ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 27 de agosto de 2026

EL CONDE-DUQUE DE OLIVARES

 


 Hoy voy a escribir un artículo sobre un personaje del que muchos pensarán que lo saben todo, pero que, si lo leéis hasta el final, veréis que no es tan conocido como parece.

Su nombre fue Gaspar de Guzmán y Pimentel Ribera y Velasco de Tovar. Nació en Roma en 1587, cuando su padre ejercía como embajador español ante el Papado.

Antes de mencionar cómo era su familia, me gustaría dedicar unas líneas para saber quién fue su padre.

Enrique de Guzmán y Ribera fue el segundo conde de Olivares. Pertenecía a una rama menor de la importante dinastía de los Guzmán, duques de Medina Sidonia y dueños de media Andalucía.

Se crió en la corte junto al que luego sería el rey Felipe II. Por ello, participó en la famosa batalla de San Quintín y también en las negociaciones con la corte francesa para el matrimonio del rey con Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia.

Como se suele decir, “al que a un buen árbol se arrima…”. Por eso mismo, Felipe II siempre contó con él para otorgarle puestos muy importantes, como la embajada en Francia y, desde 1582, la de Roma, donde representó a España ante tres Papas sucesivos. Esa fue la razón por la que nuestro personaje nació en Roma.

Curiosamente, Enrique, nunca se llevó muy bien con el Papa Sixto V, porque le pidió que condenara a los católicos, que apoyaban al rey de Francia en su guerra contra la Liga liderada por Felipe II.


Así que el Papa le exigió a nuestro monarca que cesara al embajador, pero Felipe II se negó y esa mala relación terminó cuando murió el Papa y su sucesor mantuvo unas mejores relaciones con España.

Un historiador, contemporáneo suyo, contó una curiosa anécdota. Parece ser que el embajador Olivares estaba acostumbrado a llamar a sus muchos sirvientes con una campanilla. El Papa quiso prohibírselo, alegando que, en Roma, eso sólo era privilegio de los cardenales.

Después de mucho tiempo discutiendo, Olivares tuvo que ceder. Sin embargo, a partir de entonces, instaló un pequeño cañón en su salón y los llamaba a cañonazos. Evidentemente, el Papa tuvo que dar marcha atrás y permitirle que siguiera usando la campanilla.

Más tarde, fue nombrado virrey de Sicilia y, en 1595, virrey de Nápoles, donde hizo una gran labor en su lucha contra los piratas berberiscos. Regresó a Madrid en 1600 y murió en 1607.

Volviendo a nuestro personaje de hoy, hay que decir que tuvo dos hermanos mayores y 3 hermanas. Así que era un segundón de esos que eran destinados a la carrera eclesiástica.

Curiosamente, cuando sólo tenía 5 años, Felipe II, le otorgó el hábito de la Orden de Calatrava. Algo muy apreciado en aquella época.

Como estaba dedicado a ser un clérigo, le enviaron a la Universidad de Salamanca para estudiar Derecho. Algo muy importante para poder ascender en esa carrera.

No vayáis a pensar que tuvo una vida con problemas económicos, como la de cualquier estudiante. Al contrario, tenía 19 sirvientes en Salamanca. Incluso, llegó a ser nombrado rector de los estudiantes.

En 1604, su vida cambió radicalmente. Ese año y el anterior, fallecieron, sucesivamente, sus dos hermanos mayores en sendos accidentes. Así que su padre cambió de idea y lo empezó a preparar para que le sucediera como heredero.

Incluso, preparó su matrimonio con su prima, para lo cual se dice que gastó una fortuna.

Tras su boda, pasa a residir en sus dominios en Sevilla, donde ejerce de mecenas de artistas de todo tipo. También fue muy aficionado a los libros y disfrutó de una gran biblioteca.

A partir de 1615, cuando fue invitado a la boda del príncipe y futuro Felipe IV con Isabel de Borbón, comienza su gran amistad con el futuro soberano.

También influyó que su tío, Baltasar de Zúñiga, fue ministro de Felipe III y le enseñó cómo se gobernaba el país. Por eso mismo, le sucedió a su muerte, en 1622.

