ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 25 de agosto de 2016

EL ORIGEN DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL (2ª PARTE)



En 1911, se produjo una breve guerra entre turcos e italianos, con la victoria de estos últimos. Tras el tratado de paz, consiguieron quitarle a los turcos Tripolitania, Cirenaica, Rodas y el llamado archipiélago del Dodecaneso.
Los países balcánicos se dieron cuenta de que los turcos estaban en un momento bajo y sería adecuado intentar aprovecharlo para echarles del continente europeo.
Así que, en 1912, se creó la Liga Balcánica, formada, inicialmente,  por Serbia y Bulgaria. En un principio, se suponía que era para defensa mutua contra los turcos. En cambio, algunas de sus cláusulas mencionaban la conquista y reparto del territorio europeo ocupado por los turcos.
Evidentemente, este tratado contaba con el visto bueno de los rusos. Incluso, se mencionaba que una zona, a la que aspiraban ambas naciones, su atribución se sometería a una decisión de Rusia.
Por otra parte, también Grecia se integró en la citada Liga, aunque tenía ciertas discusiones territoriales con Bulgaria. Al mismo tiempo, Montenegro, también quiso que contaran con ellos, aunque no firmó el tratado.
Sin embargo, las alarmas se encendieron en toda Europa, al conocer este pacto contra Turquía, pues, esas alianzas mutuas, podrían llevar a una guerra generalizada en toda Europa, como ocurrió en la I Guerra Mundial.
Precisamente, el presidente francés, Poincaré, se trasladó urgentemente a San Petersburgo, para intentar que Rusia hiciera gestiones ante las naciones del Tratado a fin de parar el mismo.
No obstante, las naciones implicadas en esa alianza, comenzaron a movilizar sus tropas en septiembre y las hostilidades se iniciaron al mes siguiente, comenzando por una declaración de guerra de la pequeña Montenegro al Imperio Otomano.
Los aliados le dieron un ultimátum a Turquía para que le diera una autonomía a Macedonia, gestionada por ellos. La respuesta inmediata de Turquía fue declarar la guerra a todos los aliados, menos a Grecia. Así que ésta tuvo que declararles la guerra, proclamando la anexión de la isla de Creta.
Turquía fue completamente vencida por los aliados. Por ello, pidieron un armisticio a Bulgaria, pero ésta no quiso, porque su intención era conquistar Estambul, a fin de tener así  una mejor baza para negociar en las futuras conversaciones de paz.
A principios de diciembre, con el mal tiempo y las tropas ya muy cansadas, Bulgaria y Turquía pactaron un cese de hostilidades. El cual fue aceptado por los demás, salvo los griegos, que reivindicaban mayores territorios.
Serbia necesitaba una salida al mar y la buscó en Albania. Con esa intención, propuso un reparto de ese país con griegos y montenegrinos.
Esta idea no gustó nada ni en Austria ni en Italia, que querían una Albania independiente y no un puente para el expansionismo ruso.
En Alemania y Francia tampoco gustó mucho esta idea, pero se limitaron a apoyar a sus respectivos aliados en la zona.
Aunque parezca mentira, los turcos buscaron a los británicos, para que les echaran una mano y sirvieran como mediadores de este conflicto. Para ello, se reunieron el 16 de diciembre de ese año en Londres. Para empezar, los británicos, consiguieron que Serbia renunciara a la costa albanesa.
No obstante, las exigencias de los aliados eran demasiado ambiciosas e inaceptables para los nacionalistas turcos.
El 23/01/1913, un grupo de oficiales turcos, dirigidos por Enver Pachá, dio un golpe de Estado. A partir de ese momento, se cancelaron esas conversaciones de paz.
En febrero se reanudaron los combates y los aliados fueron rodeando las pequeñas guarniciones turcas, las cuales no tuvieron más remedio que rendirse. Este segundo período del conflicto terminó en abril y en mayo se reanudaron  las conversaciones de paz.
Tras el Tratado de Londres, del Imperio Otomano en Europa, sólo quedaba una minúscula porción de tierra, donde se halla Estambul. No obstante, este pacto no contentó a ninguno de los aliados.
