ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 9 de octubre de 2022

EL DOCTOR STRUENSEE EN LA CORTE DE DINAMARCA

 

Hoy voy a contar la historia de un personaje muy influido por las ideas de progreso, basadas en la Ilustración, pero que, lamentablemente, fue a parar a un sitio donde sus ideas no fueron muy bien valoradas.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Johann Friedrich Struensee y nació en 1737 en una localidad del actual Estado alemán de Sajonia-Anhalt y entonces perteneciente al reino de Prusia.

Su padre fue un pastor protestante y también un respetado profesor de la Universidad de Halle. Sin embargo, ninguno de sus 3 hijos varones quiso dedicarse al clero.

Johann ingresó a los 15 años en la Facultad de Medicina y a los 20 años recibió su licenciatura. Fue durante esa época cuando descubrió los valores de la Ilustración y donde también optó por el ateísmo.

En principio, ejerció la Medicina en los lugares donde iban destinando a su padre. Sin embargo, eso no le satisfizo, porque quería tener independencia económica y allí se ganaba poco.

Parece ser que, en esa zona fronteriza con Dinamarca, logró hacer amistad con algunos daneses muy influyentes y estos lo recomendaron como médico del rey Christian VII de Dinamarca.

Así que, en 1768, acompañó al monarca, durante los ocho meses, que duró la gira que realizó por varios países europeos. Durante ese período aprovechó para ganarse la confianza del rey.

Por lo visto, el médico personal del rey no lo pudo acompañar en ese viaje, porque ya era muy mayor para hacer viajes de ese tipo.

Curiosamente, mientras el séquito real danés estuvo visitando Inglaterra, Struensee fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Cambridge.

A su paso por Francia, lograron conocer a grandes personajes de la Ilustración, como Diderot o d’Alembert.

Al año siguiente, el rey lo nombró su médico personal y, posteriormente, miembro del Consejo de Estado. Éste era un órgano de gobierno, donde los nobles hacían lo que querían, porque el rey era un deficiente mental. Así que nuestro personaje se dio cuenta de lo que había e intentó aportar sus ideas. Como es lógico, eso ya no les gustó tanto a los nobles.

Christian VII estaba casado con una prima hermana suya, la reina Carolina Matilda, una persona perteneciente a la realeza británica. De hecho, era hija del príncipe de Gales.

Al principio, el matrimonio tuvo un hijo, el futuro rey Federico VI. Sin embargo, la enfermedad del rey hizo que la pareja se fuera alejando y hasta llegaron a odiarse. Sin embargo, Struensee consiguió reconciliarlos.

En cuanto a la reina, en un principio, trataba con desdén a nuestro personaje. Sin embargo, luego pasaron a ser muy amigos, para terminar siendo amantes. Incluso, la reina llegó a tener una niña, que se parecía bastante al doctor.

Supongo que el cambio de opinión de la reina hacia el doctor vino cuando a éste le permitieron vacunar al príncipe heredero con la vacuna de la viruela. Una enfermedad que estaba haciendo muchos estragos en Dinamarca. Sin embargo, los miembros del Consejo de Estado se negaron a suministrar más vacunas al resto de la población, alegando que no había fondos para ello.

Todo eso, sirvió para que el rey, que se había hecho muy amigo del doctor, cesara al canciller Bernstorff, que era una especie de presidente del Gobierno y colocara en su lugar a nuestro personaje. Evidentemente, eso le creó muchos enemigos entre la nobleza.

Así que, como abolió el Consejo de Estado, logró gobernar en calidad de regente. Esa etapa duró poco más de un año. Incluso, colocó a un hermano suyo al frente de la Hacienda de ese reino y parece que lo hizo muy bien.

Durante esa etapa aplicó las ideas que había interiorizado de los grandes pensadores de la Ilustración.

Empezó por abolir la tortura y eliminar la censura. 

Redujo los fondos destinados a los nobles, repartió las tierras entre los campesinos, dio unas reglas más justas para acceder al funcionariado, empezó a financiar la sanidad pública, luchó contra la corrupción, abolió la esclavitud, etc. Incluso, suprimió la diferencia, en materia legal, entre hijos legítimos e ilegítimos.

Lógicamente, estas medidas tan ilustradas hicieron saltar muchas alarmas entre la tradicional clase gobernante. Sobre todo, entre los terratenientes.  Por ello, buscaron la alianza con la reina madre Juliana María y con el príncipe Federico, hermano menor del rey.

No hará falta decir que había un sacerdote detrás de esta conspiración. En este caso, se trataba de un pastor protestante, llamado Ove Hoegh-Guydberg, que había sido el preceptor del príncipe Federico.

Parece ser que nuestro personaje también se había ganado la animadversión del clero, cuando ordenó que no se tuviera en cuenta la religión de los candidatos para ser profesores o catedráticos en la Universidad, porque habían rechazado a dos que eran judíos.

También abolió muchos privilegios y unificó los tribunales de Justicia. Esto tampoco gustó a muchos. Sobre todo, a muchos de los funcionarios que fueron despedidos de sus puestos en los antiguos tribunales.

Los conspiradores se valieron de la libertad de prensa para insultar al regente por medio de la prensa escrita y también mediante la colocación de carteles en las calles.

También exageraron las relaciones entre el doctor y la reina e, incluso, el influjo sobre la voluntad del rey del cual desconocían que padeciera esquizofrenia. Además, propagaron que el doctor estaba emitiendo decretos sin la firma del rey.

También airearon que, en cierta ocasión, el rey tuvo un ataque y Brandt le dio una bofetada. Un detalle que no gustó nada al pueblo, que sentía veneración por la Casa Real.

