ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 8 de febrero de 2014

EL INTENTO DE SUBLEVACIÓN DE ANDALUCÍA

Ahora que estamos viendo que hay varias comunidades autónomas que desean irse de España o, por lo menos, es lo que dicen sus dirigentes, porque no sabemos qué piensan sus respectivos ciudadanos al respecto. Me gustaría comentar un frustrado intento de sublevación llevado a cabo por dos nobles andaluces.
1640 fue un año clave en la Historia de España. En ese mismo año, casualmente, se dieron cita dos sublevaciones que pusieron en peligro el imperio regido por Felipe IV de España. Me refiero a las sublevaciones de Cataluña y Portugal, con suerte desigual, y de las que, seguramente, todos hemos oído hablar.
En cambio, seguro que casi nadie ha oído comentar que hubo dos conatos de sublevación, que fracasaron estrepitosamente. Uno de ellos se dio en Andalucía y otro en Aragón.
Aunque nunca ha quedado claro que estos nobles tuvieran intención de deponer al rey en Andalucía, lo cierto es que, como mínimo, estuvieron involucrados en este asunto el IX duque de Medina-Sidonia, Gaspar Alonso Pérez de Guzmán y Zúñiga, y el VI marqués de Ayamonte, Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga.
Es posible que esta intentona estuviera relacionada con la rebelión de Portugal, pues la hermana de Medina Sidonia, Luisa de Guzmán, estaba casada con el futuro rey de Portugal, Juan IV, entonces sólo duque de Braganza.
El primero de diciembre de ese año, los nobles portugueses proclamaron nuevo rey de Portugal a Juan IV, como ya he dicho antes. Como este reino pertenecía, desde la época de Felipe II al rey de España, aunque nunca estuvieron unidos políticamente ambos países, el Gobierno español, presidido por el Conde-Duque de Olivares, movilizó las tropas hacia la frontera.
Medina-Sidonia tenía, por entonces, el cargo de capitán general del mar Océano y costas de Andalucía, por lo que estaba obligado a movilizar sus tropas hacia la zona del Algarve, conforme a lo instruido por el rey.
No sólo no lo hizo, sino que formó en Ayamonte una Junta de Guerra, presidida por él mismo, siendo uno de sus miembros el duque de Ayamonte, oprimo suyo.
En la Corte se vio con preocupación la lentitud en los preparativos de Medina-Sidonia. Aparte de ello, llegaron a Madrid unos informes de ciertos espías en Lisboa, los cuales aseguraban que el duque se había puesto de acuerdo con otros nobles andaluces y portugueses, al objeto de sublevar esa región y formar allí un reino independiente, cuyo monarca sería él mismo.
También se decía que, no sólo no habían taponado la frontera, sino que iban a dejar pasar por allí tropas portuguesas para ayudarles y que, además, estaban esperando en Sanlúcar la llegada de una flota franco-lusa, que se encargaría de la ocupación de Cádiz. Mientras tanto, las tropas portuguesas, bajo la dirección del marqués de Ayamonte, se ocuparían de la toma de Sevilla. También se decía que el marqués de Poza se ocuparía de rendir Málaga.
Ante esta situación, que parecía que se les iba a ir de las manos, el Gobierno ordenó a Medina-Sidonia que fuera a Madrid para aclarar este asunto.
También, por si acaso, enviaron a un noble leal, D. Luis de Haro, para que convenciera a los nobles andaluces y dispusieron el envío urgente de tropas a Ayamonte, para taponar la frontera.
