ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 26 de febrero de 2016

EL DESTINO DE JAN MASARYK



Como debo confesar que tengo bastante afición por la Historia de la Europa central y oriental, hace tiempo escribí, en este mismo blog, un artículo sobre el fundador del antiguo Estado de Checoslovaquia, Tomás Garrigue Masaryk.
Sin embargo, dejé para otra ocasión hacer otro sobre la historia de su hijo, Jan, el cual merece un artículo propio.
Nuestro personaje de hoy, Jan Masaryk, nació en Praga, en 1886, por entonces, dentro del Imperio Austro-Húngaro.
Como ya he dicho, su padre fue el célebre, Tomás Garrigue Masaryk, y su madre la ciudadana USA, Charlotte  Garrigue. De hecho, USA, tuvo mucho que ver en la independencia de Checoslovaquia. Sobre eso ya hablaré más adelante.
Jan, realizó sus estudios en Viena y Praga, terminándolos en 1904. Tres años después, fue a  USA, concretamente, a Chicago, donde trabajó y estudió hasta 1913, año en que volvió a su tierra.
Con la llegada de la I Guerra Mundial, se alistó  y luchó como oficial en el Ejército del Imperio Austro-Húngaro.
Tras el conflicto bélico y la independencia de Checoslovaquia, de la cual, su padre, sería su primer presidente, trabajó como encargado de las importantes relaciones con USA, entre 1919 y 1922.
Como he dicho antes, USA, fue un aliado muy importante para Checoslovaquia. Gracias a él y a los checos y eslovacos que vivían allí, que influyeron en las decisiones americanas, este país centro-europeo pudo alcanzar mucho antes su ansiada independencia.
No olvidemos que uno de los famosos Catorce Puntos de Wilson, para alcanzar la paz en Europa, concretamente, el número 10, contenía un apoyo expreso a los nacionalistas de los países, que formaban el Imperio Austro-Húngaro, con el objetivo de que consiguieran su independencia.
Entre 1922 y 1925, trabajó en Praga, en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, puesto en el que estuvo hasta que ese mismo año fuera nombrado embajador de su país en el Reino Unido. Otro de sus grandes aliados.
En 1935, como la salud de su padre, el presidente Tomás Garrigue Masaryk, ya no era muy buena, a causa de su avanzada edad, fue reemplazado en ese puesto por Eduard Benes, el hombre que se enfrentó a Hitler.
En la vecina Alemania, la llegada de los nazis al poder, trajo como consecuencia un aumento de la tensión en toda la Europa central.
Hitler puso sus ojos en Checoslovaquia. Argumentando que quería unir a todos los alemanes que vivían fuera de sus fronteras en una Gran Alemania, en 1938, consiguió convencer a las grandes potencias europeas, Francia y el Reino Unido, para que le cediesen la zona de los Sudetes, situada dentro de Checoslovaquia y poblada por muchos ciudadanos de origen alemán.
Eso fue una de las cosas que se firmaron en el famoso Acuerdo de Munich, con la intención, por parte de los representantes de las potencias aliadas, de preservar la paz en Europa.
Tras la toma del resto de Checoslovaquia, por las tropas nazis, el presidente Benes se exilió en el Reino Unido y Jan también permaneció en Londres, aunque renunció a su cargo de embajador.
El antiguo diplomático, aprovechó su estancia londinense para dirigirse muchas veces a su país desde los micrófonos de la BBC.
También pasó a ser el ministro de Relaciones Exteriores del gobierno checoslovaco en el exilio, presidido por Benes.
En la posguerra, volvió a su país, tras haber permanecido casi 20 años fuera de él. Siguió teniendo el mismo puesto, aunque ahora el gobierno del Frente Nacional,  estaba formado por miembros de todos los partidos, incluidos los comunistas.
A pesar de que estos países estaban, según los pactos firmados entre los aliados, dentro del orbe de la URSS, USA intentó atraérselos.
Concretamente, cuando se presentó el famoso Plan Marshall, el gobierno USA, invitó a los países europeos a entrar en él, incluidos todos los “protegidos” por la URSS. Desgraciadamente, España no fue invitada a entrar en ese plan.
Aunque algunos de ellos, como Checoslovaquia, enseguida se mostraron interesados en ese proyecto, recibieron inmediatamente una llamada desde Moscú, para que “se apearan de ese tren”.
Los soviéticos siguieron en Checoslovaquia el mismo modelo de “sovietización” que utilizaron en otros sitios. Esto es, primero crearon un partido que no se llamara estrictamente comunista, para que no “saltara la liebre”.
