ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 5 de diciembre de 2017

EDGAR ALLAN POE, UN HOMBRE ADELANTADO A SU TIEMPO

Estoy seguro que casi todo el mundo habrá leído alguna de las obras de este autor, pero es muy probable que no conozcáis muchos de los datos de su extraña biografía. Así que vamos a intentar descubrirlas en este artículo.
Nacido como Edgar Poe, en enero de 1809, en la ciudad de Boston (Massachusetts, USA). Sus padres fueron unos modestos actores de una compañía de teatro itinerante. Parece ser que ambos eran originarios de Irlanda. Edgar fue el segundo hijo de los tres que hubo en este matrimonio.
Desgraciadamente, los chicos tuvieron una infancia muy triste. Su padre abandonó pronto a la familia y su madre murió en 1811, con sólo 24 años, posiblemente, a causa de una epidemia de tuberculosis.
Parece ser que los tres niños se hallaban junto a su madre cuando murió. El mayor de ellos, Henry, que también se dedicó, posteriormente, a la Literatura, relató en uno de sus escritos la enfermedad y la muerte de su madre.

Incluso, comentó que, según la costumbre de la época, a la difunta la cortaron un mechón de pelo y se lo dieron a sus hijos para que recordaran a su madre.
Al quedarse huérfanos, los tres hermanos fueron separados, Henry, el mayor, fue a residir con sus abuelos en Baltimore. Sin embargo, Edgar, fue acogido por la familia Allan y Rosalie por la familia Mackenzie, ambas domiciliadas en Richmond, Virginia que, según parece, eran amigos y vivían en el mismo barrio.
Seguramente, os sonará esta última ciudad por haber sido la capital de los Estados
Confederados, durante la Guerra Civil en USA.
No obstante, a pesar de vivir en ciudades diferentes, parece ser que los tres hermanos se escribían periódicamente e, incluso, el mayor, visitó en alguna ocasión a los otros dos.
No está muy claro si el hermano mayor influyó en la forma de escribir de Edgar, pues ambos se dedicaron a la Literatura. Aunque no se tiene certeza si alguno de los escritos publicados en la prensa con el nombre de Henry, el hermano mayor, realmente, muchos de ellos los había escrito Edgar y se los había enviado por correo.
También afirman algunos especialistas en la obra de nuestro personaje que Edgar se inspiró en la vida de su hermano mayor para escribir algunos de sus relatos. Sobre todo, porque Henry fue marinero durante varios años y le contaba sus experiencias a su hermano.
Existen muchas coincidencias en la vida de ambos hermanos. Ambos fueron muy aficionados a la bebida. Así que ambos murieron a una edad temprana. En el caso de Henry, su fallecimiento se produjo con sólo 24 años y se cree que fue a causa de una tuberculosis. Incluso, ambos fueron enterrados en el mismo cementerio de Baltimore, con bastantes años de diferencia.
Volviendo a los años de infancia de nuestro personaje, se sabe que fue adoptado de manera informal por la familia Allan, unos comerciantes originarios de Escocia. De ellos tomó él su primer apellido.
En 1815, se trasladó al Reino Unido con su nueva familia. Allí estudió en varios colegios, hasta 1820, año en que regresaron todos a Richmond. Parece ser que su padrastro acababa de recibir una cuantiosa herencia procedente de un familiar, que había fallecido recientemente.
En 1826, Edgar, fue a estudiar Filología en la Universidad de Virginia, en Charlottesville. Sólo duró allí un año a causa de sus deudas de juego y la negativa de su padrastro a enviarle más fondos. Así que regresó a Richmond, donde no fue muy bien acogido por su familia.
Parece ser que nunca se llevó muy bien con su padrastro, que era un hombre muy autoritario. En cambio, su madrastra siempre lo mimó demasiado, porque no podía tener hijos. Una de las cosas que Edgar siempre le reprochó a su padrastro fueron sus relaciones extraconyugales.
Posteriormente,  se trasladó a Boston, donde encontró trabajo como administrativo y donde empezó su carrera literaria, enviando pequeños relatos a los periódicos locales. Es posible que fuera su hermano Henry el que le buscara ese trabajo, pues también vivía en Boston. Aunque murió pocos años después.
Allí fue donde empezó a pensar en dedicarse a la Literatura. Escribió un pequeño libro de poemas e invirtió sus ahorros en la publicación del mismo. Desgraciadamente, no tuvo mucha suerte y la aventura le dejó arruinado.
Posteriormente,  se alistó en el Ejército, aun siendo menor de edad y bajo el nombre de Edgar A. Perry. Parece ser que dijo tener 22 años, cuando sólo tenía 18. No se le dio mal, porque en poco tiempo ascendió hasta sargento mayor de Artillería. La máxima graduación de un suboficial.
El problema es que él había firmado un contrato por 5 años con el Ejército y ya estaba deseando irse cuando sólo llevaba allí dos años. Así que habló con su superior y le contó la verdad acerca de su edad y de su relación con su familia de adopción. Éste puso como condición, para dejar que se licenciara, que deberían de mejorar sus relaciones con su padrastro.
Parece ser que luego se reconciliaron, tras la muerte de la esposa de Allan,  y su padrastro aceptó que se licenciara con la condición de que estudiara en la prestigiosa academia militar de West Point, donde ingresó en julio de 1830.
Sin embargo, las relaciones con su padrastro volvieron a empeorar, tras la segunda boda de éste, pues su nueva madrastra se enemistó con Edgar.

