Hoy traigo al blog uno de esos
acontecimientos, que son desconocidos por la mayoría de la gente. Yo mismo
confieso que no lo conocía hasta hace poco.
Históricamente, en Europa ya se
conocían las costas de este territorio gracias a los navegantes portugueses,
que iban rumbo a Asia.
Posteriormente, como los
británicos se asentaron en lo que hoy es Sudáfrica, hicieron algunas
expediciones hacia ese territorio, atraídos por la leyenda de que allí había
muchos yacimientos de oro. Lo hicieron bajo el disfraz de sociedades misioneras.
Sin embargo, como no tuvieron
mucho éxito y vieron que el terreno no era muy productivo, se marcharon para
dejar paso a otra sociedad misionera procedente de Alemania.
Tras esa guerra, las autoridades
alemanas quisieron hacerse a toda prisa con algunas colonias. No olvidemos que
Italia y Alemania se unificaron en la segunda mitad del siglo XIX y llegaron tarde
al reparto de colonias en África.
Así que, en 1883, Heinrich Vogelsang,
un representante del empresario de tabaco Franz Adolf Lüderitz compró toda una bahía
a la tribu de los nama o namaqua. El problema es que estos habían medido esa
zona en millas británicas, mientras que Vogelsang lo había hecho en millas
alemanas, que era una medida mucho mayor. La milla británica equivalía a 1,6
km, mientras que la milla alemana era de 7,4 km. Así que los namas se
consideraron engañados.
Esa decisión fue ampliamente respaldada
por el canciller Bismarck, el cual envió un barco de guerra para proteger esa
colonia, seguido por dos más. Por ello, en agosto de 1884, ya se izó la bandera
imperial alemana en esa colonia.
En 1886, Alemania firmó convenios
con Portugal y el Reino Unido para delimitar las fronteras de esta colonia con
las de estos países en aquella zona.
En 1890 se empezó a construir la
capital a la que llamaron Windhoek. Nombre que sigue conservando en la
actualidad.
Curiosamente, el Gobierno alemán
nombró como comisionado para firmar acuerdos con las tribus de la zona a
Heinrich Göring, padre del conocido líder nazi.
Es de destacar que, en aquella
época, el gobierno alemán todavía reconocía que aquel territorio no era del Estado
sino propiedad de una institución privada, denominada Sociedad Colonial alemana,
fundada por varios banqueros alemanes.
Por ello, cuando surgieron las noticias de haber hallado yacimientos de oro en zonas habitadas por varias tribus, los colonos pidieron la protección imperial, pero el Gobierno rehusó ayudarles.
Así que tuvieron que organizar una especie de ejército privado, bajo la dirección del padre de Göring.No obstante, debido a las
frecuentes hostilidades de las tribus vecinas, el Gobierno alemán envió a unos
200 soldados al mando del teniente François, el cual relevó a Göring y montó
una administración de tipo militar.
En 1893, el Gobierno alemán envió
al comandante Leutwein, con un número mayor de efectivos, para relevar a
François. El recién llegado se enfrentó a la tribu de los Witbooi y tras arduos
combates, consiguió vencerles y obligarles a firmar un tratado de paz.
Sin embargo, la Sociedad Colonial
alemana siguió presionando a las tribus vecinas y los colonos fueron ocupando
sus tierras. Esto dio lugar al levantamiento de los hereros, que tuvo lugar en
enero de 1904.
Los hereros, liderados por Samuel
Maharero, empezaron atacando granjas, estaciones ferroviarias y comercios, que
estaban situados en las zonas otorgadas a su tribu, pero donde sufrían constantes
ataques y violaciones de los colonos.
Parece ser que esta vez se lo
tomaron más en serio en Berlín y enviaron a un tipo muy duro. Se trataba del
general Lothar von Trotha, al que le asignaron un número mayor de efectivos. En
total, unos 15.000 soldados.
Este general ya se había ganado
el calificativo de duro por haber reprimido con mucha dureza algunas rebeliones
en las colonias alemanas de África oriental.
En octubre de 1904 se sumaron a
la lucha los namas, también llamados namaquas, liderados por Jakob Morenga,
apodado “el Napoleón negro”. Por lo visto, este líder, hijo de un herero y una
nama, consiguió que las dos tribus, que siempre habían luchado entre ellas,
esta vez lucharan juntas contra los alemanes.
Parece ser que era un gran experto
en la guerra de guerrillas y causó muchas bajas a los alemanes. Por esa razón,
el Kaiser ofreció una recompensa de 20.000 marcos por su cabeza.
Sin embargo, los hereros eran más
partidarios de la lucha en campo abierto y ese fue su error.
Aunque estos últimos eran unos 6.000,
mientras que los alemanes eran unos 2.000, pronto se vio la superioridad
germánica, porque disponían de cañones y ametralladoras, mientras que los
hereros sólo luchaban con fusiles y machetes.