Luego, se ofrecieron a participar en el Gobierno a cambio de ciertos ministerios muy estratégicos, como los de Defensa, Interior, Hacienda o Educación. En la actualidad, ¿no os suena todo esto de algo?
Tras bloquear la marcha del país, el resto de los ministros dimitieron, para intentar forzar nuevas elecciones y provocar la salida de los comunistas del poder.
En cambio, en 1948, los mismos comunistas dieron un golpe de Estado, apropiándose de todo el Gobierno de un plumazo.
Esto lo consiguió, tras un vacío de poder y la movilización de grupos de agitadores, por todo el territorio nacional, más las múltiples huelgas.
No se sabe por qué, Jan, se quedó allí, cuando muchos de sus compañeros habían retomado ya el camino del exilio, con la llegada de los comunistas. Tal vez fuera debido al mal estado de salud de su padre, el cual murió apenas dos semanas después del golpe.
El caso es que Jan, a petición del presidente de la república, Benes, se quedó en su puesto. Algo que no gustó nada al nuevo presidente del Gobierno, el comunista, Klement Gottwald.
Evidentemente, a los comunistas les podría hacer sombra la figura de Jan, que se había hecho muy popular, durante la II GM, entre sus paisanos, gracias a sus charlas en la BBC.
Jan era una persona muy liberal y muy demócrata, que había conocido ampliamente la forma de vivir en Occidente, gracias a su madre y a sus muchos años de residencia en USA y en el Reino Unido y aspiraba a que en su país se disfrutara de la misma libertad.
Con lo cual, era muy posible que pudiera encabezar un movimiento de oposición al nuevo gobierno comunista de su país. Algo que, evidentemente, no era del agrado de Moscú.
No hay que olvidar que, en la despedida de las tropas aliadas que liberaron a su país del nazismo, les dijo lo siguiente: “Somos un pequeño país con una gran tradición de libertad. Dios bendiga a América y a vosotros, sus hijos, que habéis luchado tan bien para salvar al mundo”.
Jan, tuvo una visión clara sobre la nueva situación, tras acompañar a Gottwald, en una visita a Moscú. Allí, pudo ser testigo de las órdenes que le dio Stalin al presidente de su Gobierno. Algo que le disgustó profundamente, como apuntó en su agenda.
Parece ser que la idea de Jan fue no enfrentarse directamente a Moscú, sino intentar convencerle de que sería interesante preservar la independencia de su país, como una especie de puente diplomático, ya que tenía excelentes relaciones con los aliados. Sin embargo, fracasó en su intento.
Según la gente que lo conoció, en sus últimos días, apareció ante ellos como muy presionado y con ciertos síntomas depresivos.
Algunos dicen que, posiblemente, estaría preparando su huida,
con vistas a formar un gobierno democrático en el exilio, como ya ocurrió durante la guerra.
Lo cierto es que el 10 de marzo de 1948, encontraron su cadáver, aun vestido con su pijama, en los jardines de su Ministerio, donde vivía. Concretamente, bajo la ventana del baño.
Las investigaciones, ya dentro de un régimen abiertamente comunista, dieron como resultado muerte por suicidio. Incluso, algunos de sus familiares, quizás movidos por el miedo al Gobierno, reconocieron que podía haber sido esa la causa de su muerte.
Un chiste que circuló esos días por Praga, decía que el ministro era un hombre tan meticuloso, que, antes de saltar por la ventana, la cerró por dentro.
En 1968, se realizó otra segunda investigación. Esta vez, las autoridades, abrieron un poco la mano y afirmaron que podría haber sido un accidente o, incluso, un asesinato.
Sin embargo, ya en 2004, la Policía checa demostró que había sido arrojado por la ventana y que fue un asesinato en toda regla. Sin poder indicar quiénes fueron los culpables.
En 2006, un periodista ruso, contó que su madre, que había trabajado como espía para la antigua URSS, le había comentado que en el asesinato intervino otro agente soviético, llamado Byelkin.
No hay que olvidar que la familia de Masaryk era muy amante de la cultura y de la libertad. Su padre, Tomás, fue catedrático de Filosofía y su hermana, Alice, una importante socióloga, cuando esta ciencia aún estaba en pañales.
Incluso, el mismo Jan, aparte de hablar varios idiomas, tocaba bastante bien el piano e, incluso, grabó algunos discos solo o acompañando a algunos cantantes.
En resumen, fue un hombre muy importante para su país y una gran pérdida para una Europa recién salida de una guerra mundial y que sólo aspiraba a vivir en paz y en libertad.

