Hoy voy a narrar la historia de un militar francés, que se comportó en España como un simple ladrón. Así que os invito a leer este artículo y supongo que luego me daréis la razón, por haber utilizado ese calificativo.
Jean de Dieu Soult nació en 1769 en una pequeña localidad francesa, situada no muy lejos de la frontera con España. Curiosamente, sus vecinos estarán tan orgullosos de él, que le cambiaron el nombre y ahora se llama Saint Amans Soult.Nació en una familia burguesa y algo
acomodada, ya que su padre era notario. Sin embargo, eso cambió muy pronto, ya
que su padre murió cuando nuestro personaje sólo tenía 10 años. Eso dio lugar a
que su madre, procedente de una familia de fabricantes de vidrio, se quedara
viuda con varios hijos a su cargo.
Supongo que, por esa razón, Soult
decidió ingresar, con sólo 16 años, como soldado en el Ejército. No podía
hacerlo como oficial por no descender de una familia noble.
Cuando llegó la Revolución
Francesa, una buena parte de los oficiales, que eran todos nobles, fueron guillotinados
y otros huyeron. Así que al Gobierno republicano no le quedó otra que ascender a
los sargentos más veteranos. Uno de ellos era Soult, que ya llevaba 6 años de
servicio.
Su bautismo de fuego lo obtuvo durante las guerras, que mantuvo el Gobierno republicano con casi todos los países vecinos.
Antes de ello, ya había combatido
contra la sublevación de la Vendée, a la que ya dediqué otro de mis artículos,
y la feroz represión posterior.
Parece ser que se caracterizaba
por ser un tipo muy frío e impasible, que, según decían sus compañeros, no
parecía ser del sur de Francia.
En junio de 1794 tuvo lugar la
famosa batalla de Fleurus, entre los revolucionarios franceses y el Ejército
austriaco. Soult era un oficial de Estado Mayor.
Cuando vio que las unidades
francesas retrocedían ante el avance de los austriacos, se puso al mando de las
tropas y, tras varios contraataques, consiguió repeler la embestida enemiga. Lo
cual dio lugar a la victoria francesa.
Posteriormente, luchó contra
austriacos y rusos en la campaña de Suiza, aguantando las duras condiciones
invernales. Eso dio lugar a que Napoleón se fijara en él para incluirlo en la
lista de sus hombres de confianza.
Entre 1803 y 1805, Soult se dedicó a entrenar al IV Cuerpo de Ejército, cuya misión sería desembarcar en Gran Bretaña para conquistar todo el Reino Unido. Parece ser que les sometía a un entrenamiento muy duro, por lo que las quejas llegaron hasta Napoleón. Éste se puso en contacto con Soult, a lo que nuestro personaje le respondió: “Se quejan hoy, Sire, pero mañana en el campo de batalla, me lo agradecerán”.
En 1805, Soult participó en la famosa batalla de Austerlitz, donde los franceses derrotaron a los austriacos y a los rusos.
En 1806, siempre al mando del IV
Cuerpo de Ejército, participó en la victoria francesa en Jena. Allí fue donde
Napoleón le nombró duque de Dalmacia.
En un principio, Napoleón no lo
envió a España, porque lo consideraba un frente secundario y fácil de dominar.
Sin embargo, tras la derrota
francesa en Bailén, Napoleón vino personalmente a España y trajo consigo a sus mejores
militares, entre los que estaba Soult.
A partir de entonces, Soult se trasladó
con sus tropas hacia el sur. Sin embargo, tuvo la sorpresa de tener que luchar
de una forma desconocida para él. O sea, contra las guerrillas, que había por
toda la Península.
Instaló su cuartel general en
Sevilla, donde observó que había muchas riquezas y nadie podría impedirle que
las robara.
Por lo visto, Soult era un tipo muy organizado. Así que, en lugar de ir dando palos de ciego, hizo venir a unos cuantos marchantes de arte franceses y visitar con ellos iglesias, conventos y palacios de Andalucía para ir seleccionando las obras más interesantes.
Parece ser que, aparte de los
cuadros de Zurbarán, Alonso Cano y Ribera, tenía una predilección especial por
los de Murillo. Curiosamente, Murillo era casi un desconocido en el centro de
Europa. Sin embargo, se hizo muy famoso con la llegada de sus cuadros a
Francia.