Parece ser que Medina tardó bastante en acudir a su cita con el rey en Madrid. Por lo que se comenta, allí declaró que el cerebro de este asunto era Ayamonte, el cual le convenció a él y a otros nobles. También negó haber querido ser rey de Andalucía. Lo único que pretendía era derribar el Gobierno del Conde-Duque de Olivares.
Así, en principio, Medina-Sidonia, fue perdonado, aunque luego le acusaron de nio haber obedecido al rey, y esto le costó el exilio y la incautación de su villa de Sanlúcar, junto con todos los ingresos que percibía de ella.
Ciertamente, resulta muy extraño que Medina-Sidonia quedara prácticamente exculpado de esta sublevación. En cambio, en el caso del marqués de Ayamonte, no se le dio el mismo trato.
Cuando se dirigía a declarar a la Corte, se le apresó en la villa de Illescas y allí se le tomó declaración.
El Consejo de Castilla se vio obligado a abrirle un proceso, aunque, como era natural entre los nobles, se demoró bastante, para no hacerse daño unos a otros.
En la documentación conservada sobre su interrogatorio, pretendió exculparse y cargar todas las culpas sobre Medina-Sidonia, al que, según él, había advertido varias veces de su error. Dio bastantes nombres de nobles que les habían ayudado.
Parece ser que denunció que su testimonio había sido convenientemente manipulado para no inculpar a Medina-Sidonia. Según los expertos, se aprecia que hay diferencias entre el documento original del interrogatorio y el que fue llevado, posteriormente, al proceso, en el cual han desaparecido las referencias a Medina-Sidonia y a otros nombres citados por el interrogado.  
Dado que, según parece, el duque de Híjar, también intentó sublevarse en Aragón, en 1648, y el marqués Ayamonte seguía en prisión, se optó por acelerar su proceso y dar un escarmiento para que no se dieran más sublevaciones.
A pesar de que el propio Consejo de Castilla intentó influir sobre el rey para que le perdonara la vida a cambio de la cadena perpetua, aunque el rey, en principio, estuvo de acuerdo con ello, luego se lo pensó mejor y ordenó su ejecución.
Esta tuvo lugar, mediante decapitación, ese mismo año en el Alcázar de Segovia.
Se dice que Medina Sidonia intentó quedar bien ante el rey de España retando a un duelo al rey de Portugal. Por supuesto, el luso no apareció y el marqués fue objeto de escarnio durante mucho tiempo.
Se puede decir que Felipe IV le perdonó, pero no se le olvidó esa afrenta. Así que le desterró de la Corte y jamás le fue permitido regresar a Andalucía. Aparte de tener que pagar una fuerte multa.
Según parece, la conjura sólo se realizó a nivel de un grupo de nobles, pero no contaron en ningún momento con el pueblo andaluz. Lógicamente, en aquel momento el pueblo no pintaba nada en la política.
No sabemos si tendrían apoyo exterior, como ocurrió en los casos de Portugal y de Cataluña, pero tampoco intentaron sublevar al pueblo, al contrario que en esos territorios.
Se comenta que existe un documento en los archivos, donde se dice que los 3 que delataron a los nobles fueron muy bien pagados. Uno con una buena recompensa y un cargo de importancia en la Armada. Otro con una plaza de contador y un codiciado hábito de caballero en una orden militar. El tercero con otro hábito de caballero y un cargo de veedor general del ejército destinado a la guerra con Portugal.


