ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 23 de abril de 2017

JOSEPH BOLOGNE, CHEVALIER DE SAINT GEORGES, TODO UN GRAN MÚSICO.



Esta vez voy a relatar la vida de un personaje, que ya se mencionaba en otro de mis anteriores artículos.
Se trata de un personaje un tanto extraño. Casi se podría decir que tenía una mentalidad renacentista, porque se dedicó a varias cosas y en todas ellas triunfó.
La verdad es que, si lo pensamos, tampoco es de extrañar que un artista se dedicara también a la esgrima. Dicen que Quevedo, a pesar de ser un tullido, le dio una lección con su sable a más de uno.
En otro de mis anteriores artículos, ya comenté que Vicente Blasco Ibáñez era muy dado a batirse en duelo con quien se le pusiera a tiro.
Joseph Bologne, más conocido como Chevalier Saint Georges nació el día de Navidad de 1745 en la localidad de Basse Terre, en el interior de la isla de Guadalupe, fruto de las relaciones entre George Bologne de Saint Georges, un terrateniente francés, y su esclava negra Nanon, que, según se cree, procedía de Senegal.
Parece ser que su padre era de origen holandés y, en su juventud, había sido mosquetero del rey de Francia.
En 1755 su padre se lo llevó a Francia para darle una educación más propia de un caballero de esa época. Primero vivieron en Burdeos y luego en París. Hay que decir que su padre también estaba casado y tenía una hija, fruto de ese matrimonio. Así que se fue a París, acompañado por su esposa, su amante, su hija y nuestro personaje.
Algunos dicen que su padre regresó a Francia, huyendo de la persecución judicial, por haber dado muerte a un hombre durante un duelo. Parece ser que, gracias a la amistad de una hermana de su padre con Luis XV, éste le perdonó y dejó de ser perseguido por la Justicia.
Desgraciadamente, nuestro personaje, nunca fue admitido dentro de la nobleza francesa a causa de ser hijo ilegítimo y por el color de su piel. Sin embargo, su padre le dio una formación propia de un noble de su época. Incluso, llegó a comprar para él nada menos que el título de gentilhombre de cámara del rey.
Allí aprendió, entre otras cosas, equitación y esgrima. En esta última llegó a ser todo un especialista. Parece ser que tuvo como maestro al famoso la Boëssière.
A los 15 años ya prestaba servicio dentro de una unidad de caballería de los Gendarmes de la Guardia Real, bajo el mando del general Rohan-Rohan, príncipe de Soubise.
Con 17 años llegó a derrotar en la ciudad de Rouen a Picard, un reconocido maestro, que se había burlado de él a causa del  color de su piel. Parece ser que su padre le regaló un carruaje, por haber obtenido la victoria en este combate.
Sin embargo, poco tiempo después, fue derrotado por el conocido maestro, Giuseppe Gianfaldoni, que elogió mucho su estilo y auguró que pronto sería uno de los mejores espadachines de Francia. Como así fue.
En 1764, al acabar la guerra de los siete años, su padre regresó a Guadalupe para reorganizar su plantación, dejando en París al chico y a su madre, dotados con una buena pensión para poder vivir allí cómodamente.
Poco se conoce acerca de su formación musical, pero sí se sabe que en 1764, el músico Antonio Lolli ya compuso dos obras para él y, de paso, le dio algunas lecciones para perfeccionar su técnica con el violín.
Previamente, había sido alumno aventajado del violinista Jean-Marie Leclair, que lo convirtió en un virtuoso de este instrumento y del clavicordio.
François-Joseph Gossec le enseñó composición y le hizo debutar, en 1772, como violinista en el Concert des amateurs. Obteniendo ya un gran éxito.
Así que se aficionó a componer obras musicales. Entre ellas, varias óperas inspiradas en el mundo de los niños.
Posteriormente, compuso obras para 6 cuartetos de cuerda, una auténtica novedad en su época, inspirados en las obras de Haydn. Se le considera un gran especialista en las obras de este compositor.
En 1775, era casi seguro que podría haber sido nombrado director de la prestigiosa orquesta de la Ópera de París, pero hubo muchas presiones en su contra. Concretamente, dos sopranos escribieron a María Antonieta declarando que: “Su honor y la delicadeza de su conciencia hicieron imposible que fueran sometidos a las órdenes de un mulato”.
En 1777, su fama era tan grande, que alguien pensó en nombrarlo director de la Academia de la Música. Sin embargo, muchos de los artistas se negaron a ello por ser una persona de color.
De hecho,  en 1787, a nuestro personaje apodado ya “el Mozart negro”, le concedieron el honor de dirigir, en su estreno, las “Sinfonías de París”, de Haydn, con su orquesta “Le concert de la loge Olimpique”, precisamente, fundada por él.
