ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

miércoles, 16 de enero de 2019

ANATOLI LUNACHARSKI Y EL JUICIO DE DIOS


Nuestro personaje de hoy fue un curioso intelectual marxista, que llegó a ser famoso, no por sus obras, sino por una de sus curiosas ocurrencias. No obstante, no conviene adelantar acontecimientos.
Su nombre completo fue Anatoli Vasilievich Lunacharski. Nació en 1875, en la ciudad de Poltava, situada, actualmente, en el centro de Ucrania.
Parece ser que nació del fruto de las relaciones extra-matrimoniales del consejero de Estado Alexander Ivánovich Antónov con Alexandra Yakovlevna Rostovtseva.
Posteriormente, su madre se casó con Vasili Fyodorovich Lunacharski, el cual, al adoptarlo, le dio sus apellidos. Supongo que sería de origen polaco, porque es un apellido con una terminación propia de ese idioma.
Por lo visto, su infancia no fue muy feliz a causa de las malas relaciones entre su madre y su padrastro, el cual siempre se opuso a firmar el divorcio.
Parece ser que éste era un alto funcionario, pues, a pesar de haber sido también un bastardo, su padre fue un noble, que se ocupó de darle una buena posición social.
Anatoli estudió en el llamado Primer Gimnasio, en Kiev. Lo que en España se llama un instituto de Enseñanza Secundaria. Parece ser que fue un comunista muy precoz, pues, cuando se hallaba en quinto curso, ya militaba en organizaciones revolucionarias.
A la salida de esa institución, seguramente, debió de estar ya fichado por la Ojrana, o sea, la policía zarista. Así que no fue aceptado por la mayoría de las universidades del Imperio Ruso.
Sin embargo, en 1895, convenció a su madre para que le dejara ir a estudiar Filosofía en la Universidad de Zurich.
En ese centro, estudió con el profesor Richard Avenarius, donde conoció a fondo las obras de Marx y Engels. También tuvo como condiscípulos a destacados marxistas, como Plejanov.
Curiosamente, Avenarius, estaba emparentado con el célebre compositor Richard Wagner. El músico favorito de Adolf Hitler.
En 1898, volvió a Rusia, donde retomó su actividad revolucionaria. Por ello, fue detenido en varias ocasiones. Sufriendo diversas penas de cárcel y destierro.
En 1903, se produjo el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, cuyas sesiones tuvieron lugar en Londres y en Bruselas. Allí, entre otras, se tomó la medida de dividir ese partido en dos facciones. Una fue la de los mencheviques y la otra la de los bolcheviques. Nuestro personaje tomó partido por estos últimos.
Parece ser que, al año siguiente, se trasladó a Ginebra, donde tomó contacto con Lenin y otros líderes de su partido, exiliados en Suiza. De esa manera, él también pasó a ser uno de los líderes principales de su partido.
Por lo visto, a partir de 1910, Lunacharski se fue radicalizando y tuvo varios enfrentamientos dialécticos con el propio Lenin. A pesar de que siempre habían sido muy buenos amigos. Eso le costó salir de la cúpula del partido.
Más adelante, sus ideas evolucionaron hasta defender que el comunismo era una nueva religión para el hombre y se basaba en la solidaridad mutua entre todos. Eso tampoco gustó nada a Lenin, porque nuestro personaje proponía integrar algunos dogmas católicos dentro del comunismo, para así atraerse a los creyentes. Sin embargo, Lenin decía que “la religión es sólo una fantasía nociva con la que los hombres se autoengañan”
En esa época, Anatoli, trabajó como periodista, escritor y crítico literario. Aparte de ejercer como orador en las reuniones de su partido. Era una persona muy preparada. Hablaba 6 idiomas modernos y dos lenguas clásicas.
Es más, propuso que el ruso abandonara su escritura tradicional, en caracteres cirílicos, y empezara a utilizar los caracteres latinos. Parece que no le hicieron mucho caso.
Posteriormente, tras la Revolución Rusa y el triunfo de los bolcheviques, fue nombrado comisario popular de Educación en el primer gobierno de la URSS.
Según parece, Lenin buscaba mostrar, en la persona de Lunacharski, la cara amable del comunismo, para así poder atraerse a los intelectuales y académicos rusos. Precisamente, la mayoría de los profesores eran de ideología liberal y opuestos al comunismo. Seguramente, por eso mismo, en el Gobierno optaron por mantener esa cierta autonomía que tenían los centros educativos.
En 1918, Anatoli, se plegó a las exigencias de Lenin para llenar la URSS de propaganda política del nuevo régimen. Así que se dedicó a animar a los artistas a realizar carteles para ensalzar al nuevo régimen.
No obstante, nunca exigió que los artistas utilizaran un único estilo oficial. Tal y como ocurrió, posteriormente, tras la llegada al poder de Stalin, que prohibió el arte de vanguardia, sustituyéndolo por el denominado “realismo socialista”.