lunes, 6 de enero de 2014

JORGE V DE INGLATERRA.

Voy a comenzar este nuevo ciclo de entradas, por aquello del centenario de esta famosa guerra, con un personaje que a mucha gente igual ni le suena. Seguro que  más de uno hubiera empezado por escribir sobre otro mucho más conocido para los lectores de hoy, pero yo os prometo que lo que os voy a contar sobre este monarca es la mar de interesante. Leedlo, porque no os defraudaré.
Jorge nació en 1865 en la mansión asignada a los príncipes de Gales, título que tenía entonces su padre, en Marlborough house.
Como no era el hermano mayor, lo destinaron a hacer carrera en la famosa Armada británica, así que a los 12 años ingresó en la Academia naval. Allí fue donde aprendió a ser un chico disciplinado y esclavo de su deber, algo que le vino muy bien para más adelante.
Nunca estuvo muy cerca de su padre, así que fue comportándose de una forma diferente a éste, ya que el futuro Eduardo VII, como tuvo que esperar una gran cantidad de años para heredar el trono, se dedicó toda su vida a disfrutar del ocio, teniendo todo tipo de vicios, que pusieron más de una vez en evidencia a la familia real británica.
En el caso del hermano mayor de Jorge, Alberto Víctor, duque de Clarence y futuro heredero al trono, los problemas fueron mayores aún. Lo cierto es que padecía claramente un  retraso mental y, además, se dedicaba a las relaciones homosexuales, algo totalmente prohibido en la Inglaterra victoriana. No hay más que ver lo que le pasó a Oscar Wilde.
            Incluso, se comentó en su momento que pudiera estar involucrado en los asesinatos del famoso y nunca capturado Jack el destripador, algo que nunca se demostró.
            Como la reina Victoria andaba muy preocupada por la mala vida de este chico, no se le ocurrió cosa mejor que concertar su matrimonio con una princesa alemana, para enderezarle, se supone, porque tenía fama de ser muy dura. Su nombre era María de Teck.
            No sabemos si fue por una enfermedad o por el disgusto causado con esta noticia, lo cierto es que el duque de Clarence, murió seis semanas después a causa de una neumonía.
            La tradicional flema británica se puso en marcha cuando María de Teck fue prometida al nuevo heredero, Jorge, el cual tuvo que dejar de navegar y ocupar su sitio tras su padre.
            En 1901 pudo cambiar su título de duque de York por el de príncipe de Gales, ya que su padre alcanzó el
trono, tras haber esperado durante 60 años. El actual príncipe de Gales, Carlos, lleva la misma carrera.
            En el caso de Jorge, la espera fue menor, pues los varones de esa dinastía suelen durar menos que las hembras y ya en 1910 subió al trono.
            Nada más llegar, tuvo que solucionar un gran problema, pues la cámara de los Lores se opuso al presupuesto presentado por el primer ministro, Lord Asquith, al cual no se le ocurrió otra cosa que pedirle al rey que nombrara unos cientos de nuevos lores, para que esa cámara fuera más manejable. Como eso rayaba lo ilegal, el monarca se reunió con los dirigentes de esa cámara y les convenció para que aprobaran el presupuesto, cosa que hicieron sin oponer mucha resistencia.
            Al empezar la I Guerra Mundial no tuvo especial interés por visitar las tropas en el frente, como hicieron algunos de sus colegas. Sin embargo, durante una revista de las tropas de la Aviación, gritaron tantas hurras al monarca que su caballo se asustó, lo tiró al suelo y cayó sobre él. Todo el mundo pensó que lo había matado. Estuvo tan grave que ni siquiera pudieron trasladarlo a Londres y tuvieron que curarlo allí mismo. Por supuesto, esta noticia no se conoció hasta muchos años después.
            Quizás, las medidas más interesantes de su reinado fueron dos. Una de ellas fue cambiar de apellido y la otra traicionar a su primo el zar de Rusia.
            En el primer caso, no debemos de olvidar que, desde 1714, con Jorge I, rey de Hannover, todos los reyes británicos son de origen alemán. De hecho, a la vez de ser reyes de la Gran
Bretaña también lo fueron de Hannover, hasta la reina Victoria, que tuvo que ceder ante la famosa Ley Sálica, vigente en ese territorio de Alemania.
            El apellido que usaban todos hasta ese momento era Battemberg o Sajonia-Coburgo-Gotha. Por eso, el padre de nuestro rey se llamaba Juan de Borbón y Battemberg.
            Aunque parezca mentira, las relaciones entre la casa real británica y las diversas casas reales alemanas siempre fueron muy buenas. La misma reina Victoria se casó con el príncipe alemán Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, el que llevó a Inglaterra, entre otras cosas, la costumbre de colocar el árbol de Navidad.
            Pues bien, como, tras varios años de guerra, el pueblo británico no podía soportar a los alemanes, Jorge V tomó la decisión de cambiar su apellido tradicional, Battemberg por Mountbatten, que es su traducción literal al inglés, y por Windsor, que era el nombre de una de sus fincas.
            Incluso, se dice que los aliados habían pedido el cese del jefe de la flota británica, Luis de Battemberg, por llevar un apellido claramente alemán.
            De hecho, algunos miembros de la familia real, como Alicia de Albany, tuvieron que renunciar a sus títulos alemanes, por orden expresa del rey. Su marido, que era alemán, se cambió su apellido por el de Cambridge.
            La otra decisión fue más dolorosa, pero es posible que fuera acertada, aunque no sentó muy bien en su momento.

            Con la llegada de la revolución, la familia imperial rusa fue encerrada en varios lugares hasta su destino final en Ekaterimburgo.
            Antes de la toma del poder por parte de los bolcheviques, el gobierno del demócrata Kerensky se puso en contacto con el Gobierno británico, liderado en aquel momento por Lloyd George.
            Les ofrecieron evacuar a la familia imperial al Reino Unido y el premier no puso ningún reparo, presuponiendo que el rey tampoco lo pondría. Para el premier estaba muy clara la postura que tendría el rey, pues el zar era su primo hermano y, además, como se parecían tanto, a veces había jugado a cambiarse los uniformes para confundir a los demás. Lo cierto es que siempre se habían llevado los dos muy bien.
            Su sorpresa llegó cuando el rey se negó en redondo a aceptarlos, argumentando que las masas proletarias, que ya estaban rebelándose en varios países de Europa, podrían no verlo con buenos ojos y  podrían poner en peligro a la Corona británica.