Se calcula que se llevó unas 180
obras pictóricas de Sevilla, las cuales iba almacenado en los Reales Alcázares,
hasta que las enviaba, periódicamente, a Francia. Evidentemente, no siempre aceptaron
los clérigos que se llevase esas obras, así que los amenazaba con fusilarles en
el acto. Instaló su cuartel general en el Palacio Arzobispal de Sevilla.
Parece ser que, en total, se llevó unas 300 obras a Francia. Fue más listo que los demás, porque se las fue llevando poco a poco. Incluso, decía que su destino era el futuro Museo Napoleón. Sin embargo, se quedó con unas 180.
Al final de la guerra, llegaron a París el general español Álava, acompañado del pintor Francisco Lacoma y exigieron la devolución de las obras, que iban destinadas al Museo Napoleón y así consiguieron la devolución de unas cuantas, pero no las de Soult, que las había escondido.
Nuestro personaje fue de los
pocos generales, que, tras la caída de Napoleón, sirvieron a la monarquía
francesa. Incluso, llegó a ser nombrado 3 veces presidente del Gobierno de
Francia.
En 1851, año en el que falleció,
sus herederos vendieron esas obras en pública subasta. Por supuesto, no se les
ocurrió devolver ninguna a España. La mayoría de ellas fue adquirida por el
Louvre, aunque también otras fueron a Londres, Rusia, Hungría y otras
terminaron en USA.
En 1941, ocurrió un suceso
excepcional. Los gobiernos de Franco y Pétain llegaron a un acuerdo para entregar,
mutuamente, obras de arte. Así fue cómo devolvieron la Dama de Elche. Pues en
ese mismo lote vino la llamada Inmaculada de Soult, de Murillo, que ahora está
expuesta en el Museo del Prado.
En Plasencia y Trujillo se llevaron
muchos mapas y códices medievales de incalculable valor. Soult era muy
aficionado a la cartografía.
También fue el responsable del asesinato del obispo de Coria, cuando se hallaba de vacaciones en la localidad cacereña de Hoyos.
En Badajoz robaron todo lo que encontraron
de oro y plata también para fundirlos a fin de pagar a sus soldados.
Tras entrar su Ejército en
Extremadura por Monesterio, exigían a los pueblos por donde iban pasando grandes
cantidades de productos agrícolas y también se llevaban el ganado. Si alguien
se negaba, solían secuestrar a las autoridades municipales, los curas o los
ricos, a los cuales solían fusilar más adelante.
Seguramente, dedicaré otro de mis
artículos a la extraña rendición de Badajoz a las tropas de Soult. Una ciudad
muy bien defendida, con armas, municiones y suministros suficientes para haber
aguantado un asedio muy prolongado.
Como era de esperar, Soult, que se había ido enriqueciendo en España, se compró un palacio en el barrio parisino de Saint Germain des Prés y allí expuso su gran colección de pintura, robada a punta de pistola.
Por allí pasaron muchos diplomáticos y expertos en arte para admirar su colección. Hoy en día, es un edificio perteneciente a la Asamblea Nacional de Francia.Soult se casó con una noble
alemana y de ese matrimonio nacieron 3 hijos: un varón y dos hembras. Esos fueron
sus herederos.
En mayo de 1852, organizaron una
subasta en su propio palacio. Parece ser que fueron los responsables del Museo
del Louvre los que más pujaron para que la mayoría de los cuadros no
abandonaran Francia. Luego, todo ese dinero procedente de la subasta, se lo
repartieron sus herederos.
Como ya he dicho anteriormente, las
mejores piezas de su colección fueron al Louvre y también a la National Gallery
en Londres y en Washington.
En cuanto a los mapas y códices
antiguos, no fueron subastados, sino que los depositaron en un castillo, que
Soult había comprado en su lugar de nacimiento.
A mediados del siglo XX fueron
comprados por el Servicio Histórico del Ejército francés y por la Biblioteca
Nacional de Francia. También otros códices extremeños fueron adquiridos por la
British Library, de Londres.
Desgraciadamente, esos códices y
mapas no suelen estar expuestos al público.
TODAS LAS IMÁGENES PROCEDEN
DE WWW.GOOGLE.ES





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