ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

lunes, 1 de febrero de 2016

LOS DOBLES DE ADOLF HITLER



Parece ser que la vida y el destino del antiguo líder nazi sigue siendo, hoy en día,  una fuente inagotable para rellenar páginas y más páginas.
Hace poco se ha sabido que van a reeditar en Alemania su famoso libro “Mein Kampf” (Mi lucha), tras muchos años en los cuales estuvo prohibido hacerlo. Supongo que todo el mundo sabrá que esta obra la escribió, mientras estuvo preso en la cárcel. Tras el fracasado golpe de Estado que dio en Múnich. El famoso “Putch de la cervecería”.
Siempre se leen cosas nuevas. Hace un rato, estaba leyendo que, en su momento, hubo muchos rumores de que Hitler y Eva Braun, habían llegado a tener dos hijos. Uno de ellos, nacido en 1938 y el otro en 1941. Un chico y una chica.
Incluso, se decía en el mismo artículo, que ambos fueron cuidados, durante la posguerra, por una familia española, hasta su traslado a Suiza, en los años 60. En fin, cada uno puede darle a estas cosas la credibilidad que quiera.
Para empezar, casi todos los líderes políticos han utilizado a sus dobles. Unos lo han hecho para no cansarse, yendo a varios sitios en poco tiempo. Otros, por simples motivos de seguridad.
Ahora mismo, me viene a la memoria aquella película española tan divertida, llamada “Espérame en el cielo”. Estrenada en 1988.
En ella, podemos ver que los servicios secretos de Franco se dan cuenta de que un especialista en Ortopedia se parece muchísimo al Jefe del Estado y un día lo raptan, se lo llevan a un lugar secreto y allí lo entrenan para que suplante al dictador lo mejor posible. Hasta el punto que llega un momento en que nadie sabe a ciencia cierta quién es el verdadero y quién el doble. Ni siquiera lo reconoce su propia esposa.
Me da la impresión de que Hitler, aparte de utilizar a estos dobles, para estar en varios lugares de Alemania a la vez y reforzar su imagen ante su pueblo, realmente, los necesitaba para su seguridad.
Es de sobra conocido que, a lo largo de su mandato, sufrió bastantes atentados. Unos se quedaron en intentos y otros se consumaron, pero siempre, según parece, salió ileso de todos ellos. Es posible que, más adelante, dedique otro artículo a este tema.
Parece ser que la Operación Doppelgänger, o sea, doble, fue ideada por Himmler, jefe de la SS, y por Heinrich Müller, jefe de la Gestapo. El primero luego fue jefe de ambas, al fusionarse las dos entidades en un único mando.
Uno de los posibles dobles de Hitler fue Julius Schreck. Un conocido y fanático nazi de primera hora. Parece ser que tuvo el carnet nº 53 del partido nazi.
También fue uno de los fundadores de las célebres SA o camisas pardas. Hitler se fijó en él para que organizara y capitaneara un grupo que se dedicase exclusivamente a escoltarle por todo el país.
Incluso, el mismo Schreck, participó junto a Hitler en el famoso “Putch de la cervecería” y fue encarcelado en la misma prisión que Hitler.
Ese grupo de escoltas fue el origen del famoso SS o escuadrón de protección, que suele aparecer en todas las películas sobre la II GM.
Schreck llegó a ser uno de los jefes de las SS y el escolta más cercano a Hitler. Incluso, sustituyó a su chófer personal.
Este pudo ser uno de sus dobles, pues tenía un parecido bastante razonable y visto de lejos, no se notaba mucho la diferencia. Además, hay que recordar que, en esa época, se conducía por las carreteras con una especie de casco.
Según su biografía, se dice que falleció en 1936 a causa de una meningitis. Hitler, parece ser que tenía una gran amistad con él y sintió mucho su fallecimiento.
A pesar del motivo oficial de su muerte, otras fuentes la han explicado de otra manera más extraña.
Parece ser que, normalmente, Hitler se sentaba en la parte de atrás de su coche y Schreck era el que conducía. Sin embargo, por algún motivo extraño, ese día de 1936, el que conducía el coche era el mismo Hitler.
Un grupo de antiguos afiliados de la SA, a la que Hitler había masacrado, anteriormente, intentaron un atentado contra el líder nazi. Para ello, le esperaron cuando volvía a su refugio en el Berghof.
Concretamente, se apostaron en una zona cercana a un paso a nivel, donde sabían que el coche tendría que reducir su velocidad. Allí, dispararon contra el auto y mataron a la persona que se encontraba en el asiento trasero, que, esta vez, era Schreck.
Otro de los dobles más conocidos de Hitler fue Heinrich Berger, el cual figuraba como taquígrafo personal del político.