El gran problema de nuestro personaje es que siempre estuvo muy falto de dinero y las deudas le persiguieron durante toda su vida. Lo cierto es que siempre fue un gran trabajador. Desgraciadamente, había decidido dedicarse a
un trabajo que, incluso, hoy en día, sigue estando muy mal pagado.
Parece ser que él había firmado un contrato con el Ejército, que le impedía abandonar su puesto como sargento para ir a West Point. Así que contrató a otro muchacho para que le sustituyera en su puesto, durante el tiempo que le restaba de servicio. El problema es que hubo un momento en que dejó de pagarle y el otro se dirigió a su padrastro, exigiéndole el pago de la deuda de Edgar.
Por otra parte, como Edgar era aún menor de edad, necesitaba el permiso de su padre para abandonar West Point. Parece ser que Edgar empezó sus estudios con muy buenas notas, pero la cosa fue empeorando al enterarse de que su padrastro le podría desheredar, al haber dejado embarazada a su nueva esposa. Aparte de que hacía tiempo que le había dejado de enviar dinero. Así que eso le desmoralizó y se le quitaron las ganas de ser militar. Le dijo a Allan que ya no tenía ni el dinero, ni la energía para quedarse allí.
Como no le hizo caso,  no se le ocurrió otra cosa que mostrarse, reiteradamente, indisciplinado, llegando con retraso a las formaciones o, incluso, no presentándose a algunas de ellas. Motivo por el cual se le hizo un consejo de guerra, que dictó su expulsión de la Academia en febrero de 1831.
Parece ser que no se llevaba tan mal con sus compañeros cadetes. Les pidió  0,75 dólares a cada uno de sus 130 compañeros y con esa suma consiguió editar su siguiente libro de poemas en Nueva York, dedicando la publicación a sus compañeros de armas. Parece ser que allí había sido muy popular escribiendo poemas satíricos sobre los profesores de la Academia.
No obstante, siguió escribiendo a Allan en busca de ayuda, pero éste siempre se la negó. Al morir, en 1834, no le dejó nada en herencia a Edgar.
Esta vez, nuestro personaje, se había decidido por intentar vivir de la Literatura. El problema es que en ese momento no se respetaban los derechos de autor. Por otra parte, le pilló la crisis de 1837. Así que muchos editores se retrasaron mucho a la hora de pagar a los autores.
En 1833, llegó a obtener un premio otorgado por un periódico de Baltimore,  por su célebre “Manuscrito encontrado en una botella”. Posteriormente, fue contratado por una publicación de Richmond, como asesor literario de la misma, pero le duró muy poco ese trabajo, aunque, más tarde, fue readmitido y trabajó allí un par de años más.
En 1836, se casó con su prima Virginia Clemm. Le doblaba en edad, pues él ya tenía 26 años, mientras que ella sólo tenía 13. Por ello, falsificaron su edad para poder casarse.
Durante los siguientes años, se dedicó a publicar artículos, relatos, reseñas y críticas literarias en varios periódicos de la costa este de USA. Incluso, en 1840, intentó editar su propio periódico al que llamaría The Stylus, pero le fue imposible hacerlo.
Posteriormente, intentó conseguir un puesto en la aduana de Filadelfia, gracias a su amistad  con uno de los hijos del presidente Tyler. Incluso, llegó a afiliarse al Partido Liberal, del que formaba parte el presidente. Desgraciadamente, tampoco tuvo suerte y no consiguió su objetivo.
Para colmo de los males, en enero de 1842, su esposa, Virginia, dio muestras de poder estar afectada por la tuberculosis, al sufrir una hemorragia en la garganta.
Esto ya era demasiado para Edgar. A causa de esa enfermedad, ya había perdido a su madre y a su hermano mayor. Así que, debido a esta preocupación, cayó en una depresión y aumentó su consumo de alcohol.
Volvió a Nueva York, donde intentó probar éxito comprando el Broadway Journal, aunque también colaboró en el Evening Mirror. Precisamente, en este último, publicó, en 1845, su famoso poema “El cuervo”.
Tampoco tuvo mucho éxito, le pagaron muy poco por ese poema e, incluso, su periódico quebró. Después de eso, el matrimonio se trasladó a una modesta casa en el actual barrio del Bronx. Allí fue donde murió su esposa en 1847.
Tras esta cadena de desgracias, aumentó su consumo de alcohol y afectó gravemente a su personalidad.
Volvió a Richmond, donde, en 1848, se encontró con Sarah E. Royster, su primera novia, que se había casado con otro, mientras él estudiaba en la Universidad.
Ahora ella tenía 39 años, estaba viuda y tenía dos hijos adolescentes.  Recobraron la relación que habían interrumpido durante todos esos años. Hasta pensaron en casarse, sin embargo, sus hijos se opusieron a ello.
Aparte de eso, en el testamento de su difunto marido se hallaba estipulado que ella se quedaría sin su considerable herencia, si contraía un nuevo matrimonio. Estaba muy claro que la cosa era para pensársela muy despacio.
No se sabe si se llegó a algún tipo de compromiso. Durante un tiempo, Edgar,  estuvo dando varias conferencias por esa zona y parece que, por influencia de ella, dejó de beber alcohol.
Tampoco se sabe a ciencia cierta qué ocurrió, exactamente, entre ellos. El 26/09/1849, Edgar, fue a despedirse de Sarah. Parece ser que se le notaba muy triste, porque ella no  había aceptado casarse con él.
A lo largo de su vida, ella nunca quiso aclarar si habían estado comprometidos. Sin embargo, en 1888, al producirse su fallecimiento, se insertó en la esquela de Sarah, la frase: “el primero y el último amor de Poe”.
A pesar de ello, parece ser que ella fue la fuente de inspiración de varias de las obras de Edgar. Sobre todo, de las primeras.
Hoy en día, a Edgar Allan Poe, se le recuerda por ser un pionero de las novelas sobre detectives y de las ciencia ficción. Incluso, las de terror. Muchos de los autores que triunfaron, posteriormente, confesaron haber estado influidos por las obras de Poe. Uno de los mayores especialistas en la obra de este autor fue Julio Cortázar.
He titulado este artículo como un adelantado a su tiempo, porque fue el que abrió el camino para que luego triunfaran esos nuevos géneros literarios. Sin embargo, él intentó vivir de la Literatura, pero nunca lo consiguió. A pesar de que, actualmente, se le considera uno de los mejores escritores de la Historia.
Para terminar, este autor no sólo escribió novelas de misterio, sino que el final de su vida sigue siendo un misterio hoy en día.
Los hechos fueron que el 03/10/1849, Edgar, fue encontrado tirado en el suelo de una de las calles de Baltimore. Parece ser que decía cosas sin sentido y fue llevado hasta un bar, donde fue reconocido por algunos y,  desde allí, trasladado a un hospital.
Allí se vio que vestía unas ropas que eran muy grandes para su talla y se hallaban desgastadas por el uso, incluso, estaba muy sucio. Sin embargo, se comprobó que no se hallaba borracho, ni drogado.
Su estado de salud fue empeorando, hasta que cuatro días después pronunció sus últimas palabras: “que el Señor se apiade de mi pobre alma” y poco después murió. Sólo tenía 40 años.
Curiosamente, pronto se perdieron el expediente de su estancia en el Hospital y hasta su certificado de defunción.
Incluso, se comenta que, durante su estancia en el hospital, fue ingresado en una habitación con barrotes en las ventanas, que solían utilizar para enfermos mentales.
Parece ser que, unos días antes, él había tomado un tren desde Richmond con destino a Nueva York, donde visitaría a su tía y suegra, María Clemm, con la que siempre se había llevado muy bien, para que asistiera a su boda con Sarah. Lo cierto es que nunca llegó a su destino y nunca se ha sabido por qué apareció en Baltimore. Incluso, luego se supo que su equipaje se había quedado en un hotel de Richmond.
Desde el principio, han sido muchas las teorías sobre su muerte. El Dr. Snodgrass, el primer médico que lo atendió, afirmaba que murió a causa de una gran borrachera. Sin embargo, el Dr. Moran, que fue el que le atendió en el Hospital indicó que no se hallaba bajo los efectos del alcohol.
Como el primero de estos médicos pertenecía a un movimiento que intentaba prohibir el consumo de alcohol, le vino muy bien difundir esta historia para popularizar sus ideas, porque el poeta era un personaje muy conocido en USA. Este médico ya lo había conocido con anterioridad, porque también era editor de una revista.
Hubo otros que defendieron la teoría de que la muerte se había debido a una bajada en su volumen de glucosa en la sangre.