sábado, 20 de febrero de 2016

EL MISTERIO DE CHRISTOPHER MARLOWE



Hoy voy a hablar de un autor y espía inglés del que no conocemos gran cosa. Es muy posible que esto fuera motivado, en ese momento,  por la voluntad del Gobierno inglés, ya que él estaba metido en muchos asuntos, que, por lo visto, no interesaba que se conocieran.
Christopher Marlowe nació en Canterbury en febrero de 1564. Dos meses antes que Shakespeare. Era uno de los hijos de un modesto zapatero, así que tuvo muchos problemas para obtener una buena formación académica.
No obstante, gracias a una beca para llegar a ser  clérigo, acabó en 1584 el bachillerato en Artes, lo que ahora se llama grado universitario,  y, en 1587, logró un título de posgrado,
ambos en la prestigiosa Universidad de Cambridge.
El centro donde estudió, el Corpus Christi College, hoy en día, se enorgullece de haberlo tenido como alumno. De hecho, su nombre figura en una placa, situada en un lugar preferente, dedicada a los mejores estudiantes que han pasado por ese centro.
Es posible que, al comienzo de su etapa de estudiante en Cambridge, fuera fichado por el servicio de espionaje, que había organizado el político Francis Walsingham. Un verdadero maestro en esas actividades y, además, un antiguo alumno de esa famosa Universidad.
Es muy curioso que, al final de su carrera,  el claustro de profesores, se negara a otorgarle el título a Marlowe.
Para ello, aducía que había faltado a muchas clases y, además, sospechaban que sus continuos viajes a Reims tenían como objetivo convertirle en sacerdote católico. Algo muy grave en la Inglaterra de la reina Isabel I.
Contra todo pronóstico, el claustro, cambió radicalmente de opinión, tras recibir una carta del Consejo privado de la reina, donde se afirmaba que Marlowe no había podido asistir a clase a causa de unos importantes servicios que estaba realizando para la Corona. En la misma misiva, ordenaban al claustro que le dieran el título a Marlowe.
Lógicamente, eso fue lo que hicieron, porque, por aquel entonces, abundaban en Inglaterra las ejecuciones  por motivos muchos más insignificantes que éste.
Tras licenciarse en Cambridge, se cree que siguió trabajando para los servicios de Inteligencia de Inglaterra.
No obstante, parece ser que, al poco tiempo, empezó a escribir obras de teatro, estrenando la mayoría de ellas en la compañía patrocinada por el conde de Nottingham.
En esa época también se reunió con un grupo de intelectuales, formando un movimiento llamado la “Escuela de la noche”. Algo parecido a una logia masónica.
Es posible que allí conociera a gente muy importante en su vida, como el corsario Walter Raleigh, muy próximo a la reina, de hecho, fundó una colonia en los USA, llamada Virginia,  en honor a ella. A estos dos hombres les unió siempre una gran amistad. Del mismo modo, le sirvió para conocer a algunos nobles, como el conde de Northumberland, algo muy importante en esa época.

También es posible que allí conociera a William Shakespeare, sobre esa relación hablaré en otro artículo.
Parece ser que en ese grupo manifestaban un gran interés por los escritos de Giordano Bruno, que llegó a ser quemado por hereje. Incluso, muchos de ellos, en la intimidad, se consideraban ateos.
Evidentemente, eso era algo que no podía difundirse públicamente. Aun así, la mayoría de los miembros de esta sociedad, poco a poco, fueron arrestados bajo los cargos de incesto, pederastia y sodomía. Estas acusaciones, en esa época,  eran muy comunes para quitarse de enmedio a los católicos.
Aquella época fue muy dura para los católicos de Inglaterra. Una vez muerta la hermanastra de Isabel, la reina María, que había estado casada con su sobrino, Felipe II de España, los protestantes se hicieron con el poder y el catolicismo fue declarado ilegal en todo el país.
Entre su hermana, la católica María de Inglaterra (llamada Bloody Mary), que se dedicó a ejecutar a los protestantes, y la protestante Isabel, que se dedicó a hacer justo lo contrario, aunque parezca mentira, ejecutaron a mucha más gente que la Inquisición española en toda su historia. Evidentemente, eso en el actual Reino Unido, se lo tienen muy callado.
No hay que olvidar que Enrique VIII sólo aspiraba a controlar políticamente  la Iglesia de Inglaterra. Sin embargo, con la llegada al trono de su hija, Isabel I, todo cambió. Se acentuó el carácter protestante de la Iglesia de Inglaterra y su control político, por parte de la Corona. Así que todos los católicos del reino se tuvieron que esconder o exiliarse. La mayoría de ellos, lo hizo en Francia y, más concretamente, a Reims.
