ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 22 de mayo de 2018

ALEXANDER ORLOV, UN FAMOSO DESERTOR DEL KGB


Como lo prometido es deuda, voy a intentar definir una de los personajes que figuraban en mi anterior artículo y que me habían parecido interesantes. Como ya expliqué anteriormente, hice esto para no alargarlo demasiado.

Como la mayoría de los espías, nuestro personaje de hoy solía utilizar varios nombres, pero se cree que el verdadero fue Lev Lazarevich Feldbin y nació en 1895 en una ciudad cercana a Minsk. La capital de la actual Bielorrusia.

Parece ser que, en principio, su familia, que era del rito judío ortodoxo, lo había encaminado a la carrera eclesiástica. Sin embargo, él abandonó esos estudios para matricularse en Derecho en la Universidad de Moscú, adonde se trasladó en 1913.

Tampoco pudo seguir esta carrera. Al estallar la I Guerra Mundial, fue obligado a alistarse dentro del Ejército Imperial de Rusia. Sólo pudo ser soldado raso, porque en aquella época no permitían que un judío pudiera tener el rango de oficial.

En cambio, en 1918, cuando comenzó la guerra civil en Rusia, se pasó al Ejército Rojo, donde ya consiguió el rango de oficial. Siendo destinado a labores de contraespionaje dentro del GPU o Inteligencia militar, en la zona de Ucrania. También participó en la organización de algunos sabotajes en la zona controlada por el Ejército Blanco o zarista.

Posteriormente, terminó sus estudios de Derecho y trabajó en el Tribunal Supremo de la antigua URSS, en calidad de ayudante de uno de sus fiscales.

En 1924, fue invitado por su primo, alto cargo del espionaje soviético, a trabajar para el germen de la futura NKVD. Parece ser que se le dio bastante bien. Obtuvo varios éxitos importantes, como la detención del agente zarista Boris Savinkov y colaboró en la de Sidney Reilly, el famoso as de los espías.

Para ello, llegaron a crear una asociación de tipo zarista, llamada Unión Monárquica de Rusia Central, con la que atrajeron a todos estos personajes. Esto hizo que Félix Dzerzhinsky, jefe máximo de la NKVD se fijara mucho en él.

Después estuvo destinado en Georgia, adonde se trasladó con su mujer, María, y su hija, Vera. Esta última, contrajo una grave enfermedad y, por ello, nuestro personaje pidió ser destinado a un país europeo, donde su hija pudiera recibir un tratamiento médico más adecuado. Precisamente, en Georgia, tuvo como jefe al infame Lavrenti Beria, que llegó a ser el jefe del KGB.

De esa manera, consiguió ser trasladado a la embajada de la URSS en París, en concepto de miembro de la delegación comercial de la misma. Concretamente, a un organismo llamado INO, del cual se decía que era una de las instituciones mejor informadas del mundo.

Poco después, fue enviado a Berlín para ejercer un puesto similar dentro de la embajada soviética en ese país. Allí trabajó con un hermano de la segunda esposa de Stalin.

En 1932, fue enviado a USA con la excusa de visitar a unos familiares que vivían en ese país. El verdadero motivo era conseguir un pasaporte USA, que le permitiera viajar por toda Europa sin levantar sospechas. No obstante, a finales de ese mismo año, volvió a Europa, porque se dio cuenta de que los servicios de contraespionaje USA le estaba vigilando muy de cerca.
Como su hija seguía enferma, pidió ser trasladado a Austria, cosa que consiguió. Allí estuvo residiendo, aunque también realizó algunas misiones en la antigua Checoslovaquia y en Suiza.

Más tarde, se le ordenó desplazarse hasta Dinamarca, para servir como ayudante de Ignace Reiss, al que también he dedicado, recientemente, otro de mis artículos.

A principios de 1935, fue destinado en Londres, bajo la cobertura de ser un representante de una empresa USA, dedicada a la fabricación de frigoríficos. No obstante, a finales de ese año, se le ordenó volver a Moscú, donde fue destinado a un puesto poco importante. Supongo que sería porque, en sus últimas misiones, no había obtenido unos resultados muy satisfactorios.

A principios de septiembre, fue destinado a España, adonde llegó a mediados del mismo mes. En plena Guerra Civil. Aquí fue donde adoptó el apodo de Alexander Orlov. El nombre de un escritor ruso del siglo XVIII.

Parece ser que Stalin envió a muchos de estos agentes más para eliminar a los principales líderes trotskistas, que para ayudar a la II República Española. Por eso, eligió muy cuidadosamente a los agentes que destinó a nuestro país y luego fue eliminando a los que consideraba que se habían “contagiado” de la mentalidad occidental.

