ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 5 de diciembre de 2014

LAS RADIOS NEGRAS DURANTE LA II GUERRA MUNDIAL

Como siempre, voy buscando en mis artículos la historia de personajes o acontecimientos poco conocidos, porque los más populares ya han sido publicados muchas veces y la gente los conoce de sobra. Esta vez traigo al blog una práctica que se utilizó bastante durante la II Guerra Mundial y sobre lo que no se ha publicado casi nada.
El invento de la radio ya empezó a utilizarse por ambos bandos durante la I Guerra Mundial, pero, como aún no estaba muy perfeccionado, no le pudieron sacar mucho partido.
Fue ya en la II Guerra Mundial, donde ambos bandos lo utilizaron profusamente, sobre todo, para intentar minar la moral del bando contrario.

Solían instalarse en el territorio del propio bando, pero simulaban ser gentes opositoras localizadas en el país del otro bando. Lógicamente, para esa labor buscaban locutores que hablaran el idioma del enemigo, sin acentos extraños.

Al principio, los nazis montaron una emisora llamada “radio Humanité”, con un nombre parecido al del periódico oficial del PC francés. Evidentemente, emitía en ese idioma, y transmitía mensajes contra la política del Gobierno francés, diciendo a los galos que no lucharan en una guerra del capitalismo imperialista.


 Lógicamente, ellos se hacían pasar por miembros del PCF, opuestos a la política del Gobierno francés.

La emisora estaba instalada en un lugar de la Prusia Oriental. Una zona que ahora pertenece a Polonia.

Un personaje importante de este extraño tipo de guerra fue el periodista Sefton Delmer. Éste había nacido en 1904 en Berlín, pero cuyo origen era australiano. Su padre fue profesor de literatura inglesa en la Universidad de Berlín. Incluso, escribió un manual muy utilizado en las escuelas alemanas.

Al llegar la I Guerra Mundial, su familia fue internada en un campo de concentración alemán y luego, tras ser intercambiada por otros prisioneros alemanes en manos británicas, se fueron a vivir al Reino Unido. Así, completó sus estudios en centros británicos.

Por eso, hablaba perfectamente alemán, sin acento. En cambio, si se le notaba cierto acento extranjero al hablar en inglés.

Tras acabar su licenciatura en Periodismo, fue contratado por el Daily Express, para su corresponsalía en Berlín. Allí, gracias a su amistad con Emil Röhm, líder de las SA, logró la primera entrevista de un periodista británico nada menos que con Hitler.

Incluso, viajó con Hitler varias veces en su avión privado y estuvo presente con él en varias de sus visitas oficiales a diferentes puntos de Alemania. Tan es así que muchos, en el Reino Unido, llegaron a pensar que sólo era un nazi.

Mientras tanto, los líderes nazis le empezaron a investigar, no fuera a ser un agente del temido MI6 británico. Incluso, algunos pensaron que era un agente soviético.

Para evitar suspicacias, su periódico lo trasladó a Francia en 1933, el año de la llegada de Hitler al poder, como jefe de la corresponsalía en París.

Desde allí pudo cubrir acontecimientos como la Guerra Civil española o el comienzo de la II Guerra Mundial, con la invasión de Polonia.

No olvidemos que esa invasión comenzó el día antes con el incidente de Gleiwitz, donde unas fuerzas de las SS, disfrazadas de soldados polacos,
atacaron una emisora alemana de radio en la frontera entre ambos países. Ese fue uno de los pretextos para el ataque alemán.

Volvió al Reino Unido y trabajó para el servicio alemán de la BBC. A mediados de 1940 se integró en al PWE, un órgano que se encargaba de la guerra psicológica contra el Eje.

Crearon una estación de radio llamada GS1, donde  pasaron por ser militantes nazis, fervorosos partidarios de Hitler y donde insultaban a Churchill y a los comunistas, por haber traicionado al nazismo.

Durante sus emisiones, advertía a los soldados alemanes del peligro de unas defensas montadas por los británicos, que harían arder combustible sobre el mar, para que se quemaran las naves alemanas, si intentaban desembarcar en las Islas Británicas.

Una de las actividades de la emisora clandestina era enseñar inglés a los soldados alemanes, que les podría ser útil si un día desembarcaran en el Reino Unido.

Así, algunas que les enseñaron en inglés fueron:  “Estamos cruzando el canal”, “navegamos en una lancha de desembarco”, “yo me quemo, tú te quemas…”, “nuestro capitán de las SS está ardiendo…”.

Otra emisora organizada por Delmer fue Soldatensender Calais, para intentar desmoralizar a los soldados alemanes. Mezclaba informaciones auténticas con otras falsas, para confundir al enemigo.

Entre otras cosas, les decían que, mientras ellos estaban en el frente, defendiendo a Alemania, sus esposas se acostaban habitualmente con los trabajadores extranjeros, llegados de todos los países. Algo que, seguro, que le puso los pelos de punta a más de uno.

Su éxito fue cada vez mayor y hasta los USA le dejaron utilizar sus sistemas, mucho más perfeccionados y de mayor alcance, para con seguir una mayor desmoralización de las fuerzas enemigas.

También montó una emisora de tipo religioso para apelar a la conciencia de los cristianos alemanes a fin de que se opusieran a los campos de concentración.

En estas emisiones también trabajó un alemán llamado Otto John, el cual, a pesar de llegar a ser, en la posguerra,  el primer jefe de la Inteligencia alemana, desertó de improviso a la Alemania comunista, para volver, unos años después, a la Alemania Occidental.
 
Seguramente, cuando tenga un rato, le dedicaré otro de mis artículos, porque tuvo una vida digna de una novela de espías, de esas que tuvieron mucho éxito durante el período de la Guerra Fría.

