ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

miércoles, 21 de enero de 2015

EL GRAN MIEDO, PRELUDIO DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA



Aunque no lo parezca, la Economía y la política siempre han estado muy ligadas. Ciertamente, por mucho que un político quiera cumplir su programa, si no tiene unos recursos financieros adecuados, no podrá realizarlo. Otra forma de hacerlo es subiendo los impuestos y dejando aún más en la pobreza a sus administrados, con lo cual, corre el peligro de que lo echen cuanto antes.
Evidentemente, eso se puede hacer ahora, pues la democracia permite, mediante unas elecciones, cambiar de gobierno cada 4 años. Pero, como vamos a ver ahora, esto antes no era así y la gente tenía que rebelarse para que el gobernante se decidiera a irse.
El reinado de Luis XVI, que había empezado en 1774 se destacó por afrontar graves problemas económicos y por no saber luchar contra ellos. Tal vez más por la oposición de las clases altas, las cuales formaban el primer y el segundo Estado, más que por la falta de voluntad del rey, que estaba más por la labor de intentar arreglar esa situación.
La cosa es que él quería que el Estado continuara teniendo los mismos ingresos, pero que los impuestos se pagaran entre todos. Algo a  lo que no estaban dispuestos ni el clero ni los nobles.
Así, los súbditos del país vecino, entre las guerras frecuentes, el esfuerzo colonial y las malas cosechas, se iban arruinando cada vez más.
El año 1788 fue especialmente malo para el campo. Al principio, hubo una sequía muy importante para luego seguir con unas lluvias muy fuertes que provocaron inundaciones en muchas zonas. La cosecha fue la peor que se había visto en muchos años y tanto el hambre, como las enfermedades, se extendieron por todo el país.

No obstante, como la nobleza tenía que aparentar vivir en un lujo constante, los impuestos subieron y los campesinos llegaron a vivir en la miseria más absoluta, porque, además, tampoco pudieron pagar los arrendamientos a los nobles.
También les quitaron a los campesinos sus tierras comunales. Unos terrenos que, en los pueblos, siempre había considerado como propios y donde llevaban su ganado a pastar, recogían la leña para el fuego, etc.
El dinero de la venta de esos terrenos sirvió para enriquecer aún más a la clase dirigente, dejando aún más en la miseria a los campesinos.
En algunos sitios, como Grenoble, se produjeron disturbios en 1788, donde la multitud se enfrentó a una guarnición de Infantería de Marina, sita en esa ciudad. Entre los heridos se encontraba el futuro general Bernardotte, posteriormente, también rey de Suecia.
También el famoso escritor Henri Beyle, más conocido como Stendhal, nacido en Grenoble, narró estos hechos en su novela “La vida de Henri Brulard”.
A la vista de la situación económica, al rey no se le ocurrió otra cosa que convocar a los Estados Generales, que es como se llamaba allí a lo que nosotros conocemos como el Parlamento.
Evidentemente, el rey los convocó, después de muchos años sin hacerlo, para pedirles más pasta, con la esperanza de que nadie se le opusiera. La cosa se le puso muy cuesta arriba, porque llevaba muchos años gobernando sin tener en cuenta para nada las necesidades de su pueblo.
Incluso, para ganar popularidad ante sus súbditos, les
 permitió que le enviaran los llamados “Cuadernos de quejas”, donde la población expresaba sus necesidades y le pedían que eliminara una serie de tributos y privilegios feudales, para poder llevar una vida más digna.
Está claro que la gente, hasta ese momento, no echaba para nada la culpa de esa situación económica al rey, sino que culpaba a sus ministros de la misma. Esto también lo podemos ver con los inicios de la Revolución Inglesa, en el siglo XVII, que le costó, literalmente, la cabeza a Carlos I, y hasta con la Revolución Rusa, en pleno siglo XX.
Conviene no olvidar que, durante la Edad Media, a los reyes franceses se les reconocía la potestad de poder sanar a un enfermo con sólo tocarlo con sus manos. No sé si a esas alturas todavía se creyera mucha gente ese rollo, pero seguro que todavía algunos que se lo creyeran y vieran a sus reyes como a unos  semidioses.
Los campesinos quedaron entusiasmados con la medida tomada por el rey para que se aumentaran los miembros del Tercer Estado en los estados Generales, a fin de combatir el poder de los nobles, con los que también estaba enfrentado el monarca.
La precaria situación económica dio lugar a pequeñas revueltas muy localizadas a lo largo de toda Francia. Es posible que no fueran a más, porque, en esa época, las comunicaciones no estaban aún desarrolladas.
Es cierto que existían bandas de saqueadores, pero esto dio lugar a que los rumores magnificaran estos episodios y cundiera aún más el miedo por todas partes.
También se extendieron rumores de que los países vecinos se preparaban para atacar Francia y eso hizo que cundiera el pánico. Algunos autores afirman que, posiblemente, los autores de esos rumores fueron los mismos nobles, para infundir miedo sobre los campesinos, para que acudieran a postrarse ante ellos. No olvidemos que, teóricamente, los nobles se encargaban de defender al pueblo y por eso no pagaban impuestos.
Algunos autores franceses desarrollan la idea de un “complot aristocrático”, mediante el cual, los nobles, pagaron a una serie de esbirros para que se dedicaran a estropear algunos cultivos, a fin de que los campesinos no pudieran gozar de buenas cosechas y pasaran hambre. Así tendrían que pedir préstamos a los nobles y dependerían aún más de ellos.
También aumentó el miedo a nivel nacional ante la ausencia de noticias sobre la reunión de los Estados Generales que se estaba celebrando por entonces en París.
Al proclamarse la Asamblea Constituyente, se produjo un derrumbamiento del poder que llevaba gobernando Francia durante siglos. Parece ser que en muchos pueblos y ciudades se produjo la huida de nobles, magistrados y funcionarios de la Corona
y eso provocó una parcial ausencia de poder, que paralizó el país.
Este miedo se metió tanto dentro del sentimiento colectivo que una explosión fortuita de un polvorín en el castillo de Quincey, hizo pensar a la gente que había estallado la guerra.
Lo mismo ocurrió en un pueblo de la región de Champaña, donde la polvareda producida por un tradicional paso de ganado hizo cundir el pánico, al pensar que se trataba de la llegada de un ejército enemigo.
En otros sitios se hizo correr la voz de que la nobleza estaba acaparando todo el grano posible con fines especulativos, para hacer suculentos negocios por la escasez del mismo.
