ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 10 de diciembre de 2017

JOHANNES BERNHARDT, UNO DE LOS MAYORES COLABORADORES DE FRANCO

Cuando se empieza a estudiar la Guerra Civil española una de las cosas que más sorprenden es que el Ejército sublevado se pudiera imponer al del resto del país, teniendo, en principio, muy pocos medios y, además, con el grueso de sus tropas destinadas en el norte de África.
Así que está muy claro que el bando nacional tuvo que tener mucha colaboración en el exterior, ya que la mayoría de las fábricas de armas y otras industrias quedaron en la zona republicana.
Nuestro personaje de hoy se llamaba Johannes Eberhard Franz Bernhardt y nació en 1897 en una población llamada Osterode, que actualmente pertenece a Polonia y ha pasado a llamarse Ostróda.
Posteriormente, participó en la I Guerra Mundial, tanto en el frente oriental como en el occidental y fue condecorado con la Cruz de Hierro.
Más tarde, se estableció en la próspera ciudad de Hamburgo, donde fundó una compañía naviera. Parece ser que, en un principio, le fue todo muy bien y se hizo rico.
Desgraciadamente, también se vio afectado más tarde, por la famosa Crisis de 1929, agravada por las deudas que tenía que pagar Alemania a los vencedores de la I GM.
No hay que olvidar que buena parte de la economía alemana se basaba en las inversiones realizadas en ese país por los USA. Al dejar de hacerlo, la economía alemana cayó en picado. Eso fue lo que le ocurrió a él. Así que tuvo que vender todas sus propiedades a causa de las 
deudas contraídas y se marchó de su país.
Como otros muchos miles de alemanes, se buscó otro sitio donde empezar de nuevo. Muchos de ellos vinieron a España. Sobre todo, se establecieron en Cataluña, Madrid, Andalucía y el País Vasco.
Nuestro personaje lo hizo en Larache, ciudad situada entonces dentro del llamado Protectorado español de Marruecos, cuya capital estaba en Tetuán. Parece ser que, desde 1930, se dedicó al negocio de la exportación-importación de productos de todo tipo, llevando también la representación de una empresa alemana. Algo más tarde, se mudó a Tetuán, supongo que para estar más cerca del gobierno de ese territorio.
Allí sería dónde tomó contacto con la flor y nata de los militares africanistas. Una amistad que, más tarde, sirvió para beneficiar a ambas partes.
También, por esas fechas, se sabe que se afilió al Partido Nacional Socialista, dirigido por Hitler, que acababa de llegar al Gobierno de Alemania.
Como todo el mundo sabe, la Guerra Civil española, fue la consecuencia de un golpe de Estado fallido, que dio lugar a que el Ejército se dividiera en dos bandos.
Lógicamente, ninguno de los dos bandos estaba preparado para meterse en una guerra, que tampoco sabían lo que podría durar. Así que lo principal era avituallarse lo más rápidamente posible y al precio que fuera. Con la diferencia de que el Gobierno republicano tenía en su poder todas las reservas del Estado y el bando nacional no.
Parece ser que nuestro personaje tendría un fino olfato para hacer negocios y aquí vio uno que no se le tendría que escapar.
El día 21 de julio, sólo tres días después del comienzo de la guerra, se entrevistó con Franco, que debería de estar muy preocupado por la falta de suministros.
No obstante, convendría no olvidar que, unos años antes, Franco fue el jefe del Estado Mayor central y gracias a ese puesto conoció a muchos de los principales fabricantes de armas.
Así que el día 23 de julio le entrega una carta  nuestro personaje para que se la lleve en mano al propio Hitler.
Parece ser que en esa carta le pide aviones y diverso armamento. Supongo que sería para poder cruzar el Estrecho y, posteriormente, llegar a entablar combates con las suficientes municiones para ello.
Como buen hombre de negocios, antes de partir hacia Berlín, negoció las condiciones económicas, para que pudiera sacar un buen filón de este asunto.
También protestó porque, unos días antes, las tropas del bando nacional habían confiscado un avión Ju-52 de pasajeros, perteneciente a la conocida compañía de transporte aéreo civil Lufthansa.
Precisamente, en ese mismo avión partieron hacia Berlín, el mismo día 23 de julio, nuestro personaje; el jefe del partido nazi en Marruecos, Adolf P. Langenheim y el capitán de la Aviación española, Francisco Arranz Monasterio.

Este avión, tras hacer varias escalas, aterriza en Berlín, donde el mismo día de la llegada consiguen hablar con Rudolf Hess, hombre de confianza de Hitler, el cual les concierta una entrevista con el principal jerarca nazi.
Como todos sabemos, Hitler, siempre fue muy aficionado a las óperas de Wagner. Así que, en ese momento, se hallaba asistiendo al famoso Festival de Bayreuth, donde todavía, cada año, se siguen representando sus obras.
Nuestro personaje le mostró, personalmente, la carta de Franco a Hitler y se la fue traduciendo. Parece ser que el líder nazi también le preguntó acerca de la personalidad de Franco y si podría ser alguien del que se pudieran fiar. A todo esto, Bernhardt, lo definió como un famoso y victorioso líder militar.
Hoy en día, los especialistas discrepan sobre el mucho o poco interés de Hitler en apoyar la causa franquista en la Guerra Civil española. Parece ser que nunca se había planteado intervenir en España, hasta que los enviados de Franco se lo pidieron oficialmente y a partir de entonces no tardó en enviarles la ayuda prometida.
Así que, a finales de julio, Hitler tomó la decisión de ayudar al bando nacional. Parece ser que llamó a esta operación Fuego Mágico por el final de la ópera de Wagner que acababa de presenciar en el citado festival.

