Hoy voy a escribir un artículo
sobre una de esas personas, que parecen haber pasado desapercibidas a lo largo
de la Historia, pero que han sido los que han trazado las líneas maestras del
mundo actual.
Edward Bernays nació en 1891 en
Viena (Austria) en el seno de una familia judía acomodada.
Curiosamente, su madre era hermana
del famoso Sigmund Freud, mientras que su padre era hermano de la esposa de
Freud.
Por otra parte, su abuelo paterno
fue Isaac Bernays, el rabino principal de Hamburgo, que además era primo del
famoso poeta alemán Heinrich Heine. Este último dijo aquello de “donde se
queman los libros, después se quemarán personas” y no se equivocó mucho.
Por lo visto, el rabino Bernays reformó la enseñanza, que se le daba a los niños judíos, que daba prioridad a los estudios religiosos, añadiendo ahora otras asignaturas para que fueran colegios tan buenos o mejores como los demás.
Su padre emigró a USA y, en 1892,
cuando consiguió tener su propia empresa de importación-exportación de grano, llamó
a su familia para que se fueran a vivir con él en Nueva York.
Gracias a ello, Edward pudo
estudiar en un buen colegio y en 1912 consiguió el título de ingeniero agrónomo
por la prestigiosa Universidad de Cornell.
En 1922, se casó con Doris
Fleischmann, que también se dedicaba a la publicidad y al periodismo. Doris,
también judía, era una conocida feminista y fue la primera mujer que, tras
haberse casado, no renunció a su apellido de soltera.
Edward empezó trabajando con su
padre en la Bolsa de productos agrícolas de Nueva York, pero no le gustó mucho
ese trabajo.
Después, junto a un amigo de la
infancia, editaron una revista sobre temas médicos. En ella, hicieron algunas
campañas que les hicieron muy populares, como la de más duchas y menos corsés.
También promovieron campañas contra las enfermedades venéreas. Eso les hizo ganar el apoyo de muchos personajes muy importantes de la política, como el futuro presidente Franklin Delano Roosevelt y su esposa Eleanor.
Posteriormente, trabajó como agente de prensa para diversos artistas. Así consiguió que mucha gente se aficionara a la ópera o al ballet clásico.
Cuando estalló la I Guerra
Mundial, fue contratado por el Departamento de Guerra para trabajar en la
Oficina de Asuntos Latinoamericanos a fin de conseguir que esos países se
convirtieran en aliados. También conseguir el apoyo de las empresas USA, que
trabajaban en esos países. Lo que él llamaba la guerra psicológica.
En 1919, asistió a la Conferencia
de Paz de París. Ahí cometió una indiscreción, cuando dijo: “el objetivo
declarado de esta expedición es interpretar el trabajo de la Conferencia de Paz
mediante una campaña mundial de propaganda para difundir los logros e ideales
de USA”.
Así aprendió que esas tácticas
utilizadas en tiempos de guerra, también se podrían utilizar en tiempos de paz
y montó una oficina con varios empleados a su cargo, donde también trabajó su
esposa.
Parece ser que, en cierto momento,
visitaron su despacho unos ganaderos, los cuales le encargaron que intentara
aumentar el consumo de carne de cerdo. Así que él hizo una campaña en la que
consiguió que los ciudadanos USA, que, hasta entonces, sólo habían desayunado café
con tostadas, empezaran a comer “el desayuno americano”. O sea, café con huevos
y beicon. Alegando que la gente necesitaba mucha energía para empezar el día.
En otra ocasión, una empresa
fabricante de vasos de papel, le encargó que aumentara sus ventas. Él hizo una
campaña en la que consiguió convencer a la gente de que sólo los vasos
desechables eran verdaderamente higiénicos. Colocando al lado de los de cristal
unos carteles sobre el peligro de las enfermedades venéreas.
También se encargó de la
publicidad de la Feria Mundial de Nueva York, celebrada en esa ciudad en 1939.
Otras de sus publicaciones fueron
Propaganda (1928), Relaciones públicas (1945) y la ingeniería del
consentimiento (1955). También publicó su autobiografía en 1965.
En 1924, organizó un acto para aumentar
la popularidad del presidente USA Calvin Coolidge. Debía de ser un tipo muy
serio, pues The New York Times, publicó un artículo, referente al acto, cuyo
título fue “El presidente casi se ríe”.