De todos ellos, el más beneficiado fue Bulgaria y esto provocó rencillas, que se llegaron a convertir en choques violentos en la frontera entre Bulgaria y Grecia.
En 1913, como los búlgaros se empezaron a ver muy superiores a los demás, los serbios y los griegos firmaron un acuerdo secreto para repartirse Macedonia a su gusto y pararle los pies a Bulgaria.
Este tema preocupaba mucho en las cancillerías europeas. En Viena, empezaron a pensar en intervenir militarmente contra Serbia, en el caso de que atacaran a Bulgaria, aunque podrían encontrarse a los rusos enfrente.
Rusia convocó en su capital a los aliados de la Liga Balcánica a fin de ejercer como mediador e impedir un conflicto entre ellos.
Parece ser que el primer ministro búlgaro, por su parte,  había tratado de contar con el apoyo de Viena. Sin embargo, el zar búlgaro, junto con su Estado Mayor, habían decidido atacar a los serbios y griegos en Macedonia, sin dar a conocer esos planes a su Gobierno.
Aunque se consiguió parar la ofensiva, a nivel diplomático, las otras potencias reaccionaron y pasaron al ataque. Incluso, Rumania, que había sido neutral, también participó en este conflicto contra Bulgaria. Hasta los mismos turcos, aprovecharon el caos para atacar a los búlgaros.
Entre junio y agosto, Bulgaria, había perdido todas sus conquistas y tuvo que ratificarlo en el Tratado de Bucarest, porque sus aliados le habían dejado abandonada.
Esta vez, la parte del león se la llevaba Serbia, pues había duplicado su territorio e incorporado a su país a más de un millón de personas.
Se convertía en el nuevo campeón de la causa de los eslavos y hacia él miraban los pueblos de este origen, que habitaban dentro del Imperio Austro-Húngaro.
Evidentemente, en Viena, estaban muy mosqueados con este nuevo vecino tan poderoso y empezaron a hacer planes para eliminar ese problema.
Realmente, el problema no era en sí este pequeño país, llamado  Serbia,  a pesar de que tuviera un ejército bastante importante, sino su gran aliado, Rusia, que se ponía demasiado cerca de las fronteras del Imperio Austro-Húngaro.
Daba la impresión de que el Imperio estaba deseando buscar una excusa para declararle, cuanto antes, la guerra a Serbia.
En octubre de 1913, les amenazó con atacarles, si no abandonaban Albania en un plazo máximo de 8 días. A Belgrado no le quedó otra que ordenar la evacuación de sus tropas. Sin embargo, Viena, pudo comprobar que podría contar con la ayuda alemana en un conflicto con Serbia.
A principios de 1914, los gobiernos de Serbia y Montenegro se reunieron y anunciaron que iban a poner en marcha una unión aduanera y coordinar sus políticas exteriores y de defensa. No olvidemos que Serbia no tiene salida al mar y Montenegro sí.
Evidentemente, esto no interesaba en Viena, así que amenazaron a ambos y no les quedó otra que romper esas conversaciones.
El Imperio también consiguió que se reconociera la independencia de Albania, bajo protectorado austriaco. Eso hizo pensar en Viena que todavía pintaban algo en la escena internacional.
Es bien conocido el episodio del asesinato del heredero al trono austro-húngaro en Sarajevo, pero no está muy claro quién tomó esa decisión ni para qué.
Parece ser que el autor del atentado, Gavrilo Prinzip, era un joven estudiante bosnio de religión ortodoxa, menor de edad,  y que obedecía a la organización la Mano Negra.
A pesar de que los cabecillas de esa organización criminal eran militares serbios, parece ser que el Gobierno de Serbia no estaba enterado del tema.
A primeros de julio, el ministro de Exteriores austriaco se trasladó a Berlín a fin de intentar conseguir el apoyo alemán. Cosa que obtuvo. Además, así pensaban parar la probable reacción de los rusos, cuando vieran que su aliado había sido atacado.
El 23 de julio, Viena, envió un ultimátum a Belgrado con una serie de medidas que sabían
que no les iba a ser posible aceptar. Sobre todo aquella en que exigían que fueran unos policías austriacos los que se encargaran de las investigaciones del asesinato, dentro del territorio serbio.