Paradójicamente, ese nuevo estilo era demasiado conservador para un Gobierno soviético que siempre presumió de progresista.
Curiosamente, siempre fue un gran defensor del legado arquitectónico heredado de la antigua Rusia. Consideraba que era fundamental conservarlo, dada la importancia histórica del mismo.
Algo que era muy difícil, pues las masas identificaban esos palacios con los nobles que los habían habitado y que siempre les habían hecho la vida imposible.
No obstante, consiguió que las masas obreras llegaran a respetar la cultura y, además, que muchos de esos antiguos palacios no fueran demolidos, para así convertirlos en centros educativos, hospitales, etc.
Por lo visto, a finales de 1917, alguien le dijo que la catedral de San Basilio acababa de ser demolida a causa de las revueltas populares. Así que montó un gran escándalo y hasta dimitió de su cargo. Luego, volvió a retornar su puesto, tras enterarse de que esa información era totalmente falsa. Esto le dio mucha popularidad en aquel momento.
Sin embargo, por lo que más se recuerda a este personaje fue por un hecho realizado en enero de 1918.
Fue uno de los más implicados en la persecución a la Iglesia. Solía decir: “La religión es como un clavo. Cuanto más se le golpea en la cabeza, más penetra”. Así que no se le ocurrió otra cosa que dar un golpe de efecto.
El 16 de enero de ese año, dio comienzo a un célebre proceso contra Dios, cuyo tribunal fue presidido por nuestro personaje. Nada menos que le acusaron de crímenes contra la Humanidad y el tribunal se declaró competente para procesarlo y enjuiciarlo.
Los fiscales presentes tardaron casi 5 horas en realizar la lectura de los cargos de los que acusaban a Dios y, además, decían hacerlo en representación de toda la Humanidad. Para personificar, de alguna manera, en la sala, la figura de Dios, colocaron un ejemplar de la Biblia en el banquillo de los acusados.
En esta mascarada de juicio, los abogados, nombrados por el Estado soviético, basaron su estrategia de defensa en que el acusado padecía “una grave demencia y trastornos psíquicos”. Por lo tanto, no se le podría achacar una responsabilidad penal por sus actos.
Tras haber oído a los fiscales, los abogados defensores y los testigos de las dos partes, el tribunal, sentenció que el acusado era culpable de los delitos que se le imputaban.
Precisamente, fue el propio Lunacharski, como presidente de ese tribunal, el encargado de leer la sentencia. Condenó a muerte a Dios y fijó la ejecución de la sentencia para las primeras horas del día siguiente. Sin opciones a recursos, ni aplazamientos de ningún tipo. Algo muy normal en la “justicia” soviética.
Para concluir esta mascarada, al día siguiente, se reunió a un pelotón de soldados, al mando de un oficial, el cual, ante la orden de fuego, efectuaron cinco descargas con ametralladoras hacia el cielo de Moscú.
Curiosamente, en aquel momento, los bolcheviques, sólo controlaban Moscú, San Petersburgo y la zona central de Rusia. Estaban en plena guerra civil, la cual no acabaría hasta 1922.
Sólo llevaban 3 meses gobernando y ni siquiera habían empezado a asesinar clérigos, como hicieron poco después. Se calcula que, mientras gobernó Lenin, fueron encarcelados unos 25.000 clérigos. De ellos, unos 16.000 fueron ejecutados. Desgraciadamente, con la llegada de Stalin, esas cifras crecieron exponencialmente.
Posteriormente, se hicieron muchos actos anticlericales. Como representaciones teatrales para mofarse de todas las religiones, las cuales se realizaban delante de las iglesias.
También, en las Navidades de 1923, se realizaron unos carnavales, donde, al final de los mismos, se quemaron figuras religiosas.
En 1924, tras la muerte de Lenin, parece que el nuevo Gobierno soviético se paró a pensar cómo podría solucionar el tema religioso. Ese año se detuvieron a unos 7.000 clérigos, pero no se ejecutó a ninguno.
Por lo visto, buscaban contrarrestar la influencia de la Iglesia utilizando una serie de argumentos pseudocientíficos con los que pretendían dejar en evidencia a los clérigos. A fin de no tener a las masas populares en contra.
No obstante, pronto se dieron cuenta de que habían fracasado, porque los funcionarios del Gobierno no sabían contrarrestar los sermones de los clérigos, ya que estos últimos apelaban a los sentimientos de la gente, mientras que los primeros no supieron hacerlo.
Así que el Gobierno soviético no se lo pensó más y volvió la persecución contra los religiosos. Durante el período 1929-31, fueron arrestadas casi 60.000 personas vinculadas a la Iglesia ortodoxa. Siendo asesinadas 5.000 de ellas. Parece ser que no hay datos sobre las detenciones y asesinatos de miembros de otras religiones.
