ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 28 de agosto de 2018

EL CALVARIO DEL GENERAL LUIS CASTELLÓ


Hoy voy a dedicar este artículo a la vida de un prestigioso militar que sufrió muchísimo durante la Guerra Civil. De momento, no os cuento más para no estropearos la lectura.
Luis Castelló Pantoja, que así era cómo se llamaba, nació en 1881 en un pueblo llamado Guadalcanal, perteneciente a la provincia de Sevilla.
Parece ser que su padre, Leonardo, en su juventud, emigró a Filipinas, donde consiguió tener puestos de responsabilidad en la Administración Pública.
No sé si tendría algo que ver en ello su paisano, el famoso escritor D. Adelardo López de Ayala, que, en esos momentos, era el Ministro de Ultramar.
Es posible que algunos se pregunten por qué López de Ayala tiene dedicados una plaza y un teatro en Badajoz, si nació en un pueblo de Sevilla. La respuesta es que Guadalcanal siempre perteneció a Badajoz hasta 1833, cuando el ministro Javier de Burgos consiguió que se aprobara la organización actual de las provincias españolas.
Seguro que también os sonará el nombre de este pueblo por una terrorífica batalla que se dio durante la II Guerra Mundial, en una isla del mismo nombre, situada en el Océano Pacífico. No es una casualidad, sino que fue descubierta, en el siglo XVI, por un marino originario de este mismo pueblo.
Lo cierto es que Leonardo regresó a su pueblo, con una posición económica muy solvente, y allí se casó con una joven de la localidad. El matrimonio tendría dos hijos: Luis y Elena. Aparte de ello, Leonardo aportó a la familia otro hijo, llamado José, fruto de una anterior relación con una joven filipina.
Parece ser que el padre tenía el capricho de que sus hijos fueran militares. Con José no lo consiguió, pues ni siquiera quiso estudiar. En cambio, Luis, llegó a ingresar en la antigua Academia de Infantería, situada en Toledo, al igual que otros dos primos suyos.
Como ya he dicho, nuestro personaje, ingresó en 1899 en la Academia de Infantería de Toledo. Lo cierto es que ya tenía 18 años y me parece que, posiblemente, ya era un poco mayor para ello, porque, en esa época, lo normal, era ingresar con sólo 15 años.
También es posible que ello fuera debido a que, en 1898, se perdieron las últimas colonias de Ultramar (Cuba, Filipinas, Marinas, Guam, Puerto Rico, etc) y ya no hicieran falta tantos oficiales en el Ejército.
De hecho, creo que se cerró durante un tiempo la Escuela Naval militar a causa de la falta de naves operativas. Por esa misma razón, el propio Franco, no pudo ser marino, como ya lo eran su padre y su hermano mayor.
En aquella época, para ser oficial, sólo se necesitaba pasar tres cursos. No obstante, tanto la disciplina como la dureza eran extremas. Como ejemplo, todos los días tenían que levantarse a las 5 de la mañana y también tenían clases los domingos por la mañana. Creo recordar que los frailes no madrugan tanto.
En 1902, por fin sale graduado de la Academia y es destinado a un regimiento con sede en Sevilla. Parece ser que allí participó en varias maniobras y, desgraciadamente, su unidad también fue enviada en 1903, para combatir una de las muchas sublevaciones de los mineros de Río Tinto. Ya sabemos que en esa época era muy normal enviar tropas para reforzar la labor de las fuerzas policiales. Eso ocurría también en otros países, no sólo en España.
Afortunadamente, esa vez la represión no fue tan cruenta como la que se produjo en 1888, conocida popularmente como “El año de los tiros”, donde se cree que hubo cientos de muertos. De hecho, nunca se ha sabido con certeza la cantidad de víctimas, porque las autoridades prohibieron informar sobre ese hecho.

Posteriormente, es destinado a una unidad radicada en Tarifa (Cádiz). Allí le pilla el inicio de la Guerra de África y su unidad es una de las primeras destacadas en ese territorio.
Allí demostró, sin duda, su valor ante el enemigo a causa de frecuentes combates contra los rifeños. Esto le llevó a ser condecorado en diversas ocasiones.
En 1911, es ascendido a capitán y trasladado a un regimiento con base en Alcalá de Henares (Madrid).
Dos años después, parece ser que hubo mucho descontento en Marruecos por las cláusulas del tratado de paz, firmado entre España y los jefes de las cábilas o tribus rifeñas. Así que se sublevaron de nuevo. Por ese motivo, la unidad de Castelló, es trasladada a tierras africanas. Nuevamente, en varias ocasiones, se enfrenta a los sublevados y es condecorado por ello.
En 1915, consigue ser ascendido a comandante por méritos de guerra. Algo muy común entre los militares destinados en África. 
Posteriormente, vuelve a ser destinado al mismo regimiento en que comenzó su carrera militar, el cual seguía teniendo su base en Sevilla.
Allí conoce a una joven francesa, que posee una tienda de modas en esa ciudad, con la que, más adelante, se casaría. Concretamente, en 1921, cuando obtuvo el permiso del Ejército.
En 1917, se produce el fenómeno de las Juntas Militares, originado por el descontento entre los militares destinados en la Península y en África a causa de las grandes diferencias de sueldo entre esos dos colectivos.
Precisamente, Castelló, es elegido para representar a los militares de su zona ante la Junta de Infantería, reunida en Barcelona, presidida por el coronel Benito Márquez Martínez. Con ello, intentan presionar al Gobierno para que acceda a sus peticiones.
Parece ser que consiguieron que el Gobierno aprobara alguna de sus reivindicaciones. 
No obstante, ese cargo no debería de ser ningún regalo, pues, al año siguiente, el coronel Márquez, fue sometido a un tribunal de honor y expulsado del Ejército. Desconozco si eso tuvo que ver con su actuación en las Juntas.
Posteriormente, Castelló, es destinado a Madrid, ya con el grado de teniente coronel, y allí pasa a ser vocal de la nueva Junta, representando a la I Región Militar. Incluso, llega a entrevistarse, más de una vez, con el rey para hacerle llegar las peticiones de los militares. Parece ser que siempre tuvo una buena relación con Alfonso XIII.
En 1924, vuelven a producirse sucesos violentos en Marruecos y su unidad es enviada hacia allí. Tiene que enfrentarse varias veces al enemigo y nuestro personaje es ascendido a coronel. Allí se quedará destinado nuestro personaje, que llegará a ser comandante militar de Ceuta.
Un año después de la proclamación de la II República, Castelló es ascendido a general de brigada, destinado a Madrid y, posteriormente, nombrado subsecretario del Ministerio de la Guerra.
Os recuerdo que el ministro de la Guerra era también el presidente del Gobierno, o sea, D. Manuel Azaña.
Algunos autores llegan a afirmar que este nombramiento estaría fundado en que, presuntamente, Castelló, era miembro de la Masonería, igual que la mayoría de los diputados y los miembros del Gobierno.
Castelló, permaneció en ese puesto durante los siguientes tres años, hasta que fue cesado tras la llegada al Gobierno del líder de la CEDA, José M. Gil-Robles.