Esta situación hizo sonar las alarmas en las capitales de las grandes potencias. Así que el Reino Unido quiso montar una conferencia entre cuatro grandes potencias a fin de que pararan tanto a Rusia como al Imperio Austro-Húngaro, pero ni uno ni otro quisieron aceptarlo.
El 25 de julio se reunió el Consejo Imperial de Rusia, presidido por el zar, el cual decidió apoyar a Serbia, si era atacada por el Imperio Austro-Húngaro.
Por su parte, Serbia, aceptó todas las medidas, menos la de dejar que  investigaran policías austriacos en su suelo. Sin embargo, proponía que interviniera, como mediador,  el Tribunal Internacional de la Haya.
Evidentemente, esto no era lo que quería Viena, así que el 29 de julio dio orden de bombardear Belgrado, un objetivo fácil, porque estaba cerca de la frontera entre ambos países.
Contra todo pronóstico, el zar ruso, ordenó una movilización general de todo su ejército. Mientras en Viena daban la misma orden a sus tropas.
El canciller alemán intentó que no se ampliara el conflicto. Envió un ultimátum a los rusos, para que no enviaran sus tropas. También envió otro mensaje a Paris, para que permanecieran neutrales en el mismo.
Como nadie le contestó, unos días después, los alemanes declararon la guerra a Rusia y, poco más tarde, también a Francia. Algo que iba en contra de la doctrina oficial del Ejército alemán, que era consciente de que no podría atender a los dos frentes a la vez.
Para no perder el tiempo, los alemanes, invadieron  la neutral Bélgica. Sin embargo,
como los británicos habían firmado un tratado de defensa con ellos, le declararon la guerra a Alemania y enviaron sus tropas al continente. Posiblemente, también lo hicieron, porque no querrían tener a las fuerzas alemanas en la orilla de enfrente, tan cerca de sus islas.
Lógicamente, en los días siguientes se conoció que el resto de los países involucrados en la Primera Guerra Mundial, se declaraban la guerra unos a otros. Menos mal que, por una vez, en España, fueron más sensatos y permanecieron neutrales.
Concretando, un conflicto de tipo regional, causado por las ambiciones nacionalistas de unos pequeños Estados, provocó una guerra a nivel planetario. Esto fue así, porque las colonias de las grandes potencias también participaron en el conflicto.
El resultado ya lo conocemos, unos 10.000.000 de muertos y muchos más heridos y desaparecidos. El caos y la ruina de varios países. Incluso, varios de los monarcas perdieron sus coronas.
Esperemos que nuestros actuales gobernantes se muestren más sensatos y  dejen de utilizar las guerras, como medio para intentar arreglar reivindicaciones personales o nacionales, que no tienen ningún sentido y no merecen que muera ninguna persona por ellas.

EL ORIGEN DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL (1ª PARTE)


Esta vez, me voy a meter con un asunto muy controvertido y la verdad es que va a ser un tema algo difícil de explicar. Así que, si me lo permitís, me iré un poco hacia atrás, para que tengáis una visión clara de los hechos.
Prácticamente, desde el siglo XV, casi toda la Europa balcánica pertenecía al Imperio Turco o eran protectorados con gobernadores impuestos por el sultán.
En 1859, precisamente, cuando empezaban a surgir los nacionalismos en Europa, se produjo la rebelión de Serbia. Esto hizo que las demás piezas del dominó fueran cayendo. La rebelión siguió por Montenegro, Bosnia-Herzegovina y luego llegó a Bulgaria.
Me imagino que Londres y París no serían ajenos a este conflicto, porque se apresuraron a enviar allí a sus periodistas para narrar de una forma descarnada la fuerte represión ejercida por los turcos sobre los rebeldes.
Supongo que Rusia tampoco sería ajena a este tema, porque en 1877, se alió con Rumania para conseguir derrotar a Turquía.
Este conflicto acabó con la Paz de San Stefano, impuesto desde Moscú a Estambul. Por medio del cual, se ampliaba mucho el territorio de Bulgaria, añadiéndole Macedonia. También se reconocieron las independencias de Serbia, Montenegro y Rumania. Bosnia-Herzegovina pasaba a ser una zona autónoma. Una especie de protectorado del Imperio Austro-Húngaro.
