ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 30 de mayo de 2021

LA HISTORIA DE LA MESA DE ESCRITORIO RESOLUTE

 

 

Seguramente, que casi todos habréis visto alguna vez aquella foto, en la que se veía al hijo del presidente John F. Kennedy, asomando por debajo de su mesa de trabajo, situada en el despacho oval de la Casa Blanca. Pues esa mesa tiene una historia muy curiosa y aquí os la voy a contar.

Tenemos que remontarnos al año 1845. En esa fecha, un brillante oficial de la Armada británica, llamado John Franklin, consiguió convencer tanto a la famosa reina Victoria como al Almirantazgo para que patrocinasen una expedición a fin de buscar el Paso del Noroeste en una zona cercana al Polo Norte. No era la primera vez que este marino navegaba por el Ártico, pues ya había surcado esas aguas en tres expediciones anteriores.

Para ello, le pusieron al mando de dos de los más modernos buques de su flota: el HMS Erebus y el HMS Terror. En cuanto a la tripulación, unas fuentes hablan de 128, mientras que otras elevan la cifra a 135 hombres.

Su singladura comenzó en Londres, a mediados de mayo de 1845. Desgraciadamente, nunca regresaron.

Posteriormente, Jane Griffin, esposa de Franklin, consiguió persuadir al Almirantazgo británico para que organizara varias expediciones en su busca. Por otra parte, tanto ella como este Organismo ofrecieron buenas recompensas para quien diera con el paradero de esas tripulaciones.

Por esa razón, varios barcos, tanto británicos como de USA, que entonces era una potencia emergente, estuvieron buscando a los desaparecidos.

No fue hasta 1850 cuando encontraron tres tumbas, excavadas en el hielo, correspondientes a unos tripulantes de esos barcos.

En 1854, el explorador escocés John Rae, conoció a unos esquimales, los cuales le indicaron un lugar, donde varios de esos tripulantes habían muerto de hambre. También le dieron una serie de objetos, que se demostró que pertenecieron a Franklin y a algunos de sus marinos.

La esposa de Franklin hizo un último intento, organizando otra nueva expedición. Ésta tuvo más suerte. En 1859, encontraron, bajo un gran montón de piedras, unos documentos escritos por algunos de los oficiales de esos barcos, donde se describía su odisea.

En esos documentos se decía que los barcos habían quedado atrapados en el hielo, sin posibilidad de moverlos. También decían que el capitán Franklin había muerto a mediados de 1847.

Incluso, que había tomado la decisión de ir hacia el sur, hasta la desembocadura de un río, que fue, precisamente, donde los encontraron muertos los esquimales.

Realmente, no se conocen las causas de los fallecimientos de estos tripulantes. Algunos expertos mencionan como posibles el envenenamiento por el plomo, con el que se sellaban entonces las latas de conservas. También el frío, el botulismo o hasta el escorbuto.


No fue hasta 2015 cuando una expedición, organizada por el Gobierno de Canadá, encontró los restos del HMS Erebus. El objetivo de esta expedición no era sólo encontrar ese barco, sino afianzar las reclamaciones de ese país sobre amplias zonas del Ártico.

Así que, puestos en contacto con el Gobierno británico, éste les informó que les cederían el barco a Canadá y sólo se quedarían con algunos objetos para entregárselos a los descendientes de sus tripulantes.

Curiosamente, este mismo mes de mayo, la revista de Historia de National Geographic, ha publicado que se ha identificado uno de los cadáveres, correspondiente a uno de los tripulantes del HMS Erebus, al comparar su ADN con el de uno de sus tataranietos que, actualmente, reside  en Sudáfrica. Se ha sabido que murió 3 años después de su partida de Londres. Fue uno de los tripulantes que murieron cerca de la desembocadura del río Back. Tal y como dijeron los esquimales.

Ciertamente, entre 1848 y 1880, hubo numerosas expediciones para encontrar esos barcos. Unos fueron por el deseo de aventuras y otros animados por la fuerte recompensa ofrecida.

En 1850, el Almirantazgo británico, fletó una de esas expediciones. La formaban dos barcos movidos por velas, el HMS Resolute y el HMS Asistance, junto con otros dos barcos con motores a vapor, el HMS Pioneer y el HMS Intrepid. Al mando de esta expedición pusieron a Horatio Thomas Austin, un marino militar con gran experiencia en el Ártico. Ninguna de esas naves había sido construida para la Armada, sino que habían sido mercantes, que luego fueron comprados por el Gobierno británico.

Aunque, al principio, sufrieron algún contratiempo, debido a los bloqueos por las masas de hielo, consiguieron avanzar y unirse a los barcos de otras dos expediciones. Incluso, se pusieron de acuerdo para explorar diversas zonas con trineos, a los que colocaron velas para ir más rápidos sobre el suelo helado.