Precisamente, su estancia en ese puesto coincidió con varios sucesos de gran importancia histórica. Tales como la sublevación del general Sanjurjo, en 1932, o la llamada Revolución de Asturias, en 1934.
A finales de 1935, es destinado a Badajoz, en calidad de gobernador militar y jefe de la brigada, que tenía su base en esa ciudad.

Con motivo del fallido golpe del 18 de julio, que dio lugar a la Guerra Civil, fue nombrado por el general Miaja, ministro de la Guerra, jefe de la División Orgánica de Madrid. Curiosamente, dejó a su familia en su casa de Badajoz. Un error que le costó muy caro. Supongo que lo haría porque le parecería un lugar más tranquilo que Madrid.
Para su sorpresa, cuando llega a Madrid, en plena Guerra Civil, es nombrado nuevo ministro de la Guerra. Casualmente, nombró como asesor político al diputado socialista por Badajoz, Juan Simeón Vidarte, que, además, era pariente suyo.
Realmente, duró poco tiempo en ese puesto, pues vio que su poder era sólo nominal, ya que el efectivo lo detentaban un grupo de militares y jefes de milicias, que también trabajaban en ese Ministerio.
En algunas ocasiones, fue a visitar el frente, donde se dio cuenta de que allí imperaba una completa anarquía. Los milicianos no solían hacer caso a los oficiales y a más de uno lo fusilaron, acusándolo de estar en connivencia con el enemigo.
Fue todo un error, el haber dejado a su mujer y sus hijas en Badajoz, pues las tropas nacionales avanzaban hacia esa ciudad y no tenía ninguna noticia de ellas.
No obstante, llegó a enterarse de que su hermano José había sido asesinado en Guadalcanal, al igual que su primo Luis, uno de sus hijos y hasta su yerno. Todos ellos fueron asesinados por unos milicianos en su propia casa.

Supongo que esto fue lo que le provocó una honda depresión, la cual le hizo dimitir de su cargo. No me extraña que le ocurriera eso, porque la situación que se vivía en esos momentos en España era algo completamente incomprensible.
Como botón de muestra, cuando el embajador de Chile y decano del Cuerpo Diplomático, se dirigió a los jefes milicianos que asediaban el Alcázar de Toledo, mostrándoles un salvoconducto firmado por Largo Caballero, le contestaron:“Puede ser el señor Largo Caballero todo lo Presidente del Consejo y Ministro de la Guerra que usted quiera; pero aquí somos nosotros la única autoridad. Seguimos lo que nos dice Madrid cuando no se opone a lo que deseamos nosotros.
Posteriormente, Castelló, fue nombrado de nuevo jefe de la Primera División Orgánica, también con sede en Madrid.
A pesar de la cruenta toma y posterior represión en Badajoz, la mujer y las hijas, de 13 y 9 años, son recogidas por el teniente coronel Yagüe y el comandante Castejón, los cuales habían conquistado esa ciudad y eran muy amigos de Castelló desde sus tiempos en África.
Las llevaron a un lugar seguro de Sevilla y luego las retuvieron en un hotel, bajo vigilancia policial. Posteriormente, la Policía las ingresó en la Prisión Provincial de Sevilla, donde estuvieron unos 3 meses. 
Parece ser que Queipo se interesó por ellas y las sacó de la cárcel, llevándolas de nuevo a un hotel, donde residieron durante varios meses. Todo ello, sin conocimiento de Castelló.
Así que, no es de extrañar, que su estado mental empeorara dando lugar a su ingreso en un Psiquiátrico. De allí, tras realizar algunas gestiones, es enviado a la Embajada de Francia en Madrid y, a mediados de 1937, evacuado a ese país. Mientras tanto, el Gobierno republicano, le dio de baja en el Ejército.
Dado que esa noticia llega pronto a Sevilla, Queipo de Llano, libera a su mujer y sus hijas y las conduce bien escoltadas por uno de sus ayudantes hasta Francia.
Allí se reúne toda la familia. Desgraciadamente, a su mujer le detectaron un cáncer, que le provocará la muerte a finales de 1939.
Tras la ocupación alemana de Francia, Castelló es detenido por la Gestapo. Posteriormente, es trasladado a España en abril de 1942, siendo encarcelado en una prisión militar.
Un año después, comparece ante un Consejo de Guerra, el cual le condena a la pena de muerte. Sin embargo, la misma le es conmutada por Franco. Tres años después, sería indultado y puesto en libertad.
Mientras tanto, Castejón, se había hecho cargo del traslado y la estancia de sus hijas en una pensión de Madrid, durante el tiempo en que Castelló estuvo en prisión.
Más tarde, se reencontró con ellas y se dedicaron a intentar recuperar sus bienes, que habían sido incautados por el Gobierno franquista.
No sé si se recuperó bien de esa depresión. Lo cierto es que, afortunadamente, vivió hasta los 81 años, falleciendo en Madrid en 1962.
Todas las imágenes proceden de Google.es

