ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

lunes, 8 de marzo de 2021

EL ANTICATOLICISMO EN USA

 

Hace unos días, me comentaba un amigo que los ciudadanos USA tenían muchas religiones y todos eran muy tolerantes. A lo que yo le respondí que lo eran, siempre que la mayoría de ellos siguieran siendo tan protestantes como sus fundadores y fueran los que gobernaran en ese país.

Actualmente, hay un 54% de protestantes y un 26% de católicos. Así que no es de extrañar que allí se diga que, para triunfar en ese país hay que ser WASP. O sea, blanco, anglosajón y protestante.

Curiosamente, todos los presidentes de USA han sido blancos y protestantes. Las únicas excepciones han sido Jefferson, que decía ser deísta; Obama, que no es blanco, pero sí protestante, y Kennedy y Biden, ambos católicos.

En 1844 cundió la alarma en Irlanda, pues se podía apreciar claramente que los cultivos de patatas se estaban destruyendo por culpa de una enfermedad desconocida en esa época. Realmente, esa enfermedad de la patata se dio en varios lugares de Europa, sin embargo, perjudicó gravemente a los irlandeses, porque se calcula que un 40% vivían, casi exclusivamente, de ese cultivo.

Además, esa plaga afectó más a los irlandeses, porque se había convertido en el alimento básico para los pobres y, para colmo, casi todas las que plantaban eran de la misma variedad. Así que allí se lo pusieron muy fácil al hongo que atacaba a esos cultivos.

No está muy claro de dónde procedía esa plaga, sin embargo, algunos estudios afirman que podría haber venido de algunos territorios del este de USA, desde los que fue llevada, a través de barcos mercantes, a Europa.

Desgraciadamente, como era de esperar, la mayoría de la población de Irlanda, cuya base alimenticia era el consumo de patatas, empezó a pasar hambre.

Para colmo, por entonces, Irlanda, pertenecía al Reino Unido, y, el Gobierno británico, no quiso escuchar sus súplicas de ayuda. Es más, siguieron exportando alimentos desde esa isla a Gran Bretaña. Eso provocó un gran aumento de precios, que dejó los alimentos fuera del alcance de los pobres. Recordemos que la República de Irlanda se fundó en 1922.

Así que, como los políticos no hicieron su trabajo y la gente veía que cada vez morían más a causa de esa terrible hambruna, optaron por emigrar a otros países.

No estoy hablando de cifras pequeñas. Parece ser que murieron alrededor de 1.000.000 de personas y otros tantos emigraron. La inmensa mayoría de ellos fueron a USA. Por ello, ya que no se trataba de una isla muy poblada, disminuyó un 25% la población de la misma.

Lógicamente, no era la primera vez que llegaba una gran cantidad de emigrantes a USA, que es un país que se ha basado en la inmigración.

Durante y después de las guerras napoleónicas, llegaron varios millones de inmigrantes procedentes de Alemania. Supongo que unos irían huyendo de esas guerras, mientras que otros resultarían afectados por la pequeña Edad de hielo, de la que ya hablé en mi artículo sobre Mary Shelley, la autora de Frankenstein.

Obviamente, los alemanes, fueron mejor acogidos que los irlandeses, porque los primeros eran, mayoritariamente, protestantes, mientras que los segundos eran casi todos católicos.

Concretamente, parece ser que desconfiaban de los irlandeses, porque, al ser católicos, pensaban que seguían las instrucciones del Papa, que era el soberano absoluto de otro país y creían que podrían poner en peligro la democracia en USA. Aparte de que, al ser irlandeses, también eran británicos y USA ya había sostenido varias guerras contra el Reino Unido.

Como ya dije, en otro de mis artículos, en una de esas guerras, los británicos, consiguieron llegar hasta Washington DC e incendiar la Casa Blanca.

Hay que mencionar que, hoy en día, la mayoría de la población de Alemania es protestante, gracias a un acuerdo firmado en 1555 entre el emperador Carlos V y los representantes de los nobles alemanes. Se le conoce como la Paz de Augsburgo.

Por medio de ese pacto se reconoció a cada uno de los nobles que gobernaban un territorio la posibilidad de ser católicos o protestantes luteranos. Así que los súbditos que vivían en ese territorio debían tener la misma religión que su gobernante o trasladarse a otra zona, donde hubiera un gobernante de su misma religión.

Por ello, como ya he dicho, salvo Baviera, casi toda Alemania es protestante, mientras que la mayoría de los austriacos son católicos.

Otra de las cosas que argumentaban en USA era que el Papa había reprimido a sangre y fuego, como hicieron en otros países europeos, los incidentes provocados durante las Revoluciones liberales de 1848.

También es muy posible que en USA se alarmaran al ver lo que estaba sucediendo en Canadá, donde ya había varias ciudades, en las que más de la mitad de sus habitantes eran inmigrantes irlandeses. Así que, al ver eso el Gobierno británico, impuso restricciones para que los irlandeses fueran a Canadá, aunque ambos territorios formaran parte de su Imperio. La razón estaba en prevenir que surgieran brotes independentistas.

Esa fue la razón por la que muchos de esos inmigrantes dejaron de ir a Canadá y decidieron trasladarse a USA.

