ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 28 de agosto de 2025

EL GENOCIDIO CONTRA LOS HERERO Y LOS NAMAQUA

 

Hoy traigo al blog uno de esos acontecimientos, que son desconocidos por la mayoría de la gente. Yo mismo confieso que no lo conocía hasta hace poco.

Para empezar, vamos a situarnos en el mapa. Estas tribus africanas vivían en lo que hoy conocemos como Namibia.

Históricamente, en Europa ya se conocían las costas de este territorio gracias a los navegantes portugueses, que iban rumbo a Asia.

Posteriormente, como los británicos se asentaron en lo que hoy es Sudáfrica, hicieron algunas expediciones hacia ese territorio, atraídos por la leyenda de que allí había muchos yacimientos de oro. Lo hicieron bajo el disfraz de sociedades misioneras.

Sin embargo, como no tuvieron mucho éxito y vieron que el terreno no era muy productivo, se marcharon para dejar paso a otra sociedad misionera procedente de Alemania.

En 1868, estos supuestos misioneros pidieron la protección del Kaiser de Alemania para defenderlos de los ataques de las tribus vecinas. Sin embargo, no les hicieron mucho caso, porque en Berlín se hallaban en medio de la guerra franco-prusiana, que dio lugar al derrocamiento de Napoleón III.

Tras esa guerra, las autoridades alemanas quisieron hacerse a toda prisa con algunas colonias. No olvidemos que Italia y Alemania se unificaron en la segunda mitad del siglo XIX y llegaron tarde al reparto de colonias en África.

Así que, en 1883, Heinrich Vogelsang, un representante del empresario de tabaco Franz Adolf Lüderitz compró toda una bahía a la tribu de los nama o namaqua. El problema es que estos habían medido esa zona en millas británicas, mientras que Vogelsang lo había hecho en millas alemanas, que era una medida mucho mayor. La milla británica equivalía a 1,6 km, mientras que la milla alemana era de 7,4 km. Así que los namas se consideraron engañados.

Esa decisión fue ampliamente respaldada por el canciller Bismarck, el cual envió un barco de guerra para proteger esa colonia, seguido por dos más. Por ello, en agosto de 1884, ya se izó la bandera imperial alemana en esa colonia.

No obstante, los namas también les vendieron la zona costera, porque nunca fueron un pueblo de marinos y pescadores.

En 1886, Alemania firmó convenios con Portugal y el Reino Unido para delimitar las fronteras de esta colonia con las de estos países en aquella zona.

En 1890 se empezó a construir la capital a la que llamaron Windhoek. Nombre que sigue conservando en la actualidad.

Curiosamente, el Gobierno alemán nombró como comisionado para firmar acuerdos con las tribus de la zona a Heinrich Göring, padre del conocido líder nazi.

Es de destacar que, en aquella época, el gobierno alemán todavía reconocía que aquel territorio no era del Estado sino propiedad de una institución privada, denominada Sociedad Colonial alemana, fundada por varios banqueros alemanes.

Por ello, cuando surgieron las noticias de haber hallado yacimientos de oro en zonas habitadas por varias tribus, los colonos pidieron la protección imperial, pero el Gobierno rehusó ayudarles.

Así que tuvieron que organizar una especie de ejército privado, bajo la dirección del padre de Göring.

No obstante, debido a las frecuentes hostilidades de las tribus vecinas, el Gobierno alemán envió a unos 200 soldados al mando del teniente François, el cual relevó a Göring y montó una administración de tipo militar.

En 1893, el Gobierno alemán envió al comandante Leutwein, con un número mayor de efectivos, para relevar a François. El recién llegado se enfrentó a la tribu de los Witbooi y tras arduos combates, consiguió vencerles y obligarles a firmar un tratado de paz.

Sin embargo, la Sociedad Colonial alemana siguió presionando a las tribus vecinas y los colonos fueron ocupando sus tierras. Esto dio lugar al levantamiento de los hereros, que tuvo lugar en enero de 1904.

Los hereros, liderados por Samuel Maharero, empezaron atacando granjas, estaciones ferroviarias y comercios, que estaban situados en las zonas otorgadas a su tribu, pero donde sufrían constantes ataques y violaciones de los colonos.

El Gobierno alemán envió unos 500 infantes de marina para reforzar a las tropas, que ya combatían en esa colonia. Sin embargo, se vieron desbordadas por el empuje de las tribus sublevadas contra los colonos.

Parece ser que esta vez se lo tomaron más en serio en Berlín y enviaron a un tipo muy duro. Se trataba del general Lothar von Trotha, al que le asignaron un número mayor de efectivos. En total, unos 15.000 soldados.

Este general ya se había ganado el calificativo de duro por haber reprimido con mucha dureza algunas rebeliones en las colonias alemanas de África oriental.

En octubre de 1904 se sumaron a la lucha los namas, también llamados namaquas, liderados por Jakob Morenga, apodado “el Napoleón negro”. Por lo visto, este líder, hijo de un herero y una nama, consiguió que las dos tribus, que siempre habían luchado entre ellas, esta vez lucharan juntas contra los alemanes.

Parece ser que era un gran experto en la guerra de guerrillas y causó muchas bajas a los alemanes. Por esa razón, el Kaiser ofreció una recompensa de 20.000 marcos por su cabeza.

Morenga consiguió huir con sus tropas hacia la colonia británica de Sudáfrica. Allí fueron detenidos y lo tuvieron encarcelado hasta 1907. Después, lo pusieron en libertad e intentó volver a la lucha. Sin embargo, las autoridades alemanas y las británicas ya se habían puesto de acuerdo para eliminarle y, en septiembre de 1907, le tendieron una emboscada, en la cual lo mataron, junto a los que le acompañaban. Incluidos, mujeres y niños.

