ESCRIBANO MONACAL

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jueves, 27 de agosto de 2026

EL CONDE-DUQUE DE OLIVARES

 


 Hoy voy a escribir un artículo sobre un personaje del que muchos pensarán que lo saben todo, pero que, si lo leéis hasta el final, veréis que no es tan conocido como parece.

Su nombre fue Gaspar de Guzmán y Pimentel Ribera y Velasco de Tovar. Nació en Roma en 1587, cuando su padre ejercía como embajador español ante el Papado.

Antes de mencionar cómo era su familia, me gustaría dedicar unas líneas para saber quién fue su padre.

Enrique de Guzmán y Ribera fue el segundo conde de Olivares. Pertenecía a una rama menor de la importante dinastía de los Guzmán, duques de Medina Sidonia y dueños de media Andalucía.

Se crió en la corte junto al que luego sería el rey Felipe II. Por ello, participó en la famosa batalla de San Quintín y también en las negociaciones con la corte francesa para el matrimonio del rey con Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia.

Como se suele decir, “al que a un buen árbol se arrima…”. Por eso mismo, Felipe II siempre contó con él para otorgarle puestos muy importantes, como la embajada en Francia y, desde 1582, la de Roma, donde representó a España ante tres Papas sucesivos. Esa fue la razón por la que nuestro personaje nació en Roma.

Curiosamente, Enrique, nunca se llevó muy bien con el Papa Sixto V, porque le pidió que condenara a los católicos, que apoyaban al rey de Francia en su guerra contra la Liga liderada por Felipe II.


Así que el Papa le exigió a nuestro monarca que cesara al embajador, pero Felipe II se negó y esa mala relación terminó cuando murió el Papa y su sucesor mantuvo unas mejores relaciones con España.

Un historiador, contemporáneo suyo, contó una curiosa anécdota. Parece ser que el embajador Olivares estaba acostumbrado a llamar a sus muchos sirvientes con una campanilla. El Papa quiso prohibírselo, alegando que, en Roma, eso sólo era privilegio de los cardenales.

Después de mucho tiempo discutiendo, Olivares tuvo que ceder. Sin embargo, a partir de entonces, instaló un pequeño cañón en su salón y los llamaba a cañonazos. Evidentemente, el Papa tuvo que dar marcha atrás y permitirle que siguiera usando la campanilla.

Más tarde, fue nombrado virrey de Sicilia y, en 1595, virrey de Nápoles, donde hizo una gran labor en su lucha contra los piratas berberiscos. Regresó a Madrid en 1600 y murió en 1607.

Volviendo a nuestro personaje de hoy, hay que decir que tuvo dos hermanos mayores y 3 hermanas. Así que era un segundón de esos que eran destinados a la carrera eclesiástica.

Curiosamente, cuando sólo tenía 5 años, Felipe II, le otorgó el hábito de la Orden de Calatrava. Algo muy apreciado en aquella época.

Como estaba dedicado a ser un clérigo, le enviaron a la Universidad de Salamanca para estudiar Derecho. Algo muy importante para poder ascender en esa carrera.

No vayáis a pensar que tuvo una vida con problemas económicos, como la de cualquier estudiante. Al contrario, tenía 19 sirvientes en Salamanca. Incluso, llegó a ser nombrado rector de los estudiantes.

En 1604, su vida cambió radicalmente. Ese año y el anterior, fallecieron, sucesivamente, sus dos hermanos mayores en sendos accidentes. Así que su padre cambió de idea y lo empezó a preparar para que le sucediera como heredero.

Incluso, preparó su matrimonio con su prima, para lo cual se dice que gastó una fortuna.

Tras su boda, pasa a residir en sus dominios en Sevilla, donde ejerce de mecenas de artistas de todo tipo. También fue muy aficionado a los libros y disfrutó de una gran biblioteca.

A partir de 1615, cuando fue invitado a la boda del príncipe y futuro Felipe IV con Isabel de Borbón, comienza su gran amistad con el futuro soberano.

También influyó que su tío, Baltasar de Zúñiga, fue ministro de Felipe III y le enseñó cómo se gobernaba el país. Por eso mismo, le sucedió a su muerte, en 1622.

Desde entonces, el conde-duque, luchó contra la corrupción del antiguo valido, el duque de Lerma y su hijo.

Al mismo tiempo, como buen reformador, envió al rey el llamado Memorial secreto del conde-duque de Olivares. En pocas palabras, lo que pretendía era levantar la economía de los territorios de la llamada Monarquía Hispánica a base de que todos apechugaran, aportando soldados e impuestos.

Hasta entonces, casi todo el peso de la economía de la Península lo aportaban Castilla y Andalucía. Algo que era, profundamente, injusto. Sin embargo, Aragón siempre ponía excusas y los catalanes, como siempre, dijeron que lo de pagar no iba con ellos.

Así que fracasó lo que se llamó la Unión de Armas. El propio rey y el c
onde-duque se desplazaron a Barcelona para convencer a las Cortes catalanas, pero fracasaron en el intento.

