Seguro que, a estas alturas, todo
el mundo sabrá que Franco viajó de Canarias al antiguo Marruecos español a
bordo de un modelo de avión llamado Dragón Rapide.
Precisamente, dicen que, cuando estos
sobrevolaban una sierra valenciana, le preguntaron al piloto cómo se llamaba
esa sierra. Éste les respondió que era la Sierra de Aitana. Así que, como María
Teresa estaba embarazada, decidió, junto a su marido, ponerle el nombre de
Aitana a su futura hija.
Nuestro personaje de hoy se
llamaba Hugh Bertie Campbell Pollard, pero siempre fue conocido por Hugh
Pollard.
Parece ser que le gustaba mucho
ir a la finca que poseía su abuelo. Allí aprendió el manejo de las armas de
fuego y se aficionó a la caza.
Por lo visto, nunca fue un buen
estudiante. Así que pronto se puso a trabajar y a vivir múltiples aventuras.
En 1908, fue testigo de una
sublevación en Marruecos, en la que el sultán fue depuesto y sustituido por su
hermano.
En 1911, viajó a México, donde
aprendió a hablar español y donde aprovechó para cazar todo tipo de animales
salvajes.
Por lo visto, escribió un libro
sobre sus aventuras en México y tuvo cierto éxito. Así que ya decidió dedicarse
a escribir y fue fichado como corresponsal del Daily Express.
Al comienzo de la I Guerra
Mundial, fue movilizado y destinado en calidad de oficial de mensajería del
Estado Mayor. Eso dio lugar a que participase en las dos batallas de Ypres.
Eso supuso su repatriación y un
permiso de 5 meses para poder recuperarse de sus heridas. Él aprovechó una
parte de ese permiso para trabajar para su suegro en la administración de su
fábrica de granadas de mano. También escribió la historia de la batalla de
Ypres, que fue todo un éxito y todavía se sigue publicando.
Posteriormente, fue trasladado al
MI7, un servicio de Inteligencia dedicado a la propaganda y la censura de
guerra. Su sede se llamaba Wellington House.
Otra de sus invenciones fue
publicar un folleto en el que aseguraba que, como los alemanes eran
deficitarios en grasas, aprovechaban los cadáveres de sus soldados para
quitárselas e introducirlas en productos alimenticios.
Siempre fue un gran especialista
en armas de fuego. Por ello, escribió varios libros dedicados a estos temas y
parece que tuvo mucho éxito.
Posteriormente, fue destinado a
Irlanda, durante la guerra de la independencia de ese país.
Su trabajo consistió en labores
de desinformación, como la falsificación de boletines de los independentistas
con datos falsos o la información de batallas que nunca se produjeron.
Allí decidieron que habría que
transportar al general Franco desde Canarias hasta el Marruecos español para
que tomase el mando de las tropas españolas en África.
Habría que alquilar un avión, que
no fuera español. Dentro iría, aparte del piloto, alguien al mando y dos chicas
rubias con aspecto de turistas británicas.
Jerrold, que aparte de ser periodista,
había trabajado en los servicios de Inteligencia, enseguida pensó en su amigo
Pollard, que era otro ferviente católico. Así que aprovechó para llamarle desde
el restaurante. Éste no puso ninguna objeción y decidieron que el vuelo se
realizaría al día siguiente.
Siempre me ha llamado la atención
que contratasen un avión, como el Dragón Rapide, que tenía una autonomía
inferior a los 800 km. Lo suyo es que hubieran elegido un avión con una
autonomía mayor para no tener que hacer escalas, donde los pudieran estar
vigilando.
La tripulación estaba compuesta por el piloto Cecil Bebb y el mecánico Walter Shepherd. Mientras que los pasajeros fueron Hugh Pollard, la hija de éste, Diana, y una amiga de ella, llamada Dorothy Watson. Luis Bolín embarcó en la escala que hicieron en Burdeos.
El avión despegó la mañana del
11/07/1936 desde el aeródromo londinense de Croydon. La primera escala fue
Burdeos. Posteriormente, hicieron otra escala cerca de Oporto para luego viajar
a Sintra, donde se reunieron con otros implicados en la trama.
El 14/07/1936 hicieron escala en
Casablanca para repostar y luego ya fueron al aeropuerto de Gando, en Las
Palmas de Gran Canaria. Allí bajaron las dos mujeres, pero Pollard se quedó
esperando ¿Acaso sabía lo que iba a ocurrir?
El 16/07 tiene lugar la muerte del general Balmes en Gran Canaria. Nunca se ha sabido si fue una negligencia o un asesinato.
Lo cierto es que Franco, que
estaba en Tenerife, el día 17/07, viajó en un cañonero de la Armada española
para asistir al entierro de Balmes. Parece ser que esto le sirvió para eludir
la vigilancia que había ordenado el Gobierno republicano sobre él.
El día 18/07, Franco, vestido de
civil, embarca en el Dragon Rapide, junto a su primo y ayudante militar, al que
llamaban Pacón, porque era muy alto, Luis Bolín y Martínez Fuset, que era su
asesor jurídico.
Mientras tanto, Hugh, su hija y
Dorothy estuvieron unos días visitando Canarias. No olvidemos que, aunque ya
había empezado la guerra, allí no hubo combates de ningún tipo.
Estuvieron de turismo hasta que
el 24/07 embarcaron en el crucero británico RMS Highland Brigade, que hacía la
ruta entre Brasil y Argentina hasta el Reino Unido, haciendo escala en Las
Palmas de Gran Canaria. Llegaron a Londres el 30/07.
Por otro lado, Franco no se fue a
la guerra sin antes haber organizado la huida de su esposa y su hija, por si
fallaba el golpe, que dio lugar a la guerra civil.
En principio, navegaron en un
guardacostas de la Armada, acompañadas de Martínez Fuset, hasta el crucero
alemán Waldi, que permanecía anclado fuera del puerto.
Teóricamente, ellas iban a ir
hasta el puerto francés de Le Havre, donde les esperarían unos amigos. Sin embargo,
se lo pensaron mejor y abandonaron el barco, cuando hizo escala en Lisboa.
Ya en la posguerra española, Franco
condecoró a Pollard, su hija, la amiga y el piloto del Dragon Rapide.
Como podemos adivinar, no se
estuvo quieto, cuando estalló la II Guerra Mundial. Trabajó en España para el
MI6, dentro de un departamento dedicado a realizar sabotajes y otras
operaciones especiales.
Incluso, participó en una especie
de complot, cuyo fin era restablecer a Alfonso XIII en el trono de España, para
reducir la influencia alemana sobre el Gobierno español.
Posteriormente, fue destinado a
una unidad, que acompañaba a las tropas aliadas por Europa. Se dedicaban a
incautar y estudiar las armas que iban encontrando.
Le gustaba mucho disparar con
todo tipo de pistolas. Dicen que un día le preguntó un amigo si había matado
alguna vez a alguien. Él respondió: “nunca por accidente”.
Falleció en 1966 y siguió
definiéndose como anticomunista hasta su muerte. Se cree que tuvo un papel más
importante durante la II Guerra Mundial, sin embargo, todos esos documentos
siguen estando clasificados como secretos.
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