Más adelante, el propio Bernhardt, como buen empresario alemán, no quiso dejar ningún cabo suelto y llegó a un acuerdo con el presidente de Portugal, Oliveira Salazar, a fin de que permitiera desembarcar esos suministros en puertos de su país y así no ser interceptados por las flotas republicanas y de otros países que patrullaban por las costas españolas.
Parece ser que la propuesta de Franco fue del agrado de Hitler, así que nuestro personaje le llegó a conseguir  el doble de los aviones de transporte, que había solicitado en el mencionado escrito.
Curiosamente,  Göring, que se había opuesto a esa ayuda a Franco, fue al que le encargaron coordinarla con Bernhardt.
Sin embargo, cuando Göring fue interrogado, durante su juicio en Nüremberg, dijo que le gustó la idea de participar en la guerra de España, para así probar el rendimiento de sus aviones en un auténtico conflicto bélico. De hecho, creó un organismo llamado Estado Mayor Especial W, dentro de su Ministerio del Aire, con objeto de coordinar todos los envíos de personal y equipos que se mandaran a España.
Además, a finales de octubre, decidieron crear la llamada Legión Cóndor, compuesta por unos 5.000 soldados y 140 aviones, que se relevaban periódicamente.
Parece ser que lo primero que se les ocurrió, para que el Gobierno alemán no figurara por ninguna parte, fue crear una nueva compañía, llamada Hisma (Sociedad Hispano-Marroquí de Transportes). Con lo cual, daban a entender que se trataba de una operación comercial entre particulares.
Así que a partir del 31 de julio comienza a llegar la ayuda prometida por Alemania. Lógicamente, por vía aérea.
Gracias a los aviones de transporte aportados por Alemania, pudieron ser transportados, entre los meses de julio y octubre de 1936,  nada menos que unos 14.000 hombres del Ejército de África hasta la Península Ibérica. Aparte de diverso material de todo tipo.
A primeros de septiembre, nuestro personaje, intervino en una entrevista entre un teniente coronel del Estado Mayor alemán, llamado Walter Warlimont y Franco. Éste sería el enlace directo entre Franco y el Gobierno de Alemania.
No obstante, los alemanes, que no tienen un pelo de tontos, crearon una sociedad llamada Rowak, que se dedicaba a exportar todas las materias primas halladas en la España nacional, que fueran de interés para Alemania, como compensación por la ayuda prestada por ellos.
Parece ser que muy pronto, los alemanes, se dieron cuenta de que el bando nacional no podría pagar la deuda contraída con Alemania. Así que fueron obteniendo un trato preferencial a la hora de fundar nuevas empresas para explotar las riquezas de España.
Entre otros productos se citan minerales de todo tipo, aceites, pieles, cueros, lanas, frutas  y otros productos agrícolas. Así que ya podemos imaginar por qué en España duraron tanto tiempo las famosas cartillas de racionamiento.
Posteriormente, ambas empresas pasarían a formar parte de una corporación más grande, llamada Sofindus, constituida por unas 350 empresas, que se dedicaba a monopolizar el comercio con las materias primas que precisaba urgentemente la industria alemana. 
Supongo que ya se estarían preparando para asegurarse esas materias de cara a una próxima guerra mundial. Como así fue. No hará falta que diga quién fue el presidente de Sofindus en España. Os lo podéis suponer.
Incluso, según parece, esta empresa se dedicó a suministrar a las unidades alemanas en Francia, que habían quedado desconectadas de su Cuartel General, tras el desembarco de Normandía.
Es más, el Gobierno español, aguantó todo tipo de presiones de los aliados y hasta 1948 no cerró las instalaciones de estas empresas en España.
Durante la II Guerra Mundial, España, y sobre todo, Madrid, se convirtió en un nido de espías de varios países. La mayoría de los centros alemanes se hallaban en los lugares más céntricos.
La propia embajada estaba situada en un lugar muy visible, al comienzo del Paseo de la Castellana. En la acera de la derecha, justamente al lado de un templo alemán, que sigue existiendo en ese lugar. Actualmente, La embajada está situada  en el mismo paseo, pero en la acera de enfrente.
Volviendo a nuestro personaje, se sabe que en los años 50 emigró a Argentina, como muchos otros de sus compatriotas. Supongo que también lo haría, porque los aliados seguían presionando a Franco para que entregara a los nazis que se encontraban refugiados en España.
De hecho, le entregaron al Gobierno español una lista con 104 nombres de nazis a los que andaban buscando y nuestro personaje figuraba en el puesto número 7 de la misma.

Parece ser que sus problemas terminaron en los años 70, cuando decidió volver a Alemania. Allí vivió y murió en Munich en 1980.