Volviendo a nuestro personaje. Al año de salir con su título de Cambridge, ya estrenó un drama en dos actos, llamado “Tamerlán el grande”.
En sólo 6 años, escribió nada menos que 6 obras de teatro, un poema narrativo largo y varias traducciones del latín.
Otro de sus éxitos teatrales fue su adaptación al escenario del mito de Fausto. La primera vez que un autor ha llevado ese mito al teatro.
Por otra parte, parece ser que tenía un temperamento un tanto belicoso.
En 1589 pasó durante un tiempo breve por la cárcel, pues fue acusado de haber participado en una riña callejera, en la cual un hombre fue asesinado. Seguramente, fue acusado de este delito por estar en compañía de su amigo, Thomas Watson, que tuvo que permanecer más tiempo en la cárcel por ese mismo motivo.
Siguiendo la misma línea, tres años después, tuvo que comparecer ante un juez, acusado de haber atacado a varios policías. Sin embargo, fue puesto en libertad inmediatamente.
En 1593, fue acusado de unos delitos muchos más importantes en esa época, como eran el de ateísmo, acuñación de moneda falsa y homosexualidad.
Seguramente, fue acusado de esos delitos por su compañero de piso y también poeta, Thomas Kyd, al cual sometieron a un duro interrogatorio bajo tortura.
Es posible que, por ese motivo, su jefe, Francis Walshingham, durante un corto período de tiempo, lo hubiera escondido en una de sus fincas, alejadas de Londres.
Es posible que su jefe dedicara su vida a luchar contra el catolicismo, para no tener que repetirse en el suelo inglés las espantosas guerras de religión, como las habidas en Francia.
No hay que olvidar que éste fue testigo de la famosa matanza del día de San Bartolomé, cuando fue embajador de Inglaterra en Francia.
Por otra parte, la reina Isabel, le debía todo a su servicio secreto, pues en aquella época, tenía muchos enemigos, como los católicos, la reina María de Escocia o el rey Felipe II de España y todos pretendían de un modo u otro expulsarla del trono.
Es posible que las faltas a clase de Marlowe estuvieran motivadas por sus frecuentes visitas a Francia a fin de espiar a los exiliados católicos ingleses.
Entre ellos, se hallaba Anthony Babington, el cual había participado en un complot para matar a la reina Isabel y poner en su lugar a la reina María de Escocia, que se hallaba entonces en Inglaterra. Todo ello, con el apoyo de Felipe II.
Hay que aclarar que la reina María de Escocia fue víctima de un complot en su país y la obligaron a abdicar a favor de su hijo, Jaime VI, que luego también llegaría a ser rey de Inglaterra.
Tras la abdicación, huyó al vecino reino de Inglaterra, para ponerse bajo la protección de su prima Isabel. Ésta la vio como una peligrosa rival al trono y ordenó su arresto.
Parece ser que Babington conoció a María por tener el título de escudero del conde de Shrewsbury, a quien se le había encargado tener encarcelada a la reina escocesa.
Tras nada menos que 18 años de encierro, Babington, le envió a ella una serie de cartas, donde la animaba a resistir, pues pronto estaría en el trono de Inglaterra y le dio ciertos detalles sobre la conspiración.
Parece ser que el ideólogo de esa conspiración fue el jesuita inglés, John Ballard, que montó ese complot junto a otros como el poeta Chidiock Tichborne. No obstante,
el servicio secreto inglés, logró infiltrar a alguno de sus agentes dentro de ese movimiento.
Así, poco después, la mayoría de los cabecillas del complot, fueron detenidos, juzgados y ejecutados de la forma más cruenta posible.
Dado que el mismo servicio había logrado interceptar las cartas de los implicados, las dejaron seguir hasta sus destinatarios, después de haberlas leído, claro.
Incluso, en una de ellas, los agentes, falsificando la letra de María, escribieron una postdata, donde se indicaba que la reina le pedía al remitente de la misma, los nombres del resto de los conspiradores, para ver si eran de fiar.
De ese modo, fueron capturando a algunos de los implicados, los cuales, bajo los efectos de la tortura, dieron los nombres de los demás.
Además, tras este intento, la reina Isabel, encontró una excusa para quitarse del medio a su molesta prima María.
Así que la mandó ante los tribunales, bajo la acusación de haber aprobado un plan contra la Corona de Inglaterra. Como se esperaba, fue declarada culpable y ejecutada en febrero de 1587, a los 45 años,  en el castillo de Fotheringhay.  