Un psicólogo afirmó que se trataba de un caso de enfermedad mental que predispone, por causas genéticas al consumo de alcohol. No olvidemos que su hermano Henry había muerto a causa de una tuberculosis y por su excesivo consumo de alcohol.
Incluso, alguno de sus compañeros de juergas afirmó que el poeta no bebía demasiado, porque no le hacía falta beber mucho para estar medio borracho. Es posible que eso se debiera a que pesara poco.
Es más, un doctor que le conocía sobradamente y que nunca se llevó muy bien con él, afirmó que nunca le vio que consumiera drogas.
Otros motivos esbozados que podrían haber dado lugar a su fallecimiento fueron un tumor cerebral, epilepsia, sífilis, meningitis, fallo cardíaco, cólera, rabia, etc.
Precisamente, por aquel entonces, en esa zona se estaba sufriendo una epidemia de cólera. En un análisis de sus restos, realizado varios años después de su muerte, parece ser que encontraron altos niveles de mercurio. Luego se supo que su doctor le había prescrito, 3 meses antes, un compuesto basado en cloruro de mercurio para curarse de esa enfermedad.
Incluso, se ha comentado que podría haber sido víctima de la corrupción política del momento. Parece ser que, en aquella época, era muy habitual que algunos partidos secuestraran a la gente que encontraban sola por la calle. Los encerraban en un lugar, los emborrachaban y luego los llevaban a votar en ese estado en diferentes colegios electorales de la ciudad. Incluso, los solían disfrazar, para no ser reconocidos por nadie.
No hay que olvidar que el día anterior había habido elecciones y que no había sido el primero al que le había ocurrido eso y luego lo habían dejado tirado por esa zona. Precisamente, ese bar era un lugar de reunión de los miembros del antiguo Partido Liberal.
El entierro y el funeral de Poe tuvieron lugar en la tarde del día 8 de octubre. Al acto acudieron muy pocas personas. Así que el reverendo, que oficiaba el acto, y que era primo de su esposa Virginia, declinó pronunciar un sermón, debido al mal tiempo reinante.
Tras su muerte, su cadáver tampoco disfrutó de una paz adecuada. En un principio, fue enterrado en un jardín en las traseras de una iglesia, con una lápida muy pobre.
Unos 30 años después de su muerte, algunos escritores y maestros se movieron para realizar una colecta a fin de conseguir que su tumba se hallara en mejores condiciones.
Así, en 1875, trasladaron su tumba a un lugar más visible, aunque en el mismo jardín de la iglesia, pero ya con un lujoso monumento funerario. Unos diez años después, también fueron trasladados a ese lugar los restos de su esposa y también los de su tía y suegra.
Desgraciadamente, este hombre también tuvo algunos enemigos. Uno de ellos fue un tipo llamado Rufus Wilmot Griswold, el cual se atrevió a escribir una biografía y hasta unas cartas falsas, que decía haber sido escritas por Edgar.
Para colmo de los males, esa biografía fue muy difundida y, por ello, hoy en día, mucha gente sigue teniendo una versión distorsionada sobre la vida de Poe.
Incluso, Griswold, llegó a engañar a la tía de Poe para que le nombrara albacea literario, o sea, administrador de los derechos de autor con los beneficios conseguidos por la publicación de las obras de nuestro personaje.