Incluso, los aviones USA lanzaron miles de ejemplares con los guiones de estas emisoras, por si los ciudadanos alemanes no podían escucharles con sus aparatos. No olvidemos que, en aquel momento, en Alemania, estaba prohibido escuchar emisoras de radio extranjeras, lo cual se castigaba con la pena de muerte.

Con el avance de la guerra, crearon otras emisoras, donde se hacían pasar por alemanes opositores a los nazis, pidiendo que dejaran de resistir a los aliados para acabar cuanto antes con la guerra.

Parece ser que los alemanes también probaron suerte contra los británicos con este tipo de emisoras. Crearon un organismo denominado Buró Concordia, liderado
por el Dr. Erich Hetzler, el cual creó 4 emisoras, cada una estaba dedicada a un segmento diferente de la población enemiga. Por supuesto, emitían en todas las bandas, para asegurarse ser escuchadas en territorio enemigo.

Una de ellas se llamaba la New British Broadcasting Station, buscando en su nombre una pronunciación parecida a la del nombre de la oficial BBC. Su director fue apodado como Lord Haw Haw.
 
Otra de las emisoras decía representar al inexistente Christian Peace Movement Station, que decía buscar la paz entre las naciones, y cuyo objetivo era que  los ciudadanos se negaran a empuñar las armas.

La siguiente se llamaba Workers Challenge Station y apelaba a la revolución contra el sistema capitalista por parte de los trabajadores británicos.

La última se llamaba radio Caledonia, la cual se encargaba de incitar a los escoceses a la rebeldía contra los ingleses.

Se buscaron otros locutores diferentes a los habituales en los servicios en inglés transmitidos por las emisoras alemanas. También se cuidó dar algunos detalles locales, para dar a entender que las emisoras estaban situadas en territorio británico.

Incluso, utilizaron para sus emisiones a un grupo de prisioneros británicos capturados en Alemania. Para ello, les facilitaron un modo de vida más confortable del que tenían en esos campos y les permitieron tener una casa propia y vestir con ropa civil.

Parece ser que, en un principio, emitieron desde una localidad cercana a Berlín, para, posteriormente, hacerlo desde las cabinas de prensa que se habían utilizado en el mismo Estadio Olímpico, con ocasión de los Juegos Olímpicos, que se celebraron en esa capital en 1936.
 
Evidentemente, en el caso alemán, nunca les dejaron meterse con Hitler, para poder camuflarse mejor como emisoras británicas.

En el caso de la emisora para trabajadores británicos, procuraron utilizar un lenguaje propio de los obreros, el cual nunca se había trasmitido por radio en el Reino Unido.

Por lo que respecta a la radio para Escocia, se permitieron informar que, si se independizaran del Reino Unido, se podría firmar una paz separada entre Alemania y Escocia.

También los alemanes intentaron dar a conocer sus emisoras, dejando los guiones impresos de sus programas en las butacas de algunos cines de Londres.

Más tarde, informaron que se habían lanzado varios centenares de paracaidistas alemanes, vestidos con trajes civiles,  en algunas importantes ciudades británicas, siendo bien acogidos por miembros de la “quinta columna”.

Por supuesto, todo ello era falso, aunque los alemanes se molestaron en lanzar unos cuantos paracaídas sin paracaidistas, sobre el territorio británico, para dar más veracidad a esa noticia.

Tras el desembarco de Normandía y el bombardeo de sus emisoras en esa zona, crearon otras, cuidando que sonaran exactamente igual que las destruidas e incitando a que la gente huyera de las zonas de combate a fin de detener el avance de las tropas aliadas.

Al final de la guerra, las emisoras alemanas se trasladaron a Helmstadt y transmitieron desde allí hasta que esa ciudad fue ocupada por las tropas USA.

Los locutores no alemanes, a pesar de que llevaban una identificación como si tuvieran esa nacionalidad,  fueron capturados y entregados a sus respectivos países, para llevarlos ante la Justicia.

El director de estas emisoras, Dr. Erich Hetzler, quemó todos los archivos y las grabaciones en el patio de un hotel de esa ciudad.

William Joyce, apodado por los británicos, lord Haw Haw, fue capturado y juzgado por alta traición. Una vez sentenciado a muerte, fue ahorcado en Londres en 1946.




martes, 2 de diciembre de 2014

ISABEL DE MÉDICI Y LEONOR DE TOLEDO (MI CONTRIBUCIÓN AL DÍA PARA LA PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER)

Confieso que la semana pasada estuve oyendo un programa de radio, por aquello de huir del resto de emisoras que sólo hablaban de una cosa: el fútbol.  Allí escuché por primera vez el nombre de una compositora musical renacentista, cuyo nombre no me sonaba de nada.
Seguramente, dentro un tiempo, escribiré una entrada sobre ella, cuando consiga el material suficiente para la misma.
En ese programa, que, mayormente estaba dedicado a intentar eliminar esta lacra de nuestros días, que es la violencia conyugal, salió un nombre que me resultaba muy conocido, Isabel de Médici.
Este nombre salió a colación, porque uno de los locutores dijo que había sido la protectora de esta famosa compositora y no dijeron nada más sobre ese tema.
Me extrañó mucho que no comentaran nada más sobre Isabel, pues, precisamente, había sido víctima de la llamada “violencia de género” y murió por esa causa. Entiendo que a lo mejor es que desconocían ese dato.
Empezaré, como siempre, por el principio. Isabel de Médici nació en 1542 en Florencia, siendo sus padres Cosme I y la guapa, elegante y famosa Leonor Álvarez de Toledo, hija del virrey español en Nápoles. Un matrimonio que gozó de todos los parabienes de la Corte española.
Pasó parte de su niñez en el Palacio Pitti, ese que sale en todos los manuales de Historia del Arte, y luego sus padres la comprometieron con Paolo Giordano Orsini. Miembro de esa distinguida familia, que, además, estaba emparentado, aunque de manera ilegítima, nada menos que con el Papa Julio II.
No si sería una unión para ir en contra de los Colonna, tradicionales y sangrientos enemigos de los Orsini.  Algunos autores dicen que su padre lo hizo para asegurar la frontera sur de sus posesiones. Ya se sabe que, en esa época, se solían concertar estos matrimonios sólo por conveniencia política o económica.
La boda se realizó cuando ella cumplió los 16 años, cuando ya llevaban varios años prometidos. Algo muy común en esa época.
La cosa no empezó muy bien, pues su marido siempre había sido bastante violento y no solía estar en casa. Así que ella, que se quedaba habitualmente sola, se hizo amante del primo de su marido, un tal Troilo.
Éste llegó a saberlo, pero no quería enemistarse con su suegro, ya que su alianza era muy importante para sus negocios.
A la muerte de Cosme, le sucedió en el cargo Francisco I, hermano de Isabel, que ya no la protegió tanto.