Hoy en día, sus restos están sepultados bajo un magnífico monumento funerario, situado dentro de la abadía de Westminster y a muy pocos metros del sepulcro de su prima, Isabel I.
Volviendo a nuestro personaje de hoy, a pesar de estar protegido por un importante secretario de la reina, si lograban capturarle, es posible que, mediante la tortura,  se llegaran a conocer una serie de secretos que el Gobierno inglés no estaba interesado en que salieran a la luz.
Parece ser que el motivo del apresamiento del joven Thomas Kyd fue que
en la primavera de 1593, alguien colgó una serie de carteles por todo Londres, llamando a la rebelión contra la reina.
Las investigaciones condujeron hasta Kyd, encontrando en su vivienda una serie de documentos, donde se negaba la divinidad de Jesucristo. Esto comportaba un delito de blasfemia. Precisamente, por algo parecido, el año anterior, se había enviado a la hoguera a otro condiscípulo de ellos en sus años en Cambridge.
Siendo interrogado bajo tortura, confesó que pertenecían a Marlowe. Esto puso en un serio compromiso al Gobierno, pues nuestro personaje era un servidor del Estado.
Unos días después, Marlowe, fue requerido para declarar ante un tribunal y acudió a esa cita. No se le encerró, pero salió bajo fianza y con el compromiso de estar disponible
en cuanto se le llamara de nuevo.
Doce días más tarde, el 30/05/1593, cuatro hombres se reunieron para pasar el día bebiendo y hablando en la posada de la viuda Eleanor Bull, en Deptford, a unos 5 kilómetros al SE de Londres.
El grupo estaba formado por Ingram Frizer, un hombre dedicado a sus numerosas intrigas; Nicholas Skeres, socio de Frizer; Robert Poley, de quien se sospechaba que fuera agente doble y Marlowe.
Según los otros dos, tras haber cenado, Marlowe y Frizer, tuvieron una violenta pelea acerca del pago de la cuenta.
Marlowe le quitó la daga a Frizer y con ella le hizo varios cortes en la cabeza. Luego, Frizer, consiguió arrebatársela y darle una puñalada en el ojo derecho, la cual llegó al cerebro, causándole la muerte de manera instantánea.
La patrona llamó a los guardias y, a la mañana siguiente, acudió el juez. Éste prendió a Frizer, pero al mes siguiente lo puso en libertad, declarando que había sido en defensa propia.
En cuanto a Marlowe, fue enterrado dos días después en esa misma localidad. Algo realmente extraño en un país donde se tarda mucho más en enterrar a los fallecidos.
En 1925 se halló en un archivo el informe del juez sobre este asunto y ante él, los investigadores del siglo XX, se hicieron muchas preguntas.
Algunos de ellos se preguntaron por qué no se había investigado más este asunto. Es posible que fuera, porque el Gobierno hubiera enviado a estos tipos para eliminar a Marlowe. No hay que olvidar que Poley solía ser el encargado de realizar los trabajos sucios para su jefe.
También es posible que hubiera sido, porque Poley era un agente doble y Marlowe lo sabía. Así que ante un fuerte interrogatorio, igual hubiera dicho su nombre y el de otros católicos implicados secretamente en complots contra la reina. Gentes con mucho poder, que ocupaban las más altas jerarquías del Estado.
Curiosamente, el final de la vida literaria de Marlowe coincide con el comienzo de la de Shakespeare. Eso lo trataré en otro de mis artículos.
Espero no haber resultado pesado y me gustaría que me dijerais si os ha gustado este artículo.

lunes, 1 de febrero de 2016

LOS DOBLES DE ADOLF HITLER



Parece ser que la vida y el destino del antiguo líder nazi sigue siendo, hoy en día,  una fuente inagotable para rellenar páginas y más páginas.
Hace poco se ha sabido que van a reeditar en Alemania su famoso libro “Mein Kampf” (Mi lucha), tras muchos años en los cuales estuvo prohibido hacerlo. Supongo que todo el mundo sabrá que esta obra la escribió, mientras estuvo preso en la cárcel. Tras el fracasado golpe de Estado que dio en Múnich. El famoso “Putch de la cervecería”.
Siempre se leen cosas nuevas. Hace un rato, estaba leyendo que, en su momento, hubo muchos rumores de que Hitler y Eva Braun, habían llegado a tener dos hijos. Uno de ellos, nacido en 1938 y el otro en 1941. Un chico y una chica.