La verdad es que hay muy pocas fotos de él y no se le ve muy bien, pero me da la impresión de que no se le parecía tanto como dicen.
Parece ser que este hombre ni siquiera era un nazi ni tampoco era militar. Sin embargo, le contrataron para estar cerca de Hitler, porque era uno de los mejores taquígrafos del país y podía copiar todo lo que dijera el político, que solía hablar muy deprisa.
El día 20/07/1944 tuvo lugar el famoso atentado del coronel Klaus von Stauffenberg, del cual se han escrito abundantes libros y se ha estrenado una película llamada “Operación Valkiria” o algo por el estilo.
Algunos autores dicen que Stauffenberg creyó que Berger era Hitler y le puso el maletín con la bomba muy cerca de él. A consecuencia de la explosión de la misma, murieron dos generales y el mismo Berger, al cual, la detonación le amputó las dos piernas y, posiblemente, no pudieron cortar la hemorragia.
Parece ser que, como su familia se negó a que se le hiciera un funeral de Estado, como se hizo con los otros dos, el régimen le negó la pensión a su viuda.
Otro de estos conocidos como dobles de Hitler fue Gustav Weler, un cómico muy famoso en los teatros de Berlín, en la época anterior a la II GM.
Parece ser que fue detenido y llevado ante Martin Bormann, hombre de confianza de Hitler. Éste lo presentó a su jefe, al cual no le hizo mucha gracia, porque su gran sentido del humor no era de su agrado.
Al final de la guerra, aparecieron por Berlín una serie de cadáveres con un aspecto parecido al de Hitler. Los aliados, en un principio, cayeron en la trampa, pero luego se dieron cuenta de que eso lo habían hecho los nazis para despistarlos.
También podría ser que lo hubieran hecho los seguidores de Hitler para que nadie supiera nunca que había usado siempre a estos dobles, para que actuaran como si fuera él.
Uno de estos cadáveres, con un aspecto muy parecido a Hitler, y un tiro en medio de la frente, fue encontrado en las ruinas de la Cancillería. Los aliados pensaron, inmediatamente, que se trataba del propio Hitler. Sin embargo, cuando entraron en el bunker, pudieron hallar los cuerpos de los demás. Unos días más tarde, bajo unos escombros, encontraron los cuerpos semicalcinados de dos personas, que, según les dijeron, se trataba de los cadáveres de  Hitler y de Eva Braun, pero, según comentaron, era imposible reconocerlos.
No obstante, aunque, en un principio, al cadáver encontrado con el tiro en la frente, los aliados, le atribuyeron la identidad de Weler, posteriormente, llegaron a detener a éste y le interrogaron a fondo.
Otro de estos famosos dobles fue Ferdinand Beisel. Este sí que fue un ferviente nazi. Sin embargo, como estaba muy orgulloso de su parecido con el político, pues acostumbraba a imitarle en cualquier parte.
En cierta ocasión, parece ser que lo hizo en medio de una cervecería y unos miembros de la Gestapo, que estaban allí presentes,  se lo llevaron detenido.
Un poco más tarde, lo llevaron a presencia de Martin Bormann, el cual se hizo cargo de esta persona y ordenó que  lo formaran para que diera el pego y todo el mundo pensara que era el propio Hitler.
Parece ser que este nuevo sosias de Hitler debutó en su nuevo papel ya en 1943, revistando a las tropas y acudiendo a ciertos actos públicos. Era una forma de comprobar si la gente picaría el anzuelo y parece ser que lo picaron, obteniendo nuestro personaje un rotundo éxito.
Algunos autores afirman que el que estuvo los últimos días de la guerra refugiado en el bunker de la Cancillería fue Beisel y no Hitler. Incluso, ciertos especialistas defienden que se obró de esa manera para proteger la huida del líder nazi hacia otros países.
Parece ser que el personaje que se ve en las fotos tomadas, revisando los daños ocasionados durante el bombardeo de la Cancillería o el que habla con los adolescentes movilizados al final de la guerra, no es el mismo Hitler, sino que se trata de Beisel.
Incluso, es muy posible que el cadáver que encontraron los rusos, con un disparo en la frente, fuera el de este doble y no el de Hitler.
A pesar de haber sido muy bien formados, estos dobles, tuvieron algunos fallos, como no reconocer a algunos personajes, cuando era bien sabido que a Hitler nunca se le olvidaba ni un nombre, ni una cara. Como ocurrió en el caso de von Stauffenberg, al que no reconoció, a pesar de que le había condecorado pocos días antes.
También, se dice que tras la explosión producida por el atentado del citado coronel, Hitler, tenía los pantalones quemados y hechos jirones. Al igual que su cuerpo estaba lleno de astillas, que se le habían clavado, procedentes de la robusta mesa de trabajo, donde tenían desplegados los mapas.
