Hoy voy a narrar la historia de un hombre muy singular, que tuvo la virtud de saber cabalgar entre dos mundos, sin levantar sospechas. Tampoco sé si aquella sociedad británica tan desigual se negó a aceptar que tenía a un traidor entre los suyos. Por lo visto, hubo quien dijo que no podía ser un traidor, porque era “uno de los nuestros”.
Nuestro personaje de hoy se llamaba Harold Adrian Russell Philby. Nació en 1912 en una ciudad de la India, cuando ese territorio era una colonia británica.
Su padre fue un conocido
explorador y alto funcionario británico en la India. Incluso, fue asesor del
futuro primer monarca de Arabia Saudí.
Como era normal en aquella época,
no estudió en la India, sino en el Reino Unido. Parece ser que fue un buen
estudiante. Por ello, le dieron una beca para estudiar en el prestigioso Trinity
College de Cambridge. En 1933, se graduó en Historia y Economía.
Fue el mismo año en el que Hitler
llegó al poder en Alemania. Así que muchos movimientos de izquierdas se
movilizaron para contrarrestar la influencia de los nazis.
Ya sabemos que los años 30 se
caracterizaron por el surgimiento de partidos ultras en ambos lados. Esto suele
ocurrir cuando los respectivos gobiernos destruyen la clase media y la gente
vota a la desesperada. Algo similar a lo que está ocurriendo ahora, sólo que
entonces venían empujados por el Crac de 1929.
empezó a tomar contacto con organizaciones como la Sociedad Socialista de la Universidad de Cambridge. Al principio, no participó mucho en sus deliberaciones. Sin embargo, acabó siendo el tesorero de esa organización.
Allí tomó contacto con un profesor de ideología marxista, llamado Maurice Dobb, el cual se dedicaba a atraer jóvenes para ingresar en el Partido Comunista y se cree que reunió al llamado grupo de los Cinco de Cambridge, al que perteneció Philby.
Así que es raro que este grupo no
levantara sospechas, porque se sabe que Dobb estaba siendo vigilado muy de
cerca por el MI5, el servicio británico de contraespionaje.
Posteriormente, Philby se afilió
a la Federación mundial para el socorro de las víctimas del fascismo alemán.
Una de las muchas organizaciones fundadas por el propagandista comunista
alemán, Willi Münzenberg, al que ya dediqué otro de mis artículos.
Cuando nuestro personaje estuvo
residiendo en Viena, dedicándose a ayudar a los refugiados alemanes del
nazismo, conoció a una joven austriaca, llamada Litzi Friedmann, que fue su
primera esposa. Parece ser que ella ya trabajaba como espía para la URSS.
Cuando llegó al poder el
canciller austriaco Dollfuss, decretó la persecución de los elementos de
extrema izquierda. Por eso, Philby y su esposa ayudaron a muchos a escapar de
Viena a través de las alcantarillas de la ciudad.
Hay quien dice que ellos se
separaron por orden de sus jefes en Moscú, ya que no les interesaba que Philby
atrajera la atención, al reunirse con comunistas ya conocidos. No obstante,
siguieron teniendo muy buenas relaciones, aunque obligaron a Litzi a
divorciarse y casarse con otro. De hecho, en 1940, cuando los alemanes
invadieron Francia, Philby ayudó a Litzi a salir de allí y huir al Reino Unido.
Parece ser que la persona que
captó a Philby para el espionaje soviético fue el austriaco Arnold Deutsch. Lo
primero que le dijo fue que abandonase a sus amistades de izquierdas para poder
infiltrarse como si fuera un simpatizante entre las organizaciones fascistas y
nazis.
Le formó para que se convirtiera en un buen espía y, para empezar,
le obligaron a espiar a su propio padre, porque pensaban que custodiaba documentos de gran importancia.Deutsch también fue el que captó
a casi todos los miembros de los Cinco de Cambridge.
Este grupo lo formaron cinco
personas, aunque algunos sospechan que fueron algunos más.