Parece ser que la rivalidad entre ambos venía de muy atrás. Griswold había publicado una famosa antología, donde recogía obras de los que consideraba los mejores autores de USA. Sin embargo, Poe, le criticó la inclusión de algunos autores en esa obra y la exclusión de otros con mayores merecimientos. Aunque él sí figuraba incluido en ella. Más tarde, sus desavenencias llegaron al terreno profesional, cuando ambos llegaron a  trabajar en un mismo periódico.
Parece ser que Griswold se convirtió en un tipo muy influyente, tras la publicación de su famosa antología, porque solía dedicar en ella más espacio para sus amigos. Independientemente de que escribieran mejor o peor que otros.
Hoy en día, Edgar Allan Poe, sigue estando de actualidad. Sus obras no han dejado de publicarse. Incluso, en algunos momentos, fue un autor que influyó mucho sobre la sociedad. Como cuando escribió, en 1844, su novela “El entierro prematuro”, donde narraba la tragedia de una persona al que todos habían dado por muerta y sólo estaba en un estado cataléptico.
No sé si mucha gente se lo tomó en serio. Lo cierto es que poco después se fundó en el Reino Unido la Sociedad para la Prevención de las Personas Enterradas Vivas.
Incluso, en 1852, cuando se produjo la muerte del duque de Wellington, esperaron hasta 2 meses antes de enterrarle a fin de comprobar que estaba realmente muerto. Supongo que lo descubrirían por el hedor que desprendería su cadáver.

En fin, volviendo a Edgar Allan Poe, fue un autor que disfrutó escribiendo novelas de misterio para los demás y nos dejó un misterio que nunca ha sido resuelto: el de su muerte.
Siento que este artículo me haya quedado un poco largo, pero seguro que habréis disfrutado leyéndolo.

viernes, 1 de diciembre de 2017

KONRAD ADENAUER, OTRO DE LOS FUNDADORES DE LA UNIÓN EUROPEA

Como ya prometí anteriormente, hoy voy a continuar con el ciclo dedicado a los padres fundadores de la actual Unión Europea. Esta vez le toca el turno al alemán Konrad Adenauer.
Nuestro personaje de hoy nació en 1876 en la casi bimilenaria ciudad alemana de Colonia, situada en el actual Estado federal de Renania del norte-Westfalia.
Se metió en el mundo de la política, tras acabar la carrera de Derecho en la Universidad de Friburgo.
En primer lugar, se dedicó a la política local, entrando a formar parte del Ayuntamiento de Colonia. En 1917, llegó a ser su alcalde, puesto en el que estuvo hasta 1933, coincidiendo con la llegada al poder de Hitler.
Como católico ferviente, militó en un partido de tipo democristiano, llamado Zentrum. Concretamente, en la corriente renana, que se distinguía por ser más liberal que la que había en Prusia, donde la mayoría era protestante.
Precisamente, Heinrich Brüning, miembro del partido Zentrum, fue el último canciller alemán, antes de la llegada al poder de Hitler.
Parece ser que este político rechazó un primer intento de unión europea, propuesto por el presidente francés, Aristide Briand, porque, en aquel momento, en Alemania, estaba de moda el nacionalismo y no quería que los nazis atrajeran a todos los nacionalistas. Así que no pudo aceptar la proposición llegada desde París, porque estaba obligado a realizar una política de tipo nacionalista. En cambio, intentó una unión aduanera con Austria, la cual fue vetada por Francia.
También hay que decir que ese canciller, no parecía ser del agrado del presidente de la República de Weimar (Alemania), el anciano mariscal Paul von Hindenburg, que fue el que entregó el gobierno a Hitler.
Volviendo a nuestro personaje, se puede decir que,  antes de la II Guerra Mundial, ya era un político de prestigio. Se decía que había administrado muy bien su ciudad en los años duros de entreguerras, donde Alemania estaba absolutamente arruinada y el país sufrió varios intentos de golpe de Estado por parte de los partidos más extremistas.
Su ideal siempre fue una apertura de Alemania hacia los países de la Europa Occidental. Sin embargo, en aquella época, la doctrina triunfante era la de que Alemania debía de priorizar su política hacia la Europa Oriental. Así que, a pesar de que, el presidente de la República, había contado con él, no fue elegido canciller de Alemania.
Lógicamente, con la llegada al poder de los nazis, Adenauer, fue expulsado del Ayuntamiento de Colonia y le fue negado cualquier otro puesto político en su país.