Incluso, entre los noruegos, porque no olvidemos que, en aquella época, Noruega pertenecía a Dinamarca. Al igual que Islandia y Groenlandia.

Otro de los bulos que hicieron correr los conspiradores era que nuestro personaje quería expulsar al rey y luego reinar, casándose con la reina.

Poco a poco, fueron quebrando el prestigio del regente. Incluso, le dijeron al rey que el doctor lo estaba envenenando.  En enero de 1772, cuando ya lo vieron a punto de caer, se decidieron a dar un golpe de Estado.

Los conspiradores sobornaron a los guardias de palacio y detuvieron a Struensee y a su colaborador, el conde Enevold Brandt.

Por el contrario, metieron al monarca en su carroza dorada y lo pasearon por la capital para hacer creer que lo habían liberado de su “secuestro”.

Mientras tanto, también detuvieron a la reina a la cual le hicieron confesar su relación ilícita, tras lo cual, fue repudiada por el monarca.

Struensee y Brandt fueron encerrados en una fortaleza, donde fueron sometidos a constantes torturas.

Curiosamente, los conspiradores ni siquiera se molestaron en pedir unas órdenes de detención firmadas por el rey. No obstante, los guardias procedieron a realizar esas detenciones. Algo completamente ilegal.

En abril de 1772, ambos prisioneros fueron sometidos a una especie de juicio, donde ya estaba decidida la condena para ambos. Así que fueron condenados a que, primeramente, les fuera amputada una mano para luego ser decapitados.

Parece ser que los conspiradores engañaron al rey y éste no pudo otorgarles su perdón a tiempo. Por tanto, el 28 de abril de ese año, ambos fueron conducidos al cadalso, situado en las afueras de la capital, y decapitados públicamente, en medio del alborozo general. Posteriormente, sus cuerpos fueron descuartizados y sus restos colgados en unas picas.

Evidentemente, el mencionado pastor protestante se afanó en eliminar todas y cada una de las normas establecidas por el doctor.

Incluso, dictó una ley para que los extranjeros no pudieran volver a ostentar cargos públicos en el Gobierno de Dinamarca.

Como buen nacionalista, apoyó a los intelectuales de su país y eso le dio mucha popularidad. Sin embargo, la mala gestión de la economía y el aumento de la corrupción hizo que esa popularidad cayera en picado. Incluso, se ganó la enemistad del príncipe heredero.

En 1784, Federico, hijo del rey Christian VII, fue declarado mayor de edad. No hay que olvidar que había sido formado por el doctor Struensee. Así que dio un golpe de Estado, quitándoles la regencia a su abuela y a su tío y logrando amplios poderes.

Así que volvió a poner en práctica muchas de las normas dictadas por el doctor Struensee para modernizar su país. Esto puede sonar como una venganza del Dr Struensee, pero fue lo que, verdaderamente, ocurrió.

 



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domingo, 11 de septiembre de 2022

LA VERTIGINOSA VIDA DEL PRESIDENTE THEODORE ROOSEVELT

 

Ciertamente, no soy muy dado a hablar de la vida de los políticos. Sin embargo, hoy voy a hacer una excepción y voy a narrar la vida de este personaje, que llegó a ser presidente de USA. De hecho, los ciudadanos de ese país, siguen pensando que fue uno de sus mejores presidentes.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Theodore Roosevelt jr. Nació en Nueva York, en 1858. Parece ser que su familia era muy acomodada. Su padre tenía una empresa de importación-exportación. Por lo visto, aparte de empresario, también fue un gran filántropo. Siendo uno de los fundadores del famoso Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y también aportó muchos fondos a la causa nordista, en la guerra civil USA.

Theodore fue el segundo hijo de ese matrimonio. Curiosamente, Elliot, el tercero de los hermanos tuvo una hija llamada Eleanor, que luego se casó con un primo lejano suyo. El futuro presidente Franklin D. Roosevelt.

Por lo visto, de pequeño sufrió asma. Nadie lo hubiera dicho a la vista de las fotos, donde parece un tipo con muy buena forma física. De hecho, dicen que era muy aficionado a realizar ejercicios gimnásticos. Incluso, le gustaba bañarse desnudo en el río Potomac, en pleno invierno.

En 1880 acabó la carrera de Historia en la Universidad de Harvard y, poco después, se casó con la hija de un banquero.

En 1882, publicó su primera obra histórica, “La guerra naval de 1812”. Una obra en la que hizo un análisis pormenorizado de la armadas británica y USA. 

Según parece, tuvo una gran repercusión en su época. Incluso, afirmó que sólo un país con la flota más poderosa del mundo, podría dominar todos los mares y esto podría ser aprovechado por los diplomáticos.

Cuatro años después, tuvieron una hija, pero, desgraciadamente, su esposa murió, pocos días después del parto. Así que dejó el bebé al cuidado de una de sus hermanas.

Fue miembro de la Asamblea del Estado de Nueva York. Desde allí, luchó, incasablemente, contra la corrupción. Denunció a todos los corruptos, ya fuesen empresarios, políticos, jueces, etc.

Todo ello, le valió su reelección y llegó a ser el líder del Partido Re
publicano en esa cámara legislativa. Sin embargo, no consiguió ser elegido presidente de la misma.

Parece ser que quedó muy defraudado por el triunfo del ala conservadora de su partido, ya que él siempre fue un reformador. Así que, durante un tiempo, dejó la política y se trasladó al territorio de Dakota, donde compró una granja para dedicarse a la ganadería. Se convirtió en un vaquero y admiró las costumbres de estos.