            Es posible que Jorge V tuviera razón, pues al final de la I Guerra Mundial, las masas proletarias consiguieron derrocar a cuatro de las cinco grandes monarquías. La única que quedó fue la suya.
            En 1924 dio otra muestra de su talento, al entregar por vez primera el Gobierno al candidato laborista, o sea, socialista, Ramsay MacDonald. No olvidemos que éste había dicho durante la I Guerra Mundial que su única bandera era la roja. Es posible que lo echaran, en 1931, del partido sus propios compañeros, debido a ese cambio de opinión.
            Otros de los éxitos políticos de su reinado fueron conseguir que los Lores cedieran parte de su poder, la independencia de Irlanda, el voto femenino, el reconocimiento de los derechos políticos para los católicos y, como ya he dicho, la llegada de la izquierda al poder.
            Metiéndonos en terrenos menos científicos, algunos apuntan que, cuando fue un joven marino, Jorge fue uno de los 13 tripulantes del barco Bachante que vieron al buque fantasma conocido por el “Holandés errante”.
            Por eso, algunos dicen que sus descendientes fueron maldecidos. El primero de ellos, que llegaría a reinar bajo el nombre de Eduardo VIII, abdicó para casarse con quien quiso.
            El segundo, llegó a reinar como Jorge VI. También tuvo muchos problemas como el anterior, pues padecía tartamudez y para dominar sus nervios, fumaba de manera incesante, lo cual le llevó a la tumba con 56 años. Fue el padre de la actual reina, Isabel II.
            El tercero de sus varones, que tuvo el título de duque de Kent, tampoco fue ningún ejemplo a causa de sus relaciones con ambos sexos. Murió en plena II Guerra Mundial a causa de un accidente aéreo nunca aclarado, del cual ya hablaré en otra próxima entrada.
            La salud de Jorge V se fue deteriorando a partir de 1928 y ya en 1935 no pudo reponerse, muriendo en poco tiempo.
            A su entierro asistieron varios reyes junto con presidentes de república, ya en un mismo plano protocolario, no como se había hecho hasta entonces.
            Uno de los asistentes fue Carlos Eduardo, también nieto de la reina Victoria, pero al ser alemán, en la I Guerra Mundial, luchó en el bando alemán. Por ello fue desposeído de todos sus títulos británicos, como el ducado de Albany. Sin embargo, curiosamente, no fue expulsado de su lugar en la sucesión al trono británico.
            Bueno, pues este señor acudió y desfiló en el entierro de Jorge V con el uniforme pardo de las famosas SA de Hitler. Evidentemente, todavía quedaba muy lejos la II Guerra Mundial.
            Espero que os haya gustado y os deseo un Feliz Año 2014 y que os hayan traído muchas cosas los Reyes Magos.

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sábado, 30 de noviembre de 2013