El que más destacó fue nuestro personaje,
el cual, a pesar de su conocido pasado comunista, fue admitido en el MI6 y
llegó a ser el jefe del contraespionaje durante la Guerra Fría.
Guy Burgess trabajó en el MI5 y
envió a Moscú centenares de informes sobre la seguridad nacional en el Reino
Unido.
Donald Maclean fue un conocido
diplomático, que también colaboró activamente con el KGB. Philby le avisó de
que iban a detenerlo y consiguió huir, junto con Burgess, a la URSS.
Anthony Blunt, era un famoso historiador del arte y conservador de las colecciones reales. Era un poco mayor que los demás. Incluso, fue profesor de alguno de ellos. Curiosamente, solía estar muy cerca de la reina Isabel II. Ésta fue advertida de su militancia en la KGB. Sin embargo, tanto ella como el premier Douglas-Home, no le dieron mucha importancia y lo taparon.
El caso salió a la luz, cuando Thatcher fue elegida premier y ésta lo expulsó del palacio real.
El último en ser descubierto fue
John Cairncross, el cual trabajó en el Ministerio de Asuntos Exteriores británico.
Durante la II Guerra Mundial estuvo destinado en el MI6 y, concretamente, en
Bletchley Park, el lugar donde se descifraban todas las comunicaciones, que los
alemanes hacían con sus máquinas Enigma.
Así que él obtenía las comunicaciones descifradas y se las pasaba a su contacto de la KGB para que las enviara a Moscú. Parece ser que esto fue crucial para que los soviéticos consiguieran vencer a los alemanes en la famosa batalla de Kursk.
Por lo visto, allí también
interceptaron los mensajes entre el líder comunista yugoslavo Tito y el
Gobierno soviético. Así que Cairncross también transmitió esos mensajes
descifrados a Moscú.
Durante la posguerra, trabajó
para la OTAN y desde allí envió información a Moscú sobre el despliegue de las
armas nucleares en Alemania.
Curiosamente, aunque fue
interrogado en varias ocasiones, nunca fue procesado. No obstante, en los años
60, perdió su trabajo, pero fue contratado como traductor por la FAO. Parece
ser que era un superdotado para el aprendizaje de idiomas.
Él nunca reconoció haber sido uno
de los Cinco. Sin embargo, su trabajo en la KGB fue reconocido por algunos
espías de esa organización, que habían huido de la URSS.
Curiosamente, su controlador, Yuri Modim, dijo en cierta ocasión que muchos de los informes de estos agentes no resultaban creíbles en la URSS, porque sospechaban que los hubieran obtenido con tanta facilidad y pensaron que pudiera ser un caso de desinformación por parte de la Inteligencia occidental.
Parece ser que Cairncross llegó a temer que hubiera miembros de la Inteligencia nazi en el KGB y se dieran cuenta de que los británicos estaban captando y descifrando sus mensajes. Pero no parece que eso ocurriera, aunque es verdad que el general alemán Gehlen, al que dediqué otro de mis artículos, siempre tuvo muchos agentes en la antigua URSS. Tantos que luego se los ofreció, durante la posguerra, a la CIA.
En 1936, Philby empezó a
dedicarse al periodismo. Incluso, se afilió a una organización dedicada a
mejorar las relaciones entre el Reino Unido y Alemania y viajó en varias
ocasiones a Berlín.
A comienzos de 1937 viajó a
España, en calidad de reportero independiente, aunque luego lo contrataron en
The Times. A la vez, trabajó para la NKVD soviética y para el MI6 británico.
Curiosamente, estuvo ejerciendo
su labor periodística muy cerca del Estado Mayor del bando nacional y habló en
varias ocasiones con Franco.
Sus controladores de la URSS
también le preguntaron por la posibilidad de realizar un atentado para asesinar
a Franco, pero nunca se decidieron a hacerlo.
Durante la batalla de Teruel, Philby viajaba en un coche por un lugar cercano a ese frente, acompañado de tres periodistas más. Un proyectil lanzado por la artillería republicana impactó en el vehículo y dio lugar a la muerte de sus compañeros, mientras que Philby recibió una herida de metralla en la cabeza.