Desde entonces, el conde-duque, luchó contra la corrupción del antiguo valido, el duque de Lerma y su hijo.

Al mismo tiempo, como buen reformador, envió al rey el llamado Memorial secreto del conde-duque de Olivares. En pocas palabras, lo que pretendía era levantar la economía de los territorios de la llamada Monarquía Hispánica a base de que todos apechugaran, aportando soldados e impuestos.

Hasta entonces, casi todo el peso de la economía de la Península lo aportaban Castilla y Andalucía. Algo que era, profundamente, injusto. Sin embargo, Aragón siempre ponía excusas y los catalanes, como siempre, dijeron que lo de pagar no iba con ellos.

Así que fracasó lo que se llamó la Unión de Armas. El propio rey y el c
onde-duque se desplazaron a Barcelona para convencer a las Cortes catalanas, pero fracasaron en el intento.

Otra de las cosas que pretendió Olivares fue colocar buenos técnicos en cada materia, donde antes siempre había nobles, que heredaban esos cargos y se iban sucediendo. Evidentemente, esta idea de Olivares no hizo ninguna gracia a la nobleza.

Otra de sus medidas contra la corrupción fue la obligación, que tenían todos los cargos públicos de publicar su patrimonio, antes y después de haber ocupado el cargo.

En 1625, el rey le concedió el título de duque de Sanlúcar la mayor, con grandeza de España. Desde entonces, se le conoció como el conde-duque de Olivares.

Olivares pasó a ser valido del rey en un momento en el que el Imperio español se hallaba en declive a causa de las malas cosechas y de las guerras. También, porque, como ya he dicho, había territorios que aportaban, incluso, en América, mientras que otros siempre se negaron a aportar ni soldados, ni impuestos.

Así que le fue muy difícil gobernar España, que era la primera potencia de aquella época y, como tal, estaba obligada a intervenir en los conflictos en varios continentes. Tal y como luego les ha ocurrido a las siguientes grandes potencias.

En aquella época, las guerras eran interminables, como la de los Treinta años. Ocurrida entre 1618 y 1648.

Eso dio lugar a que el rey decretase varias suspensiones de pagos a base de refinanciar toda la deuda y acudir a otros prestamistas, que cobraran menos intereses y comisiones.

Ciertamente, a Olivares se le podrá acusar de muchas cosas. Sin embargo, todos dicen que era un gran trabajador. Dedicaba unas 16 horas diarias al trabajo.

Tampoco consiguió que los nobles y los clérigos pagaran impuestos. Algo que también ocurría en otros países europeos, porque se trataba de una costumbre de origen medieval.

Una de sus iniciativas fue la construcción del Palacio del Buen Retiro, donde ahora se encuentra el madrileño Parque del Retiro. Hoy en día, de ese edificio sólo quedan en pie el Casón y el antiguo Museo del Ejército.

Parece ser que las tropas enviadas a la guerra contra Francia, que pasaron por Cataluña, no las componían gente muy recomendable. Por lo visto, muchos de ellos eran expresidiarios napolitanos, que habían sido excarcelados para que se alistaran en los tercios. Evidentemente, no se portaron muy bien o, al menos, eso fue lo que dijeron los catalanes y fue lo que dio lugar al llamado Corpus de sangre, con el que se inició, en 1640, la sublevación de Cataluña.

Otros autores dicen que, como Francia no disponía de buenas tropas, lo que hicieron fue intentar crearle problemas a Olivares, a base de sublevaciones en el Imperio. Por eso, en 1640, coincidieron las sublevaciones de Cataluña, Portugal y Andalucía, a las que ya dediqué otro de mis artículos.


Durante varios años, Cataluña resistió mientras tuvo el apoyo de Francia. Portugal consiguió el apoyo de Inglaterra. Sin embargo, Andalucía no consiguió el apoyo de ninguna potencia y pronto fue derrotada.