EL CONTUBERNIO DE MUNICH



Quizás muchos, por lo menos, los más maduritos, hemos oído hablar de los contubernios, durante la época franquista.  Yo creo que todo lo que no le gustaba al régimen o le parecía peligroso y no era capaz de manejar, pues lo calificaba como un contubernio.
Realmente, la palabra “contubernio” no tiene nada que ver con todo eso. En la época romana, se consideraba contubernio a la relación entre dos personas entre las que no había un matrimonio de por medio. Esto solía ocurrir, habitualmente, en el caso de los esclavos, a los que no se les permitía casarse, por no reconocerlos como personas con derechos, al contrario que a los ciudadanos romanos.
Entre la sociedad romana no estaba muy bien vista y, si un ciudadano romano tenía relaciones conyugales con un esclavo, es muy posible que perdiera su condición de ciudadano.
Hasta hace poco, cuando no era habitual que dos personas cohabitaran sin estar casadas, se llamaba contubernio a ese tipo de relación, recalcando su forma peyorativa.
Hoy día, afortunadamente, ya hay miles y miles de personas que cohabitan en este país sin estar casadas y ya no tienen por qué tener que soportar insultos de ningún tipo.
Bueno, pues voy a intentar centrarme en lo que quería explicar. Resulta que en 1962 a un organismo totalmente desconocido en la España de entonces, y sospecho que también en la de ahora, se le ocurrió que podría mediar entre los españoles, después de haber dejado pasar un plazo más que considerable tras la Guerra Civil.
Creo que sería conveniente hablar primero sobre este Movimiento Europeo. Surge en 1947, sólo dos años después de la atroz II Guerra Mundial, que destrozó medio mundo.
Por lo visto, en varios países se habían formado diversos comités para intentar unir a Europa y que no se volvieran a dar conflictos de ese tipo. Tomaron como modelo un movimiento llamado MUE,  que existía ya en el Reino Unido.
En 1948 se organizó en La Haya el llamado “Congreso de Europa”, presidido por el popular político Churchill.
Allí se dieron cita algunos “pesos pesados”, que luego aparecieron en la fundación del Mercado Común Europeo. Entre ellos, podemos destacar a Adenauer, MacMillan, Mitterrand, Spaak, etc.
Así, el 25/10/1948, se fundó este Movimiento Europeo, siendo su primer presidente Duncan Sandys, mientras que León Blum, Churchill, De gaspieri y Spaak, lo fueron en calidad de presidentes honorarios.
En 1949 consiguieron crear el Consejo de Europa, el cual propició todo tipo de movimientos para reflexionar sobre la unidad europea.
Al IV Congreso del Movimiento Europeo fue invitada una gran delegación española. Salvador de Madariaga fue uno de los organizadores, junto a Enric Adroher Gironella, y consiguió que acudieran a Múnich gente de todos los partidos, excepto el PCE, tanto del interior como del exilio. Hay que aclarar que los comunistas no fueron invitados.
Nada menos que acudieron allí 118 delegados. Ya sabemos que a estas cosas se apunta todo el mundo.
También hay que decir que algunos, como Tierno Galván, también fueron invitados, pero declinaron la invitación argumentando que no tenían vocación de exiliados.
Según indican los que asistieron, se crearon varias comisiones, la cuales se reunieron en el hotel Regina de Múnich. Parece ser que, al principio, hubo mucha desconfianza entre los que venían del exilio y los del interior, produciéndose fuertes discusiones, pues los primeros pensaban que los segundos eran todos franquistas. Madariaga puso un poco de paz y todo transcurrió con normalidad.
Hubo algunas conversaciones muy interesantes como las del monárquico Satrústegui y las del socialista, Rodolfo Llopis.
Parece ser que el monárquico le dijo que para él prevalecía la democracia antes que la monarquía. No le valía un rey que no fuera democrático y le lanzó “el balón” al otro.
Llopis acabó diciéndole que ellos siempre lucharían por la reinstauración de la República, pero, si la Monarquía le garantizara la democracia, ellos apoyarían al rey. Esto le fue transmitido inmediatamente a D. Juan, que se hallaba, como siempre, en Estoril.
Para algunos, como Gil Robles, la asistencia a esta reunión tuvo consecuencias muy negativas, pues D. Juan  ya había pactado con Franco la vuelta de la Monarquía a España e inmediatamente expulsó a Gil Robles de su consejo privado. No fuera a ser que el residente en el palacio del Pardo cambiara de opinión, cosa que solía hacer muy frecuentemente.
Parece ser que en esa reunión se lograron algunos acuerdos, lo cual es muy importante, dada la frialdad con que habían comenzado las reuniones.
Algunos dicen que ven este congreso como un precedente de la tan cacareada transición española.
El régimen, incluso, mandó allí a alguno de sus partidarios para intentar boicotear estas reuniones, pero no tuvo éxito.
Incluso, se dice que el PCE envió un par de emisarios para llevar directamente un mensaje de Carrillo, donde les decía que les apoyaba, pero no podía hacerlo de forma oficial para no enfrentarse a Moscú. No olvidemos que estamos en plena Guerra Fría.
El régimen le dio a este asunto más importancia que la que tenía e, incluso, organizó manifestaciones “espontáneas” con sonoros discursos de Franco.
 No hará falta decir que, a la vuelta, las autoridades españolas estaban esperando a los asistentes a este congreso y, en la misma frontera o aduanas de los aeropuertos, les dieron la opción de exiliarse o, si entraban en España, serían confinados lejos de sus domicilios.
Muchos conocidos nombres de la Transición, como Satrústegui, Álvarez de Miranda, Íñigo Cavero, Félix Pons, etc, fueron obligados a residir en las Canarias, cuando no eran aún un destino turístico.
Esta reacción del régimen hizo que la solicitud que había presentado España, hacía pocos meses, para ser admitida en la CEE, antecedente de la UE, fuera cancelada de inmediato por los  mandatarios de Bruselas.
Realmente, se puede decir que a Franco no le hizo ninguna gracia esta reunión, no por la gente que acudió allí, sino porque ellos intentaron borrar las heridas de la guerra y eso era muy peligroso, pues su régimen se basaba en haber ganado esa guerra.
Como ellos dijeron, no pensaban derrocar a la Dictadura, pero sí pusieron las bases de entendimiento para que las diversas fuerzas políticas lo tuvieran más fácil para realizar la Transición en España

