Antes de empezar este artículo, he de reconocer que pensaba publicarlo antes que el anterior. Sin embargo, me pareció mejor publicar ese antes para que los lectores tuvieran una idea más clara de lo ocurrido al final de la guerra.
Empezaré por mencionar a un personaje poco conocido, el general Matallana. Éste era un militar perteneciente al Estado Mayor. Parece ser que había conocido al general Luis Castelló, cuando éste fue el gobernador militar de Badajoz y ambos estuvieron destinados allí.Castelló consiguió que la guarnición
de Badajoz no se sublevase. Así que Azaña lo reclamó a Madrid para ser ministro
de la Guerra. Ya dediqué otro artículo a este personaje, el cual estuvo de baja
durante toda la guerra, debido a sus problemas mentales.
Así que, cuando Castelló fue
nombrado ministro, reclamó a Matallana para ingresar en el Estado Mayor
central.
Parece ser que el general Manuel
Matallana Gómez mantuvo esos discretos contactos a través de su hermano Ricardo,
teniente coronel de la Guardia Civil, el cual residía en Madrid y conocía a
algunos quintacolumnistas.
También hubo quintacolumnistas alrededor de los miembros del alto mando republicano. Como el propio médico personal del coronel Casado, un médico militar, llamado Vicente Garijo.
Eso dio lugar a que el 05/03/1939
se constituyera el Consejo Nacional de Defensa.
Entre el 06 y el 11 de marzo
tuvieron lugar fuertes combates en las mismas calles madrileñas.
El 12 de marzo terminaron los
combates con la rendición de los comunistas, que apoyaban a Negrín. También
fusilaron al coronel Barceló.
El día 23, Casado envió a los
tenientes coroneles Antonio Garijo y Leopoldo Ortega a volar hasta el aeródromo
burgalés de Gamonal para parlamentar con el coronel Ungría y el teniente
coronel Fontán, representantes del bando nacional.
Regresaron con muy malas noticias,
porque Franco ya se veía vencedor y no aceptó esa especie de acuerdo entre
caballeros, que deseaba el coronel Casado, para que no hubiera medidas
represivas durante la posguerra.
Entre tanto, a primeros de marzo,
la flota republicana, al mando del almirante Buiza, zarpó hacia la antigua
Argelia francesa y luego fueron a Túnez.
Unos días más tarde, la plana
mayor del PCE, integrada por la Pasionaria, Líster, Alberti, María Teresa León,
Modesto y Carrillo, huyeron en dos aviones Dragon Rapide, desde el aeródromo de
Monóvar. Uno hacia la Argelia francesa y otro hacia Francia.
Negrín y sus ministros tampoco se quedaron a ver lo que pasaba y también huyeron en un avión con destino a un aeródromo francés.
El coronel Segismundo Casado y su séquito, compuesto por varios miembros del Consejo de Defensa Nacional, embarcaron en Gandía, donde ya habían acordado con las autoridades británicas que les recogería un barco de su Armada, poniendo rumbo hacia Marsella y luego en avión hacia el Reino Unido.
Uno de los pocos que se quedaron
fue Julián Besteiro, el cual fue detenido en la sede del Consejo, situada en
los sótanos del Ministerio de Hacienda. Fue juzgado y condenado a varios años
de cárcel. Sin embargo, murió al año siguiente en la prisión de Carmona.
Siguiendo su ejemplo, miles de personas pretendieron huir de la Península. Fueron hacia los puertos de Levante. Parece ser que alguien corrió la voz de que los iban a recoger en el puerto de Alicante. Así que, poco a poco, se fueron reuniendo allí unas 15.000 personas de todo tipo.
Todos tenían la esperanza de que iban a ir muchos barcos a rescatarlos. Sin embargo, fueron pasando los días y lo único que vieron era que las tropas italianas habían llegado a Alicante y habían rodeado los accesos al puerto.
Sólo había allí un viejo carguero
británico, llamado Stanbrook, al mando del capitán Archibald Dickson, un marino
de origen galés.