Parece ser que la URSS mandó dos equipos de agentes a España. Uno de ellos lo formaban Orlov, Belkin, Syroyezhkin (también conocido como Pancho), Eitingon y Vasilevsky. Estos se quedaron permanentemente y figuraron como personal de su embajada.

Luego, existía otro grupo formado por tres agentes, que iban y venían: María Fortus, Grigulevich y Erich Tacke al que se unieron unos cuantos comunistas españoles. Este grupo era utilizado para operaciones  especiales, como el secuestro de Nin y el de otros muchos.

No se sabe si Orlov estaría implicado en la llamada que recibieron desde Moscú el general Berzin y Arthur Stashevsky, tras haber criticado públicamente al NKVD, el antecesor del KGB, y haber pedido el inmediato regreso de Orlov a la URSS.  Lógicamente, ambos fueron eliminados nada más regresar a la URSS.

En un principio, la misión de Orlov, consistió en organizar guerrillas para efectuar sabotajes tras las líneas del bando nacional. Algo que ya había realizado, en los años 20, durante la guerra polaco-soviética. Lo cierto es que parece que nunca realizó esa labor y la dejó en manos de su colega Grigori Syroyezhkin (Pancho).

Más tarde, concretamente, en octubre de 1936, se le puso al mando de la operación diseñada para el traslado de las reservas del Banco de España hasta el territorio de la URSS. Este cargamento fue llevado al puerto militar de Cartagena, rodeado de fuertes medidas de seguridad y embalado en cajas de munición de guerra, para que nadie sospechara sobre su contenido.

Parece ser que este tesoro estaba almacenado en unas cuevas, donde se encontraba el arsenal de la base naval de Cartagena. El traslado se realizó durante tres noches, desde estos almacenes hasta los barcos soviéticos atracados en ese puerto.

Allí fue embarcado en cuatro buques hasta el puerto de Odessa, en la península de Crimea, el cual fue temporalmente cerrado con el único propósito de recibir ese cargamento. Es preciso recordar que, en ese momento, España era el cuarto del país del mundo, en lo referente a reservas de oro.

Ya en territorio soviético, el valioso cargamento, compuesto por 510 Tm de oro y otros metales preciosos, fue enviado a Moscú dentro de un tren blindado y rodeado del máximo secreto.

Parece ser que cuando Stalin presenció la descarga de este tesoro, llegó a afirmar que: “Los españoles nunca volverán a ver su oro. Igual que nadie puede verse sus orejas”. Esta vez, todo salió a pedir de boca y Orlov fue condecorado por el propio Stalin con la Orden de Lenin.

Regresó a España, para seguir realizando su labor de represión contra el trotskismo y los presuntos enemigos de la II República Española.

Curiosamente, según algunos autores, fue el propio Negrín, por entonces, ministro de Hacienda del Gobierno republicano, el que se presentó en la sede de la embajada de la URSS en Madrid para hablar con el embajador, Marcel Rosenberg.

Hay que decir que Negrín estaba casado con una rusa y hablaba ese idioma. Aparte de que fue uno de los miembros fundadores de la Asociación de amigos de la Unión Soviética.

Allí, delante de Orlov, le dijo que convendría que esas reservas fueran trasladadas a la URSS, sin contrapartida alguna, porque sospechaba que, si se las entregaban a los países de Europa Occidental, estos se las podrían transferir al bando franquista.

Parece ser que el propio Negrín fue el que le dio un salvoconducto a Orlov para que las autoridades militares españolas colaboraran con él en el traslado de esta preciada carga.

Por esa razón, fue ascendido a jefe del KGB, que operaba en España. Ahora su trabajo se había ampliado a la detención y repatriación de todos los agentes soviéticos, que fueran reclamados por Moscú a causa de las infames Purgas de Stalin.

El tema del oro enviado a Moscú fue una ilegalidad desde todos los puntos de vista . Se hizo mediante un decreto secreto. No se dio cuenta de ello ni al Parlamento, ni siquiera al Presidente de la República.
 
El director general de Tesoro fue engañado, el cajero general del Banco de España se suicidó y varios consejeros de esa Entidad denunciaron el hecho y dimitieron.

También es preciso decir que el Banco de España no fue hecho público hasta 1962. En aquel entonces, tenían en sus cámaras fondos de clientes privados, como el resto de la Banca, y también se los llevaron a la URSS. Parece ser que este tesoro fue depositado en las cámaras subterráneas del Kremlin.

Tras la desclasificación de algunos archivos del KGB, se vio su implicación en la detención de los dirigentes del POUM y, especialmente, de Andreu Nin.

Parece ser que Stalin, que ya conocía a Nin, de cuando estuvo residiendo en la URSS, puso el ojo sobre él, tras haber leído un editorial en “La Batalla”, un periódico del POUM. En el mismo, se relataba la represión y los asesinatos de los trotskistas en el territorio de la URSS, por orden de Stalin.