Así que, a la vista de esa especie de invasión de inmigrantes procedentes de Europa, algunos ciudadanos USA muy nacionalistas fundaron un partido al que, en principio, denominaban Know nothing. O sea, no sé nada, porque era un partido que estaba en la clandestinidad y eso era lo que debían contestar sus partidarios, cuando alguien les preguntara si sabían algo de esa nueva formación política.

Realmente, el partido ya existía en la década de 1840, pero no ganó cierta notoriedad hasta una década más tarde, con motivo de ese aluvión de inmigración. Parece ser que en la década de 1850 llegaron 5 veces más inmigrantes que en la década anterior.

Así que este nuevo partido, que se denominó Partido Nativo Americano, empezó a concurrir a las elecciones a partir de 1854. Ciertamente, sacaron buenos resultados en las ciudades donde había un mayor número de inmigrantes a los que se les acusaba de haber incrementado los índices de criminalidad. Incluso, llegaron a ser mayoría en los parlamentos de algunos Estados, como Massachusetts.

Parece ser que aprovecharon esa mayoría parlamentaria para imponer una serie de normas penales contra los bares clandestinos, los salones de juego o los prostíbulos. Incluso, pretendieron que todos los niños leyeran en las escuelas las Biblias protestantes, para intentar la conversión de los católicos. El problema es que, para ello, necesitaron un buen número de funcionarios y eso provocó un aumento desmesurado de los impuestos. Cosa que, como ya sabemos, no gusta nada en los USA. Por ello, perdieron muchos votos en las siguientes elecciones.

Lógicamente, la mayoría de sus votos los obtuvieron en los distritos pobres, donde habitaban los obreros, que se estaban quedando sin trabajo, tras la llegada de estos pobres inmigrantes, que hacían ese mismo trabajo por la mitad del salario.

No es de extrañar que hubieran sacado tan buenos resultados, pues, ese mismo año, pasaron de 50.000 afiliados a más de 1.000.000. De hecho, muchos antiguos miembros del partido whig o liberal, al que perteneció Lincoln, se pasaron a esta nueva formación política. Sobre todo, en el sur, para intentar contrarrestar la hegemonía del Partido Demócrata en esos Estados.

Evidentemente, en cada ciudad se quejaban, según el tipo de inmigrantes que tuvieran allí. Concretamente, en San Francisco, se quejaron de la inmigración venida de China, traída para las obras del ferrocarril.

Todo ello, dio lugar a la violencia en algunas ciudades, que se manifestó en quemas de iglesias y bajas producidas en ambos bandos a causa de frecuentes peleas callejeras.

Precisamente, a Lincoln, nunca le gustaron estas claras muestras de racismo, pero no quiso enfrentarse directamente con este partido, porque lo necesitaba para luchar contra el esclavismo. Por ello, este partido se fue descomponiendo en los Estados del sur.

No quiero dejar de mencionar a un personaje muy curioso. Su nombre era Charles Chiniquy y era de origen canadiense. En un principio, fue un sacerdote católico, que comenzó su ministerio en su país.

Posteriormente, se trasladó al Estado de Illinois, donde siguió ejerciendo sus funciones. Por lo visto, en una pequeña localidad de ese Estado, tuvo un roce con un importante feligrés. Así que, en 1855, se denunciaron mutuamente, por difamación y perjurio. Al sacerdote lo defendió el propio Lincoln, cuando todavía ejercía como abogado. El caso terminó con una avenencia entre las partes y no fue a más.

Posteriormente, Chiniquy, se enemistó con su obispo, porque le ordenó que se trasladase a otra parroquia y éste le acusó de haber apoyado a aquel feligrés que le demandó. El obispo se enfadó y lo excomulgó.

Así que, en 1858, tuvo que abandonar el sacerdocio y, desde entonces, se dedicó a criticar a la Iglesia Católica y se integró en la Iglesia Presbiteriana. Incluso, afirmó que el Papa había planeado apropiarse de USA a base de enviarles emigrantes católicos de varios países, acompañados por sus sacerdotes y obispos.

Al comienzo de la guerra civil, dijo que el Papa estaba del lado de los Confederados y que había urdido la guerra como una forma de destruir USA.

Tras la muerte de Lincoln, dijo que todo se debía a un complot, organizado por el Vaticano y, por ello, la mayoría de los implicados eran católicos.

Hay que tener en cuenta que, aunque USA sea un país de inmigrantes, hasta 1850, la mayoría de ellos procedía de Reino unido o Alemania. Sin embargo, a partir de ese año, aunque siguieron llegando muchos alemanes, la mayoría de los inmigrantes procedía de Irlanda y de Italia.

Así que en 1875 se aprobó la primera ley para regular la entrada de inmigrantes en USA. Para empezar, se prohibió la entrada a los llamados extranjeros indeseables, o sea, criminales y prostitutas. Posteriormente, se pusieron muchas trabas a la entrada de chinos e, incluso, se deportó a muchos que llevaban bastante tiempo residiendo en ese país.

A partir de 1891, se dictaron otras leyes, que crearon la política de inmigración en USA. De esa forma, bloquearon la entrada de todos los que no les interesaban, como enfermos contagiosos, delincuentes, polígamos, etc.

Además, establecieron una serie de requisitos, como saber leer y escribir, saber trabajar, tener dinero en efectivo, buena salud física y mental, etc.