Hasta llegaron a eliminar la semana de 7 días para que no existiera el domingo. Así, colocaron en cada semana un día festivo, que no siempre era el mismo. Eso duró 11 años.
Dado que, en el censo de 1937, descubrieron, que todavía existían muchos millones de creyentes en el territorio de la
URSS, decidieron aumentar la sangría. Entre ese año y el siguiente, se produjeron nada menos que 100.000 asesinatos y 200.000 deportaciones a los campos de concentración. El llamado “Archipiélago Gulag”. Esto sólo acabó cuando Hitler invadió ese país y Stalin necesitó de todos para defenderse de los alemanes.
Seguramente, por eso mismo, los soviéticos que enviaron a España, durante la Guerra Civil, animaron a los comunistas locales para que perpetraran varios miles de asesinatos y se cebaran con los clérigos.
En España, hasta se atrevieron a fusilar la estatua del Corazón de Jesús, que está situada en el Cerro de los Ángeles, situado en el término municipal de Getafe y considerado el centro geográfico de la Península Ibérica.
No obstante, nuestro personaje, luchó, junto a la esposa de Lenin, por dotar a los niños de una formación integral, donde se conjugaran los intereses del mundo laboral, que pedía el Estado soviético, con una buena educación humanística. Aunque también hay que decir que utilizó las escuelas para lo que él llamó “la lucha sin cuartel contra toda oscuridad, como herencia del pasado”. O sea, contra todas las religiones.
Por ese motivo, también declaró que “tener maestros creyentes en la escuela soviética es una burda contradicción” y animaba a los directores de las delegaciones provinciales a sustituir a esos maestros.
Incluso, dio las órdenes oportunas para que las escuelas permanecieran abiertas durante la Pascua, para que los niños no acudieran a los ritos en las iglesias. Ofreciendo actividades que fueran atractivas para ellos.
En 1929, dimitió definitivamente de su puesto en el Gobierno soviético, ya que no le permitieron realizar sus proyectos, pues los intereses del Estado, en lugar de formar intelectuales, más bien, preferían formar nuevos obreros para las fábricas.
Es preciso decir que tampoco dotaron de muchos fondos a su ministerio, porque, en esos momentos, su país se hallaba en plena guerra civil y la mayoría de los recursos eran destinados a fines militares.
No obstante, también hay que mencionar que muchos de los maestros tenían una ideología totalmente opuesta al comunismo. Por otra parte, los mismos bolcheviques, nunca fueron amantes de la cultura.
También experimentaron con nuevas colonias infantiles. En ellas, se abolieron los castigos, se fomentaban las actividades teatrales y el acercamiento entre los profesores y los alumnos. Aparte de que aportaban comida y ropa a los alumnos.
Esto gustó más a Lenin, pues ayudaría a crear generaciones enteras con una nueva mentalidad comunista. Así que les fue dotando de una mayor cantidad de fondos. No obstante, también les envió varios ayudantes que, desgraciadamente, no tenían esa forma de actuar tan tolerante hacia los alumnos.
En 1929, tras su salida del ministerio, fue enviado a París, como embajador de la URSS en Francia.
Supongo que también lo aceptaría para estar fuera del alcance de Stalin, el cual solía hacer, periódicamente, purgas entre sus colaboradores.
Aunque se demostró en más de una ocasión, que nadie estaba lejos de sus garras, tal y como he mencionado en algunos de mis anteriores artículos.
Aparte de ello, también fue nombrado director de un comité en la Academia de Ciencias de la URSS.
También estuvo en Suiza, como jefe-adjunto de la Delegación Soviética, durante la conferencia de desarme, desarrollada en la sede de la Sociedad de Naciones, en Ginebra.
En 1933, fue nombrado nuevo embajador de la URSS ante la II República Española. Hay que recordar que España, como muchos otros países del mundo, había roto sus relaciones diplomáticas con Rusia, tras el asesinato de los zares. Así que éste era el primer embajador soviético, que llegaba a Madrid, desde la creación de la URSS.
Desgraciadamente, nunca pudo llegar a su destino. Cuando viajaba hacia España, el 26/12/1933, sufrió una angina de pecho, que le llevó a la muerte, con sólo 58 años.
El suceso tuvo lugar en la localidad francesa de Menton. Una ciudad ubicada en plena Costa Azul.
Es posible que ese nombramiento estuviera motivado por el interés que siempre demostró Lunacharski por la cultura española. Concretamente, escribió una obra de teatro titulada “El Quijote libertado”, que fue publicada en España después de su muerte.
Fue enterrado en el cementerio reservado a las grandes personalidades soviéticas y situado en el muro del Kremlin. Sus cenizas reposan en una tumba colocada en el lado derecho del mismo.