Esto dio lugar a que algunos grupos de campesinos asaltaran castillos y abadías, llevándose el grano allí almacenado y quemando los archivos donde estaban los documentos en los que figuraban los privilegios que tenían éstos sobre los campesinos. Así conseguían de una forma efectiva lo mismo que habían pedido en los Cuadernos de quejas.
Normalmente, la violencia iba dirigida hacia ciertos individuos, odiados por el pueblo, y no al conjunto de la nobleza.
En otros lugares, debido al miedo generalizado, los súbditos pidieron a los nobles  la organización de unas milicias y les dieron el mando de las mismas.
Todas estas revueltas hicieron temer en París un levantamiento generalizado del campesinado. Así que hizo que los diputados se apresuraran a aprobar la famosa Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, por la que se suprimieron los privilegios feudales y se estableció la
igualdad de todos los franceses ante la Ley y a la hora de pagar sus impuestos.
Como todo tiene su explicación o, por lo menos, de alguna manera hay que intentar buscarla, algunos autores han puesto sus ojos nada menos que en Islandia.
Actualmente, es de sobra conocido que la erupción de uno de los volcanes de esa isla puede trastocar las comunicaciones y el clima europeo.
Evidentemente, en aquella época no existían las comunicaciones aéreas, pero sí es cierto que la economía estaba más basada en el campo que ahora y dependían en exclusiva de que el  clima no sufriera grandes alteraciones.
Entre junio de 1783 y febrero de 1784 se produjo uno de estos fenómenos. En el volcán Grimsvötn apareció una gran fisura a la que se denominó como Laki, la cual dio lugar a un gran escape y produjo nada menos que 130 cráteres, provocando grandes emisiones de cenizas y gases sulfurosos a la atmósfera.
Estas cenizas estuvieron flotando en el cielo unos 8 meses, incidiendo notablemente en el clima, pues, según todos los testimonios, ese año no tuvieron verano y las temperaturas fueron las más frías de los últimos 400 años. Incluso, en muchos sitios, como el Reino Unido, se sabe que contaminaron el suelo agrícola, por  la caída continua de cenizas al suelo, durante varios meses. Algunos expertos dicen que expulsó más cenizas que el conocido volcán Pinatubo.
También, como no fue posible evacuar a la población de Islandia, ni supongo que se lo plantearan, se cree que murieron, a causa de las emanaciones de gas, entre el 20% y el 25% de la misma. Incluso, posteriormente, murió mucha más gente en toda Europa a causa del frío. Se calcula que, de ese modo, murieron unos 6.000.000 de personas.
Parece ser que la causa de la muerte de esta gente estaba en que, al respirar esas cenizas, que había por todas partes, éstas se mezclaban con el vapor de agua, que hay en el aparato respiratorio y eso les provocaba asfixia a las víctimas. No olvidemos que antes la mayoría de la gente trabajaba al aire libre.
Evidentemente, Islandia se llevó la peor parte. Allí murió mucha gente a causa del hambre producida por haberse envenenado las plantas con estas emanaciones y también el ganado, tras habérselas comido.
Desde entonces, todos los niños islandeses reciben formación en las escuelas sobre la erupción de sus volcanes y los peligros de la lava y de las emanaciones de los mismos.
Incluso, el hambre también afectó a Norteamérica, según los escritos que nos han llegado del famoso inventor Benjamín Franklin, el cual fue uno de los primeros que relacionó el hambre con este fenómeno natural.
Incluso, algunos investigadores han llegado a afirmar que este fenómeno
fue el causante de una gran sequía en el Valle del Nilo, que dio lugar a la muerte de miles de personas.
Es más, la ausencia de nubes en la zona de la India y zonas aledañas hizo que ese año las lluvias monzónicas fueran muy débiles, la cosecha muy escasa y la temperatura media aumentó 2ºC.
Hay algunos investigadores que se han aventurado a afirmar que estas erupciones, que duraron hasta finales de 1784, provocaron un cambio radical en el clima durante todo el final del siglo XVIII y mediados del XIX.
Es preciso recordar que este volcán sigue activo, pues en 1998 también nos “obsequió” con otra de sus erupciones. Menos mal que esta vez fue mucho más pequeña.
Con esto, más o menos, se ha visto claramente que un fenómeno natural puede cambiar la Historia de la Humanidad.

lunes, 19 de enero de 2015

LA SUBLEVACIÓN DE LA REGIÓN FRANCESA DE LA VENDÉE (1793-96)



Es muy posible que a la mayoría de vosotros este conflicto no os suene de nada. Eso es algo muy normal, porque los franceses han tenido siempre a bien esconderlo y, prácticamente, no hay documentación sobre el mismo.
Hoy en día se piensa que la causa de este y otros levantamientos que se dieron en esos años en Francia, vino porque la gente se había creado unas expectativas, con la llegada de la Revolución, que luego no se cumplieron. A esto se añadió la llegada de la pobreza por las malas cosechas y el consiguiente encarecimiento de todos los productos, el enriquecimiento de ciertos burgueses, la reforma contra el clero y  la leva masiva para acudir a las guerras. También se dio un odio feroz entre los campesinos y los habitantes de las ciudades a los que culpaban de acaparar todas las riquezas.
La mayoría de los bienes nacionalizados por la República fueron adquiridos por las élites urbanas. Así las rurales perdieron parte de su poder. También se creó el distrito, con lo que se perdió buena parte de la autonomía que tenían los pequeños municipios.
Las primeras rebeliones se dan entre los campesinos acomodados, los que son dependientes de las ciudades, los medieros agrícolas, etc. Empiezan con saqueos y venganzas contra conocidos revolucionarios de la zona. En un inicio, no se ven aún muchos monárquicos entre sus filas.
La situación antes de la Revolución es que más del 50% de las tierras pertenecen a los nobles. Un 20% corresponde a la burguesía. Alrededor del 30% es de los campesinos y sólo un 5% es de la Iglesia. Algo muy diferente al reparto de la propiedad rural en España, donde la Iglesia es propietaria de más de medio país.
La zona occidental de Francia acogió muy bien a la Revolución, pues estaban hartos de la explotación de los señores feudales que aún quedaban en ella. Eso se puede ver en los llamados “cuadernos de quejas”, que llevaban algunas regiones a la Asamblea Nacional.
De hecho, la Vendée es uno de los departamentos que manda más diputados jacobinos, o sea, radicales  a la Asamblea.
A finales de 1790 el rey firmó la llamada “Constitución civil del clero”, por la cual los sacerdotes pasaron a ser unos funcionarios más del Estado y tenían que jurar la Constitución. Hubo muchos que se negaron, los cuales serían llamados refractarios.