Parece ser que estuvo involucrado en la conjura, que dio lugar al fallido atentado del coronel von  Stauffenberg. A causa de ello, fue encarcelado en las postrimerías de la II Guerra Mundial. Lo que parece muy extraño es que no fuera ejecutado, como le ocurrió a muchos de los conjurados.
Es posible que, a esas alturas, el régimen no quisiera enemistarse con la Iglesia Católica a fin de que, presuntamente, le pidieran su ayuda para que los líderes nazis pudieran escapar de Alemania.
En la posguerra, fue inmediatamente repuesto en su antiguo cargo, como alcalde de Colonia. Posteriormente, fue de nuevo expulsado del mismo, ya que su ciudad quedó dentro de la zona británica. Parece ser que, como en el Reino Unido, gobernaban ahora los laboristas, preferían que ese cargo lo ocupara uno de sus colegas alemanes. O sea, un socialdemócrata.
Mientras tanto, Adenauer, junto con otros políticos de su mismo partido y de otros partidos liberales, formaron la CDU (Unión Demócrata Cristiana). Seguro que ese partido le suena a más de uno, porque su actual líder es Ángela Merkel.
Supongo que, en un principio, los aliados, no tendrían predilección por ninguno de los partidos alemanes. Sin embargo, pronto cambiaron de opinión, tras la llegada de la Guerra Fría y al comprobar que los socialdemócratas eran partidarios de la reunificación alemana, aunque tuvieran que aceptar concesiones hacia la URSS.
Así que, a partir de entonces, apoyaron decididamente a la CDU, un partido que llevaba el visto bueno del Vaticano, si es que no estaba patrocinado por la propia Iglesia Católica.
Curiosamente, la CDU, se diferencia del partido Zentrum en que se dirige a todos los cristianos, sean católicos o no. De hecho, la propia Merkel es protestante.

Los fundadores de la CDU dejaron muy claro que la política de ese nuevo partido iba a ser pro-occidental y anticomunista.
Así que, en 1949, nuestro personaje,  por una parte, logró que se fundara la República Federal Alemana y, por otra, ganó las primeras elecciones legislativas.
Fiel a su ideario, la nueva república no reconocía a la República Democrática Alemana, ni a los países que reconocieran a ésta, a excepción de la antigua URSS. Esto duró hasta la década de los años 70.
De hecho, el  anticomunismo de Adenauer fue tan visceral que siempre prefirió aliarse con los liberales de la FDP, antes que hacerlo con los socialdemócratas del SPD, que todavía parecían algo afines a las ideas procedentes de Moscú.
Esto llama mucho la atención, porque, precisamente, en su época como alcalde de Colonia, gobernó su ciudad durante varios años con el apoyo de los socialistas.
Adenauer tuvo que lidiar con una Alemania aún más arruinada que la que se encontró tras la I Guerra Mundial. Además, esta vez, los aliados habían destruido, en gran parte sus ciudades y casi todas sus infraestructuras. Os recuerdo que, durante la I Guerra Mundial, los aliados no consiguieron invadir el territorio del Imperio alemán.
Fue el iniciador del llamado Milagro Alemán, junto con su colaborador, Ludwig Erhard, que puso un país en marcha, desde la nada hasta llegar a ser la primera potencia económica de Europa y una de las primeras del mundo.
Como ya dije en mi anterior artículo, aceptó entusiasmado la propuesta realizada por Schuman, por entonces, ministro de Asuntos  Exteriores de Francia, y por Jean Monnet, para unirse a lo que luego sería la CECA.
Desde luego, hay que reconocer que tuvo la habilidad precisa para sortear todo tipo de suspicacias procedentes de los países a los que Alemania había invadido durante la guerra. Desde luego, Alemania, no era nada popular en ese momento.
También hay que decir que, desde un primer momento, Alemania, supo atraer ingentes inversiones procedentes de todo el mundo, pues los alemanes siempre han tenido fama de ser grandes trabajadores y gente que se ha sabido organizar muy bien.
Realmente, en plena Guerra Fría, a los aliados le convenía tener una Alemania fuerte tanto económica como militarmente para poder parar un posible ataque de la URSS al centro de Europa.
Por supuesto, los aliados, además de permitir que se creara el nuevo Ejército federal alemán, dejaron importantes guarniciones en ese país, por si a los soviéticos se les ocurría intentar conquistarlo.
Evidentemente, esa situación de Guerra Fría le vino muy bien, pues cuanto más amenazaban los soviéticos a Europa, más apoyaban los aliados a Alemania.

Aunque el final de la II Guerra Mundial le pilló ya con 69 años, no por ello dejó la política activa. Como ya he dicho antes, en 1949, fue nombrado canciller federal  y no cesó en ese puesto hasta 1963. Además, a partir de  1951, y durante 4 años, también ocupó el puesto de ministro de Asuntos Exteriores. No se le puede pedir más.
Trabajó en la política activa hasta los 90 años, porque siguió siendo el presidente de su partido, la CDU, hasta 1966. Murió al año siguiente.
Curiosamente, sus contemporáneos decían que, debido a un grave accidente sufrido durante la I Guerra Mundial, apenas gesticulaba con su cara y parecía más una estatua  que un ser vivo.
Parece ser que una de sus famosas previsiones fue que el desarrollo económico experimentado en Europa occidental haría que un día cayera el comunismo. Como así fue.
También, durante el ascenso de Hitler, opinaba que, si éste declaraba la guerra, sería una locura, porque la perdería. De hecho, según parece, estaba deseando que la perdiera para que cayera su régimen.
Curiosamente, Adenauer y otros personajes que fueron los artífices del reflotamiento de Europa, que había acabado casi destruida, tras la II Guerra Mundial, no eran jóvenes con muchas aspiraciones, sino individuos que ya habían pasado de los 60, pero a los que les movían sus ganas de trabajar y de dejar tras de sí un continente próspero y en paz.
Entre los ideales de nuestro personaje estaban fomentar el desarrollo individual de cada ciudadano y mantener a la familia como eje de la sociedad.