Al frente de la sublevación de Andalucía se hallaban el duque de Medina Sidonia y el marqués de Ayamonte. El primero sólo fue condenado a una fuerte multa, gracias a los ruegos de Olivares ante el rey, ya que era familiar suyo. Sin embargo, el marqués de Ayamonte fue llevado al Alcázar de Segovia, donde fue juzgado, condenado a muerte y decapitado.

Parece ser que al duque de Medina Sidonia lo había convencido su hermana, que estaba casada con el futuro rey de Portugal, el duque de Braganza, que también era pariente de Olivares.

Eso dio carnaza a los que siempre habían criticado la política de Olivares. Éste, que ya estaba enfermo y además parecía sufrir depresión, pidió al rey que le cesara. El monarca se resistió a hacerlo, porque siempre fueron buenos amigos y le tenía en mucha estima, pero en 1643, aceptó y le dejó marchar a su palacio madrileño en Loeches.

Posteriormente, se trasladó a vivir en el palacio de una de sus hermanas, situado en Toro (Zamora).

Ya sabemos que en España te pueden criticar por una cosa y la contraria. Así que, a partir de entonces, le llovieron las críticas y hasta hubo quien se atrevió a denunciarlo a la infame Inquisición, que le estuvo investigando.

Su estado de postración fue empeorando hasta que falleció en 1645 en Toro. Posteriormente, fue enterrado en el monasterio que construyó en Loeches, donde se construyó el panteón de los duques de Alba, que son sus herederos.

No sé si fue mal visto, porque nunca fue un corrupto, como otros muchos políticos que hemos tenido en este país. Creo que no estaría mal que se le hiciera un homenaje.

 

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sábado, 22 de agosto de 2026

FOUCHÉ, EL HOMBRE QUE SIEMPRE CAÍA DE PIE

 


 He titulado así este artículo, porque es la pura verdad y ya lo iréis viendo a lo largo de este artículo.

La vida de este personaje es increíble, pero cierta. De hecho, Stefan Zweig, que fue uno de sus biógrafos, lo calificó como “el personaje más singular de la política mundial”.

Joseph Fouché nació en 1759, en la ciudad portuaria de Nantes. Era hijo de un capitán de la marina mercante, llamado Julien Fouché. Así que la situación económica de la familia debió de ser acomodada.

Sin embargo, él no pudo seguir la actividad de su padre, porque siempre fue una persona con una salud muy frágil, aunque era muy inteligente.

Por ello, ingresó muy joven en el seminario de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Parece ser que fue un buen alumno, ya que, al final de sus estudios, lo contrataron como profesor de Matemáticas y Física en el mismo centro educativo. Sin embargo, a pesar de que vestía como sacerdote, nunca hizo los votos y siempre fue un seglar.

Tampoco se distinguió por ser un buen orador, algo que daba mucha prestancia en aquella época, sino que siempre fue un gran intrigante, que dominaba perfectamente los movimientos entre bambalinas de la política.


Parece ser que en 1788 fue iniciado en la Masonería, cuando estuvo destinado, brevemente, como profesor en Arras.

Ya con 30 años, cuando estalló la Revolución Francesa, entró como diputado en la Asamblea nacional y se apuntó al movimiento de los girondinos.

Sin embargo, su fino olfato político, le advirtió de que estos estaban a punto de caer a manos de los radicales jacobinos, encabezados por Robespierre, el incorruptible. Así que no dudó en pasarse a estos.

Posteriormente, le nombraron miembro del infame Comité de salud pública el cual se dedicaba a señalar los que debían ser guillotinados. Precisamente, Fouché votó a favor de la ejecución de Luis XVI.

Como miembro de ese comité, fue enviado a Lyon para ejercer una feroz represión en esa ciudad. Desde luego hizo muchos méritos para que nadie dudara de su adhesión a la revolución. Incluso, demostró ser un anticlerical muy radical.

Se cuenta que utilizar la guillotina le pareció demasiado lento para eliminar a varios centenares de personas que habían encarcelado. En su lugar, ataban un grupo de ellos y les disparaban a corta distancia con cañones cargados de metralla. Los que no morían así, los remataban con las bayonetas. Se calcula que, de esa manera, asesinaron a unas 2.000 personas en esa ciudad. Llegó a decir: “La sangre de los criminales fertiliza el terreno de la libertad y establece el poder sobre bases sólidas”.

