ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

miércoles, 23 de julio de 2014

LA MATANZA DE POLACOS EN VOLINIA

Como me gusta compensar y ahora está de moda el asunto de Ucrania, esta vez traigo una nueva entrada, donde las víctimas fueron los polacos.
Tras la I Guerra Mundial, de la que actualmente se está cumpliendo el centenario de su inicio, surgieron varios nuevos países. Uno de ellos fue Polonia.
Bueno, realmente, Polonia no era un país nuevo, como el caso de Checoslovaquia, sin embargo, su territorio había desaparecido durante varios siglos, repartido entre las potencias que lo rodeaban.
El gran líder de la independencia polaca fue el general Pilsudski. Una de sus ideas era que también se le otorgara la independencia a Ucrania, para que se interpusiera, como “estado tapón”, ante las ansias expansionistas de los revolucionarios soviéticos.
 A pesar de que casi todo el mundo opina que los polacos fueron los buenos de las “película”, nunca fue así, pues, a cambio de apoyar a los ucranianos en su lucha contra los rusos, Polonia se quedó en 1919 con la llamada Ucrania Occidental.
Simplemente, la invadió, argumentando que allí vivían muchos polacos,  y se la quedó. ¿No os suena eso de algo, que ocurrió varias veces en la Europa de los años 30?
A la muerte de Pilsudski, el nuevo presidente polaco, Dmowski, elimina la autonomía que le habían dado a los ucranianos y centraliza el poder en Varsovia. También se obliga a que los ucranianos olviden su propia cultura y su lengua y adopten las propias de los polacos.
Al mismo tiempo, se fomentó que varios miles de colonos polacos se asentaran en ese territorio, que los polacos llamaron Volinia, para ayudarles a asimilar la cultura polaca.
Por lo visto, como no se fiaban mucho de los ucranianos, fueron enviados allí muchos polacos para cubrir los puestos de funcionarios en esa zona.
Además, se redujo mucho el número de sus centros educativos, por lo que muchos de ellos no tuvieron acceso a la enseñanza superior.
También se les discriminó en el aspecto religioso, pues los ucranianos eran casi todos ortodoxos. Así que los polacos destruyeron algunos de sus templos y otros fueron  convertidos obligatoriamente en templos católicos.
Las cosas se radicalizaron y frecuentaron esa región algunos grupos ultras paramilitares polacos, los cuales se dedicaron a incendiar las bibliotecas y demás centros culturales ucranianos, con la connivencia de las autoridades polacas.
Al inicio de la II Guerra Mundial, tras la invasión de Polonia, Volinia fue ocupada por los soviéticos. Estos empezaron a hacer una “limpieza” de elementos burgueses, los cuales eran casi todos polacos, y los deportaron a Siberia. Por esta misma época hicieron también la famosa Masacre de las Fosas de Katyn.
En 1941, tras la invasión alemana de la URSS, Volinia queda en manos de los nazis y éstos realizan también sus matanzas y sus deportaciones. A los ucranianos no les quedó más remedio que organizarse en guerrillas.
Desde 1942 como las matanzas habían dejado sin sus líderes a la población polaca, los guerrilleros ucranianos del UPA, comandados por Stepan Bandera, aprovecharon para iniciar una limpieza étnica, matando a todos los polacos que encontraran en Volinia.
Fueron asaltando pueblos aislados,donde solían vivir unos 500 ó 600 polacos, matando a todos y quemando sus casas. La lista de los pueblos atacados es muy larga y no voy a detallarla.
También las escenas de sadismo se dieron por todas partes, pero son tan desagradables que no voy a reproducirlas aquí.
Incluso, el Gobierno polaco en el exilio mandó dos emisarios suyos para negociar con los guerrilleros del UPA, pero también fueron asesinados.  
Por este procedimiento, entre los años 1943-44, se calcula que fueron asesinados un mínimo de unos 80.000 polacos.
Los pocos polacos que sobrevivieron a estas masacres fueron luego deportados por los soviéticos y asentaron rusos en su lugar.
Un caso curioso fue el de Miroslav Germashevsky, primer astronauta polaco. Tenía sólo 2 años cuando su pueblo fue atacado por estas bandas. Su madre huyó con él y le dispararon. La dejaron pensando que había muerto. Como el niño, que lo llevaba envuelto, se le había caído, cuando le dispararon, lo estuvieron buscando ella y su hermano. Lo encontraron en la nieve y, como no murió con el frío, pudo salvarse.
Algunos dicen que, en un principio, los ucranianos sólo pretendieron ahuyentar a los polacos, pero los odios estaban demasiado a flor de piel y la situación degeneró en miles de asesinatos.
Por supuesto, también pasaron, previamente,  por estos pueblos las unidades nazis a la búsqueda de  judíos para asesinarlos allí mismo o en sus famosos campos de exterminio.
 Por ejemplo, en la ciudad de Lutz, de sus 42.000 habitantes, 22.000 eran judíos. Así que los nazis se los llevaron a todos para asesinarlos.
Incluso, los soviéticos enviaron a la región grupos de partisanos para hostigar a los nazis
, pero se encontraron con que también fueron hostigados por los partisanos polacos y los ucranianos.
 Hay informes donde se puede comprobar que, tanto los alemanes, como los soviéticos, conocían estos hechos, pero no quisieron intervenir para apaciguar los ánimos. Sólo a finales de agosto de 1943, los nazis ordenaron a los polacos de la región, que se trasladaran a ciudades más grandes. La mayoría se fue a vivir a la zona de Lublin.
También se dieron masacres importantes en la región de Galitzia, aunque allí los polacos se defendieron asesinando a algunos importantes dirigentes de la comunidad ucraniana. Aún así, se estima que murieron allí unos 12.000 polacos.
El UPA también asesinó a muchos colonos checos y les obligó a huir fuera de Volinia. No se conoce el número de víctimas de este colectivo.
Como ejemplo de ello, se puede citar el caso de un pueblo llamado Cesky Malin, que había sido fundado a mediados del XIX y estaba habitado por colonos checos y ucranianos.
El 13/07/1943 se presentaron en el pueblo varias unidades del ejército nazi, para hacer una de sus famosas operaciones de castigo, les acompañaban policías y guerrilleros polacos.
A continuación, sacaron a todo el mundo de sus casas, checos y ucranianos y separaron a los hombres de las mujeres. A los primeros los encerraron en algunos edificios, como la escuela o la iglesia y les prendieron fuego con ellos dentro. Luego, hicieron lo mismo con el resto de los habitantes del pueblo.
Se cree que murieron unas 370 personas y sólo dejaron con vida a unos cuantos para que transportaran el botín al cuartel general nazi.
Estas matanzas de checos no cesaron hasta la llegada del Ejército Rojo soviético, donde había una Legión checa, al mando de Svoboda, a la cual se alistaron casi todos los jóvenes de la zona, con al esperanza de volver a Checoslovaquia.
La mayoría de las familias checas de Volinia se trasladaron en la posguerra a Checoslovaquia y se asentaron, concretamente, en la región de los Sudetes, la cual había quedado casi vacía, pues habían deportado a Alemania a los alemanes residentes en esa zona.
Sólo unas pocas familias checas se quedaron en Volinia, que, tras la II Guerra Mundial, quedó dentro de la URSS. Hoy en día, dada la conflictividad de esa zona, muchas de ellas han pedido ser trasladadas a la República Checa.