Sin embargo, no tuvo mucha suerte, porque el invierno de 1886 fue muy duro y acabó con la mayoría de las cabezas de ganado de aquella zona. Por ello, regresó a Nueva York, aunque siempre luchó a favor de los intereses de los ganaderos.

Ese mismo año, se casó por segunda vez, aunque parece ser que su familia no aprobó ese nuevo matrimonio. No obstante, la pareja tuvo 5 hijos.

Posteriormente, se presentó como candidato a la alcaldía de Nueva York, pero no resultó elegido. Así que escribió un nuevo libro sobre la emigración de los ciudadanos USA hacia el oeste de su país, con el que obtuvo un gran éxito.

Tras su apoyo al candidato republicano Harrison, cuando éste obtuvo la presidencia de USA, le nombró una especie de director general del funcionariado. Un puesto desde el que nuestro personaje siguió combatiendo la corrupción del sistema.

En 1894, le ofrecieron el puesto de jefe de la Policía de la ciudad de Nueva York. Todo un reto, porque era un organismo donde abundaban los corruptos. Así que allí hizo una buena limpieza.

Aparte de eso, les exigió exámenes físicos anuales y frecuentes inspecciones de armas. Incluso, hizo amistad con un periodista llamado Jacob Riis, que se dedicaba a escribir sobre los barrios bajos de esa ciudad y solían pasear juntos por ellos. También paseaba para ver si se realizaban las rondas policiales.

En 1896, nuestro personaje apoyó a William McKinley, como candidato a la presidencia USA y, cuando éste fue elegido, nombró a Theodore subsecretario de Marina, aunque, realmente, era él y no el secretario el que tomaba las decisiones en ese Ministerio.

Parece ser que su mentor para estos puestos fue el importante político Henry Cabot Lodge. Es posible que a alguien le suene este nombre. Ciertamente, uno de sus nietos, que se 

llamaba igual, fue embajador de USA en varios países y también en la ONU, durante los años 60.

Precisamente, fue Theodore el que más influyó en el presidente McKinley para que le declarara la guerra a España por el tema de Cuba. Lo veía como una forma de expulsar a las potencias europeas de América y también como una ocasión para probar la fuerza efectiva del Ejército y la Armada USA.

La excusa que utilizaron fue que a mediados de febrero de 1898, se produjo la explosión del crucero USS Maine en el puerto de La Habana.

Curiosamente, aunque McKinley intentó una solución diplomática, Theodore dio las órdenes oportunas para que su flota se repartiera entre Cuba y Filipinas.

Curiosamente, como a nuestro personaje se ve que le iba la marcha, en cuanto se declaró la guerra, dimitió de su puesto gubernamental para fundar un regimiento de Caballería e ir, voluntariamente, a luchar a Cuba. Igualito que los políticos españoles.

Ciertamente, Theodore ya había militado en la Guardia nacional de Nueva York y eso le permitió formar a sus soldados. Fue nombrado coronel y siempre le gustó que le llamaran por ese grado.

Curiosamente, en su regimiento había gente de todo tipo. Incluso, hasta algunos indios. Fue asignado dentro de una división de Caballería a cuyo frente se hallaba un antiguo general confederado.

Su bautismo de fuego lo tuvieron el día de San Juan de 1898 y, al mes siguiente, participaron en una pequeña batalla, cuya victoria magnificaron en la prensa.

Ese mismo año, regresó a USA, al mando de su unidad. Unos meses después, el Partido Republicano le propuso a Theodore ser candidato al puesto de gobernador de Nueva York. Cosa que aceptó, ganando por un estrecho margen.

Parece ser que el presidente de su partido, Thomas Platt, lo quiso tener bien atado y hasta le obligó a que le consultara los nombres de la gente que iba a nombrar para cargos importantes, antes de hacerlo. Sin embargo, Theodore consiguió imponer a las personas de su máxima confianza.

Incluso, aumentó los impuestos a las grandes corporaciones, que se beneficiaban de unos suculentos contratos con el Estado.

Por lo visto, Theodore no era muy del agrado de Platt, así que éste hizo todo lo posible para quitárselo del medio.

Precisamente, el vicepresidente USA murió de un infarto y el puesto se hallaba vacante. Así que Platt propuso la candidatura de Theodore para ese puesto y, en 1901, fue elegido en la Convención republicana.

Evidentemente, no era una persona idónea para un puesto donde no tienen que hacer casi nada. Precisamente, el puesto de vicepresidente lleva aparejado el de presidente del Senado. Ciertamente, presidió esa cámara durante unos días, pero luego la dejó por aburrimiento.

Una de sus frases más populares fue: “Habla suavemente, pero lleva un buen garrote. Así llegarás lejos”.

Desgraciadamente, cuando, en septiembre de 1901, el presidente McKinley asistía a una exposición en la ciudad de Buffalo, en el estado de Nueva York, sufrió un grave atentado.

En principio, parecía que se iba a recuperar de esos disparos. Theodore fue a visitarlo, pero luego volvió a su lugar de vacaciones.

Inesperadamente, una semana después, murió y Theodore fue nombrado, en la ciudad de Buffalo, nuevo presidente de USA.

Parece ser que muchos de sus compañeros de partido estaban alarmados, porque siempre quisieron quitarle protagonismo, sin embargo, esta vez, el jefe era él.

No obstante, se comprometió a seguir la línea de gobierno de McKinley y permitió que todos los miembros del Gobierno conservasen su puesto.

