Hoy traigo al blog a un personaje
del que yo creo que todo el mundo habrá oído hablar. Otra cosa es que conozcan
algo sobre su vida, porque no hay muchos datos sobre ella.
Sin embargo, es extraordinariamente
conocida por sus obras literarias. Se le considera la autora que más ha vendido
en todo el mundo. Las cifra de ventas de sus libros están únicamente por detrás
de las obras de Shakespeare.
Su nombre de soltera era Agatha
María Clarissa Miller y nació en el verano de 1890, en la famosa localidad
turística de Torquay, al SW de Inglaterra. Para más señas, está en esa especie
de prolongación que se ve al SW de la isla de Gran Bretaña, un lugar muy
conocido por tener un clima más benigno que el resto de la isla, el cual es muy
apreciado por las personas ya jubiladas.
Sus padres fueron Clara Boehmer,
hija de un oficial británico y natural de Belfast, y Frederick Alvah Miller, agente de Bolsa
americano.
Se da la circunstancia de que
Frederick era el hijo del marido de la tía de Clara, Margaret, pero era fruto
de un matrimonio anterior de su esposo, Nathaniel. Clara conoció a su futuro
esposo cuando tuvo que residir durante unos años en la casa de su tía, tras
haber fallecido su padre en un accidente.
Según Agatha su infancia fue muy
feliz y siempre estuvo rodeada de mujeres independientes. No tuvo mucha
relación con sus 2 hermanos, porque eran mucho más mayores que ella.
Había nacido en el seno de una
familia de la clase alta y, por tanto, por aquellas fechas, su vida transcurrió
entre su casa en Torquay y las de su abuela y su tía, en Londres. Aparte de
algunas estancias en zonas del sur de Europa, donde su familia pasaba largas vacaciones.
Como estaba entonces de moda, le dieron una buena educación en casa, sin ir
al colegio. Aprendió a leer a una edad muy temprana y siempre tuvo mucha
afición por la lectura. Aparte de ello, como no tenía compañeros de colegio con
quien jugar, su fantasía hizo que creara
muchos amigos imaginarios.
Siempre estuvo muy protegida por
su madre, la cual tenía un carácter más fuerte que su padre. Además, como ya he
dicho antes, estuvo siempre muy mimada, porque ella fue la última hija del matrimonio
y se llevaba muchos años con sus hermanos. O sea, que, cuando la dejaron ir a
la escuela, sólo fue para asistir 2 días por semana. Algo impensable en la
actualidad. En resumen, que siempre estuvo muy unida a su madre. Este dato es
muy importante para lo que contaré más tarde.
Su padre siempre tuvo muy mala
salud y tuvo la desgracia de sufrir varios ataques al corazón. El último de los
cuales le llevó a la tumba en 1901, con sólo 55 años.
Ese acontecimiento hizo cambiar
el modo de vida de toda la familia. Su hermana se casó y se fue a vivir con su marido
a su nuevo domicilio. Su hermano se enroló en el ejército y fue a Sudáfrica
para luchar contra los Boers.
Al año siguiente ya su madre la
envió a estudiar regularmente a un colegio, donde tuvo problemas para aceptar
la disciplina propia de estos centros, pues nunca había asistido a ninguno de
una manera regular. Más tarde, continuó sus estudios en París.
En 1910, cuando regresó a su
casa, se encontró a su madre enferma y le propuso hacer un viaje a alguna zona
más cálida. Así que fueron una temporada a Egipto. Curiosamente, no mostró, en
ese período el más mínimo interés por la Arqueología.
Al volver de nuevo a casa,
continuó con la escritura, mayoritariamente, cuentos infantiles, y la representación de obras teatrales. Tuvo
suerte y algunas de sus primeras obras ya le fueron publicadas, pero ella
todavía no tenía ninguna intención de dedicarse a esa actividad de manera
profesional.
