ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

lunes, 5 de octubre de 2026

EL FINAL DE LA GUERRA CIVIL Y LA HUÍDA DE LOS REPUBLICANOS

 


Antes de empezar este artículo, he de reconocer que pensaba publicarlo antes que el anterior. Sin embargo, me pareció mejor publicar ese antes para que los lectores tuvieran una idea más clara de lo ocurrido al final de la guerra.

Empezaré por mencionar a un personaje poco conocido, el general Matallana. Éste era un militar perteneciente al Estado Mayor. Parece ser que había conocido al general Luis Castelló, cuando éste fue el gobernador militar de Badajoz y ambos estuvieron destinados allí.

Castelló consiguió que la guarnición de Badajoz no se sublevase. Así que Azaña lo reclamó a Madrid para ser ministro de la Guerra. Ya dediqué otro artículo a este personaje, el cual estuvo de baja durante toda la guerra, debido a sus problemas mentales.

Así que, cuando Castelló fue nombrado ministro, reclamó a Matallana para ingresar en el Estado Mayor central.

Hay muchas dudas sobre la lealtad de Matallana al Gobierno republicano. Lo que sí se sabe es que, a principios de 1939, estuvo en contactos con miembros de la Quinta Columna y, según él mismo, les facilitó muchos planes de guerra de las tropas republicanas.

Parece ser que el general Manuel Matallana Gómez mantuvo esos discretos contactos a través de su hermano Ricardo, teniente coronel de la Guardia Civil, el cual residía en Madrid y conocía a algunos quintacolumnistas.

También hubo quintacolumnistas alrededor de los miembros del alto mando republicano. Como el propio médico personal del coronel Casado, un médico militar, llamado Vicente Garijo.

Eso dio lugar a que el 05/03/1939 se constituyera el Consejo Nacional de Defensa.

Entre el 06 y el 11 de marzo tuvieron lugar fuertes combates en las mismas calles madrileñas.

El 12 de marzo terminaron los combates con la rendición de los comunistas, que apoyaban a Negrín. También fusilaron al coronel Barceló.

El día 23, Casado envió a los tenientes coroneles Antonio Garijo y Leopoldo Ortega a volar hasta el aeródromo burgalés de Gamonal para parlamentar con el coronel Ungría y el teniente coronel Fontán, representantes del bando nacional.

Regresaron con muy malas noticias, porque Franco ya se veía vencedor y no aceptó esa especie de acuerdo entre caballeros, que deseaba el coronel Casado, para que no hubiera medidas represivas durante la posguerra.

El propio general Matallana, jefe del Estado Mayor central, envió un mensaje a todos los jefes de las unidades militares, en el que les dijo que la guerra estaba perdida y ya debían de dejar de combatir.

Entre tanto, a primeros de marzo, la flota republicana, al mando del almirante Buiza, zarpó hacia la antigua Argelia francesa y luego fueron a Túnez.

Unos días más tarde, la plana mayor del PCE, integrada por la Pasionaria, Líster, Alberti, María Teresa León, Modesto y Carrillo, huyeron en dos aviones Dragon Rapide, desde el aeródromo de Monóvar. Uno hacia la Argelia francesa y otro hacia Francia.

Negrín y sus ministros tampoco se quedaron a ver lo que pasaba y también huyeron en un avión con destino a un aeródromo francés.


El coronel Segismundo Casado y su séquito, compuesto por varios miembros del Consejo de Defensa Nacional, embarcaron en Gandía, donde ya habían acordado con las autoridades británicas que les recogería un barco de su Armada, poniendo rumbo hacia Marsella y luego en avión hacia el Reino Unido.

Uno de los pocos que se quedaron fue Julián Besteiro, el cual fue detenido en la sede del Consejo, situada en los sótanos del Ministerio de Hacienda. Fue juzgado y condenado a varios años de cárcel. Sin embargo, murió al año siguiente en la prisión de Carmona.

Siguiendo su ejemplo, miles de personas pretendieron huir de la Península. Fueron hacia los puertos de Levante. Parece ser que alguien corrió la voz de que los iban a recoger en el puerto de Alicante. Así que, poco a poco, se fueron reuniendo allí unas 15.000 personas de todo tipo.


Todos tenían la esperanza de que iban a ir muchos barcos a rescatarlos. Sin embargo, fueron pasando los días y lo único que vieron era que las tropas italianas habían llegado a Alicante y habían rodeado los accesos al puerto.

Sólo había allí un viejo carguero británico, llamado Stanbrook, al mando del capitán Archibald Dickson, un marino de origen galés.

Se trataba de un barco mercante, que había llevado un cargamento de carbón a Alicante.

Por lo visto, el capitán se apiadó de toda esa gente y consintió que unas 3.000 personas embarcaran en su nave. Algo muy peligroso, porque no podía ir tan cargado. No obstante, zarpó con todos ellos hasta un puerto de la Argelia francesa.