Parece ser que, más tarde, él siempre quiso borrar ese episodio de la memoria colectiva, para intentar aparecer como un moderado.

Curiosamente, al principio, fue muy amigo de Robespierre. Incluso, fue novio de la hermana de éste. Sin embargo, no sé por qué motivo, llegaron a enfrentarse. Hay quien dice que Robespierre nunca le perdonó a Fouché que hubiera dejado a su hermana para casarse con otra mujer, que tenía una mejor posición social.

Así que, como vio que Robespierre se estaba cargando a todos los que lo habían rodeado, convenció a los supervivientes para dar el llamado Golpe de estado de Thermidor, que puso fin a la dictadura de Robespierre y los llevó a él y a su hermano a la guillotina. Dicen que, durante varios días, desde la mañana a la noche, se dedicó a visitar a los implicados en ese golpe y les dijo: “Mañana pereceréis, si él no lo hace antes”.

Con la llegada del Directorio fue perseguido por haber colaborado con el Terror de Robespierre. No obstante, se ganó la confianza y el perdón de Barras, cuando le ayudó a desmantelar una conspiración contra el Directorio. Eso dio lugar a que lo nombraran para un cargo que le vino como anillo al dedo, el de ministro de la Policía.

Por el contrario, no avisó al Directorio del golpe de Estado, que llevó al poder a Napoleón, que regresaba de la campaña de Egipto. Por ello, éste le confirmó en el cargo como ministro de la Policía.

Uno de los departamentos que creó fue la oficina de censura, la cual actuaba con mayor o menor celo, según lo que conviniera en cada momento.

Por ejemplo, si dejaba que se publicaran panfletos monárquicos, todos recurrían a él para que diera prioridad a la detención de los implicados. Eso lo hacía insustituible.

Parece ser que Napoleón temía a Fouché, porque siempre se mostraba impasible y nunca alababa los logros del emperador. Supongo que temía que Fouché se podría haber deshecho de él, igual que hizo con Robespierre.

En 1802, Napoleón sufrió un atentado, cuando viajaba en una carroza. Él salió ileso, sin embargo, murieron muchos viandantes que circulaban por la misma calle.

Napoleón se empeñó en echar la culpa a los jacobinos, mientras que Fouché apostó por los monárquicos. Al final, la Policía detuvo a los responsables y Napoleón tuvo que reconocer que se equivocaba.

Bonaparte nunca tuvo claro si Fouché era leal a él o no. Así que, en 1802, se le ocurrió cesarlo y eliminar el Ministerio de la Policía, fusionándolo con el de Justicia.

Para tenerlo callado, le dio un nombramiento como senador, con un buen sueldo, y una hermosa finca muy productiva.

No obstante, Fouché, siguió utilizando a sus espías y colaboró con el gobierno en la detención del duque de Enghien, aunque no estuvo de acuerdo con la decisión de fusilarlo.

Así que, a mediados de 1804, recuperó su puesto como ministro de la Policía, multiplicando el número de sus agentes y espías.

No obstante, Napoleón seguía desconfiando de Fouché y aún más, cuando le informaron de que solía reunirse con Talleyrand. Algo muy extraño, pues siempre habían sido rivales. Así que creó el ducado de Otranto y le dio ese título a Fouché, para intentar que siguiera siendo leal a su persona.

En 1809, cuando Napoleón se hallaba combatiendo en Austria, los británicos desembarcaron en una localidad cercana a Amberes. Fouché ordenó al prefecto francés de esa región que movilizara a 60.000 guardias nacionales para combatir contra esas tropas. Algo que gustó mucho a Napoleón.

Sin embargo, a finales de ese año, Fouché conoció que Napoleón pensaba negociar la paz con el Reino Unido. Así que, cuando el emperador comenzó esa tarea, descubrió con estupor que Fouché se le había adelantado y había iniciado conversaciones con el Gobierno británico.

Por ello, se enfadó mucho y, a mediados de 1810, lo cesó y lo envió como gobernador de la ciudad de Roma.