Para más recochineo, el comunista
Philby fue condecorado, personalmente, por Franco con la Cruz del Mérito
militar con distintivo rojo. Evidentemente, eso hizo que los combatientes del
bando nacional lo vieran como uno de los suyos.
En 1938, Walter Krivitsky, un
antiguo jefe del GRU, la Inteligencia militar soviética, huyó a Francia,
escapando de las infames purgas de Stalin. En los interrogatorios, afirmó que
había varios británicos trabajando para ellos. Incluso, dijo que uno de ellos
trabajaba como periodista, pero no se publicaron sus nombres. Poco después,
alguien lo asesinó.
Parece ser que Philby intentó fichar a Flora Solomon, que realizaba una importante labor en los almacenes Mark & Spencer, en la Inteligencia soviética, pero ella se negó.
No obstante, fue la misma que le presentó a su compañera Aileen Furse, la cual se convirtió en la segunda esposa de Philby.
En cierta ocasión, Solomon fue
interrogada por el MI5. Entre otras cosas, declaró que sospechaba que Philby y
Tomas Harris eran agentes soviéticos. El segundo de estos era un marchante de
arte, que había trabajado para el MI5, durante la II Guerra Mundial. En los
años 60 residía en Mallorca. Casualmente, pocos días antes de ser también
interrogado, se mató en un accidente de tráfico en esa isla. Algunos afirman
que fue asesinado por los soviéticos para que no hablara.
Cuando empezó la II Guerra
Mundial, Philby se desplazó hasta Francia para seguir trabajando como reportero
para The Times. Consiguió huir de Francia poco antes de la rendición del
Ejército francés.
Durante esta guerra, se dedicó a formar a los agentes de la famosa SOE para realizar labores de sabotaje tras las líneas enemigas.
Philby también avisó a Moscú sobre la invasión alemana del territorio de la URSS, pero se ve que no le hicieron caso.
A partir de 1941 consiguió un
puesto muy apetecido por la Inteligencia soviética. Se trataba de jefe de una
sección de un departamento de contrainteligencia del MI6. Como tenía un buen
conocimiento de España, consiguió estropear algunos planes de la Inteligencia
alemana en nuestro país. Eso hizo que fuera ascendiendo poco a poco.
Así que, como Philby nunca
informaba de la infiltración de los agentes británicos en la Inteligencia soviética,
empezaron a pensar que los Cinco eran agentes dobles y que daban la información
a Moscú con cuentagotas.
En el verano de 1945, un
vicecónsul y agente soviético en Estambul, llamado Volkov, se puso en contacto
con los aliados para indicarles su decisión de desertar. Como precio, les
indicó que les podría dar los nombres de varios británicos, que trabajaban para
la URSS.
El MI6 envió a Philby a Estambul para hablar con Voskov. Lógicamente, después de 3 semanas, cuando llegó, los soviéticos ya se lo habían llevado secuestrado a Moscú, porque es muy posible que Philby les hubiera avisado, ya que él iba a ser uno de los denunciados por Volkov.
A pesar de que muchos seguían desconfiando de la lealtad de Philby, en 1946, fue nombrado oficial de la prestigiosa Orden del Imperio Británico.
En 1947, fue nombrado jefe de la
Inteligencia británica en Turquía. No sé si eso sería una trampa para probar su
lealtad. No obstante, su cargo oficial era el de vicecónsul en el Consulado
británico en Estambul.
Desde allí, la Inteligencia británica
tenía planeadas varias operaciones para desestabilizar algunos países comunistas.
Sin embargo, tanto unos comandos
enviados a la Georgia soviética, como otros a Albania, fracasaron rotundamente.
Quedó claro que hubo una filtración, porque los estaban esperando al otro lado
de la frontera.
