ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 10 de noviembre de 2013

DIEGO JAÉN BOTELLA, UN CASO CURIOSO DE UN SACERDOTE SOCIALISTA



Como casi siempre, cuando me muevo por Internet a fin de buscar nuevos datos para añadir a alguna de mis entradas, encuentro a muchos personajes de los cuales jamás había oído hablar.
            Hay que reconocer que este invento, aparte de ser un vicio, es una gran fuente de conocimiento.
            Para ir ya al grano, esta vez os presento a un personaje muy curioso. Se llamaba Diego Jaén Botella y nació en Elche (Alicante) en 1900.
            Como supongo que procedería de una familia modesta, hizo lo que muchos de los jóvenes de esa época, estudiar en un seminario. La diferencia está en que él siguió y fue ordenado sacerdote con 22 años, siendo destinado a Melilla.
            Allí trabajó en la parroquia de la medalla Milagrosa, sita en el barrio de la batería J, donde conocería muy de cerca las necesidades del pueblo llano. También fue capellán del Hospital de la Cruz Roja de la misma ciudad.
            Además, daba clases en las escuelas del Ave María, donde también enseñaba la catequesis a los niños de la zona y los domingos solía invitarles a desayunar en la escuela.
            Así que, en 1931, se decidió a abandonar su profesión, dedicándose por entero a la política, dentro del PSOE. Supongo que eso nunca se lo perdonaron sus antiguos colegas de profesión. A lo mejor, si se hubiera decidido por un partido de derechas, lo hubieran asimilado mejor. De todas formas, la suya fue una postura muy valiente en una ciudad tan pequeña y, además, dominada por el estamento militar.
            Es curioso, porque, actualmente, la Iglesia moderna sigue estos caminos y no los de la intolerancia que sostenía en ese momento.
            Se sabe que dio su primer mitin en la plaza de toros de esa ciudad el 21/06/1931, durante la campaña electoral para las Cortes Constituyentes.
            Como aún era joven, militó en las Juventudes Socialistas y en la UGT. Creo recordar que, en esa época, si eras del PSOE era obligatorio ser también de la UGT.
            En junio de 1933 fue elegido, en el primer congreso de la UGT de Melilla, secretario de la misma.
            También participó en la reñida campaña electoral para las Cortes de 1933, dirigiéndose a los asistentes que acudieron a un mitin en el Salón Imperial.
            Más tarde se fue radicalizando y se unió a la corriente del PSOE capitaneada por Largo Caballero, algo que no pasaría desapercibido por la derecha melillense, ni por la Iglesia, claro.
            En 1935 participó en un ho
menaje al fundador del PSOE y la UGT (apodado el abuelo), Pablo Iglesias, en el décimo aniversario de su muerte. En este mitin participaron otros conocidos líderes del PSOE de Melilla.
            En un mitin en el cine Goya, celebrado en enero del 36, al que asistieron tanto las Juventudes Socialistas como las  Comunistas, se mostró partidario de la unión de
las izquierdas. Incluso invitó a que las centrales UGT y CNT se unieran en un solo sindicato. Propugnaba la creación de una república de tipo socialista en toda la Península Ibérica.
            En marzo del 36 participó en un mitin en Málaga, representando a los socialistas de su ciudad, donde volvió a pedir la unión de toda la izquierda contra el amenazante fascismo.
            Más tarde, fue elegido compromisario para las elecciones a la presidencia de la II República. Lo cual fue normal, porque era el único candidato. Hay que explicar que el sistema de elección de los presidentes de la II República era parecido al que existe actualmente en los USA.
            El 01/06/1936 dio otro de sus mítines en Melilla, organizado por la Unión de Estudiantes Antifascistas de esa ciudad, donde pidió al Gobierno del Frente Popular la mejora de las condiciones de vida de los obreros.
            En sus intervenciones solían mencionar que, si volviera Jesucristo, se hallaría con toda seguridad entre los pobres de la Tierra. Además, decía que no se podía permitir que las derechas se escuden en el nombre de Cristo para mantener sojuzgado al pueb
lo. Así que podemos ver que, aunque rompió totalmente con la Iglesia católica no lo hizo con sus creencias cristianas.
