ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 14 de junio de 2026

LA COLECCIÓN DEL MARISCAL SOULT

 


Hoy voy a narrar la historia de un militar francés, que se comportó en España como un simple ladrón. Así que os invito a leer este artículo y supongo que luego me daréis la razón, por haber utilizado ese calificativo.

Jean de Dieu Soult nació en 1769 en una pequeña localidad francesa, situada no muy lejos de la frontera con España. Curiosamente, sus vecinos estarán tan orgullosos de él, que le cambiaron el nombre y ahora se llama Saint Amans Soult.

Nació en una familia burguesa y algo acomodada, ya que su padre era notario. Sin embargo, eso cambió muy pronto, ya que su padre murió cuando nuestro personaje sólo tenía 10 años. Eso dio lugar a que su madre, procedente de una familia de fabricantes de vidrio, se quedara viuda con varios hijos a su cargo.

Supongo que, por esa razón, Soult decidió ingresar, con sólo 16 años, como soldado en el Ejército. No podía hacerlo como oficial por no descender de una familia noble.

Cuando llegó la Revolución Francesa, una buena parte de los oficiales, que eran todos nobles, fueron guillotinados y otros huyeron. Así que al Gobierno republicano no le quedó otra que ascender a los sargentos más veteranos. Uno de ellos era Soult, que ya llevaba 6 años de servicio.

Su bautismo de fuego lo obtuvo durante las guerras, que mantuvo el Gobierno republicano con casi todos los países vecinos.

Antes de ello, ya había combatido contra la sublevación de la Vendée, a la que ya dediqué otro de mis artículos, y la feroz represión posterior.

Parece ser que se caracterizaba por ser un tipo muy frío e impasible, que, según decían sus compañeros, no parecía ser del sur de Francia.

En junio de 1794 tuvo lugar la famosa batalla de Fleurus, entre los revolucionarios franceses y el Ejército austriaco. Soult era un oficial de Estado Mayor.

Cuando vio que las unidades francesas retrocedían ante el avance de los austriacos, se puso al mando de las tropas y, tras varios contraataques, consiguió repeler la embestida enemiga. Lo cual dio lugar a la victoria francesa.

Como fue la primera victoria de las fuerzas republicanas, eso le valió ser ascendido a general de brigada con sólo 25 años.

Posteriormente, luchó contra austriacos y rusos en la campaña de Suiza, aguantando las duras condiciones invernales. Eso dio lugar a que Napoleón se fijara en él para incluirlo en la lista de sus hombres de confianza.

Entre 1803 y 1805, Soult se dedicó a entrenar al IV Cuerpo de Ejército, cuya misión sería desembarcar en Gran Bretaña para conquistar todo el Reino Unido. Parece ser que les sometía a un entrenamiento muy duro, por lo que las quejas llegaron hasta Napoleón. Éste se puso en contacto con Soult, a lo que nuestro personaje le respondió: “Se quejan hoy, Sire, pero mañana en el campo de batalla, me lo agradecerán”.


En 1805, Soult participó en la famosa batalla de Austerlitz, donde los franceses derrotaron a los austriacos y a los rusos.

En 1806, siempre al mando del IV Cuerpo de Ejército, participó en la victoria francesa en Jena. Allí fue donde Napoleón le nombró duque de Dalmacia.

En un principio, Napoleón no lo envió a España, porque lo consideraba un frente secundario y fácil de dominar.

Sin embargo, tras la derrota francesa en Bailén, Napoleón vino personalmente a España y trajo consigo a sus mejores militares, entre los que estaba Soult.

Cuando Napoleón se enteró de que tropas británicas, al mando del general John Moore, estaban desembarcando en Galicia, ordenó a Soult que los persiguiera y los obligara a reembarcar. Cosa que consiguió. Incluso, durante la batalla de Elviña, mataron al propio general Moore. Esa fue la razón por la que fue sustituido por Wellington.

A partir de entonces, Soult se trasladó con sus tropas hacia el sur. Sin embargo, tuvo la sorpresa de tener que luchar de una forma desconocida para él. O sea, contra las guerrillas, que había por toda la Península.

Instaló su cuartel general en Sevilla, donde observó que había muchas riquezas y nadie podría impedirle que las robara.

Por lo visto, Soult era un tipo muy organizado. Así que, en lugar de ir dando palos de ciego, hizo venir a unos cuantos marchantes de arte franceses y visitar con ellos iglesias, conventos y palacios de Andalucía para ir seleccionando las obras más interesantes.

