ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 11 de diciembre de 2012

ESTOS ASESINOS NO ERAN NAZIS


Aunque estemos en época de Navidades, donde, según parece, deben de prevalecer los mensajes de amor y paz, no me resisto a contar esta Historia, porque considero que se lo debemos a la gente que cayó en las manos de estos asesinos y es mi forma de rendir homenaje a unas personas que acabaron sus días de una forma violenta, inesperada y sin saber por qué. Reconozco que es un poco desagradable, pero creo que es mi deber que se sepa lo que ocurrió.

            Confieso que me ha llamado la atención esta historia, porque, en nuestros días, donde se sigue echando la culpa al Nazismo de todo lo divino y humano que ocurrió durante la II GM, prácticamente ninguno de los componentes de esta unidad era nazi.

            Por supuesto, no voy a decir que los nazis no fueran unos asesinos, que, por supuesto, lo fueron, pero me gustaría que la gente supiera que hubo muchos más que nunca han sido castigados por  sus horrendos crímenes.

            En esta ocasión voy a referirme a una simple unidad de policía. Escribo el nombre con minúsculas adrede, porque considero que eran de todo menos policías.

            Durante la II GM también se reclutó a gente un poco mayor para ir al frente, pero con posibilidad de realizar otras tareas. Esto fue lo que le ocurrió a un grupo de unos 500 hombres que formaron el Batallón 101 de una llamada “policía del orden”, que no está muy claro que perteneciera a la SS.

            Fueron utilizados dentro de la retaguardia como un instrumento para eliminar a los partisanos y participar en la limpieza étnica.

            La mayoría de ellos eran cuarentones y, hacia el año 1942, aún no eran necesarios para luchar en el Ejército alemán.

            Se calcula que un 63% eran obreros y un 35% de la clase media, con empleos consolidados, o sea, que no se les podía llamar aventureros, como la mayor parte de los que formaban las tropas SS.

            Además, la inmensa mayoría era de Hamburgo o alrededores, lugares donde nunca se asentó el nazismo. De hecho, perdieron en todas las elecciones.

            Incluso, muchos de ellos votaban habitualmente a las candidaturas socialistas y comunistas. O sea, que no había nazis racistas por ninguna parte.

            Este grupo de gente, donde abundaban los tenderos, pero donde también había docentes y farmacéuticos, fue enviado en el verano de 1942 a una zona de Polonia que no había sido anexionada al territorio del Reich.

            El autor Christopher Browning (“Aquellos hombres grises) nos dice: “A mediados de marzo de 1942, alrededor del 75 o del 80 por ciento de todas las víctimas del Holocausto seguían aún con vida, mientras que del 20 al 25 por ciento habían muerto. Apenas once meses después, a mediados de febrero de 1943, los porcentajes se invirtieron. En el corazón del Holocausto hubo una breve e intensa oleada de asesinatos en masa”. No hará falta decir que esta gente tuvo mucho que ver en ello.

            Podemos leer informes de esta unidad, escritos en septiembre del 42, donde se mencionan de manera rutinaria  los traslados de los judíos a los campos de exterminio y las matanzas de los que no podrían trabajar allí. Incluso, buscaron la forma de asesinar a más gente utilizando la menor cantidad posible de munición.

            Al principio, se dedicaban a ir casa por casa expulsando a sus moradores. Luego vieron que se tardaba mucho y se dedicaron a asesinar sin pestañear a los que no les servían para trabajar, o sea, a ancianos, enfermos y niños.

            Parece ser que su “estreno” fue en julio de 1942, cuando los llevaron al pueblo de Josefow, lleno de judíos, donde se dedicaron a separar a los hombres útiles para el trabajo y fusilar a los que no les interesaban, como los ancianos, mujeres, niños, etc.

            Se sabe del caso del teniente Buchmann, que se negó a participar en los asesinatos y se le destinó a la labor de llevar a los judíos a los campos. Por ello, el coronel formó al resto de la tropa y les dijo que dieran un paso al frente los que también se negaran. Muy pocos lo dieron, menos de una docena.