Aparte de su vertiente musical, también se dedicó a luchar contra la esclavitud. Por ello, fue miembro de la Sociedad de los amigos de los negros (Société des amis des noirs), que buscaba la igualdad entre todos los hombres. Como propugnaban los ideales que defendían los revolucionarios franceses. Se le considera uno de los fundadores de esta sociedad francesa, que fue creada a imitación de otra, con el mismo nombre, que ya existía en el Reino Unido.
Precisamente, durante la Revolución Francesa, fue capitán de la Guardia Nacional en Lille. Posteriormente, cuando ascendió a coronel,  comandó, en la guerra contra Austria,  un regimiento compuesto exclusivamente por soldados negros, que lucharon a favor del bando revolucionario. Era la primera vez que luchaba una unidad de ese tipo en Europa. De hecho, la llamaron la “Legión de Saint Georges”.
Por otra parte, muy pronto se dio cuenta del intento de traición del general Dumouriez. Desbarató sus planes, por lo que el traidor tuvo que huir a Austria y él fue considerado como un héroe, por el gobierno revolucionario.
También, en su época, destacó como un gran atleta. Se decía de él que podía atravesar el Sena, nadando con un solo brazo. Incluso, que podía disparar y acertar a una moneda lanzada al aire. Algo bastante difícil con las armas que había en ese momento.
Desgraciadamente, a causa de pertenecer a una familia noble de Francia, en 1793, fue detenido y encarcelado durante dos años. Parece ser que su padre había formado parte de la corte de Luis XV y él mismo había tenido una gran  amistad con la reina María Antonieta. Afortunadamente, pudo salvarse de la guillotina.
Precisamente, por ello,  tuvo que sufrir varios atentados. En 1779, cuando paseaba por las calles de París, acompañado por un amigo, fue asaltado por varios hombres, pero se defendió adecuadamente, gracias a su maestría en el manejo de la espada.
Se rumoreó que esos hombres eran policías enviados por Luis XVI a causa de la amistad de nuestro personaje con María Antonieta, con la que solía tocar música. De hecho, compuso uan sinfonía para ella. No hay que olvidar que siempre se le consideró como un gran seductor.
Según parece, también sufrió otro atentado durante su estancia en Londres. Varios hombres le dispararon con sus pistolas, pero él consiguió defenderse golpeándoles con su bastón. A pesar de que llevaba varios años con una lesión en el tendón de Aquiles.
En su momento, se dijo que  esos hombres  habían sido contratados por los esclavistas, porque nuestro personaje les estaba estropeando su lucrativo e inhumano negocio.
Precisamente, en la capital británica, se hizo famoso por un combate de esgrima que realizó contra el llamado Caballero d'Eon, un espía francés disfrazado de mujer.
Curiosamente, se dice que fue detenido y encarcelado a causa de una denuncia de otro miembro de su célebre regimiento, Alejandro Dumas. Padre y abuelo de los célebres autores. Parece ser que fue procesado a causa de corrupción y mala administración de las finanzas de su unidad.
También, como muchos otros personajes de su época, fue miembro de la Masonería. Incluso, llegó a su máximo grado, siendo el primer hombre de color que ascendía tan alto en esa sociedad.
Ya en libertad, decidió continuar con su carrera artística, aunque la Revolución le había dejado absolutamente arruinado.
Parece ser que volvió al Caribe, donde se encontró con una guerra civil en Haití. Curiosamente, el gobierno francés, envió a su antigua unidad militar para aplastar la rebelión.
A su regreso a Francia, fue nombrado director de una orquesta llamada “Le Cercle de l’Harmonie”, que actuaba en el  Palais Royale, antigua residencia del duque de Orleans, para el que nuestro personaje había trabajado durante unos años como secretario.
Desafortunadamente, murió en 1799, con sólo 53 años, a causa de los problemas de salud, que había contraído durante su estancia en la cárcel, de donde había salido en libertad 5 años antes.
En cuanto a su apellido, unos lo escriben Saint-George y otros con la s al final. Parece ser que existe una calle en París, dedicada a este personaje, donde, en su letrero, no figura la s al final.
Desgraciadamente, no tuvo mucho éxito en su lucha contra de la esclavitud. Esta práctica fue abolida en 1794, por el gobierno revolucionario. Sin embargo, volvió a estar vigente, tras la llegada al poder de Napoleón Bonaparte y eso produjo varias rebeliones de esclavos en las colonias francesas de ultramar.
Por lo que respecta a su música, siguiendo esta política racista, fue eliminada de todos los conciertos y hasta de los libros de texto. No fue redescubierta hasta pasados 200 años de su muerte.