Volviendo al tema, el UPA también asesinó a unos miles de ucranianos, que habían colaborado con los polacos, los nazis o los rusos. Incluso, a los miembros de familias mixtas compuestas por ucranianos y polacos.
Como en esta historia no hay ninguno bueno, en 1947, Polonia organizó la llamada Operación Vístula en venganza por estas matanzas. Para ello, contó con la colaboración los gobiernos comunistas de la URSS y de Checoslovaquia.
Así, unos 200.000 ucranianos fueron obligados a trasladarse al N y al Oeste del país, a los nuevos territorios surgidos tras el corrimiento de fronteras de Polonia con Alemania. Parece ser que buscaban así eliminar al UPA. El cual sólo consiguieron eliminar en los años 60.
También algunos partisanos polacos agrupados en el ejército irregular AK, que se oponía tanto a los nazis como a los soviéticos, como represalia, mataron a unos 20.000 ucranianos.

Actualmente, Polonia está haciendo esfuerzos para
congraciarse con Ucrania y olvidar todos estos sucesos. El problema  es que los ucranianos, según parece, no tienen el menor interés por hacer lo mismo.
El parlamento polaco aprobó el pasado año una resolución por la que se calificaba a estos hechos, no como genocidio, sino como “limpieza étnica caracterizada por signos de genocidio”.  A pesar de que el partido conservador se opuso a ello con todas sus fuerzas.

Incluso, el ministro de Asuntos Exteriores, Sikorski, intentó que se dulcificara aún más esta calificación, con objeto de mejorar las relaciones políticas y comerciales con Ucrania y facilitar su futuro acceso a la UE.

viernes, 18 de julio de 2014

JEDWABNE, UNA ESCONDIDA MATANZA DE JUDÍOS EN TIERRAS POLACAS

Siempre se nos ha dicho, sobre todo en los medios de comunicación, que los nazis alemanes cometieron infinidad de tropelías contra los judíos y los mataron a millones. En eso estoy totalmente de acuerdo, aunque no se sabe a ciencia cierta a cuántos mataron, porque, al final de la guerra, intentaron destruir toda la documentación sobre ese tema.

Hoy traigo al blog otra carnicería realizada contra los judíos, pero ¡oh, sorpresa!, no fue realizada por los nazis. Ni siquiera por los alemanes, aunque no fueran nazis, como ya comenté en otra entrada, sino por ciudadanos polacos. No me he equivocado, he escrito polacos.
Precisamente, ahora se ha cumplido otro aniversario de esa matanza, pues se realizó el 10/07/1941.
Como toda historia, se merece que empiece a contarla desde el principio. Más o menos, desde 1770, Jedwabne, era un pueblo donde convivían judíos y católicos, sin grandes problemas.
Con la invasión de Polonia por parte de Alemania y la URSS, la convivencia comenzó a deteriorarse. Los soviéticos llegaron al pueblo y deportaron a sus campos de concentración, en Siberia,  a todo el que no fuera afín al comunismo.
En 1941, como todo el mundo sabe, Alemania invadió la URSS y este pueblo pasó a manos de los nazis. Estos, para tener a los polacos de su parte, culparon a los judíos de todo lo divino y lo humano. Incluso, de aliarse con los comunistas para que cometieran todo tipo de abusos.
Eso puede ser coherente para la mentalidad polaca, pues, desde hacía mucho, en todo el antiguo Imperio Austro-Húngaro, al que perteneció casi toda Polonia, se identificaba al PC como el partido de los judíos, porque muchos de sus dirigentes pertenecían a esa etnia.
No obstante, eso no les disculpa de las barbaridades y asesinatos que cometieron, porque, además, tanto los asesinos como los asesinados, eran vecinos y se conocían desde siempre.
La noche citada, los vecinos de ese pueblo, que no eran judíos, se organizaron y salieron de sus casas pertrechados de armas como cuchillos, machetes, hachas, etc, y se dirigieron a las casas de sus vecinos judíos.
Les sacaron a la fuerza de sus viviendas y los llevaron a rastras hasta la plaza del pueblo, donde recibieron todo tipo de malos tratos. Luego, los fueron matando con estas armas
blancas, poco a poco.
Tomaron a un grupo de unos 40 judíos y les obligaron a derribar una estatua de Lenin, que había sido erigida por los soviéticos, y la arrastraron por todo el pueblo. Incluso, les obligaron a cantar canciones rusas y a gritar “la guerra es nuestra, la guerra es por nosotros”.
También hubo un grupo de gentes que no los mataron con esas armas. A esos les ordenaron entrar en un granero, al cual, más tarde, le rociaron de keroseno y le prendieron fuego.
Por supuesto, los polacos católicos, lo estuvieron celebrando, como si de una fiesta se tratase, y en ella hubo bebida para todos, como suele ocurrir en cualquier fiesta.
No obstante, tuvieron buen cuidado de que nadie escapara de las llamas y pusieron a algunos individuos de guardia, los cuales le cortaron el cuello a todo el que intentó escapar de las llamas.
Se dice que a los ancianos y a los niños los dejaron para el final y fueron arrojados a las brasas, donde ya se habían quemado sus familiares adultos.
Se cree que murieron en este asesinato colectivo unos 1.600 judíos. Hombres, mujeres y niños. Se calcula que este pueblo tenía unos 3.000 habitantes. No he querido decir “personas, porque, como ya se ha visto, no se portaron como tales, por lo menos, por lo que se refiere a los católicos.
Por supuesto, sus asesinos aprovecharon para repartirse todos los bienes de los judíos, incluidas, sus viviendas, fincas de labor, ganado, objetos personales y hasta su dentadura de oro.
Para no dejar restos por ninguna parte, todos los cadáveres fueron quemados y luego troceados y repartidos por los campos.
No obstante, se conocen estos hechos, porque unos cuantos lograron escapar de toda esta barbarie.
Los nazis llegaron unos días más tarde y se asombraron por lo ocurrido. Así que rodaron un documental sobre este asunto.
No hará falta decir que este pueblo no fue el único donde se cometieron asesinatos de este tipo. Se pueden citar también los casos de otras localidades cercanas como Radzilow y Bialystock, donde hubo menos víctimas por el simple hecho de que allí vivían menos judíos.
Parece ser que uno de los instigadores de estas matanzas fue un dirigente de las SS llamado Hermann Schaper. Este individuo, en la posguerra, fue llevado varias veces ante la Justicia alemana, pero los tribunales no consideraron suficientes las pruebas aportadas en su contra. Ya en 1976, un tribunal lo consideró culpable de otra matanza cometida en otro pueblo y lo condenó a 6 años de cárcel, pero fue liberado al poco tiempo a causa de sus problemas de salud, pues tenía más de 65 años. Murió en libertad durante los años 90.
Durante el gobierno comunista de Polonia se sabe que se hicieron investigaciones y se enjuiciaron a 22 vecinos por esta masacre, pero se les puso en libertad por falta de pruebas concluyentes y porque se sospechó que había participado todo el pueblo y no quisieron meterlos a todos en la cárcel.
Volviendo al tema, esta gente fue tan sinvergüenza que, ya en 1962, no se les ocurrió otra cosa que poner una placa en el antiguo cementerio judío, donde se decía “en memoria de los judíos asesinados por los nazis”.
Parece ser que la verdad se supo a partir de las investigaciones de Jan Gross, un historiador polaco, nacionalizado USA, y judío, el cual escribió en 2001 un libro titulado “Vecinos”, que levantó mucha polémica.
Para su investigación se basó en los testimonios de los únicos 7 supervivientes, que fueron escondidos por una polaca llamada Antonina Brzezoski, la cual no quiso participar en la matanza.
Como ya he dicho, este libro levantó mucha polvareda entre la sociedad polaca. Incluso, el propio Papa, en ese momento, el polaco Juan Pablo II, pidió a la Iglesia polaca
que participara en los actos organizados por la Presidencia de Polonia para homenajear a estas víctimas, en su 60 aniversario.  En  2001, el presidente de Polonia era Aleksander Kwasniewski.
Sin embargo, la respuesta que le llegó por parte del cardenal Glemp, primado de la Iglesia de Polonia, fue que, si los polacos tenían que disculparse con los judíos, éstos también tendrían que disculparse por los crímenes de los comunistas.  No obstante, el Papa dedicó su misa del 26/05/2001 a las víctimas de ese hecho.
Como podemos ver, esa identificación entre judíos y comunistas, increíblemente,  aún existe en la Polonia actual.
Así que la Iglesia no sólo no participó en esos actos oficiales, sino que emitió un comunicado donde se oponía a ellos.
También los familiares de las víctimas pidieron que se rectificara la placa que existía a la entrada del antiguo cementerio judío, a la cual me he referido antes, pero, tanto los partidos como la Iglesia polaca, pusieron el grito en el cielo. Así que la placa fue mínimamente modificada, dando a entender que esos crímenes fueron cometidos por los nazis.
No hará falta decir que a los pocos descendientes de esos judíos que asistieron a ese acto, no les dejaron en ningún momento tomar la palabra. Por supuesto, muchos de los asesinos de los judíos siguen viviendo hoy en día en las casas de sus víctimas, sin remordimiento alguno.