Además, Nin había propuesto que se invitara a Trotsky a residir en Cataluña. Lo que provocó las protestas enérgicas tanto del PSUC como del cónsul soviético en Barcelona.

Por lo visto, el NKVD, infiltró a uno de sus agentes en el POUM, el cual decía ser
comisario en las Brigadas Internacionales. Más tarde, fue invitado a un congreso de ese partido en Barcelona. Allí hizo muchas fotos a los dirigentes del mismo. Estas fueron muy útiles para que los agentes del NKVD pudieran, más tarde, identificar y detenerlos a todos.

Como ya dije en mi anterior artículo, el principio del fin del POUM fueron los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona.

El consejero de Seguridad de la Generalitat de Cataluña, que pertenecía a ERC, ordenó al comisario general, que era del PSUC, que expulsara a los miembros de la CNT del edificio de la Telefónica. Situado en plena Plaza de Cataluña, en Barcelona.

El POUM apoyó a la CNT y se organizó un inmenso tiroteo por todo el centro de Barcelona, que provocó muchas víctimas.

Parece ser que también hubo muchos detenidos. Algunos de ellos fueron encerrados en las cárceles secretas del PSUC. Sus cadáveres aparecieron unos días después con claros signos de tortura.

Tras estos incidentes, comenzó una campaña auspiciada por el PCE, para ilegalizar y disolver al POUM. Parece ser que el presidente del Gobierno, Largo Caballero, se negó a ello y tuvo que dimitir, porque buena parte de sus ministros eran contrarios al POUM. De esa forma, llegó Negrín al poder.

Posteriormente, parece ser que el NKVD fabricó una serie de documentos falsos, que implicaban al POUM en una conjura contra el Gobierno republicano.

Uno de sus agentes, que se había infiltrado en una red falangista, le dio una maleta a un librero de Gerona, que pertenecía a la misma,  a fin de que se la guardara en su establecimiento. Pocos días después, la Policía efectuó un registro en esa tienda y allí encontró la maleta llena de documentos que comprometían a varios líderes del POUM.

Incluso, en el más puro estilo de la Mafia, robaron la documentación del caso Andreu Nin del propio despacho del comisario de Orden Público de Madrid y hasta pretendieron secuestrar al juez encargado de la instrucción de este caso.

Analizando lo que estaba ocurriendo a los demás y como no era tonto, en 1938, Orlov, se dio cuenta de que podría ser el siguiente. De hecho, todos los agentes y diplomáticos enviados a España, fueron obligados a regresar a la URSS y eliminados. Incluso, su primo, el que le metió en esa organización, también había sido asesinado.

Poco después, también fue llamado para embarcar en un barco soviético, atracado en el puerto de Amberes.

Concretamente, recibió una orden de Yagoda, el nuevo jefe del KGB. El cual le ordenaba que fuera a la embajada soviética en París. Desde allí, partiría en un coche oficial hasta el puerto de Amberes, donde se encontraría con un dirigente de la KGB dentro de un barco soviético llamado Svir.

Seguramente, como lo vieron indeciso, le quisieron engañar diciéndole que la Inteligencia alemana le buscaba para matarle. Así que le habían asignado una escolta de 12 agentes para su protección.

Visto eso, no se lo pensó más y en julio de 1938, embarcó en un puerto francés con destino a Canadá. Donde desembarcó sin ningún problema, junto a su familia.

Precisamente, fueron por una curiosa razón a Canadá. Parece ser que, unos días antes, Orlov, se presentó en la embajada USA en París, para ver al embajador con objeto de explicarle su situación y pedirle un visado de entrada. No pudo ser, porque era fiesta y este diplomático se hallaba de vacaciones. Así que se decidió por ir a la embajada canadiense, donde le dieron un visado de entrada.

Sin embargo, el largo brazo de Lenin nunca le abandonó. Hasta allí llegaron las denuncias, donde era acusado de haber robado fondos de la embajada soviética, antes de haber desertado. También de haber asesinado a un antiguo secretario de Trotsky. Supongo que lo harían para intentar que algún Gobierno lo extraditara a la antigua URSS.

No obstante, tras su llegada a Canadá, para rebajar la persecución soviética, remitió varias cartas a Lenin y al jefe de la KGB, donde, a lo largo de 37 páginas, decía que había escrito un documento, que se publicaría en el caso de que le ocurriese algo a él o a su familia. Incluidas, su madre y su suegra, que continuaban residiendo en la URSS. Por lo visto, en ese documento se explicarían minuciosamente las operaciones de la KGB en el extranjero y las identidades de los agentes implicados en las mismas.

Incluso, remitió otra carta a Trotsky, donde se le prevenía acerca de un miembro de su círculo, que era un agente infiltrado del KGB y, según parece, estuvo implicado en la muerte del hijo de ese famoso dirigente soviético. No obstante, parece ser que Trotsky no hizo caso de esa advertencia. Tampoco hay que culparlo, pues en ese momento se practicaba mucho la desinformación y era muy difícil distinguir las noticias auténticas de las falsas.