Sin embargo, los hereros eran más partidarios de la lucha en campo abierto y ese fue su error.

En agosto de 1904, tuvo lugar la batalla de Waterberg, entre las tropas alemanas y los hereros.

Aunque estos últimos eran unos 6.000, mientras que los alemanes eran unos 2.000, pronto se vio la superioridad germánica, porque disponían de cañones y ametralladoras, mientras que los hereros sólo luchaban con fusiles y machetes.

El general alemán rodeó a los hereros, permitiéndoles una única vía de escape, que les llevaría nada menos que al desierto de Omaheke. Una parte del terrible desierto del   Kalahari.

Así que, como estaba previsto, los hereros huyeron en esa dirección y fueron perseguidos por las tropas alemanas.

Una vez dentro del desierto, fueron muriendo, poco a poco, de cansancio, hambre y sed. Para colmo, los alemanes envenenaron los escasos pozos de agua que había en esa zona. Muy pocos consiguieron llegar a la actual Botsuana.

Se calcula que de los 80.000 hereros que había en esa época, unos 60.000 murieron en el desierto y de los 19.000 namaquas, murieron unos 10.000.

Los pocos que se quedaron en la colonia alemana fueron recluidos en campos de concentración, donde estuvieron encadenados y luego utilizados como mano de obra esclava.

El general von Trotha mandó un mensaje muy claro: “Yo, general de los soldados alemanes, envío esta carta a los hereros. La nación herero debe abandonar el país. Si se niegan, los forzaré a cañonazos. Cualquier herero, con o sin armas, será ejecutado”.

Otra de sus frases fue: “Era y es mi política. El uso de la fuerza, el terrorismo e, incluso, la brutalidad”.

Los expertos lo han calificado como el primer genocidio del siglo XX, mientras que el Gobierno alemán no reconoció oficialmente este genocidio hasta 2015.

Tras esta batalla, los colonos alemanes se repartieron todo el territorio de la actual Namibia, antes llamada África del Sudoeste, y construyeron ciudades parecidas a las de Alemania.

Sin embargo, cuando, al cabo de muchos años, dejaron regresar a los hereros, sólo les permitieron vivir en chabolas construidas en los alrededores de las ciudades.

Entre 1908 y 1914 hubo un período de paz. Durante esos años, el Gobierno alemán concedió una especie de autonomía a ese territorio, creándose un consejo estatal para asesorar al gobernador. Incluso, enviaron allí a muchos huérfanos alemanes para vivir con las familias de los colonos.

La economía de la zona prosperó tras el hallazgo de varios yacimientos de diamantes de los cuales se apropió la Sociedad Colonial alemana.

Ese período de paz acabó con la llegada de la Primera Guerra Mundial. En septiembre de 1914 se produjo una invasión de las tropas británicas de Sudáfrica, que eran muy superiores, tanto en efectivos como en armamento, a las de los alemanes.

Después de varios combates, las tropas alemanas se fueron retirando hacia el norte. En mayo de 1915, el gobernador alemán ofreció un armisticio al general sudafricano Botha, que no fue aceptado por éste.

Sin embargo, en julio del mismo año, el gobernador alemán Seitz firmó la rendición incondicional. Tras este acto, las tropas alemanas fueron recluidas en un campo de concentración y, a partir de entonces, las tropas sudafricanas administraron esa colonia.

En 1919, aproximadamente, la mitad de la población de origen alemán regresó a Alemania.

Con la firma del famoso Tratado de Versalles, la colonia de África del Sudoeste pasó a ser un mandato de la Sociedad de Naciones y estaría administrada por Sudáfrica. Este territorio no obtuvo su independencia de Sudáfrica hasta 1990.

Aunque tiene una superficie de 824.292 km2, la mayor parte de él está compuesta por desierto. Por ello, es uno de los países menos poblados de África, con sólo 2.642.000 habitantes.

Durante la administración sudafricana también impusieron el infame apartheid y los nativos fueron empujados a vivir en las zonas más pobres. Incluso, no se les permitió ir a la escuela.

Por ello, los nativos crearon un movimiento de oposición llamado SWAPO, el cual se dedicaba a la guerra de guerrillas.

En 1978, el Ejército sudafricano respondió bombardeando un poblado y ametrallando a los que sobrevivieron. Luego lanzaron tropas paracaidistas, que asesinaron a unas 19.000 personas.

Sudáfrica utilizó también el territorio de Namibia para luchar contra otros países, como Angola. Sin embargo, después de ser derrotados por las tropas cubanas y congoleñas, fueron presionados por la ONU para otorgar la independencia a Namibia.

Desde entonces, Namibia se ha convertido en una democracia al estilo de los países occidentales. No obstante, su economía sigue dependiendo, en muchos casos, de la de Sudáfrica. Lo más destacable es su producción de diamantes y uranio.

Sin embargo, hoy en día, los descendientes de los colonos alemanes acaparan el 70% de las tierras. Incluso, uno de ellos posee una finca con una superficie de 1.036 km2.

Todavía no se han cerrado las cicatrices de este conflicto. Los descendientes de los hereros han demandado al Gobierno alemán ante los tribunales USA, pero todavía no han conseguido más que buenas palabras.

Evidentemente, hay varias antiguas potencias coloniales que no están interesadas en que esa demanda prospere, porque podría dar lugar a varios miles de demandas de territorios, que fueron colonizados por éstas. Por ejemplo, en Tanzania, que también fue otra colonia alemana, están preparando otra demanda contra el Gobierno alemán, por las atrocidades cometidas por sus colonos y militares.

Curiosamente, todavía quedan vestigios de la colonización alemana. Como que el 32% de los habitantes hablen en alemán o el 44% sean protestantes luteranos.

 

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