martes, 21 de agosto de 2018

LA CHECA DEL CINEMA EUROPA, DE MADRID


En 1928, se construyó el Cinema Europa, que muy pronto sería uno de los mejores cines de Madrid. Estaba situado en la calle Bravo Murillo, 160, dentro del popular barrio de Cuatro Caminos y fue inaugurado en octubre de 1929.
Era un hermoso edificio de estilo modernista, aunque también, en su fachada, se pueden apreciar algunos detalles expresionistas.
Lo cierto es que sus propietarios no habían escatimado en cuanto a la instalación de avances técnicos y recursos para ofrecer una mayor comodidad a los espectadores. En su momento, se le calificó como el mejor cine de Madrid.
Parece ser que siempre tuvo mucho éxito. Casi siempre estaba lleno. Aparte de eso, a principios de los años 30, también alquilaban el local para realizar sesiones políticas en horario de mañana.
Eso provocó que, en varias ocasiones, tuviera que actuar la Policía para separar a los partidarios y simpatizantes de diferentes fuerzas políticas, que solían pelearse en las inmediaciones del edificio.
Curiosamente, ese fue el local donde, en febrero de 1936, se estrenó el famoso “Cara al Sol”, himno de la Falange Española, que se hizo muy famoso durante la guerra y, posteriormente, durante el franquismo.
No obstante, ese cine sirvió para reuniones de otros partidos de diferente signo político, como las Juventudes Socialistas. De hecho, por allí pasaron oradores tan dispares como José Antonio, Unamuno, Pasionaria, etc.
De hecho, en abril de 1936, el dirigente comunista José Díaz pronunció un discurso en el que, entre otras cosas, dijo lo siguiente: “Nosotros somos republicanos y nuestra finalidad es una república como la de la Unión Soviética”.
También pasó por allí el famoso dirigente socialista Largo Caballero, que llegaría ser presidente del Gobierno. Entre otras cosas, dijo: “Antes de la República, nuestro deber era traer la República, pero, establecido este régimen, nuestro deber es traer el socialismo”. Evidentemente, el PSOE de entonces estaba más escorado a la izquierda que el de ahora.
Este mismo político, en otro de sus discursos, llegó a decir: “…la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo y que, como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución.”
En otro mitin en el Cine Europa dijo lo siguiente: “…la transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas. Estamos hartos de ensayos de democracia”.
Otro botón de muestra, correspondiente a otro discurso del mismo orador: “…si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada”. Por si alguno albergaba alguna duda al respecto.
Al estallar la Guerra Civil, este local, como otros muchos de Madrid, fue ocupado por la CNT, con el fin de utilizarlo como cuartel para sus Milicias. También ocuparon, para ese mismo fin, el cercano Colegio Jaime Vera.
Felipe Sandoval quedó a cargo del grupo que tenía su sede en este edificio, que se convirtió en el Ateneo Libertario de Tetuán. Había nacido en 1886 en Madrid, en un barrio cercano a la