Incluso, se decía en el mismo artículo, que ambos fueron cuidados, durante la posguerra, por una familia española, hasta su traslado a Suiza, en los años 60. En fin, cada uno puede darle a estas cosas la credibilidad que quiera.
Para empezar, casi todos los líderes políticos han utilizado a sus dobles. Unos lo han hecho para no cansarse, yendo a varios sitios en poco tiempo. Otros, por simples motivos de seguridad.
Ahora mismo, me viene a la memoria aquella película española tan divertida, llamada “Espérame en el cielo”. Estrenada en 1988.
En ella, podemos ver que los servicios secretos de Franco se dan cuenta de que un especialista en Ortopedia se parece muchísimo al Jefe del Estado y un día lo raptan, se lo llevan a un lugar secreto y allí lo entrenan para que suplante al dictador lo mejor posible. Hasta el punto que llega un momento en que nadie sabe a ciencia cierta quién es el verdadero y quién el doble. Ni siquiera lo reconoce su propia esposa.
Me da la impresión de que Hitler, aparte de utilizar a estos dobles, para estar en varios lugares de Alemania a la vez y reforzar su imagen ante su pueblo, realmente, los necesitaba para su seguridad.
Es de sobra conocido que, a lo largo de su mandato, sufrió bastantes atentados. Unos se quedaron en intentos y otros se consumaron, pero siempre, según parece, salió ileso de todos ellos. Es posible que, más adelante, dedique otro artículo a este tema.
Parece ser que la Operación Doppelgänger, o sea, doble, fue ideada por Himmler, jefe de la SS, y por Heinrich Müller, jefe de la Gestapo. El primero luego fue jefe de ambas, al fusionarse las dos entidades en un único mando.
Uno de los posibles dobles de Hitler fue Julius Schreck. Un conocido y fanático nazi de primera hora. Parece ser que tuvo el carnet nº 53 del partido nazi.
También fue uno de los fundadores de las célebres SA o camisas pardas. Hitler se fijó en él para que organizara y capitaneara un grupo que se dedicase exclusivamente a escoltarle por todo el país.
Incluso, el mismo Schreck, participó junto a Hitler en el famoso “Putch de la cervecería” y fue encarcelado en la misma prisión que Hitler.
Ese grupo de escoltas fue el origen del famoso SS o escuadrón de protección, que suele aparecer en todas las películas sobre la II GM.
Schreck llegó a ser uno de los jefes de las SS y el escolta más cercano a Hitler. Incluso, sustituyó a su chófer personal.
Este pudo ser uno de sus dobles, pues tenía un parecido bastante razonable y visto de lejos, no se notaba mucho la diferencia. Además, hay que recordar que, en esa época, se conducía por las carreteras con una especie de casco.
Según su biografía, se dice que falleció en 1936 a causa de una meningitis. Hitler, parece ser que tenía una gran amistad con él y sintió mucho su fallecimiento.
A pesar del motivo oficial de su muerte, otras fuentes la han explicado de otra manera más extraña.
Parece ser que, normalmente, Hitler se sentaba en la parte de atrás de su coche y Schreck era el que conducía. Sin embargo, por algún motivo extraño, ese día de 1936, el que conducía el coche era el mismo Hitler.
Un grupo de antiguos afiliados de la SA, a la que Hitler había masacrado, anteriormente, intentaron un atentado contra el líder nazi. Para ello, le esperaron cuando volvía a su refugio en el Berghof.
Concretamente, se apostaron en una zona cercana a un paso a nivel, donde sabían que el coche tendría que reducir su velocidad. Allí, dispararon contra el auto y mataron a la persona que se encontraba en el asiento trasero, que, esta vez, era Schreck.
Otro de los dobles más conocidos de Hitler fue Heinrich Berger, el cual figuraba como taquígrafo personal del político.
La verdad es que hay muy pocas fotos de él y no se le ve muy bien, pero me da la impresión de que no se le parecía tanto como dicen.
Parece ser que este hombre ni siquiera era un nazi ni tampoco era militar. Sin embargo, le contrataron para estar cerca de Hitler, porque era uno de los mejores taquígrafos del país y podía copiar todo lo que dijera el político, que solía hablar muy deprisa.
El día 20/07/1944 tuvo lugar el famoso atentado del coronel Klaus von Stauffenberg, del cual se han escrito abundantes libros y se ha estrenado una película llamada “Operación Valkiria” o algo por el estilo.
Algunos autores dicen que Stauffenberg creyó que Berger era Hitler y le puso el maletín con la bomba muy cerca de él. A consecuencia de la explosión de la misma, murieron dos generales y el mismo Berger, al cual, la detonación le amputó las dos piernas y, posiblemente, no pudieron cortar la hemorragia.