Afortunadamente, Austin, consiguió liberar a todos sus barcos del hielo y regresar sanos y salvos a su puerto de salida, aunque no encontraron ningún resto del mencionado naufragio. Lo cierto es que, a su vuelta, los mandos de esa expedición, tuvieron que comparecer ante un comité de investigación,

el cual comprobó que había habido muchas discusiones entre los oficiales y que habían regresado sin encontrar nada, porque Austin se había opuesto a seguir buscando a una mayor distancia de las naves. Así que esto puso en entredicho la buena reputación de Austin y, a partir de entonces, ya sólo le ofrecieron mandos secundarios en la Armada.

En 1852, se formó una nueva expedición, al mando de sir Edward Belcher, para buscar los barcos y los tripulantes perdidos y, de paso, intentar hallar el paso del noroeste. Eso sí, a los cuatro barcos que formaban la flotilla anterior unieron un quinto, el North Star, un barco dedicado a dar apoyo logístico a esta expedición.

La expedición llegó al Ártico en el verano de ese año y se dividió en dos. El HMS Resolute, al mando del capitán Kellett, junto al vapor Intrepid, se dirigieron al oeste, mientras que los otros dos fueron hacia el norte. El North Star se quedó esperándolos en la isla Beechey.

Los marinos del Resolute no encontraron restos del naufragio de Franklin. En cambio, sí que encontraron el barco HMS Investigator, que había quedado atrapado en el hielo dos años antes, junto con los supervivientes, que se hallaban en su interior y que fueron trasladados a su nave.

Sin embargo, a partir del verano de 1853, cambiaron las condiciones climáticas y una intensa ola de frío se abatió sobre la nave. Allí estuvieron aguantando como pudieron hasta que, en abril de 1854, Belcher, le dio a Kellett la orden de que abandonasen el barco.

Muy a su pesar, Kellet, evacuó a toda su tripulación más los rescatados en el otro barco, llevándolos, a través del hielo, hasta el lugar donde les esperaba el North Star a donde llegaron en el verano de 1854.

Esta vez tuvieron suerte, porque, aparentemente, no iban a caber todos en el North Star. Afortunadamente, aparecieron dos nuevos barcos, donde pudieron alojar a todos sin problemas. Todos abandonaron esa isla a finales de agosto de 1854 y llegaron al Reino Unido sanos y salvos.

Casualmente, en septiembre de 1855, un ballenero USA, encontró flotando a la deriva al HMS Resolute, a casi 2.000 km de donde lo habían abandonado.

Por lo visto, les llamó la atención no ver a nadie en su interior y lo abordaron. Se extrañaron mucho más al ver que aquello parecía un barco fantasma, en el que había muchos objetos, pero ningún tripulante. Así que, siguiendo las leyes del mar, remolcaron la nave hasta su puerto de origen, en Connecticut y se quedaron con el barco.

Más tarde, cuando se conoció la noticia, un senador de Virginia, propuso que, para mejorar las relaciones con el Reino Unido, el Gobierno USA, debería de regalar el barco a los británicos.

La propuesta fue aprobada. No olvidemos que ambos países habían mantenido varias guerras y sus relaciones no eran tan buenas como ahora. Así que el Gobierno USA compró el barco al propietario del barco ballenero, que lo había hallado.

Posteriormente, fue llevado a un astillero para repararlo. Ya en diciembre de 1856, el HMS Resolute, fue enviado al Reino Unido con una tripulación de la Armada USA, donde fue recibido por la propia reina Victoria.

La nave volvió al servicio en la Armada británica hasta 1879, año en que fue dada de baja. Cuando iba a ser desguazada, el Gobierno británico, ordenó que se hicieran 3 mesas de escritorio con las vigas del mismo. No olvidemos que, por entonces, los barcos de guerra, se construían con madera de roble de la mejor calidad, la cual había sido tratada para que aguantase los fuertes embates del mar.

Una de las mesas fue regalada al Gobierno USA, la otra a Henry Grinnell, un rico comerciante de Nueva York, que había aportado muchos fondos para las expediciones de rescate. Por fin, la tercera se la quedó la reina Victoria y ahora está en un Museo de la Armada.

Seguro que, a estas alturas, más de uno se habrá preguntado si 
se consiguió encontrar el famoso Paso del Noroeste. Lo cierto es que el primero que lo consiguió, haciendo todo el recorrido por vía marítima fue el famoso explorador noruego Roald Amundsen, en 1906.

Ciertamente, Robert McClure y su tripulación del HMS Investigator consiguieron algo parecido en 1854. Partiendo de Gran Bretaña bordearon América por el cabo de Hornos y llegaron hasta Alaska. Consiguieron hacer el recorrido del Paso del Noroeste, pero unas veces en barco y otras en trineo. Al final, como ya he mencionado anteriormente, los supervivientes de ese viaje fueron rescatados y llevados al North Star.

Volviendo a nuestro tema de hoy, la mesa escritorio destinada al Gobierno USA, fue recibida por el presidente Hayes, en 1880. Un mueble que pesaba nada menos que 600 kg.

Desde entonces, siempre ha estado en la Casa Blanca. Sin embargo, no todos los presidentes la han colocado en el Despacho Oval, sino que también ha estado en un despacho privado que tienen en la Casa Blanca. Clinton fue el último presidente que ordenó que la trasladaran al Despacho Oval y, desde entonces, no la han cambiado

de sitio. Curiosamente, fue Jacqueline Kennedy la que convenció a su marido para que se colocase en el Despacho Oval.