actual zona de Pirámides. Pasó su infancia en un orfanato. Posteriormente, trabajó como albañil, siendo también un antiguo pistolero de la FAI. Así que era muy conocido por la Policía. Incluso, también cometió varios atracos a Bancos. Su apodo era “Doctor Muñiz”.
En cierta ocasión, acaparó las portadas de los periódicos, pues había sido detenido y consiguió huir de la prisión, tras atacar y herir a un funcionario de la misma. Posteriormente, fue capturado y encarcelado de nuevo.
Curiosamente, al llegar el Frente Popular al Gobierno, se dio la orden de excarcelar a muchos presos comunes que fueran simpatizantes de los partidos que formaban ese grupo político. En el caso de Sandoval, debía ser tan peligroso que lo dejaron más tiempo en la cárcel, pensando si sería conveniente que saliera a la calle.
Así que, a su salida de la Cárcel Modelo, se dio la paradoja de que un peligroso delincuente se vio convertido en uno de los jefes de la Policía.
Parece ser que fue muy amigo de Juan García Oliver, un dirigente catalán de la CNT-FAI, al que conoció en 1926, durante el exilio de ambos en París. Éste también era muy conocido por la Policía por haber organizado un grupo de pistoleros, que se dedicaban a realizar atentados. Incluso, se dice que, en cierta ocasión, organizaron un atentado contra el rey Alfonso XIII.
Sin embargo, por ironías del destino, cuando el Gobierno republicano invitó a la CNT a entrar en el Consejo de Ministros, García Oliver, pasó a ser ministro de Justicia. Antes de eso, ya había sido consejero en el Gobierno de la Generalitat de Cataluña.
Por supuesto, nada más ocupar su nuevo puesto, su primera orden fue la de destruir todos los expedientes, donde figuraban los antecedentes penales. Por supuesto, entre ellos estaban también los suyos.
Volviendo al tema de hoy, a partir de entonces, se organizó en el sótano de ese lugar una de las checas más duras de todo Madrid. Eso ya es mucho decir, porque las otras más de doscientas que había en Madrid, habían puesto, en ese aspecto, el “listón” muy alto. Lo cierto es que esa checa fue una de las que más destacaron por su crueldad con los detenidos.
Hasta llegaron a torturar y matar a varios comunistas, que, aunque lucharan en el mismo bando, siempre se habían llevado muy mal con los anarquistas. Lógicamente, los comunistas, hicieron lo mismo con los anarquistas.
Incluso, las propias milicias, hacían prácticas de tiro en un solar vacío, situado detrás de ese edificio.
Supongo que todos sabréis que el fenómeno de las infames checas se dio en varias ciudades españolas y estuvieron funcionando entre julio y noviembre de 1936, cuando el Gobierno republicano y, especialmente, la Junta de Defensa de Madrid, ordenó que se fueran cerrando. Parece ser que
uno de los firmantes de ese Decreto fue Santiago Carrillo.
Precisamente, en ese mismo barrio, al comienzo de la guerra, se constituyó el famoso Quinto Regimiento de milicias. Formado mayoritariamente por comunistas, cuya sede estuvo en una iglesia de los Salesianos, situada en la calle Francos Rodríguez, 5. Fue el primer grupo organizado de milicias, que se formó para luchar en el frente.
Desgraciadamente, Madrid también fue la primera gran ciudad que fue bombardeada en muchas ocasiones utilizando la Aviación y también la Artillería. Sobre todo, contra blancos civiles, con el fin de atemorizar a la población.
En cambio, parece ser que, en Barcelona, los primeros objetivos de los milicianos de la CNT fueron los pistoleros a sueldo de la patronal, con los que habían mantenido frecuentes tiroteos durante los años anteriores a la Guerra Civil.
Hasta los mismos agentes soviéticos del NKVD, antecesora del KGB, se movieron por la España republicana como peces en el agua y tuvieron sus propias cárceles secretas, donde torturaron y mataron a líderes comunistas manifiestamente anti-estalinistas, como Andreu Nin, líder del POUM, al que ya dediqué otro de mis artículos.
A Sandoval también se le achaca ser el máximo responsable de un infame ataque a la Cárcel Modelo de Madrid. Parece ser que los miembros de su grupo tomaron posiciones en el tejado de ese edificio. Después, provocaron un incendio en el interior de ese centro y obligaron a los presos a salir al patio. Una vez allí, los ametrallaron sin piedad, provocando la muerte de muchos de ellos.
Posteriormente, se dedicaron a registrar los archivos de la cárcel, donde se hallaban recluidos unos 5.000 presos, con el fin de elegir a una serie de ellos para fusilarlos, sin juicio previo ni nada por el estilo. Incluso, se personaron por allí varias autoridades republicanas y no hicieron nada por evitarlo.
Entre los asesinados estaban el conocido político republicado Melquíades Álvarez; Martínez de Velasco, jefe del Partido Agrario; Julio Ruiz de Alda, piloto militar y uno de los fundadores de la Falange; Fernando Primo de Rivera, médico militar y hermano de José Antonio; el político Manuel Rico Avelló; el político y ex ministro republicano Ramón Álvarez Valdés; José María Albiñana, médico y político; el general Capaz, primer militar que ocupó el territorio de Ifni. Incluso, asesinaron a Enrique Matorras, un falangista, que antes había pertenecido al PCE y que había escrito un libro sobre su antiguo partido.
Además, el propio Sandoval, que había estado preso en varias cárceles, mató a varios funcionarios de prisiones, que había conocido anteriormente.
Parece ser que, en 1919, intentó escapar de una cárcel de Barcelona. Tras ser capturado de nuevo, recibió una gran paliza que le desfiguró para siempre el rostro. No sé si esos funcionarios estarían relacionados con ese suceso o fue una simple venganza. Ese fue el sentimiento que guió toda su vida.
Por supuesto, no se cortaron un pelo a la hora de atacar sedes diplomáticas de otros países, donde sabían que se habían refugiado muchos españoles y extranjeros amenazados por los milicianos.
La situación se tornó tan violenta que hasta se dio el caso de que unos guardias civiles que vigilaban el exterior de una de esas embajadas, pidieron asilo al embajador para ellos y sus familias. Así también pasaron a ser refugiados.
