ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 8 de octubre de 2020

HANS JÜRGEN MASSAQUOI, UN MULATO EN LA ALEMANIA NAZI

 

Hoy voy a hablar de un caso un tanto excepcional. No obstante, aunque parezca difícil de creer no lo fue tanto en la Alemania nazi.

Todo tiene su explicación, cuando, en 1919, las tropas francesas ocuparon la zona de Renania, para asegurarse de que Alemania iba a pagar las indemnizaciones de guerra, también enviaron a muchos soldados negros. Estos se relacionaron con jóvenes alemanas y de ahí nacieron algunos mulatos. Algo que no gustó absolutamente nada a los nazis. De hecho, los llamaron los bastardos de Renania.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Hans Jürgen Massaquoi y nació en 1926 en la ciudad alemana de Hamburgo.

Su padre fue Al Haj Massaquoi y era hijo del cónsul de Liberia en Hamburgo. Aparte de ello, el cónsul era también el rey de una de las tribus que habitaban ese país.

Por si alguno no lo sabe, Liberia, fue un país creado por USA para reenviar allí a los esclavos negros que iban liberando. Ya en 1822 empezaron a llegar los primeros barcos con colonos, que se fueron asentando en ese territorio. Luego fueron llegando muchos más.

Lo curioso es que los descendientes de aquellos colonos se siguen llamando a sí mismos americanos y nunca han tenido demasiadas relaciones con los aborígenes de ese país.

No obstante, no hay más que mirar la bandera del país para ver su origen. Así como su principal centro educativo, que se llama Universidad Lincoln y que la lengua oficial es el inglés. Aparte de que no utilizan el sistema métrico decimal, sino el imperial británico.

Curiosamente, la principal fuente de riqueza de este país no está en la exportación del hierro y el caucho, aunque facturen muchas toneladas de esos productos, sino en la matriculación de barcos mercantes.

A pesar de las varias guerras civiles que han sufrido en ese país, actualmente, son el segundo país en matriculación de buques, detrás de Panamá. Se calcula que, a nivel internacional, hay unos 4.400 barcos matriculados en Liberia, ya que cobran muy pocas tasas por ello.

Seguramente habréis visto muchos barcos, que, bajo su nombre, aparece “Monrovia”, que es la capital de Liberia.

Volviendo a nuestro tema, en el caso de esta familia, no pertenecían a los colonos llegados de América, sino que eran de la etnia Vai. No obstante, este cónsul había estudiado en una Universidad de USA.

Así que su hijo vino a Europa a estudiar Derecho. Concretamente, en el prestigioso Trinity College de Dublín (Irlanda).

Supongo que, en alguno de sus viajes a Hamburgo, Al Haj, conocería a la enfermera alemana Bertha Baetz y se hicieron novios. De esa relación nació Hans Jürgen.

Parece ser que el cónsul quería dar una imagen de persona educada al estilo europeo. Así que se deshizo de las varias concubinas que tenía y se casó con una sola mujer.

También acogió a Bertha y a su hijo en el consulado, ya que era una persona muy rica. Así que, en sus primeros años, el niño tuvo una percepción diferente del mundo. Él veía a su alrededor personas negras ricas y alemanes blancos pobres. Incluso, sus sirvientes eran todos blancos.

Por ello, parece ser que al cónsul le molestó mucho que su hijo decidiera volver a su país y no se quisiera casar con Bertha.

Así que Hans y su madre estuvieron viviendo en el consulado hasta 1933. Año en que el cónsul recibió instrucciones de su Gobierno para cerrar el consulado y regresar a su país.

Desgraciadamente, al pequeño Hans se le derrumbó su pequeño castillo de naipes. Su madre volvió a ejercer como enfermera y se fueron a vivir a un apartamento de un barrio obrero de Hamburgo.

Desgraciadamente, la despidieron de un hospital en cuanto se enteraron de que había tenido un hijo con un africano. Así que tuvo que buscarse otros trabajos menos remunerados.

No hay que olvidar que ese año también coincidió con la llegada de los nazis al poder, liderados por Adolf Hitler.

Así que al pobre chico lo consideraron como un no ario, pero tampoco lo persiguieron como a otras minorías, al haber tan pocos casos de ese tipo.

Aunque él se consideraba como un alemán como otro cualquiera, el sistema no lo veía así y fue discriminado en múltiples ocasiones en sus años escolares.

A pesar de que intentó ingresar, como la mayoría de los niños, en las Juventudes Hitlerianas, no le fue permitido hacerlo.