En algunas de sus primeras obras
escribe sobre los sueños, la locura y lo paranormal. En esto último, compartía esa afición con su
madre. Varias revistas rechazaron estas obras, aunque luego publicaron algunas
de ellas con otros títulos.
Su primera novela, Snow upon the
Desert, la escribió aprovechando sus experiencias en Egipto, pero no tuvo suerte,
pues no fue aceptada por ninguna editorial.
En una fiesta conoció a su primer
marido, Archibald Christie, que entonces era un joven teniente y piloto militar
del Royal Flying Corps, el precedente de la actual RAF, destinado en una base
en Exeter. Tras un corto noviazgo, como
al militar le trasladaron a otro destino, decidieron casarse.Con la llegada de la carnicería que fue la I GM a su marido lo enviaron a Francia, mientras que ella entró a trabajar voluntariamente como enfermera. Primero fue destinada a curar heridos, pero enseguida la enviaron a la farmacia, donde aprendió a preparar fármacos, una experiencia que le vino muy bien a la hora de escribir sobre venenos en sus novelas.
Su marido, Archie, volvió al
final de la guerra, con el grado de coronel y con destino en el nuevo
Ministerio del Aire. Así que la pareja se trasladó a una localidad cercana a
Londres.
Ella, influida por los escritores
Wilkie Collins y Conan Doyle, en 1920, se decidió por escribir su primera
novela, “El misterioso caso de Styles”, donde hizo por primera vez su aparición
el famoso detective belga Hércules Poirot. Dicen que escogió esta nacionalidad,
basándose en la gran cantidad de belgas que conoció, porque se refugiaron en
Torquay, con la llegada de la I GM.
La obra fue pasando durante 2
años por varias editoriales hasta que una se ofreció a publicarla, si
modificaba el final. Así lo hizo y empezó a vivir de la escritura, aunque
todavía con unas ganancias muy modestas. Incluso, un periódico compró el
original para publicarlo por entregas. Algo que consiguió darle fama.
Mientras tanto, su marido dejó
las fuerzas aéreas para dedicarse al mundo financiero, donde ocupó un puesto no
demasiado relevante.
También tuvieron en 1919 a su
única hija, Rosalind, la cual, según decía ella, siempre estuvo muy unida a su
padre.
Posteriormente, en 1924, el
Gobierno le propuso a Archie formar parte de la Misión del Imperio Británico,
una especie de comisión dedicada a fomentar la unión entre los diversos
territorios del mismo. No lo dudaron, dejaron a su hija al cuidado de la madre
de Agatha y el matrimonio viajó durante 10 meses por Canadá, Hawái, Australia,
Nueva Zelanda, Sudáfrica, etc.
Parece ser que se lo pasaron muy bien en ese viaje. Hasta dijo ella que
había practicado el, por entonces, desconocido deporte del surf en Hawai y que
le había parecido muy excitante.
En 1925, a su regreso al Reino
Unido, la pareja compró su primera vivienda a la que bautizó como “Styles
houses”, recordando el título de su primera novela. Allí, el matrimonio tuvo su
primera crisis, pues como estaba junto a un campo de golf, su marido se
obsesionó tanto con ese deporte que lo dejó todo y eso provocó continuas
discusiones.
Para poder tranquilizarse,
Agatha, se fue unos días de vacaciones a Córcega. El problema es que a su
vuelta se enteró de que su madre estaba muy enferma a causa de una bronquitis y
su marido no se había preocupado por su salud. Algo que ella le echó en cara y
le calificó como un irresponsable. Su madre falleció poco después por el
agravamiento de esa enfermedad.
Ahí empezó su crisis matrimonial,
Archie le pidió el divorcio, tras confesarle que se había enamorado de la secretaria
de su jefe, Nancy Neele.
De mutuo acuerdo, la pareja
decidió separarse por un tiempo, pero luego volvieron a reconciliarse. Lo que para
la escritora fue un gran error.
En diciembre de 1926, Archie, se
decidió por marcharse y le informó a Agatha que se iba a divorciar para casarse
con Nancy Neele, que tenía 10 años menos que ella. Incluso, le dijo que iban a
celebrar su fiesta de compromiso en casa de un amigo.
