ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 15 de abril de 2017

EL REY JUAN I DE CASTILLA



Esta vez voy a hablar de un rey de Castilla, que tuvo un corto reinado, pero cuyas reformas aún perduran.
Juan I fue hijo de Enrique de Trastamara, el futuro Enrique II el de las mercedes. Como ya sabemos, Enrique, estuvo muchos años refugiado en Aragón, mientras guerreaba contra su hermanastro,
 Pedro I. Así que nuestro personaje de hoy nació en 1358, en una ciudad de Aragón, llamada Épila. Su madre fue Juana Manuel de Villena, esposa de Enrique II e hija del famoso escritor don Juan Manuel.

En 1375, nuestro personaje, se casó en Soria  con Leonor de Aragón, hija de Pedro IV el Ceremonioso. Los dos contrayentes tenían la misma edad, algo poco usual en esa época.
Al mismo tiempo, tuvo lugar la firma del tratado de paz de Almazán, firmado entre los dos reinos. Con este acto, acabaron las famosas guerras entre los dos Pedros.
En julio de 1379, a la muerte de su padre, Enrique II, nuestro personaje es coronado rey de Castilla en el monasterio de las Huelgas, en Burgos.
Precisamente, en octubre de ese mismo año, la reina dio a luz, en Burgos,  a su primer hijo, que sería el heredero y llegaría a reinar con el nombre de Enrique III.
Hasta esa fecha, no todos los reyes de Castilla y Aragón habían sido coronados. Muchos de ellos siguieron la práctica habitual de los antiguos reyes godos, a los que decían suceder en el trono, los cuales solían ser proclamados entre sus nobles. Con la diferencia de que la monarquía visigoda o goda era electiva, mientras que las de Castilla y Aragón eran hereditarias.
Parece ser que Juan I quiso coronarse para dar a entender que era el rey legítimo e indiscutible de Castilla, porque, como ya veremos, todavía había varios candidatos que aspiraban  ocupar ese trono. A partir de este monarca, ningún otro rey ha sido coronado en Castilla ni, posteriormente, en España.
Curiosamente, el último monarca coronado en Aragón fue Fernando I de Antequera, segundo hijo de nuestro personaje, al que dediqué hace tiempo otro de mis artículos.
En 1380, la reina dio a luz a su segundo hijo. Esta vez fue en Medina del Campo (Valladolid). También llegaría a ser rey, aunque fuera en Aragón. Sería conocido como Fernando I el de Antequera.
Desgraciadamente, en 1382, la reina dio a luz a su tercera y última hija.  Sin embargo, ambas murieron durante el parto en Cuéllar (Segovia). Leonor sólo tenía 24 años.
Juan I, al llegar al trono,  heredó todas las cosas positivas y negativas del reinado de su padre.
Por una parte, continuó cultivando la amistad de Castilla con Francia. Esta alianza benefició mucho a los franceses en su lucha contra Inglaterra. Sobre todo, en lo que se refiere al poderío naval castellano.
También mantuvo buenas relaciones con Navarra, pues su rey, Carlos III, estaba casado con su hermana Leonor. Como veréis, éste es un nombre que se repite mucho en esa dinastía.
Como había quedado viudo, Juan I, pactó con los portugueses su matrimonio con Beatriz, hija de Fernando I  de Portugal, el cual no había tenido ningún hijo varón.
Entre las cláusulas del citado pacto se decía que el reino de Portugal podría ser para un hijo varón que naciera de ese matrimonio. También podría pasar, en su defecto,   a otras hijas y, en caso de que no hubiera hijos, al propio Juan I.

Realmente, este pacto no gustó nada en Portugal, sobre todo entre los nobles y los burgueses, porque lo consideraron una anexión por parte de Castilla. Así que, tras la muerte del monarca portugués, en 1383, se quedó como regente del reino su esposa Leonor Téllez de Meneses. Un personaje maquiavélico.
Lo cierto es que Juan I y Beatriz de Portugal se casaron el 17/05/1383, en la catedral de Badajoz. En octubre de ese mismo año, falleció Fernando I de Portugal.
Curiosamente, el maestre de Avis, informó de la muerte de su monarca a Juan I y le recomendó que fuera a Portugal, para hacerse cargo del reino. Sin embargo, muchos portugueses eran partidarios de Juan, hijo ilegítimo de Pedro I de Portugal e Inés de Castro, el cual estaba refugiado en Castilla, por haber asesinado a su esposa, que era una hermana de la reina Leonor de Portugal.
La situación cambió radicalmente cuando se proclamó que tanto Beatriz, esposa de Juan I, como los hijos de Pedro I de Portugal con Inés de Castro, eran ilegítimos. Así que no había ningún candidato con mayor derecho que otros para ocupar el trono de ese reino.
De esa manera, el maestre de Avis, que también era un hijo ilegítimo de Pedro I de Portugal, pero no de Inés de Castro, se postuló para ser el nuevo rey. Era la primera vez que se proclamaba rey de ese país a un hijo ilegítimo y, además,  mediante una elección.
Así que, en 1385,  se convocaron unas Cortes en Coimbra, que lo eligieron como nuevo monarca. Desde ese momento, se llamó Juan I de Portugal.

