ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 30 de marzo de 2025

JULIA MARGARET CAMERON

 

Hoy voy a narrar una historia sobre una mujer, que supo sobreponerse a las malas críticas de sus contemporáneos, logrando, por entonces, cierta fama y siendo aún más famosa ahora que cuando vivió.

Julia Margaret Pattle de l’Etang, que era ese su apellido de soltera, nació en 1815 en Calcuta. Cuando la India era una próspera colonia británica.

Su padre, al igual que toda su familia, trabajaban en la famosa Compañía Británica de las Indias Orientales.

Por el contrario, su familia materna era de origen francés. Su abuela materna era una noble francesa, hija de un antiguo oficial de la guardia real de Luis XVI.

Julia tuvo 9 hermanos, siendo ella la cuarta por orden de nacimiento. Desgraciadamente, tres de ellos murieron durante la infancia. Las supervivientes eran todas niñas. Es sabido que, en aquella época, había mucha mortandad infantil.

Las siete hermanas fueron enviadas a vivir con su abuela en Francia. Allí se formaron y Julia residió hasta 1834 en aquel país. Decían que no era la más bella de las hermanas, pero sí la más inteligente.

Posteriormente, regresó a la India, donde seguían residiendo sus padres. Se supone que enfermó y, como solían hacer muchos británicos, se trasladó a la colonia británica de Sudáfrica para recuperarse.

Allí conoció a gente muy interesante, como el astrónomo Sir John Herschel. También conoció a un reputado jurista, llamado Charles Hay Cameron, que había conseguido muchas reformas legales y educativas en la India y también se hallaba convaleciente. Cameron llegó a ser miembro del Consejo Supremo de la India.

Aunque Cameron tenía 20 años más que ella, decidieron casarse en 1838, siendo Herschel su padrino de bodas.

El matrimonio tuvo 5 hijos, pero no se contentaron con eso, sino que criaron a otros 5, que eran hijos de familiares suyos y se habían quedado huérfanos y también a una niña irlandesa, que habían encontrado mendigando por la calle.

Julia y su extensa familia estuvieron residiendo en la India, donde ella se dedicó a organizar todo tipo de reuniones sociales.

En 1845, decidieron trasladarse al Reino Unido. Julia solía visitar un salón literario, organizado por una de sus hermanas. Allí conoció a la mayoría de los intelectuales del momento.

En 1848, su marido se jubiló de su trabajo como funcionario y decidió invertir en plantaciones de caucho en la antigua Ceilán, hoy Sri Lanka.

Parece ser que Julia, que era muy amante del arte, mostró interés por la fotografía. Pero no fue hasta 1863, cuando ya tenía 48 años, el momento en el que se decidió a realizar fotos.

Según dicen, una de sus hijas le regaló por Navidad una de aquellas cámaras antiguas, para que se entretuviera, ya que su esposo había viajado a Ceilán para inspeccionar el estado de sus plantaciones.

Por lo visto, limpió un gallinero y lo utilizó como estudio y la carbonera como cuarto oscuro. Parece ser que fue completamente autodidacta, hasta que consiguió realizar su primera fotografía.

Hay que decir que vivían en la isla de Wight, que está situada al sur de Gran Bretaña. Compraron una mansión, en un pueblo isleño, llamado Freshwater, a la que llamaron Dimbola Lodge, que era el nombre de una de sus plantaciones en Ceilán.

Era una isla a la que solían acudir muchos intelectuales e, incluso, en algunas ocasiones, pasaban sus vacaciones los miembros de la familia real británica.

Así que por Dimbola Lodge solían pasar muchos intelectuales, como Charles Darwin, Thomas Carlyle, Dante Gabriel Rossetti, etc.

Volviendo a nuestro personaje, a finales de enero de 1864, realizó una fotografía bastante buena de una hija de un vecino y amigo.

Por lo visto, Julia se puso eufórica y hasta imprimió y enmarcó la foto, para regalársela al padre de la niña.

A partir de entonces, realizó cientos de fotos, que mostró en diversas exposiciones y fue admitida en la Sociedad Fotográfica de Londres.

Parece ser que le fue bastante bien y se dedicó a vender muchas de sus fotos. Eso le vino muy bien a la familia, porque su marido no tenía una pensión muy alta y sus plantaciones en Ceilán tampoco le reportaban muchos ingresos.

Por lo visto, no se limitó a acudir con sus fotos a exposiciones en Gran Bretaña, sino que también expuso en otros sitios, como Dublín, Viena y Berlín.

En 1865, el Museo Victoria y Alberto, le compró varias decenas de fotografía y le cedió una de sus estancias para que la utilizara como estudio de fotografía. Éste fue el primer museo del mundo que decidió exponer fotografías, otorgándoles la categoría de obras de arte.

De esa forma, consiguió fotografiar a personajes muy famosos. Gracias a ella, conocemos el aspecto que tenían.

También allí fue donde realizó una fotografía a la que tituló “El beso de la paz”, a la que consideró su obra maestra.

En 1873, se trasladaron a Ceilán, debido a la mala salud de su marido, que ya era muy anciano para aquella época.

