ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 28 de mayo de 2017

EL REY GODO EGICA


Bueno, para los que no les haya gustado este ciclo, dedicado a los reyes visigodos de Hispania, he de decirles que ya sólo quedan éste y otros dos más. Así que el ciclo ya se va a terminar muy pronto.
Tal y como ya comenté en mi anterior artículo, la mayor obsesión de su antecesor, Ervigio, había sido poner a salvo a su familia de una posible venganza por parte del clan de Wamba, el cual todavía vivía recluido en la clausura de un monasterio. Curiosamente, murió después que Ervigio.
Al principio, una de las cosas que se le ocurrieron fue negociar con los obispos a fin de que en el XIII Concilio de Toledo emitieran anatemas y sanciones de todo tipo para los que se metieran con su familia.
Posteriormente, le pareció mejor llevarse bien con los seguidores de Wamba. Para ello, no se le ocurrió otra cosa que casar a su hija Cixilona con el conde Egica. Incluso, le nombró  su sucesor en el trono. Sin embargo, previamente, le hizo jurar que protegería a su familia y eso hizo.
Egica era sobrino de Wamba y, en el 688, cuando llevaba un año en el trono, convocó el XV Concilio de Toledo.
Nada más empezar esta asamblea, pidió a los presentes que le liberasen del juramento que le había hecho a su suegro. Argumentó que él había sido nombrado rey para hacer justicia y que ese juramento se lo impedía, porque se deberían devolver los bienes incautados por el anterior rey y, lógicamente, habría que quitárselos a los familiares de Ervigio, que habían salido favorecidos con esas confiscaciones.
De esta manera, Egica, pudo vengarse de los que habían realizado el complot para deponer a su tío, Wamba, del trono. Así castigó a varios parientes de su esposa, incluso la repudió a ésta.
Además, castigó a otros nobles, que habían participado en la conjura.  Estas luchas dieron lugar al declive del Estado visigodo.

No obstante, no pudo hacer mucho daño a los familiares de su esposa, porque San Julián seguía siendo el arzobispo primado de Toledo y, como ya sabemos, era íntimo amigo de Ervigio. De hecho, procuró no convocar concilios, los cuales estarían presididos por San Julián, sino sínodos provinciales, adonde no acudiría éste y tendría las manos más libres.
También, Egica, intentó desbancar del poder a los nobles, pero no lo consiguió y en el 693 tuvo que hacer frente a una rebelión.
Parece ser que el cabecilla de la misma era nada menos que Sisberto, arzobispo de Toledo y sucesor de San Julián. Otras fuentes dicen que los rebeldes proclamaron rey a Sunifredo, uno de los condes de la corte real, el cual fue ungido por Sisberto. Lo cual, nos indica que los rebeldes llegaron a ocupar la capital visigoda, Toledo.
Afortunadamente, consiguió derrotar a los rebeldes. Sisberto, por su estado eclesiástico,  fue excomulgado, confiscados sus bienes y enviado al exilio.
Los demás implicados, que, por lo visto, no pertenecerían al clero, fueron condenados a penas de prisión y también les fueron confiscados todos sus bienes. Parece ser que 
entre ellos se hallaba la viuda de Ervigio, así que no se sabe si este complot fue real o una invención del monarca para quitarse del medio a los familiares y seguidores de su antecesor.
A partir de este momento, Egica, se dedicó a hacer lo que habían hecho antes varios de sus antecesores en el cargo. Es decir, utilizar la represión contra todos los focos de oposición a su mandato. Aparte de ello, confiscar los bienes de todos los represaliados y repartirlos entre sus familiares y otras personas que les hubieran sido fieles.
Incluso, se sirvió de los concilios para “blindar” esas confiscaciones a fin de que nunca se les devolvieran esos bienes a los que se les hubiera desposeído de ellos. No hará falta decir que compró a los eclesiásticos, donándoles también algunos de esos bienes.
Algo más tarde, penetró en Hispania, desde la zona de Septimania, en la actualidad, territorio francés, una epidemia de peste bubónica.
Como siempre, la peste, hacía más estragos entre la población cuando  se estaba pasando hambre a causa de las malas cosechas.
Desde la corte, como ya era habitual, se les echó la culpa de todo a los judíos. Incluso, se les acusó de estar preparando un complot para deponer al rey.
De hecho, en el 694, durante la inauguración del XVII Concilio, el primer asunto tratado por el rey fue informar a los presentes de que en otros reinos se habían producido rebeliones de los judíos contra los monarcas de esos reinos y que los que vivían en España no eran ajenos a esos movimientos rebeldes. Por supuesto, esta noticia era falsa, pero los asistentes no lo sabían y se alarmaron.
Así que Egica, que ya se había convertido en un tipo muy avaricioso, con la ayuda de la Iglesia, aprobó en ese concilio que se confiscaran los bienes de todos los judíos que no se hubieran
convertido al Cristianismo.
Lógicamente, lo que más le importaba a él fue que también se aprobó que se les confiscarían sus bienes a fin de engrosar las arcas del rey. 
Aparte de ello, también se dispuso que los judíos fueran esclavizados y repartidos por todo el reino para que no pudieran seguir practicando su religión. Es más, los hijos de los judíos, cuando cumplieran 7 años, serían separados de sus padres y enviados a casas de familias cristianas para que practicaran este culto y no el suyo. Posteriormente, incluso, se vigilaría que esos jóvenes se casaran con cristianos
Posteriormente, el monarca, quiso ampliar sus poderes a base de afirmar que la monarquía tenía un origen divino y estaba por encima de la Iglesia.
Cuando los clérigos se dieron cuenta de lo que tramaba el monarca, quisieron pasarse al bando de los nobles opuestos al rey y eso les hizo perder buena parte de su influencia moral en la sociedad.
A partir del 694, Egica, quiso asegurar la situación de su familia, formando una dinastía, lo cual era contrario a las leyes de los visigodos.
Así que asoció al trono a su hijo Witiza y le envió a Galicia, para que fuera aprendiendo a gobernar. Éste estableció su sede en la ciudad de Tuy, en el antiguo reino de los suevos. Seguramente, por ello, cuando un rey asociaba a otro al trono, al segundo, se le daba la categoría de rey de los suevos.
Precisamente, en Galicia, se desató una rebelión contra Egica y acusaron de ser el cabecilla de la misma a Teodofredo, uno de los hijos de Chindasvinto y padre de Rodrigo.
Egica desató toda su crueldad contra Teodofredo al que ordenó
que le dejaran ciego para que nunca pudiera reinar. Por ello, Teodofredo y su hijo, el cual, posteriormente, sería el rey  don Rodrigo, se fueron a vivir a la ciudad de Córdoba.
Witiza también empezó a buscarse enemigos en su pequeño reino. En la corte del mismo figura el conde Favila, padre del posteriormente famoso don Pelayo. Parece ser que Witiza quiso a la mujer de Favila y éste se opuso. Así que el primero mató al segundo a base de bastonazos.
Egica tuvo mucha suerte y consiguió llegar a viejo, no como les solía ocurrir a muchos de sus antecesores en el cargo. Falleció en el 702 a causa de muerte natural.
Curiosamente, en prueba de gratitud, los obispos, acordaron declarar inviolables las personas de la esposa y los hijos del rey.

Además, también decidieron hacer todos los días una misa dedicada a este monarca en todas las sedes obispales del reino.

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