LA CONSPIRACIÓN DEL TRIÁNGULO



Seguro que todos hemos aprendido en el Instituto que Fernando VII fue un rey de muy ingrato recuerdo, a pesar de que antes del comienzo de su reinado se le llamaba “El Deseado”. Evidentemente, fue un apodo que le pusieron sus seguidores y lo corearon los que aún no le conocían.
Evidentemente, durante su reinado, se organizaron un montón de intentos de revueltas, golpes de Estado, etc. Unas llegaron a ponerse en práctica y otras se quedaron sobrevolando el universo de las ideas teóricas. En ese campo, el siglo XIX español estuvo plagado de ese tipo de ideas.
Hoy traigo al blog una conspiración de la que casi nunca se habla, pues se montó tan en secreto, que muchos especialistas aún hoy dudan sobre la cantidad de gente que estuvo implicada en esa acción. Tuvo lugar en febrero de 1816.
A un grupo de masones, encabezados por el general Ramón Vicente Richart, un antiguo jefe guerrillero de la Guerra de la Independencia, no se le ocurrió otra cosa mejor que intentar secuestrar al monarca para forzarle a reinstaurar el liberalismo y la Constitución de 1812, también llamada de Cádiz.
Como ya habían aprendido de otros intentos anteriores, protagonizados por otros sujetos, esta vez se decidieron por organizarse de forma triangular. Eso quiere decir que, siguiendo la doctrina de la secta de los Illuminati, cada conspirador sólo conocería a otros dos y nadie podría sacarle ningún nombre más, aunque fuera bajo tortura, porque desconocía quiénes eran los demás.
Así, se dice que formaban esta conspiración militares tan conocidos como Espoz y Mina, Riego, Porlier, Lazy, etc y hasta funcionarios de Palacio.
El plan inicial, consistente en el secuestro del rey, se desechó por ser demasiado arriesgado, así que pensaron en matarle directamente.
El monarca tenía fama de ser muy campechano y, como buen Borbón, muy dado a las faldas ajenas.
Solía irse de parranda, disfrazado para que no le conocieran, acompañado de un tal Chamorro y del duque de Alagón.
Es preciso aclarar que el tal Chamorro no se llamaba así, sino que, cuando conoció al entonces príncipe de Asturias, era un simple aguador de los que acudían a llenar sus cacharros a la famosa Fuente del Berro, en Madrid. Su nombre real era Pedro Collado, natural de Colmenar Viejo y divertía mucho al rey, gracias a sus ocurrencias, propias del habla popular.
En principio, fue contratado por el entonces príncipe, para que espiara al resto de los criados, pues no se fiaba de ninguno, ya que le habían llegado algunos avisos de que le querían envenenar.
Bueno, volviendo a las francachelas del rey, éste, por entonces, se había aficionado a ir a la casa donde trabajaba una conocida prostituta llamada “Pepa, la malagueña”, en la calle del Ave María, de Madrid. La idea era esperarlo allí y asesinarle.
Lo malo es que este plan, como otros muchos, falló, pues dos sargentos de la Armada, que habían sido fichados para el complot, no pudieron retener el secreto y fueron a contárselo al capitán Rafael Morales.
Como Richart se enteró de que la conspiración había sido descubierta, sin saber quién los había traicionado, fue a avisar a estos dos sargentos para que huyeran. Lo que ocurrió fue algo insólito, los dos sargentos detuvieron al general, a punta de pistola, y lo llevaron ante el capitán Morales.
Como cabecillas de este complot, las autoridades detuvieron al general Richart o Richard, pues su apellido aparece de ambas formas, y a un tal Baltasar Gutiérrez, que algunos dicen que era barbero y otros, sastre. Junto a ellos fueron detenidos otros 50 sospechosos, que luego fueron puestos en libertad, por falta de pruebas.
Estos dos individuos fueron juzgados y sentenciados a la pena de muerte por este intento de magnicidio.
El 6 de mayo de 1816 fueron ahorcados públicamente en la plaza de la Cebada, de Madrid y luego, decapitados.
Este complot contra el rey fue uno de los muchos que se dieron en esa época. Como antecedentes tenemos el de Espoz y Mina, en 1814, y el de Díaz Porlier, de 1815.
Lejos de frenar los ánimos contra el rey, hubo otros intentos dignos de mención, como el del general Lacy, en 1817, el de Van Halen, el mismo año, el del coronel Vidal, en 1819, etc.
Al fin, en 1820, el coronel Riego, tuvo más suerte. Aunque, en un principio, ellos mismos pensaron que habían fracasado y huyeron, dispersándose por el país. Luego se enteraron de que su llamada a la rebelión había tenido éxito a nivel nacional, al rebelarse varias guarniciones en distintos lugares de la península.  
Así, muy a su pesar, al rey, no le quedó más remedio que pronunciar su célebre frase: “vayamos todos, y yo el primero, por la senda de la Constitución”.

