ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

miércoles, 22 de abril de 2026

FRANCISCO CIUTAT, UN DESCONOCIDO MILITAR

 


Hay quien cree que ya se ha escrito todo sobre la guerra civil española. Sin embargo, de vez en cuando, aparecen una serie de personajes, que se forjaron en esa guerra, lo cual fue muy importante para su futuro profesional.

Hoy voy a narrar la biografía de Francisco Ciutat de Miguel. A pesar de su apellido de origen catalán, nació en 1909 en Madrid.

En cambio, su padre sí era catalán. Francisco Ciutat y Martín llegó a ser teniente coronel de la Guardia Civil. No obstante, murió cuando estaba destinado en Zamora y nuestro personaje sólo tenía 12 años.

Por ello, su madre, que era de origen canario, quedó al cuidado de Francisco y de otros dos hijos menores.

Así que, al ser huérfano de un militar, tuvo acceso directo para ingresar en la Academia de Infantería.

En 1927, obtuvo su despacho como oficial y fue destinado a un regimiento en Bilbao. También realizó varios cursos de formación.

En 1936, cuando empezó la guerra civil, acababa de terminar el primer curso de Estado Mayor. Ese curso lo estaba haciendo en la Escuela Superior de Guerra, en Madrid.

Por entonces, ese centro estaba ubicado en la calle Santa Cruz de Marcenado, detrás del Palacio de Liria y muy cerca del domicilio familiar, en la calle Princesa.

Con el transcurso de la guerra, ese centro del bando republicano se mudó, primeramente, a Valencia y luego a Barcelona. Mientras que el del bando nacional estuvo en la Academia de Caballería, en Valladolid.

Ya sabemos que el Gobierno republicano nunca confió en la mayoría de sus militares. Sin embargo, éste podría ser una excepción, porque, cuando estuvo destinado en Bilbao se afilió a la Masonería y eso es de suponer que eso le abrió muchas puertas.

Como permaneció fiel al Gobierno republicano, aunque era un simple teniente de Infantería, muy pronto fue destinado a la plana mayor de la Inspección de milicias.

Como se suele decir: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Lo digo porque el propio José Giral, por entonces, 

presidente del Gobierno, le encargó nada menos que la formación de un Ejército en el norte de España. En calidad de jefe del Estado Mayor del mismo. Algo que le provocó frecuentes discusiones con el lehendakari Aguirre, porque ya se sabe que a los políticos les gusta meter su hocico en todas partes.

Posteriormente, estuvo bajo el mando del general Llano de la Encomienda, el cual también tuvo muchas discusiones con el lehendakari, porque no se ponían de acuerdo sobre quien mandaba en las tropas vascas.

Parece ser que el propio presidente del Gobierno, Largo Caballero, estaba a favor de un Ejército del norte bajo el mando del lehendakari.

Así que, cuando el general Mola inició su ofensiva sobre Vizcaya, las posiciones republicanas fueron cayendo como un castillo de naipes.

Posteriormente, Ciutat, fue evacuado y nombrado teniente coronel y jefe de operaciones del Ejército de Levante, participando en varias batallas.

No sé si sería por convencimiento o, como hicieron otros muchos, por salvar el pellejo, lo cierto es que se afilió al PCE. Tener el carnet de ese partido era un seguro de vida en la zona republicana.

Durante la guerra en el norte aprendió que una línea de combate estática era ineficaz y podría ser bombardeada con facilidad por la aviación.

Sin embargo, en Levante, fue uno de los diseñadores de la famosa línea XYZ, con posiciones escalonadas, aprovechando el relieve del terreno, donde los pilotos no podían ver dónde estaban las tropas atrincheradas. Así que tampoco podían ser un

blanco fácil para la artillería. Ese fue el motivo por el que Valencia no se rindió hasta el final de la guerra.

Estuvo en Levante hasta el final de la guerra. Por eso mismo, fue uno de los pocos afortunados, que consiguieron huir en un barco hacia el exilio. Concretamente, él lo hizo desde el puerto de Gandía.