sábado, 9 de diciembre de 2017

EL ALMIRANTE BUIZA, UN HOMBRE DE AVENTURAS

Hoy voy a hablar sobre la vida de un marino español al cual, como a tantos muchos, la vida le llevó por unos caminos que nunca habría sospechado.
Su nombre fue Miguel Buiza Fernández-Palacios y nació en 1898, perteneciendo a una acomodada familia de Sevilla.
En 1915, ya con 17 años, ingresó en la Escuela Naval Militar, entonces sita en el Apostadero de Cádiz.
La verdad es que tuvo mucha suerte. Nació justamente cuando España perdió sus últimas colonias, junto con el grueso de su flota. Por lo que, durante unos años, no se admitieron nuevos alumnos en la Escuela Naval, por falta de barcos.
Precisamente, por eso mismo, Franco no pudo ingresar en la Escuela Naval, como había hecho su hermano Nicolás, unos años antes.
Además, entre 1871 y 1910 los cursos de guardiamarinas se realizaron en la fragata Asturias, designada como Escuela Naval flotante. La cual solía estar navegando por la ría de El Ferrol, salvo cuando se aproximaba un temporal y tenía que refugiarse dentro de un puerto. Me imagino que no sería un sitio muy cómodo ni para los guardiamarinas ni para los profesores.
Afortunadamente, en 1913, se inauguró la nueva Escuela Naval en San Fernando (Cádiz). Un sitio más parecido a lo que debe de ser un centro de enseñanza. Allí estuvo hasta 1943, cuando este centro fue trasladado a la ciudad de Marín (Pontevedra), donde sigue estando actualmente.
Hasta el año 1932, cuando asciende a capitán de corbeta, su carrera parece un tanto anodina. Incluso, estaba al mando de una nave de segundo orden. En este caso, se trataba de un remolcador militar.
En 1936, su vida dio un vuelco completo, tras el comienzo de la Guerra Civil. Fue uno de los escasos mandos de la Armada, que se negó rotundamente a unirse al bando de los sublevados. Supongo que, por ello, el gobierno reparó en él y quizá porque alguien le conocería en los despachos de su ministerio.
No hay que olvidar que la mayoría de los mandos de la Armada se sublevaron o intentaron hacerlo. Los que no lo consiguieron fueron encarcelados por sus respectivas tripulaciones y muchos de ellos asesinados en sus propios barcos.
Así que, de la noche a la mañana,  la II República, se vio con muchos barcos y pocos mandos de la Armada que supieran gobernar esos buques.
Por tanto, no es de extrañar que la Armada republicana tuviera un escaso papel en la guerra civil. Lo que todavía se discute es si eso fue a causa de las erradas órdenes de los gobiernos de turno o porque nunca tuvieron muy clara su estrategia.
En cambio, se dice que la Armada del bando nacional tuvo una actuación muy efectiva. Por una parte, habían conseguido que sus oficiales permanecieran al mando de sus naves. Aunque tenían menos naves que los republicanos, siempre gozaron de la ayuda de las naves alemanas y, sobre todo, italianas, que les ayudaron a controlar el tráfico naval hacia las costas españolas.
Volviendo a nuestro personaje, en agosto de 1936, fue destinado al intento del bloqueo del Estrecho al mando del crucero Libertad. Así intentaron parar el constante traslado de 
las fuerzas sublevadas del Ejército de África hasta la Península.
Entre mediados de agosto y septiembre de ese mismo año, fue destinado al intento fallido de conquista de Mallorca, bajo el mando del comandante Bayo. Hace tiempo también escribí un artículo sobre este personaje.
Como el Gobierno se encontró con que apenas tenía oficiales de la Armada en su bando, hubo de escoger rápidamente a quien pudiera sustituirlos. Supongo que de esa manera, nuestro personaje, fue nombrado, con sólo 38 años,  nada menos que jefe de toda la flota republicana.
Es de suponer que los ministros deberían de estar muy desesperados para tomar esas medidas. Por otra parte, una cosa que siempre caracterizó a todos los gobiernos republicanos españoles fue su desconfianza hacia los militares.
Es posible que alguien confiara en él, aunque, como ocurrió en muchas familias, un hermano suyo combatió en el bando nacional y fue muerto en la Sierra de Madrid.
Lo cierto es que a nuestro personaje se le nombró para ese cargo, aunque siguió estando al mando del crucero Libertad. Anteriormente, llamado Príncipe Alfonso y luego,  en la posguerra, Galicia.
En septiembre de 1937 tuvo lugar la llamada batalla del cabo Cherchell, situado en las costas de Argelia.
Parece ser que una flota de la Armada republicana, que había partido de Cartagena,  se dirigía hacia la Península Ibérica, escoltando un convoy de tres mercantes españoles procedentes de la antigua URSS.
A la altura del citado cabo se encontraron de frente con el famoso crucero Baleares, el más moderno de la Armada nacional. Parece ser que los republicanos no fueron muy efectivos, pues, a pesar de ser varias naves contra una, no consiguieron hundir al crucero nacional, el cual les provocó varias averías.
Además, los barcos mercantes se desviaron hacia la costa argelina, donde fueron interceptados por la flota francesa y se les incautó su cargamento. Parece ser que, en su mayoría, consistía en armamento para el Ejército republicano.

Todo eso hizo que el Gobierno republicano montara en cólera y eso provocara la consiguiente destitución de nuestro personaje.
También hay que decir que el Gobierno no estaba muy contento con su labor. No se sabe si estos fallos sólo podrían achacársele a él o la falta de organización de los mandos en el bando republicano. Lo que parece evidente es que el cargo le venía demasiado grande y podría no haber recibido la formación adecuada para ello.

Lo cierto es que a la Armada republicana se la vio muy poco por el Cantábrico. Lo mismo ocurrió con el Estrecho y tampoco supo participar en la defensa de Málaga, cuando se halló asediada por el bando nacional.
A partir de ahí, se le dieron unos cargos muy secundarios, como la inspección de las defensas de la costa y de las bases navales.
Posteriormente, es posible que lo quisieran recuperar, porque le nombraron jefe del Estado Mayor de la Armada y jefe de personal de la misma.