Incluso, le cerraron el paso a los estudios secundarios y le forzaron a formarse para ser obrero de algunas de las miles de fábricas que había en el país.

Curiosamente, una de las cosas que le dijeron es que debería formarse bien para que un día le enviaran a África, cuando Alemania recuperara las colonias que le habían arrebatado, tras la I Guerra Mundial.

No obstante, aunque se le prohibieron las relaciones con muchachas alemanas blancas, estuvo saliendo con una joven de su barrio a escondidas, sin que los demás los vieran.

Incluso, a pesar de lo que intentó en varias ocasiones, siempre le rechazaron para ingresar en el Ejército a causa del color de su piel. Podríamos decir que eso le salvó de morir en la guerra. Tal y como les ocurrió a muchos de sus compañeros de estudios.

Afortunadamente, él y su madre, consiguieron salir con vida a pesar de los atroces bombardeos aliados sobre Hamburgo. No olvidemos que esa ciudad tiene uno de los puertos más importantes del mundo y era un objetivo bélico prioritario.

Parece ser que durante los años de guerra se hizo amigo de un periodista y escritor de origen judío, llamado Ralph Giordano. Por lo visto, los dos eran muy aficionados a la música de jazz. Un estilo de música que no era del agrado de los jerarcas nazis. Parece ser que fue el que le enseñó a tocar el saxofón. Algo que le vino muy bien para ganarse la vida.

Ya en la posguerra, en 1948, el padre de Hans le consiguió un billete para Liberia y allí estuvo durante unos años, aunque tampoco le gustó ni ese país, ni la actitud intolerante de su padre.

Así que, en 1950, decidió emigrar a USA. Por lo visto, le exigieron hacer el servicio militar para poder nacionalizarse y, por ello, estuvo dos años sirviendo como paracaidista y llegó a combatir en Corea.

Después de ello, como era un veterano de guerra, le dieron una beca para que estudiara Periodismo en la Universidad de Illinois.

Posteriormente, estuvo trabajando en varias revistas de las que llegó a ser editor y gerente. Gracias a su trabajo, llegó a conocer a mucha gente famosa y también entrevistó
a varios líderes que luchaban contra la discriminación hacia los negros. Durante muchos años dirigió la revista Ebony, que estaba dirigida al público negro.

Incluso, fue entrevistado por el periodista Studs Terkel para su obra The good war. Una obra en donde se recogían los testimonios de muchos americanos, que habían estado en la guerra. Ello le valió, a ese autor, el famoso Premio Pullitzer en 1985.

Desgraciadamente, Hans, también descubrió que USA no era el país donde su propaganda decía que había tanta libertad. Cuando él emigró a ese país todavía estaba en práctica la segregación racial. Sobre todo, en los Estados del sur.

La verdad es que los únicos que han importado siempre en USA son los llamados WASP. O sea, blanco, anglosajón y protestante. A los demás los consideran, simplemente, minorías, aunque todos juntos sean muchos más que ellos.

Hans regresó, por primera vez, a Alemania en 1966. Después volvió en otras ocasiones para que le entrevistaran en los medios.

Curiosamente, en sus memorias, escribió que la vez que corrió mayor peligro fue en Hamburgo, en plena II Guerra Mundial.

Como ya he dicho, esta ciudad fue muy castigada por los bombardeos. Así que, después de uno de ellos, salió a la calle y unos ciudadanos quisieron lincharle, al confundirlo con algún piloto USA, que hubiera sido derribado en el curso de esos combates.

En 1999, publicó su libro más conocido, cuyo título en España fue “Testigo de raza. Un negro en la Alemania nazi”.

Al final de su vida, se retiró a la localidad de Jacksonville (Florida), donde le llegó la muerte en 2013. El mismo día que cumplía 87 años.

En resumen, yo creo que era un buen hombre al que le hicieron la vida imposible entre unos y otros.