Seguro que a más de uno le suena haberla visto en la película La Búsqueda (National Treasure, 2004), protagonizada por Nicolas Cage y Diane Kruger.

Algunos presidentes no han querido utilizarla, como Johnson, Nixon o Ford. En el caso de Franklin Delano Roosevelt, ordenó que se le colocara una puerta en el centro para que no se pudiera apreciar en las fotos que estaba en silla de ruedas.

Para terminar, haré una descripción de esa mesa. En sus laterales se pueden ver las efigies de la reina Victoria y el presidente Hayes. A su alrededor, figuran los rostros d
e los marinos que dieron su vida buscando el Paso del Noroeste.

Los tiradores de los cajones tienen forma de dos manos, que están estrechándose. Como símbolo de la amistad entre ambos países.

En la parte trasera existe una placa de bronce, donde se cuenta la aventura del barco, cuya madera sirvió para construir ese mueble.

La tradición dice que los presidentes salientes dejan una nota en el cajón principal dirigida al presidente entrante. Eso mismo ha hecho Trump y Biden la ha calificado como “muy generosa”, pero no ha difundido su contenido.

 

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martes, 18 de mayo de 2021

ILSA STÖBE, OTRA LUCHADORA CONTRA EL NAZISMO


 

En mi anterior artículo, dedicado a Rudolf von Scheliha, apareció este otro nombre. Se trata de una mujer llamada Ilse Stöbe o Stoebe, porque de las dos formas se puede escribir su apellido en alemán.

Su nombre completo fue Ilse Frieda Gertrude Stöbe y nació en Berlín a mediados de mayo de 1911.

Nació en el seno de una familia muy modesta. Sin embargo, aún les fue peor cuando su padre, que era carpintero, abandonó a la familia, dejando a Ilse y a su hermano al cuidado de su madre. Ese hermano era 8 años mayor que ella, porque había sido fruto del primer matrimonio de su madre.

Ilse completó sus estudios primarios. Luego pasó a estudiar en la Escuela de Comercio y, posteriormente, realizó un curso para secretaria.

En 1929, eran tiempos muy difíciles para Alemania, no obstante, ella consiguió un trabajo en el periódico Berliner Tageblatt. Un diario de orientación liberal, que luego fue una especie de órgano del Partido Democrático Alemán, también de la misma tendencia política. Pertenecía a la gran cadena de publicaciones de Rudolf Mosse. Éste puso a cargo de este diario a su primo, el eminente periodista Theodor Wolff. Un hombre del que decían que escribía tan bien, que hasta el propio ministro Goebbels lo admiraba, a pesar de que era judío.

Allí fue donde, Ilse, pasó de ser secretaria a dedicarse de lleno al periodismo. No sé si tendría algo que ver que Wolff decía estar enamorado de ella y, al final de su vida, le dedicó una de sus novelas. También fue cuando ella ingresó en el KPD (Partido Comunista de Alemania).

En 1931, conoció a Rudolf Herrnstadt, al cual mencioné en mi anterior artículo. Se trataba de un comunista y judío alemán, que trabajaba para la Inteligencia militar de la URSS (GRU) y la fichó también a ella. Juntos formaron una red de espías en Alemania.

Se comprometió con él y ambos se fueron a Varsovia como corresponsales de sendos periódicos alemanes.

Supongo que, para no llamar demasiado la atención, Ilse, se afilió al Partido Nazi de Alemania.

Hay que hacer un inciso, porque no hay que olvidar que Hitler llegó al poder en 1933. No podía haber llegado antes, porque tenía nacionalidad austriaca y hasta 1932 no le dieron la nacionalidad alemana. A pesar de haber combatido en la I Guerra Mundial en el Ejército alemán.

En Varsovia, Ilse, conoció a Scheliha, que trabajaba en la Embajada alemana. Supongo que, por mediación suya, la nombraron agregada cultural del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania en Varsovia.

Parece ser que, durante los JJOO de 1936, celebrados en Berlín, Ilse, conoció a un editor suizo llamado Rudolf Huber. Parece ser que este hombre murió unos años después y, por alguna razón que desconozco, le dejó a ella parte de su fortuna. Posteriormente, parece ser que la familia del difunto la demandó y ella devolvió casi todo lo que había heredado.

Poco antes de suceder la invasión de Polonia, Ilse, volvió a su país, donde trabajó, primero en una empresa de publicidad, en Dresde, y luego en la sede central del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Parece ser que, a finales de 1940, Alta, que era el apodo de Ilse, dentro del GRU, transmitió a Moscú la noticia de la próxima invasión de la URSS. Un dato que, por lo visto, le había dado von Scheliha.

No me ha quedado claro si ella se casó con otro periodista, llamado Karl Helfrich, aunque, según parece, vivían juntos en un apartamento de ella, en el barrio berlinés de Charlottenburg.