            Como todo el mundo sabe a estas alturas, el golpe que dio lugar a la Guerra Civil se inició el 17 de julio de 1936 en Melilla. Así que a los golpistas les fue muy fácil detener a la gente de izquierdas de esa población y, entre ellos, a nuestro personaje.
            Se dicen muchas cosas acerca de lo que ocurrió después. Unos mencionan que fue encerrado en una jaula y expuesto en un parque público a las burlas de sus oponentes políticos.
            Otros dicen que fue llevado a la alcazaba de Zeluán, donde se le infligieron todo tipo de torturas, como latigazos, arrancarle uñas y dientes, etc. Incluso, algunos afirman que fue quemado vivo, pero lo ha desmentido su familia.
            Al final, fue asesinado en la madrugada del día 8 de octubre de 1936 y no se sabe dónde fue enterrado. Unas horas antes pudieron visitarle su mujer, Isabel Martínez, y su pequeña hija. También fue asistido por un capuchino, fray Pedro María de Málaga.
            Parece ser que su mujer, en un principio, también fue detenida, pero luego la dejaron libre. Se quedó viuda con una niña de 2 años y embarazada de otra.

EL TERCIO GENERAL SANJURJO



La guerra civil española siempre fue una guerra muy sui géneris, donde ocurrieron muchas cosas que no habían ocurrido nunca en ningún enfrentamiento bélico. Por ello, muchas veces te puedes encontrar algunas historias extrañas, como ésta que voy a contar ahora.
            El 30/08/1936,  la situación de la ciudad de Zaragoza era un tanto angustiosa, pues estaba casi rodeada por los milicianos anarquistas, que venían desde otros puntos de Aragón y de Cataluña. Así, las emisoras de radio difundieron un mensaje pidiendo que los jóvenes se alistaran en la nueva segunda bandera de la Legión, llamada General Sanjurjo.
            El banderín de enganche para la misma se había situado en el castillo de la Aljafería, sede del regimiento de Infantería Aragón nº 17.
            Según parece, muchos republicanos vieron ahí la forma de salir de la ciudad y poder pasarse a sus filas, una vez que llegaran al frente.
            Este Tercio se organizó con dos banderas, las cuales se asentaron en una explanada próxima a la Academia Militar de Zaragoza. Su fundador fue el comandante Pedro Peñarredonda Samaniego, que estaba retirado voluntariamente, beneficiándose de la Ley Azaña, de 1931.
            Se pensó crear todo un Tercio con 3 banderas. La primera se llamó Valenzuela, la segunda, Palafox. La tercera, Ricardos, que no llegó a formarse.
            Cada bandera estaba formada por tres compañías de fusileros, una de ametralladoras y otra de servicios auxiliares. Así, llegaron a tener unos 700 hombres, al mando del comandante Lóriga. También hubo algunos extranjeros en sus filas.
            Algunos dicen que, en Navarra, obligaron a alistarse en este Tercio a los simpatizantes de los partidos de izquierdas.
            Fueron obligados a montarse en los trenes bajo amenazas. Incluso, algunos de los que fueron declarados como no aptos y devueltos a sus pueblos, luego fueron asesinados en sus localidades.
            Esta bandera tardó mucho en entrar en combate, debido al escaso número de componentes y a sus problemas disciplinarios.
            Su bautismo de fuego lo recibió en el Serrablo, donde perdió casi a la mitad de sus tropas.
            Fue integrada en la Brigada Móvil, junto con unidades de Guardias de Asalto d
e Aragón, unidades de carros de combate, artillería, caballería, ingenieros y tropas del Ejército de África, cuando las tropas de Franco llegaron hasta las de Mola.
            Sobre su final hay varias versiones. Algunos autores mencionan que entre ellos había muchos candidatos a desertores y que en Huesca tuvieron connivencia con el enemigo. Por ello, algunos fueron castigados con medidas disciplinarias.
            A su regreso a Zaragoza parece ser que hubo conatos de rebelión y los mandos fusilaron a los cabecillas. Parece ser que descubrieron sus planes en unos papeles que llevaban escondidos en sus alpargatas.
            Otros autores dicen que, tras su envío, el 01/10/1936, en camiones a Almudévar, se dio la orden de regresar y se les desarmó. Parece ser que el Estado Mayor nacional había sido informado de que la mayoría de la unidad iba a desertar y optaron por devolverlos al cuartel.
