ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 24 de diciembre de 2015

ARMIN FABER, UN HOMBRE DESPISTADO



A pesar de que las guerras son terribles, si se busca un poco más a fondo, a veces, se pueden encontrar cosas más o menos graciosas. Esta que voy a contar es una de ellas. A ver si así consigo levantarle el ánimo a más de uno, porque, aunque estemos en Navidad, veo a la gente muy decaída.
Corría el año 1942. Una buena parte de Francia continuaba ocupada por las tropas alemanas, cuyas fuerzas aéreas se enfrentaban diariamente, desde sus bases en el país galo, con los pilotos de la RAF.
A mediados de ese año, les había llegado un nuevo aparato a las unidades alemanas de caza. Se trataba del Focke-Wulf 190, un modelo mucho más avanzado que los de los británicos y, por ello, estaban sufriendo continuas derrotas en los combates aéreos.
Incluso, al Alto Mando británico, se le llegó a pasar por la cabeza la idea de hacer una operación de comando, a fin de hacerse con uno de ellos, en una de sus bases francesas, y llevarlo hasta el Reino Unido, a fin de estudiarlo a fondo.
Algunos autores dicen que sí existió ese plan y que le habían encargado esa misión al capitán Phillip Pinckney del cuerpo de operaciones especiales, el cual iba a llevar entre sus hombres al piloto Jeffrey Quill, a fin de volar con ese avión rumbo al Reino Unido.
Nuestro personaje de hoy se llamaba Armin Faber y, por aquella época, era un teniente de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana.
Estaba destinado en una unidad de caza que se hizo muy famosa durante la II GM, la Jagdgeschwader 2 (JG2), que se formó en honor del famoso Barón Rojo (von Richthofen), un gran as de la I GM.
Evidentemente, esta unidad había participado en la conocida como Batalla de Inglaterra, aunque lo hizo solamente de una manera defensiva, pues los cazas no bombardeaban ni combatían sobre territorio británico, dada su escasa autonomía de vuelo.
No obstante, participaron en muchos combates contra los aparatos de los aliados y lograron salir victoriosos en muchos de ellos, gracias a la calidad de sus pilotos y de sus aparatos.
Nuestro personaje, que ya era un joven veterano de guerra, estaba destinado en la base de Morlaix, una localidad costera de la Bretaña francesa.
Como tenía muchos deseos de conocer las características del nuevo aparato, que aún no había llegado a su escuadrón, le permitieron volar en una misión con el VII Grupo de Caza, que ya lo estaba utilizando.
El 23 de junio de ese año, una vez en vuelo, su grupo de aviones de caza, al mando del as de la aviación, Egon Mayer, se encontró con otro grupo de aviones aliados, formado por 6 bombarderos Boston, que venían de bombardear Alemania, escoltados por 3 escuadrones de la RAF. Esos 3 escuadrones estaban formados por aviones de caza, pilotados por aviadores checos.
A nuestro personaje se le vino encima uno de esos famosos Spitfire británicos. Tuvo que hacer varias maniobras en el aire, pero, al final, lo derribó.
Parece ser que el piloto checo consiguió saltar sobre territorio británico y sólo sufrió heridas leves. Incluso, el propio Faber voló varias veces alrededor del paracaídas del piloto checo y le saludó desde su avión.
Lógicamente, Armin, debía de estar muy contento y deseando contar a sus compañeros su experiencia con el nuevo modelo, que acababa de pilotar y con el que había conseguido ese derribo.
Precisamente, antes de despegar, su jefe, le había dado una copia de la orden enviada por el mariscal del Aire, Goering, donde les ordenaba a todos los pilotos no cruzar el Canal de la Mancha con ese nuevo modelo, para que no cayera en manos del enemigo.
Puede ser que, después de dar muchas vueltas hasta derribar al avión británico, se despistara y no supiera exactamente dónde estaba.
Lo cierto es que decidió volar hacia el norte, para regresar a su base, que, realmente, se encontraba al sur de su posición. Parece ser que confundió el Canal de Bristol con el Canal de la Mancha o Canal Inglés, como le llaman los británicos.
Confundiendo el territorio británico con el francés, fue a aterrizar en la primera base que se encontró. Lo malo es que, muy a su pesar, no era una base alemana, sino la británica de Pembrey, que se hallaba al sur de Gales.
Los observadores británicos se quedaron boquiabiertos, cuando el piloto alemán, incluso, se permitió mover las alas, en señal de victoria, y luego aterrizar como si tal cosa.
Uno de los militares británicos, que estaba contemplando este espectáculo, el sargento Jeffreys, no se lo pensó mucho y, cuando el aparato se paró, saltó sobre él y encañonó con su pistola al piloto alemán, que se quedó estupefacto.
Posteriormente, se le hizo prisionero de guerra y el capitán David Atcherley le trasladó a su base de Fairwood Common, para interrogarle.
Sin embargo, su avión siguió otro camino. Como ese modelo era muy apreciado por los británicos, se le desmontó en parte a fin de trasladarlo en un camión a la base de Farnborough, donde se probaban los nuevos modelos.
Se le pintó de otro color y se le colocaron los indicativos británicos, para que, en una de esas pruebas, no fuera derribado por los aviones aliados.
Allí, los aliados, pudieron comprobar las cualidades de este modelo y encontrar los puntos fuertes y débiles del mismo.
Al cabo de unos días, se le volvió a trasladar. Esta vez, su destino era la Unidad de Desarrollo de Combate en el Aire, sita en Duxford, muy cerca de Cambridge.
Allí pudieron realizar simulaciones de combate entre este aparato y el nuevo modelo de Spitfire, a fin de poder mejorarlo y conseguir derrotar en el aire a los pilotos alemanes.
Se le hicieron innumerables pruebas hasta que, ya en septiembre de 1943, le pusieron fuera de servicio y lo desguazaron.
Mientras tanto, nuestro personaje se hallaba prisionero en tierras canadienses. Esta era una táctica muy usada tanto por los aliados como por el Eje. Había que encerrar a los pilotos que cayeran prisioneros en sitios muy alejados de su país, para que les fuera casi imposible regresar. Ya que, durante la II GM, se fabricaron ingentes cantidades de aviones, pero siempre hubo mucha escasez de pilotos. Aparte de que se tarda mucho menos en fabricar un avión, que en formar a un piloto de combate.
Allí permaneció bastante tiempo, Faber, hasta que, tras engañar a sus vigilantes, diciendo que padecía crisis de epilepsia, logró que lo dejaran en libertad y consiguió volver a su país, donde siguió volando hasta el final de la guerra.
En la actualidad, una parte de ese FW-190 se halla expuesto en el museo Shoreham, situado en el condado de Kent, en el Reino Unido, y especializado en temas aeronáuticos.
Desde agosto de 1991, también se pueden ver allí algunos restos del aparato derribado por Faber y que estaba pilotado por el militar checo.
A finales de septiembre del mismo año, el propio Armin Faber realizó una visita a este museo y les donó su daga de oficial y su insignia de piloto, para ser expuestos junto a los restos de su aeronave.
Espero que os haya gustado esta divertida historia y de paso os deseo a todos

¡¡UNA FELIZ NAVIDAD 2015!!
















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