viernes, 21 de abril de 2017

FLAVIO JOSEFO, UN REBELDE METIDO A HISTORIADOR



Esta vez traigo al blog a un historiador muy apreciado por los expertos y, sin embargo, poco conocido a nivel popular.
Por cierto, quien haya pensado, al ver su nombre,  que se trataba de un historiador romano, no ha dado una.
Vamos a empezar por decir que nuestro personaje nació en Judea, más o menos, por el año 37 d. de C., en el seno de una familia dedicada al sacerdocio y su nombre original fue Yosef ben Mattityahu. Algo así como hijo de Matías.
Según nos cuenta en sus escritos, estudió  las 3 escuelas filosóficas de los judíos. Es decir, la saducea, la esenia y la farisea, decidiéndose por esta última.
Antes de comenzar su educación, pasó 3 años en el desierto con un eremita esenio llamado Banos. A partir del 56 inició ya su formación como fariseo.
Debía de tener dotes para la abogacía y la diplomacia, pues en el año 64 encabezó una comisión, para entrevistarse en Roma con el emperador Nerón, a fin de conseguir la liberación de unos sacerdotes judíos encerrados a causa de las últimas revueltas contra los romanos.
En principio, no tuvo mucho éxito, incluso, fue encarcelado, aunque salió pronto en libertad, gracias a las gestiones de la emperatriz, Popea. No obstante, posteriormente, también consiguió la libertad para esos presos judíos.
En el año 66 fue designado por los judíos como jefe militar de Galilea, durante la Gran Revuelta, a pesar de no ser muy partidario de la misma, pues ya había conocido el poder de Roma. Aguantaron durante un año los ataques romanos, pero luego fueron vencidos.
Debía de ser un tipo muy hábil, porque, según parece, sus colegas que tenían mando sobre rebeldes,  decidieron darse muerte unos a otros, antes que rendirse al enemigo. Lo fueron haciendo a base de combatir por parejas y, cuando le tocó a él, convenció al otro para seguir los dos con vida.
Poco después, fue llevado a presencia del entonces general Vespasiano, al cual le auguró que pronto sería emperador y eso parece que le hizo gracia y le salvó la vida. Cuando se cumplió su augurio, el emperador lo puso en libertad.
Acompañó a Tito, hijo de Vespasiano, durante el resto de la guerra contra los judíos y utilizó sus dotes diplomáticas para intentar convencer a sus antiguos amigos para que se rindieran a los romanos. Esta vez fracasó ante la testarudez de los judíos. No obstante, logró salvar la vida de algunos de sus amigos.
En el 71, el emperador se lo llevó con él a Roma y le cambiaron el nombre por el que se le conoce ahora. Incluso, le dieron la ciudadanía romana,  una pensión vitalicia y una casa, donde se dedicó a escribir las obras por las que nos es conocido ahora.

Es posible que, al unirse a los romanos,  uno de sus objetivos fuera reivindicar la cultura de los pueblos sometidos por éstos y hacer que se llegara a conocer en todo el Imperio. Aparte de salvar su vida, claro está.
Incluso, escribió 2 libros llamados “Contra Apión”, donde se atrevió a defender que la cultura judía tenía la misma antigüedad y la misma validez que la griega.
Primeramente, escribió antes del 75 d. de C. su obra “La guerra de los judíos”, sólo en arameo, dedicado a sus compatriotas.
Luego, entre los años 75 y 79 d. de C., escribió una versión griega de la misma obra, pero  ampliándola. Esta vez iba desde el año 170 a. de C. hasta el 70 d. de C., y la componían 7 libros.
Dicen que tuvo acceso a muchos archivos, incluidos los diarios de campaña de Vespasiano y Tito, lo cual es todo un lujo para cualquier historiador.
Es curioso, porque siempre se ha dicho que la Historia la escriben los vencedores. Sin embargo, Josefo estaba, al menos, teóricamente, en el bando de los vencidos.
Parece ser que se ayudó de especialistas en griego, porque no poseía los conocimientos suficientes para escribir en ese idioma. Posteriormente, esta obra fue traducida al latín y al eslavo.
A lo mejor, si afirmo que este autor es uno de los preferidos del Cristianismo, a muchos les va a resultar increíble. Sin embargo, si digo que, cuando, en el año 93 d. de C.,escribe “Antigüedades judías” y ahí aparece, por primera vez,  la figura de Jesús de Nazaret, seguro que la cosa ha quedado más clara.