Evidentemente, este tratado estaba hecho sólo al gusto de Moscú, pero no al de París, Londres o Viena, que, inmediatamente,  se opusieron al mismo. Sobre todo, se temía que la nueva Bulgaria fuera la puerta de entrada de Rusia en los Balcanes y de ahí al Mediterráneo. Saltándose el control de Turquía.
Así que, sólo dos meses más tarde, en junio de 1878, se reunieron en Berlín los representantes de las principales potencias y le dieron un repaso al tema.
Realmente, el Imperio Otomano, seguía existiendo por conveniencia de ciertas potencias europeas, a fin de parar al gigante ruso.
También, habían conseguido parar a los nacionalistas de esa zona, tanto eslavos como griegos, a base de crear pequeños Estados, con grandes rivalidades entre ellos y que, según estaba previsto, nunca podrían unirse y poner en peligro la zona. Es lo que se suele llamar la “balcanización”.
La idea que prosperó en ese tratado fue la de una independencia progresiva de los territorios y no inminente, como proponían los rusos.
Así, Bulgaria, volvió a perder el territorio que había logrado anteriormente. La mayor parte del mismo pasó a ser un protectorado de Turquía y el resto, llamado Rumelia Oriental,  tuvo una autonomía propia. Hasta 1908 no logró Bulgaria ser  una nación plenamente independiente.
No obstante, como les habían quitado el “caramelo” de la boca, este país luchó, incluso, durante la II Guerra Mundial, por recuperar el territorio perdido.
De ese modo, Bismarck, el organizador del evento, se puso la medalla de haber evitado otra guerra. Mientras que los rusos se erigieron en defensores de los cristianos y los británicos de los judíos, que habitaran dentro del territorio turco.
No hará falta decir que, por entonces, el primer ministro del Reino Unido era el gran político Disraeli, de origen judío.
A partir de entonces, Bulgaria, Serbia y Montenegro fueron aliadas de Rusia, al tener muy claro que sólo Rusia defendía plenamente sus intereses y no los países del Occidente europeo.
A Rumania la obligaron a ceder parte de su territorio a Rusia, lo que hizo que abandonara su alianza con ellos. No obstante, obtuvieron otras zonas, como la famosa Transilvania.
Volviendo a Serbia, el Compromiso Austro-Húngaro de 1867, que había dividido de facto el Imperio, en dos mitades, le dio mucho poder a los húngaros sobre zonas donde vivían los serbios y eso no hizo ninguna gracia en Belgrado.
También, aunque el haberse metido en una guerra, al lado de Rusia, y contra Turquía, le produjo muchas bajas a Serbia, no obstante, sirvió para que su independencia fuera reconocida por el resto de las potencias.
A pesar de ello, los nacionalistas serbios se quejaron de que no habían podido conseguir el territorio de Bosnia-Herzegovina, que reivindicaban como antigua zona perteneciente a la Gran Serbia medieval, Kosovo y el norte de Macedonia. Ese fue otro motivo por el que siguieron odiando al Imperio Austro-Húngaro.
Por otra parte, el príncipe Milán de Serbia, apoyado por algunos miembros del Partido Progresista, firmó un acuerdo comercial con Viena, por el que les compraban casi todas las exportaciones serbias, que se componían, principalmente,  de cereales y ganado.
Evidentemente, como estas cosas no se hacen gratis, pues Viena les impuso no firmar ningún otro acuerdo comercial con otro país, sin  la autorización previa de ellos, ni apoyar a las minorías nacionalistas eslavas, que poblaban el Imperio.
En 1882, Milan se convirtió en rey de Serbia. Sin embargo, su alianza con Viena, su forma despótica de gobernar y sus escándalos financieros, convenientemente aireados ante la opinión pública, le granjearon la enemistad de sus súbditos.
La sociedad serbia se dividió entre el Partido Progresista, que apoyaba la alianza con el Imperio Austro-Húngaro, y el Partido Radical, que miraba hacia Rusia.