En la antigua URSS fue admitido en la prestigiosa Academia Voroshilov, donde se forman los oficiales del Estado Mayor. Según dicen algunos autores, al terminar sus estudios, fue nombrado profesor de esta academia militar.

En Moscú se casó con una ciudadana soviética, llamada Sofía Kokuina.

Durante la II Guerra Mundial, prestó servicios en el Ejército soviético. Concretamente, estuvo en la GRU. O sea, la Inteligencia militar.

Al final del conflicto, prestó sus servicios en la División de Inteligencia Smersh, que fue la que llevó a cabo las investigaciones sobre Hitler y demás jerarcas nazis.

Supongo que, como sus superiores no sabrían qué hacer con él, y ya con el rango de general, fue enviado como asesor militar a varios países, como Indonesia, México, etc.

También estuvo en el Estado Mayor de Vietnam del norte, durante su lucha y victoria contra las tropas francesas. Allí empezó a utilizar otros nombres, como el de Pavel Stepanov.

Posteriormente, fue enviado a Egipto, aliado de la URSS en su lucha contra Israel.

En 1960, el Gobierno de la URSS, decidió enviarlo a Cuba, como asesor de las tropas revolucionarias de Fidel Castro. Allí se reencontró con otros militares republicanos españoles, junto a los que había combatido en la guerra civil.

 Fundó la Academia de Estado Mayor del Ejército cubano y participó en los combates de la famosa bahía de Cochinos. Incluso, organizó la distribución de las piezas de artillería, para que fueran más efectivas. Allí cambió su nombre por el de Ángel Martínez Riosola, aunque se le conocía como “comandante Angelito”.

Fue ascendido a teniente general del Ejército soviético y, nuevamente, fue enviado a Vietnam hasta el final de la guerra.

También fue asesor del Ejército argelino, en la guerra que mantuvieron con Marruecos.

En 1975, fue enviado a Angola para organizar el despliegue de las tropas cubanas, que fueron enviadas a luchar en ese país.

En 1977, regresó a una España, que le resultó desconocida. Aquí vivió con su mujer varios años, pero pareció no estar muy a gusto. Nunca le quisieron reconocer el empleo de teniente coronel, que era el que tenía al final de la guerra civil. Aunque es cierto que le dieron una pensión.

En 1985, enfermó gravemente y, como era algo incurable, expresó su deseo de ser enterrado en Cuba. Allí fue muy bien acogido por Fidel Castro. Incluso, le impuso una condecoración por su defensa en la Bahía de Cochinos. También llamada Playa Girón.

Desgraciadamente, falleció a finales de noviembre de 1986 y fue enterrado en un panteón del Ejército cubano.

Fue una persona muy respetada en Cuba por haber modernizado su Ejército y por haber combatido contra las guerrillas anticomunistas, que luchaban en las montañas. Precisamente, fue herido en un pie en uno de esos combates.

Se cuenta una anécdota sobre la confianza que le tenía Fidel. En cierta ocasión, un militar cubano se fue a quejar a Fidel, porque “Angelito” le había dicho que estaba haciendo las cosas mal. Fidel le respondió que, si eso lo decía “Angelito”, seguro que estaba en lo cierto. De hecho, muchos de los manuales militares cubanos fueron escritos por nuestro personaje.

Dicen que siempre fue un convencido comunista, pero nunca olvidó los modales de un oficial del Ejército español.

Parece ser que, durante estancia como asesor del general vietnamita Giap, fue el que organizó y perfeccionó la logística a través de la famosa Ruta Ho Chi Minh, logrando que nunca se parase el paso de los suministros, a pesar de los continuos bombardeos USA. Allí utilizó su experiencia con la línea XYZ.

Algunos autores afirman que fue el planificador de la famosa Ofensiva del Tet, que logró introducirse muchos kilómetros en el territorio enemigo.

No tenemos muchos datos sobre sus actividades, porque todavía están clasificadas en archivos rusos, cubanos y vietnamitas.

Durante su estancia como asesor en Argelia, logró convertir un Ejército especializado en la guerra de guerrillas en otro más moderno. Les enseñó a manejar y luchar con carros de combate y artillería.

 

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