De todas formas, la tradición anticatólica en USA es algo que viene de lejos. Ya en el siglo XVIII, se conocen unas leyes promulgadas en Massachussets contra los jesuitas y demás sacerdotes católicos, en las que les daban un plazo para abandonar ese Estado y, de no hacerlo, serían condenados a cadena perpetua. Desgraciadamente, no fue el único Estado que lo hizo. Sin embargo, en la actualidad, es uno de los Estados donde residen más católicos.

Curiosamente, Maryland, es un Estado que fue fundado por George Calvert, un noble británico y católico para lograr que sus conciudadanos de su misma religión no fueron discriminados.

Sin embargo, unos años más tarde, tras la llegada de Cromwell al poder en Inglaterra, un grupo de protestantes presionaron al Gobierno para que enviara a un gobernador anglicano. Tras su llegada, se incendiaron la mayoría de los templos católicos en ese Estado, que entonces seguía siendo una provincia inglesa. Aparte de ello, discriminaron a los católicos no dejándoles votar, ni presentarse a las elecciones, ni tampoco ejercer como médicos o abogados.

Esa es una de las razones por las que, a pesar de haberse creado como una provincia donde podían residir tranquilamente los inmigrantes ingleses de religión católica, muy pronto fueron superados por los protestantes e, incluso, hoy en día, son más de la mitad de la población de ese Estado.

Curiosamente, si observamos un mapa de USA, veremos que Maryland casi rodea por completo a Washington DC. La razón está en que Maryland cedió parte de su territorio para que se construyera la capital de USA.

Esto de las religiones es muy llamativo en un país que, cuando se fundó, una de sus bases fue que no tenían una religión oficial y que se respetarían las de todos. Pero, lógicamente, una cosa es lo que digan las leyes y otra lo que piense la gente. No hay que olvidar que la mayoría de los primeros colonizadores de USA eran unos protestantes muy radicales.

Por eso mismo, la gente hacía caso a lo que publicaban algunos periódicos y ciertos libelos, donde ponían en cuestión la moralidad del clero católico. Así que, en algunas ocasiones, se produjeron incendios de viviendas, donde vivían inmigrantes católicos.

Para mucha gente, el catolicismo no era una religión más, sino una forma de poder absoluto, cuyos planes eran desconocidos e inquietaban a muchos de ellos, ya que decían que se ponía en peligro la independencia de USA.

Por tanto, hasta mediados del siglo XIX, en muchos de los Estados de

USA, a los candidatos a cargos públicos se les obligaba a realizar los llamados “religious tests”. La finalidad de los mismos era detectar a los católicos, para reservar esos cargos, exclusivamente, para los protestantes.

Se trataba de una costumbre, que se habían traído los primeros colonos venidos de Inglaterra. Un país donde siempre se han realizado las pruebas de religiosidad. Por lo visto, estos tests se los hacen hasta al nuevo rey, antes de ser coronado. No vaya a ser que se les cuele un “papista”.

Curiosamente, en USA, el artículo 6 de su Constitución prohíbe hacer los tests religiosos para ocupar un cargo público. Sin embargo, varios Estados entendieron que eso sólo era válido para los cargos a nivel federal y, por tanto, siguieron haciendo tests a los candidatos en sus respectivos Estados. Esta práctica dejó de utilizarse, a partir de 1961, tras una sentencia contraria a ella del Tribunal Supremo de USA.

También tomaron buena nota de los excesos de las autoridades españolas citados en los libros de Bartolomé de las Casas. Algo que les venía muy bien para que la gente no tomara nota de las masacres perpetradas contra los indios o la esclavitud en USA.

Como ya he dicho, alrededor de 1850, fue el período de mayor éxito del Partido Nativo Americano. Lograron tener un centenar de escaños en el Congreso y acceder a los ayuntamientos de algunas ciudades muy importantes.

En algunas de esas ciudades los candidatos de ese partido habían ganado gracias a que algunos de sus militantes habían formado bandas, que impedían que los inmigrantes católicos acudieran a votar.

A principios del siglo XX, hasta el propio Ku Klux Klan se incorporó a la lucha contra los católicos residentes en los Estados del sur de USA.

En 1928, un católico llamado Al Smith, que, por entonces, era el gobernador del Estado de Nueva York, fue nominado como candidato a la presidencia por el Partido Demócrata. Era la primera vez que un católico aspiraba a ser presidente de USA.

Obviamente, fue derrotado por el candidato del Partido Republicano, Herbert Hoover, porque en el país seguían existiendo muchos prejuicios contra los católicos. Aparte de que Smith era partidario de abolir la Ley Seca.

De todas formas, se libró de una buena, porque, al año siguiente, comenzó la infausta Crisis de 1929. Desde luego, Hoover, tuvo que hacer verdaderos equilibrios políticos para ir capeando esa crisis.

El mismo Kennedy, descendiente de inmigrantes irlandeses, cuando presentó su candidatura a la presidencia, aparte de asegurar que su política nunca sería dictada el Vaticano, quiso subrayar que una cuarta parte de la población de USA estaba siendo discriminada a causa de sus creencias religiosas.

De hecho, hasta el año 2012, todos o casi todos los miembros del Tribunal Supremo eran protestantes. A partir de ese año no ha habido ninguno que practicara esa religión.

