañaban
porque estaban hasta el gorro de los individuos de esas tribus, los cuales solían
asesinarlos y hasta comérselos ritualmente. En ese aspecto no parecían estar
tan avanzados como presumían.
Como veo que, por lo que se ve,
en el Vaticano deben desconocer estas cosas, pues me he atrevido hoy a escribir
un artículo para describir algunas matanzas que se hicieron desde el otro
bando.
Para empezar, sólo voy a enumerar
un conflicto que es hoy bastante desconocido, la Guerra de Castas. Se dio en la
península del Yucatán entre los mayas y los criollos y mestizos.
Comenzó en 1847 y acabó casi en pleno siglo
XX. La consigna entre los mayas, era, no sólo vencerlos, sino exterminar a
todos los enemigos. Algo que nunca hicieron los españoles, pues ya desde las
Leyes de Burgos, se tomaron medidas para proteger a los indios, ya que se les
necesitaba como mano de obra y para pagar impuestos. En fin, como es un
conflicto bastante largo de explicar, dedicaré
en el futuro un artículo monográfico sobre este tema.
Hubo muchas matanzas, pero, ya
que el Papa es argentino, pues le voy a mostrar las que se hicieron concretamente
en su país, para no alargarme demasiado en el tema. De todas formas, me extraña
mucho que una persona que fue arzobispo de Buenos Aires, no conociera este
tema.
Como en las famosas películas de vaqueros, evidentemente,
estas zonas ya estaban pobladas por numerosos indios de diferentes tribus y, lógicamente, les estorbaban para sus planes de colonización del territorio. No obstante, ya lo habían
intentado anteriormente en la primera mitad del siglo XIX.
Aquí ya vemos una gran diferencia
entre el sistema de colonización
español y el argentino, pues los españoles le
dieron un valor al indio, mientras que a los argentinos les molestaron y no les
importó eliminarlos.
De hecho, en el Informe Oficial
de la Comisión Científica que acompañaba al Ejército, se dice que “la supresión
de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio”. Es curioso,
porque, durante el período colonial, apenas hubo problemas, en esa zona, entre
los indios y las autoridades virreinales.
También se dice en ese informe:
"Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando
menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y
prisioneros que ha reportado la campaña”.
Para acabar con el informe: “Pero
se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habría que hacer para
transformar estos campos en valiosos elementos de riqueza y progreso, no están
fuera de proporción con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora; por
otra parte, que la superioridad intelectual, la actividad y la ilustración, que
ensanchan los horizontes del porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de
producción para la humanidad, son los mejores títulos para el dominio de las
tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se les han quitado
éstas a la raza estéril que las ocupaba”.
No sé por qué, estos párrafos que
he tomado del referido informe, me recuerdan mucho a la mentalidad de los
nazis, pero no, aunque parezca mentira, se escribió en pleno siglo XIX.
En cambio, a la mayoría de los
hombres prisioneros los enviaron a la inhóspita isla de Martín García, donde
murieron a los pocos años. Siempre consideraron a los indígenas como propiedad
del ejército, el cual podía hacer con ellos lo que quisiera.
El Estado argentino argumentó que
había ocupado esas tierras para que no lo hicieran otras potencias vecinas o
europeas.
Por si alguno se le había pasado por la cabeza que el Estado
argentino hubiera pensado en repartir esas inmensas tierras, unos 10.000.000
Ha, sólo en un principio, en pequeñas
parcelas para los colonos, como se hizo en USA, pues estaba muy equivocado,
porque, prácticamente, se las regalaron
a los amigos terratenientes de los políticos de turno. Más o menos, como pasó
aquí durante la Reconquista.
No creo que fuera casual que las
41.787.000 Ha se repartieran a 1.843 terratenientes, los cuales, muchos de
ellos, estaban relacionados mediante lazos familiares o económicos con la
familia de Julio Argentino Roca, el militar que conquistó ese territorio y que
luego fue presidente de la República.