Por lo visto, como cada vez se hacían más difíciles las comunicaciones entre Berlín y Moscú, los soviéticos decidieron enviar a Alemania a uno de sus agentes, para que se pusiera en contacto con Ilse.

Sin embargo, la Inteligencia alemana, había interceptado esas comunicaciones y, por ello, detuvo a Ilse el 12/09/1942, porque en esos mensajes figuraba su domicilio.

Unos días después, cuando Heinrich Könen, que era el agente soviético, que había sido lanzado en paracaídas, llegó al domicilio de Ilse, se encontró con que le estaban esperando varios agentes de la Gestapo para detenerle.

Así que le detuvieron y no se molestaron ni en juzgarle. Lo enviaron al campo de concentración de Sachsenhausen y allí lo asesinaron de un disparo en la cabeza.

Karl Helfrich también fue arrestado, cuando llegó al piso, donde vivía con Ilse. Éste tuvo más suerte. Primero, fue enviado al mismo campo, para luego ser trasladado al de Mauthausen y allí permaneció hasta que fue liberado por los soviéticos.

Desgraciadamente, a Ilse le fue mucho peor que a los otros dos. La detuvieron y trasladaron a la central de la Gestapo, donde tras aguantar interrogatorios y torturas, ¡durante 7 semanas! tuvo que dar algunos nombres de los miembros de su grupo, pertenecientes a la famosa Orquesta Roja. Uno de ellos fue el de von Scheliha, aunque, realmente, no perteneciera a esa Organización.

Supongo que las fotos que muestro de ella deben de ser de cuando la detuvieron, porque se la ve preocupada, pero no se ven signos de tortura.

Como ya mencioné en mi anterior artículo, von Scheliha y ella, fueron juzgados y condenados por un alto tribunal militar el 14/12/1942 y ejecutados el 22 del mismo mes. En el caso de ella, por medio de la guillotina, que era el medio legal de ejecución para delitos comunes. Mientras que a él lo ahorcaron colgado de un gancho para aumentar el sufrimiento durante un mayor período de tiempo. Algo que era ilegal en Alemania.

Se cree que sus restos mortales podrían haberse usado para la investigación, porque no se sabe que fuera enterrada en ningún sitio.

Algún autor sugiere que también hubo una lucha política en torno a Ilse. Parece ser que Himmler, que le tenía un odio enorme a Ribbentrop, llevó su informe a Hitler para decir que el Ministerio de Asuntos Exteriores estaba lleno de espías.

Por otro lado, Goering, logró convencer a Hitler para que fueran juzgados ante un tribunal militar y así tendrían más tiempo para investigar y sacarle el máximo partido a la pista que podría conducir al resto de los implicados en esa trama. Hay que decir que algunos de los acusados en el proceso contra la Orquesta Roja eran hombres de confianza de Goering. Así que este escándalo también salpicó al ministro de la Luftwaffe.

No quedó ahí la cosa. La madre de Ilse, Frida Schumann, también fue arrestada y enviada al campo de concentración de Ravensbrück, en el que falleció en 1943 a causa del maltrato recibido.

Parece ser que Ilse le envió una carta a su madre, donde le pidió que no llorara por ella y tampoco se vistiera de negro.

Por lo que se refiere a su hermano, Kurt Müller, que también era carpintero, como su padre, en un principio, consiguió evitar su arresto. Sin embargo, luego fue detenido en septiembre de 1943, en una redada contra una red de espionaje a la que pertenecía, llamada la Unión Europea.

También fue sometido a duros interrogatorios y torturas, donde, según parece, contó muchos detalles sobre su familia. Parece ser que le golpearon tan fuertemente que le dejaron ciego. Finalmente, fue juzgado y ejecutado en junio de 1944.

Curiosamente, como los miembros de la Orquesta Roja habían enviado cientos de mensajes a Moscú, avisando de la inminente invasión de la URSS, y Stalin no les había hecho caso, éste ideó una forma de silenciarlos. Por lo visto, durante la posguerra, muchos de los supervivientes de ese grupo, se marcharon a la URSS o a sus países satélites. Pues bien, Stalin, ordenó que los detuvieran y los enviaran a Siberia, para que no contaran lo que sabían y le pudieran quedar en ridículo.

Ilse Stöbe fue la única mujer, cuya efigie fue representada en una moneda de la antigua Alemania Oriental o República Democrática Alemana. Fue acuñada como homenaje a las personas que ayudaron a la URSS a ganar la guerra.

En 1969, se le concedió la insignia de la Orden de la Bandera Roja. Lógicamente, a título póstumo.

En 2014, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania, para el que trabajó Ilse, le hizo un homenaje a ella y a otros luchadores contra el nazismo.

 

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jueves, 13 de mayo de 2021

RUDOLF VON SCHELIHA, UN PERSONAJE MUY CONTROVERTIDO

 

Siguiendo con los alemanes que vivieron en la época nazi, pero que nunca fueron aduladores de Hitler y sus secuaces, hoy le toca el turno a Rudolf von Scheliha.