Sin embargo, el Hitler que, poco después, recibió a Mussolini, apenas tenía algún rasguño. Lo cual es muy llamativo y ni siquiera se le veía temblar a causa del Parkinson.
Parece ser que cuando los servicios de Inteligencia de los aliados interrogaron a una antigua agente alemana, ésta declaró que varios de estos dobles habían pasado por una clínica de cirugía estética y que, incluso, varios de los jefes nazis también lo habían hecho. Al objeto de facilitar su huida a otros países, sin ser reconocidos.
Esta clínica, aunque estaba regida por un doctor muy afín al nazismo, que, además, era el padre de la agente interrogada, posteriormente, fue  asaltada.
Los asaltantes se llevaron todos los informes sobre estas intervenciones quirúrgicas y no se olvidaron de asesinar al director de la clínica y a su hijo, ambos médicos especialistas en esta materia, se supone que para que no pudieran declarar sobre este tema, si les sometían a un interrogatorio.


Según los testigos que estuvieron con él en el bunker de la Cancillería, Hitler, no parecía el mismo. Estaba muy demacrado, le habían caído de golpe muchos años encima y, aunque parezca mentira, había cambiado radicalmente de costumbres. Cosa verdaderamente extraña en un hombre tan meticuloso.
Parece ser que Stalin se tomó muy en serio capturar a Hitler vivo o muerto. Para ello, movilizó al servicio secreto militar de la URSS, el Smersh. Incluso, prometió condecoraciones a quien le llevara ante él a Hitler. Estos agentes llegaron a detener a unas 800 personas, que habían tenido contacto con este político.
Entre otros, los rusos capturaron al vicealmirante Voss, al cual le obligaron a colaborar con ellos. Al pasar por un montón de cascotes, en las ruinas de la Cancillería, señaló hacia el montón gritando “Hitler, Hitler”.
Se pusieron a excavar y, tras exhumar varios cadáveres, apareció un cadáver muy parecido al de Hitler, pero con una peluca rubia.
Hicieron pasar por allí varias personas que le conocieron muy bien en
vida. Tal fue el caso de su piloto, Hans Baur, o de su dentista, Junge. Este último, comprobó que las piezas dentales no se correspondían con las de las radiografías que le había hecho, años antes, al verdadero Hitler, el cual tenía la dentadura mucho peor que la de este cadáver.
Incluso, hicieron venir desde Moscú a un antiguo embajador soviético en Berlín, el cual tampoco lo reconoció.
Parece ser que la figura de Hitler fue muy copiada por los alemanes. Más o menos, como hoy en día, los jóvenes, suelen copiar y vestirse como sus ídolos musicales del momento. De hecho, todavía se hacen reuniones con gentes disfrazadas como el famoso cantante Elvis Presley.
Se dice que, los soldados soviéticos, atraídos por las condecoraciones prometidas, llegaron a capturar en Berlín y llevar ante el gobernador militar ruso, 6 tipos con un aspecto muy parecido al de Hitler.
Stalin, según parece, siempre les dijo a sus aliados de la II GM, que Hitler se le había escapado y nunca estuvo seguro de que hubiera muerto en el ataque a Berlín. De hecho, los aliados, repartieron varias fotos donde se podían ver las diversas caracterizaciones que podría haber tenido Hitler.
Sin embargo, los ingleses enviaron a un profesor universitario, llamado Hugh Trevor Roper, el cual hizo un estudio muy chapucero sobre el tema y llegó a la conclusión de que los cadáveres semicalcinados, encontrados junto al bunker de la Cancillería, correspondían a los cuerpos de Hitler y de Eva Braun. En ese informe se han basado los libros de Historia, hasta la fecha.
No obstante, hace unos años, los rusos, autorizaron a un equipo de investigadores USA el estudio de un trozo de cráneo, con un agujero, producido probablemente por una bala, y que aseguraban que era de la cabeza de Hitler.
Sin embargo, este equipo de investigadores, utilizando los métodos más modernos, pudo probar que este trozo de cráneo perteneció al cadáver de una mujer de unos 20 años. O sea, que no pudo ser ni de Hitler ni de su esposa.
Luego, han aparecido varias teorías sobre la posible huida de Hitler. Al igual que hicieron otros varios jerarcas del régimen nazi.
Algunos dicen que lo hizo por vía aérea. Volando hacia Italia, bordeando Francia y llegando a España, donde existía un régimen propicio para ellos. De la península voló hacia Canarias y luego hacia su destino final, en Sudamérica.