Incluso, se dio el caso de que, en cierta ocasión, el médico de la Cárcel Modelo de Madrid, viajaba dentro de un vehículo perfectamente identificado como perteneciente a la Embajada de Noruega. No obstante, Sandoval y su banda, lo pararon. Obligaron al médico a salir de ese vehículo y lo asesinaron allí mismo. En plena calle y a la vista de todo el mundo.
Incluso, algunos autores refieren el bombardeo de la Embajada Británica en Madrid, por parte de un avión republicano. No se sabe si lo hicieron como protesta por la inacción del Comité de No Intervención, presidido por los británicos. Afortunadamente, ese bombardeo no ocasionó ninguna víctima y tampoco tuvo ninguna repercusión diplomática.
Es más, supongo que, para coaccionar a los responsables diplomáticos extranjeros, en cierta ocasión, secuestraron a las tres hermanas del cónsul de Uruguay. Al día siguiente, los cadáveres de las tres jóvenes aparecieron tirados en una cuneta con signos claros de haber sido violadas y asesinadas. Consecuentemente, ese país suspendió sus relaciones diplomáticas con la II República.
A partir de diciembre de 1936, con motivo de la desaparición de las infames checas, Sandoval, pasó a ser un miembro del SIM con el encargo de atrapar a los llamados “quintacolumnistas”. Es decir, gente partidaria del bando nacional, que se había quedado en la zona republicana y que se dedicaban al espionaje o a realizar actos de sabotaje.
Por lo que se ve, como tantos miles de republicanos, intentó la huida por los puertos de Valencia o Alicante. Esta vez tuvo menos suerte, porque los barcos esperados nunca llegaron.
Parece ser que allí se vivieron momentos de pánico y desesperación y varios de los allí reunidos optaron por suicidarse, antes de caer en manos de los franquistas.
Los que permanecieron vivos fueron conducidos hasta la Plaza de Toros de Alicante. Allí estuvieron varios días encerrados hasta que los franquistas hicieron una selección con 101 presos, que consideraban más peligrosos, y fueron conducidos en camiones hacia Madrid.
A mediados de junio, llegaron a Madrid. Por lo visto, allí fueron llevados a una antigua comisaría de Policía, situada en la calle Almagro, 36, donde fueron interrogados. No les valió de mucho haberse deshecho de su documentación, porque, muchos de ellos, eran gente muy conocida por la Policía.
Parece ser que, tras sufrir torturas, delató a varios de sus compañeros. Podría ser eso lo que, presuntamente, le llevó a lanzarse por una ventana de esa comisaría. Lo que le provocó la muerte.
Incluso, algunos autores afirman que, a este hombre, al que siempre le gustaba vestir de negro, no le quedaba mucho de vida a causa de que estaba muy enfermo de tuberculosis.
Junto a Sandoval, también estuvo en esa misma checa otro famoso delincuente. Su nombre era Santiago Aliques Bermúdez. Tras el comienzo de la guerra fue liberado de la cárcel donde cumplía una pena por varios delitos.
Fue el encargado del infame “Grupo de Defensa”, que se encargó de organizar matanzas por todo Madrid. También estuvo implicado en la mencionada matanza de la Cárcel Modelo y en fusilamientos en el Cementerio de Aravaca. Posteriormente, estuvo en el frente como comisario de guerra. Tras el fin de la contienda, fue apresado, juzgado y ejecutado.
En la posguerra, el edificio del Cinema Europa, volvió a retomar su función como sala de cine, tras unas reformas para solucionar unos desperfectos ocasionados por el paso de la guerra.
Desgraciadamente, el cine tuvo que cerrar a finales de la década de los 80. Sin embargo, esta vez hubo suerte, porque, aunque los propietarios estaban empeñados en demoler el edificio para construir viviendas, el Ayuntamiento de Madrid, no lo permitió.
Así que a mediados de la década de los 90 se interesó por él un conocido empresario. Sin embargo, ya no volvería a ser una sala de cine, sino una gran tienda destinada a la exposición y venta de elementos para saneamientos, o sea, para el baño. Gracias a ello, el edificio se ha conservado de la forma más fiel posible a la que tenía en el momento en el que fue inaugurado.
Aunque parezca mentira, el Ayuntamiento de Madrid, encargó un estudio para recabar los nombres de todos los ejecutados en el Cementerio de la Almudena para realizar una placa donde figuraran todos sus nombres, como señal de homenaje a los mismos.
Lo curioso es que no se han parado para enterarse por qué fueron condenados a muerte y ejecutados. Así que van a mezclar en esa lista los nombres de personas que fueron injustamente ejecutadas, junto a las de otras que se comportaron como auténticos criminales.
Me da la impresión de que siguen pensando que en la Guerra Civil todo fue blanco o negro. En cambio, se podría decir que hubo muchos tonos de grises.
Curiosamente, aunque se ha indemnizado a muchos de los que permanecieron presos en las cárceles franquistas, creo que nunca se ha hecho lo mismo con los que sufrieron en las cárceles y checas republicanas.
El mismo Melchor Rodríguez, al que ya dediqué otro de mis artículos, fue un ejemplo de lo que digo. Siempre presumió de su militancia en la CNT. No obstante, cuando fue nombrado Director General de Prisiones, no consintió que se produjeran sacas de presos para asesinarlos. En algunas ocasiones, tuvo que ir personalmente a la Cárcel Modelo o a la de Alcalá de Henares a encararse con esos milicianos, los cuales le estaban apuntando con sus armas. Hay que tener mucho valor para hacer eso. Sin embargo, él siempre consiguió su objetivo. Su lema era: "Se puede morir por las ideas, pero no matar por ellas".
En la posguerra, fue procesado, como otros muchos líderes del bando republicano. De hecho, fue el último alcalde del Madrid republicano. En su juicio se personaron muchas personas a quienes había salvado la vida. Gracias a ello, le impusieron una pena mínima, que le permitió salir a la calle enseguida.
En 1972, se dio todo un ejemplo de concordia, pues en febrero de ese año tuvo lugar su fallecimiento. A su entierro, acudieron tanto anarquistas como falangistas. Se llegó a rezar y a cantar el himno anarquista, en plena época de Franco, y su féretro fue envuelto en la bandera de la CNT. Aunque muchos de los presentes habían sido enemigos durante la Guerra Civil, no ocurrió absolutamente nada.
Hoy en día, sería bueno que mucha gente tomara ejemplo y no se inventara unos problemas que ya no existen en la sociedad española.



