Esto afectó muchísimo su salud y
a partir de ahí comenzó a desvariar. Lo cierto es que se sabe que ella salió de
su casa en Sunnigdale, en Berkshire, el viernes 03/12/1926, y a partir de ese
momento sufrió una amnesia que le impidió recordar qué hizo en esas 2 semanas
en que estuvo desparecida y con miles de personas buscándola por todas partes.
Incluso, la policía se planteó un
posible suicidio, pues la autora le dejó una simple nota a su secretaria, donde
le decía que se iba a dar una vuelta. También llegaron a pensar que su marido
la habría asesinado y pincharon su teléfono, además de investigarlo. Otra cosa
que les llamó la atención era su aparente falta de interés por este asunto.
Por entonces, cuando contaba con
36 años, ya era una autora bastante conocida y sus novelas cada vez se vendían
más. Incluso, tenía muy buenas críticas. Sus miles de lectores estuvieron con el corazón en vilo.
La intriga comenzó cuando, al día
siguiente, se encontró su coche, que se
había salido de la carretera y había enfilado una cuesta abajo por el campo, pero
había quedado atrapado entre unos matorrales. Se temió que estuviera herida o muerta,
sin embargo en su interior no había nadie. Lo curioso es que se había dejado su
abrigo de piel en el asiento. Así que no podría estar muy lejos sin el abrigo y
casi en invierno.
La policía investigó a fondo por
los alrededores, sin encontrar nada.
Incluso, los buzos buscaron en un lago que se hallaba en las cercanías del
lugar del accidente.
A partir de aquí, entraron en
este asunto los periodistas. Desde luego, se trataba de un tema que, si sabían
manejarlo, les podría reportar muchas ventas.
Incluso, se aventuraron algunos a
opinar que el marido podría haberla asesinado, pero tenía una coartada muy
clara y lo dejaron en paz.
Un amigo de la pareja dijo que, posiblemente,
la clave del asunto pudiera estar en alguna de las novelas escritas por ella. Así
que el Daily Mirror ofreció una recompensa a quien pudiera ofrecer alguna pista.
El caso dio un vuelco, cuando el hermano
de Agatha informó que había recibido una carta de ella, con un matasellos de
correos de Londres y fechada el día después del accidente, cuando aún la
policía estaba buscándola por los alrededores de la zona donde se produjo el
siniestro, a 40 km de la capital.
También declaró su hermana que le
había dicho ella que pensaba desaparecer. Con lo cual se esfumó la idea de suicidio
o de un asesinato.
Hasta el mismo Arthur Conan
Doyle, autor de las inolvidables aventuras de Sherlock Holmes, se implicó en el
caso, llegando a investigar este tema. El mismísimo ministro británico del
Interior se sumó a estas investigaciones, dada la trascendencia mundial del
personaje que había desaparecido.
El 14/12/1926, el mayordomo del
Hotel Swan Hydropatic Hotel, en North Yorkshire, reconoció su foto en un
periódico y llamó a la policía. Otros autores indican que fueron los miembros
de la orquesta del hotel los que la descubrieron y dieron el aviso.
Su marido cogió el primer tren
con destino a Harrogate, donde le
dijeron que ella llevaba ya 10 días alojada allí, pero con un nombre falso.
Parecía estar muy feliz. Pasaba
el tiempo cantando, bailando, jugando al billar, charlando con todo el mundo,
tocando el piano, etc.
Cuando su marido la fue a visitar
a su habitación, ella estaba leyendo, pero no lo reconoció. El director del
hotel dijo que lo trató como si fuera
una persona que conociera de algo, pero sin saber quién era. Parece ser que
pensó que se trataba de su hermano.
Tampoco reconoció ni a su hermana
ni a su cuñado, que se presentaron en el hotel al día siguiente.