Para recuperar su popularidad, intentó hacer lo que muchos otros dictadores, buscarse un enemigo y hacer creer a la sociedad que hay que afrontar esa empresa en común. En su caso, intentó conquistar la Rumelia Oriental, que le había sido arrebatada a Bulgaria.
No hay que olvidar que los nacionalistas serbios veían a ese territorio como parte de la Gran Serbia y, por ello, se le ocurrió conquistarlo.
De todas formas, fracasó estrepitosamente y, gracias a la alianza con los austriacos consiguió no salir muy malparado de este conflicto.
La situación iba cada vez  peor para el monarca. Así que no se le ocurrió otra cosa que convocar nuevas elecciones, donde ganó el Partido Radical, que era más proclive a Moscú.
En 1889, viendo que las cosas tenían ya muy poco arreglo, el soberano abdicó y cedió el trono a su hijo Alejandro, que entonces tenía sólo 13 años. Así que se formó un consejo de regencia, hasta la mayoría de edad del nuevo monarca.
Alejandro I fue mucho peor que su padre. Dos años después se declaró mayor de edad y disolvió el consejo de regencia. Gobernó junto a su padre hasta 1894, cuando tomó todo el poder. De él hablaré más ampliamente en otro artículo, describiendo su reinado y asesinato.
Tras este monarca, se nombró un gobierno provisional y se propuso al noble  Pedro Karadjeordjevic, que permanecía exiliado en Ginebra, como nuevo rey.
Con ello, no sólo se cambiaba una dinastía por otra, sino que Serbia, que, con la primera dinastía había basculado hacia Viena, con la segunda lo haría hacia Moscú.
Realmente, los conspiradores no tenían unas ideas muy claras. Sólo coincidían en que el país necesitaba una verdadera monarquía constitucional y para ello, necesitaba el apoyo de Rusia.
Ciertamente,  les hubiera gustado más instaurar una república, pero sabían que eso no iba a gustar ni en Viena ni en Moscú. Así que optaron por una monarquía constitucional.
El nuevo rey, Pedro I, dada su formación occidental, intentó implantar en su país una monarquía constitucional al gusto europeo.
Siempre fue muy popular entre sus súbditos por su modestia y se le considera el fundador de Yugoslavia o unión de todos los eslavos.
Debido a su mala salud, desde la guerra de los Balcanes, fue dejando, poco a poco, los asuntos de Gobierno en manos de su hijo y sucesor, Alejandro. El futuro Alejandro I de Yugoslavia, el cual fue asesinado, en 1934,  en Marsella, a manos de un anarquista.
El nuevo régimen aportó una mayor libertad política, pero también un auge del nacionalismo, que se tradujo en un afán expansionista, que les llevó a enemistarse con los Estados vecinos.
Incluso, llegó a provocar un cierto nerviosismo en Viena y Budapest, pues Serbia empezó a rearmarse y decretó el servicio militar obligatorio. Además, se dedicó a atizar las revueltas de los eslavos que vivían dentro de las fronteras del Imperio Austro-Húngaro.
No obstante, el primer ministro serbio, Pasic, intentó estabilizar las relaciones con la corte vienesa y no dar a entender que su país podría ser un peligro para el Imperio.
Sin embargo, en Viena, les apretaron las clavijas con la llamada “guerra de los cerdos”. El origen del conflicto venía dado por un tratado entre Serbia y Bulgaria, sin haber obtenido el visto bueno de Viena.
Como más del 80% de la producción de cerdos de Serbia iba destinada al mercado del Imperio, éste elevó sus aranceles, para encarecer sus productos. Además, como la única vía fluvial de salida de los productos serbios discurría por el Danubio y este río estaba controlado por el Imperio, pues lo tenían peor todavía.
Esta guerra comercial continuó entre los años 1906 a 1909. A pesar de que Serbia consiguió vender sus productos a Francia, pasando a través de Bulgaria hasta el mar. Para la población, cada vez estaba más claro que el país necesitaba una salida propia al mar, para poder comerciar libremente con sus productos.