También asesoró a otros políticos. Se dice que, cuando asesoró a un candidato para ser alcalde de Nueva York, le aconsejó que diera discursos diferentes según los habitantes de cada barrio. En los irlandeses tenía que hablar mal de la Mafia italiana. En los italianos tenía que mencionar sus planes para reformar la Policía y en los judíos tenía que demostrar que era antinazi.
En 1931, asesoró al presidente Hoover para crear el Comité de emergencia del presidente para el empleo.
Otra de sus frases fue: “Si
puedes influir en los líderes, siendo o no conscientes de que estén cooperando,
puedes influir, automáticamente, en el grupo al que ellos manipulan”.
También utilizó la psicología de
masas en las relaciones públicas. Por eso dijo: “Si comprendemos el mecanismo y
las motivaciones de la mente colectiva, ¿no es posible controlar y disciplinar
a las masas, según nuestra voluntad sin que lo sepan? La práctica reciente de
la propaganda ha demostrado que es posible, al menos hasta cierto punto y
dentro de ciertos límites” (Ingeniería del consentimiento).
Por otro lado, también utilizó la
Sociología, cuando afirmó: “El individuo es una célula organizada en la unidad
social. Si se toca un nervio en un punto sensible, se obtiene una respuesta automática
en ciertos miembros específicos del organismo”.
Cuando estalló la II Guerra
Mundial colaboró con una agencia gubernamental, llamada OWI, en la que creaban formas
de hacer propaganda sobre las actividades de las tropas USA en los frentes,
utilizando todos los medios de comunicación disponibles en ese momento. Lo hacían
tanto para el público USA como para el de otros países. También combatieron la
apatía de los ciudadanos USA hacia esa guerra. La OWI fundó la emisora La voz
de América, que aún sigue emitiendo propaganda USA.
Bernays también afirmó haber
rechazado a algunos clientes, como el gobierno nazi de Hitler, el de Franco o
la familia Somoza, en Nicaragua.
Hay que decir que, en 1920, publicó en USA la obra “Las lecciones introductorias al psicoanálisis”, de su tío, Sigmund Freud. Lo que le dio mucha popularidad en ese país.
A finales de los años 20, American
Tobacco, propietaria de algunas marcas de cigarrillos, como Lucky Strike, le
encargó hacer que aumentara el consumo de tabaco entre las mujeres. Algo que no
estaba muy bien visto en aquella época.
En un principio, diseñó una
campaña para intentar convencerlas de que era más sano estar delgada y que el
tabaco reducía el apetito. Incluso, recurrió a la opinión de algunos médicos
para que dijeran que era más sano fumar que comer dulces y contrató a algunas modelos
más delgadas que la mayoría de las mujeres de aquella época.
Efectivamente, aumentó el consumo
de tabaco entre las mujeres, pero no todo lo que hubieran deseado sus
patrocinadores.
Así que diseñó otra nueva campaña
en la que colocó carteles por todo el país, donde se podía leer que los
cigarrillos eran antorchas de libertad. Este mensaje iba dirigido a las que se
veían como menospreciadas por la sociedad de aquel momento.
No obstante, detectaron que el
color verde de las cajetillas de esa marca no parecía atraer mucho a todas las
mujeres. Como su patrocinador se negó a cambiar el color de su producto, lo que
hizo él fue fomentar el uso del color verde en todo tipo de bailes. Lo cual
hizo que se pusiera de moda el color verde.
Curiosamente, Edward nunca fumó e,
incluso, durante muchos años, intentó convencer a su mujer para que dejara de
fumar.
Sin embargo, en 1952, se le
ocurrió al nuevo presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz, la idea de incautar
las plantaciones de la United Fruit en su país. Eso dio lugar a una campaña
diseñada por Bernays, en la que se decía que el comunismo se estaba instalando
en ese país. Esa campaña incluyó que se publicaran artículos en los principales
periódicos y que se enviaran informes anónimos a los parlamentarios USA.
Al final, en 1954, el Gobierno
USA encargó a la CIA que organizara un golpe de Estado, por el que consiguieron
deponer a Arbenz y sustituirlo por una dictadura presidida por el militar Carlos
Castillo Armas.
Algunos interpretan que, con esto
quiso decir que, en las sociedades democráticas, como no es posible gobernar
mediante el terror, es necesario que una élite controle y dirija los deseos de
la gente de una forma que no se entere y así poder mantener el orden social y
económico. De esa manera, vemos que la mayoría de sus ideas se basan en las de
Freud.
Desgraciadamente, Edward Bernays,
falleció a los 103 años, en su casa de la localidad de Cambridge, en Massachusetts.
Sin embargo, su Fundación continúa aún activa.
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