Parece ser que Orlov cumplió su palabra y no publicó su libro “La historia secreta de los crímenes de Stalin”, hasta 1953. Año del fallecimiento de este dirigente soviético y también de su madre y su suegra. Evidentemente, Orlov, no se autoinculpó de ninguna de las actividades realizadas por orden de Stalin.

Aunque parezca increíble, hasta la publicación de ese libro, los famosos servicios de Inteligencia USA, no se habían enterado de que
tenían a un antiguo alto cargo de la KGB viviendo en su territorio. Así que, a partir de entonces, lo sometieron a varios interrogatorios. Parece ser que, posteriormente, se demostró que muchos de los datos que aportó a esos investigadores eran completamente falsos.

Por ejemplo, cuando se le preguntó si había tenido algo que ver en la desaparición de Andreu Nin, contestó que Stalin había dado la orden de matarle. Sin embargo, él dijo que no estuvo presente y que el asesinato lo llevó a cabo un agente llamado Bolodin, luego condecorado por Stalin. Curiosamente, no aparece ningún agente con ese nombre en los archivos del KGB.

Todavía eso es más curioso, porque se sabe que consiguió entrar en USA gracias a un visado diplomático otorgado por el cónsul de USA en Ottawa, al que le explicó por qué estaba huyendo de Stalin.

Incluso, en 1956, publicó otra obra, donde se afirmaba que, al revisar los antiguos archivos de la Ojrana, la antigua policía zarista, algunos miembros de la KGB, se encontraron con que el propio Stalin había sido uno de sus colaboradores.

Parece ser que esto llegó a oídos del propio Ejército Rojo, antes de la II Guerra Mundial, donde algunos miembros del Alto Mando organizaron un complot para derrocar a Stalin. Por lo visto, ese sería uno de los motivos por los que se inició la purga contra miles de mandos militares. No obstante, hay muchos autores que consideran que el tema del complot es poco creíble. Aunque sí se ha demostrado que Stalin trabajó en su juventud para la Ojrana.

Curiosamente, antes de la publicación de su primer libro, Orlov, residía en Cleveland (Ohio), donde estudió Administración de Empresas. Parece ser que su Facultad se hallaba en el mismo edificio que unas oficinas del FBI. Incluso, sus agentes lo conocían, porque, en muchas ocasiones, habían coincidido en los ascensores de ese edificio y habían charlado con él. Sin embargo, nunca sospecharon que tuvieran delante a un antiguo agente del KGB. Para más escarnio, todo ello ocurrió en plena Guerra Fría.

Como se suele decir que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, ocurrió una cosa inesperada. Vasili Mitrokhin, que fue coronel del KGB y supervisor del Archivo Central de esta institución, parece ser que anotó algunos datos importantes que encontró entre sus estanterías.

Por lo que se refiere a nuestro personaje, parece ser que siempre fue tan minucioso que, cuando estuvo en España, llegó a instalar un horno crematorio para deshacerse de los cadáveres de sus víctimas, al frente del cual puso a un colega suyo apellidado Vaupshasov y que era operado por un español militante del PCE.

De ese modo, no sería de extrañar que nunca se encontrara el cadáver de Andreu Nin, pues nunca se han encontrado los cadáveres de otros muchos, que también fueron represaliados por los agentes del KGB, durante la Guerra Civil española.

Así que esto se supo cuando en 1998, Mitrokhin, publicó un libro donde se contaban estas cosas y otras muchas sobre el KGB.

Desde la llegada de Alexander Orlov y su familia a USA, primero vivieron en Filadelfia, pero no les pareció un clima muy adecuado para la mala salud de su hija, aunque, como medida de seguridad, ni siquiera asistía a la escuela. Así que sus padres le daban clases en su propia casa. Posteriormente, se mudaron a Los Ángeles, donde unos meses después falleció su única hija, con sólo 16 años y a consecuencia de sus fiebres reumáticas, que le dañaron el corazón.

Más adelante, se fueron a Boston, huyendo de la posible persecución de los agentes soviéticos. De hecho, los agentes soviéticos, consiguieron eliminar a algunos desertores, como él, que vivían dentro del territorio USA. Por último, residieron, con una identidad falsa, en Cleveland (Ohio)

Parece ser que su mujer, María, murió en 1971 a causa de un infarto. Nuestro personaje la siguió a la tumba en 1973.