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lunes, 5 de octubre de 2020

FRANZ VON WERRA, EL GRAN ESCAPISTA


Hoy voy a contar la curiosa historia de un militar alemán, que llegó a ser una pesadilla para los Aliados, por su habilidad para escaparse de los lugares donde lo habían encerrado. A otro nivel, pero casi se podría decir que le hizo la competencia al gran mago Houdini.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Franz Xaver Barón von Werra y nació en 1914 en la pequeña localidad de Leuk, en el cantón suizo de Valais. Situado al suroeste de ese país.
Igual os habéis dado cuenta de que muchos nobles alemanes llevan su título dentro de su apellido. Eso es porque, desde que abdicó el último kaiser alemán, en ese país, son ilegales los títulos nobiliarios. Así que los han incorporado a sus apellidos para que los sigan llamando así.
Por lo visto, aunque su padre era un barón y además notario, Leo von Werra, y su madre,
Henrietta Wolf, sufrieron grandes dificultades económicas y, tanto él como una de sus hermanas, cuando tenían muy pocos meses, fueron dados en adopción. En total, eran 6 hermanos y ellos eran el quinto y la sexta. Algunos autores afirman que su padre los vendió a su familia adoptiva.
Concretamente, fueron adoptados por un matrimonio alemán sin hijos, compuesto por el mayor Oswald Carl y su esposa, la baronesa Louise von Haber. Esta última de origen judío, aunque convertida al catolicismo. Ese dato era muy importante en esa época, como veremos más adelante.
Así que los niños se criaron con una familia rica y vivieron en una lujosa villa situada en un pueblo del actual Estado de Baden-Württemberg.
Supongo que, como a tantos otros, les afectaría la Crisis de 1929. Así que este matrimonio también se arruinó y se divorciaron en 1932.

Ese mismo año, el joven von Werra, que entonces no se apellidaba así, sino von Haber, tomó la decisión de viajar, como polizón, en un barco mercante con destino a USA, pero fue descubierto y entregado a las autoridades.
Posteriormente, presentó su solicitud para ingresar en las temidas SA, donde investigaron sus orígenes. Parece ser que fue entonces cuando se enteró de que había sido adoptado por esa familia y cambió su apellido por el de su familia biológica, que era von Werra.
Lógicamente, si hubiera sido hijo de Louise von Haber, cuyo origen era judío, no habría sido admitido en esa organización nazi. De hecho, hubiera sido perseguido por ello. Por tanto, sin más obstáculos, consiguió ingresar en las SA, los llamados “camisas pardas”, en 1934.
Dos años más tarde, fue admitido como piloto en la Luftwaffe, la Aviación militar alemana. Allí aprendió a pilotar aviones de caza y en 1938 ya tenía el grado de teniente.
Para empezar, participó en la breve invasión de Polonia, que dio comienzo a la II Guerra Mundial.
Posteriormente, luchó en la invasión de Francia, siempre pilotando aviones Messerschmitt Me-bf 109. Una de las mejores aeronaves que combatieron en ese conflicto.
Allí pudo demostrar ampliamente su valía con sus primeros 4 derribos. Aunque también hay que decir que los aviones franceses eran pura basura. Eso le valió su primera Cruz de Hierro.
También se hizo famoso por su simpatía y por haber adoptado a un cachorro de león, llamado Simba, como mascota de su unidad. Eso le valió aparecer en las portadas de varios periódicos.
Posteriormente, participó en la famosa Batalla de Inglaterra, donde derribó varios aviones y también destruyó otros tantos, que estaban estacionados en sus propias bases. Ya sabemos que entonces no estaba tan extendido el uso del radar y podían producirse esos ataques por sorpresa.
Lamentablemente, la mañana del 05/09/1940, cuando escoltaba un grupo de bombarderos, fue derribado sobre territorio británico. Concretamente, sobre una pequeña localidad, situada al sur de Londres.
Curiosamente, al llegar a tierra fue capturado nada menos que por un cocinero de un campamento militar, armado con uno de esos enormes cuchillos que se utilizan en las cocinas.
Primero, lo encarcelaron dentro de la sede de un regimiento de Infantería, de donde ya intentó escapar, pero fracasó.
Luego lo llevaron a otro lugar, donde solían interrogar a los prisioneros. Sobre todo, a los oficiales. Allí estuvo dos semanas y aprendió cómo debía de actuar para que sus interrogadores no le sacaran casi nada.
Posteriormente, fue trasladado a otro lugar situado al norte de Inglaterra, cerca del límite con Escocia. Se trataba de una lujosa mansión, donde solían encerrar a los prisioneros de la Armada alemana.
Parece ser que todos los días llevaban a los prisioneros a pasear por los jardines, alrededor de la casa, vigilados por varios guardianes.