Otra de las cosas que pretendió Olivares fue colocar buenos técnicos en cada materia, donde antes siempre había nobles, que heredaban esos cargos y se iban sucediendo. Evidentemente, esta idea de Olivares no hizo ninguna gracia a la nobleza.

Otra de sus medidas contra la corrupción fue la obligación, que tenían todos los cargos públicos de publicar su patrimonio, antes y después de haber ocupado el cargo.

En 1625, el rey le concedió el título de duque de Sanlúcar la mayor, con grandeza de España. Desde entonces, se le conoció como el conde-duque de Olivares.

Olivares pasó a ser valido del rey en un momento en el que el Imperio español se hallaba en declive a causa de las malas cosechas y de las guerras. También, porque, como ya he dicho, había territorios que aportaban, incluso, en América, mientras que otros siempre se negaron a aportar ni soldados, ni impuestos.

Así que le fue muy difícil gobernar España, que era la primera potencia de aquella época y, como tal, estaba obligada a intervenir en los conflictos en varios continentes. Tal y como luego les ha ocurrido a las siguientes grandes potencias.

En aquella época, las guerras eran interminables, como la de los Treinta años. Ocurrida entre 1618 y 1648.

Eso dio lugar a que el rey decretase varias suspensiones de pagos a base de refinanciar toda la deuda y acudir a otros prestamistas, que cobraran menos intereses y comisiones.

Ciertamente, a Olivares se le podrá acusar de muchas cosas. Sin embargo, todos dicen que era un gran trabajador. Dedicaba unas 16 horas diarias al trabajo.

Tampoco consiguió que los nobles y los clérigos pagaran impuestos. Algo que también ocurría en otros países europeos, porque se trataba de una costumbre de origen medieval.

Una de sus iniciativas fue la construcción del Palacio del Buen Retiro, donde ahora se encuentra el madrileño Parque del Retiro. Hoy en día, de ese edificio sólo quedan en pie el Casón y el antiguo Museo del Ejército.

Parece ser que las tropas enviadas a la guerra contra Francia, que pasaron por Cataluña, no las componían gente muy recomendable. Por lo visto, muchos de ellos eran expresidiarios napolitanos, que habían sido excarcelados para que se alistaran en los tercios. Evidentemente, no se portaron muy bien o, al menos, eso fue lo que dijeron los catalanes y fue lo que dio lugar al llamado Corpus de sangre, con el que se inició, en 1640, la sublevación de Cataluña.

Otros autores dicen que, como Francia no disponía de buenas tropas, lo que hicieron fue intentar crearle problemas a Olivares, a base de sublevaciones en el Imperio. Por eso, en 1640, coincidieron las sublevaciones de Cataluña, Portugal y Andalucía, a las que ya dediqué otro de mis artículos.


Durante varios años, Cataluña resistió mientras tuvo el apoyo de Francia. Portugal consiguió el apoyo de Inglaterra. Sin embargo, Andalucía no consiguió el apoyo de ninguna potencia y pronto fue derrotada.

Al frente de la sublevación de Andalucía se hallaban el duque de Medina Sidonia y el marqués de Ayamonte. El primero sólo fue condenado a una fuerte multa, gracias a los ruegos de Olivares ante el rey, ya que era familiar suyo. Sin embargo, el marqués de Ayamonte fue llevado al Alcázar de Segovia, donde fue juzgado, condenado a muerte y decapitado.

Parece ser que al duque de Medina Sidonia lo había convencido su hermana, que estaba casada con el futuro rey de Portugal, el duque de Braganza, que también era pariente de Olivares.

Eso dio carnaza a los que siempre habían criticado la política de Olivares. Éste, que ya estaba enfermo y además parecía sufrir depresión, pidió al rey que le cesara. El monarca se resistió a hacerlo, porque siempre fueron buenos amigos y le tenía en mucha estima, pero en 1643, aceptó y le dejó marchar a su palacio madrileño en Loeches.

Posteriormente, se trasladó a vivir en el palacio de una de sus hermanas, situado en Toro (Zamora).

Ya sabemos que en España te pueden criticar por una cosa y la contraria. Así que, a partir de entonces, le llovieron las críticas y hasta hubo quien se atrevió a denunciarlo a la infame Inquisición, que le estuvo investigando.

Su estado de postración fue empeorando hasta que falleció en 1645 en Toro. Posteriormente, fue enterrado en el monasterio que construyó en Loeches, donde se construyó el panteón de los duques de Alba, que son sus herederos.

No sé si fue mal visto, porque nunca fue un corrupto, como otros muchos políticos que hemos tenido en este país. Creo que no estaría mal que se le hiciera un homenaje.

 

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2 comentarios:

  1. Buen resumen de la vida de tan insigne y decente personaje. Hoy día haría falta alguien así.

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    1. Como ya he dicho muchas veces, no estaría mal que volvieran a poner en vigor el juicio de residencia y, al menos, los que están gobernando mal lo pagarían, cuando dejaran el cargo.
      Muchas gracias por su comentario y saludos.

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