Efectivamente, “Antigüedades judías” es una obra donde pretende narrar la Historia de su pueblo desde la Creación hasta el año 66 d. de C. Probablemente, se basó en el modelo de las “Antigüedades romanas” de Dionisio de Halicarnaso.
Es verdad que Jesús también fue mencionado en otra obra del gran historiador romano Tácito, pero eso ya fue en una época posterior a esta obra.
Sin embargo, hoy en día, hay muchas dudas de que el llamado “Testimonio Flaviano”, donde ya aparece en un texto la figura de Jesús, fuera escrito por este autor o se tratara de una falsificación posterior.
En la misma obra también alude a la figura de Juan el Bautista, asesinado por los secuaces de Herodes Antipas.
Escribió otros libros, como “La guerra de los judíos”, donde, entre otras cosas, indica cómo era el famoso templo de Salomón. Se dice que El Escorial se construyó siguiendo las medidas indicadas en esa obra.
Gracias a sus obras podemos conocer hoy en día de primera mano cómo fueron algunos asedios importantes, como el de la heroica ciudad de Masada, en el año 74 d. de C..
También nos suministra información muy importante acerca de las diferentes sectas judías, como los fariseos, saduceos, zelotes, esenios, etc.
Incluso, nos da noticias de cómo fueron los martirios a que fueron sometidos algunos líderes cristianos, como Santiago, del que se dice que fue hermano de Jesús.
Es más, habla de la Pasión de Jesús y su crucifixión en tiempos del gobernador Poncio Pilatos, aunque, como ya he dicho antes, hoy en día se duda de que todo eso lo escribiera él o fuera fruto de la inventiva de los diferentes copistas de la Iglesia.
En concreto, se refiere a Poncio Pilatos no como una persona neutral, que no quiere saber nada de los conflictos en que se hallaban los judíos, como aparece en la Biblia, sino como de un gobernante bastante siniestro, que abusaba constantemente de su posición, dentro del bando vencedor, para intentar sojuzgar e incitar a la rebelión a los judíos.
La misma opinión tenía de Poncio Pilatos otro historiador, contemporáneo de Jesús, llamado Filón de Alejandría.
Precisamente, a finales de 2014, se ha publicado en la prensa que unos arqueólogos israelíes han conseguido encontrar el palacio de Herodes, en el yacimiento de Herodión, a unos 16 km al sur de Jerusalén, siguiendo las descripciones que había indicado nuestro personaje en una de sus obras.
En cambio, hoy en día se piensa que las críticas vertidas por Josefo sobre Herodes no son muy realistas. Incluso, en uno de sus relatos, se detiene  en el sufrimiento de este gobernante, antes de su fallecimiento. Acabando con la frase: “castigándole Dios por los crímenes que había cometido”.
En 2007, los arqueólogos encontraron las ruinas del Templo Herodiano, lugar donde fue sepultado Herodes.
Es curioso, porque el caso de Herodes fue parecido al de Flavio.
Pasó de estar combatiendo en el bando de Marco Antonio y Cleopatra a tener una gran amistad con Augusto, tras ser capturado por éste. Parece ser que se ofreció al emperador para romanizar su patria y allí lo enviaron para que cumpliera esa labor.
No se conoce la fecha de la muerte de Flavio Josefo, por lo cual, se supone que fue posterior al 93 d. de C., año en el que fue publicada su última obra.
Lo cierto es que algunos padres fundadores de la Iglesia, como San Jerónimo o San Ambrosio, confiesan haberlo leído y lo citan muy a menudo en sus obras.
En los casos de  San Eusebio y San Juan Crisóstomo, califican sus obras como imprescindibles para poder datar muchos episodios que aparecen en el Antiguo Testamento.

EL REY GODO CHINDASVINTO



Hoy voy a narrar el reinado de un monarca que nunca fue muy popular. Sin embargo, pese a su avanzada edad, fue el único rey godo que se enfrentó de una manera seria a los problemas del reino. Aunque, como veréis, lo hizo, quizás,  de una manera demasiado expeditiva.