lunes, 6 de agosto de 2018

STALIN Y LOS JUDÍOS


A estas alturas, seguro que todos sabemos que Stalin fue uno de los dirigentes políticos más tiránicos y uno de los mayores criminales del mundo. Sin embargo, se conoce muy poco sobre su política hacia el colectivo judío. Así que voy a intentar sintetizarla a lo largo de este artículo.
Stalin, cuyo nombre real fue Iosif Vissarionovich Dzhugashvili, ni siquiera era ruso, sino que nació en una pequeña ciudad de la actual Georgia, que entonces pertenecía al Imperio zarista.
Sus padres fueron Vissarion y Yekaterina. Ella había trabajado como sirvienta en la casa de un comerciante local llamado Yakov Egnatashvili, de origen judío.
Este personaje fue muy importante en la vida de su familia, pues fue el padrino de boda de sus padres y también apadrinó a sus dos hermanos mayores, los cuales murieron durante la infancia.
Incluso, más tarde, pagó los estudios de Stalin y fue una especie de padre adoptivo para él. 
En cambio, su padre, había caído en una honda depresión y se pasaba el día borracho.
Es más, por una vez vamos a entrar en el terreno de la rumorología. Parece ser que en su pueblo se rumoreaba que el verdadero padre de Stalin era Yakov. Evidentemente, eso nunca se pudo demostrar.
Así que, no es de extrañar que, en 1907, al nacer el primer hijo de Stalin, le pusiera un nombre tan llamativamente judío como Yakov. Algo muy extraño y peligroso en el Imperio Ruso, donde, por aquel entonces, el régimen zarista perseguía abiertamente a los judíos.
Así que, como los zares reprimían a los judíos rusos,  no es de extrañar que la mayoría de los altos dirigentes del PCUS fueran judíos.
Por citar a algunos, tenemos a Trotsky, Sverdlov, Zinoviev, Kamenev, etc. 
De hecho, durante la Guerra Civil Rusa, el Ejército Blanco, se dedicó a destruir todas las sinagogas, pues consideraban que todos los judíos eran bolcheviques.
Sin embargo, la postura oficial del Kremlin fue la de integrar a los judíos a cambio de que abandonaran sus prácticas religiosas a fin de crear una sociedad totalmente laica.

Por otra parte, el nuevo régimen, combatió explícitamente el antisemitismo en todas las capas de la nueva sociedad soviética. Es más, llegaron a condenar a muerte a los antisemitas más conocidos.
Por esa razón, las sinagogas fueron clausuradas, al igual que todos los templos católicos y ortodoxos de todo el territorio de la URSS.
En 1942, en plena II Guerra Mundial, fue creado el Comité Judío Antifascista. Muy posiblemente, con el apoyo de las autoridades de la URSS.
El presidente de esta asociación fue un conocido actor y director, de origen judío, llamado Solomón Mijoels. Nacido en Letonia, territorio situado dentro del Imperio zarista.
Parece ser que el objetivo de este Comité era hacer una labor publicitaria a favor de la URSS, pidiendo apoyo internacional para contrarrestar la invasión alemana, que estaba sufriendo su país, en ese momento.
Los principales miembros de este Comité hicieron una gira por varios países, entre ellos, los propios USA. 
Algo extraño, porque, como todos sabemos, era muy raro que el régimen dejara salir a alguien de la URSS y menos durante varios meses y con todos los gastos pagados.
Parece ser que fueron muy bien recibidos en USA, donde les esperaba un comité de recepción presidido nada menos que por Albert Einstein. Posteriormente, fueron saludados por otros personajes conocidos, como Charlie Chaplin y Marc Chagall. 
Parece ser que en uno de sus actos llegaron a reunir unas 50.000 personas.
Evidentemente, intentaban mostrar la cara amable del régimen y, sobre todo, la ausencia de antisemitismo en la URSS. Supongo que sería una forma de aflojar los bolsillos de los grandes magnates judíos de USA.
De esa manera, consiguieron recaudar para su país varios millones de dólares. Aparte de material médico, fármacos, ambulancias, etc.
Supongo que, como agradecimiento a Stalin por haberles dejado salir de su país, en varias ocasiones, pidieron a los dirigentes políticos occidentales que abrieran cuanto antes un segundo frente en Occidente a fin de aliviar la presión a que estaba sometido el Ejército Rojo ante la furiosa embestida de las tropas alemanas.

También dejaron caer que sería bueno que USA entrara en la guerra, algo que no era nada popular en ese país. Por supuesto, ninguno de ellos mencionó que la URSS había iniciado la guerra invadiendo Polonia, como aliada de Hitler.
No olvidemos que, hasta el comienzo de la II Guerra Mundial, la URSS era una especie de “apestada” para el Mundo Occidental. Era la cuna del comunismo, desde el que controlaban los movimientos revolucionarios de todo el mundo, habían  asesinado a los zares y, sobre todo, no habían devuelto los miles de millones de dólares a la gente de estos países, que habían invertido su dinero en el desarrollo del Imperio Ruso. Lo que se conoció popularmente como los Bonos Rusos.
Por si alguno lo ignora, ni siquiera el Gobierno de la II República Española había mantenido relaciones diplomáticas con la URSS y sólo se establecieron estas relaciones al inicio la Guerra Civil Española.
La cosa cambió mucho durante la posguerra mundial. Por un lado, el Comité se dedicó a investigar sobre el Holocausto contra los judíos, realizado por los nazis. 
Los conocidos escritores Ilya Ehrenburg y Vasily Grossman redactaron el llamado “Libro negro de los judíos soviéticos”.