Desgraciadamente, en los últimos meses de la guerra, cae en una depresión a causa del suicidio de su esposa. Ocurrido poco antes de la entrada de las tropas nacionales en Barcelona, donde se había refugiado ella.
Por fin, en febrero de 1939, cuando ya se ve que la guerra está totalmente perdida, le vuelven a nombrar jefe de la flota republicana.
A mediados de febrero se reunió en Valencia con el presidente Negrín. Allí le comunica que la situación es desesperada, porque la Armada está muy desmoralizada.
Posteriormente, a finales del mismo mes, asiste, con Negrín y otros mandos militares, a una reunión convocada en la base aérea de Los Llanos (Albacete).

Les comunica a todos que la flota está dispuesta a abandonar España, si no se firma, inmediatamente, la paz. Parece ser que Negrín no le hace caso y cree que son opiniones propias de derrotistas.
No hay que olvidar que la idea de Negrín era continuar el conflicto hasta que estallara la II Guerra Mundial, que ya se adivinaba en el horizonte de Europa. Suponía que, una vez que estallara, los aliados le ayudarían a derrotar a las tropas de Franco.

En aquella época, Negrín, solía argumentar que no se podían pedir unas negociaciones de paz con el bando nacional, porque a esas alturas, Franco 
ya sólo admitía la rendición incondicional.
En Cartagena, donde estaba la base naval más importante del bando republicano, a partir de marzo de 1939, la desorganización fue total. Los responsables de las baterías de costa se sublevaron a favor de los nacionales.

Sin embargo, Negrín nombró al coronel Francisco Galán, como nuevo jefe de la base naval. Esto no gustó nada a los marinos, porque Galán era del Ejército de Tierra y además un conocido miembro del PCE.
Este coronel también fue hermano de Fermín Galán, uno de los oficiales que se sublevaron en 1930, en Jaca, a favor de la llegada de la II República y fue fusilado por ello.
Así que el coronel Galán, nada más llegar a Cartagena, fue detenido por la marinería y encerrado. Posteriormente, fue puesto en libertad y renunció a su cargo, refugiándose en uno de los barcos de la Armada.
A partir del 27/02/1939, fecha en que Francia y el Reino Unido reconocieron al gobierno de Franco, como auténtico gobierno de España, todo fue mucho más rápido.

Al día siguiente, Azaña, que ya se hallaba en Francia, dimitió como presidente de la II República y, siguiendo la Constitución de 1931, su puesto lo ocupó el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio.
El día 4 de marzo comenzó la sublevación en la base naval de Cartagena y al día siguiente el golpe de Estado del coronel Casado contra Negrín.
Parece ser que Casado se había enterado de que Negrín había pensado sustituir a todos los mandos militares por comunistas amigos suyos a fin de que los militares no le volvieran a poner más pegas ante sus intenciones de continuar la guerra.
Buiza, intuyendo que la sublevación de Cartagena se había realizado para poner a la flota republicana en manos del bando nacional, no se lo piensa y el día 5 ordena que zarpen todas las naves del puerto.
Concretamente, la flota republicana en Cartagena estaba compuesta por 3 cruceros y 8 destructores. Lo cual no es una fuerza desdeñable.
Su primera intención fue llegar hasta el puerto de Orán, en Argelia, que entonces era una colonia francesa. Así que pidió permiso por radio a las autoridades francesas. Sin embargo, éstas no se lo dieron y le indicaron que fuera al puerto de Bizerta, en la actual Túnez, también bajo el dominio francés.
El día 7 atracaron en ese puerto, siendo detenidos y llevados a un campo de concentración. Supongo que, como a otros muchos, se le ofrecería salir de allí alistándose a la Legión Extranjera francesa. Creo que a otros también se les ofreció salir a cambio de trabajar en la construcción de las fortificaciones fronterizas de Francia.
Parece ser que a nuestro personaje, por alguna razón desconocida, lo admitieron en la Legión francesa con el grado de capitán. Ascendiendo a comandante en plena II Guerra Mundial.
Tras el armisticio de Francia, dimitió de su cargo y consiguió un empleo como contable. Más adelante, se alistó en el Ejército de la Francia libre, comandado por De Gaulle, participando en los combates en Túnez. Siendo condecorado por ello.
En 1947, fue contratado por las organizaciones sionistas, para trabajar como capitán de un barco mercante que llevaba ilegalmente judíos a Israel, el cual se hallaba entonces  bajo mandato británico.
Desgraciadamente, esta vez, los británicos, le detuvieron y le encerraron en un campo de concentración, donde estuvo hasta febrero de 1948. Recordemos que el Estado de Israel no fue proclamado hasta mayo de ese año.
Los británicos le repatriaron a Orán, donde volvió a trabajar como contable. Las últimas noticias que tenemos sobre él es que murió en un hospital de Marsella, en 1963, a consecuencia de un cáncer de pulmón.
Lo cierto es que los republicanos siempre le echaron en cara el escaso papel de la flota, durante la guerra civil. No obstante, tras su cese y la toma de posesión de su sucesor en el cargo, el papel de la Armada republicana siguió siendo el mismo. No olvidemos que el Gobierno republicano decretó muy tarde el bloqueo de los puertos del enemigo. Algo que parece muy básico en cualquier tipo de guerra.

Algunos sospechan que eso ocurrió a causa de las presiones franco-británicas, al igual que la orden dada a la Armada republicana para que levantaran el bloqueo del Estrecho de Gibraltar. Como ejemplo, no hay más que ver que Buiza atracó en Bizerta el 7 de marzo y fue detenido. Mientras que el 30 del mismo mes llegó el marino franquista, Salvador Moreno, y se hizo cargo de la flota, sin ponerle ningún problema,  regresando con ella a España.
Al contrario de lo que hizo la Armada nacional, con menos efectivos que la republicana, la cual se dedicó a realizar ese boicot e interceptar el paso de los buques que llevaran suministros para el otro bando.