Otros afirman que lo hizo en uno de esos submarinos que, tras el final de la II GM, estuvieron varios meses sin aparecer. Incluso, algunos de ellos nunca han aparecido, y otros aparecieron de improviso en las costas de Argentina. Donde, por entonces, gobernaba Perón, un político con una ideología muy afín al líder alemán.
Más o menos, esto es todo lo que se sabe sobre este tema. Es muy posible que haya más datos en los archivos de Inteligencia de las grandes potencias que ganaron la II GM, pero, como es sabido, no es posible consultarlos hasta que se decidan a desclasificarlos.

viernes, 22 de enero de 2016

EL SABOTAJE DE LOS EXPLOSIVOS UTILIZADOS EN LA GUERRA CIVIL



La Guerra Civil española fue de todo menos eso, “civil”, y de todos es sabido que murieron muchas miles de personas. Algunas hablan de un millón de muertos y otras de cantidades inferiores. Esa es una discusión que nunca acabará. Sin embargo, hoy voy a hablar de un aspecto desconocido de la misma.
Es de sobra conocido que, al principio de la contienda,  el bando sublevado, apenas poseía fábricas de armas. También que solía acallar inmediatamente cualquier intento de rebelión de la forma más sangrienta posible. Así que muchos de los obreros que trabajaron para ese bando lo hicieron a regañadientes y, posiblemente, efectuaron una resistencia pasiva contra el mismo.
Se sabe que las tropas italianas solían bombardear ampliamente cada zona, antes proceder a  invadirla por tierra. Ese fue el caso de algunas zonas de Teruel y de Alicante.
A mediados de 1938, los bombarderos italianos atacaron la capital alicantina, produciendo cientos de muertos, pero no fueron más, porque muchos de los proyectiles caídos sobre la ciudad estaban preparados para que no hicieran explosión.
Incluso, los servicios de Inteligencia remitieron un escrito al cuartel general de Artillería, ambos del bando franquista, donde se hacía mención de que, tras los intensos bombardeos, producidos en mayo de 1938, sobre el frente de Madrid, casi un 80% de los proyectiles no había estallado.
Se dice también que el Ejército republicano había estudiado a fondo este asunto y había encontrado que muchos de ellos tenían fallos de fabricación o, incluso, habían colocado trozos de periódicos, para que la espoleta no hiciera contacto con el fulminante.
Es más, en alguno de estos proyectiles, habían llegado a encontrar un papel, escrito a mano, donde se podía leer: “La que pase por mis manos, no estallará”.
Incluso, en un informe remitido al Estado Mayor, por un oficial franquista, se podía leer que, tras analizar una bomba, que no había hecho explosión, encontraron en su interior una moneda de 10 céntimos, al objeto de que no funcionara su mecanismo.
En otros frentes, el Ejército republicano, encontró dentro de estos explosivos, que no llegaron a estallar, una serie de mensajes que decían: “Españoles, somos hermanos vuestros y no queremos haceros ningún daño”.
En el caso de Barcelona, desde mediados de marzo de 1937, se produjeron casi 200 bombardeos. En algunos de ellos hubo miles de víctimas. Sin embargo, en muchos de ellos se llegaron a recoger una gran cantidad de bombas sin explotar y se observó que las mismas habían sido saboteadas.
Incluso, siguiendo con el caso de Barcelona, una de las muchas bombas que no estallaron, se quedó atrapada bajo el pavimento. Tras extraerla, los servicios de desactivación de explosivos, encontraron una nota que decía: “los obreros antifascistas de Palma de Mallorca saludan a sus hermanos”. Es posible que muchos de estos “obreros” no fueran hombres, sino mujeres,  
porque muchas de ellas trabajaron muy activamente en esas fábricas. Afortunadamente, nunca fueron detenidos, la mayoría de los responsables de estos sabotajes.
Mientras tanto, el Ejército franquista, también se había dado cuenta de que muchos de estos artefactos no conseguían explotar, pero, ajenos al conocimiento del sabotaje, se habían centrado en posibles defectos técnicos de las mismas.
También Madrid fue “castigada” durante toda la guerra a base de intensos bombardeos. Sin embargo, también aquí, hubo miles de bombas que no estallaron.
En uno de los informes de la Inteligencia franquista, que fue remitido al propio Franco,  se citan las declaraciones de un miliciano republicano que se pasó a sus filas.
Este individuo, relató  el caso de uno de estos proyectiles, que había caído en Pozuelo, cerca de Madrid.
Los artificieros investigaron el asunto y, al abrirlo, encontraron dentro un cartón que por un lado decía: “Sorpresa” y por el otro: “Compañeros, de los proyectiles que saldrán de este cañón, no temáis, que no explotará ninguno. Soy de los vuestros. UHP”. O sea, Unión de Hermanos Proletarios.