En 2011, Bronislaw Komnorowski, entonces presidente de Polonia, volvió a pedir perdón por esta y otras matanzas de judíos, realizadas en Polonia, durante la II Guerra Mundial. Durante su discursos, pronunció las siguientes palabras: “Hoy, Polonia puede escuchar aún el grito de sus ciudadanos que jamás se apaga", y añadió "Una vez más, ruego perdón”.
Esta vez, asistieron a la ceremonia, tanto Aleksander Kwasniewski, como un alto representante de la Iglesia católica.
El obispo Mieczyslaw Cislo, que preside el consejo episcopal para las relaciones con los judíos, pronunció la siguiente frase: "No permitamos que las tumbas en Jedwabne nos dividan. Oremos juntos por la hermandad y los vínculos estrechos entre polacos y judíos".
En esta última ceremonia, también el rabino jefe de Polonia, Michael Schudrich, rezó por los muertos en un monumento dedicado a las víctimas de la matanza en la aldea. Esperemos que por fin haya vuelto la concordia a Polonia.

TODAS LAS IMÁGENES PROCEDEN DE WWW.GOOGLE.ES

lunes, 7 de julio de 2014

ANTONIO JOSÉ, UN GRAN MÚSICO TOTALMENTE OLVIDADO

Posiblemente, uno de los objetivos de la represión,  en los dos bandos, durante la guerra civil, fue eliminar todo vestigio de los asesinados. Era también una forma de encubrir esos crímenes y a los que los habían realizado.
Hubo muchos casos donde no lo consiguieron, como el muy conocido de García Lorca, del cual, aunque se ha aireado mucho, todavía no sabemos a ciencia cierta ni dónde está enterrado su cadáver, ni quienes perpetraron el hecho. Tal vez, porque ciertas organizaciones se dedicaron a publicarlo continuamente, durante los largos años del franquismo, y eso hizo que no se perdiera el recuerdo de ese personaje.
En el caso que presento hoy, por lo visto, no sucedió así, y, por ello, nuestro personaje está casi absolutamente olvidado hoy en día. Se puede decir que, esta vez,  sus asesinos, desgraciadamente, lograron sus objetivos.  
Voy a intentar presentar la vida de este personaje, aunque ya adelanto que no soy un entendido en cuestiones musicales.
Antonio José Martínez Palacios nació en Burgos un día de 1902, en el seno de una familia muy modesta, domiciliada en el número 15 de la calle de la Sombrerería de esa ciudad.
Como sus padres supieron apreciar su interés por la música, aún sin cumplir los 7 años, lo matricularon en las Escuelas de San Lorenzo, para que se iniciara en ese mundo. También dicen algunos autores que tomaron esta decisión, después de haber escuchado la opinión de José María Beobide, que era organista en la Iglesia de San Jerónimo, y de Julián García Blanco, director del Coro de los Jesuitas.
Fue todo un niño prodigio, de esos que sale uno cada siglo, pues con sólo 13 años compuso su primera obra “Cazadores de Chiclana”.
En 1920 fue becado por la Diputación Provincial de Burgos, para seguir sus estudios en Madrid y allí coincidió con el, posteriormente, famoso compositor Jacinto Guerrero, que también estaba dando sus primeros pasos en la Música. Entre sus profesores se citan a Bartolomé Pérez Casas y a Emilio Vega, los cuales elogiaron la capacidad del muchacho.
Allí compuso algunas de sus obras más conocidas, como la Sonata Castellana, que, más tarde se convertiría en parte de la “Sinfonía castellana”.
En Madrid llegó a conocer a mucha gente que luego se harían famosos, como Regino Sainz de la Maza, García Lorca o Salvador Dalí.
Empezaba a gozar de cierta popularidad e inició en 1924 la composición de  sus “Danzas burgalesas”, que le dieron mayor fama.
El mismo año firmó un contrato con la firma discográfica Unión Musical española, para grabar en exclusiva sus composiciones.
Parece ser que, durante esa estancia en Madrid, su paisano Regino le presentó a otros afamados compositores, como Falla, Arbós y Turina.
También pudo mantenerse económicamente gracias a un empleo como director musical en un teatro de revistas e, incluso, como pianista y compositor para las proyecciones de cine mudo.
En 1924 volvió a su Burgos natal para cumplir su servicio militar. No obstante, no perdió el tiempo, pues ese mismo año consiguió estrenar en Comillas (Cantabria) su “Danza burgalesa nº 3”, con una coral de más 100 voces. También fue estrenada el mismo año en Bilbao, por la Coral de esa ciudad. A partir de 1924, ya firmará todas sus obras únicamente como Antonio José, prescindiendo de sus apellidos.
Entre 1925-1929 dio clases en el Colegio San Estanislao de Málaga, perteneciente a los jesuitas. También aprovechó los veranos de 1925 y 1926 para ir a París a estudiar, becado por el Ayuntamiento de Burgos. Algunos dicen que fue su época más fructífera, gracias a que había conseguido, por fin, su estabilidad económica.
En 1927, se presentó a un concurso convocado por la Sociedad Filarmónica Coruñesa. El tema del concurso era presentar una Sonata sobre temas gallegos. Él presentó su “Sonata gallega” y el jurado, compuesto por Conrado del Campo, Larregla y Bordas, le otorgaron el primer premio por unanimidad.
Lo increíble del asunto es que, tras conocer en Galicia que era una obra realizada por un joven compositor burgalés, sin ninguna relación con Galicia y, además, residente en Málaga, todo se puso en su contra. Así que no se la quisieron publicar ni grabar.
A partir de 1929 volvió a su Burgos natal para dirigir y revitalizar el Orfeón Burgalés. Allí trabó amistad con Justo del Río y ambos se dedicaron a desplazarse por la provincia para recuperar su folklore tradicional.