            Lo ocurrido posteriormente no se ha sabido nunca oficialmente, pues las autoridades, incluso, han negado siempre la existencia de esta Bandera, que fue disuelta inmediatamente y en los archivos casi no figura ningún dato de ella.
            Según contó un superviviente, que
logró huir justo antes de ser fusilado, los soldados fueron encerrados en sus barracones y sacados por grupos, los cuales fueron fusilados en la parte trasera de la Academia. Así estuvieron varios días. Cuando acabaron los enterraron a todos en una fosa común en el cementerio de Torrero.
            Algunos no fueron fusilados, gracias a las gestiones realizadas por sus mandos y fueron destinados a otras unidades.
            Ni siquiera a los fusilados se les formó ningún tipo de causa, fueron, simple y llanamente unos asesinatos. Estos hechos duraron desde el día 2 de octubre hasta el día 9 del mismo mes.
            No se sabe con exactitud cuántos fueron fusilados, pero se habla de una cantidad superior a los 300, la mayoría de ellos eran navarros.
                        Se dice que, desde el principio, la suerte de esos soldados estaba prevista. Se sabía que muchos de ellos tenían simpatías izquierdistas. Así, lo primero que hicieron fue aprovecharlos como una unidad de choque, para que se partieran el pecho luchando contra sus mismos compañeros de ideología. En muchos de sus pueblos, dominados ahora por las gentes de la derecha, se esperaba que murieran en la guerra.
                        Un superviviente comenta que, en su pueblo, los tenían a todos fichados y, de vez en cuando, asesinaban a algunos. Así que, un día, los llamaron al Ayuntamiento y les dijeron que habían pensado  mandarles allí para quitárselos del medio.
            A lo mejor, ellos se dieron cuenta y se les ocurrió que lo más lógico era luchar en el bando contrario y así idearon alguna forma de pasarse durante los combates. Eso fue lo mismo que hicieron muchos combatientes de ambos bandos durante la guerra.
            El citado superviviente dice que en Almudévar sólo se pasaron tres de ellos al otro bando. Eso pasaba todos los días en todas las unidades de ambos ejércitos durante los primeros meses de la guerra.
            Según cuenta, los ejecutores de estos actos fueron falangistas llegados de Zaragoza y, además, voluntarios.
A estos, según cuentan, no se les ocurrió otra cosa que llevar a los cadáveres desde el lugar de los fusilamientos hasta el cementerio de Torrero en unos camiones volquetes, pero, para ello no tuvieron más remedio que atravesar la ciudad, dejando un sospechoso reguero de sangre a su paso.
            Por lo que respecta a esta unidad, como estos sucesos se dieron en el mes de septiembre, este Tercio se disolvió al mes siguiente, aunque no del todo.
            Luego, los que quedaron, pasaron la guerra combatiendo en Aragón, dentro de la Brigada Móvil.
            A partir de julio del 37, el Tercio Sanjurjo, que hasta entonces era sólo una unidad de milicianos, muy parecida a la Legión, pasó a ser la XV Bandera de la misma.
            Incluso, llegó a recibir una Laureada de San Fernando colectiva, por un hecho durante la guerra, y varios de sus mandos recibieron la medalla militar individual.
            Uno de sus jefes más conocidos fue e
l, por entonces, comandante Santiago Amado Loriga. Este, según se puede ver, fue muy beneficiado por la guerra, pues obtuvo una medalla militar individual y terminó la misma como coronel.
            En 1943 pasó a ser general y también estuvo durante un  tiempo al mando de la famosa División Azul.
            En 1946 fue nombrado director de la obra más apreciada de Franco: la Academia General Militar, de Zaragoza.
            En los años 50, ya al final de su carrera, fue nombrado consejero del Consejo Supremo de Justicia Militar y se jubiló como teniente general, el máximo grado a que puede aspirar un  militar en España.
            En febrero de 1979 se consiguió el permiso para extraer los cuerpos de las fosas comunes. Como los cuerpos no habían sido depositados en ataúdes, hubo que identificarlos a través de señas físicas u objetos personales.
            En fin, una injusticia más de la Historia de España. El problema es que, tras el asesinato de unas personas, que no la ejecución legal, ya no hay remedio. No estaría de más que el Ejército explicara alguna vez qué ocurrió en este caso.
