ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 13 de diciembre de 2018

LA CONJURACIÓN DE CATILINA, DESDE UN PUNTO DE VISTA ACTUAL


Lucio Sergio Catilina nació en Roma en el año 109 a. de C., dentro de una familia patricia muy venida a menos.
Seguramente, debido a ello, tuvo siempre una ambición desmedida y una gran pasión por llegar hasta la cumbre del Estado, para lo que nunca le importó utilizar cualquier método a fin de ascender como fuera y lo más rápidamente posible.
Empezó su carrera luchando en las guerras civiles, primeramente, bajo el mando de Pompeyo Estrabón, en el 89 a. de C.,  y luego de Sila, hasta el 81 a. de C. Dos buenas piezas.
Colaboró fervientemente con este último en sus famosas y sangrientas proscripciones y no le importó tener que matar, entre otros, a su propio cuñado, Marco Mario.
Al principio, su carrera fue viento en popa. Cuestor en el 77 a. de C., pretor en el 68 y prefecto de África en el 67 y 66.
A pesar de que ya había tenido anteriormente algún roce con la Justicia, sus problemas empezaron cuando ya se disponía a ascender hasta el consulado, la más alta magistratura de la Roma republicana, y tenía muchas posibilidades de ser elegido para ese cargo.
Sin embargo, le acusaron de haber administrado mal los fondos públicos de su provincia y esto le impidió ser elegido, hasta que saliera el juicio y se resolviera ese asunto.

Con esto, ya podemos hacernos una idea de que los antiguos romanos eran mucho más serios que los españoles actuales.
Algunos le acusaron de estar metido en un complot para asesinar a los dos nuevos cónsules, pero no se le pudo probar nada. Además, ya gozaba de la protección del famoso Craso, el hombre más rico e influyente de Roma. Al que dediqué mi anterior artículo.
Para las elecciones del siguiente año, se presentó como una especie de portavoz de los descontentos y, sobre todo, de los veteranos de Sila. Estos últimos le apoyaron, porque le  veían como el sucesor de ese personaje. Prometió que, si llegaba al poder, cancelaría todas las deudas y perseguiría las fortunas de los ricos. Algo que, incluso, hoy en día, sería tremendamente popular.
Obtuvo algunos apoyos muy importantes, como los de César y Craso. El problema era que tenía enfrente a un competidor muy peligroso. Nada menos que el gran abogado y orador, Cicerón.
Como era de suponer, este último, salió elegido. Algo que no gustó absolutamente nada a nuestro personaje. Parece ser que pesó mucho, en su contra, el haber participado de manera activa en las horribles proscripciones de Sila.
Las proscripciones de Sila consistieron en perseguir y hasta matar a todos los adversarios políticos de ese personaje. Aparte de ello, les confiscaron todos sus bienes para repartirlos entre sus partidarios.
Lo intentó de nuevo en el 62 a. de C., pero volvió a ser derrotado. Lógicamente, esto ya era algo que su ambición no lo podía permitir y empezó a recurrir a ciertos métodos ilegales para llegar hasta ese puesto.
En su desesperación, no se le ocurrió otra cosa que preparar un complot contra el Estado. Se rodeó de nobles y veteranos descontentos, puesto que las grandes familias de Roma ya no le apoyaban. Incluso, hasta se apuntaron algunos esclavos a su bando. Con todos ellos, intentó hacer una sublevación en Capua.
Se hizo realmente popular, por el hecho de ser un patricio que apoyaba a la clase plebeya. Así que llegó a reunir una gran cantidad de dinero y armas.

Entre los planes de Catilina estaba asesinar a Cicerón la madrugada del 7 de noviembre del 63 a. de C., pero éste fue prevenido a tiempo por sus amigos y logró huir, antes de que llegaran los matones a su casa.
Al día siguiente, Cicerón, pronunció ante el Senado uno de sus célebres discursos, llamados Catilinarias,  dirigidos contra nuestro personaje. Una de sus frases, con el tiempo, se ha hecho muy famosa: “¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina?”.
En ese discurso le advertía de que ya se conocían todos sus planes y que no debería de seguir por ese camino, porque sería inmediatamente detenido.
La intervención causó el efecto deseado. Así que Catilina quedó atemorizado y huyó en medio de la sesión, yéndose a reunir con su ejército, que estaba acantonado en Etruria, concretamente, donde ahora se halla la Toscana.