En 1908, la anexión de Bosnia-Herzegovina, por parte del Imperio Austro-Húngaro fue muy sentida en Belgrado. Incluso, llegaron a movilizar a sus tropas. De hecho, el primer ministro, Pasic, se desplazó a Rusia para ver si podrían contar con ellos, en el caso de que estallase una guerra contra el Imperio, pero obtuvo una negativa por respuesta.
Tampoco gustó nada en Belgrado el golpe de Estado de los militares, dentro del movimiento de los Jóvenes Turcos. Eso haría que Turquía tuviera un nuevo vigor y a partir de ahora, sería mucho más difícil añadir nuevos territorios a Serbia.
Ya que no pudieron hacer nada para parar la anexión de Bosnia-Herzegovina, varios políticos y militares crearon una organización dedicada a la propaganda contra Viena y dirigida a los eslavos que vivían dentro del Imperio y en Macedonia.
En cambio, en Viena, contestaron con otra campaña, donde realizaron medio centenar de detenciones y llevaron a juicio, en Zagreb,  a personas serbias y croatas con unas pruebas que luego se demostraron que eran falsas.
También realizaron propaganda contra el Imperio en Bosnia-Herzegovina. Allí, refundaron una organización llamada Joven Bosnia, integrada por jóvenes serbo-bosnios de ideología izquierdista. No sólo se dedicaron a actos de propaganda, sino también al sabotaje.
En 1910, un joven musulmán llegó a asesinar al gobernador austriaco enviado desde Viena. Este joven fue calificado de héroe por la prensa serbia.
En 1911, surgió en la zona serbia de Bosnia-Herzegovina una organización secreta llamada Unidad o muerte, pero que, más tarde, fue conocida con el siniestro nombre de la Mano Negra.
Esta organización se dedicó a realizar verdaderos actos terroristas. Lo cual radicalizó aún más las ya tensas relaciones entre Viena y Belgrado.
Es posible que Belgrado la  utilizara para que el Imperio estuviera entretenido reprimiendo las revueltas en los diversos territorios que lo formaban y no dirigiera su vista hacia Serbia.
Ahora, os invito a leer la segunda parte de esta historia, que la he dividido en dos, para no cansaros mucho.

sábado, 13 de agosto de 2016

WALTHER RATHENAU, OTRO ALEMÁN ASESINADO POR LA ULTRADERECHA



Esta vez voy a dedicar este artículo a un político alemán de cuyo nombre, posiblemente, no hayáis oído hablar nunca, Walther Rathenau.
También quería mostrar en este artículo que, en la sociedad alemana de su tiempo, había muchos judíos tan integrados como él. Esa fue una de las razones por las que sorprendió aún más la persecución asesina que llevó a cabo contra ellos el régimen nazi.
Nació en 1867 en Berlín, en el seno de una familia muy acomodada. Su padre fue el fundador y presidente de la famosa empresa alemana AEG y su madre fue la hija de un importante empresario industrial textil.
Nuestro personaje estudió Física, Química y Filosofía en Berlín y en Estrasburgo, la capital de Alsacia. Por aquel entonces, desde la Guerra Franco-Prusiana, perteneciente al Imperio Alemán.
Como es costumbre en algunos países de Europa, el joven, tras acabar sus estudios universitarios, continuó su formación trabajando en varias empresas del mismo sector que la AEG, en Alemania y Suiza.
Después de 10 años, trabajando lejos de la casa familiar, se incorporó a la empresa de su padre como responsable de las exportaciones de la misma. En ese puesto, se ganó un gran prestigio como directivo.
En 1915, se hizo cargo de la empresa AEG, como presidente de la misma y pasó a ser uno de los empresarios más importantes de su país.
Durante la guerra, se ofreció al Gobierno, junto con otros empresarios alemanes, para ayudar a que llegaran de alguna forma las materias primas necesarias para la subsistencia de Alemania. Lo cual era muy complicado a causa del bloqueo naval impuesto por el Reino Unido.
A pesar de que él siempre fue un convencido nacionalista alemán, su origen judío y su gran riqueza hacía que la gente de los grupos de ultraderecha le odiaran a muerte.
Comenzó su carrera política fundando el Partido Democrático, que aspiraba a representar a la burguesía industrial y liberal.