Paolo escogió este momento y se llevó a su esposa a una villa alejada de Florencia. Allí consumó el asesinato. Unos dicen que la estranguló y otros que la ahogó, cuando se estaba bañando.
Por lo visto, él alegó en su defensa que “le había dado tiempo para que pidiera perdón por sus pecados”. Algo increíble para la mentalidad actual.
Desgraciadamente, esta actuación fue vista por la Justicia de la época como un medio justo para limpiar su honor e, incluso,  algunos autores lo tomaron como un buen ejemplo a seguir.
Tampoco dejaron escapar a su presunto amante, Troilo, primo de Paolo. Le acusaron de tramar una conspiración contra Francisco I. Así que huyó a París, pero fue localizado por los espías florentinos, siendo capturado y asesinado.
Algunos autores dicen que podría haber tramado ese asesinato para casarse con su amante, Victoria Accoramboni, la cual también estaba casada, pero se quedó viuda, “casualmente”, por las mismas fechas. Su difunto esposo estaba emparentado con Felice Peretti, luego llamado Sixto V, cuando fue coronado como Papa.
Aunque se mudaron al norte de Italia, supongo que para prevenir alguna venganza familiar, Paolo y su pareja tampoco duraron mucho tiempo, pues ambos murieron de repente y con pocos días de diferencia entre ambos óbitos.
 Algunos dicen que fueron envenenados por los agentes de Francisco I de Médici y otros, por los de Ludovico Orsini, a causa de una venganza familiar. O sea, más o menos, como en las películas sobre la Mafia.
Isabel al morir tenía ya 34 años y del matrimonio con Paolo nacieron 3 hijos. No debemos de olvidar que venía de una estirpe muy importante. Concretamente, su bisabuelo fue el II duque de Alba.
No confundirlo con el gran militar que todos conocemos por sus hazañas, que fue el III duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel.
No termina aquí la cosa. Como me ha quedado la entrada un poco corta, voy a  rematar la faena.
Resulta que Isabel tuvo bastantes hermanos. La mayoría fueron hijos legítimos, pero no todos. Algo muy común en su época.
Nos vamos a fijar en la figura de su hermano menor, llamado Pedro. Éste tuvo siempre un carácter muy irritable y algunos dicen que le influyó en ello que casi no conoció a su madre, pues aquella murió joven, con sólo 40 años,  a causa de la malaria.
Esto puede ser difícil de entender hoy en día, pero en Europa era normal la malaria en las zonas costeras. Lo malo del asunto es que, según dicen los científicos, está volviendo de nuevo a nuestras costas. Quizás sea un efecto del llamado “calentamiento global” del planeta.
Volviendo a lo nuestro, en 1571 acordaron su boda con su prima Leonor de Toledo, hija de un hermano de su madre y muy bien relacionada con la familia Colonna. Es curioso, porque su esposa se llamaba igual que su madre. Así que no deberíamos de confundirlas.
Además, los dos cónyuges se conocían desde muy niños, pues, como Leonor se quedó muy pronto sin madre,  fue criada por los padres de Pedro, en Florencia, con el resto de sus hijos. Así que siempre, a pesar de la diferencia de edad,   Isabel y ella fueron muy buenas amigas.
Parece ser que Pedro era muy dado a dejar sola a su esposa e ir a disfrutar de la compañía de prostitutas. Incluso, dicen que la maltrataba físicamente de manera habitual.
A causa de la soledad, su esposa empezó a tener una relación puramente epistolar con Bernardo Antinori, un noble florentino.
El marido llegó a interceptar algunas de esas cartas y, siendo como era, muy violento, no se le ocurrió otra cosa que vengarse de ella con sus propias manos.
Llevó a su esposa a una villa alejada de Florencia y allí la asesinó con la ayuda de una toalla, como reconoció más tarde. Otros dicen que lo hizo con una correa de un perro. Ella solamente tenía 23 años.
El amante fue arrestado y murió en prisión. Algunos afirman que fue estrangulado en su celda de la isla de Elba. La misma isla donde estuvo, más tarde,  exiliado Napoleón.