Por el contrario, empezó una denodada lucha contra los monopolios

empresariales, enfrentándose a muchas importantes corporaciones.

Parece ser que le gustaba reformarlo todo desde las normas de las academias militares hasta las reglas del fútbol americano. Incluso, en cierta ocasión triunfó mediando en una huelga de unos mineros contra JP Morgan. Consiguiendo que les subieran el sueldo y reduciendo su jornada laboral.

En 1902, se descubrieron varios casos de corrupción en el Servicio Indígena y en Correos. Theodore, ordenó que se investigara a fondo este tema y llevó a los implicados ante la Justicia.

En 1906 hubo muchas protestas a causa de los abusos en la industria de los alimentos envasados. Así que se puso manos a la obra y redactó una serie de medidas para perseguir legalmente a las empresas fabricantes de los productos, cuya etiqueta no correspondiese con la calidad de lo envasado o los que llevasen productos químicos nocivos. Incluso, esa ley afectó a la industria farmacéutica.

Por otro lado, fue un ferviente partidario de la conservación de los espacios naturales y fundó el Servicio Forestal USA. También creó los primeros 5 parques nacionales y los primeros 18 monumentos nacionales.

En 1904 estalló la guerra ruso-japonesa. Theodore hizo grandes esfuerzos por conseguir una paz aceptable por ambas partes y la consiguió al año siguiente. Por este motivo, fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz.

Centró su política exterior en una ampliación de sus relaciones diplomáticas con el Reino Unido, ya que desconfiaba de las intenciones del Kaiser de Alemania y del zar de Rusia.

A partir de su mandato, USA se convirtió en una gran potencia económica y militar y empezó a ejercer como una especie de policía a nivel internacional.

Sin embargo, ya previó que Japón podría convertirse en una potencia militar. Así que pactó con ellos que les dejaría seguir ocupando Corea, mientras ellos les dejaran seguir en Filipinas.

También fue uno de los promotores del famoso Canal de Panamá. Algo que sigue siendo extremadamente útil para la navegación comercial y militar.

Otra de sus obsesiones fue limitar la influencia en la política de las corporaciones financieras e industriales.

Parece ser que siempre fue muy amable con los periodistas y también el creador de las famosas ruedas de prensa de la Casa Blanca. Era su forma de contactar con sus votantes de clase media.

En 1904 fue reelegido como presidente y entonces dijo que no volvería a presentarse a otra reelección. Hay que decir que entonces no había límites para ser reelegido. Sin embargo, ya no pudo hacer tantas cosas, pues el Congreso estaba dominado por los demócratas y se opusieron a muchos de sus proyectos.

Así que propuso como su sucesor a su secretario de guerra, William Howard Taft, el cual fue elegido para la presidencia USA en las elecciones de 1908.

Posteriormente, creó el Partido Progresista, con el que se presentó a las elecciones de 1912. Ciertamente, no tuvo demasiados apoyos, porque criticó muy duramente a las corporaciones.

Durante esa campaña electoral, a mediados de octubre de 1912, 

cuando se hallaba en Milwaukee (Wisconsin) fue víctima de un atentado. Un loco le disparó con un revólver.

Curiosamente, aunque la bala penetró en su cuerpo, se negó a cancelar el discurso que iba a dar y, sólo cuando terminó, fue cuando aceptó ser llevado a un hospital.

Parece ser que tuvo suerte, porque la bala no penetró en la pleura. No sé si es que la Medicina no estaba tan adelantada como ahora, lo cierto es que los médicos prefirieron no tocarla y pasó el resto de su vida con esa bala alojada en el interior de su cuerpo.

No obstante, llegó a tener bastante éxito en esas elecciones. Llegó a quedar el segundo, tras Woodrow Wilson y por delante del presidente Taft. Sin embargo, tras el

fracaso de su nuevo partido en las elecciones de 1916, decidió reincorporarse a su antiguo partido.

Cuando USA quiso intervenir en la I Guerra Mundial, Theodore quiso hacer lo mismo que en la guerra de Cuba. O sea, organizar una unidad militar y participar en ese conflicto. Sin embargo, el presidente Wilson no se lo permitió y eso no le hizo ninguna gracia. Supongo que le hicieron un favor, porque ya tenía el cuerpo muy machacado entre el atentado y los viajes de exploración, que solía hacer a zonas inhóspitas.

Precisamente, el hijo menor de Theodore se hizo piloto y combatió en Francia, muriendo, cuando su avión fue derribado en un combate aéreo. Fue un trago muy duro para su padre.

También fue un luchador por la paz mundial. Precisamente, en 1910, durante la ceremonia en la que entregaron el Premio Nobel de la Paz, pronunció un discurso en el que se declaró partidario de que se creara un organismo supranacional que velara por la paz mundial. Lo que luego fue la Sociedad de Naciones y después la ONU.

No sé sería por la rivalidad existente entre nuestro personaje y el nuevo presidente Wilson, lo cierto es que USA nunca quiso ingresar en la Liga de Naciones.

Aunque ya era un poco mayor, los republicanos pretendían que se presentase a las elecciones de 1920. No obstante, él argumentó ser un gran seguidor de Lincoln. Por ello, puso como condiciones que le apoyaran para crear un sistema público de pensiones, otro por enfermedad y paro, una campaña para construir muchas viviendas de protección oficial para familias con pocos recursos, reducción en la jornada laboral, subvenciones a los agricultores, un mayor control sobre las grandes empresas, etc.

Supongo que esas medidas harían chirriar las meninges de muchos

republicanos conservadores y no aceptaron sus condiciones. Dado que muchas de esas grandes empresas financiaban a los republicanos.