Le he puesto este título, porque, aún, hoy en día, los expertos, no se ponen de acuerdo sobre el papel real de este hombre en la Historia.

Empezaré como siempre. Nació en 1897 en la antigua Silesia alemana, que, hoy en día, forma parte del territorio de Polonia.

Vino al mundo en el seno de una familia terrateniente de origen alemán. Su padre era un noble y militar prusiano, mientras que su madre era hija de un ministro del antiguo Reino de Prusia, que antes había sido alcalde de Frankfurt del Main.

El final de su etapa escolar coincidió con el inicio de la I Guerra Mundial. Así que se ofreció voluntario, como oficial de Caballería. Fue herido, durante ese conflicto, y también recibió varias condecoraciones.

En la posguerra, decidió estudiar Derecho. Primero en la Universidad de Breslau y luego en la prestigiosa Universidad de Heidelberg. Una de las más antiguas de Europa.

Al terminar la carrera, consiguió una plaza como diplomático en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Eso le dio la oportunidad de conocer muchos países.

Primero fue destinado a un consulado en Praga, para pasar después por las sedes de Estambul, Ankara, Varsovia, etc.

No sé si, tras la llegada de Hitler al poder, obligarían a todos los funcionarios a afiliarse al Partido Nazi. Lo cierto es que él lo hizo. También es cierto que muchos lo hicieron para ascender más rápidamente en su trabajo.

Parece ser que, durante su estancia en Varsovia, llegó a conocer a muchas personalidades de ese país y no perdió el contacto, una vez comenzada la II Guerra Mundial.

Posteriormente, se le encargó la dirección de un departamento, donde se dedicaban a desmentir las informaciones de la prensa internacional sobre los abusos de las tropas alemanas en los territorios ocupados.

Eso le dio la oportunidad de conocer, directamente, lo que estaba ocurriendo en cada lugar y hacer informes secretos, aunque, en público, se dedicara a desmentir lo que publicaba la prensa internacional.

Cuando ya tuvo bastante material, incluida mucha información sobre los campos de exterminios para los judíos, se los fue pasando a los Aliados. Por lo visto, su contacto fue la aristócrata polaca Klementyna Mankowska, que pertenecía a una organización de la resistencia, llamada Los Mosqueteros, la cual transmitía sus informes al Gobierno británico.

Por otro lado, von Scheliha, también se jugó la vida, ayudando a muchos judíos y polacos a salir del país para que no les atrapase la Gestapo.

Parece ser que, fue también cuando estuvo destinado en Polonia, cuando fue fichado por la NKVD, lo que después se llamaría KGB. O sea, el servicio de Inteligencia de la URSS.

Algunos creen que es posible que lo reclutara otro alemán, llamado Rudolf Herrnstadt. Se trataba de un exiliado político en el que, a la vez, se daba la doble condición de ser comunista y judío. Así que, en cuanto llegó Hitler al poder, tomó el camino del exilio.

Lógicamente, muchos otros comunistas alemanes, que ni siquiera eran judíos, también se exiliaron en la URSS, en cuanto vieron que Hitler llegaba a la Cancillería del Reich.


Curiosamente, tras la firma del Tratado Ribbentrop-Molotov, por el que se aliaron Alemania y la URSS para combatir juntos en la II Guerra Mundial, ocurrió una cosa que parece ilógica. Stalin, en un gesto de “buena voluntad” hacia su nuevo “amigo” Hitler, deportó a una buena cantidad de comunistas alemanes, que vivían en la URSS. No hará falta decir que, en cuanto volvieron a Alemania, les estaban esperando para cargárselos.

Así que me gustaría haber visto la cara que se le puso a von Scheliha, tras enterarse de la firma de este tratado, después de llevar dos años pasando secretos de Alemania a la URSS.

Algunos afirman que la motivación de nuestro personaje por traicionar a su patria, no era sólo por motivos ideológicos, sino que también los había financieros. Por lo visto, se trataba de un jugador empedernido y, aunque ganaba un buen sueldo, no le bastaba para llegar a final de mes.

En algunos de sus informes, narraba cómo estaban destruyendo los alemanes el patrimonio cultural polaco, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Wolfram Sievers, jefe de la Ahnenerbe, el cual escribió un manual para explicar cómo debían de hacerlo. De hecho, ese manual también fue, más tarde, empleado en otros países invadidos por Alemania.

Ya sabemos que los alemanes son muy metódicos. No como los españoles, que, cuando compramos algo, no nos molestamos en leer las instrucciones.

Posteriormente, Scheliha, también mantuvo contactos con prominentes miembros de la Resistencia alemana anti-nazi, como el general von Tresckow. Este militar fue uno de los implicados en el famoso intento de golpe de Estado encabezado por el coronel von Stauffenberg, que se ha hecho famoso por la película Valkiria.

A partir de 1942, viajó periódicamente a Suiza para entregar una serie de informes a sus autoridades. En ellos, detallaba pormenorizadamente tanto el plan Aktion 4, del que ya hablé en mi artículo sobre el obispo von Galen, como de la llamada Solución Final. O sea, el plan para eliminar a todos los judíos de Europa.