Supongo que también valorarían que, previamente, se había casado con una hija de Juan de Gante, duque de Lancaster y con ello tendrían asegurado el apoyo de los ingleses para su causa.
Todo esto ocurría mientras Juan I de Castilla había penetrado con sus huestes en Portugal para ser proclamado rey de esa nación, en nombre de su esposa. Por cierto, ese matrimonio no tuvo descendencia.
Previamente, Juan I de Castilla, había dado orden de encerrar al pretendiente Juan, hijo de Inés de Castro, en el Alcázar de Toledo. Posteriormente, también recluyó a la reina de Portugal,  Leonor Téllez, en un monasterio de Tordesillas.
El monarca castellano había dirigido, rápidamente, sus tropas hacia Lisboa, a la que cercaron por mar y tierra.

El asedio duró mucho tiempo y se desató una pequeña epidemia de peste. Así que tuvieron que levantar el asedio para recuperarse de esa enfermedad. Incluso, se habían visto afectados los propios reyes de Castilla.
Posteriormente, los dos bandos fueron ocupando pequeñas partes del país, hasta que se encontraron en Aljubarrota, el 15/08/1385.
Hay que decir que cada bando había recurrido a sus aliados. Así, Castilla, llevó varios miles de caballeros franceses al campo de batalla, mientras que los portugueses dispusieron de varios cientos de los famosos arqueros ingleses, que fueron los que decidieron el resultado de este enfrentamiento. La superioridad numérica hizo que se confiara el monarca castellano y esta derrota, casi le cuesta la vida. Tras esta amarga experiencia, se olvidó para siempre de sus aspiraciones al trono portugués.
Por otra parte, en Inglaterra, el duque de Lancaster, se había casado con la hija mayor de Pedro I el cruel y seguía reivindicando el trono de Castilla.
Así que, al conocer el resultado de la batalla, se aventuró a aliarse con Portugal e invadir Castilla, al año siguiente.No debemos olvidar que también le había firmado, para ello, una bula el Papa Urbano IV.
En 1387, sus tropas estaban ya por la zona de Benavente (Zamora) y allí se encontraron con Juan I de Castilla y su ejército.
Esta vez, la peste atacó a ambos bandos. Así que los ingleses se retiraron hacia Portugal. Como, por lo que se ve, andaban cansados de tantas guerras o, quizás, no podían sacarle más dinero a los contribuyentes para seguir haciéndolas, pues se reunieron para parlamentar. De ahí salió el Tratado de Troncoso, que fue ratificado en 1388 por el Tratado de Bayona.
Por medio de este tratado se acababan las luchas entre los herederos de Pedro I el cruel y de Enrique II el de las mercedes. Se convino que los herederos de ambos bandos: el futuro Enrique III, hijo de Juan I, se casaría con Catalina de Lancaster, hija del duque de Lancaster y de Constanza, hija de Pedro I el cruel.
Se creó el título de Príncipe de Asturias, para los herederos de la Corona de Castilla, que ostentó esta pareja, por primera vez en la Historia. Este título se sigue utilizando, hoy en día, para el heredero a la Corona de España.

Con la diferencia de que, cuando se creó, llevaba aparejado el señorío y las rentas sobre ciertas zonas de Asturias y ahora no es así.
En el mismo tratado también se pactó una fuerte indemnización a pagar por Juan I, la cual se sabe que fue abonada, y, además, la puesta en libertad de todos los descendientes de Pedro I, que aún siguieran en prisión. Esto se hizo en casi todos los casos, no obstante, algunos continuaron encerrados hasta su muerte.
Además, supongo que, de esa forma,  también se quitaría del medio los problemas con su hermanastro Alfonso, conde de Noreña, que siempre se había aliado con los Lancaster, para intentar obtener la Corona de Castilla. Incluso, les había ofrecido el puerto de Gijón para que desembarcaran sus tropas a fin de conquistar el reino. Así que al rey no le quedó otra que encarcelarlo.
Precisamente, las tierras con las que dotó al título de Príncipe de Asturias, procedían de las propiedades confiscadas a su hermanastro Alfonso. A cambio, le dio a éste otras tierras situadas en León.
En 1389, Castilla pudo dejar de intervenir en la Guerra de los Cien Años, gracias a que Francia e Inglaterra habían firmado unas treguas en la localidad de Leulinghem, junto al Canal de la Mancha.
Por fin, debió pensar Juan I, podría dedicarse a gobernar su reino con tranquilidad e intentar restarle poder a la nobleza. Lamentablemente, no fue así.
En octubre de 1390, sufrió una desgraciada caída, cuando se hallaba probando un caballo, que le acababan de regalar, junto a la puerta de Burgos, en Alcalá de Henares.
Parece ser que cuando puso el caballo al galope, éste tropezó y cayó, lanzando al rey por el suelo. Una caída que produjo la muerte inmediata del monarca.