Para colmo, los franceses sólo permitieron el desembarco de las mujeres y los niños. A los hombres los tuvieron casi un mes embarcados en unas condiciones muy penosas. Posteriormente, a la mayoría de ellos los enviaron a campos de concentración y luego a trabajar en las obras ferroviarias en pleno desierto. De allí no salieron hasta que los aliados desembarcaron en el norte de África.

Realmente, la gente se hallaba muy indignada, porque, unos días antes de la llegada del Stanbrook, zarpó otro barco, llamado Maritime, pero éste sólo admitió a unas 320 personas, que habían pagado el pasaje. Con lo cual, se fue casi vacío. Los únicos que pudieron embarcar fueron altos cargos del gobierno republicano y sus familiares.

Como los que se quedaron en el puerto de Alicante se dieron cuenta de que ningún barco iba a ir a rescatarlos, se produjeron varias escenas dantescas.

Varios militares se suicidaron. Incluso, algunos por parejas. Como si estuvieran en un duelo. Muchos lanzaron sus armas y su documentación al mar para intentar que no fueran reconocidos.

Hubo algunos casos peores, como el del último alcalde socialista de Alcira, el cual, según dijeron los testigos, encendió un puro y, a mitad del mismo, sacó su navaja de afeitar y se cortó el cuello delante de todos.

Por lo visto, Ángel Pedrero, jefe del SIM, que había apoyado el golpe de Casado, se llevó a la plana mayor de su organismo, junto con las joyas que habían ido robando durante todos esos años. Incluso, los acompañó Fernando Valentí, uno de sus mejores agentes, que antes de la guerra había sido joyero.

Hay que decir que, a finales de 1936, el Gobierno republicano decretó que la mayoría de las checas fueran controladas por el SIM. Así que estos fueron los responsables de las torturas y los asesinatos, que se realizaron en esos centros.

Curiosamente, otros de los que estuvieron allí esperando fueron el coronel de Artillería Fernando Casado y su hijo, el famoso actor Fernando Rey, que, realmente, se llamaba Fernando Casado y había sido un teniente piloto republicano.

Afortunadamente, el hijo consiguió ropas de civil y logró escapar de allí. Sin embargo, el padre fue capturado, juzgado y condenado a una pena de cárcel. Luego indultado, pero perdió todos sus derechos, conseguidos en el Ejército.

Posteriormente, llegaron las tropas nacionales, que obligaron a todos a ir al campo de los Almendros, salvo las mujeres y los niños que los llevaron a cines y teatros de la ciudad.

Los hombres fueron identificados y clasificados en una semana. Posteriormente, los encerraron en el campo de concentración de Albatera, otros fueron encarcelados en el castillo de Santa Bárbara, en Alicante, mientras que los del SIM fueron trasladados a Madrid.

Parece ser que ya hicieron algunas sacas en Albatera, en las que fusilaron a algunos.

En el castillo habían encerrado a gente más importante, como altos oficiales republicanos, los cuales fueron sometidos a consejos de guerra y algunos de ellos fueron condenados y fusilados. Igual que les ocurrió a los encerrados en el Reformatorio de adultos.

El campo de concentración de Albatera fue clausurado en octubre de 1939. Los presos que no tenían delitos de sangre fueron puestos en libertad. Los que tenían pequeñas condenas fueron enviados a trabajos forzados. Los acusados de delitos importantes fueron trasladados a prisiones provinciales. Mientras que los del SIM fueron interrogados y torturados en Madrid para arrancarles confesiones de todo tipo.

En los casos de Ángel Pedrero y Fernando Valentí, principales responsables del SIM, los estuvieron interrogando hasta mediados y finales de 1940, respectivamente. Entre otros delitos, se les acusó de la detención y muerte de Andreu Nin.

Para terminar, he de decir que muchos de los detenidos en Alicante fueron puestos en libertad sin cargos, pero eso implicaba que se tenían que presentar, periódicamente, en el cuartel de la Guardia Civil de su localidad de residencia.

Los que estaban haciendo el servicio militar fueron alistados en el nuevo Ejército. También hay que decir que muchos de los soldados del bando nacional no fueron licenciados hasta varios años más tarde, porque, cuando comenzó la II Guerra Mundial, no se sabía si los aliados o los alemanes querrían invadir España.

Como ya he dicho antes, otros muchos prisioneros fueron condenados a trabajos forzados, como la construcción de carreteras, vías ferroviarias, reconstrucción de edificios e iglesias destruidas, etc.

Los mandos del Ejército republicano y los afiliados a partidos y sindicatos de izquierdas fueron sometidos a consejos de guerra de donde muchos salieron condenados a penas de cárcel o, incluso, a penas de muerte.

 

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