Esto hizo que sus feligreses se dividieran y optaran por unos sacerdotes u otros. Evidentemente, desde Roma se intentó que los feligreses utilizaran a los refractarios, diciéndoles que, de otro modo, se ponía en peligro nada menos que su salvación eterna. Así, la inmensa mayoría de los ciudadanos de esta zona acudieron a los refractarios.
No obstante, en 1791, la Asamblea pone en marcha un decreto de libertad religiosa, para atraerse a estos refractarios, pero no quedan contentos con ello y las posiciones comienzan a radicalizarse.
Ese mismo año, en esa región, la intervención de las fuerzas del orden, intentando aplacar un incidente, provoca la muerte de varias personas, aunque la cosa se quedó ahí.
Así, a finales de 1791 y mediados de 1792, la Asamblea dicta dos decretos para reprimir al clero refractario, impidiéndoles que puedan realizar la misa. También prevé la expulsión del territorio francés de todo cura refractario, que haya sido denunciado por varios ciudadanos.
Bueno, en esto, los revolucionarios siguieron la tradición monárquica francesa de nacionalizar, más o menos, su Iglesia para que obedeciera ciegamente al monarca de turno.
A mediados de 1792 se ordena la supresión total de todas las congregaciones religiosas, pues ven al Papa como a un enemigo de la Revolución. De hecho, Pío VI, escribió la encíclica “Quod aliquandum”, oponiéndose a la Constitución civil del clero. Más tarde, escribió la encíclica “Caritas quae”, donde suspendía a divinis a todos los sacerdotes que hubieran jurado esa Constitución. Más o menos la mitad del clero. Así que muchos clérigos tuvieron que esconderse para no ir a la cárcel o ser deportados a las colonias de ultramar.
Hubo muchas rebeliones en distintas regiones, dado el ambiente de descontento generalizado que se respiraba por todo el país.
Los últimos monárquicos y nobles que quedaban en Francia no encabezaron, en un principio, esas rebeliones, sino más tarde, cuando ya estuvieron más implantadas, para darles una ideología monárquica y religiosa.
En septiembre de 1792 fueron ejecutados un millar de presos monárquicos para intentar parar esos intentos de rebelión. También se produjeron masacres donde murieron unos 200 clérigos.
No olvidemos que en esa zona estaba muy extendida la fe católica y el rezo al corazón de Jesús, tras la predicación de San Luis María de Montfort. Algo que todavía podemos apreciar en el escudo de esta región, que es el mismo que llevaron los rebeldes.
Aparte de eso, la incautación, por parte de la Convención, de los bienes de la Iglesia,
hizo que muchos de esos bienes, que se dedicaban a ayudar a los pobres, fueran adquiridos por especuladores burgueses.
Mientras, los republicanos no hacen un frente común, pues se hallan divididos entre los girondinos y los llamados de la Montaña, los cuales se acusan mutuamente de favorecer a los enemigos de la Revolución.
El levantamiento comenzó en marzo de 1793, cuando unos jóvenes que fueron llamados por la leva para ir al frente, se sublevaron y lucharon contra la Guardia Nacional. También se dice que persiguieron a algunos curas que apoyaban a la Revolución. Se calcula que hubo varios cientos de muertos, entre los asesinados por uno u otro bando. Las fuentes no se ponen de acuerdo sobre este punto.
Un grupo de rebeldes se aproximó a Nantes, pero no se atrevieron a atacarla. Sólo les enviaron un documento donde se enumeraban sus peticiones. Entre ellas, la interrupción de la leva, la necesidad del consentimiento popular para aprobar los impuestos, el final de las requisas, la libertad de culto, la libertad de pensamiento, de escritura, etc.
Al sur del Loira, los rebeldes toman ventaja y forman el ejército católico y real, el cual derrota en marzo de 1793 a las tropas republicanas en Cholet. Esto hace que muchos se apunten a la rebelión y se inicie una auténtica guerra civil. En sólo 5 días, los rebeldes,  ocuparon buena parte de ese territorio.
A partir de ese momento comienzan a llegar los nobles, como el marqués de Bomchamps, que llega a un pueblo donde se han rebelado unos centenares de jóvenes para no obedecer la orden de leva. Los organiza y empiezan a conquistar los pueblos de alrededor, defendidos por algunos guardias nacionales.
Al sur del Loira logran vencer los rebeldes. En cambio, al norte del mismo río, sus partidas son derrotadas y muchos de sus líderes, guillotinados.
La diferencia entre esta revuelta y las de otros lugares está, principalmente, en que en otros sitios, los nobles, sólo buscaban la recuperación de sus tierras, pagando por ello a un grupo de combatientes. Por ello, solían ser vencidos con facilidad por las tropas republicanas.
Unos días después, los rebeldes vendeanos se reúnen en Chemillé para organizar un ejército más adecuado para una guerra. Se les unen antiguos oficiales reales, como Charette, D’Elbée, Lescure y la Rochejacquelein. Ellos irán encauzando estas rebeldías populares en beneficio de los monárquicos y la Iglesia.
Uno de sus soportes es el artículo 35 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, publicada en 1793, que dice lo siguiente: “Cuando el Gobierno viola los derechos del pueblo, pro el pueblo y para cada parte del pueblo, la insurrección es el más sagrado de todos los derechos y el más indispensable de los deberes”.
El objetivo ahora está en ocupar Chalonnes-sur-Loire, para dirigirse luego a la capital, sita en Angers.
Contra todo pronóstico, el Ayuntamiento de la ciudad se rinde a los rebeldes y a los guardias nacionales no les queda otra que retirarse a Angers.
Cuando se preparaban allí para hacerles frente, se enteraron de que muchos de los rebeldes, como no querían ser militares, habían regresado a sus casas.
Los republicanos intentaron sacar provecho, pero fueron vencidos de nuevo y huyeron a La Rochelle.
El ejército rebelde está mal pertrechado, pues sólo una parte de ellos tiene un fusil propio y suelen obtenerlos de lo que les dejan abandonados la Guardia Nacional en su huida.
No obstante, les van llegando soldados desertores de la Guardia nacional y algunos nobles, los cuales empiezan a organizar una infantería y caballería adecuadas para el combate.
Se dividen en 3 ejércitos y suelen estar apoyados por los campesinos de la región,
los cuales les suministran las vituallas. Parece ser que utilizaron los molinos de la zona, para indicar, según la posición de las aspas, sobre los movimientos de las tropas republicanas. Por eso, estas tropas, cuando conocieron este ardid, se dedicaron a destruir todos los molinos que tuvieron a su alcance.