Él vio el momento y, en un descuido de estos, saltó el muro de la finca. Los guardianes tardaron bastante en percatarse de lo ocurrido. Sin embargo, luego dieron enseguida aviso a la Policía y a los reservistas.
Tardaron 12 días en capturarle y lo lograron, porque se refugió en una cabaña, enfermo y sin provisiones a causa de la incesante lluvia.
Cuando se recuperó lo ingresaron en otro campo de prisioneros, situado en el centro de Inglaterra, de donde se suponía que era más difícil evadirse.
Sin embargo, allí coincidió con otros 5 prisioneros que habían planeado escapar a través de un túnel. Tardaron más de un mes en construirlo. Todavía se puede ver el citado túnel.
A finales de diciembre se dieron las circunstancias perfectas para escapar. Empezó a cantar el coro de los prisioneros y, además, apagaron las luces para defenderse de un ataque aéreo.
Así que aprovecharon esa gran oportunidad y escaparon. Von Werra no estaba muy de acuerdo con meterse como polizones en algún barco, como pretendían los demás. Así que él fue por libre. No hará falta decir que a los demás los cogieron enseguida.
Se hizo con un mono de piloto británico. Hay también quien afirma que era su propio mono de vuelo. Como hablaba bastante bien inglés, se hizo pasar por un piloto holandés, que luchaba en el bando aliado y que había sido derribado. Así que deseaba volver cuanto antes a su base.
Curiosamente, lo interrogó una patrulla de la Policía, que andaba buscando a los evadidos y consiguió convencerles de que era un piloto de cierta base. Así que llamaron a la base más cercana y hasta le enviaron un coche para recogerlo.
Ya dentro de la base, levantó ciertas sospechas en el oficial que le estaba esperando, porque no llevaba la placa identificativa, que llevan todos los militares. Alegó que estaba en una misión secreta y que debería de volver lo más pronto posible a su base, situada en las afueras de Aberdeen,  Escocia.
Como von Werra empezó a olerse que la cosa no iba muy bien, mientras el oficial estaba haciendo una llamada telefónica, él le dijo que iba al aseo. Desde allí, pudo ver que en la pista de aparcamiento había un mecánico, que acababa de reparar un avión, el cual estaba ya situado en la línea.
Echándole mucha cara al asunto, escapó por una ventana del aseo y fue a hablar con el mecánico. Le convenció de que era un piloto holandés, que necesitaba practicar con esa aeronave.
No obstante, como en el Ejército siempre hay mucha burocracia, el mecánico fue a por un documento para que lo firmara el piloto. Éste, mientras se fue el mecánico, se puso a estudiar los mandos del aparato.
Cuando ya todo parecía irle de fábula, sintió que alguien le ponía una pistola en las costillas. Se trataba del oficial con el que había hablado antes, que se había percatado del engaño.
Parece ser que el oficial inglés llegó a elogiar su sangre fría y el hecho de que estuvo a punto de conseguir evadirse en un avión británico.
Así que lo enviaron de vuelta a su campo de prisioneros, donde estuvo varios días confinado en una celda de aislamiento. Aunque estaba muy sano.
En enero de 1941, fue trasladado, junto con otros compañeros, a un campo de concentración en Canadá. Hicieron por tren el trayecto desde el puerto de Halifax hasta el citado campo.

Aprovechando un momento de descuido, saltó y llegó andando hasta el río San Lorenzo, que hace frontera entre Canadá y USA. Se hizo con una canoa y consiguió llegar hasta la orilla opuesta, donde se halla el Estado de Nueva York. Allí se entregó a la Policía, confesando que se trataba de un oficial alemán.
Supongo que, a causa del intenso frío, se le congelarían las orejas, pues en las fotos aparece con las orejas vendadas.
No olvidemos que, en aquellos momentos, USA todavía era neutral, pues entró en la guerra en diciembre del mismo año, tras el infame ataque a Pearl Harbor.
Así que sólo podía ser acusado de violar las fronteras de ese país, por lo que fue sancionado con una multa, que pagó el consulado alemán en Nueva York.
Mientras tanto, su historia se conoció y se hizo muy famoso en Alemania y también en USA. Sin embargo, como Canadá seguía presionando para que se le devolviera el prisionero, decidieron que lo mejor es que se fuera de USA, porque ya existían precedentes de anteriores extradiciones de prisioneros alemanes desde USA a Canadá.
Le dieron un pasaporte alemán falso y así consiguió entrar en México y de allí volar a Brasil, haciendo transbordos para despistar en Perú, Barcelona, Roma y, por fin, Berlín. A donde llegó en abril de ese año.
Parece ser que en la Cancillería le recibieron por todo lo alto, donde, durante varios días, corrió a discreción el champán. Incluso, lo condecoraron de nuevo y le ascendieron a capitán.
Por lo visto, se trataba de un tipo alegre y jovial. De esos que les encantan a los periodistas. Así que su rostro se hizo muy famoso, al aparecer en las portadas de periódicos y revistas.
Por otra parte, su experiencia en los interrogatorios, sirvió para asesorar a los especialistas alemanes a fin de conseguir sacarle más información a los prisioneros.
Aprovechó para visitar varios campos de prisioneros para reforzar las medidas de seguridad y comprobar si se les daba un buen trato.
Parece ser que allí pudo comprobar que los alemanes no trataban tan bien a los prisioneros británicos y consiguió que se les tratara mejor.