Chindasvinto nació alrededor del año 563, aunque no se tienen demasiados datos para poder confirmar ni su fecha, ni su lugar de nacimiento.
Sus antecesores en el cargo habían sido Chintila, un rey con muy buenos propósitos, pero al que  le faltó la suficiente energía para poner en su sitio a los nobles del reino, que robaban todo lo que querían y tenían casi más poder que el propio monarca.
Lo único que le salió bien fue intentar establecer una monarquía hereditaria, porque, como todo el mundo sabe, la de los godos era electiva.
Tras el corto reinado de éste, en 639, llegó al trono su hijo Tulga, que, según  parece, era un muchacho muy joven con muy poca personalidad  y una casi nula formación.
Parece ser que, a pesar de que la monarquía hereditaria iba en contra de lo aprobado en el IV Concilio de Toledo, los obispos aprobaron de muy buena gana este nombramiento y seguro que se frotaron las manos. Lo cierto es que al padre le habían sacado de todo,
así que lo más probable es que con su hijo lo tuvieran todavía mucho más fácil.
El pobre chico no llegó a estar ni tres años sentado en el trono. Incluso, durante ese corto período, tuvo que enfrentarse a varios intentos de rebelión. Algo que les había ocurrido a casi todos los reyes godos.
Evidentemente, a la nobleza no le hizo mucha gracia esto de la monarquía hereditaria, pues, si se fundaba una dinastía sucesoria, ninguno de ellos podría aspirar al trono, como habían hecho hasta la fecha.
Desgraciadamente, en 642, este chico topó con un noble ya anciano llamado Chindasvinto. Le he llamado anciano, porque se sabe que ya tenía nada menos que 79 años, o sea, en la actualidad, más o menos, como una persona de 90.
Lo que parece increíble es que este hombre, a esa edad, le restara todavía tanta vitalidad como para hacer lo que hizo durante su reinado.
No valieron para nada ni los cánones, ni los anatemas, lanzados por los eclesiásticos contra Chindasvinto. Capturó a Tulga, ordenó que lo tonsuraran y que lo encerraran de por vida en un convento. Esto siempre fue muy habitual en las conjuras palaciegas de los godos.
Los que entraban a formar parte del clero perdían todos sus derechos al trono. Así que si alguien era tonsurado, se entendía que iba a ser eclesiástico y ya no se podía ser rey.
Incluso, en el caso de que un rey estuviera a punto de morirse, si se le hacía la tonsura y se le vestía con un  hábito de fraile, aunque se repusiera, ya no podía continuar siendo rey. Esas normas formaban parte de las que se aprobaban en los Concilios, donde se reunía cada rey con los nobles y los obispos.
Parece ser que ni siquiera se molestó en ir a Toledo para que lo proclamaran rey. Como se cree que era un jefe militar, que tendría a su cargo alguna zona próxima a la actual del País Vasco, pues se proclamó rey en Pampliega (Burgos).
Como conocía muy bien a la nobleza goda, que siempre había sido muy levantisca, dedicó sus primeros años de reinado  a hacer una gran purga entre ellos.
La mayoría de los autores creen que ordenó la muerte de unos 200 nobles, pertenecientes a  la alta aristocracia, y otros 500 nobles de menor importancia.