Afortunadamente, parece ser que esta vez no ha habido ningún problema para que un católico, como Joe Biden, pudiera llegar a la presidencia de USA.

 

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miércoles, 24 de febrero de 2021

EL CASO DE JOHN SURRATT

 

En mis dos últimos artículos me he referido a los 8 procesados por el asesinato de Lincoln. La mitad de ellos fueron condenados a muerte y la otra mitad a cadena perpetua.


Sin embargo, otro de esos conspiradores se les escapó y voy a narrar su historia en este artículo.

John Harrison Surratt jr., que así era como se llamaba, nació en 1844, en una antigua zona rural, que hoy es un barrio de Washington DC.

Su familia era muy piadosa y fue bautizado en una iglesia católica, que se encuentra muy cerca del edificio del Capitolio. Tuvo un hermano mayor y una hermana menor que él.

Curiosamente, en 1862, John, conoció la noticia de la muerte de su padre, cuando se hallaba estudiando en un seminario diocesano, en Maryland.

A partir de ahí, dejó el seminario y ocupó el puesto de jefe de correos de su lugar de residencia, en Maryland, que había quedado vacante tras la muerte de su padre.

Con la llegada de la guerra, tomó partido por el bando confederado y fue fichado por su servicio de espionaje. Se dedicó a informar sobre los movimientos de tropas federales.

Parece ser que fue el ya mencionado Dr Mudd el que le presentó a Booth. Por su parte, Surratt le presentó al resto de los conspiradores.

Por lo visto, antes de ingresar en el seminario, Surratt, había estado estudiando en una Academia Militar. Allí coincidió con Herold y lo incorporó a su banda.

No sé por qué todos admitieron sin rechistar el liderazgo de Booth. Algunos pensarían que por su fuerte personalidad. Sin embargo, yo me decantaría porque era un tipo con mucho dinero y me parece que los componentes de su banda eran gente con poco futuro.

Así que decidieron que utilizarían como lugar de reunión uno de los salones de la pensión que regentaba Mary Surratt, la madre de John. Un lugar muy discreto, situado en la propia capital.

En 1864, el Ejército Confederado iba perdiendo la guerra y encima se estaba quedando sin efectivos, porque habían sufrido muchas bajas y muchos de los supervivientes estaban presos en campos de concentración del norte.

Durante la guerra se habían producido varios intercambios de prisioneros. Sin embargo, para terminar cuanto antes con este conflicto, el general Grant, prohibió que se produjeran más canjes.

Esto hizo que Booth pensara en secuestrar a Lincoln para canjearlo por miles de prisioneros sudistas y así poder reorganizar el Ejército Confederado.

Lo intentaron un par de veces, pero fallaron, porque Lincoln era famoso por cambiar, constantemente, de planes o tal vez, fue advertido de estos intentos.

Según parece, Booth, estuvo presente en el discurso que dio Lincoln el 11/04/1865, frente a la Casa Blanca. 


Esta vez fue más allá y no sólo defendió la liberación de todos los esclavos, sino también su derecho al voto. Evidentemente, esto no le hizo ninguna gracia a Booth y fue cuando ya pensó en matarle.

Parece ser que, al día siguiente, se reunió con los miembros de su banda y les expuso que había cambiado de planes y que el nuevo objetivo sería matar al presidente. El caso es que nadie se opuso a ello, pero se ve que la idea no le gustó a casi ninguno.

Tras conocer la noticia de la rendición del general Lee en Appomattox, aumentaron sus objetivos. Querían descabezar la Unión, asesinando no sólo al presidente, sino también al vicepresidente y al secretario de Estado.

Era un intento de darle una nueva oportunidad a la Confederación, dado que aún tenía algunas de sus tropas en pie de guerra, las cuales no se rindieron hasta junio de ese año.

Como ya dije, la mañana del 14/04/1865, Booth, fue, como de costumbre, a recoger el correo, que le guardaban en el Teatro Ford. Allí se encontró con un hermano del empresario, el cual le comentó que el presidente y su esposa iban a acudir esa noche al teatro.

No voy a volver a mencionar otra vez los detalles del magnicidio. En cuanto a Powell, consiguió entrar en la habitación donde se hallaba convaleciente Seward, el secretario de Estado. Lo acuchilló varias veces y luego lo dejó, pensando que lo habría matado, pero sobrevivió.

Por lo que se refiere a Azterodt, se sabe que reservó una habitación en el Hotel Kirkwood de la capital, situada en el mismo piso que la de su objetivo, el vicepresidente, Andrew Johnson.

Sin embargo, no fue capaz de hacerlo. Se emborrachó, se fue y tiró el cuchillo que llevaba en mitad de la calle. Luego fue a otro hotel, donde reservó una habitación a la que se fue a dormir hasta el día siguiente.

Volviendo a John Surratt, desconozco el motivo por el que no se hallaba en la capital, sino, según su testimonio, en Elmira, una localidad del Estado de Nueva York.

Se me ocurre pensar que podría estar allí para contactar con algunos miembros del Servicio Secreto Confederado, que eran muy activos en Nueva York y en Canadá.

No obstante, en cuanto conoció la noticia del magnicidio, huyó a Canadá. Lo cual no debió de ser muy difícil, porque no olvidemos que ese Estado hace frontera con Canadá.