El nuevo Estado debía desarrollarse con una ética cristiana, organizarse federalmente y no tener demasiados funcionarios.
Formó un tándem ideal con su ministro de Economía, Ludwig Erhard, el cual diseñó la Economía del país y, sobre todo, el nuevo marco alemán.
Las ideas de ambos se transformaron en el comercio libre, las importaciones baratas basadas en unos aranceles bajos, mientras que se fomentaban las exportaciones. Nunca creyeron en la nacionalización y apostaron decididamente por la libre empresa.
Su política económica fue tan exitosa que atrajo a trabajadores de muchos países.
Entre ellos, miles de españoles. También a muchos ciudadanos de la nueva República Democrática Alemana, que a principios de los 60 solían escapar de allí a razón de una media de 1.000 personas diarias. Así que a mediados de 1961, el gobierno comunista alemán, dio orden de levantar el famoso Muro de Berlín.
Sin embargo, también hubo voces discordantes en Europa que trataban de impedir el logro de una Europa unida.
El político francés Daladier, al que dediqué otro de mis artículos, decía: “Cuando hablan de Europa, se refieren a Alemania y cuando dicen Alemania, aluden a la gran Alemania”.
Incluso, uno de los dirigentes de las pequeñas y medianas empresas de Francia calificó el intento de crear la Comunidad Económica Europea como únicamente beneficioso para “los trusts, las multinacionales y las altas finanzas”.
Hasta un historiador se atrevió a decir que lo que proponían Schuman, Adenauer y de Gaspieri era un intento de hacer revivir el Sacro Imperio Romano-Germánico.
Lo cierto es que De Gaulle tenía simpatía por Adenauer. Así que a mediados de septiembre de 1958 lo invitó a su casa en Colombey-les-deux-Eglises. Allí se considera que fundaron el famoso Eje franco-alemán. Posteriormente, se reunieron en infinidad de ocasiones hasta 1962. Año en que se retiró Adenauer.

Parece ser que los dos tenían en común su desprecio por el Reino Unido y el deseo de hacer de Europa una nueva potencia al margen de USA o de la URSS. Adenauer, escribió en una ocasión: “Inglaterra es como un rico que ha perdido toda su propiedad, pero no lo comprende”. Ambos vieron que la entrada del Reino Unido en la antigua CEE podría ser una especie de caballo de Troya a favor de USA y vetaron la solicitud británica.

sábado, 25 de noviembre de 2017

ROBERT SCHUMAN, UN HOMBRE DE FRONTERA

A partir de este artículo, voy a comenzar un ciclo sobre los personajes fundadores de lo que,  actualmente, se llama Unión Europea. Ciertamente, a ellos debemos mucho del  progreso que disfrutamos en nuestro continente. Sobre todo, si vivimos en alguno de los países que no están entre las grandes potencias de Europa.