TODAS LAS IMÁGENES PROCEDEN DE WWW.GOOGLE.ES


sábado, 19 de mayo de 2018

EL MISTERIOSO CASO DE ANDREU NIN


Esta vez traigo al blog uno de los casos más extraños que se dieron durante la Guerra Civil española. Seguro que más de uno habrá oído hablar de él. No obstante, es posible que no conozca todos los datos que voy a aportar en este artículo.
Andreu Nin Pérez, que es como se llamaba nuestro personaje de hoy, nació en febrero de 1892 en un pueblo llamado El Vendrell, ubicado en la comarca del Bajo Penedés y perteneciente a la provincia de Tarragona.
Parece ser que nació en el seno de una familia muy modesta, siendo su padre zapatero y su madre campesina. No obstante, emigró a Barcelona, donde, en 1911, obtuvo el título de maestro en la Escuela Normal de Magisterio de esa ciudad.
Más tarde, dio clases en la Escuela Horaciana y en el Ateneo Obrero del barrio de la Barceloneta, ambos en Barcelona.
A partir de 1914, empezó a dedicarse al periodismo. Trabajó en el periódico “El poble català” y en “La revista pedagógica”. Más tarde, escribió también en “La Justicia social”, un periódico de la rama más izquierdista del PSOE.
La huelga general de 1917 fue un acontecimiento clave en su vida. A partir de entonces, militó dentro de los movimientos obreros. Por entonces, ya había cumplido pequeñas condenas en la cárcel a causa de sus actividades revolucionarias.
Empezó militando en el PSOE, para luego pasar a otras formaciones más extremistas, como el sindicato anarquista CNT.
Incluso, llegó a ser el secretario general de este sindicato, tras la muerte del anterior, Evelio Boal. Parece ser que Boal se encontraba preso en la cárcel Modelo de Barcelona y se le aplicó la llamada “ley de fugas”.
Ésta consistía en decirle al preso que ya estaba libre y se podía ir a su casa. Sin embargo, luego le mataban de un disparo, argumentando que había intentado escapar. Por supuesto, a los culpables no les ocurría absolutamente nada.
En 1921, Nin, tuvo la oportunidad de visitar la antigua URSS, para asistir al Congreso de la Komitern, en representación de su sindicato.
Supongo que, como solían hacer, sólo le enseñarían lo que le interesaba a ese régimen, porque volvió entusiasmado con lo que había presenciado.
La experiencia fue tan fuerte que dejó el anarquismo para ingresar en las filas del comunismo. Más tarde, volvió a visitar la URSS para asistir al congreso del Profintern o Internacional Sindical Roja. Parece ser que formó parte de su secretariado, por lo que se quedó a residir unos años en ese país.
Incluso, se casó con una ciudadana rusa, Olga Tareeva, antigua bailarina de la Ópera de Moscú, de cuyo matrimonio nacieron dos hijas.
Curiosamente, como los matrimonios soviéticos no tenían ninguna validez en España, tuvieron que volver a casarse, ocho años después, en Riga, la capital de Letonia.   En el consulado español en Riga fue donde les dieron un pasaporte familiar para poder viajar a España.
Hizo grandes amistades, como la de Nikolai Bujarin, creador de la NEP, o sea, la Nueva Política Económica. En esencia, era un modelo que permitía la reinstauración de ciertas empresas privadas dentro un régimen comunista, como era el de la URSS. Un experimento que duró muy poco.
También conoció al famoso dirigente, León Trotsky, del que llegó a ser su secretario personal y un gran admirador de su pensamiento político. Incluso, llegó a ser elegido concejal en el Ayuntamiento de Moscú.
Tras la muerte de Lenin y la subida al poder de Stalin, estuvo entre los opositores a la ideología de éste. Así que, supongo que se decidió a abandonar la URSS antes de que se lo cargaran. Tal y como les ocurrió a otros muchos miles de ciudadanos rusos.
No obstante, aunque en 1926 fue expulsado del PC de la URSS, se quedó en ese país hasta bien entrado 1930. También tuvo sus problemas, cuando fue a salir de la URSS, pues, fue retenido durante varias horas por la Policía soviética. Incluso, en un principio, Stalin le había negado el visado de salida a su mujer y a sus hijas y tardaron bastante tiempo en convencerlo.
Este puesto en el Profintern, también le había permitido visitar otros países europeos. Aunque también tuvo sus problemas, como cuando, en 1925, le pilló la Policía francesa intentando entrar en el país con un pasaporte falso. Eso le costó un mes de cárcel y la expulsión de Francia.
A su regreso a España, en 1930, volvió a dedicarse al periodismo, como ya había hecho anteriormente y a las traducciones de libros rusos. Idioma que llegó a dominar muy bien.
Al año siguiente, junto con otros amigos, que habían sido expulsados del PCE, formaron la Izquierda Comunista de España (ICE), adherida a la Oposición de Izquierda Internacional, institución fundada por Trotsky bajo la ideología del marxismo-leninismo y contraria a la política de Stalin.
En 1935, fueron invitados por Santiago Carrillo, líder de las Juventudes Socialistas de España, a sumarse a su movimiento. Sin embargo, tras un amplio debate interno, la mayoría de los militantes de la ICE optó por unirse con otro pequeño partido catalán, el Bloc Obrer y Camperol (BOC), liderado por Joaquín Maurin. Así se formó el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). También de ideología trotskista y opuesto al estalinismo.
Supongo que en Moscú tomaron buena nota de ello.
No obstante, el nombre del periódico oficial de este nuevo partido fue “El soviet”. Por lo visto, parece que tenían las ideas muy claras, aunque siempre fue un partido muy minoritario a pesar de que se expandió por toda España y no se limitó sólo a Cataluña.
Curiosamente, a pesar de continuar con su ideología trotskista, el no haber querido aceptar la invitación del PSOE para unirse a ellos le atrajo la enemistad de Trotsky, más partidario de la unificación de las fuerzas obreras.
Nuestro personaje fue elegido secretario general de este nuevo partido y también de su sindicato, llamado FOUS.
Como a la mayoría de la gente, el estallido de la Guerra Civil española le cambió radicalmente la vida. De momento, se quedó como único líder del POUM, porque a Maurin le habían detenido los nacionales en Jaca (Huesca), de donde era originario.
Por supuesto, el POUM, había participado en las elecciones generales de 1936 dentro de la candidatura del Frente Popular.
Curiosamente, aunque había estallado la Guerra Civil, siguieron pensando que la guerra no tenía que parar la revolución, igual que pensaban los de la CNT.
Aparte de ello, también estuvieron implicados en la organización de las checas de Madrid. Aquellas cárceles secretas donde se encerraba y torturaba a todo el que pensaran que fuera de derechas. Concretamente, tuvieron una en la calle Magallanes, otra en la calle Pizarro y otra en la Plaza de Santo Domingo, todas en la capital.
Por otra parte, parece ser que la Generalitat de Cataluña buscaba atraerse a las masas obreras en las personas de sus líderes. De esa manera, Nin, llegó a ser consejero de Justicia de la Generalitat y lo primero que hizo fue instituir los infames tribunales populares. Parece ser que recibió muchas críticas durante su mandato al no parar los continuos asesinatos realizados por las milicias de los diferentes partidos republicanos.