Pedro envió unos días más tarde una nota a su hermano Francisco, el gran duque, donde decía que Leonor había muerto a causa de un accidente y éste se encargó de comunicar esa noticia al resto de su familia.  
En algunos escritos de ciertos embajadores a sus cortes, se relata el hecho con todo lujo de detalles, informando, además, que la fallecida se intentó defender hasta el último momento, lesionando de forma visible a su marido, y que fue enterrada “como si fuera una plebeya”.
Su hermano, que nunca le llevó ante los tribunales por este asesinato,  movió sus influencias y lo mandó durante unos años a España, donde se endeudó excesivamente a causa de su afición por el juego y los objetos de lujo. Todo ello, a pesar de tener un puesto muy importante en el ejército español.
Los españoles, que por entonces teníamos mucho peso en el mundo, no como ahora, presionaron ante el rey, Felipe II,  para saber la verdad.
Así, Francisco, tuvo que rendir cuentas ante Felipe II y reconocer que había sido asesinada por su hermano a causa de sus amoríos con Antinori.
Sus argumentos tuvieron que ser muy sólidos, pues Antinori era un militar muy condecorado y además se portó como un héroe en Lepanto. Así que era muy apreciado por Felipe II.
Parece ser que también le dijo Francisco a Felipe II que, según había confesado un reo,  la víctima estaba incluida en una de esas conjuras que, periódicamente, se realizaban contra los Médici. A lo mejor no hay que hacer mucho caso de esa confesión de un amigo de Antinori, pues se consiguió bajo tortura, lo que era muy habitual en esa época.
No obstante, Francisco de Médici, consiguió que se absolviese a su hermano Pedro y que Felipe II no se interesase más por este caso, a pesar de las protestas de Pedro de Toledo, hermano de la difunta y persona de mucho peso en la corte española.
En fin, un caso más donde prevaleció la razón de Estado sobre la Justicia y donde dos mujeres jóvenes fueron asesinadas impunemente y, además, con el visto bueno, aunque fuera a posteriori,  del rey Felipe II de España.

TODAS LAS IMÁGENES PROCEDEN DE WWW.GOOGLE.ES





domingo, 30 de noviembre de 2014

LOS CASTRATI, UNOS FORMIDABLES CANTANTES

Es posible que más de uno haya oído hablar de estos personajes y hasta es casi seguro que hayáis visto la película “Farinelli”, que no es muy antigua, concretamente de 1994, pero seguro que no tenéis una idea muy clara de quiénes eran estos cantantes.
Aunque parezca mentira, hasta el siglo XVIII, las mujeres tenían prohibido cantar en público y, sobre todo, en la Iglesia.
Esta prohibición fue decretada por un Papa llamado Pablo IV, el cual ocupó este cargo a mediados del siglo XVI. Curiosamente, en pleno Renacimiento.
La verdad es que este pontífice parece que no casaba mucho con los ideales renacentistas, pues amplió mucho los poderes inquisitoriales y el Índice de libros prohibidos por la Iglesia.
Evidentemente, como en las óperas había personajes femeninos, esos papeles los tuvieron que representar hombres disfrazados de mujeres y, además, cantar con una voz lo más parecida posible a la voz femenina.
Así que, tras una intervención quirúrgica,  se encontraron con una voz que tenía la potencia de la de un hombre, pero que también podía realizar portentosos agudos como los que realizan las mujeres.
Se sabe que ya había castrados en la antigua Sumeria y en el Imperio Bizantino, sin embargo, se desconoce la razón de la proliferación de los mismos en el siglo XVI. Es posible que resurgieran a causa de la prohibición de Pablo IV.
La mayoría de los candidatos a esta operación eran chicos de familias pobres, que solían cantar en los coros de las iglesias. Si el chico tenía buena voz, el párroco hablaba con su familia y les comentaba la posibilidad de que siguiera cantando.
El problema es que, como todo el mundo sabe, a los chicos les cambia la voz en el paso de la pubertad a la adolescencia y eso es lo que se quería evitar.
No hay cifras concretas, pues esta práctica no estaba legalizada, así que se hacía bajo cuerda. Se cree que solían presentarse unos 4.000 candidatos anualmente. Lógicamente, antes tenían que sufrir una operación para que no se les desarrollaran los testículos y convertirlos en auténticos eunucos.
Evidentemente, en aquella época, la sanidad no estaba tan adelantada como ahora. Incluso, estas operaciones solían realizarlas las personas que se encargaban de esterilizar a los cerdos y también, en algunos casos, las hicieron los famosos barberos que también eran sacamuelas. O sea, que lo más seguro es que no hiciera su trabajo con mucha higiene. Así que había un gran porcentaje de muertes debidas a esta aberrante práctica.
Parece ser que los pacientes eran operados entre los 8 y los 12 años, para asegurarse que conservarían su voz casi infantil.
Sin embargo, la caja torácica llegaba a ser como la de un adulto, así que algunos podían cantar tranquilamente durante varias horas.
Antes de la operación, se les metía en una bañera con agua muy caliente y se les daba  cualquier bebida alcohólica o, incluso, opio, para calmar el dolor. En algunos casos, se les apretaban las carótidas para que quedaran inconscientes.
Lógicamente, si el niño no había llegado aún a la pubertad, se les desarrollaban rasgos propiamente femeninos. En cambio, si ya estaba en ella, podía tener un desarrollo sexual normal, pero sin crear espermatozoides.
Quizás, por ello, eran muy buscados por las damas de la Corte, al no existir ningún peligro de embarazo con ese tipo de relaciones. De hecho, se sabe que tuvieron mucho éxito en ese tipo de relaciones.
El más famoso de todos estos castrati fue Farinelli, el cual debería de ser un monstruo de la naturaleza, pues en una ocasión realizó una competición con un trompetista, hasta que este último tuvo que dejar su trompeta, por no poder seguir tocando.
Llegó a España para actuar durante unos meses ante la corte de Felipe V e Isabel de Farnesio. Tuvo tanto éxito que se quedó 22 años en nuestro país.
Dicen que uno de sus quehaceres en la Corte fue cantarle al rey las mismas 4 arias operísticas durante 10 años, para curar la depresión que sufría este monarca. Fue condecorado por el rey en diversas ocasiones e, incluso, le otorgó un cargo en el Gobierno y en la Orden de Calatrava.
Carlo Broschi, que era su nombre real, fue alumno del maestro Nicola Porpora, el cual le dio muy buena formación. Eso unido a las grandes cualidades innatas de este artista hizo que fuera muy valorado en su época. Dicen que su maestro siempre tuvo buen ojo para seleccionar a los mejores castrati.
Parece ser que no fue un hombre como el que se describe en la película “Farinelli”, sino que era discreto y humilde. Disfrutó con tranquilidad de su fama y su dinero y también se dedicó a coleccionar claves a las que bautizaba, cada una, con el nombre de un pintor famoso. Su favorito era Rafael.

