ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 26 de mayo de 2017

EL REY GODO ERVIGIO

Siguiendo con este ciclo dedicado a los reyes visigodos de Hispania, hoy voy a dedicar este artículo a un monarca con un reinado muy corto.
La verdad es que ese detalle tampoco le diferencia de los demás, porque la escasa duración de los reinados fue la  norma general durante la monarquía visigoda. Con la diferencia de que la mayoría de ellos murieron asesinados, mientras que, según parece, éste murió de muerte natural.
De hecho, un autor definió como “morbus gothorum”, como si de una enfermedad se tratase, a la manía que tenían los visigodos de matar a su rey para poner a otro en su lugar.
Nuestro personaje de hoy, Ervigio, parece ser que no era un godo de pura cepa, sino el hijo de un griego, llamado Ardabasto, el cual había tenido que huir de Constantinopla y ahora se hallaba exiliado en Hispania.
Realmente, no sabemos quién fue Ardabasto. Seguramente, se trataba de un personaje importante, ya que se le permitió casarse con una prima del rey Chindasvinto y ese privilegio no se le concedía a cualquiera.
Así que Ervigio fue educado en la propia corte y, más tarde, se le dio el
título de conde, como correspondía a alguien de un linaje real.
También es preciso decir que el futuro arzobispo San Julián de Toledo y él eran amigos desde la infancia.
Así que a Ervigio se le consideró el nuevo jefe de la dinastía de Chindasvinto, al no tener herederos Recesvinto.
Precisamente, en el 680, a la muerte del arzobispo Quirico, se nombró a San Julián como nuevo arzobispo de Toledo.
Poco tiempo después de su nombramiento, fue cuando el rey Wamba se sintió enfermo, cayendo en un estado de coma. Por lo que todos pensaron que estaba en el umbral de la muerte.
Así que San Julián le dio la extremaunción, aparte de ordenar que se realizara el protocolo habitual en estos casos. O sea, hacerle la tonsura y vestirlo con un hábito de fraile.

Como ya dije en mi anterior artículo, cuando, contra todo pronóstico,  Wamba despertó de su letargo, quiso recuperar el trono, pero ya no le dejaron, porque eso iba en contra de la Ley. Así que se tuvo que retirar a vivir el resto de sus días en un monasterio.
Parece ser que todo el mundo murmuraba que Ervigio y San Julián podrían ser culpables del complot contra Wamba, así que el nuevo rey, Ervigio, convocó el XII Concilio de Toledo.
Curiosamente, en esa asamblea, el monarca, se puso a dar muchas explicaciones a pesar de que nadie se las había pedido.
Esto me hace pensar en el viejo proverbio latino: “excusatio non petita, accusatio manifiesta”. O sea, que él mismo se estaba defendiendo de unas acusaciones que nadie le había hecho.
Así que mostró a los allí presentes unos documentos, firmados por los nobles palatinos, donde se describía el estado de salud del rey Wamba y por qué se decidieron a prepararle para la muerte.
Por otra parte, también mostró otro documento, firmado por Wamba, donde se expresaba el deseo del monarca para que Ervigio fuera su sucesor en el trono. Incluso, el mismo soberano daba instrucciones a San Julián para que ungiera a Ervigio como nuevo rey.
Así que los obispos dieron validez al nombramiento de Ervigio, como nuevo soberano de Hispania y se anuló el juramento de lealtad de todos los súbditos hacia el antiguo rey Wamba.
Un detalle muy importante es que, también en ese concilio, se aprobó que el arzobispo de Toledo, pudiera nombrar nuevos obispos, previa consulta con el rey.
También aprovecharon para eliminar la norma legal que puso en vigor Wamba, relativa a la movilización general, en caso de que el rey necesitara tropas para hacer frente a cualquier peligro.
Parece ser que el monarca se amparó en el poder de la Iglesia y, por ello, siempre dio su visto bueno a todas las ocurrencias de los eclesiásticos. Como ejemplo, en el XII Concilio de Toledo ya se aprobaron nada menos que 28 medidas contra los judíos.
En el 683 se convocó el XIII Concilio de Toledo. En esta ocasión se aprobó otorgar un indulto general a todos los que habían participado en la rebelión del duque Paulo, devolviéndoles todos sus bienes.
Como prueba de su nuevo poder, se atrevieron a aprobar que ningún noble o eclesiástico podría ser juzgado por un delito, salvo que estuviera totalmente demostrada su culpabilidad y, en ese caso, sólo podría ser juzgado por sus colegas y no por los jueces ordinarios.
Por supuesto, los nobles, también se atrevieron a sacar tajada. Así que consiguieron que se aprobara que se les perdonaran todos los impuestos atrasados. Además de eso, prohibieron que se le diera cualquier cargo en la corte a todo aquel que no fuera noble.

Como muestra de que este rey era un pelele manejado por la Iglesia, también aprobó el bautismo obligatorio para los súbditos judíos y, en caso de que se negaran a ello, sufrirían una pena de azotes y confiscación de todos sus bienes.
Ervigio siempre tuvo muy en cuenta la seguridad de su familia. Así que casó a una de sus hijas con un sobrino de Wamba, llamado Egica. A éste le prometió ser el sucesor en el trono, no sin antes haberle exigido, bajo juramento, que protegería a la familia de su esposa. Lo cual aceptó, aunque ya veremos en el próximo artículo lo que hizo, cuando ya ocupó el trono del reino.
Algunos dicen que el rey se sentía culpable del complot contra Wamba y de una posible venganza a cargo de los partidarios del anterior rey, que aún vivía enclaustrado en un convento. Por eso temía que su familia pagara por ello.
Parece ser que durante su reinado se produjeron varios episodios de malas cosechas. Lo que provocó descontento e inestabilidad social.
En el 687 el monarca enfermó de gravedad. Así que reunió a los obispos y a los nobles, abdicando, tal y como estaba previsto, en su yerno Egica.

Poco después, pidió que le preparasen para la muerte. Recibió la tonsura y fue vestido con el hábito de una orden monacal. Poco después murió. Reinó tan sólo durante 7 años.

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