En 1812 intentó convencer a Napoleón del error de intentar invadir Rusia, pero no le hizo caso. Sin embargo, cuando Napoleón regresó con las pocas tropas que le quedaban, sospechó que Fouché podría estar implicado en el intento de golpe de Estado del general Malet. Al que ya dediqué otro de mis artículos.

No obstante, intentó alejarlo de la corte, nombrándolo gobernador de las provincias Ilirias. O sea, Croacia y Eslovenia. Sin embargo, no pudo llegar a su destino por la revuelta del mariscal Murat.

Por ello, regresó a París en abril de 1814, justo a tiempo de ver cómo los mariscales obligaban a Napoleón a abdicar.

Fouché siguió intrigando y pidió al Senado que enviara a una delegación para visitar al conde de Artois, hermano del futuro Luis XVIII, para intentar restablecer la monarquía en Francia. En tanto que aconsejó a Napoleón, que entonces se hallaba exiliado en la isla de Elba, que se fuera a los USA.

Posteriormente, también escribió al nuevo rey, Luis XVIII, para que reinara de una forma moderada. Intentando contentar a todos los franceses.

Como todos sabemos, Napoleón consiguió escapar de la isla de Elba. Poco antes de su llegada a París, Luis XVIII quiso nombrar a Fouché ministro de Policía, pero éste rehusó el ofrecimiento.

Por el contrario, sí que aceptó el mismo ofrecimiento, que le hizo el propio Napoleón. No obstante, como era un tipo con muchos recursos, mantuvo algunos contactos con el canciller austriaco, von Metternich.

Cuando se dio cuenta de que Napoleón no tenía mucho futuro, empezó a tener contactos con la diplomacia de los aliados. Incluso, después de la derrota de Waterloo, llegó a presidir un gobierno, hasta el regreso de Luis XVIII.
Este monarca nombró como primer ministro a Talleyrand y éste, como no podía ser de otra forma, nombró como ministro de Policía a Fouché.

Fue entonces cuando se desató el llamado Terror blanco. Unos 70.000 funcionarios fueron cesados. Los altos mandos del Ejército fueron destituidos. Incluso, el mariscal Ney, al que ya dediqué otro de mis artículos, el cual había jurado lealtad al rey, pero que luego se pasó a Napoleón, fue fusilado por traidor. No fue el único general fusilado en aquel momento.

Hubo linchamientos por todo el país e, incluso, unas 6.000 personas afines a Napoleón fueron enjuiciadas y muchas de ellas condenadas.

En las elecciones de 1815 tuvieron mayoría absoluta los ultrarrealistas. Llegando a decir Luis XVIII, que ellos eran más realistas que el propio rey.

A la vista de este panorama tan radical, el rey disolvió la cámara y convocó unas nuevas elecciones en 1816, pues temía una guerra civil.

Los monárquicos no podían aguantar que alguien que votó a favor de la ejecución de Luis XVI, ahora fuera ministro de su hermano. Así que presionaron para que le nombraran embajador en Sajonia.

Posteriormente, el nuevo gobierno de Francia, que ya no estaba presidido por Talleyrand, lo mandó al exilio, acusándole de regicida.

Empezó residiendo en Praga, luego en Linz para finalizar en Trieste. No tuvo problemas económicos, porque había amasado una gran fortuna. Así que se dedicó a disfrutar de su familia. Murió en 1820 en Trieste, pero su cadáver fue trasladado y enterrado en Francia.

 

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martes, 18 de agosto de 2026

UN ESPÍA LLAMADO HUGH POLLARD

 


Seguro que, a estas alturas, todo el mundo sabrá que Franco viajó de Canarias al antiguo Marruecos español a bordo de un modelo de avión llamado Dragón Rapide.

Me parece lógico que todo el mundo conozca este dato, porque lo han repetido hasta la saciedad. Sin embargo, han ocultado que, al final de la guerra, Pasionaria, Alberti, María Teresa León y otros dirigentes comunistas, huyeron a la antigua Argelia francesa en dos aviones de ese mismo modelo.