Como Carlos III ya no era tan aficionado a la música ni al arte de los castrati, a los cuales llamaba despectivamente “capones”, se retiró a Bolonia. Allí pasó sus últimos años, gozando de un patrimonio y una pensión vitalicia, que le permitió vivir sin problemas de ningún tipo.
También se pueden citar otros castrati famosos, como Caffarelli, que fue calificado como el segundo en importancia. Sin embargo, siempre fue muy amigo de riñas de todo tipo. En una ocasión, hasta  quiso apuñalar a un espectador, porque se atrevió a criticarle.
La práctica de cantar ante el rey para curarle la depresión ya había sido experimentada anteriormente ante Carlos II de España por un castrato llamado Matteuccio, el cual realizó esa labor durante 2 años, con mucho éxito, invitado por la reina Mariana de Neoburgo.
Fue el castrati más longevo, pues, aunque se retiró ya a una edad muy superior a la del resto de sus colegas, se afirma que seguía cantando con 70 años, cada sábado, en la Capilla Real de Nápoles y seguía teniendo una voz parecida a la de un muchacho.
Supo administrar muy bien sus cualidades, sin esforzarse demasiado, y ganó mucho dinero, retirándose a vivir, en sus últimos años, a un lujoso palacete en Nápoles.
Salimbeni fue un cantante muy cotizado. Actuó muchos años en la corte de Berlín, pero, a causa de su mala salud, murió con sólo 39 años.
Marchesi fue llamado “el bello” y se lo rifaban las austriacas, incluso algunas llevaban adornos con su retrato. Se dice que, en cierta ocasión, se negó a actuar en Milán del mismo Napoleón. Lo cual hizo que, posteriormente, lo honraran como un héroe nacional en Italia.

Se dice que era un tipo muy guapo y que volvía locas a las mujeres. Hasta el punto de que hubo un caso de una esposa que abandonó a su marido y a sus hijos para seguirle al cantante por toda Europa. Además de cantar, también fue compositor.
Este mismo emperador prohibió esta castración, bajo pena de muerte. La Iglesia permitió en 1770, que las mujeres volvieran a los escenarios.
No obstante, los castrados siguieron actuando en muchos templos hasta la prohibición total de esta práctica, en  1902, decretada por el Papa Pío X.
En 1830, la despedida de Velluti, llamado “el vanidoso”, se puede considerar el declive de los castrados. En una ocasión, éste, se negó  a actuar ante la princesa de Gales, alegando que el humo de las lámparas y las velas perjudicaban su garganta.
Sólo se conserva una grabación realizada a un castrado. Se trata de Moreschi, el cual pudo demostrar que había sido operado para curar una hernia inguinal.

El que debutó más joven fue un tal Niccolino, el cual lo hizo a los 12 años siendo un gran intérprete y cosechando muchos éxitos.
El aspecto de esta gente era, habitualmente, el de un tipo afeminado y con una talla superior a la normal en la época, pues la falta de testosterona hace que el crecimiento continúe más tiempo del normal y queden desproporcionadas sus extremidades superiores e inferiores.
Evidentemente, esta práctica fue muy cruel, pero, mirado desde otro punto de vista, a más de una familia “le puso casa”, pues, en muchos casos, con las ganancias de su hijo castrati pudieron vivir muy cómodamente el resto de los miembros de su familia. En el caso de no poder triunfar como cantante, pues se le ordenaba sacerdote y ya tenían también  la vida resuelta.
Esto es más o menos, como ahora, cuando sale en una familia un chico con buenas condiciones de futbolista, pues todos los demás se aprovechan de ello.
Hoy en día, existen unos cantantes llamados contratenores, los cuales, tras mucha formación y entrenamiento, logran cantar con un estilo parecido al de nuestros personajes.
Alfred Deller fue un contratenor muy famoso a principios del XX. Otros contratenores conocidos son James Bowman, René Jacobs, Andreas Scholl, etc.






viernes, 28 de noviembre de 2014

REGINA GARCÍA, UNA MUJER QUE FUE VÍCTIMA DE LAS DOS ESPAÑAS

Esta vez traigo al blog la vida de una mujer de esas que nunca aparecen en los libros de Historia. Bueno, ésta,  por lo menos, aparecía de vez en cuando en la prensa de su época.
Su paso por este mundo se puede resumir en un afán continuo por superarse cada día más. Quizás, eso es lo que pretendemos todos, pero en su caso fue mucho más difícil que para los demás y ahora os contaré por qué.
Bueno, lo suyo es ir directamente a contar su historia. Regina García López nació en 1898 en una aldea o concejo, como las llaman allí,  perteneciente a Luarca (Asturias).
Celestino, su padre había construido un aserradero en su pueblo, con el que pensaba sacar adelante a su numerosa familia, compuesta por el matrimonio y 8 hijos.
Un domingo de agosto de 1907, cuando Regina tenía 9 años,  acudió con su padre al aserradero. No se sabe lo que ocurrió, lo cierto es que la maquinaria comenzó a funcionar y pilló el vestido de la niña, serrándole los dos brazos a la altura de los hombros. Se la operó durante horas, pero sin éxito.
Uno de esos indianos asturianos se interesó por su caso y pagó su educación en un colegio de Luarca.
También intentó adoptarla y llevársela a Argentina, pero sus padres se negaron. Así que, más tarde, trajo a un cirujano alemán, el cual intentó colocarle unos brazos artificiales, pero tampoco funcionaron.