Lamentablemente, volvemos a una situación dinástica complicada. Como ocurrió en algunos reinados anteriores. El fallecido monarca dejaba como sucesor a un niño que apenas tenía 11 años y, según dicen, esa fue la razón por la que se ocultó durante unos días la muerte del rey.

Espero que os haya gustado y a ver si os decidís a haceros seguidores de mi blog. Yo os lo agradeceré mucho.

sábado, 8 de abril de 2017

EUGENIO ZOLLI, OTRO IMPORTANTE RABINO CONVERTIDO AL CATOLICISMO



Hoy os voy a hablar de otro de esos curiosos casos en que todo un rabino judío, que se supone que debería de velar por la fe de sus feligreses, pierde su fe y se convierte en católico.
Nuestro personaje de hoy fue un gran hombre que nació en 1881, en un pueblo de la actual Ucrania, llamado Brody. Esa región, por aquel entonces, formaba parte del disuelto Imperio Austro-Húngaro.
Su nombre real fue Israel Antón Zoller y nació en el seno de una familia judía de origen polaco. Era el pequeño de cinco hermanos. Su padre era el dueño de una fábrica de tejidos de seda en la ciudad de Lodz, el territorio del Imperio Ruso.
Desgraciadamente, en 1888, el zar decidió confiscar todas las industrias, cuyos propietarios no fueran ciudadanos rusos. Así que, de la noche a la mañana, se quedaron sin su empresa, sin recibir nada a cambio. Por ello, sus hermanos tuvieron que emigrar para buscarse una nueva  forma de ganarse la vida.
Parece ser que su primer contacto con los cristianos lo tuvo ya de niño. Un día, un amigo suyo, que era cristiano, lo invitó a ir a su casa y allí vio un crucificado colgado de la pared. Luego, le preguntó a su padre y éste le dijo que eso eran cosas de los cristianos, no de los judíos.
En 1904, tras la muerte de su madre y siguiendo una tradición familiar, fue enviado a Viena para realizar el aprendizaje necesario a fin de llegar a ser un rabino. Continuó sus estudios  en Florencia y, más adelante, en 1913, fue destinado a Trieste, para ocupar el cargo de vice-rabino de esa ciudad.