Algunos huéspedes comentaron que
ella siempre se había mostrado muy feliz. Se divertía, también hacía
crucigramas y hasta se la veía muy interesada por enterarse de las novedades
que publicaban los periódicos sobre la desaparición de la autora.
En el trayecto de vuelta, su marido
le enseñó una foto de la hija de ambos y ella no supo quién era. Así que
acudieron a algunos médicos y luego la trató un psiquiatra, el cual, mediante
la hipnosis, consiguió hacerla volver a la razón, aunque se le borraron de la
memoria los últimos 3 años de su vida.
La autora fue explicando, unos
años después, que todo empezó con la muerte de su madre, a la cual siempre estuvo
muy unida. Eso le afectó en su salud, llegando a comer muy poco y a dormir 2
horas como máximo. Realmente, se encontraba muy sola en la vida. Luego vino,
ese mismo año, lo de la infidelidad de su marido y la demanda de divorcio, que empeoró
aún más su ya delicada salud.
Parece ser que fue primero a
Londres y luego volvió a la localidad donde residía, pero no paró en ella, sino
que se fue a Newlands Corner, en el condado de Surrey. Allí se le paró el coche
y pidió ayuda a un motorista.
Luego, decidió suicidarse y llevó
el coche hasta la zona donde lo encontraron. Lo hizo rodar cuesta abajo, pero
quedó atrapado entre unos matorrales y ahí fue donde lo encontró la policía.
Sacó del coche una maleta con
ropa y se la llevó, pero dejó dentro del mismo su abrigo de pieles, a pesar del
frío que hacía ese día. Vagó a pie durante varios kilómetros hasta que se dio
de bruces con una estación ferroviaria y cogió un tren hacia Londres. Desde allí
mandó la famosa carta a su hermano.
Luego cogió otro tren y se bajó
en Harrogate. A partir de ahí, pasó a ser Teresa Neele y ya no recordó nada
más.
La verdad es que todo era muy
raro. Cuando desapareció llevaba un vestido de lana con una chaqueta y un
sombrero. Además de poco dinero en el bolso.
Sin embargo, cuando la
encontraron, vestía de una manera más elegante, tenía 300 libras, que era un
dinero en esa época. Además de que se registró como Teresa Neele y dijo ser
originaria de la entonces colonia británica de Sudáfrica. O sea, el mismo apellido
y el mismo origen que la amante de su marido. Además, le decía a todo el mundo
que había quedado viuda recientemente e, incluso, que acababa de fallecer su
bebé y enseñaba la foto del mismo.
Además según parece, puso un anuncio
en el periódico The Times, lógicamente, con su nombre falso, donde informaba a
sus parientes y amigos que acababa de llegar a Inglaterra y que se pusieran en
contacto, enviando sus cartas a un determinado apartado de correos.
Con este final feliz, a los
periodistas se les acabó el chollo y sólo pudieron poner pegas por lo cara que
había salido esta investigación, que había pasado de las 3.000 libras.
No sé si sería casualidad, pero,
a partir de este hecho, las tiradas de sus novelas aumentaron de manera
vertiginosa.
A pesar de que ella nunca quiso
hablar de ese período de tiempo, alegando no acordarse de nada, un psicólogo
que la conoció muy bien piensa que todo fue un montaje muy bien realizado.
El matrimonio se divorció en
1928, quedándose ella sola hasta que se casó, en 1930, con un arqueólogo llamado sir Max Mallowan. Esta
vez le fue mejor y estuvieron casados durante muchos años, hasta la muerte de
Agatha, en 1976.
Esto huele a márketing. Yo no conocía la historia pero por lo que cuentas parece que se inventó, y vivió en persona, una novela para vender más libros
ResponderEliminarPuede ser, pero no lo tengo tan claro. También es posible que lo hiciera para forzar a que su marido no la dejara. De todas formas, pasó luego por varios médicos y ninguno dijo que todo fuera falso.
ResponderEliminarClaro, que también habría que saber quién pagó a esos médicos ingleses.
Muchas gracias y saludos.