Al año siguiente, parece ser que la esposa de Philby padeció alguna enfermedad mental, que le incitaba a autolesionarse. Así que su departamento los trasladó primero a Suiza
para intentar curarla y luego le dieron a Philby un puesto en Washington DC, consistente en coordinar las actividades de los servicios de Inteligencia de USA y del Reino Unido. Supongo que en Moscú lo celebrarían por todo lo alto, porque les envió mucha información desde su nuevo puesto.En 1949, la Inteligencia USA creó
el Proyecto Venona, con el que consiguieron interceptar muchas comunicaciones soviéticas.
De esa manera, comprobaron que había un agente, que enviaba transmisiones desde
Nueva York a Moscú. Enseguida, Philby supo que era su viejo amigo Maclean y
facilitó su huida. Burgess también trabajaba en USA, pero le resultaba algo
molesto a Philby, porque solía beber mucho y entonces hablaba más de lo debido.
Así que consiguió que ambos se fueran al Reino Unido para poder escapar a la
URSS.
No obstante, en 1951, cuando
Philby regresó a Gran Bretaña, fue interrogado por miembros del MI5 sobre la
posibilidad de que él fuera otro agente soviético. Evidentemente, lo negó todo,
pero dimitió del MI6, antes de que lo echaran. Ya se sabe que a esta gente les
gusta hacer sus cosas de puertas para adentro.
Unos días más tarde, el propio
Philby dio una rueda de prensa en una casa de su familia, en la que dijo: “Nunca
he sido comunista”.
Aún así, en 1956, fue enviado al
Líbano como reportero de varios periódicos británicos. Eso le sirvió como
tapadera para seguir trabajando para el MI6.
En 1961 desertó un alto cargo del
espionaje soviético y aportó los nombres de cientos de agentes occidentales que
trabajaban para la URSS. Uno de ellos era Philby.
Así que en Londres se les ocurrió
una idea un tanto absurda. Enviaron a un íntimo amigo de Philby, llamado Nicholas
Elliott, para interrogarle.
Parece ser que Philby cada vez
sufría más depresiones y se refugió en el alcohol, algo que también le ocasionó
algún accidente doméstico.
Por lo visto, lo confesó todo, pero no quiso firmar su confesión en el momento, sino que lo haría más adelante.
En la noche del 23/01/1963,
cuando él y su esposa habían quedado para cenar con el primer secretario de la
embajada británica en Beirut y su esposa, Kim desapareció. Por lo visto, se
montó en el carguero soviético Dolmatova, que estaba atracado en ese puerto y así
huyó hasta Odessa.
En julio de 1963, el Gobierno
soviético reconoció que había concedido asilo político a Philby y luego la
nacionalidad soviética. Hay quien dice que la Inteligencia británica le dejó huir
para no tener que afrontar un juicio público, en el que se vieran las
debilidades de ese servicio.
Por lo visto, los soviéticos no
lo trataron tan bien como esperaba. No le dieron el cargo, al que aspiraba,
dentro del KGB y lo tuvieron retenido e incomunicado en un apartamento. Así que
no pudo llevarse a su familia, porque sus ingresos eran muy bajos.
En 1968, Philby publicó sus
memorias, a las que puso por título “Mi guerra silenciosa”. En este libro
reconoció que él siempre fue leal al comunismo.
Durante su estancia en la URSS,
se divorció de su esposa y se casó con una escritora soviética. Según dijo
ella, vio que Philby se decepcionó mucho al ver la vida de los ciudadanos soviéticos.
Sin embargo, nunca cambió de ideas y siempre le echó la culpa a la mala
administración de sus dirigentes. Supongo que eso no se atrevería a decirlo en
público.
En la década de los años 70, la
KGB le dio un trabajo en una sección dedicada a la falsificación de documentos y
tarjetas de identidad británicas y USA.
Philby murió en 1988, al parecer,
a causa de una insuficiencia cardiaca. Por lo visto, en sus últimos años estuvo
muy decepcionado con el comunismo y volvió al alcoholismo.
Fue enterrado en un cementerio de
Moscú y se le rindieron los honores propios de un general del KGB.
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