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viernes, 28 de diciembre de 2018

RENÉ CARMILLE, UN HÉROE INJUSTAMENTE OLVIDADO


Aunque parezca mentira, poco a poco nos vamos enterando de lo que ocurrió durante la II Guerra Mundial. Yo creo que eso puede ser porque las potencias aliadas tienen mucho que esconder sobre su actividad antes y durante ese conflicto. Incluso, algunos autores han llegado a afirmar que se desconoce alrededor del 70% de lo que ocurrió durante ese gran episodio bélico.
De todas maneras, hoy traigo al blog a un personaje al que creo que debería conocerse y recordarse como es debido. Igual no ha sido así, porque los Estados tienden a premiar más a los héroes militares que a los civiles. Supongo que será por aquello de fomentar los sentimientos patrióticos.
Vayamos al grano. Nuestro personaje de hoy se llamaba René Carmille. Nació en 1886, en una población muy pequeña, casi una aldea, llamada Trémolat. Situada en la región de la Dordoña, al suroeste de Francia.
Debió de ser todo un portento, pues ya vemos que se graduó en 1906 en la elitista École Polytechnique, donde han estudiado las mentes más privilegiadas de Francia. Entre ellos, 3 premios Nobel, 4 mariscales y 3 presidentes de la República 
Francesa.
Curiosamente, se trata de un centro que siempre ha pertenecido al Ministerio de Defensa. De hecho, sus alumnos suelen desfilar uniformados en la gran parada militar que tiene lugar cada 14 de julio, aniversario de la famosa Toma de la Bastilla.
Lo cierto es que Carmille se convirtió en un gran especialista en Estadística, llegando a ser controlador general de las Fuerzas Armadas y, más tarde, director general del Servicio Nacional de Estadística.
También fue uno de los primeros especialistas en  Contabilidad y  Estadística por medio de tarjetas perforadas. De hecho, llegó a proponer que el código que figuraba en esas tarjetas fuera el que también se utilizara en la Seguridad Social. Algo que todavía sigue en vigor en Francia. Se le llama el número de Carmille.
En 1890, Herman Hollerith, inventó el sistema de las tarjetas perforadas, el cual sería la base de los actuales ordenadores.
En 1896 ya fundó su propia empresa dedicada a la computación, utilizando sus tarjetas perforadas, la cual llegó a ser una gran empresa en 1911. En 1924, se fusionó con otras empresas para crear el gigante informático que todos conocemos como IBM.
Seguro que más de uno ha oído que IBM vendió su sistema de tarjetas perforadas al régimen de la Alemania Hitler para detectar quiénes eran y dónde vivían los judíos. A fin de poder arrestarles y confiscarles todos sus bienes. Posteriormente, utilizaron ese mismo sistema para localizarlos en los países que iban siendo ocupados.
Sin embargo, seguramente, no conoceréis una obra del investigador USA Edwin Black, titulada “IBM y el Holocausto” (2001), donde relata con todo detalle todos estos pormenores. Sin embargo, también dedica un capítulo a narrar las relaciones entre esa multinacional y el régimen de Franco.
Parece ser que, sólo en los 3 meses finales de la guerra civil, le vendieron unas 700.000 tarjetas perforadas para mecanizar el censo y así poder localizar dónde se hallaban sus oponentes políticos. Estas fueron de mucha utilidad para el SIPM (Servicio de Información y Policía Militar) en la inmediata posguerra.
Aparte de ello, se sirvieron de la neutralidad de España para hacer grandes negocios con Alemania e Italia, ya que el Gobierno USA les prohibía realizar directamente esas transacciones con los mencionados países.
Volviendo a nuestro personaje de hoy, hay que decir que, en 1934, también propuso,  utilizar este novedoso sistema para agilizar la movilización militar en Francia. Se ve que, aunque parezca mentira, ya se estaban preparando para una futura guerra con Alemania.
Tras la increíble derrota militar de Francia, en la II Guerra Mundial, llegó a proponer al Gobierno colaboracionista de Vichy, crear un registro secreto. Éste se utilizaría para, llegado el caso, poder movilizar de manera inmediata a millones de hombres para la guerra contra el ocupante alemán. Supongo que ese detalle no les pasaría desapercibido a los miles de franceses que colaboraban, habitualmente, con los alemanes.
Curiosamente, el Gobierno de Vichy, aceptó ese ofrecimiento y fundó un servicio al que llamó eufemísticamente Servicio de Demografía, camuflada dentro del Ministerio de Finanzas, donde crearon una gran base de datos, llevada a cabo por técnicos y militares desmovilizados. La central estuvo en Lyon, mientras que tuvo otras delegaciones en varias capitales de provincias y en otras ciudades de la antigua África colonial francesa.
Tampoco debería de ser casual que Alemania designara a la empresa Dehomag, filial de la IBM en Alemania, cuyo presidente era un ferviente admirador de Hitler, para que controlara el cumplimiento de los términos de la rendición de Francia. Para realizar esa labor nombrará a 3 de sus representantes, que se situarán muy cerca del Gobierno de Vichy.
Por lo visto, Carmille, no perdió el tiempo. Metió en un gran ordenador los datos de todo el personal militar. Incluidos los que se hallaban prisioneros en territorio alemán. Le dio un número de identidad a todos los ciudadanos franceses, susceptibles de ser movilizados, y los agrupó según sus profesiones.
Por lo visto, para conocer el nombre y el número de los prisioneros, se sirvieron de los datos proporcionados por la Cruz Roja Internacional.