Parece ser que, como su familia se negó a que se le hiciera un funeral de Estado, como se hizo con los otros dos, el régimen le negó la pensión a su viuda.
Otro de estos conocidos como dobles de Hitler fue Gustav Weler, un cómico muy famoso en los teatros de Berlín, en la época anterior a la II GM.
Parece ser que fue detenido y llevado ante Martin Bormann, hombre de confianza de Hitler. Éste lo presentó a su jefe, al cual no le hizo mucha gracia, porque su gran sentido del humor no era de su agrado.
Al final de la guerra, aparecieron por Berlín una serie de cadáveres con un aspecto parecido al de Hitler. Los aliados, en un principio, cayeron en la trampa, pero luego se dieron cuenta de que eso lo habían hecho los nazis para despistarlos.
También podría ser que lo hubieran hecho los seguidores de Hitler para que nadie supiera nunca que había usado siempre a estos dobles, para que actuaran como si fuera él.
Uno de estos cadáveres, con un aspecto muy parecido a Hitler, y un tiro en medio de la frente, fue encontrado en las ruinas de la Cancillería. Los aliados pensaron, inmediatamente, que se trataba del propio Hitler. Sin embargo, cuando entraron en el bunker, pudieron hallar los cuerpos de los demás. Unos días más tarde, bajo unos escombros, encontraron los cuerpos semicalcinados de dos personas, que, según les dijeron, se trataba de los cadáveres de  Hitler y de Eva Braun, pero, según comentaron, era imposible reconocerlos.
No obstante, aunque, en un principio, al cadáver encontrado con el tiro en la frente, los aliados, le atribuyeron la identidad de Weler, posteriormente, llegaron a detener a éste y le interrogaron a fondo.
Otro de estos famosos dobles fue Ferdinand Beisel. Este sí que fue un ferviente nazi. Sin embargo, como estaba muy orgulloso de su parecido con el político, pues acostumbraba a imitarle en cualquier parte.
En cierta ocasión, parece ser que lo hizo en medio de una cervecería y unos miembros de la Gestapo, que estaban allí presentes,  se lo llevaron detenido.
Un poco más tarde, lo llevaron a presencia de Martin Bormann, el cual se hizo cargo de esta persona y ordenó que  lo formaran para que diera el pego y todo el mundo pensara que era el propio Hitler.
Parece ser que este nuevo sosias de Hitler debutó en su nuevo papel ya en 1943, revistando a las tropas y acudiendo a ciertos actos públicos. Era una forma de comprobar si la gente picaría el anzuelo y parece ser que lo picaron, obteniendo nuestro personaje un rotundo éxito.
Algunos autores afirman que el que estuvo los últimos días de la guerra refugiado en el bunker de la Cancillería fue Beisel y no Hitler. Incluso, ciertos especialistas defienden que se obró de esa manera para proteger la huida del líder nazi hacia otros países.
Parece ser que el personaje que se ve en las fotos tomadas, revisando los daños ocasionados durante el bombardeo de la Cancillería o el que habla con los adolescentes movilizados al final de la guerra, no es el mismo Hitler, sino que se trata de Beisel.
Incluso, es muy posible que el cadáver que encontraron los rusos, con un disparo en la frente, fuera el de este doble y no el de Hitler.
A pesar de haber sido muy bien formados, estos dobles, tuvieron algunos fallos, como no reconocer a algunos personajes, cuando era bien sabido que a Hitler nunca se le olvidaba ni un nombre, ni una cara. Como ocurrió en el caso de von Stauffenberg, al que no reconoció, a pesar de que le había condecorado pocos días antes.
También, se dice que tras la explosión producida por el atentado del citado coronel, Hitler, tenía los pantalones quemados y hechos jirones. Al igual que su cuerpo estaba lleno de astillas, que se le habían clavado, procedentes de la robusta mesa de trabajo, donde tenían desplegados los mapas.
Sin embargo, el Hitler que, poco después, recibió a Mussolini, apenas tenía algún rasguño. Lo cual es muy llamativo y ni siquiera se le veía temblar a causa del Parkinson.
Parece ser que cuando los servicios de Inteligencia de los aliados interrogaron a una antigua agente alemana, ésta declaró que varios de estos dobles habían pasado por una clínica de cirugía estética y que, incluso, varios de los jefes nazis también lo habían hecho. Al objeto de facilitar su huida a otros países, sin ser reconocidos.