Evidentemente, las autoridades soviéticas nunca autorizaron la publicación de esa obra, pues ellos querían que se refirieran a la crueldad de los nazis contra todos los ciudadanos soviéticos y no sólo contra los judíos. 
Así que fue tachada como antisoviética y hasta 2014 esta obra no fue publicada en Rusia.
Sin embargo, esta vez, la conexión entre los judíos de la URSS y del mundo occidental, necesaria para realizar esta investigación, fue vista con malos ojos desde Moscú y volvió el sentimiento antisemita, que siempre había estado insertado en la cultura popular rusa.
Como todos sabemos, tras la II Guerra Mundial, empezó la llamada Guerra Fría. Así que, en el Kremlin, no les gustaba que esta gente mantuviera esos lazos tan estrechos con personas de más allá del infame Telón de Acero.
En aquella época, se volvió a calificar en la URSS, a los judíos, como “cosmopolitas desarraigados”. Era una especie de insulto, que venía a decir que eran unas personas que no eran leales a ninguna patria. Algo parecido a lo que se ha llamado “la Conspiración Judía Mundial”.
Así que, a pesar de que los miembros de ese Comité habían apoyado firmemente al régimen de la URSS, todos fueron detenidos y cerrados sus teatros y centros de reunión. La verdad es que se podría decir que le salvaron el culo a Stalin y así se los pagó.
Parece ser que no se atrevieron a juzgar en público a Mijoels, porque, seguramente, podría decir cosas que no le interesaban a Stalin.
Así que, según algunos autores, en 1948, fue detenido junto con otro amigo suyo, que era crítico teatral. Parece ser que, entre otras cosas, se les acusó de cooperar con los servicios secretos de USA. Ambos fueron llevados a una de esas casas de campo que hay en Rusia, llamadas “dachas”, donde fueron interrogados y asesinados.
Posteriormente, trasladaron sus cadáveres hasta la ciudad de Minsk, capital de la actual Bielorrusia, donde dejaron tirados sus cuerpos en medio de una cercana carretera y les pasaron con un camión por encima. De esa forma, hicieron ver que se había tratado de un simple accidente de tráfico y, para mayor hipocresía, enterraron a Mijoels con un funeral de Estado. Su cuerpo fue enterrado en el Cementerio de Novi Don.
Parece ser que, en 1953, tras la muerte de Stalin, el nuevo gobierno de la URSS, realizó una investigación, donde se demostró que, por órdenes directas de Stalin, unos agentes del MGB, detuvieron a estas dos personas para luego asesinarlas y, posteriormente, hacer ver que todo había sido un accidente de tráfico. A pesar de ello, sus asesinos nunca fueron castigados.
Es más, se dio la orden de que todas las obras publicadas por Mijoels volvieran a las bibliotecas públicas. En cambio, su teatro nunca volvió a abrir sus puertas.
Los demás de los miembros del Comité fueron detenidos, torturados y casi todos ellos fueron asesinados en la infame prisión de la Lubyanka. Curiosamente, en esa misma época, la URSS, estaba apoyando la creación del nuevo Estado de Israel en suelo de Palestina. De hecho, la URSS, fue el primer país que reconoció al Estado de Israel. Supongo que pensarían que podrían influir en ese país, pues muchos judíos pertenecían o habían pertenecido a partidos de izquierdas. Evidentemente, se equivocaron.
Incluso, les enviaron armas de contrabando, durante la primera guerra árabe-israelí. Paradójicamente, la URSS, les hizo llegar, a través de la antigua Checoslovaquia, miles de armas confiscadas al Ejército alemán, durante la II Guerra Mundial. O sea, que los judíos combatieron a los árabes con armas fabricadas por los nazis.
La primera embajadora de Israel en la URSS fue la famosa dirigente Golda Meir, que, posteriormente, llegaría a ser primera ministra de su país. En aquel momento, la comunidad judía de la URSS, vivía con esperanza el nacimiento de ese nuevo Estado y tomaba conciencia de una cierta identidad nacional, que no tenía mucho que ver con la URSS. Aparte de que en el Kremlin ya se habían dado cuenta de que Israel había decidido ser aliado de USA.
Parece ser que una de las razones de este cambio de alianzas vino tras una petición de la embajadora Meir para que el Gobierno soviético dejara que los judíos de la URSS y los demás países del Bloque Comunista, pudieran emigrar libremente al nuevo Estado de Israel.
Evidentemente, le respondieron con un rotundo no, alegando que “los judíos vivían muy felices en la URSS y no necesitaban ninguna Tierra Prometida”.
También, por la misma época, Stalin, meditó la posibilidad de dar una cierta autonomía a los judíos, pero no tanta como le pidió el asesinado Mijoels, el cual tanteó la posibilidad de crear una especie de comunidad autónoma judía en Crimea. Una de las zonas más prósperas de la URSS.
Parece ser que se corrió la voz de que los judíos querían vivir en Crimea para facilitar un futuro desembarco de tropas de USA y así derrotar fácilmente a la URSS. 
Lo cierto es que, según dicen los expertos militares,  es el camino más sencillo para llegar hasta Moscú.
Por supuesto, Stalin, no se planteó en ningún momento dejar salir a los judíos de su país para que emigraran al nuevo Estado de Israel. Es más, intentó que los judíos de Europa se trasladaran a la URSS para habitar esa futura “comunidad autónoma”, pero fracasó estrepitosamente.