Como ya escribí en otro de mis artículos, esa ciudad siempre ha tenido una cierta personalidad dentro del entorno europeo y está situada en una zona muy estratégica. Por lo que, durante toda la Historia, muchos países han pretendido tenerla bajo su dominio.
Incluso, según parece, su mayor desarrollo lo obtuvo siendo miembro del Imperio Austro-Húngaro. Podría ser por la escasez de costas, que tenía ese Imperio o, seguramente, porque la mayoría de sus puertos estaban enclavados en territorios poblados de gentes de las que no se fiaban mucho. Sin embargo, Trieste, siempre fue fiel al emperador y éste la premió otorgándole muchas ventajas de todo tipo.
Hay que decir que siempre fue un lugar muy apetecido por varias potencias de la zona. De hecho, sufrió varias invasiones por parte de Italia y de la antigua Yugoslavia. Así que, tras varias vicisitudes, en la actualidad, Trieste, pertenece a la República de Italia.
Con todo esto, quiero decir que no le enviaron a un destino propio de un novato, sino a un lugar donde había que tener lo que se llama “mucha mano izquierda” a fin de permanecer “a flote” a pesar de las circunstancias adversas.
La verdad es que no le fue demasiado bien, porque los austriacos siempre desconfiaron de él a causa de que había estudiado en Italia y consideraban que estaba a favor de los italianos.
Sin embargo, parece ser que realizaría su labor muy al gusto de sus superiores, ya que, tras la I Guerra Mundial, fue ascendido a rabino jefe de Trieste.
También fue profesor de lenguas semíticas comparadas en la Universidad de Padua. Parece ser que varios de sus alumnos eran sacerdotes y luego fueron muy amigos suyos.
Conoció a una joven judía, llamada Adela Litwak que también procedía de su mismo lugar de origen y se casaron. Fruto de ese matrimonio nació una hija, llamada Dora.
Desgraciadamente, en 1917, tras sólo cuatro años de matrimonio, murió Adela, quedando solo con su hija.
En 1920, se casó de nuevo. Su esposa se llamaba Emma Majonica y era la hija de un conocido arqueólogo. Dos años después, tuvieron una hija llamada Miriam.
Durante su larga estancia en esa ciudad se dedicó a escribir un libro, titulado “El Nazareno”, que publicó en 1938.
Evidentemente, su fuente principal para la obtención de datos fue la Biblia y, concretamente, el Nuevo Testamento. Según él, ahí fue comprendiendo el mensaje de Jesucristo.
De hecho, en sus escritos se va viendo cada vez más cerca la fe cristiana, de tal forma que un arzobispo llegó a exclamar que ese libro lo podría haber firmado él mismo.
Incluso, según afirma en esa obra, cuando se hallaba realizando las investigaciones para su libro, encontró que a Jesús de Nazaret no sólo se le llamaba así por su procedencia, sino que era el Consagrado, que figura en las profecías de Isaías.
Cuando se veía venir,  cada vez más cerca, otra guerra mundial, empezó a preocuparse. Parece ser que había ayudado a muchos judíos a escapar de Europa para emigrar hasta el actual territorio de Israel.
Muchos de esos judíos le contaron lo que estaban haciendo los nazis con su gente. A él no se le ocurrió otra cosa que, en 1935, enviar una carta al rabino jefe de Roma para que se lo comunicara a Mussolini. Aunque parezca mentira, Hitler y Mussolini, no mantuvieron muy buenas relaciones hasta la llegada de la II Guerra Mundial.
Tres años más tarde, el mismo Mussolini, dictó una serie de leyes racistas también para Italia. Eso motivó que Zolli protestara públicamente, lo cual le acarreó que se le retirara la nacionalidad italiana.
Poco más tarde, le ofrecieron ser nada menos que el rabino jefe de Roma. Aunque, hoy en día,  parezca mentira esa comunidad estaba dividida entre los que eran favorables al sionismo y los que eran partidarios del fascismo.
Parece ser que con los que más se relacionó en su nuevo puesto fueron Dante Almansi, antiguo jefe de Policía y, por entonces, Presidente de todas las comunidades judías de Italia; y Ugo Foá, presidente de la comunidad judía de Roma.
En 1943, cuando los alemanes ya habían invadido Italia, el comandante Herbert Kappler, exige a la comunidad judía de Roma que le den, en el escaso plazo de 24 horas, 50 kgs de oro. De lo contrario, hará una lista con 300 judíos que deportará a los campos de exterminio.
Los judíos sólo consiguen 35 kgs, así que le pidieron a Zolli que hiciera gestiones ante el Vaticano. Allí tuvo mucha suerte y el Papa le ofreció la cantidad que les faltaba. Al final, no les hizo falta, porque lo consiguieron algunas órdenes religiosas.
No hay que olvidar que le echó mucho valor para trasladarse hasta el Vaticano. La razón es que los nazis le estaban buscando y habían puesto precio a su cabeza.
Posteriormente, intentó convencer a Foá para que dispersase a la comunidad judía de Roma por toda Italia, pero no le hizo caso, porque no se llevaba muy bien con él.
Incluso, Foá, afirmó que había hablado, el día anterior, con un ministro y le dijo que no iba a pasar nada y que, por tanto, no había que alarmar a la gente.
No obstante, el embajador alemán ante el Vaticano, se reunió con el Papa para advertirle de que Himmler ya había dado la orden para detener a todos los judíos. Así que Pio XII dio, inmediatamente, la orden de que se abrieran todos los templos católicos para dar
cobijo a todos los judíos que estuvieran perseguidos
Por lo visto, todo ese oro no les sirvió para nada. Al contrario, justo al mes siguiente, se empezaron a producir las primeras deportaciones a Alemania, hasta que intervino el propio Papa para pararlas.
Parece ser que Kappler ya había recibido las órdenes de deportar a todos los judíos, cuando se le ocurrió chantajearles de ese modo tan despreciable.
Zolli no podía salir a la calle, porque estaba siendo buscado por la Policía. Precisamente, cuando los nazis tomaban un territorio, los primeros deportados a los campos eran los rabinos. Así que estuvo 9 meses escondido en casas de familias amigas, siguiendo el consejo de un jefe de Policía amigo suyo. Al igual que lo hicieron su mujer y su hija más pequeña. La mayor no tuvo ese problema, porque se casó con un no judío.
No sé por qué motivo, lo cierto es que en febrero de 1944, la comunidad judía, lo destituyó de su puesto de rabino. No obstante, con la llegada de los aliados, fue repuesto en su cargo. Eso fue hasta que, meses después,  decidió dimitir por ciertos motivos personales. No obstante, la comunidad judía le ofreció el puesto de director del colegio rabínico, pero tampoco aceptó.