Se tomaron los datos procedentes de los Registros Civiles, con los nacidos en los últimos 65 años. Incluso, con los datos de las mujeres. Todo ello, con el fin de que los alemanes no descubrieran que se hacía para organizar una movilización militar encubierta.
Sin embargo, el ministro de Justicia y conocido colaboracionista y antisemita, Raphaël Alibert, vio en esas tarjetas la posibilidad de detectar a los judíos. De hecho, consiguió que les retiraran la nacionalidad francesa a unas 15.000 personas a causa de su origen judío.
Así que Carmille, sin importarle los riesgos que corría al hacer esto, reprogramó las llamadas “máquinas Hollerith”, que eran las que leían esas tarjetas perforadas, para que no detectaran la columna nº 11, donde iban los datos relativos a la religión practicada por cada uno de los ciudadanos. De esa manera, consiguieron salvar las vidas de miles de judíos.
No hay que olvidar que, en el verano de 1942, se realizó la Gran Redada del Velódromo de Invierno, donde las autoridades francesas encerraron a unos 13.000 judíos franceses en esa instalación deportiva, situada en París y luego los fueron enviando directamente al campo de exterminio de Auschwitz. Parece ser que, entre ellos, había más de 4.000 niños. Algo que ni siquiera les habían ordenado los nazis. En esa operación participaron, exclusivamente las autoridades policiales francesas. No intervino ningún alemán.
La Policía francesa no pudo obtener esos datos de las tarjetas de Carmille. Así que se limitó a investigar en sus propios expedientes.
Visto lo que estaba ocurriendo, Carmille, a pesar de las presiones a las que le sometía el Gobierno francés, para que implementara una columna nº 11, donde se indicara quién era de religión judía, ideó un sistema para obstaculizar el acceso a esos datos.
Dio instrucciones, oralmente, a sus funcionarios para que hicieran una especie de huelga de celo. A fin de retrasar lo máximo posible la salida de esa estadística. Incluso, falsificó el lugar de nacimiento de muchos de ellos, indicando que habían nacido en Alsacia, cuando esa región no pertenecía a Francia.
Lo cierto es que ese estudio duró desde junio de 1941 hasta febrero de 1944, cuando las autoridades se olieron que se estaba produciendo un sabotaje y detuvieron a Carmille.
Curiosamente, como en IBM se dieron cuenta que era la empresa Bull la que le estaba facilitando las tarjetas perforadas a nuestro personaje, iniciaron acciones contra ella.
Gracias a los datos informáticos, aportados por Carmille al Gobierno del general De Gaulle, éste pudo organizar muy rápidamente la movilización de los varones en edad militar en el África colonial francesa. A fin de poder crear el nuevo Ejército de la Francia libre.
También se resistió Carmille a las presiones de los gobiernos francés y alemán para que actualizara los cambios de domicilio de los ciudadanos franceses, a fin de localizarlos y poder enviarlos como trabajadores forzosos a Alemania.
Aun así, los alemanes consiguieron que unos 875.000 franceses fueran a trabajar a Alemania. Por supuesto, unos voluntarios y otros forzosos. Lo cierto es que esos datos erróneos, puestos adrede en el estudio de Carmille contribuyeron a que muchos se libraran de ir.
Carmille llegó a militar en una red de agentes de la Resistencia francesa, denominada Marco Polo. Para que sus archivos estuvieran bien a salvo, los depositó en un seminario de la orden jesuita en Francia. Un lugar muy apartado de la vista de la Gestapo.
Por otra parte, envió datos correctos a Londres y a Argel, donde se estaba organizando la Francia libre. De hecho, De Gaulle, envió a varios de sus ayudantes a Argel para estudiar y custodiar esos importantes datos.
Desgraciadamente, el 03/02/1944, Carmille es arrestado en Lyon con su propio jefe de personal, Raymond Jaouen. Son llevados hasta el hotel donde está el cuartel general de la Gestapo en esa ciudad. Allí son torturados durante 2 días por el infame Klaus Barbie, apodado “El carnicero de Lyon”.
Precisamente, el mismo Barbie que, en 1983, fue extraditado de Bolivia a Francia. En 1987, fue sometido a juicio y condenado a cadena perpetua por el asesinato de más de 300 personas. Murió en 1991, en la cárcel donde se hallaba cumpliendo su condena.
Parece ser que no lograron sacarles nada ni a Carmille ni a su colega. Así que enviaron a ambos al campo de exterminio de Dachau.
Por lo visto, Jaouen, no aguantó las malas condiciones en que se efectuaban esos traslados y murió durante el viaje. En cambio, Carmille, sí que logró llegar con vida.
Desgraciadamente, nuestro personaje murió a causa del tifus el 25/01/1945. Igual que le ocurriría a la famosa Ana Frank, en otro campo, en febrero de ese mismo año.
Sólo me falta decir que, gracias a personas como ésta, se salvaron miles de vidas, que, muy posiblemente, hubieran sido exterminadas por los nazis.
Sólo hay que ver que, en Holanda, a causa de las detenciones de los nazis y de la colaboración de las autoridades de ese país, llegaron a detener y a matar al 73% de la población judía. Mientras que en Francia sólo consiguieron atrapar al 25%.
Lo cual me parece todo un éxito y deberíamos de reconocérselo a Carmille y a todo su equipo.
Yo no sé qué pensaréis vosotros, pero, en lo que a mí respecta, la gente como ésta me devuelve la confianza en la Humanidad y creo que esta historia, aunque nuestro personaje tuvo un triste final, me parece que debería de ser vista como un mensaje de esperanza para todos.
Así que, como todos los años, aprovecho para desearos:

¡¡UNA MUY FELIZ NAVIDAD Y UN MAGNÍFICO AÑO 2019!!

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sábado, 22 de diciembre de 2018

MARY SHELLEY Y EL MONSTRUO DE FRANKENSTEIN


Aunque se está aproximando el fin de año, no me gustaría que terminara el 2018 sin narrar esta historia.
Hoy voy a dedicar este artículo a una gran autora, que nos dio un libro muy famoso y del que ahora se cumplen 200 años desde su primera publicación.
Mary Shelley, que es nuestro personaje de hoy, nació en 1797, en Londres. Sus padres fueron el conocido filósofo William Godwin y la famosa escritora, especializada en temas feministas, Mary Wollstonecraft.
Desgraciadamente, como era muy común en aquella época, su madre falleció pocos días después del nacimiento de Mary, a causa de una infección sufrida tras el parto. Algo que siempre mortificó a nuestro personaje, pues se sentía culpable de ello.
Parece ser que su viudo estuvo muy enamorado de su mujer y, al año siguiente, publicó una especie de memorias dedicada a ella.
Por lo visto, Godwin, era una especie de filósofo libertario. Siempre estuvo en contra del matrimonio y de la opresión que pudiera sufrir cualquier individuo. Sin embargo, se casó en secreto con M. Wollstonecraft.
Según parece, la educación de nuestro personaje fue muy superior a la que solían tener las mujeres de su época. Algo que me parece admirable. Su casa siempre fue un 
lugar de encuentro para intelectuales de todo tipo que acudían a visitar a su padre. Así que tuvo ocasión de conocer a las mentes más preclaras de su país y también del extranjero.
Sin embargo, el padre de Mary se vio incapaz de llevar una casa, donde vivía con ella y con Fanny, hija de una relación anterior de su esposa. Así que decidió casarse con una vecina, también viuda y con dos hijos.
Como suele ocurrir en estos casos, las relaciones con su madrastra nunca fueron buenas. Así que Mary deseaba fervientemente abandonar su hogar cuanto antes.
Uno de los que visitó a su padre fue el poeta Percy Shelley. No es que tuvieran el mismo apellido, sino que ella adoptó el de él, cuando se casaron. Tal y como suele ocurrir en el Reino Unido. En aquella época, ella se llamaba Mary Godwin.
Lo cierto es que este poeta ya estaba casado y además pertenecía a una familia de la aristocracia. Sin embargo, se enamoró de Mary y pretendió divorciarse de su mujer. Cosa que nunca consiguió. Por aquella época, él tenía 21 años, mientras que ella sólo tenía 17.
Como todos sabemos, una cosa es la teoría y otra la práctica. Seguro que mis lectoras tienen muy claro de lo que hablo.
Así que, cuando el padre de Mary supo de las intenciones de Percy con su hija, se opuso, inmediatamente a esa relación. Aunque  fuera acorde con sus teorías sobre el amor libre. Así que, en el verano de 1814, como el padre de Mary echó a Percy de su casa, optaron por escaparse, llevándose también a una de las hermanastras de Mary. Precisamente, una de las hijas de la última esposa de su padre.
Estuvieron viajando durante unos meses por Francia y otros países limítrofes, hasta que se les acabó el dinero y se vieron obligados a regresar a Gran Bretaña.
Tuvieron dos hijos. Uno de ellos murió muy pronto y otro al cabo de pocos años, lo que llevó a Mary a una grave depresión. También pasaron ciertas estrecheces económicas hasta que Percy cobró una sustanciosa herencia.
En mayo de 1816, se citaron en Ginebra con lord Byron, para pasar las vacaciones junto al lago Lemán. A ese encuentro asistieron Mary y Percy con su hijo, la hermanastra de Mary, lord Byron y su médico, el Dr Polidori.
Lo cierto es que les hizo un tiempo infame. Casi no pudieron salir ningún día a la calle, pues no paró de llover y hacer frío. Incluso, nevó en muchos sitios, en pleno verano.
Precisamente, les pilló allí el llamado “Año sin verano”. No se sabe qué ocurrió con seguridad, lo cierto es que hubo varias importantes erupciones volcánicas en distintos puntos del planeta, que oscurecieron el cielo. La principal fue la del volcán Tambora, la más importante y estudiada de la Historia.
Ello unido a una menor radiación solar, lo cual hizo que bajara considerablemente la temperatura media. Se calcula que la media bajó unos 4ºC, lo cual es mucho, aunque no lo parezca a primera vista.
Para el que no lo sepa, se calcula que la última glaciación hizo que la media mundial bajara unos 3ºC, pero durante un tiempo más prolongado.
Curiosamente, fueron a parar a la zona más castigada de Europa. O sea, Francia, Alemania, Suiza, Holanda, Bélgica, etc.
Incluso, en algunos países se produjeron disturbios violentos motivados por la escasez de suministros alimenticios. Además, muchos de estos países se estaban intentando recuperar de las guerras napoleónicas. Como le ocurrió a España.
Lo cierto es que este grupo, donde estaba nuestro personaje, se hospedó en una mansión llamada “Villa Diodati”, en una localidad cercana a Ginebra. Precisamente, en esa misma mansión se había alojado, a mediados del siglo XVII, el famoso poeta británico John Milton. Autor de la conocida obra “El paraíso perdido”. Así que lo veían como un lugar muy a propósito para escribir sus propias obras.
Allí estuvieron días y días sin poder salir. Tomando láudano y hablando de los temas más variopintos. Todo eso, hizo que a lord Byron se le ocurriera hacer una especie de concurso de relatos de terror.
Parece ser que Mary no acababa de encontrar nada que le gustase. Sin embargo, al día siguiente, se despertó de madrugada con una idea muy clara. Escribir la historia del monstruo del Dr Frankenstein.
Curiosamente, los mejores relatos procedieron no de Byron o de Shelley, sino de Mary y del Dr. Polidori, que escribió una obra titulada “El vampiro”. Precursora de la famosa obra “Drácula”.
Es preciso decir que Mary ya había escrito varias obras antes de esa, aunque no había alcanzado aún el éxito con ninguna de ellas.
A su vuelta al Reino Unido, residieron en la ciudad de Bath. Es posible que lo hicieran para alejar las miradas del embarazo de su hermanastra,  Claire Clairmont, que había sido amante de Byron.