Por otra parte, tampoco les gustó a los republicanos que la flota se marchara apresuradamente de Cartagena. Muchos de ellos confiaban en poder embarcar en esos buques para intentar escapar de la persecución del bando nacional. Como no pudieron disponer de esas naves, miles de personas fueron capturadas en el puerto de Alicante. Sin embargo, parece ser que muchos civiles fueron admitidos en esos barcos antes de zarpar de Cartagena.
Lo cierto es que no hay que olvidar que siempre hubo bastante desconfianza entre los oficiales de la Armada republicana y sus tripulaciones. Sin embargo, parece ser que nuestro personaje llegó a ser muy popular. Se cuenta que uno de los blindados de la División Leclerc, que tomaron París, llevaba el nombre de “Amiral Buiza”.

Tampoco deberíamos de olvidar que los militares republicanos estuvieron constantemente vigilados por los famosos comisarios políticos. La Armada no fue una excepción. A finales de 1936 fue nombrado el socialista Bruno Alonso comisario general de la flota. Incluso, navegó a menudo a bordo del crucero Libertad, aunque no se sabe que tuviera ningún tipo de formación como marino.
La sublevación de Cartagena originó un tremendo caos, donde casi nadie estaba seguro de quién era amigo o enemigo. El mando republicano mandó una división de milicianos que consiguieron restablecer el orden.
Sin embargo, como los sublevados en esa base habían pedido refuerzos al bando nacional, estos les enviaron, apresuradamente tropas por vía marítima. Unos 30 barcos, que llevaban alrededor de 20.000 soldados, partieron de diferentes puertos. Cuando estaban llegando a Cartagena, recibieron una contraorden, porque se habían enterado del fracaso de la sublevación. Todos los barcos regresaron, menos el Castillo de Olite, que no recibió el aviso, porque tenía la radio averiada.
Dado que confiaban en que las baterías de costa estaban en poder de los sublevados, este barco se acercó sin tomar ninguna medida de precaución. Sin embargo, no contaban con que esas baterías harían fuego contra la nave. A causa de ello, la nave se hundió y con ella murieron 1.476 tripulantes, mientras que 342 resultaron heridos y 294 fueron apresados. Fue el naufragio de un solo barco, que ha provocado más muertos en toda nuestra Historia.

La mayoría de los especialistas discuten si Buiza dio la orden de zarpar a la flota para restar fuerzas al Gobierno de Negrín y darle una ventaja al coronel Casado o, simplemente, lo hizo por su cuenta.
En lo que sí que están de acuerdo es en que fue un militar muy valiente, pero que tenía muchas dudas a la hora de tomar las más importantes decisiones.

Supongo que eso nos habría ocurrido a la mayoría de nosotros, si nos hubieran colocado tan apresuradamente en un puesto de tanta responsabilidad y  con unos comisarios políticos, que todos los días analizaban y aprobaban o denegaban sus órdenes, dando cuenta al Gobierno de las mismas.

martes, 5 de diciembre de 2017

EDGAR ALLAN POE, UN HOMBRE ADELANTADO A SU TIEMPO

Estoy seguro que casi todo el mundo habrá leído alguna de las obras de este autor, pero es muy probable que no conozcáis muchos de los datos de su extraña biografía. Así que vamos a intentar descubrirlas en este artículo.
Nacido como Edgar Poe, en enero de 1809, en la ciudad de Boston (Massachusetts, USA). Sus padres fueron unos modestos actores de una compañía de teatro itinerante. Parece ser que ambos eran originarios de Irlanda. Edgar fue el segundo hijo de los tres que hubo en este matrimonio.
Desgraciadamente, los chicos tuvieron una infancia muy triste. Su padre abandonó pronto a la familia y su madre murió en 1811, con sólo 24 años, posiblemente, a causa de una epidemia de tuberculosis.
Parece ser que los tres niños se hallaban junto a su madre cuando murió. El mayor de ellos, Henry, que también se dedicó, posteriormente, a la Literatura, relató en uno de sus escritos la enfermedad y la muerte de su madre.