Por fin, en febrero de 1945, decidió dar el paso y recibir el bautismo en la Basílica de Santa María de los Ángeles. Eligió como nuevo nombre el de Eugenio, en homenaje al Papa Pío XII, que se llamaba Eugenio Pacelli. Poco después, también se bautizaron su mujer y su hija.
No hará falta decir que esto cayó como un jarro de agua fría en la comunidad judía. De hecho, en la sinagoga de Roma se decretaron varios días de ayuno, para expiar ese grave pecado. Ni siquiera se permitió volver a pronunciar su nombre.
Desde luego, esta decisión fue muy temeraria, por su parte. Tenía ya 65 años y, de un plumazo, se había quedado sin casa y sin ingresos de ningún tipo. Así que la Iglesia le proporcionó un puesto como profesor en el Pontificio Instituto Bíblico y, más tarde, en la prestigiosa Universidad de la Sapienza, en Roma.
También se dedicó a realizar una gira por América, dando varias conferencias, en las que hablaba sobre la relación entre el Cristianismo y el Judaísmo.
De hecho, siempre intentó mejorar las relaciones entre ambas religiones y fue uno de los que influyeron para que en la liturgia del Viernes Santo se borrara la frase “pérfidos judíos”.
Según parece, él no veía que hubiera cambiado radicalmente de religión, sino que había actualizado sus creencias religiosas anteriores.
Al mismo tiempo, escribió varias obras, como la ya citada, “El Nazareno”, “De Eva a María” y “Antes del alba”. En esta última narra su autobiografía y su proceso hasta llegar a la conversión al Cristianismo.
Parece ser que le preguntaron muchas veces si su conversión había sido debida a un acto de agradecimiento hacia el Papa, pues, incluso, se había bautizado con el mismo nombre del Pontífice. De hecho, se calcula que, gracias a la intervención del Vaticano, se salvaron las vidas de 850.000 judíos.
Evidentemente, él siempre contestó que su conversión no tenía nada que ver con el Papa, porque llevaba muchos años oyendo la llamada de Cristo. Parece ser que lo mismo les había ocurrido a otros amigos suyos, pero no se quisieron aventurar a dar ese paso.
En 1946, ingresó en la Orden Tercera Franciscana, como un laico más. También asiste a las charlas sobre el Evangelio que da su párroco. En alguna ocasión, también se dirigió Zolli a los feligreses de esa parroquia.
Desgraciadamente, en 1956, sufre una bronco-neumonía grave, que le lleva a ser ingresado en un hospital.
Como ya había predicho, el viernes 2 de marzo de ese mismo año, después de recibir la Comunión, entró en coma y murió a las 3 de la tarde. Tal y como le había dicho, unos días antes,  a la monja que le atendía. A la misma hora en que murió Jesucristo.