Desgraciadamente, a partir de agosto de 1942, la Gestapo, fue deteniendo a los miembros de la famosa organización la Orquesta Roja. Curiosamente, se asombraron de que tuviera tantos miembros. Ya mencioné esta organización en mi artículo dedicado a Rudolf Roessler y su organización Lucy.

Como se suele decir “por el hilo se saca el ovillo”. Así que, a base de duros interrogatorios, fueron cayendo muchos de sus miembros. Concretamente, detuvieron a 120 personas, de las que 45 fueron juzgadas y ejecutadas. Entre estas últimas había 19 mujeres.

Precisamente, en septiembre de 1942, fue detenida Ilse Stöbe, que era miembro de ese grupo y, a la vez, actuó como contacto de von Scheliha. Por ello, pocas semanas después, también lo detuvieron a él. Justamente, cuando se hallaba reunido con el jefe de Personal del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Su mujer también fue detenida e interrogada. Sin embargo, fue puesta en libertad casi un año después. Luego tomó la decisión de llevarse a sus hijas e irse a vivir a un castillo deshabitado en un lejano pueblo de Baviera, donde sobrevivieron como pudieron hasta el final de la guerra.

En cuanto a von Scheliha y Stöbe, tras varias semanas de interrogatorios, fueron llevados ante un alto tribunal militar, el cual les juzgó, bajo la acusación de alta traición, condenando a ambos a la pena de muerte. La sentencia fue ejecutada a finales de diciembre de 1942. Ella fue guillotinada y él ahorcado.

Sabemos que en Alemania se ha reivindicado la memoria de todas estas víctimas de la Resistencia contra el nazismo. Sin embargo, en el caso de nuestro personaje no se le consideró como tal, sino como un espía de los soviéticos. Así que su nombre no figuraba en ningún monumento.

Sin embargo, en 1995, se logró que los tribunales revisaran su caso y se vio que lo habían condenado injustamente, pues se le acusó de ser miembro de la Orquesta Roja, cuando lo cierto es que nunca había pertenecido a esa organización. Así que su nombre ya figura en esas relaciones de víctimas asesinadas por los nazis. Al igual que el de Ilse Stöbe.

Curiosamente, parece ser que, antes de ser ejecutado, dijo que él no lo había hecho por dinero. Sin embargo, Oleg Gordievsky, uno de los oficiales de más alto rango del KGB, de los que se han pasado a Occidente, dijo que Scheliha había sido uno de los fichajes más caros de esa Organización. En fin, cada uno es muy libre de opinar lo que quiera.

 

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lunes, 10 de mayo de 2021

RICHARD SORGE, AS DE ESPÍAS

 

Hoy voy a narrar la historia de un hombre, que siempre vivió entre dos mundos. Curiosamente, él siempre amó a Alemania, pero no quería que siguiera gobernada por los nazis y, por ello, ayudó a los soviéticos a ganar la guerra.

Richard Sorge nació en 1895 en Bakú, la actual capital de Azerbaiyán, pero que entonces formaba parte del Imperio Ruso.

Fue el menor de los 9 hijos que tuvo el matrimonio formado por Gustav Wilhelm Richard Sorge, ingeniero de minas alemán, y su esposa, Nina Semionovna Kobieleva, ciudadana rusa.

Su padre trabajó para varias compañías petrolíferas hasta que creó la suya propia. Desafortunadamente, en 1898, le venció la concesión y tuvieron que irse todos a Alemania.

La familia residió en Berlín y allí fue donde nuestro personaje realizó sus estudios. La llegada de la I Guerra Mundial le pilló sin acabarlos. No obstante, se alistó voluntario, sirviendo en una unidad de Artillería, destinada en el frente occidental.

Parece ser que fue gravemente herido en las piernas, lo que le provocó que le quedara una pierna más corta y, por ello, una cojera que le duró toda la vida. Así que fue condecorado con la Cruz de Hierro y licenciado del Ejército.

Por lo visto, fue durante su larga convalecencia en el Hospital donde empezó a interesarse por las obras de Karl Marx. Por lo visto, un tío abuelo suyo había sido socio de ese famoso escritor.

Más tarde, empezó matriculándose en Medicina, pero pronto lo dejó para estudiar Economía en varias universidades alemanas. Posteriormente, se doctoró en Ciencias Políticas y, en 1919, se afilió al Partido Comunista de Alemania.

A partir de entonces, se dedicó a la docencia y a las actividades propias de su partido, trabando amistad con su líder, Ernst Telman.

Sin embargo, en 1924, tras la prohibición del PC en Alemania, emigró a Rusia y se afilió al PC de la Unión Soviética.

Parece ser que, como se había casado en Alemania con Christina Gerlah, habían emigrado juntos a la URSS. Sin embargo, muy pronto, ella se cansó de vivir en ese país y eso provocó el divorcio.

Su dominio de varios idiomas le favoreció para que le dieran algunos cargos de cierta importancia en el mismo. Por ejemplo, trabajando en la sección internacional del Komintern, que era la que se relacionaba con los PC de otros países. También le permitió viajar muchas veces al extranjero para afianzar esos contactos.