Desgraciadamente, a partir de entonces, ya realizó menos fotografías. Posiblemente, por la falta de disponibilidad de materiales para realizar su labor y por la dificultad de trabajar con el colodión, debido al calor reinante en esa isla.

En 1875, tras haber viajado al Reino Unido, regresó ya enferma a Ceilán. Posiblemente, padecía una neumonía.

Parece ser que mejoró con el clima de Ceilán, pero, desgraciadamente, en 1879, recayó, falleciendo en esa isla. Su marido falleció un año después que ella.

Realmente, Julia, no fue la pionera en la fotografía británica. Ese puesto hay que otorgarlo a la botánica Anna Atkins. Aunque también hay quien afirma que la pionera fue Constance Fox Talbot. Pero eso se podría decir que es una discusión bizantina.

En 1842, el mencionado Sir John Herschel, que, además de astrónomo, también era químico, inventó el procedimiento de la cianotipia y Anna lo utilizó para fotografiar especies vegetales. Publicando varios álbumes con sus fotos, que apenas se conservan.

Parece ser que la reina Victoria también era aficionada ver fotografías. Así que dio su aprobación para que las mujeres se dedicaran profesionalmente a ello.

Ese fue el comienzo para que otras mujeres como Clementina Hawarden, Julia Margaret Cameron o lady Berkeley se dedicaran a ello. Lógicamente, estas mujeres solían pertenecer a la alta sociedad, porque, tanto las cámaras como los compuestos para realizar las fotos, eran cosas bastante caras.

Según dicen los expertos, Julia ya había tenido contacto con la fotografía, varios años antes de que le regalasen esa cámara. Parece ser que había ayudado a revelar fotos. Algo bastante complejo en aquella época.

Así que no es de extrañar que tuviera tanta práctica con la difícil técnica del colodión húmedo.

Parece ser que siempre consideró a Herschel como su primer maestro en la técnica de la fotografía, el cual le fue dando instrucciones hasta que consiguió su primer éxito.

No obstante, el arte de Julia siempre obtuvo malas críticas, porque no se sometía a los cánones imperantes en aquel momento. Decían que sus fotos estaban desenfocadas y que estaban llenas de manchas. Lo cierto es que no es que fueran fallos, sino que lo hacía adrede, para tener un estilo propio.

Se podría decir que estaba muy influenciada por las obras de Rafael, muy en boga entonces por los prerrafaelitas, y por la iconografía cristiana.

A pesar de esas duras críticas, consiguió que sus fotos fueran exhibidas en la Exposición Universal de 1870, celebrada en Londres, donde fueron admiradas por la gran belleza de sus composiciones. Ella siempre dio prioridad a la estética sobre la técnica para hacer sus fotos.

Parece ser que una de sus mayores propagandistas fue la famosa escritora Virginia Woolf, que era sobrina nieta suya.

Otra de sus modelos favoritas fue Alice Liddell. Es posible que a muchos no les diga nada este nombre, hasta que mencione que fue la niña en la que se inspiró Lewis Carroll para escribir “Alicia en el país de las maravillas”. Otra persona con una biografía interesante. Carroll también fue un fotógrafo aficionado.

En muchas de sus fotos podemos ver a su prima, Julia Stephen, madre de la famosa escritora Virginia Woolf.

También es llamativo que no se dedicara a fotografiar paisajes o monumentos, como solían hacer sus colegas. En cambio, ella siempre fotografiaba personas, intentando mostrar la personalidad del retratado. Tampoco suele realizar retratos de cuerpo entero, sino primeros planos.

A la vista de las opiniones de sus críticos, se podría pensar que era un poco descuidada. Por el contrario, todos lo que la conocían solían decir que era una perfeccionista y que se tomaba su tiempo, antes de realizar una foto. Buscaba la luz y el enfoque más adecuados. Incluso, esperaba el tiempo que hiciera falta, hasta encontrar el estado de ánimo que quería captar en sus modelos. Igual, sería por eso que algunos salen en las fotos con caras de aburrimiento.

Ciertamente, ella no veía a la fotografía como una simple técnica, sino como un medio para realizar obras de arte. Por eso mismo, se le agrupa dentro de un movimiento denominado pictorialismo, en el que los autores de las fotos dan prioridad a la composición, como si se tratase de una pintura.

Ese tipo de fotografías se volvieron a poner de moda a partir de la década de 1940. Por eso mismo, ahora se ha recuperado su estilo y es más famosa que antes. Es una forma de crear una complicidad entre el fotógrafo y el que está observando sus fotos.

Como decía Jonathan Keats: “La fotografía comienza cuando la cámara revela aquello que de otro modo no podría ser visto”.

Ian Jeffrey dijo de ella: “En las fotos de Cameron hay mucho más de lo que se ve a simple vista”.

También es muy admirada por las feministas, porque una buena parte de sus retratos corresponden a mujeres. Algo llamativo en una época en la que no tenían el mismo papel que tienen ahora.

Para terminar, hay que decir que Julia Margaret Cameron fue una mujer admirable que, gracias a su testarudez, consiguió reinventarse a sí misma, y lograr el éxito, cuando ya había cumplido 48 años. En una época en la que muchos de sus contemporáneos la podrían haber considerado casi una anciana, porque la esperanza de vida era mucho menor que la actual.


 

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