viernes, 31 de marzo de 2017

OPERACIÓN PASTORIUS, SABOTAJES NAZIS EN USA



Supongo que, a estas alturas, todo el mundo sabrá que la clave de la victoria de las fuerzas aliadas en la II Guerra Mundial y, sobre todo, de los USA, fue que pudieron fabricar una mayor cantidad de armamento que los alemanes.
La razón principal era que sus fábricas no estaban al alcance de los bombarderos enemigos. Justo lo contrario de lo que les ocurría a las fábricas alemanas, que eran bombardeadas diariamente.
En resumen, la II Guerra Mundial, desde el principio, fue concebida como una guerra industrial. Así que la potencia militar que pudo producir mayor cantidad de material fue la que ganó.
De hecho, tanto los aliados como los alemanes, sabían que se tardaba mucho menos tiempo para fabricar un montón de aviones que para formar un piloto. Así que, si os fijáis, podréis comprobar que a los pilotos que caían prisioneros, de uno y otro bando, se les encerraba en campos situados lo más lejos posible del frente, para que, en caso de escaparse, les fuera muy difícil llegar hasta sus líneas y volver a combatir contra ellos.
Incluso, al principio de la guerra, Alemania, no tuvo ningún problema para vencer en el combate naval. De hecho, en 1942, sus submarinos fueron capaces de hundir 13 mercantes con bandera USA en tan sólo 17 días.
Por otra parte, los componentes del Alto Mando aliado tampoco eran nada del otro mundo. Muchos de ellos, como Eisenhower o Bradley, nunca habían combatido en primera línea y al que sabía un poco de eso, como Patton, nunca le hicieron mucho caso.
Lo que quería decir, con todo este rollo que os he soltado, es que, como los alemanes eran conscientes de que sus bombarderos no podían llegar al territorio USA y de que su industria les estaba haciendo mucho daño en el frente de batalla, pues idearon un plan para intentar nivelar esta situación.
No hay que olvidar que todas las industrias del automóvil de USA fueron reconvertidas en fábricas de material bélico.
En USA siempre ha habido una gran colonia de ciudadanos de origen alemán. Actualmente, se estima que hay más de 50.000.000 de ciudadanos USA, cuyos orígenes están en Alemania.
Es más, hay ciudades USA, como Cincinnati, en Ohio, donde había tanta población alemana, que la gente solía hablar en alemán y no en inglés.  Lógicamente, tras la I Guerra Mundial, la cosa cambió un poco. Supongo que para no llamar mucho la atención.
Lo cierto es que, tras la Crisis de 1929,  también calaron las ideas de tipo nazi entre estos ciudadanos de origen alemán. Se calcula que, antes de la II Guerra Mundial, ese partido llegó a tener unos 300.000 afiliados en USA y lucían sus uniformes, al igual que lo hacían en Alemania.
Curiosamente, en Alemania, en 1919, cuando Hitler ingresó en el partido nazi, éste sólo tenía unos 60 afiliados. Lo cierto es que a los carnets del partido les pusieron unos números muy altos, como si tuvieran miles de afiliados.
Posteriormente, cuando intentaron dar el golpe de Estado en Múnich, conocido como Putsch de la cervecería,  ya llegaban a los 50.000.
Evidentemente, algunos de estos alemanes emigrados a USA, volvieron a territorio germano. Unos porque no habían tenido mucha suerte en la vida y otros porque había comenzado la II Guerra Mundial y, aunque todavía no había entrado USA en ella, querían luchar por Alemania.
El problema es que muchos de ellos se encontraron con una Alemania muy diferente a la que ellos habían conocido. Habían dejado un país democrático y muy culto y se encontraron otro sin libertades y dirigido férreamente por la dictadura nazi. Todo un conflicto para muchos
de ellos.
Muy pronto, los nazis se dieron cuenta que aquí tenían un filón. Así que concentraron a un grupo de estos emigrados retornados. Para ellos, eran gente muy valiosa, porque habían vivido muchos años en USA, acababan de volver y conocían perfectamente sus costumbres y, lo más importante, hablaban inglés sin ningún tipo de acento que les pudiera delatar.
Parece ser que el cine británico estrenó, en 1940, una película donde, precisamente, se narraba el desembarco de unos saboteadores en las costas de Canadá. Algo muy parecido a lo que luego hicieron nuestros personajes.
Todavía no he presentado a nuestros personajes de hoy. La Abwehr, uno de los servicios de Inteligencia de Alemania, al mando del almirante Canaris, reclutó a muchos de ellos, eligiendo a 8 personas para llevar a cabo una serie de sabotajes en USA.
Todos ellos eran alemanes que habían vivido varios años en USA. Se trataba de George John Dasch, que fue el encargado de esta operación, Edward John Kerling, Richard Quirin, Heinrich
Harm Heinck, Hermann Otto Neubauer y Werner Thiel. Incluso, se les unieron Ernst Burger y Herber Haupt, que eran ciudadanos USA y militaban en el partido nazi de ese país.
Parece ser que le pusieron ese nombre a la operación en honor a Francis Daniel Pastorius, que fue el primer alemán que fundó una colonia estable en USA, en el siglo XVII, llamada Germantown. Curioso nombre para una operación bélica, porque, Pastorius, era cuáquero, o sea, pacifista.
El grupo de agentes recibió una formación intensiva en una casa de campo a las afueras de Berlín. El responsable de su formación fue el teniente Walter Kappe, un hombre con una gran experiencia en el entrenamiento de saboteadores.
Este grupo de 8 agentes se dividió en 2 grupos de cuatro, con unos objetivos diferentes para cada uno. También se les dijo que deberían de hacer proselitismo dentro de la comunidad alemana de USA a fin de formar más saboteadores dentro del país para utilizarlos en el futuro.
A finales de mayo de 1942, cada grupo navegó a bordo de un submarino alemán. Ambos partieron de la base de Lorient, en la Francia ocupada.
El primer grupo desembarcó, el 14 de junio de ese año,  en una pequeña playa de Long Island, cerca de Nueva York. Iban vestidos de uniforme, por si los capturaban, no los pudieran acusar de espionaje, conforme a las leyes de guerra.
Como, en principio, no vieron a nadie, se despojaron de sus uniformes y los metieron en las cajas de armamento y munición, que escondieron bajo la arena de la playa.
Desafortunadamente, un vigilante perteneciente a los guardacostas, que paseaba desarmado por la playa, los descubrió.
Intentaron convencerle de que se habían perdido y, como no lo consiguieron, pasaron a sobornarle. Tras pagarle una cantidad de dinero, el vigilante se fue. Sin embargo, se dirigió a ver a sus superiores para denunciarles.
Cuando los militares llegaron al lugar, los saboteadores, ya se habían ido. No obstante, el vigilante, John C, Cullen,  les mostró dónde habían escondido las cajas con la munición y los uniformes. Así que montaron una discreta guardia, por si volvían a por el contenido de las cajas. No obstante, dieron el aviso al FBI, que, inmediatamente, informó a Hoover y éste al presidente. Por supuesto, no publicaron nada sobre este tema.
En cambio, el segundo grupo, que desembarcó el día 17 en una playa de Florida, al mando de Edward John Kerling,  tuvo más suerte, porque no fueron descubiertos. Así que se dirigieron hacia los objetivos marcados en Cincinnati y Chicago. Como dije antes, ambas ciudades están llenas de emigrantes de origen alemán y, seguramente, podrían encontrar allí muchos posibles contactos.