Desgraciadamente, a primeros de enero de 1919, recayó con unos graves problemas respiratorios. Le atendió su médico personal, pero no pudo hacer mucho y murió mientras estaba dormido.

Actualmente, se le recuerda como uno de los cinco mejores presidentes de toda la historia de USA. De hecho, en 1927, se esculpió su efigie, junto a la de los presidentes Washington, Jefferson y Lincoln en el famoso monte Rushmore.

Incluso, un portaviones y un submarino fueron botados con su nombre. Hasta a los famosos osos de peluches les denominan Teddy. Un diminutivo que a él no le gustaba nada.

Para terminar, voy a mencionar una frase que siempre me ha gustado, pronunciada por nuestro personaje: “Detrás del gobierno visible, se halla entronizado un gobierno invisible, que no debe lealtad a nadie y no reconoce ninguna responsabilidad hacia el pueblo. Destruir este gobierno invisible, denunciar la blasfema alianza entre la corrupción económica y la corrupción política, es la principal tarea del estadista de nuestros días”.

Hubo otro presidente, que también se refirió en uno de sus últimos discursos a ese “gobierno invisible”. Me refiero al malogrado John F. Kennedy.

 

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miércoles, 17 de agosto de 2022

ALEJANDRO DUMAS, PADRE, Y SUS NEGROS

 

Hoy traigo al blog la curiosa historia de este famoso autor de novelas de acción. Ciertamente, muchos me dirán que es un autor muy conocido, pero, seguramente, no sabrán que muchas de sus novelas no fueron escritas, enteramente, por él, sino por otras manos.

Como siempre, voy a presentar al personaje de hoy. Su nombre fue Alexandre Dumas Davy de la Pailleterie y nació en 1802 en un pequeño pueblo de la región de la Picardía francesa.

Su abuelo fue un noble francés arruinado, que emigró en busca de fortuna a lo que ahora es Haití. Allí tuvo 4 hijos con una antigua esclava negra.

Parece ser que, al cabo de los años, el noble tuvo que volver apresuradamente a Francia para cobrar una herencia. Como no tenía dinero, no se le ocurrió cosa mejor que vender como esclavos a sus propios hijos.

En el caso de Thomas Alexandre, el abuelo de nuestro personaje, fue recuperado por su padre, el cual se lo llevó a Francia. Allí le proporcionó la típica educación de un joven de la nobleza, aunque también tuvo que aguantar el racismo de la época.

Más tarde, parece ser que a Thomas Alexandre no le gustó nada la idea de que su padre se casase por segunda vez con una mujer muy joven. Así que abandonó el domicilio familiar y se enroló en el Ejército.

Por lo visto, era un tipo alto y de complexión atlética, un experto en esgrima al que se le dio muy bien la vida militar. Allí luchó junto a un grupo de amigos y casi todos llegaron al generalato. Algunos dicen que esas historias, que le contó su padre a nuestro personaje, le sirvieron de inspiración para escribir Los tres mosqueteros.

En el verano de 1789, la unidad de Thomas Alexandre fue enviada a un pueblo, llamado Villers-Cotterêts, en la Picardía.

Como no había donde alojar a tantos militares, los oficiales se alojaron en posadas. Así que Thomas se enamoró de la hija de su posadero. Se comprometieron en 1789, pero no se casaron hasta 3 años después, porque el posadero exigió que, para llevarse a cabo la boda, el novio tenía que haber ascendido a 

general. Parece ser que no le fue muy difícil, pues miles de oficiales estaban siendo guillotinados durante la Revolución Francesa.

Esa fue la razón por la que nuestro personaje nació en ese remoto pueblo de la Picardía francesa. Tenía a gala haber nacido en un pueblo cercano a otros dos, donde nacieron Racine y La Fontaine.

No voy a extenderme más sobre la vida del general Thomas Alexandre Dumas, porque, seguramente, escribiré otro artículo sobre él.

Alejandro vivió con sus padres y su hermana en una pequeña mansión. Desgraciadamente, su padre murió cuando él aún no había cumplido los 4 años. El Ejército no le quiso pagar todo lo que le debía, así que la viuda y sus hijos tuvieron que irse a vivir con los padres de ella.

Su ruinosa situación económica hizo que Alejandro no pudiera ir hasta los 9 años a la escuela y sólo estuvo allí durante dos años. Así que no pudo obtener una buena educación. Lo que sí parece cierto es que allí fue donde se aficionó a las novelas de aventuras.

Como tenía una buena caligrafía, pronto fue recomendado para trabajar en una notaría de un amigo de la familia. Allí conoció a un amigo, Adolphe de Leuven, que le introdujo en la poesía. Juntos escribieron poemas, obras de teatro, etc.

Así que, en 1823, se decide por marchar a París. Tenía muy poco dinero, sin embargo, pronto encontró trabajo como oficinista.

Posteriormente, gracias a un general amigo de la familia, es contratado en la secretaría del duque de Orleans, el futuro rey Luis Felipe I de Francia. Eso le sirvió para poder traerse a su familia a París.

Como se trataba de un tipo simpático y con una conversación muy entretenida, hizo muchos amigos y eso le dió cierta fama en los salones de París. También solía acudir mucho al teatro, donde sacaba inspiración para sus nuevas obras.

Gracias a ello, consigue estrenar varias de sus obras en la famosa Comédie Française. Esas obras dramáticas de tipo histórico le hacen ganar popularidad.

A pesar del racismo imperante en la época, era muy mujeriego y se

sabe que tuvo varios hijos con diferentes amantes.