            El doctor de la unidad les recomendó una forma rápida de matar. Consistía en acostar a la víctima, apoyar la bayoneta en la base del cráneo y disparar. Así sólo gastarían una bala.

            De esa manera mataron a miles de judíos, los cuales mostraron más entereza al morir que sus asesinos. Estos sólo se molestaron por haberles dejado sus uniformes llenos de sangre y trozos de cráneos.

            Posteriormente, cuando fueron interrogados, dijeron que casi nadie pidió retirarse para no ser calificado de débil o flojo.

            Habían estado asesinando judíos durante 17 horas, con breves descansos para fumar.

            Luego, dejaron los cadáveres para que los enterraran los campesinos polacos, a los que tampoco les habían gustado nunca los judíos.

            Por si alguien alberga dudas de lo que digo sobre los polacos, sólo tienen que leer el libro “Vecinos”, de Jan T. Gross (ED. Crítica, 2002), donde se informa de un programo realizado en julio del 41 por los vecinos polacos de Jedwadne contra sus convecinos judíos. Así, en un pueblo de unos 3.000 habitantes, donde la mitad eran judíos, asesinaron a todos los que cayeron en sus manos. No necesitaron a los alemanes para nada

            Los informes posteriores de esta unidad ya indican que sus componentes se consideraban muy orgullosos de realizar perfectamente su trabajo y además ya ni siquiera se manchaban  sus uniformes.

            Algunos incluso se dedicaron a matar a ciertos judíos que conocían por haber habitado en Hamburgo. Ni siquiera se echaron para atrás, a pesar de oírles pedir clemencia en su propio idioma.

            Se cree que a finales del 43 esta unidad había asesinado a unos 38.000 judíos y llevado a otros 45.200 a los campos de exterminio.

            Parece ser que lo veían como la cosa más corriente del mundo y se sabe de algún caso en que uno de ellos se llevó allí a su familia para mostrarle lo que hacían. Otro de ellos, recién casado, se llevó a su mujer a pasar allí su luna de miel.

            Más adelante, se sabe que utilizaron a prisioneros rusos para las labores desagradables, como sacar a la gente de sus casas para obligarles a montar en los trenes.

            Tras la guerra, casi todos volvieron tranquilamente a sus anteriores actividades, sin ser molestados por nadie. Pudieron pasar desapercibidos porque ninguno era miembro del partido nazi y, además, no solían dejar testigos de sus matanzas.

            El descubrimiento de las actividades de esta gentuza se realizó de manera absolutamente fortuita. Parece ser que uno de ellos le fue infiel a su mujer y ésta, despechada, le denunció a las autoridades.

            En Polonia también se abrió una investigación y se encarceló a unos cuantos. Tras el juicio, dos de ellos fueron condenados y ejecutados, y los demás sólo lo fueron a penas de prisión. Increíblemente, la pena no fue por el asesinato de los judíos, sino por el de 78 polacos durante la guerra.

            En los años sesenta, cuando se procedió al interrogatorio de los miembros de esta unidad, por parte de la policía alemana, se vio que ninguno de ellos se mostraba arrepentido de lo que habían hecho. Según Browning, esto sólo significa que el antisemitismo está muy asentado en Alemania y no es propio sólo de los nazis.

            Se demostró que ninguno de ellos había tenido antecedentes por enfermedades mentales.

            Algunos dijeron que no les importó matar a los niños, porque antes habían asesinado a las madres y así “los liberaban” de tener que vivir solos.

            Aquellos que se negaron a matar judíos confesaron que lo habían hecho por diversos motivos, como estar en contra de las normas antisemitas, ser miembro de partidos de izquierdas, ser ya empresarios con cierto éxito, los cuales no necesitaban hacer carrera en la policía, etc.