Parece ser que, tras haber leído Franco este informe, escribió al margen del mismo “que se vigile a los artificieros para evitar casos como el presente”.
Más adelante, el mismo Franco parecía estar muy preocupado por este asunto, porque ordenó que “el personal que entre para manipular armamento deberá ser no sólo de absoluta garantía, sino que debe además estar convenientemente vigilado”. O sea, que el tema parecía más serio de lo que, en un principio pensaban los historiadores.

Es posible que también se trucaran los mismos cañones, pues, los artilleros nacionales, se mostraban extrañados de que los proyectiles que lanzaran sobre Madrid, en varias ocasiones, no acertaran en el blanco.
Más adelante, el bando nacional, tuvo conocimiento de primera mano, pues había conseguido descifrar el código republicano. Así pudieron leer muchos de estos mensajes, donde se decía claramente, que muchos de estos proyectiles no habían estallado.
Realmente, no se sabe quiénes fueron las personas que se dedicaron a estos sabotajes. Tampoco se sabe si lo hicieron por no derramar más sangre, por nacionalismo o, quizás, por un hermanamiento con los obreros de la otra zona, como parece más probable, según los mensajes mencionados anteriormente.
Es más, también se sabe que, en el caso de las bombas lanzadas desde los aviones alemanes hubo también algunos fallos. Al analizar una de estas, que había sido arrojada sobre Madrid, encontraron una nota en alemán.
Tras llevarla a traducir, pudieron leer lo siguiente: “Camaradas, no temáis. Los obuses que yo cargo no explotan. Un obrero alemán”.
Parece ser que muchos líderes del momento no se tomaron en serio este asunto. El mismo Carrillo, calificó este tema como “bulos y leyendas urbanas”.
En otra ocasión, se atrevió a afirmar que “nadie se atrevería a poner en riesgo su vida escribiendo mensaje de este tipo en obuses que, fácilmente, se pudieran ver”.
Alguien debería de haberle explicado a Carrillo que un obús es un tipo de cañón y no un proyectil de artillería.
Todo este tema ha estado medio oculto, durante muchos años. No obstante, algunos autores, como Arturo Barea o Eduardo Zamacois, lo mencionaron en algunas de sus obras.
El famoso hispanista, Paul Preston, que ya había leído las obras de estos autores y no había hecho mucho caso de esos rumores, pudo comprobar personalmente que esta práctica fue un hecho generalizado, al revisar algunos documentos de la Guerra Civil.
El mismo autor, calificó este hecho como una muestra de solidaridad de los obreros españoles y de otros países con los republicanos.
Como dije al principio, al comenzar la Guerra Civil, el Ejército franquista, apenas poseía fábricas de armas. Algo realmente preocupante, pues los sublevados nunca pensaron comenzar una guerra y no habían hecho previsiones ni de suministros, ni de armamentos. Así que necesitaban urgentemente tener, al menos, una, para no depender del extranjero y,  al menos, intentar ganar la guerra.
Algunos autores afirman que lo más importante de la sublevación de Granada, fue que el bando franquista pudo acceder a la fábrica de armamento de El Fargue, sita en esa provincia.
Los rebeldes no tuvieron compasión alguna con los obreros y militares que trabajaban en la misma. Algunas fuentes hablan de unos 170 de estos trabajadores fusilados en el famoso Barranco de Víznar. Otros elevan la cifra hasta los 450, pues, según calculan, éste fue el número de gente que “desapareció” de esa fábrica durante el conflicto.
Parece ser que, durante la guerra, se produjeron abundantes explosiones en la fábrica. Cosa que en el bando sublevado achacaron a sabotajes dentro de la misma. A causa de ello, la Falange, realizó continuas “sacas” en las que se dedicó a asesinar, impunemente,  a todo el que le dio la gana.
Más tarde, tras el relevo del director de la misma, se comprobó que esas explosiones se debieron a las malas condiciones de trabajo y a la falta de experiencia de los obreros que habían contratado para sustituir al personal que habían fusilado anteriormente.
Al mencionar la actividad de esta fábrica, algunos autores indican que, antes de la Guerra Civil, la plantilla era de 510 obreros y que la misma fue creciendo para llegar, casi al final de la contienda, a los 1.676. También afirman que, al final de 1936, se había quintuplicado la producción de la misma. Lo cual es muy significativo.
Precisamente, uno de los operarios de esta fábrica fue Emilio Fernández Adarve, abuelo del famoso cantante, ya tristemente fallecido, Carlos Cano.
Su abuelo fue fiel a la II República e intentó que la fábrica no cayera en manos franquistas, pero no lo consiguió. Desgraciadamente, fue fusilado el 15/10/1936 delante de la tapia del Cementerio de San José, en Granada.