sábado, 16 de noviembre de 2013

EL FAMOSO CASO WINSLOW



Hace varios años pude ver una película que me dejó muy buen recuerdo. Su nombre era “El caso Winslow” y, por lo que acabo de ver, fue realizada en 1999.
            El director de la misma fue el conocido escritor David Mamet y sus protagonistas principales: Rebecca Pidgeon, Jeremy Northam y Nigel Hawthorne. Seguro que nos suenan, por lo menos dos de estos actores han trabajado en varias series de TV, que han alcanzado bastante éxito.
            También he visto que existe un precedente en una obra de teatro, escrita por el británico Terence Rattigan, y estrenada en su país en 1946 y, posteriormente, en España en los años 50.
            El argumento se basa en que una   familia británica llamada Winslow mandó a su hijo, Ronnie, de 14 años de edad, a una academia naval, cosa muy habitual en ese tiempo.
            El problema es que, poco después, hubo allí un incidente, causado por el robo de un giro postal a otro alumno. El importe es lo de menos, pues se trataba sólo de 5 chelines, la cuestión es el hecho.
            Enseguida, se montó una investigación interna, donde se llegó a la conclusión de que Ronnie era el culpable de este robo. Así que, como era costumbre en esa época y para que no trascendiera el hecho fuera de sus muros, llamaron al padre del chico para “invitarle” a que se llevara a su hijo a su casa. Es una forma de expulsión bastante fina.
            El padre cree firmemente en la inocencia del chico y, junto a su otra hija y un amigo de ésta, toman la decisión de encargar la defensa del chico a un abogado muy famoso.
            Hay que decir que su hija también es protagonista de esta historia, pues es una conocida sufragista y está acostumbrada a luchar por estas causas que podrían llamarse, en un principio, como “perdidas”.
            Para poder llevar el caso ante los Tribunales de Justicia, es necesaria la autorización del Gobierno. Así que, tras la encendida defensa del abogado en el mismo Parlamento, concretamente, en la Cámara de los Comunes, el Gobierno da el visto bueno para que el asunto vaya a los Tribunales.
            A pesar de que la postura del Gobierno es contraria a que se le diera la razón a los Winslow, la familia consiguió un gran apoyo popular, gracias al apoyo
de la prensa.
            Durante el juicio, el abogado de la familia consiguió desmontar todos los cargos contra el chico y, por tanto, el mismo Almirantazgo retiró todas las acusaciones contra él, declarando su inocencia.
            Según la película, este caso cambió totalmente a la familia, pues la salud del padre quedó muy resentida. La fortuna familiar cayó en picado, haciendo que el hijo mayor abandonara sus estudios en Oxford y que, incluso, el novio de la hija la abandonara, por no ser ya tan buen partido. Al final, la obra da a entender que la hija se va con el abogado.
            Desde luego, es una gran película, que os recomiendo a todos, aunque es posible que sea ahora un poco difícil encontrarla, dado que es un poco antigua. Incluso, he leído algunos comentarios donde la califican como obra maestra.
            Bueno, ahora podemos entrar a conocer la historia real, que para eso fundé este blog, que ya tiene un par de años.
            El nombre exacto del chico fue George Archer-Shee y nació en 1895. Fue cadete en el Osborne Naval College, situado en la isla de Wight, comenzando sus estudios en 1908. En este mismo edificio murió la reina Victoria, en 1901, antes de ser academia naval. Allí solían estudiar los dos primeros cursos de la academia militar naval, que luego continuaban en el Royal Naval College, en Dartmouth, Devon.
            El robo ocurrió en octubre de ese mismo año, cuando un cadete llamado Terence Back, recibió un giro postal de 5 chelines que le envió uno de sus familiares.
            Aquella misma tarde, George, había recibido un permiso para salir de la academia e ir a la oficina de Correos para hacer un giro postal y comprar un sello. Parece ser que tenía intención de comprar un modelo a escala de un tren, que costaba algo más de 15 chelines.
            A su vuelta a la academia, se enteró de que  Back ya había denunciado el robo de su giro postal.