Así que, desde 1950, la URSS, se dio cuenta que, aunque había muchos comunistas entre los judíos, el nuevo Estado de Israel, había optado por aliarse con USA.
Por ese motivo, desde Moscú, empezaron a apoyar a los países árabes, que rodeaban a ese nuevo Estado, que, curiosamente, siempre se habían mostrado probritánicos.
También cambió mucho la política interna hacia los judíos. De hecho, se vio muy notoriamente, en los medios de comunicación, que se volvía, oficialmente, al tradicional antisemitismo ruso.
Parece ser que, por eso mismo, en el Kremlin se inventaron que ciertos intelectuales judíos se dedicaban a ridiculizar a los
héroes rusos y, sobre todo, a los soviéticos. Así que se ampararon en esa burda excusa para detener a un grupo de 15 escritores y editores de origen judío.
En 1952, fueron sometidos a una cosa que llamaron “juicio”. Donde no había ni fiscales, ni abogados defensores, solamente un tribunal compuesto por varios jueces militares. 
Al final, todos fueron condenados a muerte y ejecutados, menos una joven científica y otro de los acusados que murió durante el juicio.
Volviendo atrás, en 1950, un comisario de Policía con muchas ganas de ascender hizo llegar al propio ministro del Interior un escrito donde explicaba que había una “trama de los doctores”, que estaba tratando de manera negligente a los líderes políticos soviéticos para que murieran.
Parece ser que esto ocurrió tras la muerte de dos dirigentes soviéticos, que habían sido tratados por un cardiólogo ya anciano y de origen judío, llamado Yakov Etinger, que tenía fama de ser el médico más prestigioso del país.
Este doctor fue detenido e interrogado de una forma brutal por este agente, hasta que murió en el curso de una de esas infames sesiones.
Parece ser que, como el ministro no le hizo caso, envió otro escrito al propio Stalin. No hará falta decir que esto le vino muy bien al líder soviético. De hecho, ascendió a ese agente y expulsó al ministro de su Gobierno. Éste fue, posteriormente, detenido y ejecutado.
Por lo visto, el verdadero motivo por el que Stalin se aprovechó de este presunto complot es que pretendía eliminar a Beria, el jefe de la Policía y del NKVD (después llamado KGB), porque pensaba que estaba tramando una conjura contra él. 
Así que, si se inventaba un complot que no hubiera sido detectado por Beria, podría cesarlo por su supuesta negligencia en ese caso.
Algo que nos puede parecer muy diabólico, pero que era de lo más más normal en una personalidad trastornada como la de Stalin.
Lo que no se sabe aún es si la denuncia partió, por propia iniciativa, de ese comisario o fue animado desde las más altas instancias de la nación, porque el denunciante no parecía tener muchas luces y sólo destacaba por su crueldad en los interrogatorios.
En 1952, Stalin pronunció un discurso, en el que dijo varias frases como: “Todo sionista es un agente del espionaje de Estados Unidos”. “Los nacionalistas judíos piensan que su nación fue salvada por los Estados Unidos.” “Los judíos piensan que tienen una deuda con Estados Unidos. Entre los médicos hay numerosos sionistas”.
Este discurso sirvió para poner en marcha la propaganda del régimen soviético contra los judíos. En enero de 1953, se publicó un artículo en el diario Pravda, titulado “Bajo la máscara de médicos universitarios hay espías asesinos y criminales”.
Más tarde, la campaña oficial de antisemitismo se amplió a casi todos los países del antiguo Bloque Comunista de la Europa Oriental.
Por ejemplo, en la antigua Checoslovaquia, dio lugar a los llamados “Juicios de Praga”, por los que se procesó a 14 dirigentes del PC de ese país. De ellos, 11 eran de origen judío.
Precisamente, fueron esas 11 personas las que acabaron condenadas a muerte y ejecutadas, mientras que los otros tres fueron condenados a cadena perpetua.
La situación se fue agravando, porque, en febrero de ese mismo año, explotó una bomba en el interior de la Embajada Soviética en Israel y, como represalia, el Gobierno soviético, cortó sus relaciones con ese país y detuvo a la hermana del presidente de Israel, María Weizmann, que vivía en la URSS. 
No obstante, los médicos tuvieron mucha suerte, porque su proceso fue muy lento, ya que los investigadores no encontraron unas pruebas claras contra ellos. Algo que disgustó mucho al propio Stalin, que dio instrucciones para que se aceleraran esas investigaciones.
Afortunadamente, Stalin falleció de repente el 05/03/1953 y los nuevos líderes soviéticos dieron las órdenes oportunas para que todos esos procesados fueran, inmediatamente, puestos en libertad.
En 1956, el nuevo líder soviético, Kruschov, pronunció un discurso ante el XXV Congreso del PCUS, en el que afirmó que este complot era inexistente y fue urdido por Stalin para hacer una de sus acostumbradas purgas. Sólo que esta vez no tuvo tiempo de realizarla.
También, en ese mismo acto, informó de que Stalin había dado las órdenes oportunas para construir una serie de campos de concentración en Siberia a donde pensaba enviar a todos los judíos residentes en la URSS. Al igual que ya había hecho con otras minorías étnicas.
Afortunadamente, aunque esos preparativos se hallaban ya muy avanzados, nunca se llevó a cabo esa deportación de judíos.

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