Su familia fue obligada a dejar la casa donde vivían, junto a la fábrica, y tuvieron que mudarse a un barrio de Granada, donde, más tarde,  nació el cantante.
En noviembre de 2006, se rindió homenaje a los obreros de esa fábrica, que fueron fusilados en el Barranco de Víznar y en otros muchos sitios. En el mismo acto, se colocó una placa en el lugar donde se cree que existe una fosa común, donde reposan los restos de  muchos de ellos.
Por lo que respecta a los bombardeos sobre la zona nacional, el caso más famoso es el de la Basílica del Pilar, en Zaragoza. Aún hoy, se pueden ver estos artefactos, los cuales se hallan expuestos en el interior del templo.
Realmente, no se sabe la razón por la que no hicieron explosión estas dos bombas, a pesar de haber atravesado el techo de este recinto.
Algunos autores, llegan a afirmar que nunca podrían haber explotado a causa de que, en su interior, carecían de espoleta. A pesar de que la Iglesia siga afirmando que es todo un milagro.
En fin, espero no haberos aburrido con este artículo sobre un aspecto muy poco conocido de la Guerra Civil española. También os recuerdo que no es bueno tocar estos explosivos, si los encontráis en el campo. Cada año, se suelen encontrar unos mil y la mayoría de ellos pueden explotar, habiéndose producido ya muchos accidentes por este motivo.

domingo, 17 de enero de 2016

ESPARTACO, EL GLADIADOR QUE LUCHÓ CONTRA ROMA



Ante todo, quiero daros las gracias  por la gran acogida que ha tenido mi anterior artículo, lo cual me da las suficientes energías para seguir escribiendo unos cuantos más.
Esta vez, siguiendo con el ciclo sobre la esclavitud, me he atrevido a escribir un artículo sobre un esclavo muy famoso, gracias al cine y, sobre todo, a Kirk Douglas. Su nombre fue Espartaco.
Para empezar, he de deciros que sobre él no se sabe mucho, pues los historiadores romanos eran muy dados a magnificar sus victorias, sin embargo, sobre sus derrotas no decían ni pío. Seguramente, lo harían para no cabrear al cónsul o al emperador de turno.
De hecho, parece ser que el gran poeta Ovidio dijo o escribió algo, que no gustó nada al emperador Augusto y éste lo mandó a pasar los 25 últimos años de su vida a la costa del Mar Negro, en la actual Rumanía, y allí se aburrió como una ostra.
Como todo el mundo sabe, la sociedad romana, estaba sustentada por una amplia base de esclavos. De hecho, se cree que muchas de las guerras las hacían sólo para eso. Para obtener mano de obra barata.
Parece ser que casi todo el mundo los tenía. Los más ricos llegaron a tener hasta unos 8.000 esclavos a su servicio. Todo un auténtico ejército.
Es posible que, debido al maltrato, no duraran mucho, pues en algunas fuentes se cita que el Imperio Romano necesitaba, aproximadamente, medio millón de nuevos esclavos al año.
También se dice que, en cierta ocasión, se debatió en el Senado la conveniencia de vestir con unos uniformes a los esclavos, al objeto de que todos vistieran de igual manera. La moción se desestimó, porque los propios senadores se horrorizaron al pensar que un día los esclavos se podrían dar cuenta de que eran más que los romanos y les harían frente.
Principalmente, los esclavos, se obtenían como botín en las guerras. También podrían adquirirse en los mercados, uno de los principales era Delfos, o también mediante rapto y otras cosas por el estilo.
Volviendo al tema de hoy, sabemos que Espartaco estaba formándose en una escuela de gladiadores, que se hallaba en Capua, por entonces, una de las ciudades más prósperas de la Campania, al sur de Italia.
Esta escuela se hallaba al mando de un personaje conocido como Léntulo Baliato y se dice que trataba de una manera brutal a estos gladiadores.
En el verano del 73 a. de C., un grupo de unos 200 gladiadores comenzó a planear la huida. Parece ser que Baliato se enteró y los conjurados no tuvieron más remedio que adelantar sus planes, en previsión de que mandaran tropas para enfrentarse contra ellos.
En un principio, sólo escaparon de allí unos 78 gladiadores, provistos de cuchillos y de hierros de los que usan en las parrillas de asar.
A pesar de su escaso armamento, no tuvieron muchos problemas para deshacerse de una simple centuria de legionarios que mandaron para enfrentarse contra ellos.
Luego, se encontraron con una caravana, que debía de llevar armas para los gladiadores, y se las confiscaron. Con ello, ya se podría decir que estaban debidamente armados.