A pesar de que en un principio consiguieron ciertas victorias, esta gente no se veía como militares y muchos volvieron a sus campos. Sin embargo, los líderes, para que no se fueran, nombraron a un plebeyo, Cathelinau, como comandante en jefe de la rebelión.
A finales de junio se produjo la primera derrota de la Vendée, pues sus tropas fracasaron al  intentar tomar Nantes,  la mayor ciudad de la zona. Seguramente se produjo a causa de la muerte de Cathelineau, alcanzado por una  bala perdida, lo cual dio lugar a la huida de muchos de sus  combatientes.
A mediados de 1793, Robespierre, encargó la organización de un ejército para combatir en esa zona al general Biron. Éste fracasó estrepitosamente, por lo que fue llamado a París, juzgado y guillotinado. Eso mismo ya le había ocurrido anteriormente al general Marcé.
Hay que decir que en  esa zona llamada el “Bocage” es muy fácil realizar emboscadas por existir muchas fincas sep
aradas mediante setos y también existen muchos bosques. En esta misma zona, también sufrieron frecuentes emboscadas las tropas aliadas durante la II GM, lo cual ralentizó su marcha.
En Luçon sufrieron los vendeanos su segunda derrota, pues éste era un gran centro de logística de los republicanos y no consiguieron conquistarlo.
A finales de ese año, los vendeanos, cuando ya tenían un ejército de unos 35.000 hombres,  recibieron la noticia de que el Reino Unido les iba a apoyar, por lo que decidieron conquistar algún puerto importante para dar facilidades al desembarco de las tropas británicas.
Tras la victoria del general republicano Kleber en Maguncia se le trasladó, junto con sus tropas a la guerra de la Vendée. Entre esas tropas estaba el general Alexandre Dumas, padre y abuelo de los famosos escritores, el cual hizo llegar un informe brutal al Comité de Seguridad Pública, sobre las condiciones en que se hallaba el Ejército republicano y su obsesión por destruirlo y saquearlo todo, sin hacer caso a las órdenes de sus mandos.
En sus memorias dice que los vendeanos, aunque, en un principio, se rebelaron por motivos monárquicos y religiosos, ahora lo hacen por haber sufrido la violencia de las tropas republicanas, para defender sus hogares y sus familias.
En octubre, el general vendeano Rochejacquelin, ordenó a sus tropas, unos 30.000 soldados y otros 100.000 civiles,  cruzar el Loira. Sería el principio del fin, lo que se conoció más tarde como el “Giro de la Galerna”.
No obstante, el ejército republicano, siguiendo las instrucciones de la Convención, tras expulsar a los vendeanos de Fougéres, el 03/11, incendiaron por completo esa ciudad y mataron a todos sus habitantes.
El ejército vendeano fue hasta Granville, para procurar un puerto seguro para el desembarco de las prometidas tropas británicas. Aguantaron todo lo posible, pero estas no llegaron. Así que tuvieron que replegarse, pues los republicanos incendiaron esa ciudad.
 Kleber,  tras estudiar detenidamente al enemigo, consiguió vencerles  en Le Mans  y en Savenay.
Estaba claro que los vendeanos iban a ir hacia Le Mans, pues buscaban cruzar el Loira de vuelta cuanto antes y necesitaban para ello las provisiones almacenadas por los republicanos en esa ciudad.
Previamente, Kleber, les había parado los pies en Cholet. Una batalla que quedó en tablas, pero donde murió el gran líder Bonchamps, el cual, antes de morir, hizo prometer a sus hombres que no matarían a los 5.000 prisioneros republicanos que habían capturado.
Ante la acumulación de victorias, por parte del bando rebelde, los republicanos aplicaron una política demasiado cruel, que algunos autores han calificado como del primer genocidio de la Historia Moderna.
Incluso, algunos indican que pudo ser un precedente para la llamada “Solución final”, inventada por los líderes nazis de las SS, durante la II Guerra Mundial. Se calcula que los republicanos asesinaron de esta manera a unos 117.000 vendeanos. Todavía, hoy en día, se recuerdan estas matanzas en la región. Mataron a todos tanto a los que fueron rebeldes como a los que no se rebelaron, como ocurrió en la Edad Media con la Cruzada contra los Cátaros.
Precisamente, las masacres generalizadas comenzaron en Le Mans, donde el general Westermann ordenó la muerte de miles de  vendeanos que no pudieron cruzar el Loira ni allí ni en Laval, por falta de barcos. Confesó que no le quedaba ningún prisionero, pues había matado hasta a las mujeres y a los niños, poniéndolos bajo los casos de sus caballos. Menos mal que este “carnicero” fue ejecutado al año siguiente, tras haber sido juzgado, junto con otros amigos de Danton.
En la actualidad, ha ocurrido en varias ocasiones, que,  al realizar obras para excavar el terreno a fin de construir los cimientos de algunos edificios, se han hallado fosas con cientos de cadáveres procedentes de esa brutal represión.
Concretamente, tras la batalla de Savenay, donde se habían refugiado los vendeanos que no pudieron cruzar el Loira, se cree que de unos 12.000, sólo 2.500 pudieron huir. Los demás fueron encerrados en iglesias y luego asesinados por las tropas republicanas. ¿No os recuerda este episodio a otros ocurridos en Francia durante la II GM?
El mismo Kleber (más tarde, héroe en la guerra de Egipto) abogó en favor de los vendeanos, pidiendo clemencia para ellos. Sin embargo, fue cesado de su cargo y enviado a otro de los  frentes.
La Convención no fue ajena a estos desastres. En lugar de parar a sus tropas, se dedicó a echar más leña al fuego. En agosto de 1793 se aprobó una ley para incendiar todos los bosques de esa zona, a fin de que los rebeldes no se pudieran ocultar en ellos y a la vez, confiscar todos sus bienes.
En octubre del mismo año se firmó otro decreto donde se ordenó asesinar a todos los habitantes de la zona, incluso mujeres y niños. Según dijeron, “para que no existieran más bandidos en el futuro”. También dijeron: “Hay que sembrar todo el caos que puedan soportar”.
Además,  envió a la zona a uno de sus esbirros, Jean Baptiste Carrier, el cual organizó la forma de exterminio de los vendeanos. Incluso, le cambiaron el nombre a la región por el de Vengeance (venganza).
Se dedicó a matar a todo el que cayó en sus manos. Se le calcula un promedio de 200 ejecuciones diarias.
Como no tenía suficientes municiones para todos, se decidió por una forma aún más brutal, los llamados “noyades”.
Esto consistía en cargar un montón de prisioneros en una barca y lanzarlos al Loira atados de pies y manos. Los que conseguían flotar eran asesinados por los guardias, desde la barca, mediante lanzas.