Tampoco le hizo mucha gracia a su amigo Trotsky, el cual le acusó de estar colaborando con un gobierno burgués.
No obstante, Nin, impulsó que la mayoría de edad fuera a los 18 años y fomentó una legislación más favorable hacia la mujer.
También militaron en el Comité Central de Milicias Antifascistas y crearon sus propias milicias, integradas por afiliados al POUM.
Nin y su partido siempre defendieron crear un frente obrero único, fomentar la unidad sindical y la unidad de los marxistas revolucionarios.
Parece ser que eso no era del agrado del PSUC, o sea, los comunistas de Cataluña, que también formaron parte de ese gobierno. Así que fue cesado con la remodelación del mismo, que tuvo lugar a finales de ese año.
Su vida empezó a correr serio peligro, tras los famosos Sucesos de Mayo de 1937, donde, en plena guerra civil, se enfrentaron en Barcelona las fuerzas de la Generalitat, apoyadas por el PSUC, contra la CNT y el POUM.
Parece ser que desde Moscú se maquinó una operación contra él y su partido.
Así que salió a la luz una carta, falsificada por el NKVD, donde se decía que Nin apoyaría una sublevación en la retaguardia republicana a favor de Franco.
A mediados de junio de ese año, los líderes del POUM fueron detenidos por la Policía y encarcelados. Sin embargo, en el caso de Nin, se le perdió la pista. Es posible que lo secuestraran dos agentes del NKVD, que acompañaban a esos agentes de la Policía.
Concretamente, Andreu Nin, fue detenido a la salida de una reunión en la sede central del POUM, situada en la Rambla de los Estudios, en Barcelona. No sospechó nada, porque los agentes se identificaron como tales y además llevaban una orden de detención, firmada por el Jefe Superior de Policía de esa misma ciudad. Casualmente, éste fue uno de los implicados en el asesinato de Calvo Sotelo.
Precisamente, poco antes, el PCE, había conseguido que el coronel Ortega, que era uno de sus afiliados, fuera nombrado Director General de Seguridad. O sea, jefe de la Policía. Así que éste se limitó a seguir las instrucciones del enviado de Moscú, Alexander Orlov. En Moscú, a este secuestro, le llamaron Operación Nikolai.
Curiosamente, este agente fue el mismo que se encargó de supervisar el traslado de las reservas de oro del Banco de España hasta el territorio de la URSS.
Parece ser que la noticia llegó al Gobierno republicano. Sin embargo, el PCE, que había colocado a uno de sus líderes, Jesús Hernández, como ministro de Instrucción Pública y Sanidad, le dio las oportunas instrucciones para que este asunto no se debatiera en el Consejo de Ministros. Informándole que lo tenían secuestrado, como él mismo publicó, posteriormente, en sus memorias.
Parece ser que el ministro de la Gobernación, el socialista Julián Zugazagoitia, al que ya dediqué otro de mis artículos, era muy amigo de Nin y no habían querido informarle de ello, para que no pusiera demasiadas trabas a esta operación.
No obstante, parece ser que, durante el Consejo de Ministros, Zugazagoitia acompañado de Irujo, miembro del PNV, sacaron esto a colación, pues habían oído rumores sobre este tema.
Tras una fuerte discusión con los ministros comunistas, el presidente Negrín, zanjó el tema, diciendo que se posponía este debate hasta que se aportaran más datos sobre este asunto.
Incluso, Benito Pabón, abogado de los líderes del POUM, se dirigió por carta al ministro de Justicia, Manuel Irujo, miembro del PNV.
Éste le contestó que tendrían un juicio justo, como cualquier ciudadano. Es más, le reiteró: “Puedo asegurarle que nadie de los detenidos ha sufrido un rasguño, ni un mal trato, ni otra presión que la de su propia conciencia”. Curiosamente, el PNV, que era un partido vasco y de derechas, también tuvo dos checas en Madrid.
Parece ser que en abril de 1937 se descubrió una red de espionaje franquista dentro del territorio republicano y se detuvo a muchos implicados en la misma. Así que les fue bastante fácil acusar a Nin de formar parte de la misma.