           
           

domingo, 3 de noviembre de 2013

EL GOLPE DE ESTADO DEL GENERAL PAVÍA



Esta vez traigo al blog un personaje del que todo el mundo cree que sabe mucho y, en el fondo, la inmensa mayoría, no saben casi nada.
Para empezar, no debemos confundir su nombre, Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque, con otro general llamado Manuel Pavía y Lacy, marqués de Novaliches. Además, ambos fueron contemporáneos. Por eso, muchos de los escritores de su época le llaman por su título nobiliario, para distinguirlo del otro.
Este último fue derrotado por el general Serrano, durante la Revolución de 1868, en la batalla de Alcolea. Además, resultó allí herido y quedó muy desfigurado.
En cambio, nuestro personaje, que nació en Cádiz en 1827,  perteneció al bando contrario. O sea, que se sublevó contra Isabel II y, tras el primer intento, tuvo que exiliarse hasta 1868.
Perteneció al Partido Radical, con Prim, y, tras la muerte de éste, siguió con Ruiz Zorrilla. No fue partidario de Amadeo, sino que apostó por la llegada de la República.
Durante la I República fue uno de sus generales más leales, luchando contra las partidas carlistas en Navarra y contra los cantonalistas andaluces.
La llegada de los federales al poder le dejó en expectativas de destino, pues no le perdonaban que hubiera vencido su insurrección realizada en Madrid en 1872.
En 1873 sofocó las rebeliones cantonales andaluzas, cuando fue nombrado capitán general de Andalucía y Extremadura.
Por ello, fue designado por Emilio Castelar, con el que siempre tuvo mucha amistad, capitán general de Castilla la Nueva, con sede en Madrid.
El 3 de enero de 1874, siendo Emilio Castelar presidente del Gobierno, perdió una moción de confianza. Era lógico, pues, poco a poco se estaba convirtiendo en todo un dictador. Aun así, sus partidarios  intentaron que no cayera. Los votos fueron 110 en contra y 101 a favor de su Gobierno.
Había sido una sesión muy larga, la cual fue suspendida entre las 7 de la tarde y las 11 de la noche. Hubo unos discursos muy duros contra la política del Gobierno. La votación que he citado antes, se realizó a las 5 de la mañana. Dos horas después se produjo la llegada de las tropas de Pavía al Congreso.
Esta unidad  estaba formada por dos compañías de infantería, dos de la Guardia Civil y una batería de artillería.
El general Pavía le hizo llegar un mensaje al presidente dimisionario, donde le decía que el Ejército le iba a apoyar si  daba un golpe de Estado para quedarse en el poder, a fin de que no lo tomaran los federalistas, que apoyaban a los cantonalistas y a los carlistas. Como Castelar se negó en redondo, Pavía, que era el capitán general, actuó a su manera.
Hago una pausa para aclarar dos cosas. A todo el mundo le han enseñado en la escuela que la I República española tuvo 4 presidentes. Eso no es cierto, porque no quisieron crear ese puesto hasta que no se aprobara la Constitución republicana, cosa que nunca se hizo. Así que esos 4 fueron presidentes del Gobierno, más un amago de dictadura que presidió, posteriormente, el general Serrano, que se apuntaba a todo.
Otra aclaración viene porque todo el mundo piensa que el general Pavía era ese oficial de la Guardia Civil que entró
en las Cortes para exigir que los diputados desalojaran la sala. Pavía nunca perteneció a la Guardia Civil, sino que era el jefe del Ejército en toda Castilla la Nueva, que entonces englobaba a Madrid. Tampoco entró a caballo en las Cortes. Eso es absolutamente falso.
Bueno, pues volviendo por dónde íbamos, en esa sesión, en la cual acababa de dimitir el presidente Castelar, unos diputados presentaron como candidato al federalista Eduardo Palanca, un conocido republicano.
Parece ser esta candidatura se llegó tras unas largas negociaciones entre Salmerón, Pi y Margall, Figueras, Guisasola y Rispa. Lo curioso es que el interesado no quería ser candidato e intentó huir a su casa, en Málaga. Hubo que convencerle para que regresara desde la estación, donde ya iba a tomar el tren.