Otras veces llenaban los barcos de gente y luego les abrían las compuertas, para que se hundieran. También asesinaban a los supervivientes mediante lanzas.
Según los autores, las cifras de muertos, por este terrible método,  difieren entere 3.000 y 4.500. Incluso, los guardias, confesaron que habían matado a muchos niños atados a sus madres.
Como no estaban contentos con los resultados obtenidos, porque, por lo que se ve, tenían mucha prisa por exterminar a la población, probaron con otros métodos, como el llenar botellas de aguardiente con arsénico.
También utilizaron la llamada “fumigación”, o sea, encerrar a muchos presos en una celda cerrada y echar dentro vapores de arsénico. ¿A alguien le suena esto de algo?
Otro militar republicano que se destacó por este comportamiento criminal fue el general Luis María Turreau. Se dedicó a la represión en otra zona y dio las órdenes oportunas para que todos los que llevaran armas en la mano o fueran sospechosos de apoyar a los vendeanos fueran pasados por las armas de inmediato. Incluidas mujeres y niños. Además, todos los pueblos donde se hallasen estas gentes serían quemados, incluidos los hospitales con los sanitarios y los heridos dentro. Estos métodos los realizará a través de las llamadas “columnas infernales",
las cuales fueron muy conocidas en ese momento.
Algunos testigos republicanos dijeron más tarde que habían fabricado ropas con la piel humana de esos condenados. En algunos escritos dan detalles acerca de cómo era el método para desollarlos. A mí, esto también me suena de algo.
También se dijo que, al quemar los cadáveres, habían aprovechado su grasa y la habían almacenado en toneles para iluminar los hospitales.
Por otra parte, algunos autores afirman que se envenenaron las aguas que abastecían a algunos pueblos e, incluso, que algunos fueron arrojados a los hornos de pan. ¿De qué me suena esto?
La represión aflojó tras la ejecución de Robespierre, a mediados de 1794, pero no paró hasta finales de ese año, cuando se anularon los decretos del Comité de Seguridad Pública, el cual fue abolido a principios de 1795.
La Convención cambió de postura y encargó las conversaciones para pacificar ese territorio al general Lazare Hoche. Las primeras medidas adoptadas fueron una amnistía general para todos los presos vendeanos que continuaran en las cárceles y la retirada de buena parte del ejército republicano.
El 17/02/1795 se firmó el tratado de Jaunaye, por el que se garantizó la libertad de religión, aunque no se abolió la Constitución civil del clero. Se indemnizó a los que lo hubieran perdido todo y se les permitió ingresar, si lo deseaban, en la Guardia Nacional republicana.
En su máximo apogeo, los vendeanos llegaron a dominar un espacio de unos 10.000 KM2, incluyendo las ciudades de Angers y Saumur.
Crearon un órgano de gobierno, llamado el Gran Consejo de Châtillon, formado por D’Elbée, el abate Bernier y presidido por el obispo de Agra. Decían actuar en nombre de Luis XVII y pusieron su sede en Belleville.
Eligieron a sus oficiales mediante el sufragio universal a mano alzada, algo que el mismo Napoleón elogiaría años después.
Se organizó a la población para que los que no pudieran combatir se dedicaran a trabajar en el campo. Dentro de los combatientes, hubo un grupo que se quedó de guarnición en las ciudades importantes y otro, más numeroso, que pasó a engrosar el Ejército católico y real de la Vendée.
También organizaron una incipiente sanidad militar, pro al que los herid
os eran atendidos por los médicos en el campo de batalla. Más tarde, eran evacuados a un hospital situado en un antiguo convento, donde trataban por igual a lo combatientes de ambos bandos.
Sus comandantes en jefe fueron el cochero Cathelineau, que murió en el fracasado asalto a Nantes, seguido por el militar D’Elbée, el conde Bonchamps, el conde la Rochejacquelien y el oficial Fleuriot de la Fleuriaris.
Para estudiar este fenómeno se ha dividido en 4 guerras diferentes, las cuales transcurrieron entre 1793 y 1815. Al final de la misma y, cuando ya estaba derrotado Napoleón,
Luis XVIII, condecoró a los principales líderes vendeanos.
Evidentemente, la principal guerra fue la primera, pero luego se sucedieron otras al no respetar los republicanos los términos del acuerdo de paz. Además, tras la muerte de Luis XVII, los futuros reyes Luis XVIII y Carlos X, apoyaron nuevas rebeliones monárquicas en la zona, con objeto de instaurarlos en el trono. También trajeron a muchos monárquicos exiliados en el Reino Unido para luchar en sus filas.
Esta vez fueron vencidos con más facilidad por el general Hoche, a causa de las discusiones entre los mandos vendeanos y sus aliados llegados del Reino Unido. No obstante, los republicanos, volvieron a ejercer la represión contra los rebeldes que no pudieron embarcar hacia las costas inglesas.
En julio 1796, tras las ejecuciones de los principales líderes vendeanos, el Directorio, declaró que la rebelión en esa zona había sido vencida.
No obstante, en 1799 comenzó otra rebelión, financiada desde Inglaterra por Luis XVIII y sus amigos, para intentar llegar al trono francés. Esta vez, Napoleón, tuvo más vista y firmó un tratado en Pouance, parecido al primero, pero que tuvo buen cuidado de cumplir a rajatabla.
Aparte de ello, con objeto de pacificar estas zonas, el emperador firmó en 1801 un Concordato con la Santa Sede, donde le devolvía a la Iglesia una serie de derechos que le habían quitado. También pagará indemnizaciones a los habitantes de la Vendée y de las regiones fronterizas
con ella. Incluso, utilizó al abate vendeano Bernier para realizar las conversaciones diplomáticas con el Vaticano.
La última de las guerras se dio en 1815, justo antes del fracaso de Napoleón en Waterloo. El nuevo jefe de las tropas fue Louis de Rochejacquelein, hermano menor del otro general del mismo apellido. Se levantaron para apoyar a Luis XVIII a recuperar el trono. El armisticio fue firmado el 24/06/1815, justo 6 días después de la derrota de Napoleón en Waterloo.
Todavía, hoy en día, es muy difícil, saber con certeza cuántas fueron las víctimas de esas guerras. En un principio, el general Lazare Hoche calculó unos 380.000 muertos, aunque luego el ministerio
 del Interior de la República informó que, entre los dos bandos, podría haber unas 600.000 víctimas.
En 1986, Reynald Secher, estudió, en su tesis doctoral,  los archivos parroquiales y demostró que en ese período desparecieron 117.257 personas, de un total de 815.029 y la quinta parte de los edificios de la región.