Precisamente, este Orfeón tuvo su sede en las Escuelas de San Lorenzo, donde él recibió sus clases de Educación Primaria.
Una labor que ya había iniciado unos años antes el sacerdote Federico Olmeda, que también había sido director de ese Orfeón y que salió a la luz con la publicación de su obra “Cancionero popular de Burgos”.
En esta etapa, también dirigió nuestro personaje la Escuela Municipal de Música de Burgos y por esta época publicó el “Himno a Castilla”.
En 1932, su labor de investigación folklórica con Justo del Río, dio sus frutos con la publicación de la “Colección de cantos populares burgaleses”, con la que obtuvieron, ese mismo año, el Premio Nacional de Música.
Fue una época de una actividad febril, pues, por una parte, el Orfeón fue llamado a dar conciertos por todas partes y, por otra, en sus viajes, fue recopilando, con esas canciones, el sentir de su tierra. Quizás, esto le hizo ser identificado como un regionalista, algo que no era del gusto de los republicanos y, posteriormente, tampoco de los franquistas.
Aparte de sus actividades habituales, también se dedicó a fomentar el conocimiento de la música, dando conferencias, conciertos o publicando artículos en la prensa.
No olvidemos que esa provincia dio a España dos músicos insignes, en la época renacentista, Antonio de Cabezón y Francisco de Salinas. Ambos llegaron a ser organistas de palacio.

En 1933 compuso su “Romancillo infantil” y “Sonata para guitarra”, dedicadas ambas a su amigo Regio Sainz de la Maza. Parece ser que este gran concertista y el también mundialmente conocido, Andrés Segovia, intentaban que los compositores de la época hicieran crecer el repertorio para guitarra.
También se sabe que, por esa época, participó en la tertulia “El Ciprés” y colaboró en la revista “Burgos gráfico”.
Ese mismo año fue elegido miembro correspondiente de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid.
No obstante, algunos autores mencionan que iba creciendo, poco a poco, su interés por irse a vivir al extranjero, ya que se movía entre la incomprensión y la envidia generalizadas.
En 1936 ganó cierto prestigio internacional al participar en Barcelona en el Congreso de la Sociedad Internacional de Musicología, que se celebró en la sede del Institut d’Estudis Catalans, donde intervino, el día 23 de abril,  con una ponencia sobre sus investigaciones acerca de la canción popular burgalesa.
Parece ser que fue invitado a este Congreso por su presidente, el compositor y sacerdote catalán, Higinio Anglés, por entonces profesor de Historia de la Música en la Universidad de Barcelona. El presidente de honor de este Congreso fue el mismísimo Companys, presidente de la Generalitat de Cataluña en ese momento.
Su conferencia fue muy elogiada por la prensa y por los asistentes, entre los que podemos destacar el ya citado Anglés, Conrado del Campo, Pau Casals, Oscar Esplá, José Subirá, Falla, Turina, Robert Gerhardt, Curt Sachs, Heinrich Besseler, Ernst Krenek, etc.
Hasta aquí, podemos ver que nuestro personaje fue un hombre dedicado a la música y a fomentar su conocimiento. Sin embargo, es muy difícil llegar a comprender la razón, si es que hubo alguna, para que en 1936 fuera detenido y, posteriormente, fusilado.
No creo que fuera por el simple hecho de proponer a la presidencia de la II República su composición "Himno a Castilla" como futuro himno nacional de la misma, pero, conociendo las envidias que siempre ha habido y hay en este país, tampoco lo descarto.

A mí, francamente, no me han quedado claras las razones que algunos exponen para intentar explicar este asesinato.
Parece ser que, aunque nuestro músico, nunca fue miembro de ninguna agrupación política, sí que estuvo apoyado por algunas de ellas, concretamente, de la izquierda,  para el estudio del folklore popular. No olvidemos que organizó un coro de obreros y campesinos en la Casa del Pueblo, en Burgos.  Algo que no pasó desapercibido en una zona donde siempre ha triunfado la derecha y donde todo el mundo se conoce más o menos.
La verdad es que  se lo pensaron mucho, como no lo hicieron en el caso de García Lorca, quizás porque, aunque  su fama internacional no era tan grande como la del granadino, no se había significado políticamente. Sin embargo, en aquel momento, en una zona tan conservadora como era Burgos, una persona con ideas progresistas inmediatamente era identificada como de izquierdas.
Es posible que lo hicieran por su afán de llevar la cultura al pueblo, algo que siempre ha molestado a las clases dirigentes. Ya se sabe que un pueblo inculto es más fácil de manejar. También se dice que a los dirigentes caciquiles y eclesiásticos de la zona no les gustó nada su labor en la provincia, a pesar de haber compuesto, entre otras,  23 obras de tipo religioso.
También se sabe que algunas de sus amistades en el bando franquista hicieron gestiones para ponerlo en libertad, como el caso de algunos conocidos carlistas de esa provincia. Incluso, él mismo tenía cierta amistad con algunos de los dirigentes golpistas, pero no le sirvió de mucho.
Realmente, es muy lamentable, pero sus asesinos consiguieron borrar de la faz de la tierra las huellas de este músico. Casi como si nunca hubiera existido. Es increíble, pero, hasta hace pocas décadas, no aparecía en ningún diccionario musical editado en España.