No obstante, otros muchos se salvaron por el sencillo procedimiento de exiliarse y a estos les confiscó todas sus propiedades. Parece ser que en este nutrido grupo de exiliados, que se fueron a la Galia, predominaban los eclesiásticos. O sea que, como hemos visto, este rey era un especialista en ir haciendo amigos por donde pasaba.
Supongo que a causa de estas medidas tan terroríficas, fue capaz de organizar el VII Concilio, en 646, donde los reunidos aprobaron una medida consistente en que, para los clérigos, la falta de lealtad al rey,  llevaría consigo la pérdida del estado clerical y convertir a esa persona en un mendigo de por vida. Independiente del rango que tuviera dentro de la Iglesia.
Conociendo la envidia que hay en este país,  enseguida proliferaron, por todas partes, acusadores contra los nobles o clérigos. Así que el rey tuvo que ordenar que, al que hiciera una acusación falsa, se le castigaría con la misma pena con la que debería de haberse castigado a su víctima. Hay que reconocer que este tipo conocía muy bien al país sobre el que gobernaba.
Parece ser que siempre estuvo enfrentado con la Iglesia. Castigó a los clérigos que dieran refugio en sus templos a la gente perseguida por la Ley. Impuso multas a los clérigos que no acudieran a los juicios o a los concilios y hasta nombró, personalmente, a algunos obispos. Por otra parte, quiso ganárselos a base de hacerles donaciones.
Evidentemente, como siempre ha sido normal en este país, también se enriqueció con los bienes confiscados y repartió una buena parte de ellos entre un grupo de gente, que siempre le habían sido leales. Era una forma de crearse una clientela política.
Desde luego, parece ser que tuvo un reinado mucho más pacífico que el resto de los reyes godos. Nadie se atrevió a enfrentarse a él.
Incluso, para intentar que la pacificación de su reino durara más tiempo, fomentó los matrimonios entre gente leal a su persona y familiares de exiliados o asesinados durante su mandato.
En el terreno legal, tuvo tiempo de mandar revisar el Código de Leovigildo, aunque no pudo acabar esa labor, porque le llegó la muerte y lo terminó su hijo. No obstante, ya tenía casi 100 leyes preparadas para ser promulgadas. Con ello, gobernaría con las mismas leyes tanto a los godos como a los hispano-romanos. Era la primera vez que se hacía un texto legal válido para ambas sociedades y ellos le dieron su redacción definitiva. Es lo que después se llamó el Fuero Juzgo, que estuvo vigente durante varios siglos. Desde entonces, ya sólo hubo un único pueblo en España.
En el 649, quiso probar también la fórmula de la monarquía hereditaria, como había hecho Chintila. Sin embargo, él asoció al trono a su hijo Recesvinto, para gobernar juntos. Por supuesto, en este caso, a nadie se le ocurrió alzar la voz para oponerse, por si acaso.
Realmente, hasta el 653, el único rey que ejerció como tal fue Recesvinto, porque su padre ya estaba demasiado mayor para ese arduo trabajo.
No obstante, Chindasvinto, llegó a vivir 90 años. Una edad muy avanzada para esa época y hasta se podría decir que para la actual.
Parece ser que tuvo tres hijos y una hija. El mayor, Recesvinto, fue su sucesor en el trono. El segundo, Teodofredo, de quien dicen que fue el padre del rey don Rodrigo. El tercero, Favila, que, según una leyenda, fue el padre de don Pelayo. También tuvo una hija llamada Glasiunto,  de la que no se poseen más datos.
Aunque falleció en Toledo, parece ser que fue enterrado, junto con su esposa, Reciberga, en una iglesia fundada por él en San Román de Hornija (Valladolid).
Se podrá decir que fue muy cruel. Sin embargo, yo creo que fue igual de cruel que el resto de los reyes godos.
No obstante, se puede decir en su favor que tuvo la valentía de enfrentarse a  los poderosos y derrotarlos.
En cambio, como todos sabemos, la mayoría de los gobernantes actuales,  se caracterizan porque son débiles con los fuertes y fuertes con los débiles. Esto último sí que me parece una gran crueldad y nadie piensa remediarlo.

sábado, 15 de abril de 2017

EL REY JUAN I DE CASTILLA



Esta vez voy a hablar de un rey de Castilla, que tuvo un corto reinado, pero cuyas reformas aún perduran.
Juan I fue hijo de Enrique de Trastamara, el futuro Enrique II el de las mercedes. Como ya sabemos, Enrique, estuvo muchos años refugiado en Aragón, mientras guerreaba contra su hermanastro,
 Pedro I. Así que nuestro personaje de hoy nació en 1358, en una ciudad de Aragón, llamada Épila. Su madre fue Juana Manuel de Villena, esposa de Enrique II e hija del famoso escritor don Juan Manuel.