Esta clínica, aunque estaba regida por un doctor muy afín al nazismo, que, además, era el padre de la agente interrogada, posteriormente, fue  asaltada.
Los asaltantes se llevaron todos los informes sobre estas intervenciones quirúrgicas y no se olvidaron de asesinar al director de la clínica y a su hijo, ambos médicos especialistas en esta materia, se supone que para que no pudieran declarar sobre este tema, si les sometían a un interrogatorio.


Según los testigos que estuvieron con él en el bunker de la Cancillería, Hitler, no parecía el mismo. Estaba muy demacrado, le habían caído de golpe muchos años encima y, aunque parezca mentira, había cambiado radicalmente de costumbres. Cosa verdaderamente extraña en un hombre tan meticuloso.
Parece ser que Stalin se tomó muy en serio capturar a Hitler vivo o muerto. Para ello, movilizó al servicio secreto militar de la URSS, el Smersh. Incluso, prometió condecoraciones a quien le llevara ante él a Hitler. Estos agentes llegaron a detener a unas 800 personas, que habían tenido contacto con este político.
Entre otros, los rusos capturaron al vicealmirante Voss, al cual le obligaron a colaborar con ellos. Al pasar por un montón de cascotes, en las ruinas de la Cancillería, señaló hacia el montón gritando “Hitler, Hitler”.
Se pusieron a excavar y, tras exhumar varios cadáveres, apareció un cadáver muy parecido al de Hitler, pero con una peluca rubia.
Hicieron pasar por allí varias personas que le conocieron muy bien en
vida. Tal fue el caso de su piloto, Hans Baur, o de su dentista, Junge. Este último, comprobó que las piezas dentales no se correspondían con las de las radiografías que le había hecho, años antes, al verdadero Hitler, el cual tenía la dentadura mucho peor que la de este cadáver.
Incluso, hicieron venir desde Moscú a un antiguo embajador soviético en Berlín, el cual tampoco lo reconoció.
Parece ser que la figura de Hitler fue muy copiada por los alemanes. Más o menos, como hoy en día, los jóvenes, suelen copiar y vestirse como sus ídolos musicales del momento. De hecho, todavía se hacen reuniones con gentes disfrazadas como el famoso cantante Elvis Presley.
Se dice que, los soldados soviéticos, atraídos por las condecoraciones prometidas, llegaron a capturar en Berlín y llevar ante el gobernador militar ruso, 6 tipos con un aspecto muy parecido al de Hitler.
Stalin, según parece, siempre les dijo a sus aliados de la II GM, que Hitler se le había escapado y nunca estuvo seguro de que hubiera muerto en el ataque a Berlín. De hecho, los aliados, repartieron varias fotos donde se podían ver las diversas caracterizaciones que podría haber tenido Hitler.
Sin embargo, los ingleses enviaron a un profesor universitario, llamado Hugh Trevor Roper, el cual hizo un estudio muy chapucero sobre el tema y llegó a la conclusión de que los cadáveres semicalcinados, encontrados junto al bunker de la Cancillería, correspondían a los cuerpos de Hitler y de Eva Braun. En ese informe se han basado los libros de Historia, hasta la fecha.
No obstante, hace unos años, los rusos, autorizaron a un equipo de investigadores USA el estudio de un trozo de cráneo, con un agujero, producido probablemente por una bala, y que aseguraban que era de la cabeza de Hitler.
Sin embargo, este equipo de investigadores, utilizando los métodos más modernos, pudo probar que este trozo de cráneo perteneció al cadáver de una mujer de unos 20 años. O sea, que no pudo ser ni de Hitler ni de su esposa.
Luego, han aparecido varias teorías sobre la posible huida de Hitler. Al igual que hicieron otros varios jerarcas del régimen nazi.
Algunos dicen que lo hizo por vía aérea. Volando hacia Italia, bordeando Francia y llegando a España, donde existía un régimen propicio para ellos. De la península voló hacia Canarias y luego hacia su destino final, en Sudamérica.
Otros afirman que lo hizo en uno de esos submarinos que, tras el final de la II GM, estuvieron varios meses sin aparecer. Incluso, algunos de ellos nunca han aparecido, y otros aparecieron de improviso en las costas de Argentina. Donde, por entonces, gobernaba Perón, un político con una ideología muy afín al líder alemán.
Más o menos, esto es todo lo que se sabe sobre este tema. Es muy posible que haya más datos en los archivos de Inteligencia de las grandes potencias que ganaron la II GM, pero, como es sabido, no es posible consultarlos hasta que se decidan a desclasificarlos.