En 1986, se conmemoró el cincuenta aniversario de su muerte y la Junta de Castilla y León organizó unos homenajes en varias ciudades de esa comunidad. También publicó un par de discos con sus obras, pero nada más.
Hoy en día, debido a su temprana muerte, desconocemos hasta dónde podría haber llegado. No obstante, según parece, el afamado músico francés Ravel dijo de él que “llegará a ser el gran músico español de nuestro siglo”.
A pesar de haber sido asesinado con sólo 33 años, fue un compositor muy prolífico, habiendo compuesto unas 150 obras musicales.
Entre sus obras más importantes, se pueden destacar: Sinfonía Castellana (1923), Himno a Castilla (1929). El mozo de mulas (ópera en 3 actos, inacabada), Sonata para guitarra (1933), Sonata gallega (1926) y la Colección de cantos populares burgaleses (1932). Este último, sólo pudo publicarse a partir de 1980.
Esta última obra, fruto de una perseverante labor investigadora, tuvo que ser escondida por sus familiares, durante toda la época franquista, para que no fuera destruida. En ella, nuestro personaje anotó en cada una de las tonadas, quién se la enseñó, dónde, cuándo y con qué motivo se cantaba. Hasta tomó fotografías de ese momento. No olvidemos que este compositor fue también un gran aficionado a la fotografía.
Algunos autores llegan a afirmar que su “Sonata para guitarra” fue una de las más importantes del siglo XX, comparables sólo a las de Turina o Ginastera.
Es muy curioso que esa obra, que le dedicó Antonio José a su amigo Regino Sainz de la Maza, nunca fuera grabada por éste.
Parece ser que, a la muerte de Regino, el manuscrito original fue encontrado en su casa y, posteriormente, grabado por un guitarrista venezolano llamado Ricardo Iznaola.
Así se grabó, por fin, en los años 80, pero nunca sabremos por qué Regino nunca quiso hacerlo. No creo que fuera, como dicen algunos, por ser una obra difícil de interpretar. Tal vez, por respeto a la memoria de su amigo o, quizás, para que nadie le pudiera acusar de ser amigo de un fusilado “por rojo”, algo muy grave en la inmediata posguerra y que hubiera arruinado su carrera en España.
También se desconoce si Regino, que era partidario de los franquistas, hizo alguna gestión para salvar la vida de su amigo.
Dejó varias obras inacabadas y otras que se quedaron, simplemente, en un proyecto, como la “Marcha para soldados de plomo”, un ballet inspirado en la línea de Ravel y Stravinsky, de la cual sólo compuso una parte. Parece ser que se inspiró para ella en la colección de soldaditos de plomo de su amigo Eduardo de Ontañón.
Realmente, su ideario creo que se puede sintetizar en estas
 palabras que recojo literalmente de una de sus conferencias: Es una necesaria obligación nuestra –dirá entonces- el conseguir que nuestra canción popular sea conocida en España. ¿No sienten ustedes un poquito de envidia cuando los vascos, los gallegos, los catalanes, los valencianos, los andaluces cantan su música, y la elogian por encima de todas las demás? ¿Qué hacemos nosotros cuando nos niegan la existencia indiscutible de nuestros hermosos cantos? Hasta hemos dudado de nuestro espíritu lírico, y cuando nos han dicho que Castilla no canta por no tener qué, nada hemos hecho por demostrar lo contrario. Castilla nunca fue muda, como ninguna región lo es. Castilla tiene su música característica y propia. Las canciones populares burgalesas no deben nada a nadie, y si alguno discute a ustedes esta verdad, afirmen rotundamente que de estas cosas no entiende una palabra”. 
También esta frase suya es muy elocuente: “Confieso sinceramente que de política no entiendo una palabra, - escribe cierta vez en que se hace cargo del Orfeón – sin embargo no puede sernos indiferente el descontento que sentimos ante este estilo de vida política”.
El 07/08/1936 fue detenido en su domicilio, al igual que ya había ocurrido el 19/07 con su hermano Julio, que era maestro de escuela y periodista, además de militante de la UGT,  por un pelotón de falangistas y llevados  ambos al penal de Burgos.
Algún autor comenta que nuestro músico, ya en la cárcel, recibió un mensaje anónimo amenazante. También algunos se atreven a afirmar que su autor pudo ser una persona que no fue admitida por él en el Orfeón, debido a su escasa preparación musical.
Se cree que fue fusilado en la zona de Estépar, a unos 20 km de Burgos,  el 11/10/1936, junto a otros 23 detenidos, uno de ellos era el director de la revista "Burgos Gráfico". Otros dicen que fue fusilado el 09/10.
Como su hermano Julio estaba ese día enfermo, no lo fusilaron con él, sino, más tarde, el 12/10/1936.
Para la despedida, he elegido un extracto de una conferencia que pronunció nuestro personaje de hoy el 24/06/1936 en el Teatro principal de Burgos:
“Aquí, ahora, no tengo un auditorio de músicos, sino de burgaleses que vienen a interesarse por su canto vernáculo. No sé el crédito que tendrán mis palabras para Vds. Sin embargo, tengan presente que llevo ocupado en estos estudios casi dos tercios de mi vida, unos veinte años... En este tiempo, he aprendido datos interesantísimos sobre el abolengo de nuestra música popular, hasta llegar a la conclusión de que la música española, y la música rusa también, son las más bellas de Europa. Y a esta afirmación añado que, dentro de España, quizás la canción popular más auténtica y de más sabrosa musicalidad es la burgalesa.
Porque el interés folklórico de una canción está principalmente en su vejez, y por eso también es tanto mejor una canción popular cuanto más cercana esté de su raíz originaria. En este sentido las canciones más interesantes de España son, por su auténtico arcaísmo, las burgalesas.
Hace más de doce años, cuando se publicaron mis danzas burgalesas, aquí mismo, en Burgos, con una lamentable falta de fe y de criterio, se decía que aquella música no podía ser de Burgos. De la Montaña, tal vez; de Burgos, de ningún modo. Y en Madrid mis amigos músicos (no todos, claro) decían muy serios que aquella música burgalesa me la inventaba yo, porque la tal música no existía”.

Es posible que, con estas palabras,  se refiriera a unos versos de Antonio Machado, que debieron de sentar muy mal en Castilla:
“Castilla miserable, ayer dominadora,
decrépitas ciudades, caminos sin mesones
y atónitos palurdos, sin danzas ni canciones.”