También tuvo tiempo para casarse con su novia de siempre, Elfi Traut. A la ceremonia acudieron varios personajes del Alto Estado Mayor alemán.
Sin embargo, tuvo la infeliz ocurrencia de escribir un libro sobre sus experiencias como prisionero. El problema es que, en esa obra, a los censores les pareció que hablaba demasiado bien de los británicos.  Por lo tanto, prohibieron su publicación.

Igual, por eso mismo, su próximo destino fue el frente de la antigua URSS, a donde solían enviar a los que estaban castigados. Sin embargo, allí también consiguió lucirse a base de derribar varios aviones de esa nacionalidad.
No obstante, muy pronto le dieron la orden de regresar a Alemania para probar un nuevo modelo de Me-109 y después fue destinado a una base en Holanda.
Lamentablemente, el 25/10/1941, cuando efectuaba un vuelo de instrucción, el motor de su avión falló y cayó al mar del Norte.
Parece ser que sus compañeros vieron que se lanzaba en paracaídas.
No obstante, nunca fueron encontrados ni el piloto, ni su aeronave y hubo muchos rumores sobre ese extraño accidente.
En total, tuvo un palmarés de 21 aviones derribados en todos los frentes en los que combatió. Lo cual no está nada mal.
Por lo visto, no llegó a conocer a sus verdaderos padres, los cuales continuaban vivos en el momento de su muerte.
En 1957, se rodó una película sobre su vida, titulada “El único evadido”, protagonizada por el famoso actor Hardy Krüger.
Curiosamente, parece ser que este actor alemán también recibió formación como piloto al final de la II Guerra Mundial.

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viernes, 25 de septiembre de 2020