Los objetivos que les habían marcado eran estaciones de ferrocarril, presas como la de las cataratas del Niágara, fábricas de aluminio (esencial para la fabricación de aviones), grandes almacenes, cuyos dueños fueran judíos, etc.
Ahora viene lo inexplicable. El primer grupo ya se hallaba en Nueva York, cuyas estaciones de ferrocarril estaban entre sus objetivos a sabotear. Sin embargo, por alguna extraña razón, Dasch convenció a Burger y ambos decidieron entregarse a la Policía.
En un principio, Dasch, llamó al FBI, pero nadie le hizo caso. Más tarde, dejando a Burger al frente de la misión, fue a la sede central del FBI en Washington. Allí, tras mostrarles los fajos de dinero que portaba,  fue interrogado por uno de los jefes del contraespionaje USA y le convenció de que era un agente alemán. Les contó lo ocurrido, con todo lujo de detalles y, además, delató a los demás, explicando también dónde se hallaban escondidos. El interrogatorio duró varios días y  sus declaraciones ocuparon 250 páginas.
Así que el FBI no tuvo ningún problema para atrapar a los miembros de los dos grupos. Precisamente, la captura de estos saboteadores le valió una condecoración a Hoover, fundador de esa agencia.
En un principio, iban a ser juzgados por un tribunal civil. Sin embargo, el presidente Roosevelt, quería unas condenas ejemplarizantes. Así que se optó por juzgarles ante un tribunal militar. De todas formas, no está muy claro que ellos fueran civiles o militares capturados en tiempo de guerra.
Otra versión dice que, si hubieran sido juzgados por un tribunal civil, como mucho, les hubieran impuesto una pena de dos años y unas multas de unos miles de dólares.
Sin embargo, al hacerlo por la vía militar, se aseguraban una condena mínima de 30 años y la posibilidad de la pena de muerte, que es lo que pretendía Hoover y logró convencer al presidente para que así se hiciera.
Esta decisión de que unos civiles fueran juzgados por la vía militar, en USA, se cree que fue un peligroso precedente para la orden que dio el presidente Bush hijo, en ese mismo sentido, tras el atentado de las Torres Gemelas, en 2001.
Tampoco hay que olvidar que, entre nuestros personajes,  dos de ellos eran ciudadanos USA y, legalmente,  tenían derecho a ser juzgados por un tribunal civil, pero ese “pequeño detalle” se lo saltaron a la torera.
Realmente, nunca había ocurrido esto, desde que los militares juzgaron a todos los civiles  implicados en el asesinato del presidente Lincoln.
Casualmente, el propio presidente Roosevelt, designó a los 7 generales, que presidieron el Consejo de Guerra, entre los cuales no había ningún jurista,  y a los abogados de los procesados. Estos últimos, que eran dos coroneles, hicieron lo imposible para que el juicio fuera desviado a un tribunal civil, pero no  les fueron admitidos sus recursos.