Incluso, comentó que, según la costumbre de la época, a la difunta la cortaron un mechón de pelo y se lo dieron a sus hijos para que recordaran a su madre.
Al quedarse huérfanos, los tres hermanos fueron separados, Henry, el mayor, fue a residir con sus abuelos en Baltimore. Sin embargo, Edgar, fue acogido por la familia Allan y Rosalie por la familia Mackenzie, ambas domiciliadas en Richmond, Virginia que, según parece, eran amigos y vivían en el mismo barrio.
Seguramente, os sonará esta última ciudad por haber sido la capital de los Estados
Confederados, durante la Guerra Civil en USA.
No obstante, a pesar de vivir en ciudades diferentes, parece ser que los tres hermanos se escribían periódicamente e, incluso, el mayor, visitó en alguna ocasión a los otros dos.
No está muy claro si el hermano mayor influyó en la forma de escribir de Edgar, pues ambos se dedicaron a la Literatura. Aunque no se tiene certeza si alguno de los escritos publicados en la prensa con el nombre de Henry, el hermano mayor, realmente, muchos de ellos los había escrito Edgar y se los había enviado por correo.
También afirman algunos especialistas en la obra de nuestro personaje que Edgar se inspiró en la vida de su hermano mayor para escribir algunos de sus relatos. Sobre todo, porque Henry fue marinero durante varios años y le contaba sus experiencias a su hermano.
Existen muchas coincidencias en la vida de ambos hermanos. Ambos fueron muy aficionados a la bebida. Así que ambos murieron a una edad temprana. En el caso de Henry, su fallecimiento se produjo con sólo 24 años y se cree que fue a causa de una tuberculosis. Incluso, ambos fueron enterrados en el mismo cementerio de Baltimore, con bastantes años de diferencia.
Volviendo a los años de infancia de nuestro personaje, se sabe que fue adoptado de manera informal por la familia Allan, unos comerciantes originarios de Escocia. De ellos tomó él su primer apellido.
En 1815, se trasladó al Reino Unido con su nueva familia. Allí estudió en varios colegios, hasta 1820, año en que regresaron todos a Richmond. Parece ser que su padrastro acababa de recibir una cuantiosa herencia procedente de un familiar, que había fallecido recientemente.
En 1826, Edgar, fue a estudiar Filología en la Universidad de Virginia, en Charlottesville. Sólo duró allí un año a causa de sus deudas de juego y la negativa de su padrastro a enviarle más fondos. Así que regresó a Richmond, donde no fue muy bien acogido por su familia.
Parece ser que nunca se llevó muy bien con su padrastro, que era un hombre muy autoritario. En cambio, su madrastra siempre lo mimó demasiado, porque no podía tener hijos. Una de las cosas que Edgar siempre le reprochó a su padrastro fueron sus relaciones extraconyugales.
Posteriormente,  se trasladó a Boston, donde encontró trabajo como administrativo y donde empezó su carrera literaria, enviando pequeños relatos a los periódicos locales. Es posible que fuera su hermano Henry el que le buscara ese trabajo, pues también vivía en Boston. Aunque murió pocos años después.
Allí fue donde empezó a pensar en dedicarse a la Literatura. Escribió un pequeño libro de poemas e invirtió sus ahorros en la publicación del mismo. Desgraciadamente, no tuvo mucha suerte y la aventura le dejó arruinado.
Posteriormente,  se alistó en el Ejército, aun siendo menor de edad y bajo el nombre de Edgar A. Perry. Parece ser que dijo tener 22 años, cuando sólo tenía 18. No se le dio mal, porque en poco tiempo ascendió hasta sargento mayor de Artillería. La máxima graduación de un suboficial.
El problema es que él había firmado un contrato por 5 años con el Ejército y ya estaba deseando irse cuando sólo llevaba allí dos años. Así que habló con su superior y le contó la verdad acerca de su edad y de su relación con su familia de adopción. Éste puso como condición, para dejar que se licenciara, que deberían de mejorar sus relaciones con su padrastro.
Parece ser que luego se reconciliaron, tras la muerte de la esposa de Allan,  y su padrastro aceptó que se licenciara con la condición de que estudiara en la prestigiosa academia militar de West Point, donde ingresó en julio de 1830.
Sin embargo, las relaciones con su padrastro volvieron a empeorar, tras la segunda boda de éste, pues su nueva madrastra se enemistó con Edgar.