No obstante, en 1929, Yakov Berzin, jefe del GRU, departamento militar de Inteligencia, lo fichó y empezó enviándolo a Shanghai (China), bajo la identidad de un periodista alemán.

Más tarde, volvería a casarse. Esta vez se trataba de una rusa, a la que había conocido en China, llamada Maksimova Ekaterina Aleksandrovna, con la que convivió muy poco, debido a sus continuos viajes. De hecho, el Gobierno soviético, ordenó recluirla, como rehén, en un campo de concentración para asegurarse de que Sorge cumpliera sus objetivos.

Curiosamente, en 1933, el mismo año en que llega Hitler al poder, lo enviaron a Japón, trabajando como corresponsal de varios diarios alemanes. Su apodo, como agente secreto, fue Ramsay.

Supongo que, para tener una mejor coartada, se afilió al Partido Nazi y exhibiendo, desde entonces, el emblema de ese partido en la solapa de su chaqueta.

Dado que era una persona que sabía manejar muy bien a los demás, no le fue muy difícil crear un equipo compuesto por alemanes y japoneses con ideas comunistas. Como Hotsumi Ozaki, asesor del primer ministro de Japón.

Los rusos no le habían enviado allí por gusto, sino porque, unos años antes, los japoneses, habían invadido el territorio chino de Manchuria, al que ahora llamaban Manchukuo, el cual hacía frontera con la URSS.

Así que, muy pronto, envió a Moscú muchas informaciones relativas a los movimientos de tropas japonesas en esa frontera y sus intentos de invadir el territorio soviético. Esos informes fueron muy útiles a los rusos para repeler las agresiones japonesas.

El mayor de sus logros fue informar a Moscú de la fecha aproximada de la invasión de la URSS por el Ejército alemán. Un hecho conocido como Operación Barbarroja. Sin embargo, a Stalin le pareció que se trataba de un nuevo engaño de los Aliados para que rompiera su alianza con Hitler y no le hizo caso. Ciertamente, Stalin nunca le tuvo en mucha estima y siempre lo vio como un traidor alemán.

No olvidemos que, poco antes, la Inteligencia militar alemana, le hizo llegar a Stalin, a través del presidente de Checoslovaquia, un informe en el que se decía que los militares iban a dar un golpe de Estado en la URSS para eliminarlo.

Se ve que los alemanes conocían muy bien a Stalin y su obsesión por los complots hacia su persona. Así que, ni corto, ni perezoso, ordenó detener a más de la mitad de los altos cargos del Ejército y los fusiló. Por eso, apenas tenía mandos militares competentes, cuando se produjo la invasión alemana.

Sin embargo, por lo que más se le reconoce es por haber informado al Gobierno soviético de que Japón no tenía intención de atacarles. Eso le vino muy bien a Stalin para ordenar que un buen número de divisiones, procedentes de Siberia, se trasladaran al frente occidental, para apoyar a las tropas que estaban haciendo frente a la invasión alemana.

Curiosamente, como Sorge hablaba japonés con fluidez y hasta se casó con una japonesa, pues también les pasaba algunas informaciones a la Embajada de Alemania en Japón. Las cuales eran mejor recibidas que las que enviaba a Stalin. De hecho, éste siempre le consideró como un espía doble, aunque nunca lo fue.

En esa sede diplomática, se hizo muy amigo del general Eugen Ott, agregado militar alemán y de su esposa Helma. Algunos autores afirman que, cuando Sorge combatió en la I Guerra Mundial, él y Helma habían sido novios, pero que luego no se habían vuelto a ver. Así que también consiguió que ella le pasara informaciones y documentos secretos, aunque no sabía que los estaba enviando a la URSS.

Por otro lado, como Sorge les solía redactar informes muy detallados, tanto al embajador como al general Ott, sobre la situación en Japón, esto hizo que ambos fueron ascendidos, pues en Berlín pensaban que ellos eran los autores de los mismos.

El ascenso de Ribbentrop desde su puesto de embajador en Londres a ministro de Asuntos Exteriores, dio lugar a que Dirksen, el embajador alemán en Japón, ocupara el puesto dejado por éste y el general Ott fuera nombrado embajador en Japón.

Hay que decir que, Sorge, desde su periódico, se postuló a favor del nombramiento de Ott, en lugar del responsable de la Gestapo en esa Embajada, que también se postulaba para ese puesto y también le había pedido que lo recomendase. De hecho, ahí se buscó un nuevo enemigo, porque no quiso recomendarle ante la Cancillería del Reich.

Así que Ott le nombró su secretario personal en la Embajada en Tokyo y por él pasaban los documentos alemanes más secretos.

Aquella fue una época muy difícil para Japón. El bando belicista había llegado al poder y había decretado una serie de medidas, como la disolución de los sindicatos, alegando falta de patriotismo; el establecimiento de la censura hasta en los libros escolares; la persecución de los intelectuales e, incluso, se llegó a prohibir que las mujeres vistieran a la manera occidental.