Durante su estancia en ese país fue protegido por algunos miembros del clero católico y permaneció escondido hasta que terminó el juicio y fueron ahorcados los condenados a muerte. Entre ellos, su propia madre.

Como ya he dicho, algunos opinan que el Gobierno USA, iba detrás de John, sin embargo, encausó a su madre con la intención de que éste se presentase, pero no lo hizo.

Posteriormente, huyó disfrazado hasta Liverpool, donde le dieron cobijo en un templo católico de esa localidad.

A finales de 1865, llegó a Roma, donde se alistó en la antigua unidad de los zuavos de la Guardia Papal. De hecho, aparece en diversas fotos con ese uniforme de origen argelino, muy de moda en esa época. Incluso, al principio de la guerra civil USA, hubo unidades de zuavos en ambos bandos.

Sin embargo, no gozó mucho de su nueva vida, en la que tenía una identidad falsa. Unos meses después, coincidió con un antiguo amigo suyo, que también se había alistado en los zuavos.

Cuando éste se enteró de que lo estaban buscando, lo denunció tanto a sus mandos militares, como al cónsul de USA ante el Vaticano.

A finales de 1866, fue arrestado en su cuartel, situado en un lugar alejado de la capital, y cuando iba a ser conducido hasta Roma, se escapó, saltando por un acantilado.

Parece ser que se hizo algo de daño, pero consiguió llegar al Reino de Italia, haciéndose pasar por un canadiense, que, al quedarse sin dinero, se alistó en los zuavos y luego fue arrestado por insubordinación.

Desde allí, consiguió llegar hasta Alejandría (Egipto), pero fue detenido y entregado a las autoridades consulares de USA.

Posteriormente, fue extraditado y enviado hasta su país, en un barco de vela de la Armada USA. A su regreso, también fue encarcelado en el viejo Arsenal de la Armada, en Washington DC.

Sin embargo, como era a principios de 1867, ya no había estado de guerra y, al ser un civil, fue juzgado por un tribunal ordinario de su Estado, Maryland. Ciertamente, ya se habían abolido las medidas de guerra, decretadas por el presidente Lincoln, como, por ejemplo, la supresión al derecho al habeas corpus. Precisamente, a causa de esas medidas, muchos, como Booth, le acusaron de ser un dictador.

Año y medio después de que se produjera la ejecución de los implicados en ese complot, entre los que se encontraba su propia madre, John, tuvo que comparecer ante un tribunal ordinario del Estado de Maryland.

Hay que aclarar, que, tras el juicio y la ejecución de esos conspiradores, el Tribunal Supremo USA sentenció que, aunque su país estuviera en guerra, los civiles, tendrían que ser juzgados, como siempre, ante los tribunales ordinarios y no ante los militares. Por supuesto, con el correspondiente jurado.

El juicio fue presidido por el juez federal George P. Fisher y actuó como fiscal un peso pesado del Derecho, llamado Edwards Pierrepont, que, más tarde, llegaría a ser fiscal general del Estado.

Así y todo, no se pudo probar que John formase parte del complot para derrocar al Gobierno. Primero, mediante el secuestro y luego asesinando al presidente Lincoln.

Por ello, aunque el jurado estuvo deliberando nada menos que 70 horas, no pudieron llegar a ningún veredicto. Por tanto, el juez lo declaró inocente y ordenó su inmediata puesta en libertad. Está claro que no hay cómo jugar en “casa”.

Tras su liberación, emigró a Sudamérica, donde probó suerte en varios países, pero no le sonrió la fortuna y regresó a USA.

Posteriormente, se dedicó a la enseñanza en una academia femenina. También comenzó una gira de conferencias.

Parece ser que, en una de ellas, que dio en una localidad de Maryland, reconoció que había pertenecido a esa banda y que participó en los planes para secuestrar a Lincoln, pero desconocía que quisieran matarle.

También afirmó que el Gobierno Confederado no tenía nada que ver en ese asunto, lo cual me parece raro, porque ya existía un precedente.

A principios de marzo de 1864, tuvo lugar una incursión de una especie de comando de tropas de la Unión, al mando de un joven militar, el coronel Ulric Dahlgren. Él y sus tropas llegaron hasta Richmond, la capital de la Confederación, pero cayeron abatidos en una emboscada.

Parece ser que un niño buscó en los bolsillos del fallecido coronel para ver si llevaba algo de valor y se encontró con una cartera, donde había unos documentos. Se los entregó a su maestro y éste, al ver de lo que se trataba, los llevó a las autoridades militares.

Esos documentos eran las órdenes recibidas por el coronel Dahlgren y llevaban la firma de su jefe, el general Kilpatrick. En ellos, le decían que debería asesinar a Jefferson Davis, presidente de la Confederación y a todo su gobierno, que se hallaban en esa ciudad.

Por supuesto, se montó un escándalo considerable, cuando el Gobierno Confederado dio a conocer estos documentos a la prensa y no sería de extrañar que o bien ese Gobierno o el propio Booth, quisieran devolverle la visita al presidente Lincoln. No olvidemos que la guerra civil USA fue la primera guerra total. O sea, que las acciones bélicas no se limitaban a los frentes, sino a todas partes.