Precisamente, Secher, utilizó como una de sus fuentes en libro del famoso periodista del XIX, François Babeuf, también llamado “Graco”, en el que hablaba prolijamente sobre este suceso. Evidentemente, no encontró este libro en Francia, pues la Convención había ordenado la destrucción de todos los  ejemplares.
Como este periodista es hoy considerado como el primer comunista de la Historia, el investigador pudo encontrar su obra en alguna biblioteca de la antigua URSS.
Ha quedado demostrado que este tema aún escuece a muchos en Francia, pues, como Secher quiso leer y publicar el contenido de sus tesis el año anterior a la celebración del bicentenario de la Revolución Francesa, tuvo que soportar muchas amenazas, el robo de las copias de su tesis y la prohibición de poder enseñar en centros públicos, aparte de su expulsión de la Universidad. Por lo que pasó 2 años en paro, antes de que le pudieran contratar en centros privados.   En otra publicación más reciente, analiza el trato dado a los vendeanos y ve analogías con el que les dieron a los judíos en la II GM.
En los estudios elaborados en pleno siglo XXI, se ha llegado  la conclusión de que las víctimas podrían haber sido unas 170.000 muertos, pero es algo poco fiable ante la ausencia de fuentes de confianza, ya que los archivos fueron “cuidadosamente” quemados por orden del Gobierno francés.
En febrero de 2007 se presentó en la Asamblea Nacional de Francia un proyecto de ley de reconocimiento del genocidio realizado en la Vendée, basado en la aportación del investigador Secher. 
No tengo noticias de que haya prosperado, porque este supuesto de genocidio no coincide plenamente con el definido en el vigente Código penal francés.
En fin, espero que os haya gustado, aunque confieso que me ha quedado un poco largo, pero no lo he podido acortar más.
Tampoco he querido dar más detalles acerca de los métodos que utilizaron los asesinos para llevar a cabo sus fechorías, porque me ha parecido de mal gusto.

domingo, 18 de enero de 2015

LA GUERRA ENTRE FRANCIA Y EL REINO UNIDO DURANTE LA II GM



A lo mejor, alguno habrá pensado que me he tomado una copa de más, antes de escribir el título de este artículo, pero no es así, porque no suelo  beber alcohol.
A estas alturas, todo el mundo tiene muy asumido que Francia y el Reino Unido fueron aliadas durante ese conflicto y se llevaron siempre muy bien. Bueno, eso, por una parte es cierto, pero no del todo.
Tras la I GM, Francia, se fue rearmando, de una forma más pausada, claro está, pero nunca dejó de tener unas fuerzas armadas preparadas. De hecho, quitando el de la URSS, tenían
el ejército más grande de Europa y también más tanques que Alemania.
En 1922, se firmó el Tratado Naval de Washington, por el que las grandes potencias navales del momento se comprometieron a no provocar una nueva carrera de armamentos.
Así que, a cada uno de los firmantes, les permitieron construir un determinado cupo de nuevos barcos de guerra.
Algunos países no firmaron ese Tratado por razones evidentes. Tras el Tratado de Versallles, firmado en 1919, se le prohibió a Alemania que tuviese una Armada propia. El Imperio Austro-Húngaro ya no existía y, además, Austria perdió toda su costa, con lo que ya no necesitaba una Armada. Así que los barcos imperiales fueron regalados a Italia y al reino de Yugoslavia.
Esta vez, en 1922, suscribieron ese tratado el Imperio Británico, USA, Francia, el reino de Italia y el Imperio del Japón. A la nueva URSS ni la invitaron a los debates.
Concretamente, a los británicos les permitieron tener 22 acorazados 
por un total de 580.000 Tm y a los franceses, 10 por un total de 221.000 Tm.
Es curioso, porque, como se definieron las magnitudes de los acorazados y algunos países tenían varios que superaban ese largo, los convirtieron en portaviones antes que destruirlos.
Ya en 1930, se renovó ese tratado y se concretó más el alcance y el calibre de la artillería naval.
En 1934, Japón, anunció que no renovaría el tratado en la fecha prevista de 1936. Argumentó que, aun siendo la 3º flota del mundo, no le dejaban avanzar al mismo ritmo de construcción naval que los USA o los británicos, aunque ellos se hallaban, por entonces, en guerra contra China.
Francia, aunque poseía la 4ª Armada del mundo, tenía cierto temor a su vecina Italia, que estaba situada en el puesto siguiente. Así que construyó más naves de las permitidas en el tratado y fue sancionada por ello.
El Gobierno francés optó por construir pocos barcos, pero de un tonelaje superior a lo acostumbrado, como el caso de sus súper destructores.
También desarrollaron una muy importante flota de submarinos. Así que, es conveniente observar la cantidad de material naval que poseía Francia en vísperas de la II GM.
Disponían de 3 acorazados modernos, 5 antiguos, 1 portaviones, 1 porta hidroaviones, 10 cruceros pesados, 10 ligeros, 32 grandes destructores, 38 destructores, 80 submarinos y 65 barcos de escolta.
Al inicio de la II GM, Francia participó, dentro del bando aliado,  con su Armada luchando en varios frentes, como el noruego, la evacuación de Dunkerque y un poco en el Mediterráneo
Tras la invasión del territorio francés y la rendición por parte del Gobierno de Pétain, en junio de 1940, la Armada francesa se retiró a sus bases.
Los británicos empezaron a desconfiar de los franceses, aunque firmaran tratados con el Gobierno de la llamada Francia libre en el exilio. No obstante, hay que recordar que Francia y el Reino Unido habían firmado un compromiso, en marzo de 1940, para que ninguno de los dos firmara unilateralmente la paz con Alemania.
Temían que los barcos de la Armada francesa pasaran a manos de los alemanes, como había ocurrido ya, en otros casos, en los países invadidos por éstos.
Las tripulaciones de los barcos franceses que se encontraban amarrados en puertos controlados por los británicos o sus aliados fueron convencidas para que se unieran a las fuerzas armadas de la Francia Libre, lideradas por el general De Gaulle.
No obstante, la mayoría de la flota francesa se hallaba atracada en los puertos de Mer-el-Kebir o Mazalquivir (Argelia) y en Dakar (Senegal).
El mismo Churchill propuso a los franceses aceptar que se rindieran unilateralmente a los alemanes, si antes entregaban su flota a los británicos, pero se negaron a ello.
Lo único positivo fue que en las cláusulas del armisticio figuraban que los barcos de la Armada francesa, con sus tripulaciones, se quedarían atracados en puertos controlados por los alemanes o los italianos y no podrían ser utilizados por el Eje.