Precisamente, dicen que, cuando estos sobrevolaban una sierra valenciana, le preguntaron al piloto cómo se llamaba esa sierra. Éste les respondió que era la Sierra de Aitana. Así que, como María Teresa estaba embarazada, decidió, junto a su marido, ponerle el nombre de Aitana a su futura hija.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Hugh Bertie Campbell Pollard, pero siempre fue conocido por Hugh Pollard.

Nació en Londres en 1888. Supongo que su familia sería acomodada, ya que su padre era médico.

Parece ser que le gustaba mucho ir a la finca que poseía su abuelo. Allí aprendió el manejo de las armas de fuego y se aficionó a la caza.

Por lo visto, nunca fue un buen estudiante. Así que pronto se puso a trabajar y a vivir múltiples aventuras.

En 1908, fue testigo de una sublevación en Marruecos, en la que el sultán fue depuesto y sustituido por su hermano.

En 1911, viajó a México, donde aprendió a hablar español y donde aprovechó para cazar todo tipo de animales salvajes.

Por lo visto, escribió un libro sobre sus aventuras en México y tuvo cierto éxito. Así que ya decidió dedicarse a escribir y fue fichado como corresponsal del Daily Express.

Al comienzo de la I Guerra Mundial, fue movilizado y destinado en calidad de oficial de mensajería del Estado Mayor. Eso dio lugar a que participase en las dos batallas de Ypres.

Desgraciadamente, cuando conducía su motocicleta, llevando mensajes por el frente, fue herido de gravedad a causa de los gases y la metralla que le afectó una pierna.

Eso supuso su repatriación y un permiso de 5 meses para poder recuperarse de sus heridas. Él aprovechó una parte de ese permiso para trabajar para su suegro en la administración de su fábrica de granadas de mano. También escribió la historia de la batalla de Ypres, que fue todo un éxito y todavía se sigue publicando.

Posteriormente, fue trasladado al MI7, un servicio de Inteligencia dedicado a la propaganda y la censura de guerra. Su sede se llamaba Wellington House.

Allí inventó historias como la de un supuesto ejército ruso, que había llegado a Gran Bretaña para incorporarse al frente occidental.

Otra de sus invenciones fue publicar un folleto en el que aseguraba que, como los alemanes eran deficitarios en grasas, aprovechaban los cadáveres de sus soldados para quitárselas e introducirlas en productos alimenticios.

Siempre fue un gran especialista en armas de fuego. Por ello, escribió varios libros dedicados a estos temas y parece que tuvo mucho éxito.

Posteriormente, fue destinado a Irlanda, durante la guerra de la independencia de ese país.

Su trabajo consistió en labores de desinformación, como la falsificación de boletines de los independentistas con datos falsos o la información de batallas que nunca se produjeron.

A principios de julio de 1936, se reunieron para comer en un restaurante Douglas Jerrold, editor de un periódico católico británico, con Luis Bolín, corresponsal del diario español ABC en Londres.

Allí decidieron que habría que transportar al general Franco desde Canarias hasta el Marruecos español para que tomase el mando de las tropas españolas en África.

Habría que alquilar un avión, que no fuera español. Dentro iría, aparte del piloto, alguien al mando y dos chicas rubias con aspecto de turistas británicas.

Jerrold, que aparte de ser periodista, había trabajado en los servicios de Inteligencia, enseguida pensó en su amigo Pollard, que era otro ferviente católico. Así que aprovechó para llamarle desde el restaurante. Éste no puso ninguna objeción y decidieron que el vuelo se realizaría al día siguiente.

Siempre me ha llamado la atención que contratasen un avión, como el Dragón Rapide, que tenía una autonomía inferior a los 800 km. Lo suyo es que hubieran elegido un avión con una autonomía mayor para no tener que hacer escalas, donde los pudieran estar vigilando.

Este avión y todos los gastos del vuelo fueron pagados por el millonario español Juan March.

La tripulación estaba compuesta por el piloto Cecil Bebb y el mecánico Walter Shepherd. Mientras que los pasajeros fueron Hugh Pollard, la hija de éste, Diana, y una amiga de ella, llamada Dorothy Watson. Luis Bolín embarcó en la escala que hicieron en Burdeos.