MARIAN REJEWSKI, EL DESCIFRADOR DE ENIGMA


Seguro que a más de uno le habrá sorprendido el título de este artículo, pero me parece que lo entenderá muy bien, cuando termine de leerlo.
Posiblemente, más de uno me dirá que el que descifró los mensajes enviados por la máquina Enigma fue el británico Alan Turing. Eso, en parte, es cierto. No obstante, ya sabemos que uno de los “defectos” de los británicos es que tienen una memoria muy selectiva y suelen encumbrar solamente a los suyos, en perjuicio de los demás.
Como de costumbre, vayamos al principio. Nuestro personaje de hoy se llamaba Marian Adam Rejewski y nació en la ciudad de Bydgoszcz a la que los alemanes llamaban Bromberg.
Se podría decir que su familia pertenecía a la clase media, pues su padre se dedicaba al comercio del tabaco y gozaba de una cierta posición acomodada.
Curiosamente, en 1905, que fue cuando nació, esa ciudad se hallaba dentro del Imperio alemán. Sin embargo, como todos sabemos, Polonia, sufrió varios repartos territoriales a lo largo de su Historia. De tal modo, que llegó a desaparecer. Así que, antes de la I Guerra Mundial, su territorio estaba dividido entre Alemania, Rusia y el Imperio Austro-Húngaro.
Sin embargo, tras ese infame conflicto, y gracias a muchos, sobre todo, al presidente Wilson, surgieron o resurgieron varias naciones. Entre ellas, Polonia.
Así que en 1920 su ciudad pasó a depender del nuevo Estado de Polonia. Algo que les alegró mucho, porque en su familia siempre se habían considerado polacos.
Al final de la Secundaria, se trasladó a la ciudad de Poznán, en cuya Universidad estudió la carrera de Matemáticas, realizando, posteriormente, un máster en Filosofía.
Durante esos años tuvieron lugar unos hechos, que tuvieron mucha trascendencia en su vida. En 1918, un ingeniero eléctrico alemán, llamado Arthur Scherbius, patentó una máquina a la que llamó Enigma y que servía para enviar mensajes codificados.
Por lo visto, en un principio, se trataba de un cacharro enorme. Luego fue reduciendo su tamaño para que pudiera ser un objeto portátil.
Paradójicamente, los primeros encargos no le llegaron desde los militares, sino de diversas empresas exportadoras y financieras. Sobre todo, de Holanda.
Posteriormente, como el Estado Mayor alemán se acababa de enterar, al final de la I Guerra Mundial, que sus mensajes habían sido descifrados por el otro bando, necesitaba un sistema más seguro para enviar sus mensajes. Así que se decidieron por éste y, aunque era una máquina un poco cara, le hicieron un pedido de unas 30.000
unidades para el Ejército y la Armada. Por ello, Scherbius fabricó dos modelos diferentes: uno para uso civil y otro militar.
Enigma tenía el aspecto de una máquina de escribir metida dentro de una caja de madera, con su teclado y dos filas de bombillas con un total de 26 letras. En su interior, tenía 3 discos rotatorios, los cuales había que girar diariamente y colocarlos en la posición ordenada por el Alto Mando. De esa manera, la máquina emisora y la receptora utilizarían el mismo código. El operador sólo tenía que teclear un mensaje y esas ruedas giratorias harían que cada letra se convirtiera en otra diferente, la cual se encendía en la bombilla correspondiente a esa letra. Eso pensaban que haría casi imposible su desciframiento, pues se calculaba que existían unos 159 trillones de combinaciones.
Por uno de esos azares del destino, el sábado 26/01/1929, llegó una caja a una aduana de Polonia. Lo que realmente mosqueó a ese oficial de aduanas fue que les llegó un escrito de la Embajada de Alemania en Varsovia, pidiéndoles que devolvieran la caja, inmediatamente, a Alemania. Incluso, siendo un sábado, apareció por allí un funcionario de esa embajada reclamando el paquete. Algo muy extraño. Se estaban tomando muchas molestias, pues ese día no trabajaban.
Supongo que alguien se habría equivocado al realizar el envío. Si la hubieran remitido por valija diplomática, los aduaneros polacos, no la habrían abierto.
Sin embargo, con muy bien criterio, el aduanero, se puso en contacto con el Estado Mayor polaco y éste le envió un grupo de militares de la Oficina de Cifra.
Evidentemente, abrieron el paquete y estuvieron estudiando el aparato de cabo a rabo. Incluso, les ayudaron los miembros de una empresa de ingeniería, que solía trabajar para el Ejército. No obstante, no pudieron averiguar mucho, pues se trataba de un modelo diferente al de uso civil. Así que la volvieron a empaquetar y la entregaron al funcionario alemán.
Durante varios años, no sólo los polacos, sino también otras agencias de Inteligencia de los países aliados, estuvieron interceptando miles de mensajes enviados por los alemanes, los cuales no había manera de descifrar.
Así que, en 1929, al capitán Maximiliam Ciezki, jefe de la Oficina de Cifra del Ejército polaco se le ocurrió la feliz idea de impartir un curso de Criptografía a los estudiantes más sobresalientes de la Facultad de Matemáticas para ver si podría fichar a alguno de ellos.