Algunos autores afirman que el propio secretario de Guerra, Stanton, fue el que ideó esta operación en Richmond. Es curioso, porque Stanton es un personaje que sale muchas veces en el asunto del magnicidio contra Lincoln.

Así que, como unos días después, John, tenía previsto dar otra conferencia en Washington DC, o sea, en “campo ajeno”, pues ya no pudo darla a causa de las protestas y el mal ambiente que había para recibirle en la capital.

Así que, por si acaso, dejó de impartir conferencias, y ya se dedicó de lleno a la enseñanza en un colegio católico. Por supuesto, situado en su Estado de Maryland.

Curiosamente, se casó con una mujer emparentada con el creador del himno nacional USA, a pesar de que él detestaba a la Unión y fijaron su residencia en Baltimore.

Posteriormente, fue contratado como directivo de una compañía de transporte marítimo de mercancías, radicada en la misma ciudad, y allí estuvo trabajando hasta su jubilación. Vivió en Baltimore, hasta su muerte, en 1916.

Este caso tuvo también efectos en otros ámbitos. Por ejemplo, desde 1850, había una ola de anticatolicismo en USA y, de hecho, se crearon algunos partidos políticos, que tenían esa tendencia.

Desde la fundación de USA, este país había mantenido relaciones diplomáticas con los Estados Pontificios y luego con el Vaticano, pero sólo a nivel consular.

Sin embargo, en 1867, cuando comenzó el juicio contra John Surratt, resurgió ese anticatolicismo y eso llevó a que se aprobara en el Congreso USA la prohibición de relaciones diplomáticas con el Vaticano. Lo hicieron de una forma indirecta, prohibiendo que el Gobierno pudiera enviar fondos a ese consulado.

Se basaban en que la mayoría de los conspiradores eran católicos y en que, además, la Iglesia Católica, protegió durante meses a John y hasta le
permitió alistarse en un regimiento papal. Eso sí, con un nombre falso. Incluso, argumentaron que el Papa había prohibido el culto protestante, que se celebraba en la sede del Consulado de USA.

A partir de esa fecha, entre los dos países sólo hubo contactos a nivel de emisarios que enviaban, temporalmente, uno u otro mandatario, pero no una sede permanente.

Ni siquiera el famoso presidente Kennedy, que fue el primer católico que llegó a presidente en USA, consiguió derogar esa ley. Por cierto, Biden es el segundo presidente católico de toda la historia de USA.

Verdaderamente, la Iglesia Católica, tampoco hizo mucho por atraerse al Gobierno USA. Más bien, fue al contrario. León XIII no entendía que pudiera haber una separación entre la Iglesia y el Estado.

Incluso, consideró como una herejía los intentos de algunos altos prelados de la Iglesia Católica en USA, que pretendían ser más tolerantes en la doctrina a fin de atraerse a un mayor número de personas hacia el Catolicismo.

Por el contrario, en 1922, se montó un buen escándalo, porque en Oregón se aprobó una ley por la que se prohibían las escuelas confesionales, entre las que estaban las de la Iglesia Católica.

No obstante, en 1925, el Tribunal Supremo de USA, sentenció que esa ley era inconstitucional y la abolió en su totalidad.

De hecho, cuando Kennedy se presentó como candidato a la presidencia tuvo que dejar las cosas muy claras: “Yo no soy el candidato católico para la presidencia. Yo soy el candidato del Partido Demócrata a la presidencia, que además es católico.”

Lo cierto es que hasta 1983 no se consiguió derogar esa ley y eso que se calcula que hay un 25% de católicos en USA, pero también hay un 45% de protestantes.

Al final, en enero de 1984, se procedieron a retomar las relaciones diplomáticas entre ambos países y al nombramiento de embajadores. Es posible que algo tuvieran que ver en ello las buenas relaciones existentes entre el presidente Reagan y el Papa Juan Pablo II.

 

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domingo, 21 de febrero de 2021

LOS OTROS PROCESADOS POR EL ASESINATO DE LINCOLN

 

Como ya anuncié, en mi anterior artículo, en éste voy a referirme solamente a los procesados por esa causa, que también fueron condenados, pero no a muerte.


En principio, todos ellos fueron confinados en barcos de la Armada USA, pero después, el Gobierno, aceptó la sugerencia de un asesor del Departamento de Guerra, y los trasladaron a la antigua penitenciaría del viejo arsenal de la Armada en Washington DC. Un lugar muy seguro, porque se hallaba en una pequeña península y su única vía de entrada era muy fácil de controlar.

Es lógico pensar que todas estas medidas estaban encaminadas a prevenir que las tropas de la Confederación intentaran rescatar a los implicados en ese complot.

Al general Hartranft lo nombraron alcaide de la prisión y le dieron unas instrucciones muy detalladas sobre la seguridad de la misma y la conducta que debía tener el personal hacia los prisioneros.

Parece ser que el general cumplió, muy diligentemente, las órdenes recibidas. No obstante, más adelante, pidió permiso para que se permitiera quitar las capuchas a la mayoría de los prisioneros y también que les enviaran papel y tinta para escribir cartas y hasta tabaco para mascar. Algo muy popular en aquella época. Todo eso se lo concedieron.

El cadáver de Booth también fue llevado a ese Arsenal y enterrado, provisionalmente, en el suelo de uno de los almacenes de la misma.