Curiosamente, uno de los fiscales era el Fiscal General  y ministro de Justicia de USA, Francis Biddle. Posteriormente, fue uno de los jueces que presidieron los famosos Juicios de Nüremberg.
A pesar de que Hoover  y Biddle pidieron una atenuación en las penas para Dasch y Burger, lo cierto es que todos fueron condenados a muerte, como quería el presidente.
Otra versión dice que Hoover estaba muy contento con la condecoración que le había sido otorgada y no quería que Dasch, que era muy locuaz, explicara que el FBI había detenido a los dos grupos gracias a su delación. Así que ordenó que lo encerraran en una celda en régimen de aislamiento, sin que se le permita  hablar  con los guardines y sin poder disponer de ningún objeto que le sirviera para escribir.
Sin embargo, estos dos agentes, tuvieron mucha suerte, porque, unos días después,  falleció el presidente y su sucesor, Truman, aceptó conmutar las penas de muerte de estos dos reos por las de 30 años. Así que fueron encerrados en un penal de Georgia.
Posteriormente, en 1948, aceptó otorgarles el indulto y ambos fueron deportados a la zona de Alemania, que estaba ocupada por los USA. No obstante, nunca les perdonaron oficialmente, como les habían prometido, por haber colaborado con la Justicia USA.
La verdad es que siempre les engañaron. Parece ser que en el FBI le dijeron a Dasch que lo juzgarían con los demás, para despistar a los alemanes y que, en un plazo máximo de 6 meses, lo pondrían en libertad con un indulto del presidente, pudiendo volver a residir en USA.
Los otros seis condenados no tuvieron la misma suerte. Todos ellos fueron ejecutados en agosto de 1942, por medio de la silla eléctrica. Sus cadáveres fueron enterrados en un cercano cementerio, bajo unas lápidas donde sólo se habían grabado unos números, sin ningún nombre que los identificara.
El caso de Dasch es muy llamativo. Realmente, no sabemos si fue un saboteador nazi o un agente al servicio de USA. Hay que recordar que, durante su larga estancia en esa nación, concretamente, 19 años, tuvo varios trabajos. Incluso, se alistó en el  Ejército USA y hasta se casó con una ciudadana de ese país. Curiosamente, también había servido en el Ejército alemán al final de la I Guerra Mundial.
Hay otra versión que dice que no regresó a Alemania para luchar a favor de su país, sino porque su madre estaba gravemente enferma. Así que intentó volverse cuanto antes a USA, porque no le gustó nada el régimen de Hitler, y así poder reunirse con su esposa.
Parece ser que lo que pretendía Dasch, al cooperar con el FBI, era salvar su vida y quedarse en USA, a fin de participar en emisiones de radio de propaganda contra el régimen de Hitler.
En el caso de Burger, era un mecánico que ya se había afiliado al Partido Nazi, antes de emigrar a USA. Allí trabajó en varios oficios y se nacionalizó USA. Incluso, se alistó en la Guardia Nacional, siendo destinado a Michigan y a Wisconsin.
Tras la Crisis de 1929, regresó a Alemania y al Partido Nazi, pasando a militar en las SA a las órdenes directas de Ernst Röhm.
Parece ser que escribió un artículo criticando los violentos procedimientos de la Gestapo y eso le valió su encierro en un campo de concentración. Precisamente, allí lo encontró la Abwehr y lo fichó para esta operación.
Posteriormente, también fueron procesados los familiares de los procesados, que aún vivían en USA. Varios de ellos fueron encarcelados, durante unos años, y luego deportados a Alemania.
También he leído en alguna parte que el material que les aportaron era de baja calidad y hasta muchos de los dólares que les entregaron ya no estaban en circulación desde 1933. Con lo cual, llamarían mucho la atención y les seguirían el rastro muy fácilmente.
Así que es posible que las verdaderas intenciones de Alemania no fueran enviar unos comandos para hacer unos cuantos actos de sabotaje, sino aterrorizar a la sociedad de ese país, haciéndoles pensar que habían enviado muchos comandos a ese país.
Incluso, se rumoreó que el propio Canaris había boicoteado esta operación y les había dado pistas a los aliados, sobre la misma.
Lo que está claro es que Alemania quería, de alguna manera, hacerles ver a los ciudadanos USA y a sus empresas, que no estaban a salvo en su país, aunque estuvieran fuera del
alcance de los bombarderos alemanes.
Lo cierto es que los dos saboteadores que sobrevivieron no recibieron una buena acogida en Alemania. Allí fueron calificados como unos traidores, que habían causado la muerte de sus compañeros.
Además, estropearon ese proyecto y, según parece,  Alemania no volvió a enviar más saboteadores al territorio USA. Sin embargo, es sabido que envió a muchos espías a México, país fronterizo con USA y, por entonces, con una frontera que se podía cruzar muy fácilmente.
Se sabe que Dasch pidió numerosas veces poder regresar a USA, pero todas ellas le fueron denegadas. Su vida no fue muy feliz en su país, pues no encontró ningún buen trabajo y, en cambio, tuvo que soportar continuamente amenazas de muerte. Murió en 1992 a la edad de 88 años y nunca le llegó el prometido perdón presidencial.
Su compañero, Burger, había muerto en 1975, a la edad de 69 años. Se rumoreó que, durante unos años, estuvo residiendo en España.