            El mencionado teniente Buchmann, que se negó a disparar contra los judíos, argumentó que era un oficial de la reserva ya con cierta edad y no ambicionaba ascender. Parece ser que tenía una empresa importante y no necesitaba para nada ascender en la policía.

Sin embargo, los oficiales eran gente joven y policías profesionales con muchas ganas de obtener méritos para ganar ascensos.
En fin, como dije al principio, se trataba de una banda de auténticos criminales, cuyos actos han quedado, por desgracia, impunes.

           


           

6 comentarios:

  1. O falta texto o mi ordenador me esta chuleando.

    Saludos.

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    1. Pues, por lo que veo, la mayoría del texto figura en negativo. O sea, que si se pincha y se arrastra, con el ratón, sobre el texto sí se puede leer. No obstante, voy a darle entrada de nuevo a ver si se arregla.

      Saludos.

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    2. Creo que ya se puede leer bien.

      Saludos.

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  2. El atroz antisemitismo instalado en toda Europa desde tiempos pretéritos y la genial maquinaria propagandística del nazismo tuvieron este horrendo resultado, entre otros.
    La inoculación antisemita, unida a la supremacía racial, durante siglos me resulta determinante.
    Estos indivíduos no tenían ningún tipo de remordimiento de conciencia porque se creían que, bajo el toldo del cumplimiento del deber, valía todo. Incluso hubo unidades del propio Heer (ejército), y alguna división de las Waffen-SS, que se dedicaron a estos menesteres.
    Lo que me resulta desconcertante es cómo, despues de tanto tiempo, algunos de estos integrantes de distintos cuerpos que llevaron a cabo atrocidades semejantes continúan diciendo que no estan arrepentidos de lo sucedido y que si les preguntan si tienen la conciencia tranquila te contestan de manera estóica que sí.
    Muchas gracias por la información ALIADO.
    Un saludo.

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  3. Yo creo que esto del antisemitismo viene de muy lejos. De hecho, los pueblos del note de Europa siempre han sido muy racistas. Todos, no sólo los alemanes. Los nazis encontraron más voluntarios en los países invadidos para matar judíos que para ir al frente. Los alemanes no se molestaron en sacar a la gente del gheto de Varsovia, fueron los propios polacos, ucranianos, bielorrusos, etc, los que se dedicaron a entrar a saco en las casas de los judíos y matarlo sin mayores miramientos. Siempre fue así.

    En el antiguo Imperio Austro-húngaro los judíos estaban tan hartos del trato que les daban que muchos de ellos se afiliaron al PC para luchar contrael poder constituido. Así, al PC le llamaban el partido de los judíos.

    Cuando te digo que el antisemitismo viene de lejos, me estoy acordando que, en España, los que peor han tratado a los judíos fueron los visigodos, que se dedicaron a hacerles literalmente la vida imposible. Dicen que esa fue una de las razones por las que los judíos tomaron partido enseguida por los invasors árabes y luego los cristianos se ampararon en ese dato para echarles de aquí. Aunque también les echaron de otros países de Europa.
    Saludos.

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  4. Me da la impresión que los nazis y la Inquisición, con su pesecución hacia los judíos, tenían el mismo fin, o sea, quedarse con la pasta de estos.

    Por lo que yo he leído, al principio la Inquisición, que a fin de cuentas era una policía religiosa que le salía gratis al Estado, se dedicaba a luchar contra todos los judaizantes. Pero luego, cuando le dijeron que tenía que ser autosuficiente escogían muy bien a sus víctimas, miraban que tuviera un buen patrimonio a su nombre y que no estuviera protegido por la Corona. Y así se quedaban con todas las riquezas de la víctima.

    Otra cosa que les encantaba a los reyes españoles de la Inquisición es que les daba igual de dónde fuera la víctima, pues no respetaban ningún tipo de fuero regional o local. Podían echarle el guante a quien quisieran, como en el caso de Felipe II y Antonio Pérez.

    Saludos.

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