Como era un gran bebedor y un apasionado de las motos, en 1938, sufrió un grave accidente, al chocar su vehículo contra un muro de la Embajada USA. Por lo visto, en ese momento, portaba documentos secretos que le acababa de dar Ozaki. Afortunadamente, uno de los miembros de su banda, consiguió quitárselos en el Hospital, antes de que los viera la Policía.

Como otros miles de comunistas del mundo entero, también quedó conmocionado, tras el famoso Pacto Ribbentrop-Molotov, firmado en agosto de 1939. Sólo unos días antes del comienzo de la II Guerra Mundial.

Supongo que esa noticia sonaría, especialmente dura, a los comunistas españoles y de las Brigadas Internacionales, que lucharon en España contra las tropas de Hitler.

A pesar de ese famoso pacto, me imagino que a Stalin se le pondrían los pelos de punta, tras los nuevos informes de Sorge, en los que le daba la noticia del pacto secreto firmado en la Embajada de Japón en Berlín, para crear el Eje Roma-Berlín-Tokyo.

Por lo visto, las borracheras de Sorge siempre fueron muy comentadas. Curiosamente, en muchas de ellas, se ponía a dar gritos en contra de Hitler. A pesar de ello, siempre contó con la protección del embajador Ott.

No obstante, la carrera exitosa de Sorge va entrando en declive. En septiembre de 1941, la Contrainteligencia japonesa, detiene a una de las mujeres de su grupo.

Es de suponer que aprovecharon para hacerle todo tipo de atrocidades, durante las sesiones de interrogatorios. Así que ésta delató a Yotoku Miyagi, un pintor y colaborador, que también era miembro del grupo.

Antes de ser detenido, se lanzó por una ventana, pero sólo se rompió una pierna. También sería duramente interrogado, pues delató a los demás y luego murió en prisión.

Obviamente, los japoneses, no perdieron el tiempo y muy pronto, detuvieron a todos los miembros de ese grupo. Incluso, el propio Sorge, fue detenido a mediados de octubre de ese año.

En un principio, la Embajada alemana en Tokyo, presentó una protesta ante el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón, pero no le hicieron caso.

Por otro lado, el Gobierno de la URSS, no movió un dedo para liberarle. Incluso, se negó a hacer un canje propuesto por el Gobierno japonés, a cambio de espías japoneses encarcelados en la URSS.

También hay quien dice que, a Stalin, aparte de que, como ya he dicho, le tenía animadversión a Sorge, tampoco quería que éste dijera que le había avisado, con antelación, sobre la invasión de la URSS.

Parece ser que Sorge no les dijo apenas nada a sus interrogadores, confiando en que sus camaradas soviéticos le sacarían de allí. Supongo que los japoneses tampoco tendrían muchas ganas de juzgarlo y ejecutarlo. De hecho, era un personaje muy importante. Precisamente, había sido elegido el mejor periodista alemán del año.

Cuando Hitler se enteró de lo que había hecho Sorge, exigió que lo deportasen para juzgarlo en Alemania, sin embargo, aunque eran aliados, el Gobierno japonés, siempre se opuso a ello.

Por eso, permaneció encarcelado en la prisión de Sugamo, situada en Tokyo, no siendo ahorcado hasta el 07/11/1944, aunque los jueces le habían condenado a muerte el 29/09/1943. Cuando ya se veía que los Aliados tenían casi ganada la guerra. El día de su ejecución coincidió con uno de los aniversarios de la Revolución Rusa.

Siempre fue fiel a su ideología comunista y parece ser que sus últimas palabras fueron: “¡Viva el Ejército Rojo y el Partido Comunista de la URSS!”

Stalin nunca quiso reconocer que había trabajado para ellos y, sobre todo, que había salvado a la URSS. Tampoco la llegada de su sucesor, Kruschev, sirvió para reivindicar su memoria.

Dicen que eso fue posible tras haber visto, este líder soviético, una película francesa, donde se narraban las aventuras del periodista y, a partir de ahí, quiso saber más sobre él.

Así que, en 1964, se produjo un cambio considerable. En septiembre de ese año se publicó un artículo en el diario oficial Pravda (la verdad, en ruso), donde se elogiaba su papel durante la guerra.

A partir de entonces, le llovieron homenajes de todo tipo. Es como si todos estuvieran preparados y sólo esperaran que alguien apretara un botón.

Inmediatamente, se le nombró Héroe de la URSS y se puso su nombre a muchas calles de localidades de todo el país. Incluso, se erigieron monumentos en su memoria.

Es más, algunos miembros de su grupo, como Yotoku Miyagi, también fueron condecorados por su labor a favor de la URSS.

Curiosamente, Sorge, murió un año después de su esposa rusa. Ni siquiera supo que ella había sido encerrada en uno de esos campos de concentración de Siberia y que había fallecido, muy posiblemente,  a causa de debilidad.

En el año 2000 falleció Hanako Ishii, la esposa japonesa de Sorge. Sus restos fueron enterrados junto a él en el cementerio Tama de Tokyo.

 

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