El gran problema de nuestro personaje es que siempre estuvo muy falto de dinero y las deudas le persiguieron durante toda su vida. Lo cierto es que siempre fue un gran trabajador. Desgraciadamente, había decidido dedicarse a
un trabajo que, incluso, hoy en día, sigue estando muy mal pagado.
Parece ser que él había firmado un contrato con el Ejército, que le impedía abandonar su puesto como sargento para ir a West Point. Así que contrató a otro muchacho para que le sustituyera en su puesto, durante el tiempo que le restaba de servicio. El problema es que hubo un momento en que dejó de pagarle y el otro se dirigió a su padrastro, exigiéndole el pago de la deuda de Edgar.
Por otra parte, como Edgar era aún menor de edad, necesitaba el permiso de su padre para abandonar West Point. Parece ser que Edgar empezó sus estudios con muy buenas notas, pero la cosa fue empeorando al enterarse de que su padrastro le podría desheredar, al haber dejado embarazada a su nueva esposa. Aparte de que hacía tiempo que le había dejado de enviar dinero. Así que eso le desmoralizó y se le quitaron las ganas de ser militar. Le dijo a Allan que ya no tenía ni el dinero, ni la energía para quedarse allí.
Como no le hizo caso,  no se le ocurrió otra cosa que mostrarse, reiteradamente, indisciplinado, llegando con retraso a las formaciones o, incluso, no presentándose a algunas de ellas. Motivo por el cual se le hizo un consejo de guerra, que dictó su expulsión de la Academia en febrero de 1831.
Parece ser que no se llevaba tan mal con sus compañeros cadetes. Les pidió  0,75 dólares a cada uno de sus 130 compañeros y con esa suma consiguió editar su siguiente libro de poemas en Nueva York, dedicando la publicación a sus compañeros de armas. Parece ser que allí había sido muy popular escribiendo poemas satíricos sobre los profesores de la Academia.
No obstante, siguió escribiendo a Allan en busca de ayuda, pero éste siempre se la negó. Al morir, en 1834, no le dejó nada en herencia a Edgar.
Esta vez, nuestro personaje, se había decidido por intentar vivir de la Literatura. El problema es que en ese momento no se respetaban los derechos de autor. Por otra parte, le pilló la crisis de 1837. Así que muchos editores se retrasaron mucho a la hora de pagar a los autores.
En 1833, llegó a obtener un premio otorgado por un periódico de Baltimore,  por su célebre “Manuscrito encontrado en una botella”. Posteriormente, fue contratado por una publicación de Richmond, como asesor literario de la misma, pero le duró muy poco ese trabajo, aunque, más tarde, fue readmitido y trabajó allí un par de años más.
En 1836, se casó con su prima Virginia Clemm. Le doblaba en edad, pues él ya tenía 26 años, mientras que ella sólo tenía 13. Por ello, falsificaron su edad para poder casarse.
Durante los siguientes años, se dedicó a publicar artículos, relatos, reseñas y críticas literarias en varios periódicos de la costa este de USA. Incluso, en 1840, intentó editar su propio periódico al que llamaría The Stylus, pero le fue imposible hacerlo.
Posteriormente, intentó conseguir un puesto en la aduana de Filadelfia, gracias a su amistad  con uno de los hijos del presidente Tyler. Incluso, llegó a afiliarse al Partido Liberal, del que formaba parte el presidente. Desgraciadamente, tampoco tuvo suerte y no consiguió su objetivo.
Para colmo de los males, en enero de 1842, su esposa, Virginia, dio muestras de poder estar afectada por la tuberculosis, al sufrir una hemorragia en la garganta.
Esto ya era demasiado para Edgar. A causa de esa enfermedad, ya había perdido a su madre y a su hermano mayor. Así que, debido a esta preocupación, cayó en una depresión y aumentó su consumo de alcohol.
Volvió a Nueva York, donde intentó probar éxito comprando el Broadway Journal, aunque también colaboró en el Evening Mirror. Precisamente, en este último, publicó, en 1845, su famoso poema “El cuervo”.
Tampoco tuvo mucho éxito, le pagaron muy poco por ese poema e, incluso, su periódico quebró. Después de eso, el matrimonio se trasladó a una modesta casa en el actual barrio del Bronx. Allí fue donde murió su esposa en 1847.
Tras esta cadena de desgracias, aumentó su consumo de alcohol y afectó gravemente a su personalidad.
Volvió a Richmond, donde, en 1848, se encontró con Sarah E. Royster, su primera novia, que se había casado con otro, mientras él estudiaba en la Universidad.
Ahora ella tenía 39 años, estaba viuda y tenía dos hijos adolescentes.  Recobraron la relación que habían interrumpido durante todos esos años. Hasta pensaron en casarse, sin embargo, sus hijos se opusieron a ello.
Aparte de eso, en el testamento de su difunto marido se hallaba estipulado que ella se quedaría sin su considerable herencia, si contraía un nuevo matrimonio. Estaba muy claro que la cosa era para pensársela muy despacio.
No se sabe si se llegó a algún tipo de compromiso. Durante un tiempo, Edgar,  estuvo dando varias conferencias por esa zona y parece que, por influencia de ella, dejó de beber alcohol.
Tampoco se sabe a ciencia cierta qué ocurrió, exactamente, entre ellos. El 26/09/1849, Edgar, fue a despedirse de Sarah. Parece ser que se le notaba muy triste, porque ella no  había aceptado casarse con él.
A lo largo de su vida, ella nunca quiso aclarar si habían estado comprometidos. Sin embargo, en 1888, al producirse su fallecimiento, se insertó en la esquela de Sarah, la frase: “el primero y el último amor de Poe”.
A pesar de ello, parece ser que ella fue la fuente de inspiración de varias de las obras de Edgar. Sobre todo, de las primeras.
Hoy en día, a Edgar Allan Poe, se le recuerda por ser un pionero de las novelas sobre detectives y de las ciencia ficción. Incluso, las de terror. Muchos de los autores que triunfaron, posteriormente, confesaron haber estado influidos por las obras de Poe. Uno de los mayores especialistas en la obra de este autor fue Julio Cortázar.
He titulado este artículo como un adelantado a su tiempo, porque fue el que abrió el camino para que luego triunfaran esos nuevos géneros literarios. Sin embargo, él intentó vivir de la Literatura, pero nunca lo consiguió. A pesar de que, actualmente, se le considera uno de los mejores escritores de la Historia.
Para terminar, este autor no sólo escribió novelas de misterio, sino que el final de su vida sigue siendo un misterio hoy en día.
Los hechos fueron que el 03/10/1849, Edgar, fue encontrado tirado en el suelo de una de las calles de Baltimore. Parece ser que decía cosas sin sentido y fue llevado hasta un bar, donde fue reconocido por algunos y,  desde allí, trasladado a un hospital.
Allí se vio que vestía unas ropas que eran muy grandes para su talla y se hallaban desgastadas por el uso, incluso, estaba muy sucio. Sin embargo, se comprobó que no se hallaba borracho, ni drogado.
Su estado de salud fue empeorando, hasta que cuatro días después pronunció sus últimas palabras: “que el Señor se apiade de mi pobre alma” y poco después murió. Sólo tenía 40 años.
Curiosamente, pronto se perdieron el expediente de su estancia en el Hospital y hasta su certificado de defunción.
Incluso, se comenta que, durante su estancia en el hospital, fue ingresado en una habitación con barrotes en las ventanas, que solían utilizar para enfermos mentales.
Parece ser que, unos días antes, él había tomado un tren desde Richmond con destino a Nueva York, donde visitaría a su tía y suegra, María Clemm, con la que siempre se había llevado muy bien, para que asistiera a su boda con Sarah. Lo cierto es que nunca llegó a su destino y nunca se ha sabido por qué apareció en Baltimore. Incluso, luego se supo que su equipaje se había quedado en un hotel de Richmond.
Desde el principio, han sido muchas las teorías sobre su muerte. El Dr. Snodgrass, el primer médico que lo atendió, afirmaba que murió a causa de una gran borrachera. Sin embargo, el Dr. Moran, que fue el que le atendió en el Hospital indicó que no se hallaba bajo los efectos del alcohol.
Como el primero de estos médicos pertenecía a un movimiento que intentaba prohibir el consumo de alcohol, le vino muy bien difundir esta historia para popularizar sus ideas, porque el poeta era un personaje muy conocido en USA. Este médico ya lo había conocido con anterioridad, porque también era editor de una revista.
Hubo otros que defendieron la teoría de que la muerte se había debido a una bajada en su volumen de glucosa en la sangre.