El general Pavía hizo llegar, a través de sus ayudantes y de los ujieres de la Cámara, una nota al presidente de las Cortes, Nicolás Salmerón, que había sido anteriormente presidente del Gobierno. Parece ser que les acompañó el coronel Iglesias, jefe del destacamento de la Guardia Civil que se encargaba de la seguridad del recinto.
El presidente la leyó en alto, de un modo irónico, y todos los diputados se negaron en redondo a abandonar la sala.
Así que Pavía mandó a un grupo de jóvenes reclutas del regimiento de Mérida, los cuales, al verlos los diputados, se envalentonaron y se negaron a irse. El coronel Iglesias, al ver la escena dio un par de tiros al aire y mandó una unidad de guardias civiles, para que entraran en la sala con la orden de desalojar de cualquier forma a los diputados. Esa es la escena que conocemos todos por los dibujos de la época.
No obstante, antes de que entrara la Guardia Civil, Castelar subió al estrado y pronunció una frase muy célebre: “Yo, señores, no puedo hacer otra cosa que morir aquí el primero, con vosotros” incluso, tras ese breve discurso, algunos diputados quisieron cambiar su voto y ofrecerle ahora su confianza, cosa que él rechazó muy dignamente.
Por eso, en unos dibujos vemos que los diputados salen despavoridos de la sala, huyendo de la Guardia Civil, mientras que el personal del Cuerpo Diplomático, que asistía como invitado a esa sesión, sale tranquilamente y es saludado por los militares que se han situado en la puerta del Congreso.
Algún autor dijo en ese momento: “muchos de los que habían jurado morir en sus puestos, recogieron sus prendas de abrigo en el guardarropa y ganaron, cabizbajos y silenciosos, la calle de Floridablanca”.
A las 07.30  había finalizado la misión. Los diputados habían sido desalojados, ocupados los puntos estratégicos de Madrid. La I República había sido herida de muerte.
Como Pavía nunca tuvo ambiciones políticas, enseguida convocó a todos los partidos, a excepción de los carlistas, federalistas y cantonalistas, para formar un Gobierno de concentración nacional, bajo la presidencia del general Serrano, como ya mencioné anteriormente
.
Serrano organizó un gobierno provisional, que duró casi un año, suspendiendo las garantías constitucionales y disolviendo las Cortes republicanas.
Aunque parezca mentira, Pavía obtuvo una gran popularidad, a raíz de este hecho. No aceptó ni siquiera el ministerio que le ofrecieron.
Se dice que era vitoreado cuando paseaba por las calles madrileñas e, incluso, se presentó a las siguientes elecciones, en 1876. Donde consiguió 2.966 votos de los 3.054 posibles, como representante del distrito centro de Madrid.
La mayoría de la prensa hablaba muy bien de él, salvo, lógicamente, los diarios republicanos.
Continuaron los problemas que azotaban a la I República, o sea, el cantonalismo, los carlistas y Cuba.
Esta situación hizo que se buscara una alternativa en el partido que representaba los intereses del futuro Alfonso XII, cuyo jefe era el conocido político Antonio Cánovas del Castillo, el cual contó con la ayuda de los industriales catalanes y los hacendados cubanos.
Es curioso que, nada más llegar Alfonso XII al poder, se acabara la tediosa guerra carlista. No olvidemos que se cuenta que los principales financieros de ese bando eran los cubanos y que el presidente del mayor  Banco de La Habana era un hermano de Cánovas. No deja de ser una casualidad.
El 27 de diciembre se publicó el Manifiesto de Sandhurst, firmado por el futuro Alfonso XII, cuando estudiaba en la academia militar británica del mismo nombre. Allí declaraba sus intenciones y cómo desearía que fuera la política, si llegaba a reinar en algún momento.
El 29 de diciembre, el general Martínez Campos se adelantó a los preparativos canovistas y se pronunció, con sus tropas, en Sagunto a favor de Alfonso XII, sin oposición del Gobierno.

sábado, 2 de noviembre de 2013

UN MILITAR VISIONARIO, GIULIO DOUHET


A veces, cuando una persona cree que tiene razón, es preciso arriesgarse para que alguien lo reconozca. Eso puede ser muy peligroso para un militar, pues una de sus máximas es la obediencia a sus superiores, pero, en este caso, la historia no terminó mal para nuestro personaje.