Parece ser que estas detenciones las llevó a cabo la llamada Brigada Especial, ubicada en el Paseo de la Castellana, 19 de Madrid y se informó de ello a Wenceslao Carrillo, subsecretario de Gobernación y padre de Santiago Carrillo; al
general Miaja y al coronel Rojo. Como responsables de la defensa de Madrid.
Parece ser que, para confeccionar los documentos incriminatorios, que relacionaban al POUM con esa célula franquista de espionaje se utilizaron tanto a falsificadores profesionales españoles como a agentes soviéticos.
Oficialmente, los miembros de la Brigada Especial encargados de la detención y el posterior interrogatorio de Andreu Nin fueron el comisario Fernando Valentí y el agente Jacinto Rosell. Evidentemente, en los informes no figuraron los agentes soviéticos, que fueron los que de verdad torturaron a Nin.
La mayoría de los autores dice que Nin fue detenido el 18 de junio y, tras su paso por Valencia, fue llevado a un chalet ubicado en las afueras de Alcalá de Henares, junto a una base aérea. Es donde está, actualmente, el nuevo campus de la Universidad de Alcalá. Esta casa pertenecía al matrimonio formado por el general Ignacio Hidalgo de Cisneros, jefe de la Aviación republicana, y Constancia de la Mora Maura, nieta del famoso político Antonio Maura, a la que dediqué otro de mis artículos.
Parece ser que, por entonces, Alcalá de Henares, estaba llena de “asesores” soviéticos. Así que estos agentes se encontraban en ese pueblo como en su propia tierra.
Mientras tanto, mucha gente estaba pendiente de la suerte de Nin. En algunas ciudades aparecieron unas pintadas que decían: “¿Dónde está Nin?”. Por supuesto, los comunistas, que lo tenían todo controlado, se dedicaron a escribir debajo de ellas: “¡En Salamanca o en Berlín!”.
Ciertamente, las circunstancias de la detención de Nin, parecían ser un secreto a voces, porque mucha gente parecía saber lo ocurrido.
Concretamente, Julián Gorkin, otro de los líderes del POUM, durante su encarcelamiento, pudo hablar con Miguel José Garmendia, inspector general de Prisiones y hombre de confianza de Manuel Irujo, ministro de Justicia. Parece ser que le dijo que sabían perfectamente dónde permanecía secuestrado Nin, pero no quisieron ir a rescatarlo por no enfrentarse con las fuerzas militares que lo custodiaban.
Siguiendo las memorias de Jesús Hernández, en un principio, Orlov, optó por comenzar la tortura por el llamado “método seco”. Éste consistía en hacerle todo tipo de preguntas al detenido, no permitiéndole que se sentara. Esto se prolongaba durante varios días, aunque, de vez en cuando, se le trasladaba a su celda para que descansara unos 20 minutos, antes de seguir con la tortura.
Parece ser que este método había dado bastante resultado con los detenidos en la URSS. Sin embargo, parece ser que Nin se negó a autoinculparse de ser un espía franquista. Como querían sus secuestradores.
Se supone que, al ver que Nin estaba resistiendo bien las sesiones de tortura, se decidió por otro método mucho más radical.
Consistió en ir arrancándole la piel y dejar al aire los músculos. No obstante, no consiguieron una confesión del secuestrado. Así que ahora no sabían qué hacer con él, porque ya no podían dejarlo en libertad en el estado tan deplorable en que lo habían dejado.
Parece ser que, a uno de los mandos del famoso Quinto Regimiento, la primera unidad militar comunista que se organizó en Madrid nada más estallar la guerra, se le ocurrió una brillante idea.
Consistía en simular una operación de comando para dar a entender que los nazis habían atacado esa casa y se habían llevado a Nin. Para ello, utilizaron a algunos soldados alemanes comunistas, que militaban en las famosas Brigadas Internacionales.
Así, que, el 22 de junio, realizaron esa simulación, maniatando a los agentes españoles que custodiaban al detenido, y dejando abundantes pistas, como una cartera con documentación y dinero alemanes.