Dado que vieron que ese edificio era muy seguro, aprovecharon que en la tercera planta del mismo había una sala muy espaciosa y allí organizaron el Consejo de guerra.

En 1867, el secretario de Guerra, Stanton, ordenó que se demoliera es edificio, excepto algunos pabellones, que fueron usados como residencia de oficiales. Así que tuvieron que exhumar a los presos ahorcados por este complot y enterrarlos en otro lugar del Arsenal. Hasta que, en 1869, el presidente Andrew Johnson, dio permiso para que esos cuerpos fueran enterrados a sus familiares.

No obstante, seguiré con el relato por donde lo dejé en mi anterior artículo. Empezaremos por el doctor Samuel Mudd. Fue un médico nacido en 1833, también en el Estado de Maryland, como la mayoría de los implicados.

Por lo visto, perteneció a una familia acomodada y católica. Su padre
tenía una plantación de tabaco, con unos 90 esclavos, porque la esclavitud estaba permitida en ese Estado, aunque estuviera en el norte.

Parece ser que su padre le dio, como regalo de bodas, un terreno de labor, y también tuvo esclavos, que se lo trabajaban. De hecho, era un convencido esclavista.

Curiosamente, estudió Secundaria en el Georgetown College, perteneciente a la Universidad del mismo nombre, fundada y regentada por los jesuitas. Posteriormente, estudió la carrera de Medicina en la Universidad de Maryland, en Baltimore.

Dado que Maryland abolió la esclavitud en 1864, muchos propietarios, como Mudd, se quedaron sin poder atender su terreno. Así que pensó en venderlo y entonces alguien le presentó a John Wilkes Booth, que decía tener la intención de invertir en tierras de labor.

Realmente, parece ser que Booth lo que estaba buscando era un sitio donde esconder a Lincoln, tras haberlo secuestrado. Tal y como lo habían planeado desde un principio.

Sin embargo, se tiene constancia de que Booth y Mudd se volvieron a encontrar en Washington DC en la Navidad de 1864. Parece ser que Mudd se había desplazado a la capital con el fin de comprar una nueva estufa de hierro para su casa, ya que acababa de ampliarla.

En aquella ocasión, Booth estaba acompañado por John Surratt y Louis Weichmann, a los que ya he mencionado en anteriores artículos.

Algunos autores dicen que Mudd estuvo siempre al corriente de la conspiración para secuestrar a Lincoln, pero no del cambio de planes, que incluía su asesinato y el de dos personajes importantes del Gobierno.

Lo cierto es que, como ya sabemos, Booth se lesionó una pierna, al lanzarse desde un palco hasta el escenario del Teatro Ford, y necesitó asistencia médica. Como sabían dónde vivía el Dr Mudd, se presentaron en su casa, la madrugada del 15 de abril.

Por ello, el médico cumplió con su labor, entablillándole la pierna y, además, contactó con un carpintero para que le hiciera un par de muletas.

Sin embargo, no cumplió con su deber, al no haber notificado, inmediatamente, la presencia de unos fugitivos en su casa a las autoridades. Ciertamente, lo hizo, pero ya fue el domingo 16 de abril.

Así que la Policía lo detuvo, como sospechoso de estar entre los conspiradores. De hecho, hizo varias declaraciones totalmente contradictorias. Incluso, omitió contar el encuentro de las pasadas Navidades, mientras que Weichmann, afirmó que estuvo con ellos, eso hizo que se le investigara más a fondo.

Durante el juicio, Mudd, fue representado por el general Thomas Erwing jr. Realmente, este abogado fue un hombre muy curioso. Siendo muy amigo de Lincoln, luego defendió a varios de los que colaboraron en su asesinato y consiguió librar a todos sus defendidos, en ese proceso, de la pena de muerte. Este abogado también fue cuñado del famoso general Sherman.

Realmente, la discusión estribaba en saber si Mudd había sido uno de los conspiradores o, simplemente, fue un médico, que atendió a un herido que llamó a su casa. Todavía hay opiniones para todos los gustos.

Mudd tuvo mucha suerte y se libró de la pena de muerte, sin embargo, fue condenado a cadena perpetua en una prisión militar situada en Florida. Vigilado por soldados de color.

En 1867, se produjo en la prisión un brote de fiebre amarilla, que afectó tanto a los presos como a sus guardianes. Como el médico de la prisión murió por esa epidemia, Mudd tuvo que ejercer como tal y eso hizo que llovieran los mensajes a favor de dejarlo en libertad. Cosa que consiguió su abogado en marzo de 1869, tras obtener el indulto presidencial.

La culpabilidad de Mudd siempre ha estado en entredicho. Incluso, los expresidentes Reagan y Carter afirmaron que era inocente, aunque decían que no tenían autoridad para poder revocar esa condena.

Incluso, pidieron la anulación de su juicio, pues los civiles no podían ser juzgados por tribunales militares, pero no prosperó. Al igual que tampoco lo hizo una apelación al Supremo.

Así que volvió a su casa en Maryland, donde siguió ejerciendo la Medicina y explotando sus tierras de labor. Murió en 1883.

Otro de los encausados fue Samuel Arnold. Se trataba de un simpatizante de los Confederados. Sin embargo, había nacido en 1834, en Washington DC.