Con la llegada de la famosa República de Weimar, pasó a ser ministro para la Reconstrucción, para ocupar, posteriormente, la cartera de Asuntos Exteriores.
Eso fue lo que le permitió acudir a varios foros internacionales y reunirse con personalidades de otros países. Era partidario de pagar las compensaciones a las que Alemania se había
comprometido en el Tratado de Versalles, que, por cierto, terminó de pagar en 2010. Esto no hacía ninguna gracia a sus enemigos, que iban creciendo poco a poco.
Realmente, este hombre era muy curioso. Por una parte, no le gustaban nada ni los socialistas ni los comunistas. Sin embargo, en algunas fotos se le ve un notable parecido con Lenin.
Por otra parte, aunque los soviéticos no eran “santo de su devoción”, por el bien de Alemania, firmó con ellos el conocido como Tratado de Rapallo, que fue enormemente importante para Alemania.
Aunque parezca mentira, tras las I Guerra Mundial, la URSS, se veía igual de aislada que Alemania. Esto era debido a que los aliados no confiaban en las nuevas autoridades comunistas que habían expulsado al zar del trono.
Por ello, intervinieron en la Guerra Civil de Rusia, en el bando del Ejército Blanco y, posteriormente, le exigieron al nuevo Gobierno que pagara la deuda del antiguo régimen zarista con los países acreedores. Algo que no consiguieron nunca.
Parece ser que en abril de 1922, coincidieron en la Conferencia de Génova, las autoridades de Alemania y la URSS, junto con los países aliados.
Ahí comenzaron los contactos que dieron lugar al Tratado de Rapallo. Ambos países quedaron fuera de las negociaciones entre los vencedores de la guerra y se trasladaron a un balneario italiano que había en la ciudad de ese nombre.
De ese modo, se comprometieron a establecer sus relaciones diplomáticas, renunciar a cualquier disputa anterior entre ambos y desarrollar la mutua cooperación económica.
Evidentemente, esto no gustó nada ni a Francia, ni al Reino Unido, que estaban a favor de bloquear internacionalmente a estos dos países para que pagaran lo que les habían exigido.

Lógicamente, no publicaron una de las cláusulas del tratado de Rapallo, por la cual, los rusos, permitirían a los alemanes que entrenasen sus tropas dentro de sus fronteras. Así no podrían ser vigiladas por los aliados.
De este modo, el Ejército alemán, se pudo saltar a la torera las cláusulas del Tratado de Versalles, llevando a sus efectivos a practicar dentro del territorio ruso, junto con las fuerzas armadas de ese país. Incluso, se le cedió una base aérea a los alemanes.
Como a la URSS no le afectaba ese tratado, pues pudieron desarrollar su armamento sin ninguna cortapisa.
De hecho, dicen que  la famosa “guerra relámpago” fue un invento ruso, que copiaron los alemanes, cuando coincidieron de maniobras con ellos.
También pudieron apreciar los dos ejércitos los efectivos y el material de que disponía cada uno. Algo que les sería de mucha utilidad, tras la invasión de la URSS, por parte de Alemania.
También, mediante este tratado, los alemanes tuvieron acceso a las enormes materias primas con las que contaba la URSS, mientras que los rusos se pudieron beneficiar del desarrollo de la tecnología alemana.
Esto también benefició claramente a Alemania, pues casi pudieron trabajar en monopolio, ya que en la URSS no entraba la tecnología desarrollada por otras potencias.
Es posible que muchos alemanes de tendencia nacionalista no entendieran el beneficio que reportaba este tratado para Alemania. Así que la opinión pública nunca estuvo muy de
acuerdo con él.
Curiosamente, nuestro personaje de lo que más presumía era de ser muy nacionalista. Incluso, se metía con muchos judíos, porque no tenían ningún interés en integrarse con el resto de la sociedad y decía de ellos que eran “una banda de extranjeros vestidos de manera demasiado extravagante, que hacen banda aparte”.
Este hombre luchó contra un problema muy habitual, que se suele dar en el centro y norte de Europa, donde la gente tiene tendencias más racistas. Lo difícil no es que tú quieras integrarte, sino que los demás te acepten. Desgraciadamente, a él nunca lo aceptaron como un
alemán más.