            Hoy traigo a este blog un personaje llamado Giulio Douhet, el cual, según dice su biografía, nació en Caserta, en 1869.
            Es posible que a algunos les suene el nombre de esta localidad. Es conocida, porque allí fue donde el rey Carlos VII de Nápoles, después fue Carlos III de España, construyó un espléndido palacio, que luego fue copiado para la construcción del Palacio Real de Madrid.
            También he leído que en esa localidad fue donde capitularon, en 1945, ante las tropas aliadas, los alemanes que ocupaban Italia.
            Volviendo a nuestro personaje, estudió en la Academia de Ingenieros de Módena, de donde salió siendo el número uno de su promoción, algo muy importante para cualquier militar.
            Luego, continuó sus estudios a nivel civil en el Instituto Politécnico de Turín, donde logró un doctorado en Ingeniería.
            En 1900 estuvo destinado en el Estado Mayor y siguió muy de cerca la guerra ruso-japonesa, que se estaba realizando en ese momento. Desde el principio, supuso que iban a ganar los japoneses, lo cual le valió todo tipo de burlas de sus compañeros.
            En esa época fue partidario de la mecanización del ejército, a base de adquirir gran cantidad de camiones para el traslado rápido de las tropas a donde hiciera más falta.
            Desde 1909 se aficionó a la Aviación y publicó gran número de artículos para divulgar los avances en esta materia. Es posible que su vocación de escritor le viniera de su familia materna.
            Ya entonces se va dando cuenta del posible potencial de esa arma y su utilización en una guerra.
            En 1910 fue ascendido a comandante y transferido al mando del batallón de aviadores. La primera unidad aérea italiana.
            Siguió escribiendo libros y artículos sobre esta materia, sugiriendo el empleo de cámaras de fotos, para aprovechar la visión desde el aire.
            Entre 1911-12 estuvo en Libia en la guerra con Turquía, donde se realizaron los primeros bombardeos aéreos.
            Aparte de ello, se utilizaron los aviones para todo tipo de misiones, como llevar suministros a las tropas destacadas en el frente, personal de refuerzo, misiones de reconocimiento, vuelo nocturno, etc.
            Junto al ingeniero Caproni, diseñaron aviones de bombardeo de gran alcance. La cancelación de un pedido de este modelo de avión dio lugar a una agria discusión con el mando, que le perjudicó mucho, siendo suspendido de su cargo.
            Parece ser que su jefe, el coronel Mauricio Moris, era un firme defensor de la adquisición de dirigibles, sin embargo, él opinaba que sería mejor dotarse de aviones, que eran más fiables, como luego se demostró en múltiples ocasiones. También se mostró partidario de que la Aviación fuera un arma independiente y no sujeta a los caprichos de los militares del Ejército de Tierra.
            Su informe sobre la utilización de la Aviación en la guerra de Libia fue silenciado por sus mandos, pues no eran proclives a sus teorías.
            Durante la I Guerra Mundial fue jefe de Estado Mayor, pero sus continuas críticas al mando y al Ministro de la Guerra provocaron su procesamiento, en 1916,  y la condena a un año de prisión en un fuerte militar. Se le acusó de propagar falsas noticias.
            En uno de sus artículos presagiaba la derrota de los imperios centrales, por tener que luchar en varios frentes a la vez. Insistió en sus ideas de construir grandes cantidades de bombarderos para atacar al enemigo.
            La verdad es que, en 1915, cuando Italia entró en guerra, se dedicó a criticar continuamente el estado de la tropas italianas, escribiendo varias veces al general Luigi Cadorna, entonces comandante en jefe.
            En Italia no le hicieron caso, sin embargo, los USA enviaron una comisión para hablar con Caproni, el cual les informó, siguiendo las instrucciones de Douhet, los aviones que deberían fabricar y los objetivos estratégicos  a bombardear en Alemania.
            El desarrollo de esa guerra le fue da
ndo la razón y fue liberado. Posteriormente, sería rehabilitado y nombrado director del Servicio Técnico del Comisariado de la Industria Aeronáutica. En 1918 dejó este cargo para continuar con su carrera como escritor y articulista en la prensa.