No es raro que el Gobierno sólo les enviara esa pequeña cantidad de hombres, para interceptarles el paso. Hay que tener en cuenta que ya habían tenido lugar dos guerras contra los esclavos y siempre les habían derrotado. Con este episodio, comenzaba la tercera.
Espartaco pasó a ser el líder indiscutible de este grupo de rebeldes. No está muy claro su origen. Parece ser que nació alrededor del 113 a. de C. en una zona llamada Tracia, actualmente dentro e Bulgaria.
Cada uno de los autores clásicos tiene una teoría diferente. Unos dicen que fue un legionario que desertó y luego fue hecho prisionero y enviado a esa escuela. Otros dicen que era un guerrero de una tribu nómada. En fin, que nadie se ha puesto nunca de acuerdo sobre su origen.
En su camino hacia el norte, se les fueron uniendo infinidad de esclavos, que sólo buscaban su libertad.
Al ver que Roma les envió unos 3.000 legionarios para luchar contra ellos, no se les ocurrió otra cosa que atrincherarse en la cima del Vesubio. Por entonces, este volcán no daba muchas señales de estar en activo. El lugar estaba bien pensado, porque sólo se podía ascender a la cima por un único camino. Así que era fácil de controlar.
No obstante, el pretor Claudio Glaber, al que el Senado había puesto al frente de esas tropas, no intentó en ningún momento subir para atrapar a los esclavos. Se limitó a rodearlos y esperar a que se rindieran por hambre o sed.
Seguramente, los esclavos tendrían muy claro que Roma no iba a tener ninguna piedad con ellos, pues, un siglo antes, no dudó en ordenar la ejecución de miles de ellos, para aplacar una revuelta mucho más numerosa.
No sabemos si fue Espartaco u otro de los rebeldes el que tuvo una idea prodigiosa. Se trataba de aprovechar las ramas de unas vides silvestres, para hacer cuerdas y llegar abajo, hasta una zona no controlada por los legionarios.
Así lo hicieron, bajaron sin hacer ruido y les pillaron por sorpresa a los legionarios, matando a cuantos encontraron en su camino.
Es posible que les ayudaran algunos campesinos de la zona. No hay que olvidar que esa zona estaba habitada por gente de origen etrusco y ahora había caído bajo el yugo de los romanos.
Parece ser que la noticia de la derrota de los legionarios ante los esclavos corrió como la pólvora. Así que, inmediatamente, al pequeño grupo inicial, se les unieron esclavos llegados de toda la península. Ahora eran unos 7.000.
A la vista de los hechos posteriores, los romanos, seguían sin darles demasiada importancia a estos rebeldes.
Esta vez, el Senado romano, envió contra ellos al pretor Publio Varinio con sus tropas. Fue un completo fracaso.
Por una parte, derrotaron a su legado, Furio, y a sus 2.000 hombres.
Por otra, pillaron a su otro legado, Cosinio, cuando estaba tomando un baño y masacraron a sus tropas.
Evidentemente, los habitantes romanos de esas zonas empezaron a estar atemorizados. Es normal, a esas alturas, se sucedían los robos, incendios, violaciones y asesinatos por todas partes.
Aparte de ello, empezaron las discusiones entre los rebeldes. La  idea de casi todos era salir de la península hacia su zona de origen. El problema es que cada uno quería ir hacia un lado. De hecho, un grupo de unos 10.000, al mando de uno de sus capitanes, Crixos, abandonó el grupo dirigiéndose hacia una región de Italia.
Es de suponer que, a esas alturas, a los senadores y a los cónsules de ese año, les dolería la cabeza, por la cantidad de quejas, que habrían tenido que aguantar.
Aparte de eso, como los rebeldes ya llegaban a los 30.000, prácticamente, se habían abandonado los campos agrícolas del sur y eso podría dar lugar a una falta de aprovisionamiento en Roma.
En el 72 d. de C., se ocuparon del caso los dos cónsules de ese año, Gelio Publícola y Léntulo Clodiano.
El primero tuvo suerte y consiguió derrotar a Crixos, masacrando a sus tropas. No obstante, tras su victoria, decidió hacer lo mismo con Espartaco y ya no fue tan afortunado. Así que fue vencido y tuvo que salir huyendo. Con ello, los rebeldes, se hicieron con todo el armamento y las provisiones de los legionarios.
Para mayor escándalo del Senado, a Espartaco no se le ocurrió otra cosa que organizar unos juegos, como una especie de funeral por la muerte de su amigo Crixos. En esos juegos, obligaron a combatir como gladiadores a unos 300 prisioneros romanos.
Más tarde, el enorme contingente de los esclavos, continuó su camino para atravesar los Alpes. Allí les salió al paso el gobernador Casio Longino al mando de sus tropas. Esta vez, los esclavos no tuvieron ningún problema en derrotarles.
