Ha habido algunas veces en la
Historia, en que ciertas naciones no han tenido unos líderes a la altura de las
circunstancias y a sus pueblos los ha
amedrentando un simple matón de barrio, como era Hitler. Este es el caso de
nuestro personaje de hoy. Aunque, por otra parte, me parece que éste no fue el más
amedrentado, pero no podía permitirse que lo dejara tirado su gran aliado, el Reino Unido.
Edouard Daladier nació en 1884 en
una localidad llamada Carpentras al sudeste de Francia y muy cerca de la famosa
Costa Azul.
Su familia era de tipo modesto,
pues su padre era panadero en esa ciudad. Nuestro personaje empezó siendo un
joven profesor de Historia.
También muy joven, en 1911, fue
elegido alcalde de su ciudad, pero, al llegar la I Guerra Mundial, fue al
frente, consiguiendo regresar vivo y acabarla con el grado de capitán y con la
medalla de la Legión de Honor.
Ya en la posguerra, fue elegido
diputado por su región, Vaucluse, entre
1919 y 1940. También fue elegido en varias ocasiones presidente del Partido
Radical Socialista.
Entre 1924 y 1932 entró a formar
parte de varios gobiernos. Sucesivamente, fue ministro de Colonias, Guerra,
Instrucción Pública y Obras Públicas. También llegó a ser Presidente del
Gobierno de Francia en 1933 y 1934. La segunda vez tuvo que dimitir a causa de
los disturbios que realizaron por todo el país los miembros de la extrema
derecha. En esa ocasión, le acusaron de falta de mando para acabar con ese tipo
de violencia.
En 1938, cuando volvió a ser
presidente del Gobierno, formando parte del Frente Popular y teniendo como
aliados al PS de León Blum y al PCF, fue casi obligado por el primer ministro
británico, Chamberlain, para que aceptara la cesión de la región de los
Sudetes, perteneciente a Checoslovaquia. Aunque en las fotos no se le veía muy
convencido de que los célebres Acuerdos de Múnich solucionarían todos esos
problemas.
Precisamente, su vuelta a la
Presidencia del Gobierno coincide con el cierre de la frontera
hispano-francesa, para que, durante la guerra civil, los republicanos no pudieran recibir por allí
los suministros militares.
Es más, en febrero de 1939,
Francia reconoció al Gobierno de Franco y dejó de reconocer al de la II
República. Incluso, a la mayoría de los exiliados españoles que huyeron a
Francia los internaron en campos de concentración, acusándolos, según uno de
sus decretos, de extranjeros indeseables.
Con el pretexto de que hostigar a
Franco haría que tuvieran más poder los nazis en España, se apresuró a firmar
un acuerdo con ese Gobierno, al igual que lo hicieron los británicos.
Como nuevo embajador de Francia,
ante el Gobierno de Franco nombraron, casualmente, al famoso general Pétain,
que también era cuñado del pintor Zuloaga.
A pesar de que varios países
contribuyeron al mantenimiento de los refugiados españoles en Francia, la prioridad de su Gobierno era quitárselos de
encima cuanto antes, incluso, devolviendo a algunos a España.
Coincidía con ellos, un diario nazi alemán, que se mostraba
a favor de Francia, calificando como “el gigantesco sacrificio financiero de
Francia por los refugiados rojos españoles”.
Curiosamente y me parece que, no
por casualidad, pusieron a los refugiados republicanos bajo la vigilancia de
tropas moras y senegalesas. Sabiendo el terror que habían producido durante toda
la guerra civil los moros a los milicianos.
Algunos autores comentan que,
cuando regresó a su país, después de haber firmado los Acuerdos de Múnich, una
gran multitud le esperaba para felicitarle, por haber preservado la paz
mundial. En ese momento, él masculló: “Idiotas, idiotas”
De hecho, hubo 3 ministros de su
gabinete que presentaron su dimisión, por no apoyar ese acuerdo, pero él no se
las aceptó hasta haberlo firmado.
Estos Acuerdos de Múnich hicieron
caer al Gobierno de Checoslovaquia y le sucedió otro plagado de militares.
Posteriormente, también dimitió Benes, el presidente de
la república.
Tras la I Guerra Mundial,
Francia, creó la llamada Pequeña Entente, formada por Checoslovaquia, Rumania y
Yugoslavia, con el objetivo de defenderse de las ambiciones expansionistas de
la URSS.
No obstante, Polonia nunca quiso
adherirse a esta alianza, porque siempre había tenido muchas discusiones con Checoslovaquia
y, como todo el mundo sabe, no puede haber dos gallos en el mismo corral.
Los países occidentales
consiguieron que Polonia y Rumania firmaran un acuerdo de defensa mutua. Por
otra parte, redirigieron a la Pequeña Entente hacia la Alemania nazi, que la
veían más peligrosa ahora que la URSS.
Por cierto, en España, el
Gobierno de Negrín miraba con lupa todos estos acontecimientos. Por entonces, se estaba desarrollando la
Guerra Civil y los republicanos, sobre todo Negrín, estaban esperando que una
nueva guerra europea pudiera hacer que cambiara el curso de la nuestra,
provocando que los aliados lucharan por la II República. Incluso, para llamar
más la atención, despidieron a los miembros de las Brigadas Internacionales.
Precisamente, en la época de la
firma de los Acuerdos de Múnich, septiembre de 1938, se estaba dando en España la batalla del
Ebro.
Por otra parte, como los polacos
no debían de fiarse mucho de los aliados occidentales, desde 1932 firmaron pactos
de no agresión con la URSS y luego con Alemania. Esto ya lo comenté en mi blog
en otro artículo dedicado al general polaco Josef Beck.