Entre tanto, Regina, se fue preparando y logró adquirir una gran cultura. No obstante, seguía viendo que su vida no podría ser igual a las demás chicas de su pueblo.
Con 17 años intentó estudiar Magisterio, pero las familias ricas a las que pidió una ayuda, le recomendaron que se metiera en un asilo y se dedicara a rezar toda su vida.
Un día pasó un circo por su pueblo y ella se fijó en las habilidades de los monos para manejarse con los pies. Evidentemente, ella probó a hacer lo mismo y en poco tiempo lo consiguió.
A partir de entonces, decidió ser artista, cosa que no gustó mucho a su madre. Sin embargo, ella ya había conseguido escribir, coser hasta bordar con los pies.
En el verano de 1918 volvió su mecenas indiano y, maravillado por sus progresos, la llevó a debutar en el teatro Jovellanos de Gijón, nada menos que ante la infanta María Isabel de Borbón, más conocida popularmente como “la Chata”.
Desde entonces, se dedicó a representar su espectáculo por 42 países y hasta llegó a actuar ante el presidente USA Franklin D. Roosevelt, que también era un discapacitado físico.
Como anécdota, se puede citar que al presidente le gustó tanto su actuación que fue a hablar con ella. Cuando éste le alargó su mano derecha para estrechársela, ella, obviamente, le ofreció su pie. Espero que no se ofendiera por ello.
Durante una de sus actuaciones, concretamente, en Badajoz, conoció al que luego sería su marido, Juan Dámaso Cisneros, un admirador suyo. Se casaron en 1922 y tuvieron tres hijos.
Ella siguió actuando por todo el mundo, mientras su marido dejó de ser empleado de Correos y ejerció como representante suyo. Ella se presentaba en los lugares donde iba a actuar conduciendo un veloz coche con los pies y luego  fumándose un  cigarrillo, tras haber liado antes el papel del mismo.
Lo más notorio de su carácter es que siempre fue una librepensadora. En una ocasión, cuando se enteró de que el párroco de su pueblo quería cobrar una cantidad abusiva a una familia pobre, por realizar una misa funeral por el entierro de su hijo de un año, no se le ocurrió otra cosa que dedicarle una poesía satírica, la cual no gustó nada en el Obispado de Oviedo.
A partir de 1935, cuando ya había conseguido una pequeña fortuna, gracias a sus actuaciones, regresó a Luarca para dedicarse a labores de mecenazgo.
Buscaba niños y niñas con buenas actitudes para el estudio con el fin de que no se desaprovecharan sus conocimientos por vivir en pueblos pequeños.