Concretamente, se dice en algunos
estudios, que 67 propietarios se quedaron con 6.000.000 Ha. De ellos, algunos
se llevaron 200.000 Ha y hasta la familia del futuro ministro de Economía
Martínez de la Hoz, se llevó 2.500.000 Ha.
El Estado argentino siempre tuvo
muy claro que había que exterminar a esos indios. Es lo que hoy se podría entender
como un delito de genocidio.
Al votar los fondos para esa
campaña en el Congreso argentino se habló de “exterminar a los indios salvajes
y bárbaros de pampa y Patagonia”.
Hasta el mismo gobernador de
Buenos Aires decía: “primero exterminaremos a los nómadas y luego a los
sedentarios”. Más claro no se puede hablar.
Fueron muy comunes los ataques
del ejército a los poblados indígenas, cuando sabían que habían salido de allí
los guerreros, para luchar contra otra unidad militar. Así que arrasaban estos
poblados cuando sólo se encontraban en ellos mujeres, niños y viejos.
A los varones que trasladaron a
la isla de Martín García, se les obligó a ir caminando hasta el puerto de embarque, el cual estaba situado a más de
1.000 km. Por supuesto, al que se cayera por el camino, se le mataba allí
mismo. Muchos murieron de esa forma, aunque no hay datos sobre ello.
A los supervivientes que se
quedaron poblando el sur de la Patagonia, ni siquiera les contabilizaron en los
censos del país hasta 1914.
Ya en esta campaña se utilizaron
algunos medios militares bastante modernos para la época, como el telégrafo.
Parece ser que, durante la campaña, se enviaron más de
Bueno, a estas alturas de la película, creo que más
de uno habrá quedado bastante asombrado con lo que he narrado hasta el momento.
No obstante, argumentará, que son cosas más propias de la gente del siglo XIX y
no de personas con ideas más modernas. Pues, se equivocan los que hayan pensado
así y ahora lo verán.
Casualmente, durante el segundo
mandato presidencial de Julio
Argentino Roca, que había sido el militar que
conquistara esos territorios y ahora era el presidente de la República, se dio
un suceso muy curioso.
En una zona de la Tierra de
Fuego, donde vivían unos indios llamados onas, alguien dejó una ballena muerta
y abandonada.
Estos indios no tuvieron muchos
problemas para quedársela, pues se la dejaron en una zona muy próxima a la costa.
Conclusión, 500 de estos indios
murieron, porque la ballena había sido previa y criminalmente envenenada.
Este suceso tuvo lugar en 1903, en una localidad llamada Springhill. O sea, ya
en pleno siglo XX.
En 1905, un grupo de terratenientes criadores de ovejas, también
en la Tierra del Fuego, invitaron a un grupo de indios a un banquete, con el
ardid de que iban a firmar ambos bandos un tratado de paz.
Una vez personados los indios en
ese lugar, los terratenientes y sus esbirros dispararon contra ellos, matando a
unos 300, incluyendo hombres, mujeres y niños.
Dando un salto en el siglo XX,
llegamos a 1924. En una localidad del Chaco, llamada Napalpí, unos indios tobas
se rebelaron contra los terratenientes, protestando por los pobres salarios que
les pagaban.
El Estado argentino no se cortó
un pelo y mandó varias unidades de policías, que los asesinó impunemente. Se
cree que asesinaron entre 200 y 400 indígenas.
De esta narración no se salva ni
el mismísimo Perón. Siendo él presidente, en 1947, unos indios pilagá, en la
provincia norteña de Formosa, quisieron
realizar una marcha de protesta a causa de sus malas condiciones laborales.
Esta vez, el ejército no se lo pensó mucho y los ametralló, causando unos 1.500
muertos.
Incluso, hoy mismo, se sigue
persiguiendo de manera sigilosa a los indios. Viven en condiciones realmente
miserables y nadie les hace caso.
Por ello, entiendo, Su Santidad, que
debería de dejar de mirar las injusticias que cometieron otros hace mucho y ver
las que siguen cometiendo actualmente sus paisanos. O sea, como decimos aquí,
dejar de mirar la paja en el ojo ajeno y mirar la viga que tienen en el propio.
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