Desgraciadamente, en aquella época se produjeron dos suicidios que afectaron a la vida de Mary. Uno de ellos fue el de su hermanastra mayor, Fanny Imlay. El otro fue el de Harriet, la esposa de Shelley, cuyo cuerpo fue encontrado ahogado en Hyde Park.
Así que, ya, sin obstáculos de ningún tipo, Percy y Mary se casaron el 30/12/1816 en una iglesia de Londres. Esta vez, el padre y la madrastra de Mary, asistieron a su boda. No así la familia de Percy.
Sin embargo, los familiares de Harriet no le permitieron tener a Percy la custodia de los dos hijos tenidos con ella, pues un tribunal dictaminó que la conducta de la familia de Mary era claramente inmoral y los cedieron en adopción a la familia de un pastor luterano.
Por fin, el 1 de enero de 1818, se decidieron a publicar la primera edición de Frankenstein, que pasó de ser un relato corto a una novela mucho más extensa.
Desgraciadamente, no indicaron quién era su autora, porque decían que así se vendería mucho mejor. De hecho, durante mucho tiempo se pensó que el autor era Percy, el cual sólo era  el autor del prólogo de la obra. Aun así, sólo tuvo una tirada de unos 500 ejemplares.
Por lo visto, en aquella época, no era muy normal que las mujeres se dedicaran a la Literatura y eso les ocurrió a muchas de ellas. Hasta la 3ª edición, publicada en 1831, no se atrevió ella a reconocer la autoría de su obra.
Sólo tenéis que ver el artículo que publiqué sobre María Lejárraga, una autora del siglo XX, la cual escribió todas las obras, que luego serían publicadas a nombre de su marido, Gregorio Martínez Sierra, el empresario del Teatro Eslava, de Madrid. Incluso, siguió haciéndolo, después de haberse roto ese matrimonio
A finales de 1818, la pareja se fue definitivamente a Italia. Allí fueron muy felices. Sin embargo, Mary, nunca tuvo mucho éxito con sus hijos. En poco tiempo, los dos que tenía murieron, víctimas del tifus. Afortunadamente, volvió a quedar embarazada y dio a luz otro hijo, cuyo nombre fue Percy Florence. Fue el único que sobrevivió.
Fijaron su residencia en San Terenzo, en pleno Golfo de Génova, donde, en 1822, Percy compró un velero junto con un marino amigo suyo.
A mediados de julio de ese año, viajaron con el velero hacia Livorno, donde vivía lord Byron, con el objetivo de preparar la salida de un nuevo periódico especializado en política.
Lamentablemente, nunca volvieron. Los cuerpos de Percy y los dos marineros que le acompañaban, fueron encontrados unos diez días después.  Los tres cadáveres fueron incinerados por sus familiares en la playa. Algo contrario a las costumbres de esa época.
Ya viuda, con sólo 25 años, Mary, en un principio, vivió en la casa de unos amigos en Génova. Posteriormente, se trasladó a Gran Bretaña, donde vivió gracias a una pensión que le dio el padre de Percy y a la venta de sus nuevos libros. Sin embargo, su suegro siempre se negó a conocerla.
Parece ser que luego tuvo varios pretendientes, pero siempre se negó a casarse, alegando que ya había estado casada con un genio y sólo podría casarse con otro que le igualara.
Aunque escribió bastantes obras, la más conocida es “Frankenstein o el moderno Prometeo”. Algunos la definen como la narración del castigo del Creador por la arrogancia de este científico, que se atrevió a desafiar el poder divino.
El Dr. Frankenstein sólo buscaba desterrar la enfermedad del cuerpo humano y hacer que el hombre fuera invulnerable a todos los males que le aquejan. Hasta a una muerte violenta.
Se puede decir que aborda una serie de temas muy recurrentes. Tales como la lucha entre el bien y el mal. El conflicto entre el creador y su creación. También habla sobre la soledad y defiende al que es diferente de los demás. Etimológicamente, se llama “monstruo” al que se sale de la línea habitual de los de su especie.
Curiosamente, el monstruo de Frankenstein que fue definido como una especie de criatura nacida sin necesidad de una mujer, realmente, fue creado por una escritora.
También es cierto que Mary critica, en parte a la Ciencia, porque dice que sus avances le ponen en conflicto con el Gran Hacedor.