En 1375, nuestro personaje, se casó en Soria  con Leonor de Aragón, hija de Pedro IV el Ceremonioso. Los dos contrayentes tenían la misma edad, algo poco usual en esa época.
Al mismo tiempo, tuvo lugar la firma del tratado de paz de Almazán, firmado entre los dos reinos. Con este acto, acabaron las famosas guerras entre los dos Pedros.
En julio de 1379, a la muerte de su padre, Enrique II, nuestro personaje es coronado rey de Castilla en el monasterio de las Huelgas, en Burgos.
Precisamente, en octubre de ese mismo año, la reina dio a luz, en Burgos,  a su primer hijo, que sería el heredero y llegaría a reinar con el nombre de Enrique III.
Hasta esa fecha, no todos los reyes de Castilla y Aragón habían sido coronados. Muchos de ellos siguieron la práctica habitual de los antiguos reyes godos, a los que decían suceder en el trono, los cuales solían ser proclamados entre sus nobles. Con la diferencia de que la monarquía visigoda o goda era electiva, mientras que las de Castilla y Aragón eran hereditarias.
Parece ser que Juan I quiso coronarse para dar a entender que era el rey legítimo e indiscutible de Castilla, porque, como ya veremos, todavía había varios candidatos que aspiraban  ocupar ese trono. A partir de este monarca, ningún otro rey ha sido coronado en Castilla ni, posteriormente, en España.
Curiosamente, el último monarca coronado en Aragón fue Fernando I de Antequera, segundo hijo de nuestro personaje, al que dediqué hace tiempo otro de mis artículos.
En 1380, la reina dio a luz a su segundo hijo. Esta vez fue en Medina del Campo (Valladolid). También llegaría a ser rey, aunque fuera en Aragón. Sería conocido como Fernando I el de Antequera.
Desgraciadamente, en 1382, la reina dio a luz a su tercera y última hija.  Sin embargo, ambas murieron durante el parto en Cuéllar (Segovia). Leonor sólo tenía 24 años.
Juan I, al llegar al trono,  heredó todas las cosas positivas y negativas del reinado de su padre.
Por una parte, continuó cultivando la amistad de Castilla con Francia. Esta alianza benefició mucho a los franceses en su lucha contra Inglaterra. Sobre todo, en lo que se refiere al poderío naval castellano.
También mantuvo buenas relaciones con Navarra, pues su rey, Carlos III, estaba casado con su hermana Leonor. Como veréis, éste es un nombre que se repite mucho en esa dinastía.
Como había quedado viudo, Juan I, pactó con los portugueses su matrimonio con Beatriz, hija de Fernando I  de Portugal, el cual no había tenido ningún hijo varón.
Entre las cláusulas del citado pacto se decía que el reino de Portugal podría ser para un hijo varón que naciera de ese matrimonio. También podría pasar, en su defecto,   a otras hijas y, en caso de que no hubiera hijos, al propio Juan I.

Realmente, este pacto no gustó nada en Portugal, sobre todo entre los nobles y los burgueses, porque lo consideraron una anexión por parte de Castilla. Así que, tras la muerte del monarca portugués, en 1383, se quedó como regente del reino su esposa Leonor Téllez de Meneses. Un personaje maquiavélico.
Lo cierto es que Juan I y Beatriz de Portugal se casaron el 17/05/1383, en la catedral de Badajoz. En octubre de ese mismo año, falleció Fernando I de Portugal.
Curiosamente, el maestre de Avis, informó de la muerte de su monarca a Juan I y le recomendó que fuera a Portugal, para hacerse cargo del reino. Sin embargo, muchos portugueses eran partidarios de Juan, hijo ilegítimo de Pedro I de Portugal e Inés de Castro, el cual estaba refugiado en Castilla, por haber asesinado a su esposa, que era una hermana de la reina Leonor de Portugal.
La situación cambió radicalmente cuando se proclamó que tanto Beatriz, esposa de Juan I, como los hijos de Pedro I de Portugal con Inés de Castro, eran ilegítimos. Así que no había ningún candidato con mayor derecho que otros para ocupar el trono de ese reino.
De esa manera, el maestre de Avis, que también era un hijo ilegítimo de Pedro I de Portugal, pero no de Inés de Castro, se postuló para ser el nuevo rey. Era la primera vez que se proclamaba rey de ese país a un hijo ilegítimo y, además,  mediante una elección.
Así que, en 1385,  se convocaron unas Cortes en Coimbra, que lo eligieron como nuevo monarca. Desde ese momento, se llamó Juan I de Portugal.

Supongo que también valorarían que, previamente, se había casado con una hija de Juan de Gante, duque de Lancaster y con ello tendrían asegurado el apoyo de los ingleses para su causa.
Todo esto ocurría mientras Juan I de Castilla había penetrado con sus huestes en Portugal para ser proclamado rey de esa nación, en nombre de su esposa. Por cierto, ese matrimonio no tuvo descendencia.
Previamente, Juan I de Castilla, había dado orden de encerrar al pretendiente Juan, hijo de Inés de Castro, en el Alcázar de Toledo. Posteriormente, también recluyó a la reina de Portugal,  Leonor Téllez, en un monasterio de Tordesillas.
El monarca castellano había dirigido, rápidamente, sus tropas hacia Lisboa, a la que cercaron por mar y tierra.