            Como les remordería la conciencia, le nombraron general con efectos retroactivos a 1917 y en 1921 fue perdonado de todas las acusaciones en su contra.
            También podría ser porque tras el desastre de Caporetto, se hizo una investigación oficial, la cual le dio en parte la razón a Douhet, sobre la mala organización del Ejército.
            En 1921 escribió “El dominio del aire”, obra que, incluso, hoy en día se consulta para ver los principios en los que se basa el poder de la Aviación.
            A partir de ese mismo año, se hizo partidario de Mussolini y llegó a participar en la famosa Marcha sobre Roma, en 1922.
            En 1923, Mussolini creó la Aviación Italiana, ya independiente del ejército de tierra y de la Armada. También defraudó a  Douhet, pues esperaba que lo nombrara jefe de la Fuerza Aérea y no lo hizo.
            Apoyaba fervientemente a la Aviación como único medio de que terminara la inacabable lucha en las trincheras. Ya preveía que las siguientes guerras no serían sólo de frentes, sino que también intervendrían toda la población y los recursos del país.
Al no existir, en su época, el radar confiaba en la ventaja que tenían los aviones para sorprender a las fuerzas terrestres. Tampoco le dio demasiada importancia a la artillería antiaérea, pues los cañones, en ese momento, no podían competir con la velocidad de los aviones.
Para él, los aviones tenían la gran ventaja de que podían llegar en poco tiempo hasta unas distancias adonde le era imposible llegar a la infantería.
Otra de sus teorías era que la Aviación podía romper la voluntad de resistencia de un país. Eso ocurrió al final de la I Guerra Mundial, cuando Alemania y Austria e, incluso, Rusia, se rindieron por voluntad de su pueblo.
Así que, según él, había que romper los centros vitales de un país y los dividió en 5 objetivos básicos: industria, transportes, comunicaciones, edificios del Gobierno y la voluntad de la gente. Siendo este último su objetivo primordial.
Así se explica los bombardeos aliados sobre Alemania, en la II Guerra Mundial, los cuales llegaron a matar unos 800.000 civiles inocentes.
Tras el acoso a los centros vitales de un país, él pensaba que la guerra no podría durar mucho, pero, si esto no daba resultado, tendrían que intervenir y ocupar el terreno las fuerzas terrestres.
No obstante, su idea de desmoralizar a la población civil a base de bombardeos, ya se demostró errónea
en la Guerra Civil española e igual ocurrió en la II Guerra Mundial. Lo único que consiguieron es que aumentara el nacionalismo y el afán de revancha. En nuestra guerra civil estos bombardeos provocaron muchos asesinatos, como revancha por los muertos provocados por las bombas.
Aunque suene un poco fuerte, fue partidario de utilizar bombas con armas químicas para el bombardeo de las ciudades. Eso es lo que hicieron los italianos en los años 30 en sus guerras en Italia y en Etiopía.
Su idea era que Italia se mantuviera firme y a la defensiva en tierra, mientras en el aire podría mostrarse más ofensiva, dado que sus recursos eran modestos y, aunque estaba rodeada de enemigos con potentes ejércitos, sus fronteras eran montañosas y con unos pocos pasos bien defendibles.
No obstante, hoy en día, ninguno de los 3 ejecitos (tierra, mar o aire) podría ganar una guerra por sí mismo. Siempre necesitaría a los demás.
            Como era un visionario, dio a conocer muchas de sus ideas en sus publicaciones, una de ellas, que se hizo muy popular,  la del “soldado desconocido”,  fue adoptada inmediatamente por otros países.
            Otras de sus obras fueron: “la Armada Aérea”, de 1927; “la conquista del dominio del aire”, de 1928; “probables aspectos de la guerra futura”, de 1928; “Contraofensiva”, del mismo año; “resistir en superficie y formar masa en el aire”, de 1929”, etc. 
            Los estrategas militares que consiguieron la victoria sobre Irak en 1991, siguieron al pie de la letra las doctrinas de nuestro personaje. Bombardearon los centraos vitales y estratégicos del enemigo y fueron defensivos en tierra y ofensivos en el aire, como indicaba Douhet.  
 Murió en su casa, en un pueblo cercano a Roma, en 1930, a consecuencia de un ataque cardíaco.