Como fracasaron los intentos británicos para convencer a las tripulaciones de esas flotas, sin lograr que se pasaran a su bando, optaron por destruir esas naves.
Como ya he dicho anteriormente, tras la rendición, el grueso de la flota francesa se hallaba en Mazalquivir, en el Golfo de Orán, esperando instrucciones de su Gobierno.
Mientras tanto, los británicos, se movieron muy rápidamente, pusieron en marcha una flota, llamada Fuerza H, que se hallaba en Gibraltar y le dieron la orden de destruir la flota francesa.
No obstante, la Operación Catapulta, que era su nombre clave era ciertamente compleja. Los marinos británicos,  aparte de tener que disparar contra sus antiguos aliados,  sabían que era complicada por tener los franceses, en ese puerto, mejores unidades navales que las suyas.
El 3 de julio se presentó la flota británica ante el puerto de Mazalquivir. El almirante Somerville, al mando de esa flota, tuvo el detalle de enviar a uno de sus oficiales antes a parlamentar con el almirante Gensoul, jefe de la flota francesa.
Aunque ambos ya se conocían, pues el oficial británico, Cedric Holland, había sido un antiguo agregado naval en la embajada británica en París, el almirante francés se negó a recibirlo, alegando que tenía un grado militar excesivamente bajo para parlamentar con él. En su lugar, mandó a un joven oficial francés amigo de Holland.
A su regreso, el oficial francés, explicó a sus superiores que
Holland portaba un sobre que sólo podría entregar directamente a Gensoul.
Volvieron a mandarlo al barco británico y consiguió que le dieran la carta. En ella, los británicos, les daban un ultimátum para rendirse, el cual acabaría dentro de 6 horas.
No obstante, también les daban varias opciones: unirse a los británicos o a los franceses libres, zarpar hacia USA o las Antillas francesas para ser desarmados, hundir ellos mismos sus naves, desarmar los barcos y repatriar las tripulaciones a Francia o, por último, combatir las dos flotas.
Gensoul comunicó estas alternativas a sus superiores, aunque no informó sobre la de ir a las Antillas, donde su Gobernador se mostraba favorable a Pétain.
Hacia las 10 de la mañana, el almirante francés comunicó a los británicos que rechazaba el ultimátum y ordenó a sus hombres zafarrancho de combate.
A mediodía, el almirante británico informó a los franceses que otra escuadra francesa, que se hallaba anclada en el puerto de Alejandría, había aceptado las condiciones británicas, para desarmarlos y dejar sus barcos anclados en ese puerto.
Hacia las 17.00 horas, el Almirantazgo francés contestó a Gensoul, informándole que había enviado para apoyarle a los barcos atracados en los puertos de Toulon y Argel.
 Gensoul, esta vez aceptó recibir a Holland y a otro oficial, seguramente para ganar tiempo, y aceptó la propuesta de desarmar sus barcos.
Holland comunicó esta noticia a Somerville y éste le ordenó volver a su flota. La razón estaba en que los británicos habían conseguido interceptar la comunicación francesa que hablaba de enviarles refuerzos, así que recibieron directamente desde Londres la orden de atacarles.
Unos minutos antes de las 18.00 horas comenzó el combate. Los barcos franceses estaban en desventaja, pues tenían la mayoría de sus cañones emplazados en la proa y ésta la tenían mirando hacia tierra.
En un intento desesperado, Gensoul ordenó a sus naves que salieran del puerto, pero no pudieron hacerlo, así que estuvieron a merced de la artillería británica.
A las 18.15 ya se ordenó el alto el fuego. Sólo el crucero Strasbourg consiguió maniobrar y salir del puerto. También  el porta hidroaviones Teste consiguió salir sin daños de ese combate.
Al día siguiente, los aviones británicos remataron la faena, hundiendo a varios barcos franceses,  que habían sufrido graves daños en el ataque.
Para ser un combate que duró tan poco tiempo, los daños franceses fueron cuantiosos. Murieron 1.300 hombres, de ellos, 250 eran oficiales.
No se conocen las cifras de las bajas británicas, pero sí se sabe que perdieron 4 aviones y 2 torpederos.
Obviamente, el resultado de esta operación no gustó nada en Francia. Por una parte, la gente preguntaba al Gobierno de Vichy, qué había ocurrido. Por otra, increíblemente, el mismo De Gaulle, justificó esta operación, alegando que así el enemigo no podría usar esas naves.
En Vichy quedaron muy afectados por esta derrota. Incluso, pensaron en declararle abiertamente la guerra al Reino Unido, aparte de romper las relaciones diplomáticas entre ambos países.
Incluso, el Gobierno de Vichy, abolió la III República con objeto de crear un nuevo Estado de corte totalitario. Esta agresión hizo que muchos marinos apoyaran al Gobierno de Vichy.
Asimismo, como los alemanes y los italianos observaron que los marinos franceses apoyaban al gobierno colaboracionista, se lo pensaron mejor y no tocaron a la Armada francesa. Seguramente, por si la tenían que usar más adelante, con todos sus efectivos.
Como los británicos habían conseguido vencer a la flota francesa en Argelia, seguramente, ya se creían el dios Neptuno, por lo menos y esta vez se fueron a buscar otra flota francesa a Dakar, en Senegal.
De Gaulle sugirió ese ataque, no sólo para intentar convencerlos de que se pasaran a sus filas, sino también porque en ese puerto africano se hallaban almacenadas las reservas de oro del Banco de Francia y del Gobierno polaco en el exilio. Aparte de que ese puerto era mucho mejor para utilizarlo como base de los aliados en África occidental que el puerto de Freetown en Sierra Leona, que era el que solían utilizar en ese momento.
Bueno, pues para allá nos vamos. En este caso, los británicos, aparte de enviar una flota, también enviaron varios barcos donde transportaron 8.000 soldados. Las órdenes fueron parlamentar con el gobernador de esa plaza nombrado por Vichy y, si no aceptaba rendirse, atacar inmediatamente y tomar esa ciudad.
Hay que decir que  la flota aliada estaba compuesta por barcos de distintos lugares, como varios de la Francia libre, de Australia y hasta de Holanda y Polonia. Aparte de los británicos, claro.
El 23/09, la aviación naval lazó miles de panfletos sobre esa colonia. También algunos aviones de la Francia libre hicieron lo mismo y luego aterrizaron en el aeropuerto, siendo sus tripulaciones apresadas inmediatamente. También algunas naves de la Francia libre intentaron entrar en el puerto, pero fueron recibidas con disparos y tuvieron que retroceder.