Algunos autores han defendido la
idea de que Francia, Bélgica y Polonia tenían en estudio, desde antes de
1933, realizar una guerra preventiva
contra Alemania, pero esto nunca ha sido probado.
Stalin les hizo sufrir hasta el
último momento y, cuando pensaban que iba a firmar con ellos un pacto para acorralar
a Alemania, contra todo pronóstico, firmó un pacto con Hitler. Así que la
llegada de la guerra estaba asegurada, pero no así la victoria, para el bando
aliado.
En principio, le dice que Francia
tiene un compromiso con Polonia, para defenderla en caso de ataque exterior y
que lo va a cumplir.
No obstante, como prueba de amistad,
le dice que cualquier cosa puede llegar a ser negociable, sin tener que meterse
en guerras, como el caso de Danzig.
Al final, le pide que le conteste
si desea continuar con las conversaciones, porque, ambos deben saber que lo
único que triunfa en las guerras es la devastación y la barbarie.
Hitler contestó unos días después
con una misiva aún más larga. Comenzaba por decir que ellos no habían tenido
ningún problema con Francia, desde que les fue devuelto el territorio del
Sarre. Por ello, renunciaron a sus reivindicaciones sobre las disputadas
Alsacia y Lorena.
Por otro lado, el renunciar a estos
territorios, según él, no quería decir que renunciaran a otros que les habían
quitado en Versalles.
Decía que, en el caso de Polonia,
había intentado llegar a un acuerdo con el Gobierno polaco. Sin embargo, en ese
momento, los británicos, desataron una campaña de prensa contra Alemania que no
les gustó nada y que dio unas garantías erróneas a Polonia, sintiéndose protegida
por los aliados. La cual, incluso, se envalentonó y empezó a lanzar exigencias
a Alemania.
Luego, le pone el ejemplo de una
Marsella que le fuera arrebatada a Francia y qué haría el Gobierno francés para
recuperarla.
Se despide diciendo que lamenta
las graves consecuencias de este futuro conflicto y el papel en que va a poner
a Francia, pero no ve otra forma de recuperar ese territorio.
El 31/08/1939, una unidad SS hizo
un atentado de “falsa bandera”, disfrazándose de soldados polacos y atacando
una emisora alemana cercana a la frontera. Ese fue el pretexto y, así, al día
siguiente comenzó la II Guerra Mundial, con la invasión de Polonia, por parte
de Alemania, que fue seguida por otra, unos días más tarde, por parte de la
URSS.
Esta vez, las grandes potencias
no se quedaron quietas y el 03/09 declararon la guerra a Alemania. La verdad es
que la cosa quedó así, los aliados no hicieron nada por obstaculizar el avance
de los alemanes y los soviéticos en Polonia. Así que, en muy poco tiempo,
conquistaron ese país al completo.
Eso sí, los franceses movilizaron
sus fuerzas hacia la frontera con Alemania, pero no se atrevieron a atacarles.
Hoy día, se sabe que, si lo
hubieran hecho, hubieran puesto en un serio peligro al país germano, porque
todavía no tenían un gran ejército, como sucedió más adelante y no hubieran
podido contener a los franceses. Realmente, el ejército alemán, aunque, ciertamente, se hizo muy potente, tampoco lo fue tanto como presumían ellos. Por ejemplo, presumían de ir con todas las tropas y pertrechos en unidades motorizadas. Eso no es cierto, porque tanto en la campaña de Polonia, como en la de la URSS, tuvieron que disponer de infinidad de animales de carga. Eso no solía verse en las fotos de sus revistas, el ministro Goebels, siempre controló muy bien esas cosas.
A lo mejor, esa inactividad del
Ejército francés tuvo que ver con la dimisión de Daladier, sucedido por
Reynaud. No obstante, nuestro personaje,
se quedó en el gabinete ocupando la cartera de Defensa.
En junio de 1940, cuando los
alemanes invadieron Francia, le apresaron y le encerraron en la fortaleza de
Portalet.
Posteriormente, fue juzgado por traición a la
Patria, ya dentro del régimen colaboracionista de Vichy. Después, fue entregado
a los nazis y éstos lo encerraron primero en Austria y luego en Alemania . Allí
estuvo durante toda la guerra, concretamente, en Büchenwald, cerca de Weimar, donde
coincidió con León Blum, Mafalda de Italia y Jorge Semprún. Evidentemente, los
dos primeros estuvieron en unas condiciones mucho mejores que el resto de los
presos, al ser considerados presos políticos.
En el caso de Mafalda, como ya comenté
en otro de mis artículos, fue una lástima, pues ya al final de la II Guerra
Mundial, los aliados bombardearon ese campo de concentración, hiriéndola
gravemente. Como ya sabemos, a esa altura de la guerra a Alemania le faltaba de
todo y los médicos no pudieron hacer nada por ella, por falta de medicamentos
para intentar curarla.
Por fin, fue liberado por las
tropas USA, cuando llegaron a su campo. Concretamente, en la primavera de 1945.
Al año siguiente, ya de vuelta en
Francia, pasa a ser miembro de Asamblea Nacional Constituyente, que redacta en
poco tiempo la Constitución de la nueva IV República Francesa. Una vez
aprobada, continuó en su escaño de diputado.
En 1957, fue elegido presidente
de su partido. Sin embargo, en 1958, tras la vuelta de De Gaulle a la Presidencia,
mediante un método muy poco “adecuado”, que podríamos llamar pronunciamiento
militar y del cual ya he hablado en otro artículo, se opuso a ello y dejó
completamente la política.
Murió en octubre de 1970 y fue
enterrado en el famoso cementerio parisino de Père Lachaise.
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