Precisamente, en 1824, nace su hijo, también llamado Alejandro Dumas, como su padre, que luego sería otro afamado escritor de muchas obras, como La dama de las camelias. La madre del niño era una costurera, vecina de la misma calle donde vivía nuestro personaje.

Por lo visto, Alejandro, tardó 7 años en reconocer la paternidad de este hijo, pero, al final, lo hizo.

En 1840, se casó con la actriz Ida Ferrer. Ese mismo año fue elegido como candidato para ingresar en la Academia Francesa. Parece ser que el matrimonio no fue muy afortunado, porque sólo duró 4 años. Supongo que su esposa no querría aguantar las continuas infidelidades de Alejandro.

Parece ser que la fama le llegó casi de golpe y eso hizo que los editores le presionaran para que escribiera muchas más obras. Aunque la mayoría de ellas se publicaron en periódicos por el sistema de novela por entregas. Más o menos, como las series que se emiten en la tv, con capítulos que se van siguiendo unos a otros.

Así que se le ocurrió empezar a contratar los llamados “negros”. Estos son muy conocidos en el mundo literario. Se trata de unos escritores, que no han alcanzado la fama y que, normalmente, por necesidades económicas, escriben para otros.

El negro más conocido de Dumas se llamaba Auguste Maquet. Se trataba de un personaje muy metódico, que solía trabajar más de 12 horas diarias y era el que investigaba los temas para las obras.

El procedimiento era el siguiente. Dumas proponía un tema a Maquet. Éste investigaba sobre ello y escribía la estructura de la obra. Luego la terminaba Dumas, añadiéndole las escenas de acción, los diálogos y algunas anécdotas o chistes, que hicieran que el lector se animase a leer esa novela hasta el final.

Parece ser que Dumas llegó a tener unos 63 negros a su servicio. Se cuenta que, en cierta ocasión, se murió uno de sus negros y Dumas fue a su entierro. Al terminar el mismo, se le acercó un tipo para decirle que le gustaría poder seguir escribiendo para él. Dumas no lo conocía y le preguntó quién era. Éste le respondió que era un negro del negro, que había fallecido.

Por lo visto, era tal la demanda de sus novelas, que a veces tenían que entregar 40 capítulos cada mes. Así que a Dumas no le daba tiempo ni a leerlas.

En cierta ocasión, se encontró con su hijo Alejandro y le preguntó si había leído su última novela. Éste le dijo que sí y luego le preguntó a su padre si también la había leído él. Parece ser que no se atrevió a decirle que no.

Al cabo de los años, Maquet se enemistó con Dumas y lo denunció ante la Justicia a fin de que reconocieran que buena parte de las obras de Dumas no las había escrito nuestro personaje, sino él. Aparte de que le debía mucho dinero por su trabajo, ya que Dumas era muy gastoso y no era buen pagador.

Por lo visto, el juez apreció que todas las novelas tenían el estilo de Dumas. Así que no reconoció la coautoría de Maquet. Sin embargo, sí que condenó a Dumas a pagarle todas sus deudas a Maquet.

Como ya se sabe que los abogados recomiendan ir a los acuerdos antes de empezar un pleito, éste tuvo profundas consecuencias. Dumas y Maquet dejaron de trabajar juntos. A partir de entonces, las novelas de Dumas no tuvieron tanto éxito, mientras que Maquet, que empezó a publicar por su cuenta, no tuvo ninguno. Por lo visto, era un buen escritor, pero le faltaba esa chispa, que sólo poseen los genios, como Dumas.

Algo lamentable, porque juntos habían escrito obras muy importantes, como Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo.

En 1846, el ministro francés de Cultura invitó a Dumas, su hijo y otros amigos a un viaje a Argelia, que, desde 1830, era una colonia francesa. Partiendo de París llegaron a Cádiz y allí se embarcaron para ese viaje. A su regreso, Dumas escribió De París a Cádiz y La Veloce, que era el nombre del barco en el que realizaron el viaje.

Curiosamente, participó en la Revolución de 1848, un movimiento de la pequeña burguesía, que consiguió derrocar al rey Luis Felipe I de Francia. El mismo para el que había trabajado, cuando llegó a París.

En 1851 se opuso al golpe de Estado efectuado por Luis Napoleón, para dejar de ser el presidente de la República y convertirse en el emperador Napoleón III. Así que tuvo que exiliarse en Bruselas acompañado de Víctor Hugo, que también se había opuesto al golpe.

Aunque ganó muchísimo dinero con sus obras, también le gustaba derrocharlo. Se dedicaba a mantener a sus muchos hijos y a sus amantes. Incluso, se hizo construir un palacete, al que llamó Montecristo y al que decoró con los muebles más lujosos. Incluso, mandó construir otro más pequeño, al que llamó castillo d’If. Recordando la isla donde estuvo preso el conde de Montecristo. Actualmente, ambos edificios forman parte de un museo dedicado a rememorar a este personaje.

Es más, a pesar de sus enormes ganancias, siempre gastaba 
mucho más y solía vivir a base de créditos, que iba pagando con los ingresos que iba obteniendo con las futuras obras.

En 1858, una familia aristocrática de ese país, le invitó a viajar a Rusia. En los 9 meses que residió en ese país, pudo ver muchas de sus ciudades y paisajes. Debió de gustarle mucho, porque, a su regreso, escribió varias obras sobre sus experiencias en el territorio ruso.