Parece ser que, aparte de los cuadros de Zurbarán, Alonso Cano y Ribera, tenía una predilección especial por los de Murillo. Curiosamente, Murillo era casi un desconocido en el centro de Europa. Sin embargo, se hizo muy famoso con la llegada de sus cuadros a Francia.

Se calcula que se llevó unas 180 obras pictóricas de Sevilla, las cuales iba almacenado en los Reales Alcázares, hasta que las enviaba, periódicamente, a Francia. Evidentemente, no siempre aceptaron los clérigos que se llevase esas obras, así que los amenazaba con fusilarles en el acto. Instaló su cuartel general en el Palacio Arzobispal de Sevilla.

Parece ser que, en total, se llevó unas 300 obras a Francia. Fue más listo que los demás, porque se las fue llevando poco a poco. Incluso, decía que su destino era el futuro Museo Napoleón. Sin embargo, se quedó con unas 180.


Al final de la guerra, llegaron a París el general español Álava, acompañado del pintor Francisco Lacoma y exigieron la devolución de las obras, que iban destinadas al Museo Napoleón y así consiguieron la devolución de unas cuantas, pero no las de Soult, que las había escondido.

Nuestro personaje fue de los pocos generales, que, tras la caída de Napoleón, sirvieron a la monarquía francesa. Incluso, llegó a ser nombrado 3 veces presidente del Gobierno de Francia.

En 1851, año en el que falleció, sus herederos vendieron esas obras en pública subasta. Por supuesto, no se les ocurrió devolver ninguna a España. La mayoría de ellas fue adquirida por el Louvre, aunque también otras fueron a Londres, Rusia, Hungría y otras terminaron en USA.

En 1941, ocurrió un suceso excepcional. Los gobiernos de Franco y Pétain llegaron a un acuerdo para entregar, mutuamente, obras de arte. Así fue cómo devolvieron la Dama de Elche. Pues en ese mismo lote vino la llamada Inmaculada de Soult, de Murillo, que ahora está expuesta en el Museo del Prado.

La rapiña de Soult no sólo tuvo lugar en Andalucía, sino también en Extremadura. Ahí no se llevaron cuadros, sino que robaron todo lo que encontraron de oro y plata en lugares como el Monasterio de Guadalupe para luego fundirlos y pagar a sus tropas.

En Plasencia y Trujillo se llevaron muchos mapas y códices medievales de incalculable valor. Soult era muy aficionado a la cartografía.

También fue el responsable del asesinato del obispo de Coria, cuando se hallaba de vacaciones en la localidad cacereña de Hoyos.

En Badajoz robaron todo lo que encontraron de oro y plata también para fundirlos a fin de pagar a sus soldados.

Aparte de ello, como la Intendencia francesa siempre fue muy deficiente, solían hacer lo siguiente.

Tras entrar su Ejército en Extremadura por Monesterio, exigían a los pueblos por donde iban pasando grandes cantidades de productos agrícolas y también se llevaban el ganado. Si alguien se negaba, solían secuestrar a las autoridades municipales, los curas o los ricos, a los cuales solían fusilar más adelante.

Seguramente, dedicaré otro de mis artículos a la extraña rendición de Badajoz a las tropas de Soult. Una ciudad muy bien defendida, con armas, municiones y suministros suficientes para haber aguantado un asedio muy prolongado.

Como era de esperar, Soult, que se había ido enriqueciendo en España, se compró un palacio en el barrio parisino de Saint Germain des Prés y allí expuso su gran colección de pintura, robada a punta de pistola.

Por allí pasaron muchos diplomáticos y expertos en arte para admirar su colección. Hoy en día, es un edificio perteneciente a la Asamblea Nacional de Francia.

Soult se casó con una noble alemana y de ese matrimonio nacieron 3 hijos: un varón y dos hembras. Esos fueron sus herederos.

En mayo de 1852, organizaron una subasta en su propio palacio. Parece ser que fueron los responsables del Museo del Louvre los que más pujaron para que la mayoría de los cuadros no abandonaran Francia. Luego, todo ese dinero procedente de la subasta, se lo repartieron sus herederos.

Como ya he dicho anteriormente, las mejores piezas de su colección fueron al Louvre y también a la National Gallery en Londres y en Washington.

En cuanto a los mapas y códices antiguos, no fueron subastados, sino que los depositaron en un castillo, que Soult había comprado en su lugar de nacimiento.

A mediados del siglo XX fueron comprados por el Servicio Histórico del Ejército francés y por la Biblioteca Nacional de Francia. También otros códices extremeños fueron adquiridos por la British Library, de Londres.

Desgraciadamente, esos códices y mapas no suelen estar expuestos al público.

 

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