El nazismo le reprochó como una traición que se le ocurriera instalar fábricas alemanas dentro de la URSS. Nunca quisieron entender su sutileza diplomática, que tanto estaba beneficiando a Alemania.
Lógicamente, no podían ir pregonando que estaban mandando a sus tropas a entrenarse a Rusia. Fuera de las miradas curiosas.
Todos estos actos fueron muy importantes a fin de reconstruir el poderío económico de Alemania, destruido tras la I guerra Mundial. También le vino muy bien a los líderes nazis para lanzar al país a una nueva guerra mundial. Este tratado estuvo vigente hasta la llegada al poder
de los nazis.
El 24/06/1922, día de San Juan, poco tiempo después de la firma de ese tratado, se produjo su asesinato.
Cuando, esa mañana, conducía su coche desde su domicilio, en Grünewald,  hasta su despacho en el Ministerio, como solía hacer habitualmente, fue atacado por unos individuos.
Su coche, que estaba siendo vigilado desde un desvío de la carretera,  fue adelantado por otro, en el que iban tres asesinos, los cuales ametrallaron el vehículo de Rathenau y, cuando
éste se paró, lanzaron una granada de mano en su interior, antes de salir corriendo.
Aunque, en un principio, se sospechó que los autores o instigadores del crimen, podrían haber sido los mismos que habían asesinado el año anterior al político Erzberger, esta vez se trataba de miembros de otra organización de ultraderecha de las muchas que había entonces en ese país.
Estos cuerpos de veteranos, que regresaban de la guerra y que se llamaban a sí mismos “freikorps”, se dedicaron a llevar la violencia
por toda Alemania. Entre 1919 y 1922 se contabilizaron 354 atentados realizados por estos grupos.
Algunos de sus enemigos  acusaban a nuestro personaje de haber hecho un peligroso tratado con los soviéticos.
Decían que, por entonces, la URSS, buscaba un buen aliado para asaltar Occidente. El primer paso sería sovietizar Alemania, como ya intentaron en Baviera.
También cuentan de él que era una persona muy contradictoria. Decía soñar con un mundo regido por la Economía y que pusiera fin a las nacionalidades. No obstante, él se confesaba un alemán muy nacionalista.
Sin embargo, lo veían como todo un símbolo de la derrota y las malas consecuencias que había traído para Alemania.
Durante su funeral, el canciller Wirth, pronunció estas palabras: “¡He aquí al enemigo que destila
veneno por las arterias del pueblo! ¡Aquí está ese enemigo! Y no hay duda ¡está a la derecha!”.
Sus asesinos, los antiguos marinos Kern y Fischer, fueron buscados por la Policía. Al principio, se ofreció por ellos una recompensa de 1.000.000 de marcos, que luego subió a 4.500.000.
Finalmente, fueron localizados en un castillo, cuyo propietario era el escritor alemán Hans Stein.
Kern cayó muerto durante el tiroteo, mientras que Fischer se suicidó antes de ser capturado por la Policía.
Por otra parte, en relación con este asesinato, fue detenido el escritor Ernst von Salomon, antiguo cadete de la Armada y también miembro de esa organización
extremista. Se le acusó de haber comprado el coche con el que se realizó el atentado, aunque no participara en él.
Tras el juicio, fue condenado a cinco años de cárcel, aunque sólo cumplió tres, pues en 1928 fue amnistiado.
Ese clima de violencia en Alemania, donde había más de 6.000.000 de parados, que se dedicaban a vagar por las calles, fue el terreno donde, desgraciadamente, creció con fuerza el nazismo.
Todos los individuos que formaron los freikorps no fueron luego nazis, pero sí la inmensa mayoría de ellos.
Entre los más conocidos, podemos mencionar a Heydrich, Himmler, Rudolf Hess, Martin Bormann.
Sin embargo, otros conocidos miembros de los freikorps, que pasaron a ser nazis,  fueron asesinados en la llamada “noche de los cuchillos largos”.
Como no quiero alargar demasiado este artículo, ya hablaré en otra ocasión de estos grupos.
Espero que os haya gustado y también me gustaría leer vuestros comentarios.