Espero que os haya gustado y que hayáis conocido a un personaje que, lamentablemente, hoy en día sigue siendo un completo desconocido en nuestro país.

domingo, 22 de junio de 2014

LUIS LÓPEZ-DÓRIGA, EL EXTRAÑO CASO DE UN CURA REPUBLICANO DE IZQUIERDAS

Hoy, rebuscando entre revistas antiguas,  me ha llamado la atención un artículo sobre este cura republicano. Así que he estado buscando más información sobre él. La verdad es que hubo muy pocos dentro de las filas republicanas, salvo los del País Vasco, porque el Gobierno de esa Comunidad Autónoma fue atraído a última hora por el de la II República y ellos fueron destinados como capellanes de sus combatientes.  
Este no es el caso de nuestro personaje. Nunca estuvo en el frente, sin embargo, cometió un “pecado horrendo” para los ojos de la Iglesia de esa época, fue diputado en las Cortes republicanas por el Partido Radical Socialista.
Bueno, como siempre, empecemos por el principio. Nació en Oviedo en 1885. Su padre era un médico asturiano y su madre era originaria de Vinaroz.
Su padre murió muy pronto y la familia le envió a Granada, pues un hermano de su madre había sido nombrado arzobispo de Granada.
Bajo la protección de su tío, hizo estudios eclesiásticos y fue ordenado sacerdote en 1908, siendo nombrado canónigo de su catedral.
Se permitió viajar por varios países, donde pudo conocer su cultura y sus idiomas, aparte de especializarse en Sociología.
Posteriormente, se doctora en esa rama y fue profesor de la misma en la Universidad de Granada. También gozó de gran fama como orador, impartiendo múltiples conferencias.
Se aficionó al escultismo, o sea, el movimiento de los “Boys Scouts” y fue uno de los fundadores de esta organización en España. Llevándola a Granada en 1913. Por ello, recibió muchas felicitaciones, como la del rey Alfonso XIII, siéndole otorgada la medalla de oro al mérito escultista, tanto a él como a su tío, el arzobispo.
También organizó centros obreros y periódicos para los mismos y fomentó otras cosas para ellos, como la construcción de casas baratas.
La vida le sonreía hasta que, en 1920, murió su tío y le sustituyó en el cargo el obispo de Almería,  Vicente Casanova, el cual, desde entonces,  le prohibió todas sus iniciativas. Hasta el punto de tener que trasladar los boys scouts a otra sede, pues el arzobispo no los quería en una que fuera propiedad de la Iglesia.
En 1922, el arzobispo Casanova,  remató la faena, pues a nuestro personaje, que era consejero delegado del periódico religioso “La Gaceta del Sur”, apoyó la huelga de los obreros del gas y animó a los trabajadores del periódico para que la apoyaran. Esa fue la gota que colmó el vaso.
No obstante, todavía le debían de quedar amistades, pues permaneció en su puesto de Deán en la catedral, por indicación del duque de San Pedro, uno de los principales prohombres de la Granada de entonces.
Conoció a Manuel Azaña y éste le invitó a entrar en el mundo de la política. Lo hizo dentro del Partido   Republicano Radical Socialista, cuyo líder era el catalán Marcelino Domingo. Para más INRI, el emblema del partido se parecía mucho a los de las logias masónicas.
Evidentemente, tras ser elegido en las primeras Cortes republicanas de 1931, se comportó como cualquier diputado, o sea, obedeciendo las consignas de su partido.
Aparte de ello, dio muestras de su ideología, faltando muchas veces al coro o también oponiéndose a las manifestaciones públicas de tipo religiosos, como la tradicional procesión del Corpus.
Por otra parte, hay que aclarar que no fue el único sacerdote que fue elegido diputado para esas Cortes. Sin embargo, los demás representaron a los partidos de la derecha y gozaron de todo tipo de apoyos por parte de la jerarquía eclesiástica.
Cuando se votó el artículo 3 de la Constitución, relativo a la separación entre la Iglesia y el Estado, votó a favor de la moción, explicando que España está compuesta por gentes que son católicas y otras que no lo son. Por tanto, el Estado ha de permanecer neutral para no tener que imponer a nadie unas creencias religiosas. Lógicamente, todo esto desató un escándalo en los círculos católicos de su ciudad.
Quizás, por ese motivo, el obispo Lino Rodrigo, le mandó un “llamamiento paternal”, o sea, un primer aviso, para que fuera tomando nota.
No contento con su “hazaña” anterior, nuestro personaje votó, posteriormente, a favor del artículo 41, relativo al divorcio, alegando que el Estado debe respetar las creencias de los ciudadanos y no es competente para obligar a nadie a obrar contra el dictado de su conciencia.
No obstante, aclara que él respeta todas las opiniones sobre la indisolubilidad del matrimonio, pero que sería un gran mal no aceptar la posibilidad del divorcio, regulado por una prudente ley. Sería un paso más en la igualdad entre los sexos.
Visto esto, me estoy imaginando las caras que estarían poniendo sus colegas del clero, al leer sus declaraciones en la prensa, católica, por supuesto.
Lógicamente, no hubo que esperar mucho para que el arzobispo de Granada, Casanova, le mandara un escrito, que fue publicado en el diario El Debate (dirigido por Herrera Oria) y luego en otros muchos periódicos católicos más, donde se le daba un plazo de 3 días para que nuestro personaje diera una pública y cumplida satisfacción a los creyentes católicos, los cuales estaban muy escandalizados a causa de sus declaraciones. En el caso de no producirse esa satisfacción, sería suspendido “a divinis”, sin perjuicio de otras penas a nivel canónico.
Para “arreglar” más el asunto, un diario republicano granadino lo defendió afirmando que siempre había sido un hombre de clara tendencia liberal y se honraba con su amistad.
Como no se produjo la retractación de nuestro personaje, el obispo firmó el decreto de suspensión a divinis con fecha 14/11/1931.
En las mismas Cortes se suscitó un amplio debate sobre si la Iglesia podía sancionar a un diputado.
Al llegar a las Cortes el asunto de la expulsión de los jesuitas de España, nuestro personaje también votó a favor. Incluso, explica que está a favor, porque el Parlamento tiene que obedecer el artículo 26 de la Constitución, relativo a la prohibición de la enseñanza por parte de los religiosos. Además, está en contra de que en esa Cámara e debatan asuntos entre partidarios y enemigos de la Iglesia, porque perjudican a España.
Un año después de su sanción, el obispo la convierte en definitiva y decreta la excomunión y la privación de beneficio de Deán para nuestro personaje.
En este momento, el mismísimo ministro de Justicia, Álvaro de Albornoz,  que pertenece a su mismo partido, afirma que la medida es una tentado del poder eclesiástico en la actividad de un representante del pueblo.
El diario “El Defensor de Granada”, en marzo de 1933, informa del decreto y afirma que el sacerdote siempre estuvo del lado del liberalismo y del progreso. También dice que fue perseguido durante la dictadura de Primo de Rivera y ahora lo es por la Iglesia.
Nuestro personaje declaró que no tenía nada que reprocharse y que su conciencia estaba bien tranquila. No obstante, acepta como creyente la condena de la Santa Sede, pero cree que no ha atacado ni al dogma ni a la moral católica.
Para rizar más el rizo, se le ofrecieron a nuestro personaje varios banquetes en Granada y en Madrid, donde tuvo ocasión de declarar que siempre le ha guiado su ideal democrático, siguiendo la doctrina del Evangelio y esto le obliga a tener cordialidad y respeto al  resto de los hombres.
También informó que se había afiliado a ese partido, porque vio en él los ideales de solidaridad humana, como él los podía entender.
Además, requirió al obispo para que publicara todas las cartas que le envió en todo ese tiempo, para dar a conocer toda la verdad.
Por su condición de gran orador, participó en muchos mítines junto a Azaña, afirmando ser republicano, porque la II República defendía la libertad en el orden religioso y  la justicia en el orden social. Aparte de eso, en una de sus intervenciones dijo que “contra la República se han levantado dos formidables diques: el capitalismo y el clericalismo”. Me parece que no se equivocaba.
Al finalizar esa legislatura de las Cortes, en 1933, se quedó sin trabajo, pues había perdido todos los que tenía, por su antigua condición de sacerdote. Así que tuvo que opositar para una plaza como maestro en la Escuela Normal de Granada.
Ganó esa plaza y allí conoció a otra maestra, Josefina Roca-Fava, con la que, como ya no era sacerdote, se casó.
No me extraña que se fuera camino del exilio, porque la Iglesia lo tendría a este hombre bien fichado y seguro que no se iba a contentar simplemente con fusilarlo.
Así que, al final de la guerra, su amigo el antiguo ministro Fernando de los Ríos, se lo llevó desde Valencia hacia Francia, para acabar en México.
Hay que precisar que, durante su estancia en Francia, fue nombrado cónsul honorario en la localidad fronteriza de Perpiñán y desde allí pudo ayudar a muchos españoles.
En ese país, se reunió con otros exiliados republicanos y pudo ganarse la vida dando clases de Humanidades en varios centros, como el colegio “Madrid”, para los hijos de estos españoles.
Falleció en 1962 y fue enterrado en México, pues no le permitieron regresar a España, a pesar de que ya le habían quitado sus sanciones canónicas.