Este movimiento fue un error por parte del
conjurado, pues, aunque los patricios del Senado le hubieran acusado de ese complot, se cree que la mayoría de los plebeyos estarían de su parte y sería complicado tomar alguna medida en su contra. Al huir, se acusó a sí mismo y llegó a perder muchos de esos apoyos.
Incluso, algunos senadores aprovecharon la sesión para pedir que el conspirador y su amigo Manlio, fueran declarados enemigos públicos. Lo que consiguieron, al aprobar el Senado un senatus consultum ultimum contra ellos. Esto sólo se hacía cuando la República se veía en grave peligro y dotaba al Senado de ciertos poderes excepcionales.
Además, poco después, se presentaron en Roma unos delegados de la tribu de los alóbroges, a los que los conspiradores habían tentado para ver si se sumaban a su bando, y les llevaron a los senadores unos escritos muy comprometedores, donde se detallaba perfectamente el complot.
Estas pruebas le sirvieron a Cicerón para pedir el encarcelamiento de todos aquellos cabecillas de la conspiración, que no hubieran logrado salir aún de Roma. Cosa que consiguió.
Catón pidió al Senado la autorización para que los conspiradores que habían sido apresados recientemente, fueran condenados a muerte, sin juicio previo. Cosa que se aprobó y, por ello, un poco más tarde, fueron ejecutados mediante el método de la estrangulación, realizado en sus propias celdas.
Este comportamiento inusitado y absolutamente ilegal contra unos presos del Estado romano no sería olvidado por los enemigos de ambos y siempre les sería echado en cara, a lo largo de sus carreras políticas
Por otra parte, se ordenó al otro cónsul, Antonio, que movilizara las tropas para buscar y enfrentarse a las de los conspiradores.
Para el que no lo sepa, en la Roma republicana, el poder nunca lo ejercía una sola persona, sino que en cada magistratura siempre había, al menos, dos magistrados. Incluso, en la Roma imperial, siempre hubo dos cónsules.
Petreyo, que llevaba el mando de una parte del ejército senatorial, se enfrentó a las tropas de Catilina en un lugar cercano a Pistoia, localidad situada al noroeste de Florencia y a unos 300 km al norte de Roma.
Se dice que los rebeldes presentaron una dura batalla, pero, al final, fueron derrotados por las fuerzas de Roma. Catilina fue uno de los miles de hombres que murieron durante el combate.
De todas formas, es preciso decir que las fuentes de que disponemos en la actualidad, no son muy fiables en este caso, pues sólo contamos con las narraciones de Cicerón y de Salustio, que, como todos podéis sospechar, siempre fueron enemigos declarados suyos. Quizás, por ello, lo calificaron como un ser depravado, que realizó todo tipo de crímenes, sin arrepentirse lo más mínimo, y como un ejemplo de hasta qué extremos había llegado la decadencia de la República romana.
Lo cierto es que Catilina sólo fue un personaje más de esa profunda crisis que acabó la República en Roma. Ni siquiera disponemos de un retrato suyo.
Catilina se aprovechó de los miles de descontentos que había en Roma para formar un Ejército y luchar contra la República Romana. Aunque no lo decía claramente, su único fin siempre fue instaurar una dictadura, como la que
 había impuesto Sila unos años antes. Para ello,
 se basó en lo que ahora llamaríamos populismo.
Así que me parece que no estaría de más que reflexionáramos muy bien antes de meter nuestra papeleta en una urna.
No deberíamos de olvidar que Hitler alcanzó el poder de una forma democrática, para luego eliminarla tanto en su país como en los que invadió durante la II Guerra Mundial.
Tampoco que Lenin y sus bolcheviques perdieron las elecciones celebradas el 25/11/1917, según el actual calendario gregoriano. No es que perdieran por poca diferencia, sino que ellos quedaron como la segunda fuerza, mientras que la primera les sacó más de 7.000.000 de votos.
Ante este panorama, eliminaron la democracia en Rusia, fundaron la URSS y no hubo más elecciones democráticas en ese país hasta después de la caída del Muro de Berlín.
Como digo siempre, la Historia, siempre se comporta como un compuesto químico. Cuando se mezclan los mismos ingredientes y en la misma proporción, siempre se obtiene el mismo resultado.
















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