Aparte de invertir parte de sus ahorros en esta idea, a la que llamó “Selección”,  también dio conferencias y actuaciones para recaudar fondos.
No obstante,  la Iglesia la seguía teniendo en su punto de mira, pues un periódico de la zona la acusó de querer “una enseñanza sin Dios”. Cosa que ella negó.
Es normal que lo hicieran, porque ella estaba atentando contra una de las mayores fuentes de ingresos de la Iglesia, que era la enseñanza. Aparte de ser una forma muy eficaz de adoctrinar a la gente desde su más temprana infancia para que no se metieran con el orden social establecido por las clases dirigentes.
Incluso, se desplazó a Madrid, donde estuvo actuando en el Teatro de la Zarzuela, desde el 13/06/1936 y allí le pilló el comienzo de la guerra civil.
Se movió mucho por el Madrid republicano e, incluso, hizo algunas gestiones para liberar algunos presos encerrados en las famosas checas.
En una de estas gestiones llegó a entrevistarse con Ángel Pedrero, uno de los responsables del Servicio de Inteligencia de la II República. Como le vio ese donde gentes y ese dominio de varias lenguas extranjeras, llegó a proponerle trabajar para ellos como espía en Francia, pero ella rechazó el trabajo.
No sé si sospecharían de ella por este motivo o por ser indiferente, cosa que nunca gustó a ninguno de los dos bandos.
 Lo cierto es que Pedrero ordenó su detención en abril de 1937 y, además, en régimen de aislamiento en la prisión de Ventas. Lo que fue aún peor para una persona tan sociable como ella.
Es posible que esto trajera como consecuencia que, aún durante la guerra, estuviera ingresada de manera temporal en varios manicomios. Pasó nada menos que 11 meses incomunicada.
Además, es muy llamativo que Pedrero hiciera esto con ella, sabiendo cuál era el fin de la recaudación de sus actuaciones, pues él, unos años antes, se dedicó, como maestro que era, a organizar escuelas nocturnas para obreros.
Por si a alguien le sirve de consuelo, Pedrero, junto con varios integrantes del SIM republicano, fue detenido por el entonces capitán Gutiérrez Mellado, cuando todos ellos esperaban un barco en el puerto de Alicante, para poder escapar de España.  Algún tiempo después, fue juzgado y fusilado.
Evidentemente, al acabar la guerra, Regina,  fue puesta en libertad de manera inmediata, pero, desgraciadamente, no por mucho tiempo.
Una tarde fue al cine a ver una película y, al final, era costumbre, por entonces, tocar el himno nacional y ponerse todos los espectadores en pie y brazo en alto, haciendo el saludo fascista.
Un joven falangista  se acercó a ella y le exigió que levantara el brazo, como hacían todos los demás, porque “esta era la España de Franco”.
Ella, que nunca se cortó ni un pelo, le dijo: “yo no levanto el brazo ni aunque me lo pida el mismísimo Franco”, lo cual, supongo, arrancaría alguna carcajada.
Eso no creo que le hiciera ninguna gracia a este tipo y se la llevó detenida. Luego, les explicó que no tenía brazos y que acababa de salir de la cárcel republicana. Así que, tras comprobarlo,  la pusieron en libertad.
Este incidente atrajo la atención de los servicios de seguridad franquistas y un día le propusieron que trabajara para ellos, denunciando a todos los que conociera. Como ella se negó, volvió a ser encerrada en la cárcel de Ventas.
Esta vez, las condiciones de su encierro fueron bastante peores, pues la prisión se hallaba a rebosar de detenidas y había un continuo miedo a las sacas para llevarse a las reclusas al paredón, para su ejecución. Con estas condiciones, es normal que su estado mental empeorase.
Por lo que he leído sobre su juicio, me ha parecido un poco extraño. Por lo que se ve duró varias horas, cuando lo acostumbrado en esa época era despachar a estos pobres presos,  cuanto antes al paredón, sin piedad alguna.
Parece ser que hubo declaraciones de todo tipo, como la de la Policía Militar, que indicó que era afecta al nuevo régimen. Sin embargo, la Guardia Civil de su pueblo la calificó como “propagandista del comunismo y muy peligrosa para la causa”. Ya sabemos que nadie es profeta en su tierra, aunque hubiera ayudado, con su “Selección”, a los niños de 110 colegios de la zona.
El fiscal, como casi siempre, pidió para ella la pena de muerte o la reclusión perpetua. Menos mal que el informe psiquiátrico la diagnosticó como “parafrenia sistemática”. Así que el juez la absolvió de los cargos que se le imputaban, pero ordenó su ingreso en un manicomio, quedando a disposición del juzgado militar.
Ya no pudo superar esa situación y murió al poco tiempo, en mayo de 1942, con sólo 44 años, a causa de un tifus exantemático, contagiado a través de los piojos, durante su estancia en la cárcel, debido al hacinamiento que había en esa época y a las malas condiciones sanitarias de estos centros.
Esta vez no se ve muy claro el motivo por el que el franquismo se empeñó en quitarse del medio a nuestro personaje. Yo pienso que ella fue una persona adelantada a su tiempo y partidaria de la justicia social. Por tanto, una persona con una mentalidad muy crítica, que no gustaría nada a los jerarcas del nuevo régimen y con el tiempo tendría que haberse exiliado de España.
Por supuesto, supongo que, debido a su carácter, si hubieran ganado la guerra los republicanos, le hubiera ocurrido una cosa parecida, porque en ninguno de los bandos tuvieron cabida los críticos al régimen.

Alguien me dijo una vez que en la guerra civil había muerto la mejor gente de España y creo que tenía toda la razón.

sábado, 8 de noviembre de 2014

BOUDICA, LUCHADORA CONTRA ROMA

Esta vez traigo al blog a una mujer digna de admiración, pues supo gobernar a su pueblo y hacer que se les unieran las tribus vecinas para expulsar nada menos que  a los romanos del suelo británico.
Es conocida por varios nombres como Boudica, Búdica, Boadicea, etc. No se sabe dónde ni cuándo nació.
Sólo se puede decir de ella que era una mujer pelirroja, alta, corpulenta y que estaba casada con Prasutago, rey o jefe de la tribu de los icenos y que vivió durante el siglo I d. de C.
Esta tribu estaba asentada en la actual Norforlk, zona situada al este de Inglaterra, cuya actual capital es Norwich.
Como los icenos eran gentes pacíficas y sólo se dedicaban, predominantemente, a las labores agrícolas, los romanos, en un principio, buscaron la amistad de Prasutago y le dieron a este pueblo la consideración de aliado de Roma.
No olvidemos que Britania fue invadida definitivamente por Claudio y conquistada en el 43 d. de C. Lo cierto es que, en un principio,  los romanos se burlaron del emperador Claudio, cuando les dijo que se marchaba a conquistar la irredenta Britania, pero lo cierto es que lo consiguió, para asombro de todos.
Como Prasutago sólo tenía 2 hijas, puso al emperador romano como coheredero de sus bienes, para proteger así el patrimonio de sus hijas y el de su tribu.
A su muerte, los romanos no respetaron la voluntad del difunto y se apropiaron de su reino. También le exigieron a su viuda el pago de sus deudas con Roma.
El administrador romano, Cato Deciano,  declaró que el testamento no tenía validez para ellos y ordenó el saqueo de los campamentos de la tribu. Todo ello ha llegado hasta nosotros de la mano del famoso historiador romano Tácito.
Incluso, se permitieron azotar públicamente a Boudica y violar a sus dos hijas, que entonces eran sólo unas adolescentes.
Poco tiempo después, ya en el 61, los icenos al enterarse de que el gobernador de Britania, Cayo Suetonio Paulino, se hallaba en otra isla, en Gales, luchando contra una tribu rebelde, decidieron ellos levantarse contra los opresores romanos.
Decidieron atacar una colonia romana situada en la actual Colchester, al sur de su territorio. Como esta colonia sólo la habitaban unos cientos de veteranos legionarios romanos, junto con una pequeña guarnición, no pudieron hacer frente a l
os miles de rebeldes britanos que se les echaron encima.
Así que optaron por huir y dejar que los rebeldes destruyeran esta colonia. Algunos dicen que esto hizo que, desde entonces,  empezara Londres a cobrar mayor importancia para los romanos.
También puede que se decidieran a atacar esta ciudad, porque, anteriormente, había sido la capital de sus aliados, los trinovantes, los cuales habían sido expulsados de allí por otra tribu aliada de Roma.
Además, les habían obligado a construir y sufragar un templo romano dedicado al emperador Claudio.
Desde allí, los rebeldes se dirigieron hasta el actual Londres, que tuvo que ser evacuado por los romanos, al no poder hacer frente a tantos rebeldes, y fue saqueado.
Algunos historiadores, como Dión Casio, enumeran las barbaridades realizadas por los rebeldes contra los habitantes de Londinium, la actual Londres.
Los romanos también evacuaron Veralamium, otra ciudad aliada de Roma, que no contaba con fuerzas suficientes para enfrentarse a los rebeldes.