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sábado, 21 de junio de 2014

MARCELINO SANZ DE SAUTUOLA Y LA CUEVA DE ALTAMIRA

En este país, donde nadie es profeta en su tierra y donde es más normal que te reciban a pedradas a que, en su lugar, te pongan una estatua con una dedicatoria, salvo en el cementerio, claro está, ocurrió esta historia que voy a contar ahora.
También hay que decir que sucedió, porque le damos más valor a la opinión de los extranjeros que a lo que nos dicen los propios españoles.
Marcelino Sanz de Sautuola nació en 1831 en Santander, en la actual comunidad autónoma de Cantabria. Creció en el seno de una familia señorial procedente de Puente de San Miguel y había estudiado Derecho en la Universidad de Valladolid.

Por tanto, tenía una buena posición social y ésta le permitió disfrutar de otras inquietudes intelectuales como las Ciencias Naturales o la Arqueología. Aparte de pasar el verano en una casona de su propiedad con unas 300 Ha, donde solían plantar especies vegetales de todo el mundo.
Supongo que su visita a la Exposición Universal de París de 1878, le influenció mucho, pues allí pudo ver una gran colección de fósiles y de objetos prehistóricos de toda índole. Eso le animaría a hacer investigaciones por su cuenta en su tierra.
Ya en 1868, un cazador de Cantabria llamado Modesto Cubillas encontró la entrada de la cueva de Altamira, pues tuvo que liberar a uno de sus perros, que se había quedado allí atrapado sin poder salir.
No se le dio importancia a esta noticia, pues, en esa zona, hay cientos de cuevas de ese tipo y la gente estaba acostumbrada a verlas.
Es posible que Sautuola se interesara por el tema, pues Cubillas era uno de los aparceros de su finca. Por ello, se cree que la visitó en 1876, pero no encontró nada que le pudiera interesar. No olvidemos que, en esa época, el interés de los exploradores se centraba en encontrar objetos, no iban buscando otras cosas, ni mucho menos, el estudio de las capas de tierra, como se hace ahora.
En 1879, Marcelino, volvió a la cueva, esta vez acompañado por su hija María Faustina, que tenía unos 8 años. Él tenía intención de buscar restos de herramientas prehistóricas, como las que había visto el año anterior en París.
En un descuido del padre, la niña entró en la cueva y estuvo curioseando por allí, hasta que vio unas pinturas en el techo, algo que se les había pasado por alto a todos los que habían entrado a ver la cueva.
Al salir la niña de la cueva, fue corriendo hacia su padre diciéndole “Papá, mira, hay bueyes pintados”.
El padre entró con ella y se asombró, pues no eran “bueyes”, sino bisontes, una especie que no existía en Europa desde hacía miles de años.
La ciencia en España siempre ha sido tremendamente conservadora y, encima, ¡no les iba a enmendar la plana un simple aficionado!
Por eso, cuando en 1880, publicó su descubrimiento en un libro titulado “Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander”, se le echó encima todo el mundo. Empezando por los grandes especialistas franceses de la época, que sólo dieron su brazo a torcer muchos años después, y seguidos por los miles de pelotas y enteradillos que surgieron en España por todas partes.
Ya sabemos que, en España, en términos generales,  la gente presume de saber de todo, sin entender de nada.
Realmente, los franceses no reconocieron este descubrimiento, porque aún no habían encontrado unas cuevas con pinturas parecidas en su territorio. No les cabía en la cabeza que hubiera llegado la cultura del Paleolítico antes a la “inculta” España que a la gran Francia. Bueno, no hará falta decir cómo son los gabachos. A estas alturas, supongo que los conocemos todos.
No sólo no reconocieron este descubrimiento, sino que, en un alarde de alevosía, acusaron al descubridor de haberlas pintado él mismo, pues no sospechaban que los artistas prehistóricos pintaran tan bien y, además, según dijeron, era tremendamente sospechoso que unas pinturas con tantos miles de años estuvieran tan bien conservadas.
Sólo hubo dos reconocidos especialistas españoles que apoyaron a Marcelino, Juan Vilanova i Piera y Miguel Rodríguez Ferrer.
Esa campaña contra él fue como una losa y más, como es sabido, en el siglo XIX, donde se defendía el honor con las armas en la mano.
Parece ser que, en principio, no hubo manera de convencer al resto de la comunidad científica. Su amigo, el catedrático de la Universidad Central  de Madrid, Vilanova i Piera, acudió en 1880 a un Congreso Internacional de Arqueología y Antropología histórica, que se celebró en Lisboa. No hubo manera de convencer al resto de los asistentes y tuvo que volverse sin haber conseguido ninguno de sus objetivos.
Incluso, en 1881, el especialista francés E. Harle, visitó la cueva y afirmó que las pinturas le parecían muy recientes, aunque no acusó a nuestro personaje de haberlas realizado.
Evidentemente, hay que aclarar que Altamira fue el primer lugar donde se descubrió lo que se llama el arte parietal, o sea, realizado en la pared,  y tanto su estilo, como su buena conservación les hacía sospechar mucho a los especialistas. No olvidemos que la idea que tenía la Ciencia, en ese momento, sobre los hombres del Paleolítico es que eran más o menos unos monos.
También se vivía, en ese momento, un gran enfrentamiento, sobre la Creación del Mundo,  entre la Ciencia y la Iglesia y los primeros temían que aquello fuera una trampa para hacer caer en el ridículo a los científicos.
 En una carta escrita por el especialista francés Gabriel de Mortillet a su colega Émile Cartailhac, el primero le advierte al segundo, antes de que visite esa cueva: “No te fíes, amigo, es una trampa que nos tienden los jesuitas a los prehistoriadores para reírse de nosotros”.