Un psicólogo afirmó que se trataba de un caso de enfermedad mental que predispone, por causas genéticas al consumo de alcohol. No olvidemos que su hermano Henry había muerto a causa de una tuberculosis y por su excesivo consumo de alcohol.
Incluso, alguno de sus compañeros de juergas afirmó que el poeta no bebía demasiado, porque no le hacía falta beber mucho para estar medio borracho. Es posible que eso se debiera a que pesara poco.
Es más, un doctor que le conocía sobradamente y que nunca se llevó muy bien con él, afirmó que nunca le vio que consumiera drogas.
Otros motivos esbozados que podrían haber dado lugar a su fallecimiento fueron un tumor cerebral, epilepsia, sífilis, meningitis, fallo cardíaco, cólera, rabia, etc.
Precisamente, por aquel entonces, en esa zona se estaba sufriendo una epidemia de cólera. En un análisis de sus restos, realizado varios años después de su muerte, parece ser que encontraron altos niveles de mercurio. Luego se supo que su doctor le había prescrito, 3 meses antes, un compuesto basado en cloruro de mercurio para curarse de esa enfermedad.
Incluso, se ha comentado que podría haber sido víctima de la corrupción política del momento. Parece ser que, en aquella época, era muy habitual que algunos partidos secuestraran a la gente que encontraban sola por la calle. Los encerraban en un lugar, los emborrachaban y luego los llevaban a votar en ese estado en diferentes colegios electorales de la ciudad. Incluso, los solían disfrazar, para no ser reconocidos por nadie.
No hay que olvidar que el día anterior había habido elecciones y que no había sido el primero al que le había ocurrido eso y luego lo habían dejado tirado por esa zona. Precisamente, ese bar era un lugar de reunión de los miembros del antiguo Partido Liberal.
El entierro y el funeral de Poe tuvieron lugar en la tarde del día 8 de octubre. Al acto acudieron muy pocas personas. Así que el reverendo, que oficiaba el acto, y que era primo de su esposa Virginia, declinó pronunciar un sermón, debido al mal tiempo reinante.
Tras su muerte, su cadáver tampoco disfrutó de una paz adecuada. En un principio, fue enterrado en un jardín en las traseras de una iglesia, con una lápida muy pobre.
Unos 30 años después de su muerte, algunos escritores y maestros se movieron para realizar una colecta a fin de conseguir que su tumba se hallara en mejores condiciones.
Así, en 1875, trasladaron su tumba a un lugar más visible, aunque en el mismo jardín de la iglesia, pero ya con un lujoso monumento funerario. Unos diez años después, también fueron trasladados a ese lugar los restos de su esposa y también los de su tía y suegra.
Desgraciadamente, este hombre también tuvo algunos enemigos. Uno de ellos fue un tipo llamado Rufus Wilmot Griswold, el cual se atrevió a escribir una biografía y hasta unas cartas falsas, que decía haber sido escritas por Edgar.
Para colmo de los males, esa biografía fue muy difundida y, por ello, hoy en día, mucha gente sigue teniendo una versión distorsionada sobre la vida de Poe.
Incluso, Griswold, llegó a engañar a la tía de Poe para que le nombrara albacea literario, o sea, administrador de los derechos de autor con los beneficios conseguidos por la publicación de las obras de nuestro personaje.

Parece ser que la rivalidad entre ambos venía de muy atrás. Griswold había publicado una famosa antología, donde recogía obras de los que consideraba los mejores autores de USA. Sin embargo, Poe, le criticó la inclusión de algunos autores en esa obra y la exclusión de otros con mayores merecimientos. Aunque él sí figuraba incluido en ella. Más tarde, sus desavenencias llegaron al terreno profesional, cuando ambos llegaron a  trabajar en un mismo periódico.
Parece ser que Griswold se convirtió en un tipo muy influyente, tras la publicación de su famosa antología, porque solía dedicar en ella más espacio para sus amigos. Independientemente de que escribieran mejor o peor que otros.
Hoy en día, Edgar Allan Poe, sigue estando de actualidad. Sus obras no han dejado de publicarse. Incluso, en algunos momentos, fue un autor que influyó mucho sobre la sociedad. Como cuando escribió, en 1844, su novela “El entierro prematuro”, donde narraba la tragedia de una persona al que todos habían dado por muerta y sólo estaba en un estado cataléptico.
No sé si mucha gente se lo tomó en serio. Lo cierto es que poco después se fundó en el Reino Unido la Sociedad para la Prevención de las Personas Enterradas Vivas.
Incluso, en 1852, cuando se produjo la muerte del duque de Wellington, esperaron hasta 2 meses antes de enterrarle a fin de comprobar que estaba realmente muerto. Supongo que lo descubrirían por el hedor que desprendería su cadáver.

En fin, volviendo a Edgar Allan Poe, fue un autor que disfrutó escribiendo novelas de misterio para los demás y nos dejó un misterio que nunca ha sido resuelto: el de su muerte.
Siento que este artículo me haya quedado un poco largo, pero seguro que habréis disfrutado leyéndolo.