Se trataba de un barco mercante,
que había llevado un cargamento de carbón a Alicante.
Para colmo, los franceses sólo
permitieron el desembarco de las mujeres y los niños. A los hombres los
tuvieron casi un mes embarcados en unas condiciones muy penosas. Posteriormente,
a la mayoría de ellos los enviaron a campos de concentración y luego a trabajar
en las obras ferroviarias en pleno desierto. De allí no salieron hasta que los
aliados desembarcaron en el norte de África.
Como los que se quedaron en el puerto
de Alicante se dieron cuenta de que ningún barco iba a ir a rescatarlos, se
produjeron varias escenas dantescas.
Varios militares se suicidaron.
Incluso, algunos por parejas. Como si estuvieran en un duelo. Muchos lanzaron
sus armas y su documentación al mar para intentar que no fueran reconocidos.
Por lo visto, Ángel Pedrero, jefe
del SIM, que había apoyado el golpe de Casado, se llevó a la plana mayor de su
organismo, junto con las joyas que habían ido robando durante todos esos años.
Incluso, los acompañó Fernando Valentí, uno de sus mejores agentes, que antes
de la guerra había sido joyero.
Hay que decir que, a finales de 1936, el Gobierno republicano decretó que la mayoría de las checas fueran controladas por el SIM. Así que estos fueron los responsables de las torturas y los asesinatos, que se realizaron en esos centros.
Curiosamente, otros de los que
estuvieron allí esperando fueron el coronel de Artillería Fernando Casado y su
hijo, el famoso actor Fernando Rey, que, realmente, se llamaba Fernando Casado
y había sido un teniente piloto republicano.
Afortunadamente, el hijo
consiguió ropas de civil y logró escapar de allí. Sin embargo, el padre fue
capturado, juzgado y condenado a una pena de cárcel. Luego indultado, pero
perdió todos sus derechos, conseguidos en el Ejército.
Posteriormente, llegaron las
tropas nacionales, que obligaron a todos a ir al campo de los Almendros, salvo
las mujeres y los niños que los llevaron a cines y teatros de la ciudad.
Los hombres fueron identificados
y clasificados en una semana. Posteriormente, los encerraron en el campo de
concentración de Albatera, otros fueron encarcelados en el castillo de Santa
Bárbara, en Alicante, mientras que los del SIM fueron trasladados a Madrid.
En el castillo habían encerrado a
gente más importante, como altos oficiales republicanos, los cuales fueron
sometidos a consejos de guerra y algunos de ellos fueron condenados y fusilados.
Igual que les ocurrió a los encerrados en el Reformatorio de adultos.
El campo de concentración de Albatera
fue clausurado en octubre de 1939. Los presos que no tenían delitos de sangre
fueron puestos en libertad. Los que tenían pequeñas condenas fueron enviados a trabajos
forzados. Los acusados de delitos importantes fueron trasladados a prisiones
provinciales. Mientras que los del SIM fueron interrogados y torturados en
Madrid para arrancarles confesiones de todo tipo.
En los casos de Ángel Pedrero y
Fernando Valentí, principales responsables del SIM, los estuvieron interrogando
hasta mediados y finales de 1940, respectivamente. Entre otros delitos, se les
acusó de la detención y muerte de Andreu Nin.
Los que estaban haciendo el
servicio militar fueron alistados en el nuevo Ejército. También hay que decir
que muchos de los soldados del bando nacional no fueron licenciados hasta
varios años más tarde, porque, cuando comenzó la II Guerra Mundial, no se sabía
si los aliados o los alemanes querrían invadir España.
Como ya he dicho antes, otros
muchos prisioneros fueron condenados a trabajos forzados, como la construcción
de carreteras, vías ferroviarias, reconstrucción de edificios e iglesias
destruidas, etc.
Los mandos del Ejército republicano
y los afiliados a partidos y sindicatos de izquierdas fueron sometidos a
consejos de guerra de donde muchos salieron condenados a penas de cárcel o,
incluso, a penas de muerte.
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