Tampoco quiero olvidarme que, gracias a ellos, Europa ha pasado de ser una continua fuente de conflictos, en ella se originaron las dos guerras mundiales, a ser un remanso de paz, lo que ha traído una prosperidad nunca conocida para todas las naciones que forman este continente.
Nuestro personaje de hoy se llamaba Robert Schuman y nació en junio de 1886 en Luxemburgo, capital del Gran Ducado del mismo nombre. Uno de esos mini Estados que subsisten en Europa.
No hay que confundirlo con el célebre compositor, que tenía un nombre muy parecido, Robert Schumann.
Su madre era luxemburguesa, mientras que su padre había nacido en la región de Lorena, cuando pertenecía a Francia. Tras la derrota francesa en la guerra franco-prusiana de 1870, esta región junto con Alsacia, pasaron a pertenecer al Imperio de Alemania.
Por esa razón, su padre, que nació siendo francés e incluso combatió en esa guerra del lado francés, al regresar a su tierra, pasó a tener la nacionalidad alemana. Algo que nos podría parecer un poco extraño hoy en día.
Posteriormente, se mudó a Luxemburgo, donde se dedicó a la Agricultura, pero nunca perdió su nueva nacionalidad alemana. Allí fue donde nació nuestro personaje.
Curiosamente, según parece, a pesar de tener la nacionalidad alemana, toda la familia siempre se sintió muy francesa, aunque no tenían nada en contra de los alemanes.
Otra cosa que nos podría llamar la atención sobre este personaje es su fuerte apego a la religión católica que le inculcaron sus padres, aunque estaban viviendo en una zona de mayoría protestante.
Por supuesto, su formación fue plenamente alemana. Comenzó sus estudios en Metz, capital de la Lorena. Posteriormente, realizó su formación universitaria en Munich, Bonn y Berlín, en las que estudió Derecho. Acabando la carrera en Estrasburgo, capital de Alsacia. Actualmente, en esta ciudad, tienen su sede varios organismos europeos, como el Parlamento Europeo, Europol, Tribunal de Derechos Humanos, etc.
Desgraciadamente, en 1900,  murió su padre, cuando él sólo tenía 14 años. Además era hijo único. Parece ser que eso le afectó mucho.
En 1912, cuando acababa de abrir su bufete como abogado en la ciudad de Metz, falleció también su madre a causa de un accidente de tráfico.
Tras este penoso suceso, su vida dio un vuelco y decidió irse a vivir a un monasterio. Parece ser que allí le convencieron de que sería más útil para Dios fuera que dentro del convento. Por esa razón, abandonó la vida de monje y volvió a su bufete en Metz, aunque nunca se casó.
Con el comienzo de la I Guerra Mundial, en 1914, su vida dio otro vuelco. Lógicamente, fue movilizado para luchar en el Ejército alemán, aunque, debido a su mala salud, se le destinó a un puesto en la retaguardia, realizando labores de oficina y llevando, a la vez, su bufete de abogados en Metz.
Supongo que los alemanes tampoco se fiarían mucho de estos franceses reconvertidos en alemanes.
Al terminar ese conflicto, como todo el mundo sabe, Alsacia y Lorena, fueron reintegradas al territorio de Francia. Parece ser que esto provocó gran nerviosismo entre sus habitantes. Por una parte, los de habla alemana, temían perder sus propiedades a manos de los franceses, que pedían una revancha contra Alemania. En ese momento, pasó a ser francés.
Por otra, los católicos de habla francesa, que hasta el momento habían sido protegidos por el Estado alemán, ahora temían caer en las garras del Estado francés, que tenía una mentalidad muy laica, la cual le había hecho enemistarse con la Iglesia católica. Llegando, en 1902, a la disolución de las órdenes religiosas.
Así que, en ese momento, Schuman, un hombre situado en esa “frontera” ideal entre lo  francés y lo alemán, podría hacer un gran papel en la política, defendiendo los intereses de su región. Así que  realizó una gran labor en ese sentido.
Por ese motivo, en 1919, fue elegido diputado por la circunscripción de Mosela, ante la Asamblea Francesa. Por supuesto, allí no se les pasó el detalle de que nuestro personaje había pertenecido al Ejército alemán y más de una vez se lo echaron en cara. Algo normal después de una guerra tan sangrienta como esa.
Tristemente, siempre fue un hombre al que los franceses vieron como a un alemán y los alemanes  como a un francés.
En los años 20, su prestigio fue utilizado por el presidente Aristide Briand, al objeto de crear unas vías de diálogo con la nueva República de Weimar, que es como se conocía a la nueva Alemania del periodo de entreguerras. Un puesto idóneo para una persona que dominaba la lengua y conocía la cultura de ambos países.
Su postura política era la de un republicano conservador y católico, militando en un partido regional cercano al de Poincarré, al que ya dediqué otro de mis artículos.
En 1940, entró en el Gobierno francés, siendo nombrado subsecretario encargado de los refugiados, en el gabinete de Reynaud y, posteriormente, en el de Pétain.
Durante la ocupación alemana de Francia, regresó a Mosela, que volvía a estar dentro del territorio de Alemania. Así que, como al principio,  volvió a ser ciudadano alemán.
Posteriormente, fue detenido por la Gestapo. Parece ser que fue recluido en un hotel, donde podía moverse libremente.
Más tarde, al enterarse de que iba a ser deportado al campo de concentración de Dachau, por no querer colaborar con el III Reich,  logró escapar hasta la Francia no ocupada.
Cuando esta zona también fue ocupada por los alemanes, se escondió en varios conventos hasta el final de la guerra.
Afortunadamente, los alemanes no consiguieron capturarle, aunque ofrecieron una recompensa de 100.000 marcos a todo el que les diera una pista sobre su paradero.
Al final de la misma, fue nombrado asesor del famoso general de Lattre de Tassigny para los asuntos relacionados con la zona de Alsacia y Lorena.
Parece ser que no las tuvo todas consigo, porque inmediatamente fue tachado de colaboracionista, al haber formado parte del Gobierno de Petain. Así que fue arrestado y volvió a su tierra natal. Fue exculpado y puesto en libertad.
A mediados de 1945, consiguió ser recibido por el nuevo hombre fuerte, el general De Gaulle, el cual le perdonó de nuevo y además le nombró ministro de Finanzas. Desde luego, no le tocó un momento apetecible para estar en el Gobierno, pues Francia, tras la guerra, había quedado completamente arruinada.
No lo haría tan mal cuando, en 1947, fue nombrado presidente del Gobierno. Aunque sólo ocupó este cargo hasta finales del siguiente año.