El asedio duró mucho tiempo y se desató una pequeña epidemia de peste. Así que tuvieron que levantar el asedio para recuperarse de esa enfermedad. Incluso, se habían visto afectados los propios reyes de Castilla.
Posteriormente, los dos bandos fueron ocupando pequeñas partes del país, hasta que se encontraron en Aljubarrota, el 15/08/1385.
Hay que decir que cada bando había recurrido a sus aliados. Así, Castilla, llevó varios miles de caballeros franceses al campo de batalla, mientras que los portugueses dispusieron de varios cientos de los famosos arqueros ingleses, que fueron los que decidieron el resultado de este enfrentamiento. La superioridad numérica hizo que se confiara el monarca castellano y esta derrota, casi le cuesta la vida. Tras esta amarga experiencia, se olvidó para siempre de sus aspiraciones al trono portugués.
Por otra parte, en Inglaterra, el duque de Lancaster, se había casado con la hija mayor de Pedro I el cruel y seguía reivindicando el trono de Castilla.
Así que, al conocer el resultado de la batalla, se aventuró a aliarse con Portugal e invadir Castilla, al año siguiente.No debemos olvidar que también le había firmado, para ello, una bula el Papa Urbano IV.
En 1387, sus tropas estaban ya por la zona de Benavente (Zamora) y allí se encontraron con Juan I de Castilla y su ejército.
Esta vez, la peste atacó a ambos bandos. Así que los ingleses se retiraron hacia Portugal. Como, por lo que se ve, andaban cansados de tantas guerras o, quizás, no podían sacarle más dinero a los contribuyentes para seguir haciéndolas, pues se reunieron para parlamentar. De ahí salió el Tratado de Troncoso, que fue ratificado en 1388 por el Tratado de Bayona.
Por medio de este tratado se acababan las luchas entre los herederos de Pedro I el cruel y de Enrique II el de las mercedes. Se convino que los herederos de ambos bandos: el futuro Enrique III, hijo de Juan I, se casaría con Catalina de Lancaster, hija del duque de Lancaster y de Constanza, hija de Pedro I el cruel.
Se creó el título de Príncipe de Asturias, para los herederos de la Corona de Castilla, que ostentó esta pareja, por primera vez en la Historia. Este título se sigue utilizando, hoy en día, para el heredero a la Corona de España.

Con la diferencia de que, cuando se creó, llevaba aparejado el señorío y las rentas sobre ciertas zonas de Asturias y ahora no es así.
En el mismo tratado también se pactó una fuerte indemnización a pagar por Juan I, la cual se sabe que fue abonada, y, además, la puesta en libertad de todos los descendientes de Pedro I, que aún siguieran en prisión. Esto se hizo en casi todos los casos, no obstante, algunos continuaron encerrados hasta su muerte.
Además, supongo que, de esa forma,  también se quitaría del medio los problemas con su hermanastro Alfonso, conde de Noreña, que siempre se había aliado con los Lancaster, para intentar obtener la Corona de Castilla. Incluso, les había ofrecido el puerto de Gijón para que desembarcaran sus tropas a fin de conquistar el reino. Así que al rey no le quedó otra que encarcelarlo.
Precisamente, las tierras con las que dotó al título de Príncipe de Asturias, procedían de las propiedades confiscadas a su hermanastro Alfonso. A cambio, le dio a éste otras tierras situadas en León.
En 1389, Castilla pudo dejar de intervenir en la Guerra de los Cien Años, gracias a que Francia e Inglaterra habían firmado unas treguas en la localidad de Leulinghem, junto al Canal de la Mancha.
Por fin, debió pensar Juan I, podría dedicarse a gobernar su reino con tranquilidad e intentar restarle poder a la nobleza. Lamentablemente, no fue así.
En octubre de 1390, sufrió una desgraciada caída, cuando se hallaba probando un caballo, que le acababan de regalar, junto a la puerta de Burgos, en Alcalá de Henares.
Parece ser que cuando puso el caballo al galope, éste tropezó y cayó, lanzando al rey por el suelo. Una caída que produjo la muerte inmediata del monarca.

Lamentablemente, volvemos a una situación dinástica complicada. Como ocurrió en algunos reinados anteriores. El fallecido monarca dejaba como sucesor a un niño que apenas tenía 11 años y, según dicen, esa fue la razón por la que se ocultó durante unos días la muerte del rey.

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