ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 15 de septiembre de 2026

LA HUELGA DE TRANSPORTES DE BERLÍN DE 1932

 


 Como ahora vemos muy a menudo que los líderes de los partidos de izquierdas enseguida llaman “facha” a todo el que piensa de una manera diferente a la de ellos, creo que es necesario refrescarles la memoria y mostrarles algunas de las veces en las que colaboraron con esos “fachas”, aunque ahora no quieran recordarlo. Así que ahora voy a exponer un ejemplo de ello, aunque ha habido muchos a lo largo de la Historia.

Estamos a primeros de noviembre de 1932. En Alemania, el presidente de la República de Weimar es Hindenburg y el canciller es von Papen, del partido Zentrum.

Como todos sabemos, la economía alemana atravesaba por una mala época. La inflación había castigado muy duramente al pueblo alemán. Una barra de pan costaba millones de marcos. En fin, un desastre.

En cambio, ahora había una deflación, que dio lugar a 6.000.000 de parados.

Así que a von Papen, que era un tipo muy enérgico, se le ocurrió la peregrina idea de recortar los salarios para reducir los costes, lo que provocó el hundimiento del consumo. Como era de esperar, la gente se puso en pie de guerra.

La BVG era la empresa de transportes públicos de Berlín. Siguiendo las directrices de la cancillería, decidió rebajar el sueldo de sus empleados a razón de 2 pfennigs por hora. El pfennig era el céntimo del antiguo marco alemán.

El sindicato mayoritario (ADGB) pertenecía al SPD. Como pretendía que el empresariado los viera como moderados, optaron por no apoyar la huelga. Supongo que tampoco se sumaron a la huelga, porque varios miembros del SPD ocupaban cargos directivos en BVG.

Sin embargo, el Partido Comunista (KPD), por medio de su sindicato, el RGO, aprovechó para intentar tomar el lugar que había dejado libre el ADGB.

Contra todo pronóstico, el sagaz Goebbels vio en esto una oportunidad para atraerse a las masas obreras, ya que la huelga comenzaba el 3 de noviembre y las elecciones generales eran 3 días después. Así que movilizaron a su sindicato, el NSBO.

Por ello, ambas organizaciones firmaron un pacto de no agresión, durante los días que durase la huelga, porque lo normal era que se pelearan muy a menudo por las calles berlinesas.

Así que los ciudadanos contemplaron asombrados cómo los comunistas y las SA nazis colaboraron en la instalación de barricadas, lucharon contra los esquiroles y pidieron con huchas para tener una caja de resistencia.

Curiosamente, los dirigentes comunistas, liderados por Ernst Thälmann, dijeron que prefirieron unirse a los nazis para luchar contra los capitalistas y contra el SPD.

Seguramente, a algunos les sonará el nombre de Ernst Thälmann o Thaelmann. Es posible que sea, porque, durante la guerra civil española, existió una unidad, compuesta por comunistas alemanes de la XI Brigada Internacional, que llevaba ese nombre.

Thälmann fue detenido en 1933 y enviado al campo de exterminio de Buchenwald, donde fue asesinado en 1944.

Curiosamente, Hitler no se pudo presentar antes a las elecciones, porque no le otorgaron la nacionalidad alemana hasta 1932. No olvidemos que había nacido en Austria, aunque combatió en el Ejército alemán, durante la I Guerra Mundial. Renunció a su nacionalidad austriaca en 1925, pero no le dieron la alemana hasta 1932. 


Ciertamente, esta colaboración entre comunistas y nazis nunca fue algo amigable, sino lo más parecido a una UTE (unión temporal de empresas), ya que los dos partidos se disputaban el apoyo de los obreros en las urnas.

Por ello, Goebbels se manifestó como un firme partidario de que no se hicieran recortes de salarios a los trabajadores.

Ambos partidos querían demostrar al gobierno que, sin su apoyo, Alemania era ingobernable. En el caso de Hitler, lo que pretendía era que von Papen fracasara para que Hindenburg le nombrara canciller a él.

Ambos partidos tenían un objetivo en común: derribar el gobierno de Franz von Papen.

La huelga fue duramente reprimida por la Policía, la cual llegó a disparar armas de fuego y eso dio lugar a que se produjeran 4 muertos.

Seguro que algunos querrán saber cómo llegaron estos dos grupos a un acuerdo para iniciar esta increíble huelga. Por parte de los comunistas, se sentaron a la mesa Walter Ulbricht y Paul Becker. El primero quizás os suena, porque llegó a ser presidente de la antigua RDA. El segundo es menos conocido, pero fue jefe de la Policía y luego alto directivo del deporte. Ambos cargos en la RDA.

Por parte nazi asistieron Goebbels, que era el jefe del partido nazi en Berlín y luego fue ministro de Propaganda con Hitler, y Reinhold Muchow, fundador del sindicato NSBO.

Una de las cosas que pactaron fue que los delegados de las fábricas de ambos sindicatos se pusieran de acuerdo para tomar, conjuntamente, las decisiones oportunas en cada momento.

Curiosamente, los nazis tuvieron que elegir entre el apoyo financiero que estaban teniendo, por parte de los empresarios alemanes, aunque todavía no les apoyaban los grandes magnates de la industria, y el apoyo de los obreros.