De los 20 que acudieron a ese curso, seleccionados por el profesor Krygowski, sólo se quedó con 3 de ellos y uno de esos tres era nuestro personaje de hoy. Los otros dos fueron Henryk Zygalski y Jerzy Rozycki. Olvidaba mencionar que uno de los requerimientos básicos para hacer el curso era hablar perfectamente alemán. Así que ya os imagináis por dónde iban los tiros.
Curiosamente, no sé si, en principio, a Rejewski no le interesaría ese tema, porque luego se fue a la ciudad alemana de Gotinga a hacer un curso de Matemáticas aplicadas a los actuarios de seguros.
Es posible que, en 1930, la Inteligencia polaca le encontrara un puesto mejor, pues regresó a Poznan y se puso a trabajar como profesor de esa Universidad y también en la Oficina de Cifra del Ejército. Posteriormente, esa oficina fue trasladada a Varsovia.
En esa oficina tuvieron algunos éxitos importantes, pero el Ejército alemán iba perfeccionando el funcionamiento de Enigma y se lo ponía cada vez más difícil.
Para descifrar los mensajes de Enigma era preciso saber cómo funcionaba, averiguar cómo estaban conectados los cables a cada rueda y, por último, saber la clave diaria que había que poner en esos aparatos.
En principio, Marian, sólo solucionó el primer problema. Eso sí, a base de técnicas matemáticas, como la teoría de Galois, consiguió
reducir esos trillones de combinaciones a unas 150.000, que también son muchas, pero menos que al principio. De hecho, ya en 1931, consiguieron descodificar la mayoría de los mensajes interceptados a la Armada alemana. Sin embargo, pronto cambiaron a un modelo más complejo, lo cual impidió que pudieran seguir descifrando los mensajes.
Los investigadores quedaron bloqueados, cuando las ecuaciones formuladas por nuestro personaje empezaron a tener demasiadas incógnitas, que no podían resolver.
Sin embargo, aquí entra en escena el personaje del que hablé en mi anterior artículo. Me refiero a Hans Thilo Schmidt, un alemán que trabajaba para la Inteligencia francesa. Él fue el que, desde finales de 1932, les facilitó los libros de códigos y, posteriormente, llegó a mostrarles un esquema del cableado interior de esas máquinas. De esa manera, se ahorraron varios años de trabajo.
Por lo visto, a partir de 1936, los alemanes aumentaron el nivel de seguridad. No obstante, Rejewski y sus colegas estaban ya más preparados y construyeron un aparato llamado ciclómetro, que calculaba con mucha rapidez las permutaciones realizadas en el sistema.
Así que, de esa forma, ya en 1937, consiguieron leer la inmensa mayoría de los mensajes de los alemanes.
Supongo que los alemanes también estarían un poco nerviosos por la seguridad de sus transmisiones.
Así que, periódicamente, modificaban el sistema. De esa manera, en 1938, consiguieron que los polacos no pudieran leer sus mensajes. No obstante, como Rejewski y sus colegas ya habían comprendido la base de ese sistema, construyeron a toda prisa un aparato al que llamaron la bomba criptológica, que realizaba los cálculos en poco tiempo. Precisamente, en este aparato se basó Alan Turing para construir el suyo, aunque le dotó con algunas modificaciones.
También Zygalski aportó su granito de arena, cuando diseñó unas tarjetas perforadas que llevan su nombre y simplificaron mucho los cálculos.
Sin embargo, a mediados de diciembre de 1938, los alemanes aumentaron el número de rotores de sus máquinas Enigma, lo cual dificultó tanto el desciframiento de sus mensajes, que los polacos tuvieron que diseñar 60 máquinas bombas criptológicas y miles de hojas Zygalski. Desgraciadamente, esto se les fue de las manos, pues superaba, con creces, el presupuesto otorgado a este departamento.
Así que, cuando el Estado Mayor polaco se dio cuenta de que los alemanes pensaban invadirles y no tenían más presupuesto para esas investigaciones, decidieron reunirse con sus colegas franceses y británicos y compartir sus conocimientos para intentar parar a los alemanes. Esa reunión tuvo lugar en julio de 1939. De esa forma, a finales de ese año, los británicos, pudieron empezar a descifrar los mensajes de los alemanes y los franceses sólo unos meses después.
Así que muchos expertos en temas criptográficos opinan que los esfuerzos de estos científicos polacos hicieron que los Aliados ganaran la guerra y que ésta durase entre 2 y 4 años menos.
Parece ser que, cuando se produjo la invasión de Polonia, estos científicos huyeron a Rumania, junto con un par de máquinas Enigma. En un principio, pidieron la protección de la Embajada británica, pero se les negó. Afortunadamente, después, fueron a la francesa, la cual les facilitó la huida hasta Francia.
En ese país, trabajaron conjuntamente con los expertos franceses, logrando volver a descifrar los mensajes alemanes. Evidentemente, tras la invasión de Francia, tuvieron que salir huyendo y se fueron a Argelia.
Aunque algunos de esos técnicos continuaron residiendo en la Francia no ocupada, su labor se hizo mucho más arriesgada, pues, los alemanes, cada vez realizaban más detenciones en esa zona, secuestrando a los detenidos y llevándolos a la zona ocupada.