Por supuesto, los científicos españoles se contagiaron del escepticismo galo y, en 1886, la Sociedad Española de Historia Natural llevó a cabo dos sesiones en Madrid, donde se discutió este asunto y, a pesar de las razones aportadas por el catedrático Vilanova, se acordó que las pinturas eran falsas.
Incluso, Lemus y Olmo, director de la Calcografía Nacional, se permitió afirmar que las pinturas eran “obra de un mediano discípulo de la escuela moderna… y denota en la ejecución un abandono amanerado”.
Además, se permitieron afirmar algunos que pudieron haber sido obras realizadas por soldados romanos, fenicios o alguna otra civilización con más lustre que unos tipos casi simiescos de la Edad de Piedra.
Todo esto, según se dice, le afectó mucho en la salud a nuestro personaje, pues aún en 1888, año de su fallecimiento, la opinión del mundo de la ciencia era contrario a las pinturas de Altamira. Es una pena que le llegara la muerte tan pronto, con sólo 57 años, y sin haber podido gozar de la gloria de su descubrimiento. Desde su descubrimiento tuvo que aguantar que le tacharan por todas partes de loco, farsante o embustero.
No hará falta decir que, cuando los franceses tuvieron sus cuevas y sus pinturas, la cosa cambió radicalmente. Incluso, se permitieron afirmar que las suyas, como las de la Mouthe o Combarelles, eran más antiguas que las nuestras.
El abate Breuil ya fue a investigar a la cueva y admitió su autenticidad. Incluso,  la calificó como “la Capilla Sixtina del Arte Paleolítico”. Ahora sí que se apuntaron todos al carro vencedor y cambiaron de opinión, como si no hubiera pasado nada.
Eso sí, el único que admitió que se había equivocado fue el  especialista francés  Émile Cartailhac, que anteriormente tanto había combatido a Sautuola. Los españoles, por supuesto, no quisieron reconocer que habían hecho el ridículo más espantoso y, además, habían puesto en entredicho el honor de una persona honrada y amante de la Ciencia y el progreso.
Este reconocimiento de Cartailhac fue publicado en 1902, en la revista francesa “L’Anthropologie”, dentro de un artículo titulado “La gruta de Altamira. Mea culpa de un escéptico”.
A partir de ahí, la cueva se llenó de científicos y curiosos de todo el mundo. Ese mismo año, acudieron, entre otros, Breuil y Cartailhac, acompañados por Menéndez Pelayo, con el fin de realizar unos dibujos sobre las figuras representadas en la cueva. Se dice que, cada vez que Cartailhac visitaba la zona, acudía a la casona familiar, donde vivía María Faustina a disculparse ante ella por el daño inferido al honor de su padre. Incluso, fue en una ocasión a rendir homenaje ante la tumba de Sautuola.
Ante aquella avalancha de público, empezaron a  to
marse algunas medidas, por parte del Gobierno Civil de la provincia y el Ayuntamiento de Santillana del Mar para conservar en buen estado esas pinturas.
Otro aficionado a la arqueología que dio renombre a la cueva de Altamira y otras de la zona de Cantabria y Asturias, fue Herminio Alcalde del Río. Este 
acompañó a los investigadores, realizando bocetos de todas las pinturas de las cuevas. No hay que olvidar que, durante muchos años,  fue director de la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega.
Incluso, estuvo trabajando en las excavaciones de varias cuevas en Asturias, financiado por el príncipe Alberto I de Mónaco.

En Altamira,  la cosa se animó cuando otro científico, Francisco de las Barras encontró dentro de la cueva restos de ciervos, osos, caballos, etc.
Con Breuil y Alcalde del Río llegó, en 1908, otro erudito alemán llamado Hugo Obermaier. Este estaba muy interesado por las cuevas asturianas, como la del Castillo.
El comienzo de la I Guerra Mundial le impidió regresar a su país y, por tanto, se quedó en España estudiando a fondo las cuevas de Cantabria y reconociendo oficialmente la antigüedad de las mismas y de sus pinturas.

Desde 1917 se permitió al público visitarla y, como tuvo tanto éxito, en 1973, hubo que cerrarla por vez primera, porque se estaban estropeando las pinturas, a causa del exceso de temperatura y de la contaminación. En 1985 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Desde entonces, ha habido mucha polémica sobre si era recomendable volverlas a abrir o no. Últimamente, se ha permitido que entraran 5 visitantes por día, por un espacio de 30 minutos cada uno, para evaluar el daño que se podía causar a las imágenes. Junto a la cueva se han realizado unas copias de la misma en otra cueva vecina, para que los visitantes puedan ver las imágenes sin dañar los originales.
Dentro de Cantabria hay unas 6.000 cuevas de este tipo y en unas 60 se han descubierto, hasta la fecha, pinturas rupestres.


En 2012, surgió otra nueva polémica. Sucedió que un equipo científico, capitaneado por el Dr. Pike, de la Universidad de Bristol, junto con varios especialistas españoles y portugueses, estudiaron a fondo la antigüedad de las pinturas de Altamira y de otras cuevas como la del Castillo.
Para su asombro, comprobaron que algunas de las pinturas tenían más de 40.000 años. Sabiendo que, según las evidencias, los Homo Sapiens llegaron a España hace unos 41.500 años, es posible que estas obras no hubieran sido hechas por la mano de un Homo Sapiens, sino que podría darse el caso de que hubieran sido realizadas  nada menos que por neandertales.
Ahí tenemos otro debate parecido al del comienzo, porque la Ciencia actual reconoce una serie de capacidades al Homo Sapiens, pero todavía sigue pensando, cada día menos, que el Neandertal era una cosa parecida al gorila. Así que eso de reconocer lo de las pinturas hechas por neandertales es muy difícil de digerir.
En fin, ahí os dejo meditando si podían haber sido hechas por los neandertales. Por cierto, ¿habéis visto en España algún monumento dedicado a Marcelino Sanz de Sautuola o a su hija María? Pues, yo tampoco. Así es este país.