Los britanos necesitaban ganar la guerra cuanto antes y expulsar de allí a los romanos. Habían descuidado mucho sus campos y es probable que pasaran hambre al llegar el invierno.
Aparte de eso, sabían que tenían que derrotar necesariamente a los romanos y expulsarles, porque conocían de sobra la venganza de Roma.

El gobernador Suetonio tuvo que volver a toda prisa con todas sus tropas desde Gales. Esto hizo que los rebeldes modificaran su ruta para combatir a los romanos.
El gobernador romano, como buen militar profesional, eligió un terreno que le fuera favorable. De todas formas, era prácticamente imposible hacer frente con sus 10.000 legionarios, más o menos, a unos 100.000 rebeldes, procedentes de varias tribus de la región.
De todas formas, seguro que no todos los britanos eran guerreros, pues solían desplazarse las familias enteras junto con las tropas.
El lugar exacto del enfrentamiento se desconoce, pero se cree que estuvo entre la actual Londres y Woxeter, en una zona llamada actualmente Watling Street, cercana a la autopista A2, que une Inglaterra con Gales.
Suetonio, parece ser que escogió un lugar muy abierto por su frente, mientras que estaba cerrado por los laterales y por la espalda por un tupido bosque, el cual les protegería de los ataques por sorpresa. Así se planteó una batalla a campo abierto, muy al gusto de los romanos, donde los rebeldes no podrían realizar su característica forma de guerrear.
Así, los romanos formaron una línea, mientras los rebeldes colocaron sus carros en una formación arqueada,  justo detrás de la primera línea de infantería. Parece ser que daban la batalla por ganada e invitaron a sus familias a presenciarla.
Tácito nos informa de que Boudica se dirigió a sus tropas, diciéndoles  lo siguiente: “Nada está a salvo de la arrogancia y del orgullo romano. Desfigurarán lo sagrado y violarán a nuestras vírgenes. Ganar la batalla o morir, tal es mi decisión como mujer. Allá los hombres si quieren vivir y ser esclavos”.
El discurso de esta valiente mujer fue seguido por miles de guerreros con la cara pintada de azul y los párpados manchados de ceniza, para aterrorizar a sus contrincantes.
Ella, mientras tanto,  empuñaba una lanza, la cual agitaba continuamente, para dar más fuerza a sus palabras. Vestía un manto oscuro sujeto con un broche a un lado, encima de una simple túnica. Su único adorno era un torque, una especie de anillo grande de oro, que solían llevar los nobles celtas alrededor de su cuello.
En el campo contrario, Suetonio, les arengó a sus suyos con estas palabras: “Ignorad los clamores de estos salvajes. En sus filas hay más mujeres que hombres. No son soldados y no están bien equipados. Ya les hemos vencido antes. Lanzad vuestros venablos y luego avanzad… Olvidaos del botín. Tan sólo ganad y lo tendréis todo”.
Es posible que Tácito hubiera sido bien informado sobre esta batalla, porque su suegro participó en ella. También lo hizo el mismo Séneca.
Suetonio esperó a ser atacado por los britanos. Éstos avanzaron hasta estar a tiro de las lanzas romanas, lo cual les provocó muchas bajas e hizo que muchos huyeran.
Los romanos aprovecharon el momento para atacar, sin perder su formación. Incluso, atacó su caballería por las alas, para perseguir a los que huían, como solían hacer siempre.
Los infantes britanos se vieron rodeados por las legiones romanas, a su espalda; la caballería romana, en los flancos;  y los carros britanos en su frente. Así fueron rodeados y masacrados por los romanos.
No está claro el número de bajas, pero se cree que hubo unos 50.000 muertos britanos por unos 500 legionarios romanos.
Nerón dudó si seguir ocupando Britania, pero luego se decidió por cambiar a Suetonio por otro gobernador menos represivo, para pacificar el territorio.

Poco se sabe sobre el final de Boudica, aunque la mayoría, como Tácito, afirman que se envenenó, para no caer otra vez en las manos de los romanos.
Muchos dijeron que su entierro fue fastuoso, como corresponde a una reina, pero nunca ha estado claro el lugar donde se halla su tumba. Incluso, algunos han afirmado que fue en el monumento de Stonehenge.
Su nombre casi se pierde con la Historia, pero fue recuperado por los historiadores ingleses en el XVI y, más tarde, en el XIX.
En ese último siglo, muchos autores la compararon con la reina Victoria, porque Boudica, precisamente, significa “victoria”en la antigua lengua de los celtas. 
Se han escrito poemas y obras teatrales en honor a esta reina guerrera. Se han realizado películas y hasta se ha puesto su nombre a un barco de la Armada británica.
En 1905 se erigió una estatua en Londres, financiada por el príncipe Alberto, entre otros, donde se puede ver a esta reina, junto con sus hijas subida en un carro de guerra. Está situada muy cerca de la Cámara de los Comunes.
Incluso, en Harry Potter se menciona que su tumba pudiera estar donde hoy se halla la estación ferroviaria de King’s Cross. Concretamente, entre los andenes 9 y 10 de la misma.