            Fue interrogada la funcionaria de esa oficina de Correos, la cual dijo que esa tarde sólo habían acudido allí dos cadetes y el mismo que había pagado los 15 chelines era el que había cobrado los otros 5. Aquí se pueden ver los dos impresos originales.
            Cuando, desde la academia, le comunicaron la noticia al padre del chico, éste defendió automáticamente a su hijo, “nada me hará creer que mi hijo es culpable de esta acusación”.
            Creo que aún no he aclarado que el padre del chico era un directivo de un Banco y un ferviente católico, algo no muy bien visto en el Reino Unido de entonces.
            Intentaron que algún abogado de renombre llevara este caso, pero todos se opusieron, por no querer pleitear contra el Gobierno. Además, esta isla era un territorio particular de los reyes y estaba fuera del alcance de la Justicia ordinaria.
            Sin embargo, su hijo mayor, que había sido un militar, que había ganado un gran prestigio en la Guerra de los Boers, ahora era un conocido político. Así que fue quien les proporcionó los servicios de uno de los mejores abogados del momento, Sir Edward Carson, el cual también tenía un hijo que era cadete en la misma academia.
            El caso tenía un par de problemas. Uno era que, como George era un cadete naval, no podía acudir a la Justicia civil. Pero, como tampoco pertenecía a la Armada, no podía ir a un Consejo de guerra. Así que optó por una argucia legal casi en desuso e hizo una petición de Justicia a la Corona.
            Así consiguió que el caso pasara a los Tribunales, siendo la vista del caso el 26/07/1910. No olvidemos que Carson era miembro del consejo privado del reino.
            Allí, el abogado del chico llegó a probar que la acusación se basaba en pruebas insustanciales y que la funcionaria no decía la verdad, pues, como reconoció ésta, muchas veces no sabía distinguir a unos de otros a causa del uniforme. De hecho, no pudo reconocer a George de entre un grupo de cadetes.
            En el cuarto día del juicio, el Procurador general de la Corona retiró todos los cargos contra él y prometió una indemnización estatal. Es conveniente comentar que Carson había sido también Procurador general de la Corona hasta 1905.
            No obstante, el Almirantazgo y el resto de la Administración británica se mostraron remisos a pagar la indemnización.
            Así que este asunto volvió al Parlamento, donde entonces se debatían los presupuestos de la Armada y llegaron al acuerdo de pagar a la familia 4.120 libras esterlinas, para el pago de los gastos y otras 3.000 para el pago de la demanda. Esta vez sí que cobraron en 1911. Tuvieron suerte, porque si lo hubieran dejado pasar unos años es posible que el Estado no les hubiera pagado a causa de los gastos ocasionados durante la I Guerra Mundial.
            Tras el veredicto del Tribunal, George ya no volvió a la academia naval, de Wall Street.
sino que volvió al colegio católico donde había estudiado, Stonyhurst College, en Lancashire, donde completó sus estudios. Posteriormente, se trasladó a USA, donde trabajó en una sociedad de Bolsa
            Con la llegada de la I Guerra Mundial, volvió al Reino Unido y se alistó en un regimiento, donde también estaba un sobrino de su antiguo abogado Carson.
            Esta vez, George, no tuvo tanta suerte. Murió, con 19 años en la Primera Batalla de Yprés, en octubre de 1914. La misma suerte tuvo el sobrino de Carson.
            Sus cuerpos nunca fueron encontrados y, por ello, sus nombres están inscritos en un monumento en el cementerio de Yprés.
            En su momento, la opinión pública consideró que George había sido víctima de un prejuicio en la Armada británica, por su condición de católico. En este caso, también hubo gentes de otros grupos minoritarios, como el abogado, que era irlandés, y el procurador general, sir Rufus Isaac,  que era judío. A lo mejor, por eso atrajo este tema a David Mamet.
            Volviendo a la academia naval. El alumno que fue objeto del robo, Terence Back, fue ascendido a capitán en 1938 y navegó en los convoyes que surcaron el Ártico, camino de la URSS. Fue condecorado, en 1944, con la Orden del Imperio Británico.