La realidad es que, el 23 de junio, cuando los secuestradores vieron que no le iban a sacar nada a Andreu Nin, lo sacaron de la casa y lo llevaron a un descampado, donde lo mataron.
En esto difieren algunos autores, porque unos dicen que fue en la carretera que iba de Alcalá de Henares hacia Perales de Tajuña. Mientras que otros afirman que su destino final estuvo en El Pardo.
La verdad es que es muy curiosa la facilidad con que siempre se movieron los agentes soviéticos
por el territorio republicano. Incluso, algunos ocuparon cargos importantes en el Ejército. Ciertamente, es algo muy llamativo, porque, hasta que empezó la Guerra Civil, España ni siquiera había tenido relaciones diplomáticas con la URSS.
Se cuenta una anécdota muy curiosa, como botón de muestra de las libertades que se tomaron esos agentes en España.
Parece ser que, unos meses después del asesinato de Nin, un consejero de la embajada soviética insistió en ser recibido por Negrín.
Se trataba nada menos que de Orlov, el cual, como le habían dicho que Negrín estaba muy interesado en este tema, no se le ocurrió otra cosa que contarle un relato falso sobre lo allí ocurrido.
Negrín, que era una de las mentes más brillantes de España, parece ser que le dijo que, de vez en cuando leía novelas policíacas que eran mucho más creíbles que su relato. Así que le dio a entender que todo era falso.
Ni corto, ni perezoso, el soviético alzó la voz y le dijo: “¡Está usted ofendiendo a la URSS!” a lo que el español le respondió: “Olvida usted que habla con el jefe del Gobierno de la República española”. Así que se levantó, le abrió la puerta y lo echó de su despacho.
Aunque parezca mentira, todavía sigue de actualidad la desaparición y el asesinato de Andreu Nin. Concretamente, en febrero de 2008, cuando se estaban realizando unas obras en una base militar, situada en las afueras de Alcalá de Henares (Madrid), se descubrió una fosa que albergaba varios cadáveres.
Parece ser que los forenses dictaminaron que se trataba de los cuerpos de 7 personas.
Seis varones y una mujer. Todos ellos jóvenes. Además, se supo que, durante la Guerra Civil, hubo un paredón situado cerca de esa fosa.
Curiosamente, este hallazgo se realizó durante el mandato de Rodríguez Zapatero, el creador de la Ley de la Memoria Histórica. Por lo visto, esta Ley se hizo sólo para buscar los restos de los republicanos asesinados por los nacionales, pero no al contrario.
Así que, como se sospechaba que se trataba de cuerpos de asesinados por los republicanos y además la fosa se hallaba en un terreno militar, ordenaron que esas investigaciones las llevara a cabo la Justicia Militar y, más tarde, rellenaran esa fosa con cemento y construyeron un muro encima.
Así que no se ha vuelto a saber nada de esa fosa, donde algunos pensaron que se podría hallar el cadáver de Andreu Nin.
A pesar de ello, la fundación que lleva su nombre se muestra escéptica y no cree se encontrara en esa fosa el cadáver de nuestro personaje.
También es posible que esos cuerpos pertenecieran a reclusos de un antiguo campo de concentración, llamado Caño Gordo, donde primero se encerró a los comunistas que se opusieron al golpe de Estado del coronel Casado, que tuvo lugar al final de la Guerra Civil, y luego fue utilizado por el régimen franquista.
Parece ser que ese campo figura como Manicomio en algunos documentos, porque, en principio, esa era su finalidad. Aunque luego se cedió a la Brigada Paracaidista.
Parece ser que, durante el mandato del socialista Joaquín Leguina, como presidente de la Comunidad de Madrid, también se ordenó hacer una investigación para intentar encontrar el cadáver de nuestro personaje, pero, a pesar de los esfuerzos, no hubo suerte.
Como se me ha hecho demasiado largo este artículo, muy posiblemente, voy a dedicar el siguiente a la curiosa figura de Alexander Orlov, según todos los indicios, el jefe de los asesinos de Andreu Nin.