Poco después, se mudó con su familia a Baltimore, donde coincidió en un colegio con John Wilkes Booth.

Tras el comienzo de la guerra, se alistó en el bando confederado, pero, como se puso muy enfermo, fue dado de baja en 1864.

Por lo visto, fue por entonces cuando contactó con Booth, ya que se hallaba desesperado por no encontrar trabajo. Así que aceptó formar parte del complot para secuestrar a Lincoln, sin embargo, tuvieron que modificar el plan, porque el presidente solía cambiar de planes muy a menudo.

Después, consiguió un trabajo como administrativo en un pueblo de Virginia. Allí fue localizado y detenido por la Policía, tras el asesinato de Lincoln.

Fue enjuiciado con los demás implicados y condenado a cadena perpetua, pues se demostró que no quiso participar en el asesinato.

Posteriormente, también fue encarcelado en Florida e indultado en 1869. Tras haber sido puesto en libertad, volvió a su casa y apenas se supo nada de él. Murió en 1906.

Es muy llamativo el caso de Edmund Spangler. Se trataba de un hombre nacido en 1825, en una localidad de Pensilvania. Curiosamente, era hijo de un sheriff.

Muy joven, se trasladó a Maryland, donde trabajó como carpintero. Precisamente, uno de sus trabajos fue la construcción de la casa de verano, encargada por el padre de Booth. Por lo visto, allí fue donde conoció al asesino, que entonces era sólo un niño.

Posteriormente, Spangler, se trasladó a Washington DC, donde estuvo trabajando como carpintero tramoyista en el Teatro Ford, lugar donde asesinaron a Lincoln. Allí se reencontró con Booth y se hicieron buenos amigos. Por lo visto, Spangler, siempre se mostró muy servicial y orgulloso de tener un amigo tan famoso.

Precisamente, Spangler fue uno de los que arreglaron el palco, donde el presidente, su esposa y la otra pareja iban a presenciar aquella obra de teatro.

Por la noche, apareció Booth por el teatro e invitó a los tramoyistas a tomar una copa. Después, volvió con una yegua y le pidió a Spangler que se la cuidara un momento, en una puerta trasera del teatro. Sin embargo, éste se hallaba muy ocupado y le pidió a otro de sus compañeros que lo hiciera. Tras el asesinato, Booth, volvió a por su cabalgadura y así escapó de la capital. 

El Gobierno federal vio el caso como un acto de guerra de los Confederados. Por ello, los acusados, aunque eran todos civiles, fueron llevados ante un Consejo de guerra, sin posibilidad de jurado.

Concretamente, a Spangler, se le acusó de ayudar a escapar a Booth y de bloquear la puerta del palco del presidente para que no pudieran entrar a auxiliarle. Parece ser que se demostró que la cerradura del palco fallaba desde un mes antes del asesinato y esa zona no era responsabilidad de Spangler, sino del jefe de tramoyistas.

Al final, sólo le condenaron a 6 años de cárcel, por ayudar a escapar a Booth y fue llevado a la misma prisión de Florida. Aunque siempre estuvo muy claro que nunca formó parte del complot.

Como ya mencioné, en la misma se produjo un brote de fiebre amarilla. Así que Spangler ayudó al Dr Mudd y también construyó los ataúdes de los muchos enfermos que fueron muriendo.

En 1869, tras su indulto, volvió a trabajar para el empresario teatral Ford y, posteriormente, se fue a vivir con el Dr Mudd, el cual le cedió una parte de su tierra para que la labrase y pudiera vivir de ella. También siguió trabajando como carpintero. Murió en 1875.

El último de los enjuiciados fue Michael O’Laughlen, nacido en 1840, en Baltimore (Maryland). Parece ser que conocía a Booth por haber vivido ambos en la misma calle de Baltimore.

Era escayolista y simpatizante de la Confederación. Así que, al comienzo de la guerra, se alistó en el Ejército Confederado. Sin embargo, a causa de su mala salud, fue dado de baja en 1862.

Posteriormente, contactó con Booth y se unió al grupo de conspiradores para secuestrar al presidente. Parece ser que Booth le envió algunos telegramas para avisarle de las reuniones de los conspiradores.

Lo que no sabemos es si estuvo de acuerdo en el cambio de planes para asesinar a Lincoln. Él siempre dijo que se había negado a participar en el asesinato. En cambio, parece ser que sí estuvo en la capital, cuando se produjo el magnicidio, pero no intervino en él.

Ni siquiera se acercó al teatro, sino que estuvo tomando unas copas con unos amigos hasta altas horas de la noche. No hay que olvidar que se había acabado la guerra y se habían organizado grandes festejos en la capital.

No obstante, se le acusó de vigilar, durante mucho tiempo, al general Grant, con la intención de asesinarle. Sin embargo, logró demostrar que nunca estuvo cerca de la casa del general.

Parece ser que se entregó voluntariamente en casa de su cuñado, porque no quería que su madre presenciara su detención.

No obstante, al demostrarse que formaba parte de la conspiración, fue condenado a cadena perpetua y enviado a la citada prisión militar de Florida.

Desgraciadamente, enfermó de fiebre amarilla y murió, a causa de ella, en 1867. Por tanto, falleció con 23 años, dos años antes de que fueran indultados los demás.

 

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