Al año siguiente, conoció al revolucionario italiano Garibaldi y apoyó la causa de la unificación de Italia. No sé si tendría que ver algo en ello, lo cierto es que el Papa incluyó todas las novelas románticas suyas y las de su hijo en el Índice de libros prohibidos por la Iglesia. Ciertamente, buscaban arrebatarles muchos miles de lectores.

No obstante, no debió de afectarles mucho, porque siguieron publicando novelas por entregas en los periódicos parisinos.

En 1870, su salud se resiente y, dada la situación de guerra con Prusia y el asedio a París, se refugia en la casa de su hijo en Puys.

Desgraciadamente, su estado de salud se agrava por culpa de un derrame cerebral y muere en diciembre de ese año a causa de una parada cardíaca.

En 1872, por decisión de su hijo, su cadáver fue sepultado en su pueblo natal. Sin embargo, en 2002, el presidente francés, Jacques Chirac, ordenó su traslado al Panteón de París, que es donde ahora se halla.

Siempre fue muy aficionado a la cocina. En esa mansión fue recopilando recetas de cocina de los países que había visitado. Esa obra se publicará unos años después de su muerte, con el título de Gran diccionario de cocina.

A Dumas se le atribuyen unas 300 obras, entre novelas, cuentos, narraciones infantiles, obras sobre viajes, biografías, teatro y, sobre todo, novelas históricas. Sus obras han sido traducidas a más de 100 idiomas.

Un gran autor, cuyas novelas nos hicieron soñar a todos.

 

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lunes, 8 de agosto de 2022

EL MITO DE MARINA GINESTÀ

 

Hoy voy a narrar una historia, que está repleta de inexactitudes, por decirlo de una manera muy fina.

Es muy posible que mucha gente haya visto la foto de una joven miliciana, morena, con el pelo corto y con un fusil a la espalda.

El personaje de hoy se llamaba Marina Ginestà Coloma. Hay quien afirma que era catalana, pero no es cierto. Nació en 1919, en Toulouse (Francia). Su único hermano, Albert, había nacido 3 años antes en la misma localidad.

Nació en una familia, que siempre apostó por las reivindicaciones sociales. Sus padres fueron el catalán Bruno Ginestà y la valenciana Empar Coloma, ambos de ideología comunista. 

Mientras que su abuela fue nada menos que la valenciana Micaela Chalmeta o Xalmeta Martí, la cual se hizo famosa como una mujer feminista y que siempre luchó para que las mujeres se organizaran en cooperativas, sobre todo, de consumo, para luchar contra las subidas de los precios de los alimentos.

Parece ser que a su partido, el PSOE, no le gustaba nada eso del feminismo y le costó mucho convencerles para que admitieran agrupaciones feministas en su seno.

En 1909, según parece, su familia había participado en los violentos sucesos de la Semana Trágica, en Barcelona y esa podría ser la razón por la que se exiliaron en Francia. Aunque también pudiera ser porque Bruno, el padre de Marina, no quería ir a luchar a la impopular guerra de África.

Esto me recuerda a lo que dicen algunos militares, que lo son “por tradición familiar”. Así que Marina y su hermano supongo que se harían comunistas por el mismo motivo.

En 1928, la familia decidió volver a España. Por lo visto, volvieron atraídos por la gran demanda de trabajadores, con motivo de la Exposición Universal a celebrar en Barcelona. Me parece que eligieron un momento poco afortunado, porque entonces estaba vigente la dictadura del general Primo de Rivera.

Así que, para empezar, al padre de Marina lo encarcelaron por no haber querido hacer el servicio militar cuando le tocó hacerlo.

Ciertamente, las cosas les fueron mucho mejor, tras la proclamación de la II República. Ya se pudieron dedicar, más o menos, abiertamente a sus actividades políticas.

Curiosamente, Empar se presentó a las elecciones municipales de 1933, compitiendo nada menos que con Lina Odena. Esta última era una joven, favorita de la Pasionaria para que la sucediera en el mando del PCE. Murió, durante la guerra civil, en Andalucía.

Incluso, en 1934, Empar llegó a visitar la URSS, en compañía de otras dos militantes de su partido, para ver los progresos realizados por el régimen comunista en ese país. A su regreso, impartieron varias conferencias para narrar lo que vieron allí.

Así que, como he dicho, Albert y Marina, se afiliaron, desde muy jóvenes, a las juventudes del antiguo PCC. O sea, el Partido Comunista de Cataluña. Grupo que luego se fusionaría con el PSUC.

Parece ser que Marina estuvo saliendo un tiempo con Ramón Mercader, amigo de su hermano Albert y el que luego fue el asesino del líder comunista Trotsky. Sin embargo, parece ser que Caridad, la madre de Ramón, quería algo parecido a un mejor partido para su hijo y dejaron de salir. Como se suele decir: “siempre ha habido clases”.

En 1936, Marina también participó en aquella famosa Olimpiada Popular, que se iba a celebrar en Barcelona y donde también iba a competir un tío mío.

Esa Olimpiada fue organizada por la Internacional para hacer sombra a los Juegos Olímpicos de Berlín. Casualmente, Barcelona también había sido candidata para organizar 

los juegos, pero la ciudad elegida fue Berlín, donde entonces ya gobernaba Hitler y éste la aprovechó para hacer propaganda de su régimen.

Marina no iba a participar como deportista, sino que, como hablaba muy bien francés, fue contratada como traductora de ese idioma. Aunque parece ser que se estuvo entrenando para correr en alguna de las pruebas.

Desgraciadamente, ese certamen no se pudo realizar en Barcelona, porque, justamente, el día en que se iba a inaugurar, comenzó la guerra civil española y todas las delegaciones internacionales tuvieron que marchar, apresuradamente, de España.