El general alemán rodeó a los
hereros, permitiéndoles una única vía de escape, que les llevaría nada menos
que al desierto de Omaheke. Una parte del terrible desierto del Kalahari.
Así que, como estaba previsto, los
hereros huyeron en esa dirección y fueron perseguidos por las tropas alemanas.
Una vez dentro del desierto, fueron muriendo, poco a poco, de cansancio, hambre y sed. Para colmo, los alemanes envenenaron los escasos pozos de agua que había en esa zona. Muy pocos consiguieron llegar a la actual Botsuana.
Se calcula que de los 80.000
hereros que había en esa época, unos 60.000 murieron en el desierto y de los
19.000 namaquas, murieron unos 10.000.
Los pocos que se quedaron en la
colonia alemana fueron recluidos en campos de concentración, donde estuvieron
encadenados y luego utilizados como mano de obra esclava.
El general von Trotha mandó un mensaje muy claro: “Yo, general de los soldados alemanes, envío esta carta a los hereros. La nación herero debe abandonar el país. Si se niegan, los forzaré a cañonazos. Cualquier herero, con o sin armas, será ejecutado”.
Otra de sus frases fue: “Era y es
mi política. El uso de la fuerza, el terrorismo e, incluso, la brutalidad”.
Los expertos lo han calificado
como el primer genocidio del siglo XX, mientras que el Gobierno alemán no
reconoció oficialmente este genocidio hasta 2015.
Tras esta batalla, los colonos
alemanes se repartieron todo el territorio de la actual Namibia, antes llamada
África del Sudoeste, y construyeron ciudades parecidas a las de Alemania.
Sin embargo, cuando, al cabo de muchos
años, dejaron regresar a los hereros, sólo les permitieron vivir en chabolas
construidas en los alrededores de las ciudades.
Entre 1908 y 1914 hubo un período
de paz. Durante esos años, el Gobierno alemán concedió una especie de autonomía
a ese territorio, creándose un consejo estatal para asesorar al gobernador. Incluso,
enviaron allí a muchos huérfanos alemanes para vivir con las familias de los
colonos.
La economía de la zona prosperó tras el hallazgo de varios yacimientos de diamantes de los cuales se apropió la Sociedad Colonial alemana.
Ese período de paz acabó con la
llegada de la Primera Guerra Mundial. En septiembre de 1914 se produjo una invasión
de las tropas británicas de Sudáfrica, que eran muy superiores, tanto en efectivos
como en armamento, a las de los alemanes.
Después de varios combates, las
tropas alemanas se fueron retirando hacia el norte. En mayo de 1915, el
gobernador alemán ofreció un armisticio al general sudafricano Botha, que no fue
aceptado por éste.
Sin embargo, en julio del mismo
año, el gobernador alemán Seitz firmó la rendición incondicional. Tras este
acto, las tropas alemanas fueron recluidas en un campo de concentración y, a partir
de entonces, las tropas sudafricanas administraron esa colonia.
En 1919, aproximadamente, la
mitad de la población de origen alemán regresó a Alemania.
Con la firma del famoso Tratado
de Versalles, la colonia de África del Sudoeste pasó a ser un mandato de la
Sociedad de Naciones y estaría administrada por Sudáfrica. Este territorio no
obtuvo su independencia de Sudáfrica hasta 1990.
Durante la administración sudafricana
también impusieron el infame apartheid y los nativos fueron empujados a vivir
en las zonas más pobres. Incluso, no se les permitió ir a la escuela.
Por ello, los nativos crearon un
movimiento de oposición llamado SWAPO, el cual se dedicaba a la guerra de
guerrillas.
En 1978, el Ejército sudafricano
respondió bombardeando un poblado y ametrallando a los que sobrevivieron. Luego
lanzaron tropas paracaidistas, que asesinaron a unas 19.000 personas.
Desde entonces, Namibia se ha
convertido en una democracia al estilo de los países occidentales. No obstante,
su economía sigue dependiendo, en muchos casos, de la de Sudáfrica. Lo más
destacable es su producción de diamantes y uranio.
Sin embargo, hoy en día, los
descendientes de los colonos alemanes acaparan el 70% de las tierras. Incluso,
uno de ellos posee una finca con una superficie de 1.036 km2.
Evidentemente, hay varias antiguas
potencias coloniales que no están interesadas en que esa demanda prospere,
porque podría dar lugar a varios miles de demandas de territorios, que fueron
colonizados por éstas. Por ejemplo, en Tanzania, que también fue otra colonia
alemana, están preparando otra demanda contra el Gobierno alemán, por las atrocidades
cometidas por sus colonos y militares.
Curiosamente, todavía quedan
vestigios de la colonización alemana. Como que el 32% de los habitantes hablen
en alemán o el 44% sean protestantes luteranos.
TODAS LAS IMÁGENES PROCEDEN
DE WWW.GOOGLE.ES
molt interessant ,gracies per fer-nos arribar els seus coneixements
ResponderEliminarDe nada. Saludos.
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