Así que eso de que los grandes industriales vieran que, sólo por unos días, los nazis habían colaborado con los comunistas, seguro que a más de uno le puso los pelos de punta. Ello dio lugar a la quiebra del Partido nazi a finales de 1932, ya que les retiraron casi todo el apoyo empresarial.

Esa situación cambió radicalmente, cuando, en enero de 1933, tras el encargo de formar el gobierno a Hitler, Goebbels convocó a los grandes magnates de la industria alemana para decirles que iban a ilegalizar a los partidos y sindicatos de izquierdas, al igual que las huelgas. Así que supongo que, como se suele decir, a Goebbels lo sacarían a hombros y por la puerta grande. A partir de entonces, les llovieron los fondos a los nazis.

Tampoco fue la primera vez en la que los alemanes colaboraron con los comunistas. Como los alemanes habían sido derrotados en la I Guerra Mundial y los comunistas rusos se habían rendido sin contar con los aliados, los trataron mal a ambos y no les dejaron participar en las reuniones del Tratado de Versalles.

Así que Alemania y la URSS se reunieron y firmaron, en 1922, el Tratado de Rapallo. Al que ya dediqué otro de mis artículos.

Por medio de este tratado, los alemanes aportaron sus conocimientos técnicos, mientras que los soviéticos exportaron sus materias primas sin trabas arancelarias. Al margen de esto, ambas partes se comprometieron a dejar que los alemanes probaran sus nuevas armas y entrenaran a sus tropas en territorio soviético.

Evidentemente, el otro momento en que ambos colaboraron fue tras el Pacto Ribbentrop-Molotov, firmado en 1939.

Volviendo a nuestro tema de hoy, parece ser que los grandes magnates industriales alemanes nunca habían sido muy partidarios de los nazis, porque en ese partido existía un ala izquierdista, liderada por su fundador Gregor Strasser, el cual proponía nacionalizar las industrias y limitar los beneficios empresariales. Hitler no tuvo ningún problema para ordenar el asesinato de Strasser y de su hermano en la Noche de los cuchillos largos. Aunque su hermano consiguió escapar a tiempo y se fue al exilio.

A pesar de que muchos industriales abominaban de los métodos violentos practicados por las SA, les importaba más que hubiera estabilidad en el país y, por eso, algunos de ellos fueron a hablar con Hindenburg para que nombrara canciller a Hitler, con la condición de que von Papen fuera el vicecanciller para que lo vigilara muy de cerca.

Su idea fue utilizar a los nazis como a una especie de Policía con poderes excepcionales para enfrentarse a las organizaciones de izquierda, aunque siguieran gobernando los políticos de siempre.

Ciertamente, se equivocaron, porque Hitler supo sacar mucho partido a los pocos puestos que le habían dejado en el Gobierno y los utilizó para ir eliminando a sus adversarios políticos.

También es cierto que Hitler sacó partido de la crisis económica en la que estaba sumida Alemania.

Tras la firma del Tratado de Versalles, les exigieron unas indemnizaciones muy exageradas a Alemania, que no podían pagar. Así que los aliados redujeron esas indemnizaciones y les dieron más facilidades de pago.

A partir de entonces, Alemania empezó a funcionar de nuevo, porque muchas empresas, sobre todo, del Reino Unido y de USA, invirtieron grandes cantidades de dinero en ese país.

Sin embargo, tras el Crac de 1929, esas empresas se vieron obligadas a repatriar el capital invertido en Alemania y eso dio lugar a una crisis económica mucho mayor, la cual eliminó la clase media e hizo surgir a los partidos ultras de ambos bandos.

En cuanto a esta huelga de 1932, hay que decir que no lograron sus objetivos. La empresa, BVG, rebajó los salarios y despidió a unos 4.000 de sus 28.000 empleados.

Así que la huelga acabó el día 6 de noviembre, cuando se celebraron las elecciones generales. A partir de esa fecha, volvieron a combatir en las calles los comunistas contra las SA nazis.(foto: Bundesarchiv_B_145_Bild-P049500)

Por lo que respecta al Partido Nazi, parece ser que a los alemanes no les gustó nada que se unieran a los comunistas en esta huelga. Así que en esas elecciones perdieron nada menos que 34 escaños, desde los 230 obtenidos en las elecciones de julio de 1932. No obstante, siguió siendo el partido más votado. El siguiente más votado fue el SPD y luego el KPD.

Los comunistas del KPD lograron un pequeño aumento de escaños, pero no lograron desbancar al sindicato ADGB del apoyo de la mayoría de los obreros alemanes.

Como ya he dicho, los políticos e industriales de Alemania tuvieron que ir a hablar con Hindenburg para intentar convencerle de que le encargase el gobierno a Hitler. Un tipo que nunca gustó al viejo militar. Buscaron una solución a la situación desesperada en la que vivía Alemania. Se dieron cuenta muy tarde de que se habían equivocado.

En resumen, un acontecimiento muy banal, como fue una huelga de transporte, fue lo que precipitó la llegada al poder de Hitler.

 

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