En Barcelona se combatió durante varias horas. Uno de los lugares, donde pretendieron hacerse fuertes los golpistas fue el Hotel Colón, de Barcelona. Situado en la famosa Plaza de Cataluña.

Una vez que esas tropas se rindieron, los milicianos de las JSUC incautaron ese edificio y lo convirtieron en su sede central.

Alí estuvo trabajando Marina como mecanógrafa y allí fue donde la encontró un fotógrafo llamado Juan Guzmán.

Esa es la primera inexactitud. Este tipo no se llamaba así, sino que era un alemán que, entre otras cosas, se dedicaba a la fotografía y su verdadero nombre era Hans Gutmann.

Este hombre no se limitó a ejercer como fotógrafo, sino que, durante la guerra civil, combatió en el bando republicano como oficial de ingenieros, ya que había estudiado unos cursos de Ingeniería en su país de origen.

No sé de quién sería la idea de hacerle esa foto a Marina en la terraza del Hotel Colón. En ella, se da a entender que es una miliciana haciendo guardia con un fusil al hombro.

Otra inexactitud, pues Marina nunca llevó un fusil, sino que se
lo prestó alguien para esa foto. Es más, cuando fue a coger esa arma, se le escapó un tiro y casi se carga a otro miliciano.

Con el tiempo, esa fotografía fue comprada, junto con el resto de su colección, a la viuda de Guzmán, por la española Agencia Efe.

Posteriormente, cuando empezaron a llegar los periodistas y consejeros soviéticos, hicieron falta muchos traductores. Marina fue asignada como traductora a un periodista que se hizo famoso en España y del que ya hablé en otros de mis artículos, Mijail Koltsov. Un tipo muy respetado por el resto de los soviéticos, pues era considerado como los ojos y los oídos de Stalin en España. Así que había que tener cuidado con lo que se decía delante de él. No hará falta decir que el periodista y ella se comunicaban en francés.

Durante el transcurso de la guerra, Marina pasó a ser periodista, llegando a ser redactora del periódico comunista Verdad, que se editaba en Valencia.

Al final de la guerra, supongo que sería una de esos miles de republicanos, que se agruparon en el puerto de Alicante, pensando que iría algún barco a rescatarles. Sin embargo, allí fueron detenidos por las tropas nacionales.

Fue conducida, como tantos otros a un campo de concentración. Afortunadamente, como no vieron que tuviera ningún tipo de responsabilidad sobre lo ocurrido en la guerra, a las pocas semanas, la dejaron en libertad.

Más tarde, se reencontró con su novio y se trasladaron a un pueblo pirenaico, cercano a la frontera francesa. Posteriormente, decidieron huir a Francia, sin embargo, su novio no consiguió cruzar la frontera y murió.

En Francia no tuvo problemas para hacerse pasar por una francesa más y consiguió contactar con sus padres, que habían sido encerrados en un campo de concentración.

Como les ocurrió a muchos de los republicanos españoles que huyeron a ese país. Así que los sacó de allí.

Cuando se produjo la invasión alemana de Francia, huyó con su familia hacia México. Sin embargo, durante la travesía en barco, conoció a otro republicano exiliado, llamado Manuel Periáñez, que había sido comandante de Caballería, con el que se casó. Decidieron quedarse en la República Dominicana, donde nació su hijo.

Allí residieron hasta mediados de los años 40, cuando el dictador Trujillo, que era amigo de Franco, les hizo la vida imposible a los exiliados republicanos.

Por ello, se trasladaron a Venezuela, donde residía su hermano Albert, que también había luchado en la guerra civil.

Marina estuvo residiendo allí con toda su familia hasta 1949, año en que se divorció de su marido y se fue, con su hijo, a vivir en Francia. Allí seguía viviendo su adorada abuela Micaela y fue donde empezó a escribir. Su primera obra fue una novela titulada Los precursores, luego titulada Otros vendrán, donde trataba las luchas sindicales de los años 20.

Supongo que su abuela le contaría muchas de esas cosas, porque ella era muy niña cuando ocurrieron esos acontecimientos.

De hecho, uno de los personajes principales de esa obra está inspirado en Salvador Seguí, líder de la CNT, que fue asesinado en 1923. Su abuela también fue muy amiga de Andreu Nin, al que ya dediqué otro de mis artículos.

En 1951, Marina conoció a un diplomático belga, llamado Charles o Carl Werck. Se casaron y tuvieron una hija. Hicieron la típica vida de un diplomático, o sea, vivir en diferentes países.

Incluso, entre 1972 y 1976, su marido fue nombrado cónsul general de Bélgica en Barcelona. Por lo que Marina tuvo que asistir a algunas recepciones, donde había autoridades franquistas.

Lo que me parece extraño es que, conociendo cómo se las gastaba el régimen franquista, no hubieran investigado a ese diplomático y su esposa, antes de darle el plácet, por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Aprovechó para escribir y publicar la novela Las antípodas, que obtuvo el premio Fastenrath, que otorga la Real Academia de la Lengua Española. Trata sobre la vida

de Jesús de Galíndez, un miembro del PNV, exiliado en la República Dominicana y luego en USA, que fue secuestrado en Nueva York, por agentes dominicanos y luego nunca más se supo de él.

Un hombre con una vida muy curiosa. En un futuro, es posible que escriba a un artículo sobre él.

Posteriormente, Marina vivió con su marido en Bruselas y más tarde se fueron a vivir a París, donde residió hasta su muerte, en 2014.

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