El Australia se colocó frente a la bocana del puerto e impidió la salida de algunos barcos franceses fieles a Vichy. Luego, las baterías costeras dispararon contra el Australia.
Por la tarde se intentó un  desembarco francés en la playa, pero fueron recibidos con fuego de artillería y De Gaulle les ordenó la retirada.
Durante los días siguientes, la flota aliada siguió castigando las defensas costeras y consiguieron hundir algunos barcos y submarinos de Vichy. Dándose la circunstancia de combatir unos navíos franceses contra otros, representando bandos diferentes.
El combate de Dakar no tuvo el resultado esperado por los aliados. Además, las fuerzas aéreas de Vichy aprovecharon la ausencia de la flota británica en Gibraltar para bombardearla a placer, produciendo graves daños.
El decidido ataque francés a Gibraltar hizo que Hitler se reuniera por separado con Pétain y con Franco, con el objetivo de preparar una alianza, que diera lugar a un segundo frente contra los británicos en el Mediterráneo.
A mediados de octubre del mismo año, De Gaulle y sus aliados lo intentaron de nuevo. Esta vez fueron hasta la colonia francesa de Gabón. Intentaban hacerse con ella para lanzar desde ahí una serie de ataques contra la colonia italiana de Libia.
A primeros de noviembre, consiguieron la capitulación de las fuerzas francesas de Vichy, en un ataque combinado entre fuerzas navales y terrestres, al mando de los famosos generales Koening y Leclerc.
No obstante, aquí también tuvieron que enfrentarse navíos franceses pertenecientes a los dos bandos. Incluso, movilizaron a muchos colonos franceses de Gabón para combatir contra la fuerzas de De Gaulle.
Al final, el gobernador Massón se suicidó, a causa de la victoria de las fuerzas alaidas. De Gaulle tampoco pudo convencer a esas fuerzas de Vichy, para que se sumaran a su bando, y tuvo que encerrarlos a todos en un campo de concentración, incluido el jefe de la guarnición, el general Tetu.
En mayo de 1942, tanto los aliados como el Eje, pensaron que sería una buena idea tener unas bases en Madagascar. Los japoneses habían puesto su mirada en esta isla, porque le vendría muy bien tener un apoyo logístico cercano, ya que, debido a sus continuas conquistas, cada vez se hallaban más lejos de sus bases.
Así, cuando llegaron las fuerzas aliadas para invadir la isla, se encontraron con que a los defensores franceses de Vichy, se les habían unido varios submarinos japoneses.
Las tropas aliadas pudieron desembarcar, pero luego encontraron una férrea resistencia, la cual dio lugar a varios meses de lucha. Hasta el mes de octubre no consiguieron que se rindiera el gobernador francés con sus tropas.
En noviembre de 1942, con el inicio de la invasión aliada en el norte de África,  tuvo lugar la Operación Lila, por la que Hitler ordenó a sus tropas hacerse con las naves militares francesas que quedaban en el puerto de Toulon.
Anteriormente, el almirante alemán Raeder, intentó convencer, sin éxito,  a Hitler para que no diera esa orden, pues los marinos franceses eran muy leales a Vichy y podrían ser aprovechados para combatir a los aliados, dada su enemistad con el Reino Unido.
Los altos cargos de la Armada francesa discutieron mucho tiempo sobre si sería mejor que sus naves pasaran a un bando
o al otro. El almirante De Laborde era rotundamente antibritánico y se la tenía jurada a éstos desde la derrota en Mers-el-Kebir. Pidió permiso al ministro de Marina, para atacar a los aliados, pero no se lo dio, porque era partidario de De Gaulle.
No pudieron hablar con el almirante Darlan, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas francesas, porque se hallaba en África, justo cuando empezó la invasión y fue raptado y detenido por partidarios de los aliados, entre los que se encontraba el general Juin (muy amigo de De Gaulle) y personal diplomático USA. De todas formas, las relaciones entre De Laborde y Darlan no eran muy buenas a causa de envidias profesionales entre ellos.
Al final, optaron por no dejar que ninguno de los dos bandos controlase su flota y hundieron casi todos sus barcos, unos 80, quedando únicamente a flote 3 destructores y 2 submarinos, más los que se encontraban en dique seco, para su mantenimiento.
Todas estas naves fueron transferidas a la Armada italiana, la cual consiguió reflotar unos cuantos de esos  buques, que se hallaban hundidos en el puerto.
También es preciso decir que la orden del almirante de Laborde no gustó ni a los alemanes, ni a los aliados. Éstos últimos,
en la posguerra, juzgaron al almirante y, en un principio, lo condenaron a muerte, siéndole conmutada esta pena por al de cadena perpetua. Fue indultado y puesto en libertad cuando ya llevaba 6 años encarcelado.
Para no explayarme más en el tema, voy a terminar por relatar la célebre Operación Torch, consistente en un desembarco aliado en varias zonas del norte de África, que se desarrolló a principios de noviembre de 1942.
No hará falta mencionar que casi toda esa zona era colonia francesa y allí tenía Francia unos 100.000 soldados, aparte de tanques, aviones, barcos, submarinos, etc. Sólo en Marruecos ya había unos 60.000 soldados.
Para los franceses de África, la situación era complicada, porque no le tenían simpatía al Eje, sin embargo, las órdenes llegadas desde Vichy eran muy tajantes y les exigían resistir a las fuerzas aliadas.
Así, cuando un grupo de tropas aliadas pretendieron tomar el puerto de Orán, antes de que su guarnición lo destruyera, sufrieron una derrota sin paliativos, aparte de que esa guarnición destruyó, más tarde,  el puerto antes de rendirse a los aliados.
Además, como ya he dicho antes, en Argelia se hallaba de visita el almirante Darlan, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Vichy. Este se puso al mando de estas tropas, pero luego se cambió de bando, cuando los aliados le prometieron un buen cargo si se pasaba a sus filas. A lo mejor, por eso se había desplazado a Argelia, pretextando que había ido a visitar a un hijo suyo que estaba allí enfermo.
A pesar de haber empezado ya los combates, no le costó mucho trabajo convencer al resto de los mandos, pues Hitler acababa de ordenar la ocupación total de Francia, contraviniendo el armisticio firmado en 1940.
Así, a pesar de las protestas de De Gaulle, por haber dejado a Darlan en su puesto, las tropas aliadas pudieron avanzar fácilmente hacia Túnez, para expulsar a las tropas del Eje del norte de África.
Creo que está bien que se conozcan estas cosas, en este año en el que se cumple el 70 aniversario del final de la II GM.