Así que, para mayor seguridad, la Inteligencia francesa, les dio la orden de evacuación. De esa manera, Rejewski y Zygalski consiguieron huir a España, aunque fueron detenidos por la Policía española y encarcelados. No obstante, después de dos meses, fueron puestos en libertad, gracias a la intermediación de la Cruz Roja. De Madrid fueron a Lisboa y de allí a Gibraltar, donde tomaron un avión militar con destino al Reino Unido.
A partir del verano de 1943, estos dos científicos, se unieron al Estado Mayor de las fuerzas polacas, con base en Gran Bretaña. Allí siguieron descifrando códigos de diversos servicios, como los de la Inteligencia alemana.
Desgraciadamente, Jerzy Rosycki, que fue destinado a Argel, pereció durante el hundimiento del barco francés Lamoricière, cuando se dirigía a Francia. El suceso tuvo lugar en un punto situado al nordeste de la isla de Menorca. Parece ser que se debió a una fuerte tormenta, cuando intentaba auxiliar a otro barco de la misma nacionalidad.
Paradójicamente, como ya sabemos cómo son los anglosajones, tanto los británicos como los USA, aunque se beneficiaron del trabajo de estos científicos polacos, les excluyeron y no les permitieron trabajar con ellos. Sólo les dejaron trabajar en el desciframiento de códigos mucho más simples.
En noviembre de 1946, Rejewski, fue licenciado de su puesto como teniente del Ejército polaco. Así que decidió volver a su país, donde vivían su mujer y sus dos hijos.
Se desconoce el motivo por el que no regresó a su trabajo como profesor en la Universidad de Poznan. Sólo que volvió a su ciudad natal de Bydgoszcz, donde trabajó en una fábrica de cables y luego también como contable en el sindicato de la madera. Siempre vigilado por la Policía polaca.
Parece ser que se jubiló en 1967 y sólo en 1973 se decidió por escribir un libro con sus memorias, contando su labor en el desciframiento del código Ultra, que utilizaban las máquinas Enigma. Así que fue entonces cuando empezaron a reconocer sus méritos y apareció en algunos programas de tv. También entregó su archivo relativo a sus investigaciones sobre Enigma al Instituto de Historia Militar de su país.
Como no deberíamos de olvidar que la invasión de Polonia fue una operación conjunta de los ejércitos alemán y soviético, pues, antes de que eso ocurriera, también, nuestro personaje se dedicó a descifrar los códigos soviéticos. Por lo visto, algo bastante más sencillo que estudiar los de los alemanes. Así que, supongo que a los soviéticos, que fueron los que dominaron ese país en la posguerra, no creo que les gustara mucho que se difundiera que Rejewski y sus colegas les habían estado espiando todo el tiempo.
En los años 70, empezó a sufrir problemas cardiacos y su salud se empezó a deteriorar. En 1978 fue condecorado por el Consejo de Estado de Polonia.
Desgraciadamente, en 1980, murió a causa de un fallo cardiaco y fue enterrado con honores en un cementerio militar en Varsovia.
A partir del año 2.000 se sucedieron los reconocimientos internacionales. Se erigieron varios monumentos en su honor, tanto en su ciudad natal como en Varsovia. También fueron reconocidos sus otros dos compañeros con placas de bronce, erigidas en su honor, en varios lugares. Hasta en el famoso Bletchley Park, lugar desde donde la Inteligencia británica, logró descifrar los mensajes de los alemanes. Allí es donde trabajó Alan Turing.
Incluso, desde entonces, en Polonia, se han ido emitiendo sellos y monedas para recordar la importante labor llevada a cabo por este matemático.
Puestos a reconocer méritos, creo que no deberíamos olvidarnos de un grupo de exiliados republicanos españoles, encabezados por Faustino Antonio Camazón, que ya tenían mucha experiencia en descifrar comunicaciones militares alemanas, realizadas mediante Enigma, pues lo hicieron durante la guerra civil, y los franceses los pusieron a trabajar junto a los expertos polacos.
En España, igual deberían de tomar buena nota de eso los entusiastas de la Ley de la Memoria Histórica. El equipo llamado PC Bruno lo componían 15 polacos, 9 franceses y 7 españoles.
Curiosamente, no hace muchos años, Rejewski, también fue condecorado por la propia OTAN. Obviamente,  no lo pudieron hacer antes, porque Polonia pertenecía al Pacto de Varsovia.
En su momento, el tema fue tan secreto que Churchill guardó los documentos sobre Enigma en una caja fuerte, que sólo la podía abrir él.
Por lo visto, en la posguerra, los británicos, no quisieron difundir que habían descifrado las claves de los mensajes por esa máquina, porque vendieron unas cuantas, a otros países, como Egipto, y así tuvieron la ventaja de poder controlar sus comunicaciones.
Después de leer todo lo anterior, la pregunta que me surge es cómo pudo Hitler invadir casi toda Europa, si los Aliados sabían lo que pensaba hacer y cuándo lo iba a llevar a cabo. Igual a alguno se le ocurre alguna respuesta.

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