Sin embargo, lo que ocurrió después es algo que nadie ha podido explicar claramente. Cuando los esclavos tenían a la vista los Alpes y, con ello, la libertad, por alguna extraña razón se dieron la vuelta. Algunos piensan que dentro del contingente de Espartaco habría también varios miles de romanos procedentes de familias pobres, que no deseaban abandonar su país. Otros dicen que los rebeldes se volvieron codiciosos y quisieron seguir saqueando el territorio romano.
Por supuesto, a más de un senador se le pusieron los pelos de punta, cuando se enteró de que se habían dado la vuelta y podrían dirigirse hacia Roma.
Esta vez, pusieron toda la carne en el asador y le dieron un proconsulado especial al multimillonario Marco Licinio Craso. A lo mejor, lo hicieron porque andaban un poco escasos de presupuesto y el potentado se pagó nada menos que 10 legiones con sus propios recursos. No obstante, a esas alturas, el contingente de los esclavos era casi el doble, unos 120.000.
Craso, para empezar, encargó a su lugarteniente, Mumio, que, con sus tropas, vigilara las de los esclavos, pero sin enfrentarse a ellos. Como se le ocurrió hacer justo lo contrario, pues los esclavos le machacaron y luego se llevó una buena bronca de su jefe. Incluso, Craso, llegó a realizar ejecuciones entre las tropas que habían rehuido el combate.
Las fuerzas de Espartaco siguieron su camino hacia el sur de Italia, acosadas continuamente por las tropas de Craso.  Allí contactaron con unos piratas cilicios, para que los transportaran por barco a Sicilia.
Esta vez, le engañaron, porque les pagó la cantidad prometida, sin embargo, los barcos nunca aparecieron.
Mientras tanto, Craso, se dedicó a sitiar a los rebeldes, estableciendo un
cerco de unos 55 km, de una costa a la otra.
Los rebeldes estaban atrapados y sin suministros. Le pidieron negociaciones a Craso, pero éste se negó.
Así que, en el invierno del 71 a. de C., después de varios intentos fracasados, consiguieron abrir una brecha en el cerco y le dieron la vuelta a la situación.
Parece ser que, para abrir la brecha, engañó a los romanos. Envió un montón de reses con antorchas encendidas atadas a los cuernos, contra la valla romana. Los legionarios fueron a rechazar a los intrusos y, cuando se dieron cuenta del engaño, los rebeldes ya habían cruzado por otra parte.
Craso, pidió inmediatamente refuerzos al Senado. Sin embargo, luego se lo pensó mejor y antes de que llegara Pompeyo, decidió ponerse él la “medalla”.
En la primavera, cuando unos legionarios excavaban un foso alrededor
del campamento rebelde, en Apulia, un grupo de éstos se le echaron encima. Como si se tratase de una pelea en un bar, las fuerzas de uno y otro bando fueron aumentando progresivamente, hasta que el mismo Espartaco apareció por allí para unirse a la batalla.
El líder, luchando a pie, intentó llegar hasta el propio Craso, pero no lo consiguió, aunque mató a muchos romanos. El problema es que los suyos no pudieron seguirle y, al quedarse rodeado de enemigos, lo acuchillaron por todas partes. De hecho, su cadáver nunca fue encontrado.
En la batalla murieron alrededor de 60.000 rebeldes y sólo unos 1.000 romanos. Mientras que Craso se dedicó a perseguir y aniquilar a los supervivientes.
Incluso, como se ve en la película, parece ser que crucificó a unos 6.000, en tramos de unos 10 metros de uno a otro,  a lo largo de la vía Apia. Entre Capua y Roma. Se dice que sólo crucificó a los que no fueron identificados por sus dueños.
Incluso, Pompeyo, que acababa de entrar en la Península Itálica, haciendo uso de su afamada crueldad, llegó a matar a unos 5.000, que habían huido hacia Etruria, con la intención de cruzar los Alpes.
No obstante, a su regreso a Roma, a Craso sólo le premiaron con una ovatio, mientras que a Pompeyo le otorgaron la ceremonia del triunfo, por sus victorias en Hispania.
Esta rebelión le provocó grandes pérdidas a Roma, tanto a nivel de producción como de esclavos.
Los propietarios ya no se fiaron tanto de sus esclavos y se deshicieron de muchos de ellos. En algunos casos, hasta les cedieron pequeñas parcelas de tierra a cambio de una parte de la cosecha.
A pesar de esta bajada en la producción, el Estado romano siguió exigiendo cada día más impuestos, a fin de poder pagar los gastos de un Ejército cada vez más grande y con un mayor  territorio que defender. Para algunos, ese fue el comienzo de la decadencia de Roma.