En 1948, fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores, puesto que ocupó durante los siguientes cuatro años. Por supuesto, en más de una ocasión le recriminaron su pasado alemán. Esto parece muy lógico para un país con una mentalidad tan nacionalista como Francia y que, además, acababa de salir de una cruenta guerra contra Alemania, la cual había invadido su territorio.
En ese puesto, se demostró partidario de desmantelar el militarismo alemán e intentar una política de buena vecindad entre ambos países.
En 1948, tras la llegada al poder de los comunistas en la antigua Checoslovaquia, los gobiernos del resto de Europa se alarmaron. Así que crearon la Unión Europea Occidental (entre Francia, el Reino Unido y el Benelux). Posteriormente, sobre esa primitiva alianza militar se fundaría la actual OTAN.
A partir de ahí, se empezaron a experimentar las uniones aduaneras. La primera de ellas fue la de los pequeños países que forman el Benelux. O sea, Bélgica, Holanda y Luxemburgo.
Unos años antes, había conocido a otro de los personajes fundadores de la Unión Europea, el francés Jean Monnet.
Juntos prepararon una propuesta, la cual dieron a conocer a la prensa el 9 de mayo de 1950, donde desarrollaban sus ideas sobre una Europa que podría caminar unida y no como hasta ese momento. Esta fecha es considerada como el nacimiento de la Unión Europea y, anualmente, también se conmemora el Día de Europa.
En un principio, se propuso que las siempre rivales, Francia y Alemania, se asociaran para explotar sus yacimientos de carbón, que se hallaban a un lado de la frontera, junto con los de hierro, que estaban del otro lado, y así desarrollar, conjuntamente,  sus industrias de fabricación de acero. De esa manera, una de ellas no se podría armar sin contar con la otra, porque esos recursos serían administrados de una forma conjunta por los países integrados en esa alianza. Así se formó esa alianza, creando intereses comunes entre diversos países.
Este discurso, que es conocido como la Declaración  Schuman, se pronunció en el lujoso Salón del Reloj del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia, ya que, por entonces, Schuman, era el responsable de ese ministerio.
Curiosamente, alguien olvidó citar también a los fotógrafos y a las emisoras de radio. Así que, unos días después, tuvieron que  escenificar de nuevo esa declaración ante esos medios.
Desde el primer momento, esta declaración fue del agrado de varios gobiernos europeos y hasta del de USA.
Así que, en abril de 1951, tras la firma del Tratado de París se fundó la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) de la que formaron parte Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. Ese fue el comienzo de las instituciones de la actual Unión Europea.
Otro de sus proyectos fue fundar un Ejército común europeo. Sin embargo, conociendo la mentalidad de los franceses es fácil de entender que enseguida echaran abajo  ese proyecto.
Promovió un referéndum en la región del Sarre. Otra de esas regiones fronterizas entre Francia y Alemania y que, tras la II Guerra Mundial, había sido ocupada por Francia. En esa consulta, los ciudadanos del Sarre decidieron volver a pertenecer a Alemania y se respetó la voluntad de los mismos.
Tras cesar en el Gobierno de Francia gozó de otros cargos importantes como el de presidente del Movimiento Europeo, el de presidente de lo que actualmente se denomina Parlamento Europeo. Cuando abandonó ese puesto, el Parlamento, le concedió el título de “Padre de Europa”.
También llegó a presidir la Comunidad Económica Europea, el antecedente de la UE, que se fundó en 1957, tras la firma del Tratado de Roma.
Incluso, en 1958, recibió el codiciado premio Carlomagno por sus esfuerzos encaminados a unir los países del continente europeo.
Desgraciadamente, su salud se resintió a partir de 1959. Año en que le fue diagnosticada una esclerosis múltiple.
En 1961, aunque los médicos le habían aconsejado no realizar caminatas por el campo, salió de su casa, sita en la localidad de Scy-Chazelles, cercana a la frontera con Luxemburgo,  y no regresó.
Su sirvienta pensó que se habría ido a comer a casa de un amigo. Sin embargo, había sufrido un
desvanecimiento que le dejó en el suelo, perdiendo el conocimiento. Fue encontrado, al día siguiente, por un guardia forestal. Se hallaba totalmente empapado por la lluvia caída durante la noche.
En 1963, su estado de salud empeoró claramente. Ya no podía ni siquiera pronunciar una palabra. Hasta el Papa Pablo VI se interesó por él. En septiembre de ese mismo año falleció en su casa de Scy-Chazelles. Fue enterrado en esa misma localidad.
Parece ser que, los franceses, todavía no le habían perdonado haber sido ciudadano alemán. A su entierro sólo asistió un vicepresidente de la Asamblea Francesa. Algo que me parece realmente vergonzoso.
No obstante, en los años 80, durante la presidencia de Mitterrand se pensó en trasladar sus restos al Panteón de París, donde se hallan enterrados los grandes personajes de Francia. Sin embargo, el Ayuntamiento de la localidad donde fue enterrado se opuso a ello.
Parece ser que los franceses van cambiando de opinión con respecto a este personaje. Hace unos años, comenzó el proceso de beatificación de nuestro personaje y éste fue apoyado tanto por los europarlamentarios franceses como por los alemanes.
Nunca quiso tener como vecina a una Alemania derrotada, como ocurrió tras la I Guerra Mundial. Siempre los trató con mucho respeto e intentó tender puentes para que los dos países se entendieran perfectamente y en igualdad de condiciones.
Yo creo que acertó plenamente al diseñar una nueva Europa que se reconstruiría desde la alianza entre Francia y Alemania. No hay que olvidar que, en un principio, se invitó al Reino Unido a integrarse en esa nueva alianza y se negó a ello.
Posteriormente, cuando, sólo unos años después, cambiaron de opinión, no pudieron ingresar a causa del veto impuesto por el general De Gaulle. Se ve que todavía se acordaba de lo mal que lo trataron durante la II GM.
Sin embargo, en 1963, el mismo general De Gaulle, firmó con el canciller Adenauer, el famoso tratado del Eliseo por el que se inició el llamado Eje franco-alemán, que siempre ha sido el motor que ha hecho avanzar a la Unión Europea.

Curiosamente, el nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, tras haber tomado posesión de su cargo, al día siguiente, realizó su primera visita a Alemania, para reunirse con la canciller Ángela Merkel.