El avión despegó la mañana del 11/07/1936 desde el aeródromo londinense de Croydon. La primera escala fue Burdeos. Posteriormente, hicieron otra escala cerca de Oporto para luego viajar a Sintra, donde se reunieron con otros implicados en la trama.

El 14/07/1936 hicieron escala en Casablanca para repostar y luego ya fueron al aeropuerto de Gando, en Las Palmas de Gran Canaria. Allí bajaron las dos mujeres, pero Pollard se quedó esperando ¿Acaso sabía lo que iba a ocurrir?

El 16/07 tiene lugar la muerte del general Balmes en Gran Canaria. Nunca se ha sabido si fue una negligencia o un asesinato.

Lo cierto es que Franco, que estaba en Tenerife, el día 17/07, viajó en un cañonero de la Armada española para asistir al entierro de Balmes. Parece ser que esto le sirvió para eludir la vigilancia que había ordenado el Gobierno republicano sobre él.

El día 18/07, Franco, vestido de civil, embarca en el Dragon Rapide, junto a su primo y ayudante militar, al que llamaban Pacón, porque era muy alto, Luis Bolín y Martínez Fuset, que era su asesor jurídico.

Hacen una escala en Casablanca y el día 19/07 por la mañana llegan a Tetuán, donde Franco se pone al frente del Ejército de África.

Mientras tanto, Hugh, su hija y Dorothy estuvieron unos días visitando Canarias. No olvidemos que, aunque ya había empezado la guerra, allí no hubo combates de ningún tipo.

Estuvieron de turismo hasta que el 24/07 embarcaron en el crucero británico RMS Highland Brigade, que hacía la ruta entre Brasil y Argentina hasta el Reino Unido, haciendo escala en Las Palmas de Gran Canaria. Llegaron a Londres el 30/07.

Por otro lado, Franco no se fue a la guerra sin antes haber organizado la huida de su esposa y su hija, por si fallaba el golpe, que dio lugar a la guerra civil.

En principio, navegaron en un guardacostas de la Armada, acompañadas de Martínez Fuset, hasta el crucero alemán Waldi, que permanecía anclado fuera del puerto.

Teóricamente, ellas iban a ir hasta el puerto francés de Le Havre, donde les esperarían unos amigos. Sin embargo, se lo pensaron mejor y abandonaron el barco, cuando hizo escala en Lisboa.

No sé si calcularon que serían mejor recibidas en Portugal, donde gobernaba un partido con una ideología parecida a los del bando nacional. Sin embargo, en Francia gobernaba el Frente Popular. Así que podrían tener problemas con las autoridades francesas.

Ya en la posguerra española, Franco condecoró a Pollard, su hija, la amiga y el piloto del Dragon Rapide.

Como podemos adivinar, no se estuvo quieto, cuando estalló la II Guerra Mundial. Trabajó en España para el MI6, dentro de un departamento dedicado a realizar sabotajes y otras operaciones especiales.

En una de sus andanzas, fue a Portugal y logró interceptar un envío de ametralladoras Vickers, con destino al Ejército republicano. Las cuales mandó de vuelta al Reino Unido.

Incluso, participó en una especie de complot, cuyo fin era restablecer a Alfonso XIII en el trono de España, para reducir la influencia alemana sobre el Gobierno español.

Posteriormente, fue destinado a una unidad, que acompañaba a las tropas aliadas por Europa. Se dedicaban a incautar y estudiar las armas que iban encontrando.

Tras la guerra mundial, se retiró para llevar una vida tranquila en su finca situada en una localidad de West Sussex.

Le gustaba mucho disparar con todo tipo de pistolas. Dicen que un día le preguntó un amigo si había matado alguna vez a alguien. Él respondió: “nunca por accidente”.

Falleció en 1966 y siguió definiéndose como anticomunista hasta su muerte. Se cree que tuvo un papel más importante durante la II Guerra Mundial, sin embargo, todos esos documentos siguen estando clasificados como secretos.

 

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