La verdad es que, aunque parezca mentira, los primeros artistas de Romanticismo, nunca fueron progresistas, sino muy conservadores. No hay más que ver cómo se pusieron a buscar como locos las tradiciones de cada lugar para hacerlas resurgir en sus obras.
En cambio, los de la segunda generación ya fueron más progresistas y no se conformaron con hacer lo que se había hecho hasta ese momento. De hecho, sus héroes no eran gente sin mancha, sino personajes fuera de la Ley, como los ladrones o los piratas.

Sin embargo, la pareja formada por Percy y Mary pertenecieron a aquellos que hicieron del Romanticismo su forma de vida y quisieron gozar de una libertad lo más amplia posible. Sin importarles lo que dijeran los demás. Eso les hizo ganarse la antipatía de mucha gente.
También, en aquella época, se puso de moda la teoría del Galvanismo, por la cual se afirmaba que se podría dar vida a un muerto a base de juntar de nuevo todas las partes de su cuerpo y aplicarle una corriente eléctrica inducida. Galvani llegó a demostrar que podría mover las patas de una rana muerta, si la conectaba a la corriente eléctrica.
Hay quien opina que, para realizar esta obra, la autora pudo basarse en la educación recibida de su padre, ya que en la novela se puede ver que el Dr. Frankenstein, tras crear al monstruo, se ve que no le gusta y lo abandona a su suerte.
Curiosamente, en el libro se puede apreciar la historia desde el punto de vista del científico y también desde el de la criatura.
Mary nos dice en su obra que la Ciencia podría llegar a generar monstruos. Incluso, cree que la Ciencia podría llegar a ser la nueva religión. Por eso, denuncia que la Ciencia no se para a pensar que podría perjudicar ciertos valores humanos, como puede ser la ética.
Incluso, hoy en día, se está temiendo que la multiplicación de los robots en el interior de las empresas, podría poner en peligro muchos miles de puestos de trabajo.
También nos dice que el monstruo llegó a aprender muchas cosas. Sin embargo, algunas de ellas le perjudicaron, porque se fue convirtiendo en una persona. Llegó a ser una especie de persona aterrada por haberse quedado sola ante un mundo que no conocía.
Le pide una y otra vez a su creador que le haga caso, pero, al final, se va hacia el Ártico y allí se pierde su pista. Desgraciadamente, se ha convertido en un ser absolutamente desarraigado, porque nadie le quiere.

En 1823, se representó, por vez primera, en Londres, una obra basada en las andanzas de este personaje. Se titulaba “La presunción o el destino de Frankenstein”. Lo cierto es que tuvo un enorme éxito.

En 1910, tuvo lugar la primera adaptación de la novela al cine. Era un simple cortometraje muy breve y en cine mudo, pero que, debido al éxito obtenido, dio lugar a otras muchas películas sobre ese personaje. De tal manera que, hoy en día, todo el mundo conoce al monstruo de Frankenstein. En cambio, muy poca gente sabe quién escribió esa novela.
Cuando a la gente se le menciona Frankenstein, casi todo el mundo lo relaciona con el personaje interpretado por Boris Karloff, que fue el actor que mejor lo representó.
También se hizo muy popular, gracias a la televisión, por la popular serie “La familia Adams”. Un poco más tarde, llegó al cine “El jovencito Frankenstein”. Ambas fueron una nueva forma de representar a este personaje en forma de comedia.
Desgraciadamente, Mary, falleció en 1851. Muy probablemente, a causa de un tumor cerebral, que le venía ocasionando, desde 1839, parálisis temporales en diversas partes del cuerpo.

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